Alejandro Pegoraro

Director de Consultora Politikon Chaco

Las bases para el crecimiento misionero en 2025

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Se termina un año muy complicado para la Argentina, donde quedó en evidencia la fragilidad de nuestro sistema pero también la capacidad de resistencia y de resiliencia de su gente. Una crisis más que volvió a poner en el piso a la industria, a la capacidad productiva y la capacidad de compra, acompañado de políticas desregulatorias que atacaron actividades productivas enteras y de una nueva relación nación – provincias que se caracterizó por el desfinanciamiento a los programas distritales y el destrato directo hacia los mandatorios. Veamos cómo reaccionó Misiones a estos contextos.

Desde el punto de vista de las cuentas públicas, la provincia no abandonó el camino del equilibrio fiscal que ya mostraba desde hace muchos años atrás, aunque ello no fue sencillo. En términos de ingresos, el año se caracterizó por una fuerte contracción en todos los principales canales de recaudación. El 2024 va a cerrar con una caída cercana al 10% en los recursos por coparticipación, siendo el tercer peor año de los últimos diez. Este resultado es mérito de la recesión que afectó la recaudación aunque también tuvo una fuerte influencia la modificación del impuesto a las Ganancias de la cuarta categoría realizada en el último tramo del 2023. A la par, los envíos no automáticos de recursos nacionales van a cerrar el año con una baja del 83% para la provincia, una cifra que no tiene antecedente por su magnitud y que tiene su razón de ser en la decisión política del gobierno nacional de cortar la mayor cantidad de canillas de financiamiento a gobiernos subnacionales, incluso aquellas garantizadas por ley. A esto se le suma también una merma de la recaudación propia provincial, atado justamente al escenario recesivo generalizado del que ninguna provincia pudo escapar. 

Ante este marco, y para alcanzar la meta de sostener el equilibrio fiscal, el gasto debió necesariamente ser ajustado, principalmente en aquellas partidas donde existía un importante componente de gasto no esencial y que son positivos para un año de expansión y no para un año de contracción como fue este. Lógicamente el gasto salarial sufrió mucho en el primer tramo del año con inflación todavía creciendo a fuerte ritmo pero logró cierta calma y estabilidad hacia el segundo semestre; y la inversión pública no pudo volver a niveles de años previos debido justamente al recorte de diferentes fuentes de financiamiento. La expectativa en este marco está puesta en lo que viene: ante un 2024 contractivo, se espera un 2025 expansivo. Se presupone que las cuentas públicas permitirán ello ante una mejora de los ingresos y un nuevo reacomodamiento del gasto que ya no implique estar mirando día a día el saldo de cuenta corriente. 

En este marco, hay expectativa en la función social del Estado como podría ser lo salarial y las políticas de promoción social, pero hay mucha más expectativa en la función económica del gobierno provincial: que la inversión pública vuelve a ser un actor central de la dinamización económica provincial. Los datos de la construcción ratifican el año en extremo difícil que fue el 2024 para ese sector y aunque en los últimos meses Misiones presentó algunas mejoras en empleo, salarios y permisos de obra, todavía queda mucho por recuperar. El sector privado es un aliado imprescindible para ello, pero por características económicas, sociales e históricas, el Estado es la principal locomotora de dinamización de la construcción vía obra pública, algo que se comprueba en cada escenario post-crisis de las últimas décadas.

En relación con el consumo, el gobierno provincial ha hecho mucho para impulsarlo o, de mínima, contenerlo. Hace unos días se conoció el balance parcial del impacto de los programas Ahora que son sin duda una herramienta de alto impacto y de gran alcance que sirve para paliar impactos recesivos pero no para darles solución definitiva. No por falta de mérito, sino porque lógicamente se requiere una recuperación global que venga de la mano de la capacidad de compra de los salarios. 

Por su parte, y como lo fue tras la pandemia, el empleo será un factor determinante para el crecimiento económico del próximo año. Misiones mostró sólidos escudos en un escenario nacional de fuerte caída del empleo, y si bien no escapó de la tendencia general, sostiene una estructura fortificada de la mano de matriz diversificada. El empleo en sector privado formal se mantiene en niveles altos y el objetivo está en volver a alcanzar los picos de puestos de trabajo que se vieron a mediados del 2022, de modo tal de que ese sea el nuevo punto de partida para el crecimiento. Dentro de esto, hay sectores que pueden ser protagonistas: algunos que han sido muy golpeado este año como la industria, cuya reactivación redunda fuertemente en el escenario global, y otros que son todavía chicos en relación con el mercado total pero que tienen alta dinámica y buena evolución como el mundo tecnológico. 

 El 2025 llega con muchas mejoras perspectivas de lo que pudimos haber pensado hacia mediados de este año, aunque no por ello debemos relajarnos y descansar en ellas. Se requiere un trabajo arduo y altamente articulado entre el sector público y privado para, luego de haber hecho altos esfuerzos de contención, poner en marcha la economía local e iniciar un proceso de crecimiento sostenible. Hay muchas alertas todavía, pero el sendero parece estar mucho más allanado. Feliz 2025 para todos.

