Argentina

De la especulación al uso cotidiano: cómo evolucionan las criptomonedas en Argentina

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Argentina tiene uno de los contextos macroeconómicos que más aceleró el uso de criptomonedas como herramienta cotidiana: restricciones al dólar, inflación histórica y un sistema bancario que no siempre cubre las necesidades de quienes reciben pagos del exterior. En ese contexto, conservar valor en stablecoins y operar a través de plataformas de intercambio pasó de ser una curiosidad tecnológica a una decisión financiera pragmática. SimpleSwap es una de las plataformas que permite ese movimiento entre activos sin necesidad de cuenta bancaria internacional.

Argentina se posicionó en 2025 como el segundo mercado cripto de América Latina por volumen operado, según iproup.com. El volumen de criptoactivos recibidos en la región entre 2022 y mediados de 2025 superó los $93,900 millones, con Argentina capturando una porción relevante de ese flujo (Infobae, marzo 2026).

¿Cuándo dejaron de ser solo inversión las criptomonedas en Argentina?

El punto de inflexión no fue un solo momento. Fue la acumulación de años donde el acceso al dólar físico se restringió, la inflación en pesos superó el 100% anual en varios períodos, y las alternativas bancarias para recibir pagos del exterior se volvieron lentas y costosas.

Esos tres factores juntos convirtieron a USDT en un activo de refugio cotidiano para una parte de la población argentina que no tiene acceso fácil a cuentas bancarias en dólares. El 65% del uso de stablecoins en América Latina en 2025 se vinculó al comercio y al ahorro, no a la especulación, según el reporte de SQ Magazine publicado en marzo de 2026.

Un trabajador independiente que factura en pesos pero tiene clientes del exterior puede cobrar en USDT, conservar el valor en dólares digitales, y convertir a pesos cuando lo necesita, eligiendo el momento según el tipo de cambio disponible.

¿Qué usos concretos tienen hoy las cripto en la vida cotidiana argentina?

  • Ahorro en dólares digitales: USDT como alternativa al dólar físico sin los límites de compra del mercado oficial.
  • Cobro de trabajo freelance internacional: ingreso directo en USDT sin intermediario bancario.
  • Pago de servicios digitales: suscripciones, cursos, herramientas de trabajo pagas en cripto desde billetera propia.
  • Tarjetas cripto: Belo, Lemon Cash y otras fintech argentinas permiten pagar en comercios físicos y online usando el saldo en cripto, con conversión en el momento del pago.
  • Transferencias P2P: envío de dinero entre personas de forma directa, sin comisiones bancarias, usando stablecoins como medio.

¿Qué son las tarjetas de criptomonedas y cómo funcionan?

Las tarjetas cripto permiten gastar el saldo de una billetera digital en cualquier comercio que acepte Visa o Mastercard. La conversión de cripto a moneda local ocurre en el instante del pago, al tipo de cambio vigente en ese momento.

En Argentina, el volumen de transacciones con tarjetas cripto en la primera mitad de 2026 igualó todo lo registrado durante 2025 completo, según datos de CryptoRank publicados en Criptonoticias en junio de 2026. Fintech como Belo, operando bajo la red Mastercard, permiten pagos híbridos entre cripto y pesos.

La mecánica es la misma que una tarjeta de débito: se usa en el mismo terminal, el comercio recibe pesos, y el usuario descuenta de su saldo cripto. La diferencia está en lo que respalda el saldo.

ServicioRedQué permite
Belo (Argentina)MastercardPago en cripto + pesos, pagos híbridos
Lemon CashVisaPago con BTC, ETH, USDT en comercios
Ripio Card (AR/BR)VisaGasto directo desde saldo cripto
Tarjeta con MetaMaskVisa (integración)Web3 nativo con salida a fiat

Fuente: Criptonoticias, junio 2026; análisis de tarjetas cripto en América Latina

¿Cuál es el riesgo real de mantener ahorros en stablecoins en Argentina?

