Alejandro Pegoraro

Director de Consultora Politikon Chaco

El impacto de la era Milei en el entramado laboral

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En una misma semana, hemos observado dos escenarios opuestos: el mundo financiero festeja mientras la economía real sigue recibiendo golpes. En el costado festivo, el Gobierno celebró el dato de inflación más bajo de los últimos 34 meses, que logró perforar finalmente el piso del 4%. El riesgo país se desplomó y está en zona de los 1.100 puntos (acumula una baja de 14% en el mes), el Merval creció 5% en lo que va de octubre, las acciones argentinas en Wall Street avanzaron hasta 3,9% empujadas por los bancos, los bonos globales crecieron en promedio un 22% en los últimos dos meses, acelerando en octubre y el Banco Central está en posición de comprador. En el mes ya compró 621 millones de dólares y las reservas internacionales acumulan una suba del 5,4%. 

Hasta acá estamos bárbaro, pero ¿qué pasa en la economía real? Esta misma semana se conoció que el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) cayó 2,9% mensual y -26,4% interanual; el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI Manufacturero) si bien creció 1,5% mensual, sigue 6,9% debajo de igual mes del año pasado; y las ventas minoristas cayeron 0,5% mensual y -5,2% interanual. A esto se le suma el duro dato vinculado al empleo privado formal: cayó por undécimo mes consecutivo en el país (fue -0,1% en julio) y particularmente desde diciembre se perdieron casi 150 mil empleos. Misiones no escapa de esa tendencia: acumula cuatro meses consecutivos de caída pero desde la asunción del nuevo gobierno, sólo creció en un mes (marzo 2024) y cayó en el resto.

Entre diciembre de 2023 y julio de este año, Misiones perdió 5.783 empleos. En julio, con 102.943 trabajadores en la serie desestacionalizada, tocó su menor nivel desde abril de 2022 cuando se registraron 101.946 asalariados. Pero esto se dio en un marco donde hace menos de un año, específicamente en septiembre de 2023, Misiones había alcanzado el mayor volumen de empleo privado desde que se mide este indicador con 110.232. Pasaron apenas diez meses para que ese logro se destruyera rotundamente con más de siete mil empleos perdidos en ese tiempo. 

Específicamente en julio, el retroceso misionero fue de 0,8% mensual según los registros de la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación (STEySS), aunque ese organismo no nos permite aún ver que pasó hacia dentro de los sectores de actividad para entender cuál o cuáles fueron los más perjudicados. Ante eso, evaluamos un indicador alternativo: el registro de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) indica que el empleo en la provincia (medido en este caso según la cobertura de riesgo de los trabajadores) cayó 0,7% mensual; es decir, está en línea con el registro de la STEySS, y en este caso sí podemos ver la evolución por algunos sectores detallados. 

Según la SRT, en julio el empleo en la construcción cayó 6,6%, la mayor pérdida en la provincia, y está seguida por los servicios administrativos y de apoyo a empresas (-4,5%) y los servicios profesionales (-2,8%). Por su parte, la industria cayó 1,6%, los servicios vinculados al turismo -1,4% y el comercio -0,7%, entre otros. 

De esto puede desprenderse que las mayores caídas registradas corresponden a sectores que están directamente vinculados al devenir de la actividad económica, del consumo y de la capacidad de compra de los ciudadanos. Reflejan entonces, el duro golpe que sigue sufriendo la economía real y que se traduce, entre otras cosas, en el empleo.

Si miramos la evolución del empleo desde el inicio de la gestión Milei, la caída relativa acumulada es de 4,5% (julio vs. diciembre año anterior). Comparando este dato con el mismo período de cada inicio de las presidencias anteriores, no hay ninguno que se le asemeje. Al inicio del segundo mandato de Cristina Fernández, el empleo mostró un alza acumulada del 5,6; en igual periodo del primer año de Mauricio Macri la caída fue del 2,9%; y en los primeros meses del gobierno de Alberto Fernández fue de -3,5%, con el impacto de la pandemia más profundo entre abril y julio de ese año. La pérdida de trabajo en el primer tramo del gobierno libertario fue mayor incluso que el período más afectado por la pandemia

Mirando los períodos julio vs. diciembre de todos los años desde 2010 a la fecha, también la caída actual es la más fuerte. Pero otro dato no menor es que la baja de cuatro meses consecutivos que se da en la actualidad no se registraba desde el 2019, año en el cual el empleo cayó durante cinco meses seguidos (de julio a noviembre) pero lo hizo, acumulado, “solo” un 2,6%, muy por debajo del descenso actual. 