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Las buenas señales que dejó el tercer trimestre

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El país está todavía, ya cerrando el año, lidiando con los efectos de una feroz recesión inducida de inicios de año, inflación que se fue moderando aunque todavía en niveles muy superiores a cualquier país de referencia, salarios que intentan sacar la cabeza del pozo y actividad que se mueve de manera heterogénea. 

Aún con eso, el tercer trimestre y los primeros datos que corresponden al cuarto muestran que podríamos estar frente a las instancias finales del padecimiento para pasar a un proceso de recuperación. 

Se puede pensar en la analogía de las inundaciones: primero hay que rogar que deje de llover y una vez que eso ocurre, hay que comenzar a sacar el agua de adentro de la casa e intentar recuperar lo perdido. El escenario actual muestra que dejó de llover. 

El primer dato alentador lo conocimos a inicios de semana: el PIB, si bien aún por debajo de los niveles del año pasado, se incrementó 3,9% en el tercer trimestre contra el trimestre anterior. Se trata de la suba trimestral más fuerte desde la salida de la pandemia. Naturalmente, ante períodos de fuerte crisis y caída, la normalización (o el intento dé) produce rebotes importantes. No por ello hay que esperar niveles similares de suba para los trimestres venideros, pero es un excelente punto de partida para alentar el crecimiento. 

De la mano de eso, este viernes conocimos el dato del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), que corresponde a octubre. Este es un indicador adelantado que permite anticipar la forma en que se está moviendo el PIB y la actividad económica, pero a diferencia del dato definitivo del PIB, se lo mide a nivel mensual. El EMAE en el tercer trimestre había mostrado una suba del 3,9% contra el trimestre anterior, por lo que anticipó de manera precisa el alza del producto. Ahora conocimos el dato de octubre, que mostró un crecimiento mensual del 0,6% y si bien sigue debajo de igual mes del año anterior, recortó mucho la caída (estaba en -8,4% en marzo y quedó -0,7% en octubre). 

Pero lo más importante que dejó el EMAE de octubre es que el nivel de actividad en ese mes ya superó el de noviembre de 2023, es decir, previo al cambio de gobierno. En otras palabras: la actividad económica ya recuperó todo lo perdido durante la actual gestión de gobierno

Dato alentador, desde ya, aunque hay que ser prudentes en este caso: la suba de la actividad es altamente heterogénea: lideran sectores como la minera y el agro, mientras que la industria, comercio y construcción siguen atrasados

Esto genera el desafío de continuar expandiendo la actividad para abarcar a los sectores más sensibles al mundo económico nacional (y los que generan más empleo). 

Por otro lado, conocimos los datos del mercado de trabajo también del tercer trimestre: la desocupación sigue en niveles superiores a igual período del año anterior (6,9% vs. 5,7%) aunque desaceleró bastante en relación con el trimestre anterior (era 7,6%), mientras que la tasa de empleo está 0,5 puntos debajo del 2023 pero +0,2 respecto al segundo trimestre del corriente. Podemos inferir que la mejora en la actividad redundó en el mercado de trabajo, aunque en una intensidad mucho más leve. 

En este caso, vale la pena profundizar el desempeño de Posadas. En términos generales, hay sentimientos encontrados: si miramos las tres principales tasas del mercado de trabajo, Posadas mostró una baja en la tasa de desocupación (de 6,3% del segundo trimestre al 3,4% en el tercero). Eso se celebra, pero se prenden ciertas alertas cuando ahondamos en las razones de esa baja: concluimos que se debió no a un aumento del empleo (que se mantuvo constante) sino un aumento en la inactividad. Dicho de manera simple: hubo seis mil personas que dejaron de ser desocupadas no por haber pasado a ser ocupadas, sino porque se retiraron del mercado de trabajo (es decir, dejaron de buscar trabajo) pasando a ser inactivos. Es difícil distinguir razones concretas de ese movimiento y solo podremos saberlo con mayor precisión cuando el INDEC abra los datos crudos de la Encuesta Permanente de Hogares para el período analizado (lo que sucederá recién a principios de febrero de 2025). 

En resumen: el empleo se mantuvo estable, que podría ser algo destacado si miramos el vaso medio lleno desde una perspectiva de la estabilidad, aunque el deseo naturalmente era lograr la expansión. La desocupación bajó, lo cual es positivo en el sentido de no agrandar la población desocupada, pero no lo es tanto si miramos las razones de la baja. En el contexto en que se produjo este resultado, no es para nada malo; por el contrario, permite sentar mejores condiciones para lograr mejoras genuinas hacia adelante.