Los stablecoins no eliminan todos los riesgos. Los principales a considerar:

  • Riesgo de custodia: si guardas USDT en una billetera propia y pierdes la clave privada, los fondos son irrecuperables. Si los guardas en una plataforma, dependes de la solvencia y seguridad de esa plataforma.
  • Riesgo del emisor: USDT está emitido por Tether, una empresa privada. Puede congelar direcciones por razones de cumplimiento normativo. Para uso cotidiano estándar, esto no es un problema frecuente.
  • Riesgo regulatorio local: las reglas para cripto en Argentina pueden cambiar. Opera en plataformas con presencia legal y cumplimiento regulatorio verificable.

“Al cerrar 2025, la sensación en el ecosistema cripto latinoamericano es de una profunda gratificación y solidez.”

— Perfil.com, análisis del ecosistema cripto, enero 2026

Preguntas frecuentes sobre criptomonedas en Argentina

¿Cómo declaro en AFIP los ingresos que recibo en criptomonedas?

Los ingresos en criptomonedas deben declararse ante AFIP según su valor en pesos al momento de recepción. Las tenencias en cripto pueden estar sujetas a Bienes Personales. Las ganancias por diferencial de precio tributan en Ganancias. Las reglas evolucionaron durante 2024–2025 y pueden seguir cambiando. Consulta con un contador público con experiencia en cripto antes de hacer cualquier declaración.

¿Puedo mantener mi ahorro en USDT sin tener cuenta bancaria en el exterior?

Sí. USDT en una billetera propia (como Trust Wallet o MetaMask) no requiere cuenta bancaria. El único requisito es mantener la frase semilla en un lugar seguro. Si usas una plataforma o exchange para custodiar, aplican sus propias condiciones de registro y verificación.

¿Qué pasa si la plataforma donde tengo mi USDT cierra?

Si tienes USDT en tu propia billetera (self-custodial), el cierre de cualquier plataforma no afecta tus fondos. Si tienes USDT en un exchange, los fondos están bajo la custodia de esa plataforma. Por eso, para montos significativos, la práctica recomendada es mantener los fondos en billetera propia y usar exchanges solo durante las conversiones.

¿Conviene usar cripto para compras cotidianas en Argentina?

Depende del comercio y del monto. Para pagos en comercios físicos, las tarjetas cripto que convierten en el momento son la opción más práctica. Para compras online en plataformas internacionales que aceptan cripto directamente, la conversión puede ser favorable si el tipo de cambio es mejor que el oficial. Para compras en pesos en Argentina, el paso adicional de conversión puede no valer la pena para montos pequeños.

El uso que sigue creciendo

La curva de adopción cripto en Argentina no la impulsó el entusiasmo tecnológico. La impulsó la necesidad de soluciones financieras que el sistema tradicional no ofrecía al mismo costo y velocidad.

Si tienes cripto acumulada y quieres empezar a usarla de forma activa, el primer paso es sencillo: una conversión a USDT desde lo que tienes, y desde ahí el ecosistema de usos se abre de forma natural.

*Este artículo tiene fines informativos y no constituye asesoramiento financiero ni impositivo. La situación regulatoria en Argentina puede cambiar. Consulta con un profesional calificado.

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Tucumán será la Capital simbólica de la Argentina cada 9 de Julio

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La ciudad de San Miguel de Tucumán fue declarada “Capital simbólica de la República Argentina” todos los 9 de julio, a partir de una ley sancionada por el Congreso y promulgada por el Gobierno nacional. La medida establece además que, en adelante, los actos centrales que organice la Nación para conmemorar el aniversario de la Declaración de la Independencia deberán realizarse en la capital tucumana.

La Ley 27.820 fue sancionada por el Congreso el 26 de agosto y promulgada por el Poder Ejecutivo mediante el Decreto 1006/2026, firmado el 14 de septiembre por el presidente Javier Milei y el jefe de Gabinete, Diego Santilli. La norma fue publicada este martes en el Boletín Oficial y fija un esquema permanente para la celebración nacional del 9 de Julio.