Vemos entonces un muy fuerte deterioro del entramado laboral en Misiones como consecuencia de las políticas nacionales que ajustaron el consumo y la inversión. 

Si bien Misiones hace su aporte, principalmente en lo relativo al apoyo a pymes con financiamiento, la clave fundamental está en el escenario macro que no brinda aún la posibilidad de recuperación. 

Las variables macro están yendo en buen camino, el mundo financiero está en un momento de júbilo, pero nada de eso derrama aún sobre la economía de a pie y es difícil que lo haga, aunque sea a un ritmo lento, si no hay un direccionamiento del Estado hacia ese lugar. 

En estas columnas hemos insistido mucho en una premisa: los momentos de recuperación tras una fuerte crisis en la Argentina vinieron acompañados siempre de la participación del Estado como locomotora. Entendemos claramente que el perfil político es muy distinto al tradicional que veníamos teniendo en el país, pero eso no implica que se deba hacer un corrimiento total: con una impronta propia (aunque no esté muy clara cuál) podría el Gobierno nacional tomar riendas de la recuperación, pero en su lugar prefiere descansar en la premisa de que el mercado ordenará lo que haya que ordenar

Hasta ahora, nada de eso sucedió. Al fuerte deterioro del empleo se le suma la cuestión salarial que, como analizamos en esta nota de Economis, sufrió en Misiones la mayor caída en 30 años para un primer semestre.

El estado de euforia y éxtasis de Milei al momento de tocar la campana en Wall Street es inversamente proporcional a las condiciones de vida que tenemos actualmente en nuestro país. Foto de una época.

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Desde diciembre se perdieron 150 mil empleos privados en el país y en Misiones también hubo una baja

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Según datos difundidos por la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la  Nación en su reporte de Evolución del Empleo registrado en el sector privado, en julio de 2024 el empleo privado formal se contrajo 0,1% mensual a nivel nacional, equivalente a la pérdida de 8.890 puestos de trabajo y marca así su decimoprimera baja mensual  consecutiva. En ese tiempo, se destruyeron 180.502 puestos de trabajo en todo el país y desde diciembre de 2023, la pérdida fue de 146.465 empleos. 

En Misiones, se registraron en julio 102.943 asalariados formales en el sector privado  en la serie desestacionalizada; esa cifra representa una baja en el orden mensual del  0,8% y equivale a la pérdida de 860 empleos en el mes. A su vez, en la comparación  interanual Misiones volvió a mostrar retroceso que fue del 6,1% contra julio 2023 (-6.927 empleos). 

En el plano regional, Misiones continúa mostrando la mayor porción de empleos  privados formales, concentrando el 38,3% del total del NEA. En relación con los  desempeños mensuales, en la región fue Corrientes la única con resultado positivo  (+0,2%) mientras que el resto presentó bajas; además de la misionera, en Formosa fue  -0,6% y en Chaco -1,5%. Por su parte, en la comparación interanual las cuatro  provincias del NEA exhiben descensos. La más leve se vio en Corrientes (-4,3%)  seguida por Misiones (-6,1%) y bastante más atrás quedaron Chaco (-9,1%) y Formosa (- 18,5%). 

En lo que refiere al total nacional, fueron siete los distritos que presentaron subas mensuales del empleo privado formal, encabezadas por Neuquén (+0,7%), Jujuy  (+0,3%) y Tierra del Fuego (+0,3%), mientras que en Córdoba no se observó variaciones  (0%). 