Pero ahondemos un poco más y se van a observar ciertos indicadores que resultan de interés. En primer lugar, la tasa de ocupados demandantes de empleo en Posadas (es decir, aquellos que tienen una ocupación pero están buscando otra) cayó del 14,2% al 11,9%. A su vez, la tasa de subocupación (ocupados que trabajan menos de 35 horas semanales por causas involuntarias) bajó del 15,1% al 12,8% y la tasa de subocupación demandante de empleo (es decir, las personas subocupadas que están buscando una segunda ocupación) cayó del 11,6% al 10,5%. 

¿Por qué esto es relevante de analizar? Vayamos punto por punto. Cuando la tasa de ocupados demandantes crece, normalmente ocurre porque esas personas, teniendo un trabajo de tiempo completo, buscan cambiar ese trabajo para tener mayores ingresos. El hecho de que la tasa haya caído podría indicar cierta mejora en la situación de ingresos de esos trabajadores, lo que ahondaremos un poco más adelante.

Sigamos con la situación de la subocupación: considerando que la tasa de empleo se mantuvo estable, la caída en la subocupación podría inferir que hubo personas que eran subocupadas y pasaron a ser ocupados plenos: es decir, pasaron a trabajar en puestos de tiempo completo. Esto, naturalmente, implica una mejora en las condiciones de empleabilidad. Por ende, podemos pensar que la baja en la tasa de desocupación redundó en una mayor calidad en la tasa de empleo. 

En tercer lugar, vayamos a los subocupados demandantes. En línea con lo que se explicó para el caso de los ocupados demandantes, en este caso el trabajador, que trabaja a medio tiempo (recordamos, menos de 35 horas semanales por razones involuntarias) busca una segunda ocupación (ya que tiene el tiempo para ello) que le genere mayores ingresos. Cuando crece la tasa de subocupación demandante de empleo, se lo asocia a un escenario de crisis de ingresos por lo que más personas buscan tener más horas de trabajo para poder gozar de mayores ingresos. En el caso de Posadas durante el tercer trimestre, esa tasa cayó, por lo que podría vincularse al hecho de que los ingresos mostraron cierta estabilidad tendiente a la mejora, provocando que existan menos personas que se vuelquen a buscar un segundo empleo. 

Entonces, en resumen: hay menos ocupados buscando cambiar su trabajo; y hay menos subocupados porque mejoraron las condiciones de empleo y, dentro de estos, hay menos que están buscando un segundo empleo. Detrás de esto, se puede inferir una mejora en los ingresos. 

¿Cómo podemos respaldar esas conclusiones? Básicamente, en dos indicadores. Uno aplicado a la cuestión local y uno a nivel nacional (y no aún en lo local por falta de datos). El primero hace referencia a la evolución del salario en el sector privado formal, algo de lo que hablamos acá la semana pasada: durante el tercer trimestre, en este segmento el salario misionero mostró fuerte mejora contra el trimestre anterior: +4,8% en julio, +0,3% en agosto y +0,8% en septiembre, cerrando el trimestre acumulado con una mejora del 7,3%. Si bien el sector privado es solo una parte del mercado de trabajo global, podría ser un buen indicador para ver la evolución de los ingresos. 

El segundo indicador no tiene todavía alcance local pero sí marca una situación generalizada a nivel nacional. Según datos del INDEC, el Ingreso medio per cápita familiar del tercer trimestre creció, respecto al anterior, un 27%, con mayor fuerza en el decil de menores ingresos (+32%) y algo más moderado en los deciles medios (23%). ¿Esto significa que los salarios crecieron a esos niveles? No necesariamente, ya que el ingreso per cápita familiar contempla la totalidad de ingresos tanto laborales como no laborales. Aun con eso, podemos ver una clara mejora. No es preciso afirmar que esa misma mejora se aplica para Posadas, pero considerando una mejora en el escenario nacional, es factible que la misma, aunque en otras intensidades, también alcance al aglomerado misionero.

Esto nos lleva al otro tema relevante de la semana vinculado a las novedades destacadas del tercer trimestre. Conocidos los datos de la distribución del ingreso de ese período, difundidos por el INDEC, comenzamos a ver diferentes estimaciones de niveles de pobreza. Si bien no se trata de datos oficiales (que son semestrales y que recién los conoceremos en marzo del año que viene) son estimaciones con dos virtudes: están basados en datos oficiales y son realizados por profesionales de reconocidísima trayectoria y prestigio en el campo de los indicadores socioeconómicos. El que fue más difundido fue el de Leopoldo Tornarolli, reconocido economista del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS) de la Universidad Nacional de La Plata. Tiene una amplia espalda que avala su trabajo: fue una de las personas que reconstruyó las estadísticas del INDEC de todo el período en el que el organismo estuvo intervenido políticamente y cuando se rompieron muchas series de medición. Tornarolli tomó los datos de ingresos, cruzó con los de canasta básica y así estimó que, en el tercer trimestre, la pobreza se ubicó en torno al 38,5%, cayendo muy fuerte desde el 54,8% del primer trimestre del año. Recordemos que estamos hablando de trimestres y no de semestres, que es como lo publica el INDEC. 