El concepto de “Capital simbólica” tiene un alcance específico. La ley no modifica la capital oficial de la República Argentina ni altera el régimen institucional del país. Establece, exclusivamente, que San Miguel de Tucumán asumirá esa condición cada 9 de julio y que allí deberán realizarse los actos centrales organizados por el Gobierno nacional para recordar la Declaración de la Independencia.

El cambio tiene, sin embargo, una dimensión política y federal significativa. Tucumán fue el escenario donde el Congreso de las Provincias Unidas declaró la independencia en 1816, por lo que la decisión busca vincular de manera permanente la celebración nacional con el lugar histórico en el que se produjo el hecho fundacional.

La medida también modifica la geografía habitual de las principales ceremonias oficiales. En lugar de concentrar necesariamente la conmemoración en Buenos Aires, la ley establece a Tucumán como sede de los actos centrales del 9 de Julio. De esta manera, una celebración que representa a todo el país tendrá una sede federal definida por ley.

El alcance social de la decisión dependerá, en buena medida, de cómo se transforme esa condición simbólica en una política de federalización efectiva. La presencia anual del Estado nacional en Tucumán puede generar una oportunidad para que la fecha no quede limitada a una ceremonia protocolar y pueda convertirse en una plataforma para visibilizar la historia, la cultura y las capacidades productivas del norte argentino.

Para la provincia, la designación supone además un reconocimiento institucional de su lugar en la construcción de la identidad nacional. La condición se repetirá cada año y no quedará sujeta a una decisión administrativa circunstancial sobre dónde realizar el acto oficial.

La norma es particularmente precisa en ese punto: los actos centrales que organice el Gobierno nacional para conmemorar el aniversario de la Declaración de la Independencia tendrán lugar “en lo sucesivo” en San Miguel de Tucumán. La decisión convierte así al 9 de Julio en una fecha con sede nacional permanente fuera de la Capital Federal.

La promulgación de la Ley 27.820 institucionaliza, de esta manera, una relación que hasta ahora era fundamentalmente histórica y simbólica. Tucumán no pasa a ser la capital del país, pero sí se convierte por ley en el centro de la celebración nacional de la Independencia cada 9 de Julio.

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Trump alertó que otro conflicto entre la Argentina y Reino Unido sería un “potencial desastre”

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Donald Trump volvió a colocar a las Islas Malvinas en el centro de la agenda internacional. Durante su visita oficial a Irlanda, el presidente de Estados Unidos aseguró que está dispuesto a intervenir entre la Argentina y el Reino Unido ante lo que calificó como un “potencial desastre”, apenas semanas después de haber deslizado que Washington podría reconsiderar su posición histórica frente a la disputa de soberanía.

Las declaraciones adquieren especial relevancia por el contexto. La Argentina endureció en las últimas semanas su posición frente a las actividades británicas en el Atlántico Sur, mientras avanza el proyecto petrolero Sea Lion, una inversión offshore que proyecta comenzar a producir crudo en 2028.

Trump habló durante una conferencia de prensa junto al primer ministro irlandés, Micheál Martin, y volvió sobre un asunto que ya había mencionado públicamente a fines de agosto y comienzos de septiembre.

“Las Islas Malvinas… acá vamos de nuevo”, introdujo el mandatario estadounidense ante una consulta de GB News. Luego puso el foco en la distancia entre el Reino Unido y el archipiélago y en los problemas internos que atraviesa Londres.

“Son muy interesantes. El Reino Unido tiene algunos problemas con la inmigración, con la energía, así que no lo sé. No sé si estarán dispuestos a viajar tan lejos. Están muy lejos”, señaló.

Pero la definición políticamente más significativa llegó después.

“Estoy seguro de que me llamarán para intervenir en ese potencial desastre. Pero si lo hacen, probablemente podré resolverlo”, sostuvo Trump, para luego agregar que actualmente “hay dos países que no están contentos con la situación en las Malvinas”.

La frase introduce un elemento novedoso en una controversia diplomática de larga duración: la posibilidad de que el presidente estadounidense intente asumir algún tipo de papel de mediación entre Buenos Aires y Londres.

