Hasta el 70% de los patrimonios en Argentina está mal protegido sin que sus dueños lo sepan
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En la Argentina actual, tener patrimonio dejó de ser sinónimo de seguridad. Detrás de bienes acumulados durante años —e incluso décadas— se esconde una vulnerabilidad estructural que la mayoría de sus dueños desconoce, y que puede activarse en cuestión de meses ante el primer conflicto.
De acuerdo con el abogado especialista en planificación patrimonial, Juan Manuel Curubeto, 6 o 7 de cada 10 patrimonios en Argentina tienen algún nivel de exposición jurídica, fiscal o sucesoria. “El error más frecuente es creer que tener bienes equivale a tener el patrimonio protegido. No es lo mismo. Se puede construir riqueza durante toda una vida y perderla en meses si no está bien estructurada”, sostiene Juan Manuel Curubeto.
En muchos casos, los activos se concentran a título personal, sin previsión sucesoria ni estructuras que los resguarden frente a contingencias legales o comerciales. La vulnerabilidad no suele ser consecuencia de un gran error, sino de la acumulación de decisiones no planificadas. En ese contexto, eventos como juicios, divorcios, sucesiones conflictivas o problemas societarios pueden activar riesgos latentes y comprometer en meses lo que llevó décadas construir.
Uno de los hallazgos más contundentes es que el nivel de ingresos no garantiza protección. Incluso perfiles de alto patrimonio presentan fallas estructurales similares. Entre los errores más frecuentes se repiten: bienes a nombre personal sin evaluación de riesgos; mezcla entre patrimonio familiar y actividad empresarial; falta de planificación sucesoria; estructuras societarias sin sustancia real; acuerdos informales sin respaldo legal; subestimación del impacto de conflictos familiares y ausencia de revisión periódica.
En Argentina, la fragilidad patrimonial no es una percepción: es estructural. La presión impositiva total sobre empresas puede superar el 100% de las ganancias, según el Banco Mundial, mientras que la informalidad laboral alcanza cerca del 36%, de acuerdo con el INDEC. En este contexto —alta carga fiscal, informalidad extendida y conflictividad legal—la exposición patrimonial deja de ser un riesgo eventual y pasa a ser una condición de base, incluso para patrimonios altos.
En un entorno macroeconómico volátil, comienza a consolidarse un cambio en la lógica patrimonial: ya no alcanza con generar, ahora es clave diseñar. Las estrategias más utilizadas incluyen la separación de riesgos personales y empresariales, la planificación sucesoria anticipada, el uso de fideicomisos, donaciones con reserva de usufructo y estructuras societarias correctamente implementadas.
El timing se vuelve determinante. En contextos de incertidumbre, postergar decisiones puede amplificar exponencialmente los riesgos. “El primer paso no es mover activos, sino entender la situación real: qué se tiene, a nombre de quién, qué riesgos existen y qué pasaría ante un conflicto”, explica Curubeto.
Este análisis debe contemplar incluso activos muchas veces subestimados, como inversiones en el exterior, criptomonedas o participaciones informales.El contexto argentino —marcado por cambios normativos, presión fiscal creciente y mayor conflictividad— convierte a la planificación patrimonial en un factor defensivo clave.
La conclusión es simple y contundente: el problema ya no es cuánto patrimonio se tiene, sino cuán vulnerable es. Porque en la Argentina de hoy, el mayor riesgo no es perder dinero: es descubrir, demasiado tarde, que nunca estuvo protegido.