Otro economista que estimó los niveles de pobreza según los mismos datos oficiales fue Martín Rozada, especialista en econometría de la Universidad Torcuato Di Tella. Todos los meses, en base a datos de inflación, canastas básicas e ingresos, realiza su nowcast de pobreza. Rozada habitualmente difunde sus datos no por trimestres, sino por semestres móviles; de ese modo es más fácil comparar los resultados respecto a los publicados con INDEC dos veces por año. Para este profesional, el semestre junio-noviembre 2024 registró una tasa de pobreza del 40,5%, reduciéndose en más de diez puntos respecto al 52,9% del semestre enero-junio, que fue el dato oficial de INDEC. 

Puntos más, puntos menos, incluyendo los márgenes de error estimados para cada caso, las conclusiones muestran de manera casi unánime que hay una importante reducción de la pobreza respecto a períodos previos. Este proceso puede trasladarse a Posadas según lo que indicábamos antes: dada su contundencia, es inevitable que el aglomerado siga la misma tendencia, que podría ser de manera más intensa o menor.

Es claro que todavía vemos dos Argentinas: una que muestra una importante recuperación en diversos indicadores con ineludible derrame y otra que todavía exhibe signos de importante retraso sin horizonte claro. Pero se empiezan a ver con más fuerzas las primeras, generando que las señales para el 2025 sean mucho más positivas que hace un año atrás.

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Crece el salario en Misiones ¿Qué sectores están mejor que el año pasado?

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Esta semana se conoció el dato de empleo que generó cierto optimismo: a nivel país, creció 0,2% mensual y marcó su segunda suba consecutiva tras un año de bajas. En Misiones el incremento fue del 0,5%, la tercera suba más alta del país, recuperando 521 empleos en el mes y cortando cinco bajas consecutivas. Por supuesto, queda todavía mucho camino por recorrer. 

En agosto de 2023 Misiones había alcanzado el mayor volumen de empleo privado formal desde que se tiene registro con casi 110.300 puestos de trabajo, pero a partir de ahí y en línea con lo que ocurrió a nivel país, comenzó la baja. Entre septiembre y noviembre, luego de tocar su techo, Misiones perdió 1.600 empleos. Luego, ya con el actual Gobierno nacional en el cargo y con el golpe de la devaluación de diciembre, perdió 5.476 empleos entre diciembre y febrero de este año. Tuvo una fuerte recuperación en marzo con +2.592 empleos empujado por el agro, pero luego entre abril y agosto perdió otros 2.849 puestos de trabajo. 

Por ende, la recuperación de septiembre es leve, pero importante para frenar la merma. Pese a generar 521 empleos en ese mes, Misiones todavía está 6.816 empleos por debajo de aquel pico de agosto de 2023 (-6,2%) y 5.212 por debajo de los niveles previos al cambio de Gobierno (-4,8%)

Para dimensionar la magnitud de la caída, hagamos un ejercicio: para volver a los niveles de agosto de 2023, Misiones debería crecer al mismo ritmo que en septiembre (+0,5%) pero durante doce meses al hilo. 

En paralelo a la cuestión del empleo, está el salario. También esta semana, la Secretaría de Trabajo de la Nación difundió los datos de las remuneraciones promedio del sector privado formal. Para esto, cabe aclarar que si bien normalmente hemos analizado este indicador en su variación interanual, lo cual es correcto, es también preciso y necesario ver la evolución mensual. Esto es debido a que en los procesos de estabilización como el que está atravesando el país, luego de una muy fuerte crisis como la que tuvimos en el primer trimestre, es natural ver que en la comparación año-año los niveles sigan por debajo, pero es igual o más importante ver cómo evolucionan mes-mes para analizar qué tan lejos o cerca está la recuperación. Vayamos a los datos. 

De la mano del proceso de desinflación, el salario mostró un buen comportamiento durante el tercer trimestre del año. En términos interanuales, el año inició con bajas de -14,2% real en enero, -13,5% en febrero y -17,3% en marzo. Luego, hacia el segundo trimestre, comenzó un tibio proceso de desaceleración de la caída: -13,3% en abril, -10,2% en mayo y finalmente en junio logró volver al dígito único con -6,5%. Este proceso se consolidó hacia el tercer trimestre: -5,1% en julio, leve rebote a -5,9% en agosto pero una importante desaceleración en septiembre con -2,0%. Esa caída de septiembre en particular es la más leve desde el cambio de gobierno. Si bien todavía se sostiene en baja, es clave que se vaya tomando un sendero descendente. 