Un cambio en el discurso de Washington

No se trata de una declaración aislada. A fines de agosto, Trump ya había afirmado públicamente que no descartaba revisar la posición estadounidense respecto de las Malvinas.

Estados Unidos reconoce la administración británica de facto sobre las islas, pero históricamente ha evitado pronunciarse sobre la cuestión de fondo de la soberanía, que la Argentina reclama y que constituye uno de los principales puntos de conflicto bilateral con el Reino Unido.

La posición de Trump comenzó a generar interrogantes después de que medios británicos señalaran que Washington podría utilizar el tema dentro de una negociación más amplia con Londres, particularmente vinculada con las exigencias estadounidenses para incrementar el gasto en defensa.

Días después, el propio presidente norteamericano volvió sobre Malvinas, destacó la enorme distancia existente entre las islas y Gran Bretaña y recordó la guerra de 1982.

Ahora fue un paso más allá: ya no habló solamente de revisar una posición diplomática, sino que se ofreció explícitamente a intervenir.

Milei endureció la política argentina sobre Malvinas

Las declaraciones se producen además después del giro adoptado por el gobierno de Javier Milei, que anunció una serie de medidas destinadas a reforzar el reclamo argentino y elevar los costos para las empresas involucradas en actividades hidrocarburíferas sin autorización nacional en el área de Malvinas.

Entre las medidas anunciadas aparecen sanciones contra compañías petroleras que operen en torno al archipiélago, el fortalecimiento de la infraestructura estratégica en Tierra del Fuego y modificaciones al régimen legal destinado a penalizar a empresas que desarrollen actividades hidrocarburíferas sin autorización argentina.

El eje económico detrás de esta escalada tiene nombre propio: Sea Lion.

El proyecto offshore se convirtió en uno de los mayores focos de tensión alrededor de Malvinas porque supone avanzar hacia la explotación comercial de importantes reservas de hidrocarburos en aguas cuya soberanía es reclamada por la Argentina.

Sea Lion: petróleo y geopolítica en el Atlántico Sur

Sea Lion está controlado por Navitas Petroleum, que posee el 65% de las licencias y opera el proyecto, y Rockhopper Exploration, que mantiene el 35% restante.

Navitas ingresó al proyecto en 2022, cuando adquirió la participación que estaba en manos de Harbour Energy y asumió la operación del área.

El desarrollo dio un paso decisivo en diciembre de 2025, cuando las compañías adoptaron la decisión final de inversión para avanzar con una primera etapa estimada en alrededor de US$1.800 millones.

Los planes empresariales contemplan comenzar la producción durante el primer trimestre de 2028.

Ese calendario convierte la disputa por Malvinas en algo que excede cada vez más la discusión diplomática tradicional. Petróleo, inversiones, seguridad, rutas marítimas y proyección estratégica sobre el Atlántico Sur vuelven a entrecruzarse alrededor del archipiélago.

Y es precisamente en ese escenario donde aparecen ahora las declaraciones de Trump.

De Malvinas a una Irlanda unificada

El presidente estadounidense también generó impacto político durante su paso por Dublín al pronunciarse sobre otra controversia histórica vinculada con el Reino Unido: la eventual reunificación de Irlanda.

Trump aseguró que le “encantaría” ver una Irlanda unificada y consideró que ese proceso podría ocurrir eventualmente.

“No quiero causar ningún problema, pero les diré que me encantaría verlo unificado. Tengo amigos en ambos lados, gente estupenda. Creo que sería un gran logro para todos si eso sucediera. Tarde o temprano ocurrirá”, afirmó.

Una eventual reunificación implicaría la incorporación de Irlanda del Norte, actualmente integrante del Reino Unido, a la República de Irlanda.

La declaración fue particularmente sensible por haber sido pronunciada junto al primer ministro irlandés y por tocar uno de los asuntos políticos y territoriales más delicados de la historia reciente británica.

Trump también mantuvo conversaciones con la presidenta irlandesa, Catherine Connolly, durante una visita que combina agenda política, encuentros empresariales y actividades vinculadas con el golf.