Para entender esto, hay que mirar ahora la evolución mensual. Entre enero y abril, Misiones presentó bajas de entre -1% y -6%, pero luego inició un proceso de recuperación. En mayo hubo una primera señal positiva: el salario creció 3,9% real mensual, desaceleró hacia junio con +1,0% y repuntó de nuevo en julio con 4,8%. Hacia agosto y septiembre, si bien moderó mucho la suba, lo relevante es que la sostuvo: +0,3% en agosto y +0,8% en septiembre. Esto implicó que durante el tercer trimestre acumulado, el salario en Misiones creció 7,3% respecto al trimestre anterior y, de ese modo, mostró mejores resultados que el total país y que el promedio NEA: para el nivel nacional, el tercer trimestre mostró alza de 2,3% trimestral y en el caso regional fue 4,3%. 

Estos resultados permitieron dar vuelta el escenario que se vio en los trimestres previos: tanto en el primero como en el segundo, Misiones había mostrado desempeños peores que las medias nacional y regional. Ahora, con este desempeño del tercer trimestre, permite volver a la carrera y comenzar a trazar un camino de recuperación. 

Entonces, en resumen: en la comparación interanual Misiones todavía muestra caída del salario real pero la viene recortando de manera muy importante: del -14,2% en enero a -2,0% en septiembre; a su vez, en la comparación mensual viene mostrando alzas en diferente magnitud sostenidamente desde mayo. Finalmente, observando los desempeños por trimestres, el tercero fue notablemente superior a los dos anteriores. 

Esta importante mejora trimestral se ve de manera generalizada entre los diferentes sectores de actividad de la provincia. Veamos caso por caso como fueron las evoluciones.

En el agro, el salario real mejoró 24,7% en el tercer trimestre respecto al anterior. La mayor suba se ve en Agricultura y Ganadería (+27,4%) y algo menor en Silvicultura (+10,0%); sin embargo, en el acumulado del año vs. acumulado enero-septiembre del 2023, todavía muestra una baja del 13% real.

La explotación de minas y canteras presentó alza del 5,7% trimestral; en el acumulado interanual, este sector se ubica todavía 30,2% por debajo.

La Industria Manufacturera tuvo un crecimiento del salario real del 6,8% trimestral con desempeños mayormente positivos. En este marco se destacan las subas exhibidas en alimentos (+14,9%), tabaco (+17,3%), calzado (+13,5%), madera (+4,9%) y textiles (+6,1%). 

A nivel acumulado interanual, el salario real de la industria está aún 6,5% por debajo con desempeños mayormente a la baja, aunque se destaca que hay dos actividades en particular que ya se recuperaron de la caída: textiles crece 1,0% y calzados 2,5%.

En el sector de suministro de Electricidad, Gas y Agua, el salario real creció 2,6% trimestral y está aún -1,0% acumulado interanual. 

En la Construcción, mejoró trimestralmente 3,9% aunque está -19,9% en el acumulado interanual

En el Comercio, el salario creció 2,8% trimestral, con mayor fuerza en venta y reparación de vehículos y venta por menor de combustible (4,3%) y algo menor en el comercio mayorista y minorista (+1,9% y +2,3% respectivamente). En el acumulado interanual, el sector está -5,4% por debajo. 

Restaurantes y Hoteles tuvo una importante recuperación trimestral, creciendo 14,4% real, pero eso no alcanzó todavía para igualar niveles del año pasado, ya que en el acumulado cae 6%. 

Por su parte, el sector de servicios de Transporte, Almacenamiento y Comunicaciones crece 3,2% trimestral con desempeños diversos entre sus actividades: por un lado, el transporte automotor y ferroviario crece 4,5% y la manipulación de carga, almacenamiento y depósitos lo hace al 2,0%, pero el transporte fluvial y telecomunicaciones caen -1,6% y -0,4% respectivamente. En el acumulado interanual, este sector a nivel general muestra una caída del 13,0%.

El sector de las Finanzas es uno de los que muestra resultados positivos en ambas instancias. Trimestralmente creció 0,3%, pero dado que en los trimestres anteriores ya había mostrado alzas (a diferencia de la mayoría de los otros sectores) en el acumulado interanual también mejora (+2,4%)

En lo referido a los servicios Inmobiliarios, Empresariales y de Alquiler hay también resultados varios: el sector en general muestra mejora del 5% trimestral y en ese marco, hay subas en servicios inmobiliarios (6,4%), alquiler de equipo de transporte y de maquinaria (4,6%) y servicios jurídicos, contables y otros servicios a empresas (6,0%) pero bajas en actividades de informática (-3,9%). Sin embargo, en el acumulado interanual, el sector en general cae 6,7% y las actividades informáticas es la única con subas, que fue de 4,2%. Esto es debido a que en los dos primeros trimestres del año tuvo subas relevantes. 

El sector de la Enseñanza privada mejoró mucho trimestralmente con alza de 13,6% pero queda todavía 26% por debajo en el acumulado interanual. Con los servicios de Salud ocurre algo similar: +8,5% trimestral y -12,5% acumulado interanual.

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La resistencia de las PyMEs en Misiones: menos empresas, más empleo

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Cada ciclo económico que atravesó y atraviesa la Argentina tiene su consecuente correlato en el empleo. En períodos de recuperación y expansión, como los que vimos post-pandemia, el empleo recorre un sendero de crecimiento mientras que, por el contrario, en épocas de enfriamiento y posterior recesión, ese indicador transita necesariamente un trayecto de contracción. 

A la par, la dinámica empresarial experimenta un proceso similar: es frecuente observar como el número de empresas crece con expansión y como se reduce con recesión. La cuestión, en este marco, es intentar entender cómo afectan estos procesos a las empresas según sus tamaños. 

Tener una empresa en Argentina es una tarea desafiante: inestabilidad económica, frecuencia inflacionaria y altos costos laborales, entre otras cosas, generan que históricamente en procesos de crisis sean las empresas más chicas las que tengan menos contención y por ende, las que registren los mayores volúmenes de cierre. Distinto es el caso de las empresas medianas y grandes, que por escala tienen algunos escudos más de contención. 

Para ver este proceso en Misiones, usaremos en primer lugar los registros de la SRT. Allí podemos identificar la variable no de empresas sino de Empleadores, que a los fines de hacer el análisis deseado es un indicador válido para observar la dinámica, y usaremos ambos términos con igual significado. Tomemos el período 2021 a 2024 y veamos cómo impactaron los dos procesos (crecimiento postpandemia y recesión 2023-2024). Para los casos de 2021, 2022 y 2023, se tomarán los datos a diciembre; y para 2024, a agosto, que es el último disponible.

En 2021 el 90% de los empleadores misioneros eran empresas con hasta 25 personas, con la particularidad que la mayor porción está en empresas de hasta 5 personas (68% del total). A su vez, el 8% de los empleadores tenían entre 26 y 100 personas y el 2% contaba con más de 100 personas. En ese año, las empresas con hasta 25 personas concentraban el 27% del empleo misionero; las que tenían entre 26 y 100 representaban el 25% y las empresas con más de 100 personas, el 48%. 

Por ende, se puede observar que en volumen de empresas, las pequeñas concentran la enorme mayoría en la economía misionera, pero el empleo está más concentrado en las grandes, naturalmente por su escala. En ese año, en promedio, las empresas más chicas tenían 4,4 empleos por empresa; las medianas 48,9 y las grandes 276,4. 

¿Qué pasó en 2022? En primer lugar, la cantidad de empleadores creció en 6,5%; por tamaño, las pequeñas lo hicieron en 6,1%, las medianas 9,4% y las grandes 9,4%. Aún con variaciones diferentes, su participación en el total provincial se mantuvo constante respecto al año anterior: el 90% son empresas chicas, el 8% medianas y el 2% grandes. En términos de concentración del empleo, se mantuvo relativamente estable: las empresas chicas concentraron el 26% del empleo, las medianas el 26% y las grandes el 48%. ¿Cuál fue el cambio? Las chicas perdieron un punto de participación y las medianas ganaron un punto. 

En 2023, se empieza a ver un cambio. Los empleadores crecieron 2%: en este marco, los chicos lo hicieron en 2,1%, los grandes en 2,9% pero los medianos cayeron 0,1%. Esto provocó un ligero cambio en la distribución de mercado: las empresas chicas mantuvieron el 90% de participación; las medianas cayeron de 8% a 7% y las grandes crecieron del 2% al 3%. Lo mismo ocurrió con la participación en el empleo: las chicas mantuvieron el 26%, las medianas pasaron del 26% al 25% y las grandes crecieron del 48% al 49%.

¿Qué pasa en el parcial del 2024? El total de empleadores cae 2,1% arrastrado por los chicos, cuya baja es del 2,9%, al contrario de los medianos y grandes que crecieron en 6,6% y 1,6%. Esto provocó que las empresas chicas descendieran en un punto su participación sobre el mercado: del 90% al 89%; las medianas ampliaron de 7% a 8% y las grandes se mantuvieron en 3%. Sin embargo, se da una situación curiosa con el empleo: las chicas pasaron del 26% al 27% (es decir, incrementaron su posición en un punto), las medianas pasaron de 25% a 26% pero las grandes bajaron del 49% al 47%.

Entonces, lo que vemos, es que en este 2024 hay menos empresas chicas pero hay más empleo en las mismas; a su vez, hay más empresas grandes pero hay menos empleos. Con esto podemos llegar a una primera reflexión muy global: las empresas chicas tratan de cuidar mucho más los puestos de trabajo (aún a riesgos de cierre) y en las grandes, las crisis se transitan con ajustes que incluyen reducción de la planta. 