Sin embargo, para la Argentina, el dato central quedó lejos de Irlanda: por tercera vez en pocas semanas, el presidente de Estados Unidos habló públicamente sobre Malvinas y esta vez avanzó un casillero más, al plantearse como posible mediador entre Buenos Aires y Londres.

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A2/AD en el Atlántico Sur: la estrategia militar que Argentina necesita (y no está usando)

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Hay una pregunta que la dirigencia argentina evita hace más de cuarenta años, desde que perdimos la guerra de 1982: ¿Con qué defendemos el mar que decimos que es nuestro?. La respuesta incómoda es que hoy, en términos de barcos, no tenemos con qué. Cuatro destructores diseñados en los años 80; media docena de corbetas que esperan modernización hace una década, y ni un solo submarino en condiciones de navegar: el último, el ARA Santa Cruz, se encuentra desde hace más de una década esperando su reparación en el astillero Tandanor.

Esa foto, lejos de mejorar, acaba de sumar una novedad: A fines de agosto de 2026 la ARA (Armada argentina) anunció el retiro definitivo de los cinco Super Étendard, los aviones más modernos con los que contaba la aviación naval, sin que exista todavía un reemplazo a la vista.

Frente a ese diagnóstico existen dos salidas: resignarse, o soñar con una flota que nunca vamos a poder pagar. Este artículo propone una tercera vía, que ya está probada en otras partes del mundo por países que tampoco pueden competir barco por barco con las grandes potencias.: No hace falta tener la marina más grande para defender el mar propio. Hace falta volverlo caro de invadir.

El error de pensar la defensa como espejo del enemigo

Desde Malvinas, buena parte de la conversación sobre defensa argentina quedó atada a una idea: recuperar soberanía plena sobre el Atlántico Sur significa reconstruir una flota que pueda pelear de igual a igual contra la Royal Navy británica. Es una idea noble, y también una trampa. Ningún presupuesto argentino previsible –y menos todavía en tiempos de ajuste, cuando hasta la compra de helicópteros navales quedó cancelada por falta de fondos– alcanza para igualar a una potencia que gasta en defensa lo que Argentina gasta en varios rubros del Estado juntos.

En el Golfo Pérsico, Irán –una potencia media, con un presupuesto de defensa muy inferior al de Estados Unidos– logró durante décadas que la marina más poderosa del planeta piense dos veces antes de operar libremente en sus aguas. No lo consiguió con acorazados ni con portaaviones. Lo consiguió con una combinación barata y descentralizada: cientos de lanchas rápidas armadas, dispersas y fáciles de reemplazar; minas navales; misiles antibuque lanzados desde tierra; y drones. Nada de eso, por separado, vence a una potencia naval. Pero Jjuntos, la obligan a operar con miedo, gastando fortunas en defenderse de un enemigo que no arriesga casi nada material cuando ataca.

Este mismo año ese sistema fue puesto a prueba en un enfrentamiento directo contra Estados Unidos e Israel, y –más allá de la valoración política que cada uno tenga sobre el régimen iraní– la lección estratégica quedó demostrada: se puede sostener una postura disuasoria seria sin tener una flota comparable a la del adversario.

Lanchas patrulleras rápidas de la IRGC

La palabra técnica para esto es doctrina de “anti acceso y denegación de área” (A2/AD, por su sigla en inglés). Suena complicado, pero la idea es simple, casi de sentido común: En vez de intentar ganar una guerra naval convencional, que ya sabemos que no podemos ganar, se trata de hacer que el enemigo ni siquiera quiera empezarla.

Lo que Argentina sí tiene, y no estamos usando

Lo interesante es que el principio iraní no es exclusivo de Irán ni del Golfo Pérsico. Funciona en cualquier lugar donde la geografía impone un cuello de botella. Un paso angosto por donde cualquier fuerza extranjera tiene que pasar sí o sí para llegar a destino. Y acá está lo que muchas veces se pasa por alto: Argentina tiene los suyos.

El Estrecho de Magallanes es el paso obligado entre el océano Atlántico y el Pacífico en el extremo sur del continente. El Mar de Hoces, mejor pero mal conocido como Pasaje de Drake, entre Tierra del Fuego y la Antártida, es la vía natural de aproximación hacia el continente blanco donde Argentina mantiene un reclamo de soberanía vigente y una presencia ininterrumpida desde hace más de un siglo. Ninguno de los dos tiene la importancia comercial global del Golfo Pérsico –por ahí no pasa el petróleo del mundo– pero ambos concentran el paso hacia y desde una región donde tenemos intereses soberanos concretos: Malvinas, Georgias, Sandwich del Sur y el sector antártico argentino.

Esa geografía, hoy está prácticamente desguarnecida. Y es, paradójicamente, uno de nuestros mayores activos estratégicos sin explotar.

La actualidad se encarga de recordarlo todas las semanas. El 24 de agosto de este 2026, hace apenas unos días, el petrolero VS Promise de bandera británica, amarró en el puerto de Ushuaia después de cargar crudo en una monoboya de la terminal de Río Cullen, en el norte de Tierra del Fuego. El episodio disparó un cruce político entre el gobierno provincial y la administración nacional, que interviene el puerto de Ushuaia desde enero. Pero lo más revelador no fue esa pelea, sino la contradicción de fondo: la misma provincia que después salió a denunciar el amarre como una afrenta a la soberanía había autorizado, a través de su propia Secretaría de Hidrocarburos y Energía, que ese buque británico cargara petróleo en la monoboya de Río Cullen, bajo jurisdicción provincial. Primero se habilita el negocio; después, cuando el barco toca puerto y hay cámaras, aparece el discurso soberano. Ese doble estándar es tan parte del problema como la falta de barcos. Mientras no haya una política sostenida y coherente, ni siquiera dentro de una misma provincia, cualquier reclamo de soberanía corre el riesgo de quedar en pose. Aclaro, este doble estándar no es nuevo ni exclusivo de la gobernación de Tierra del Fuego AIAS. La dirigencia política argentina hace décadas que tolera al Reino Unido cuando le conviene y se indigna sólo cuando es presionada a hacerlo.

Construir de a poco, sin repetir el error de siempre

El error más frecuente en la Argentina cuando se habla de rearme es discutir qué comprar —(el submarino, el misil, el avión de moda)— antes de discutir en qué orden y con qué continuidad se construye una capacidad real. La historia ya nos dio esa lección y la pagamos cara: en los años 70 y 80, Argentina desarrolló el programa de submarinos más ambicioso de Sudamérica, el TR-1700. Desarrollado a fines de la década de 1970 mediante un acuerdo con la empresa alemana Thyssen Nordseewerke, el plan original contemplaba la construcción de seis submarinos de ataque convencionales —dos en Alemania y cuatro bajo licencia en el astillero Domecq García, en Argentina—, con el objetivo no solo de dotar a la Armada de una capacidad submarina de última generación, sino de sentar las bases de una industria naval nacional capaz de diseñar y fabricar tecnología militar compleja de manera autónoma. Cuarenta años después, no queda ni una sola unidad operativa. Y no fue un fracaso de ingeniería, sino por el contrario, una desidia de la clase política que no pudo sostener la decisión en el tiempo, gobierno tras gobierno.

Con esa lección en mente, la reconstrucción debería pensarse en tres etapas, de la más urgente y barata a la más cara y lenta.

Primero ver. Sin capacidad de detección (radares en la costa, aviones de patrulla, satélites propios o compartidos con aliados) no hay nada que defender, porque no se sabe qué está pasando en el mar. Es la inversión más accesible y la que más avanzada se encuentra. En agosto de 2026 la Armada lanzó el “Plan Dédalo”, un programa de reestructuración de la Aviación Naval a cinco años que contempla, entre otras cosas, la llegada de los dos aviones P-3 Orión que todavía faltan –previstos entre octubre de 2026 y junio de 2027– para completar una flota de cuatro, dedicados justamente a patrullar el mar. Es un paso, todavía insuficiente, en la dirección correcta.