Hagamos un punteo breve en la industria y el comercio, los dos sectores, por escala, más importantes de la economía misionera. En la Industria manufacturera, en 2021 el 85% de las empresas eran chicas y concentraban el 25% del empleo; el 11% eran empresas medianas con el 24% del empleo; y las grandes eran el 4% con el 51% del empleo. Hacia 2024, las chicas se redujeron levemente al 84% de las empresas con el 23%; las medianas pasaron al 12% de las empresas con el 26% del empleo; y las grandes se mantuvieron en el 4% con el 51%. Aquí se observa que los principales afectados fueron las más pequeñas, algo que puede deducirse como lógico dado los altos costos fijos de un proyecto industrial que se ve altamente afectado en épocas de crisis.

Por el lado del comercio, la participación de pequeñas empresas es aún más significativa. En 2021, el 94% eran chicas que concentraban el 48% del empleo; las medianas el 5% de empresas y 29% del empleo; y las grandes el 1% de empresas y 23% del empleo. Hacia 2024, las empresas chicas sostuvieron su participación del 94% de empleadores totales pero su participación en el empleo se redujo al 47% (un punto menos); las medianas sostuvieron su posición (5% empresas y 29% empleo) y las grandes sostuvieron el 1% de empresas pero ampliaron un punto su participación en el empleo (de 23% a 24%). En este punto, vemos como el problema de costos, inflación e incertidumbre afecta a los más pequeños en mayor medida. 

Analistas del mercado laboral afirman que, con cierta estabilidad de la macro, reducción del proceso inflacionario y mejora en las condiciones del sistema financiero, es el momento de comenzar a recuperar el empleo, aunque esto naturalmente es muy distinto según los sectores. El comercio, por ejemplo, depende de una reactivación del consumo que aún no se ve en fuerte magnitud, aunque hay datos alentadores para Misiones como los que detallamos la semana pasada.

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Mirando al 2025: claves del repunte económico y las señales de recuperación en Misiones

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Estamos entrando en el último mes del año y con ello, comenzamos los debates respecto a que esperar para el cierre y, más aún, que podemos ver en el horizonte para el año que viene. En términos de estadísticas públicas, el tradicional rezago de la difusión no nos permite ver en tiempo real a la mayoría de los indicadores más relevantes, pero es factible hacer cierta aproximación. 

Repasemos en primer lugar que ocurre en el plano nacional. Algo de esto ya hablamos la semana pasada en la columna de Economis pero vale recordar puntos centrales. Primero, la actividad económica. El último mes del tercer trimestre, es decir septiembre, mostró una merma mensual el 0,3% según el Estimador Mensual de Actividad Económico (EMAE-INDEC), un proxy de la evolución del PIB. 

En términos interanuales, la merma de la actividad llegó al 3,3%. Si bien hay rojos en ambos indicadores, el dato resonante fue el resultado acumulado trimestral: el tercer trimestre 2024 creció 3,4% vs. el segundo trimestre de igual año, resultado alcanzado pese a la merma de septiembre pero producto de importantes rebotes de julio y agosto. Este punto es central para encarar el último trimestre. 

Sobre esto, esta semana se conoció el dato del Indicador General de Actividad (IGA) de Orlando Ferreres y Asociados (OJF), que es uno de los indicadores de actividad de elaboración privada más precisos que existe actualmente y de gran reputación. Según el IGA-OJF, en octubre habría un repunte mensual del 0,2% pero, más importante aún, es que la caída interanual sería de sólo -0,3%, quedando a tiro de recuperar niveles previos. Al respecto, se escuchan muchas voces que critican este tipo de análisis, partiendo de la base de que como la actividad económica tuvo derrumbe entre diciembre y febrero, es casi inevitable volver a mostrar variaciones positivas año-año. Pueden entenderse las críticas, pero no por ello es un dato menor. 

Justamente el gobierno nacional (a veces forzando mucho las comparaciones temporales) tiene como objetivo que la actividad vuelva a los niveles de noviembre-diciembre para así mostrar una recuperación plena de la fuerte recesión que atravesó todo este año. 

En la “épica” libertaria, haber hecho una devaluación feroz y aplicado el “mayor ajuste de la historia de la humanidad” según dicen, pero en solo un año volver a recuperar lo perdido en términos de actividad, es un hito en sí mismo. Algo de razón tienen. 

Volviendo un poco a los resultados del IGA-OJF de octubre, lo relevante además de recortar la caída interanual dejando a tiro del equilibrio, es que dos sectores fundamentales del devenir económico comenzaría ya a mostrar recuperación: la Industria, según este indicador, crecería 1,4% interanual y el Comercio +0,3%. En ambos casos, se alcanzó luego de más de un año de caídas consecutivas. Por supuesto que esto deberá ser ratificado con el dato del EMAE-INDEC, pero presenta un panorama optimista. 

De cara a 2025, lo que todos estamos mirando es justamente la evolución del nivel de actividad. Pero naturalmente, hay otras cuestiones de relevancia que no hay que desatender. El plano financiero, aun con un cierre de mes algo ruidoso, sigue mostrando resultados positivos. Reservas Internacionales lograron crecer 5,6% en noviembre y llegan +8,8% en el año, el BCRA compró USD 1.440 millones en el mes (pese a la fuerte venta del pasado viernes, que fue la primera en 42 ruedas), el Riesgo País sigue en niveles debajo de los 800 puntos y cayó 23% en noviembre y el SP Merval medido en dólares superó los 2.000 puntos y se expandió 27,5% en noviembre y +113% en el año. Mercados celebran, y los veinte palos verdes que ingresaron por el blanqueo le compraron al gobierno de Milei, por lo menos, un semestre de tranquilidad. 

Lógicamente, los nuevos episodios en Brasil obligan a mirar atentamente los posibles efectos en la economía local; además, no hay que perder de vista la situación de la cuenta corriente: la salida de divisas por turismo y gastos en el exterior generó un déficit de la balanza de servicios por USD 744 millones; si a ello se suma el giro anticipado de dólares a Estados Unidos realizado por MECON para pago a bonistas, el rojo de cuenta corriente cambiaria supera los USD 1.500 millones. 

¿Qué pasa en la economía real? Quizás lo más relevante en términos de optimismo sea uno de los resultados que dejó el éxito del blanqueo: los dólares que ingresaron permitieron capitalizar a los bancos que expandieron los créditos y permitió financiar muchos proyectos privados (sobre todo energéticos a través de ON); esto a su vez mueve sectores específicos de actividad y toda la cadena que la rodea (proveedores, empleo, etc.), aunque de manera muy heterogénea y no esparcida en todos los sectores. 

Por otro lado, los indicadores que seguimos mes a mes muestran volatilidades si miramos la variación mensual. Esta semana en particular conocimos tres. Uno fue el de ventas en supermercados, que en septiembre cayeron 0,4% mensual en el país, cuando el mes previo fue +0,1%, en julio 0% y en junio +0,1%. En Misiones, fue más 4,8% en junio, +5,3% en julio pero -2,8% y -8,3% en agosto y septiembre.

El otro fue el de la construcción, quizás el que más esperanza trae por la magnitud de su resultado. En septiembre creció 1,6% mensual en el país pero fue +18,0% en Misiones; en ambos casos, fue el tercer mes consecutivo de subas mes/mes. Centrémonos un segundo en el caso misionero: entre julio y septiembre se recuperaron 1.019 empleos en el sector. Yendo hacia atrás, en el primer trimestre del año se perdieron 1.137 y en el segundo trimestre -128. Así, el saldo global del año está en -246 al cierre del tercer trimestre, cuando al cierre del segundo, era de -1.265. Esto es altamente relevante, sin dejar de mencionar además que el volumen de empleo de septiembre fue el más alto de todo el año, aunque aún muy por debajo del año pasado. El impacto de diciembre 2023 y enero 2024 costará mucho recomponer, pero se está en ese camino. 

La suba del empleo en la construcción misionera viene de la mano de un crecimiento del nivel de actividad del sector: la cantidad de permisos otorgados para edificar en Posadas crecieron fuerte en agosto y septiembre, con especial salto de julio a agosto donde pasaron de 19 a 48 e igual nivel se sostuvo en septiembre. En otros municipios de la provincia, ya agosto había mostrado importantes repuntes, como ser Leandro N. Alem (+50% mensual) y Oberá (+30% mensual), entre otros. Falta muchísimo para recomponer el sector, pero hay señales. 

El tercer es el mercado automotor de noviembre, que mostró resultados diversos. A nivel país, cayó patentamientos de autos -20,5% mensual pero el de motos creció 6,7%. En Misiones la caída fue para ambos segmentos: -20% mensual en autos y -12% en motos. En los meses previos hubo un vaivén en Misiones: en autos fue +25% en julio, +9% en agosto, -1% en septiembre y +1,1% en octubre. En motos fue +23%, +20%, -18% y +15% en esos mismos meses. Por ende, hay intentos de recomponer pero con mucha inestabilidad aún. 

Por otro lado, el Gobierno provincial informó también esta semana que la actividad económica mostró un leve repunte en septiembre y octubre, con alzas del 3% real mensual en la producción y ventas del 3%, una tendencia contraria a los primeros meses del año donde se llegó a ver caídas del 15%. También destacó el gobierno el impacto de los programas Ahora con alza real del 31% intermensual. 

Ante estos escenarios, es innegable que existe una considerable mejora para la provincia en comparación con los niveles de actividad que se vio en el primer semestre del año, aunque todavía queda camino por recorrer para recuperar todo lo perdido y también hay mucha heterogenidad en las intensidades y velocidad de recuperación entre los diferentes bloques sectoriales de la economía. Por ello, la clave es lograr cerrar el 2024 con indicadores parados en tendencias crecientes, aunque sean débiles, pero sostenidas.

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