P3 ORION LLEGANDO A ARG

Segundo, estar presentes sin gastar de más. Acá es donde el ejemplo iraní enseña más: en vez de apostar todo a pocos buques carísimos –que si se pierden son un golpe militar y político devastador– conviene pensar en unidades más numerosas, más baratas y más fáciles de reponer. Los cuatro patrulleros oceánicos que ya se incorporaron a la Armada son un antecedente en esa línea, aunque hoy estén pensados más para vigilar la pesca ilegal que para disuadir a una fuerza militar. Astilleros Río Santiago y Tandanor, con presupuesto y preparación adecuada, estarían en condiciones, por antecedentes e infraestructura, de construir este tipo de patrulleros. 

Tercero, tener con qué decir que no. Misiles antibuque, que podrían ser de fabricación nacional ya que en algún momento la Argentina supo tener una industria de defensa capaz de lograrlo, y en el horizonte más lejano, una fuerza submarina propia. Esta es la etapa más cara y la más difícil de sostener en el tiempo, pero también la que puede cambiar la ecuación de poder en la región.

Acá conviene ser honesto con lo que pasó esta misma semana. El mismo Plan Dédalo que trae los P-3 Orión también confirma la baja definitiva de los cinco Super Étendard Modernisé que Argentina le compró a Francia en 2018: aviones que nunca llegaron a volar en la Argentina, porque el Reino Unido bloqueó por años la venta de los cartuchos para sus asientos eyectables. Siete años después de esa compra, y sin haber resuelto nunca el problema, la Armada los da de baja sin que exista un reemplazo equivalente.

Una doctrina de disuasión barata no depende de aviones de combate carísimos, sino de misiles, drones y minas navales, mucho más baratos y más difíciles de eliminar de un solo golpe. El problema no es que se retiren los Super Étendard. El problema es, otra vez, la falta de continuidad: se gastaron años y millones en un avión que terminó varado por un veto ajeno, sin que nadie asumiera el costo político de reconocer el fracaso a tiempo ni de definir con qué se lo reemplaza en esa función disuasoria. Sin eso, lo que hoy se presenta como una modernización puede terminar siendo, simplemente, otra capacidad perdida.

El verdadero enemigo no está en el mar

Hay que decirlo sin vueltas: lo que más amenaza esta estrategia no es la falta de plata ni la falta de tecnología disponible en el mundo para comprar. Es la falta de consensos políticos que perduren en el tiempo. Ningún plan de defensa, por bueno que sea en el papel, sobrevive a un país donde cada gobierno nuevo cancela lo que empezó el anterior, como acaba de pasar con la compra de helicópteros navales, frenada por un recorte presupuestario.

El propio Plan Dédalo es un buen ejemplo de las dos caras de esta moneda. Por un lado, plantea una reorganización territorial: a partir de 2027, la histórica Base Aeronaval Punta Indio —cuna de la Aviación Naval argentina desde 1916— pasará a llamarse simplemente “Estación Aeronaval”, con el taller central concentrado en la Base Espora, en Bahía Blanca. Cerca de trescientos puestos de trabajo, entre civiles y militares, quedaron en la incertidumbre sin mencionar el enorme perjuicio evidente para el pueblo de Punta Indio. Por otro lado, es también una muestra de que hay planificación a mediano plazo, algo poco frecuente en la defensa argentina de las últimas décadas.

La etapa de “ver” –radares, aviones, satélites– es la que más avanza justamente porque es la que menos depende de sostener una misma decisión durante quince o veinte años seguidos, que es lo que necesita un programa de submarinos o de misiles para llegar a buen puerto.

Ahí está, quizás, el primer paso realista: no esperar el gran anuncio de rearme naval, sino consolidar ya, con lo que hay, la capacidad de saber qué pasa en nuestro propio mar. Y sobre esa base, si en algún momento como país nos ponemos de acuerdo en sostener una política de Estado más allá de un mandato presidencial, recién ahí avanzar hacia una capacidad de decir que no, con hechos, a cualquiera que quiera pasar por el Atlántico Sur como si fuera tierra de nadie.

Ni ingenuidad ni resignación

Ningún ejemplo extranjero se traslada perfecto. El Golfo Pérsico no es el Atlántico Sur. Por ahí pasa una porción enorme del petróleo del mundo, lo que obliga a cualquier potencia a pensarlo dos veces antes de escalar un conflicto; nuestra región austral no tiene, hoy, ese mismo peso en la mirada del mundo, pero va camino a tenerlo. Y esta estrategia tampoco alcanza sola: no sirve de nada disuadir una invasión hipotética si al mismo tiempo no sostenemos presencia real, todos los días, en los espacios que reclamamos como propios, como recuerda, otra vez, la discusión por un petrolero británico amarrado a metros del memorial a los caídos de Malvinas en Ushuaia.

Pero ninguna de esas objeciones cambia lo esencial. La ARA no necesita ser la Royal Navy. Argentina necesita ser el país al que nadie quiere atacar porque sabe que va a sangrar. Esa estrategia no cuesta lo que cuesta un portaaviones. Cuesta lo que cuesta decidir. Y en eso, todavía estamos a tiempo.

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Messi anunció su retiro de la Selección Argentina: “Ya no tengo más para dar”

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Lionel Messi anunció su retiro de la Selección Argentina de fútbol. Después de más de dos décadas ligado al equipo nacional, el capitán comunicó una decisión que, según sus propias palabras, “dolió y duele en el alma”, pero que considera necesaria ante el cierre de una etapa y la aparición de nuevas generaciones de futbolistas.

“Después de este tiempo que pasó desde la final, pensándolo mucho, quiero comunicarles a todos que me retiro de la Selección”, expresó Messi al confirmar una decisión que pone punto final a una de las trayectorias más trascendentes de la historia del seleccionado argentino.

El futbolista explicó que la determinación no responde a una falta de compromiso con la camiseta. Por el contrario, destacó que durante toda su carrera dejó “todo” por la Selección y que su objetivo siempre fue generar alegrías y orgullo entre los argentinos a través del fútbol.

“Queda poco y se van cerrando etapas”

En su mensaje, Messi reconoció el peso emocional de abandonar el equipo nacional. “Queda poco y se van cerrando etapas y esta es una que me duele mucho”, señaló, antes de remarcar el vínculo que construyó con la camiseta argentina.

“Amo, amé y amaré siempre estar en la Selección. Me vacié, ya no tengo más para dar y aparte vienen chicos muy grandes atrás que merecen estar”, afirmó.

La frase sintetiza el argumento central de su decisión: después de una carrera marcada por una exigencia permanente, considera que llegó el momento de dejar lugar a los futbolistas que vienen detrás.

La despedida también incluyó un reconocimiento a los hinchas, protagonistas de una relación que atravesó momentos de frustración y consagración. “Gracias por todo el cariño de estos 20 años. Voy a extrañar mucho escucharlos desde adentro”, manifestó.

De protagonista a hincha

Messi también anticipó cómo imagina su vínculo con la Selección después del retiro. “Ahora voy a ser uno más de ustedes, alentando y bancando siempre desde afuera”, escribió, reafirmando que su relación con el seleccionado no termina con su salida del campo de juego.

El mensaje incluyó además un agradecimiento a su familia por el acompañamiento durante una trayectoria que definió como “un viaje tan hermoso pero difícil”. También reconoció a entrenadores, compañeros y dirigentes con quienes compartió diferentes etapas de su carrera.

“Me llevo recuerdos y momentos inolvidables vividos”, expresó.

El legado de una etapa irrepetible

La decisión de Messi trasciende el retiro de un futbolista. Su presencia durante dos décadas convirtió su recorrido con la Selección en una parte central de la historia reciente del fútbol argentino.

El propio Messi eligió cerrar su mensaje desde una dimensión colectiva. “Me voy con la tranquilidad y el orgullo de haberles regalado, juntos con mis compañeros, momentos soñados”, sostuvo.

Y dejó una última frase que resume el vínculo entre el futbolista y el país que representó durante toda su carrera: “Gracias Dios por hacerme argentino”.

“¡Vamos Argentina!”, concluyó Messi, en el cierre de su despedida de la Selección.

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