Por el contrario, en las otras 16 jurisdicciones se observan bajas en  diferentes intensidades: las más leves se vieron en CABA, Mendoza y Río Negro (-0,1% en cada caso) y las más fuertes en San Luis, San Juan y Chaco (-0,9%, -0,9% y -1,5%  respectivamente).

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Efecto Milei: el salario del sector privado formal en Misiones tuvo la mayor caída en 30 años

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La feroz recesión económica, la dinámica inflacionaria del primer trimestre y el corrimiento  del Estado en la economía real tuvo impactos muy duros para las pymes y para los  trabajadores de todo el país, y en especial en Misiones. Uno de los aspectos que puede  graficar en mayor medida esta situación son los salarios del sector privado formal en la  provincia: durante el primer semestre de 2024, la caída real fue la más alta en 30 años; es  decir, la mayor desde que se tiene registros de ese indicador. 

El Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial (OEDE) de la Secretaría de Trabajo,  Empleo y Seguridad Social de la Nación publica los salarios promedios de los trabajadores  registrados del sector privado desde el año 1995. Utilizando esa información, y midiendo  el desempeño en términos reales de los salarios promedio para los primeros semestres de cada año desde ese punto de inicio hasta el 2024, se observa que la situación actual es la peor en 30 años.  

En el primer semestre, la caída del salario real promedio del sector privado formal en Misiones fue del 12,1%, una caída que supera a todas las registradas desde 1995. 

Para poner en dimensión esta caída, es más fuerte que la que sufrió la provincia en el primer semestre 2002, un período atravesado por una fuerte crisis social y económica que explotó en diciembre 2001, y por la salida de la Convertibilidad en enero 2002 que derivó en una fuerte devaluación del peso. 

En ese momento, el salario del sector privado  había descendido 11,3% en términos reales y se mostraba como récord de caída para esa  variable.  

Otro punto comparativo es el primer semestre 2019, un período con fuerte recesión  económica, crisis cambiaria e incremento muy fuerte de la velocidad de crecimiento de la inflación. En ese momento, el salario misionero cayó 10,4% real, muy similar a la caída del 2002 pero ese año todavía conservaba el récord, hasta este 2024.

Entre 2020 y 2023, el salario misionero tuvo volatilidades: cayó 3% en 2020, -0,9% en 2021  pero recuperó 3,7% en 2022; en 2023, ya con un escenario económico deteriorado, tuvo una caída del 0,9% (siempre hablando del primer semestre). Entonces, si bien el panorama venía siendo complicado, las políticas aplicadas por el gobierno nacional que asumió el 10 de diciembre de 2023 dieron un enorme golpe superando a todos los shocks que vieron  antes.  

No hay dudas respecto a que el 2024 iba a ser complicado en términos de recuperación  salarial, pero lejos de contener la caída, el gobierno de Milei se dedicó a profundizarla. Fuerte devaluación, alza de precios en niveles récord desde la hiperinflación, contracción de la actividad económica, falta de apoyo a pymes y aceleración de la recesión fueron las consecuencias de las medidas económicas del actual gobierno que llevaron, entre otras cosas, a una caída salarial de fenomenal magnitud y generando así que el descenso del salario real en Misiones sea el más alto en 30 años, un récord absoluto en la materia. 

Si se analizan de más cerca las mayores caídas del salario en la historia de Misiones, hay  algunos puntos en común: tanto en 2002, en 2019 como en 2024 hubo devaluación y recesión. También, en esos tres períodos hubo aceleración inflacionaria (la del 2002  explicada por la salida del 1 a 1). Pero lo que diferencia la caída del 2024 respecto a las otras, es el total corrimiento del Estado de cualquier intento de contención. Con más deseo que acciones, en 2002 y 2019 había un Gobierno nacional que reconocía los problemas y decía buscar las medidas para paliarlos, pero en este 2024, hay una constante celebración de logros macro y un absoluto desentendimiento de lo que pasa en la economía de pie.  Aunque parezcan solo gestos, es mucho más que eso. No hay ninguna intención manifiesta del actual equipo económico de trabajar sobre esta problemática; por el contrario, ratifican su postura inicial: “El mercado lo va a arreglar”. 

En esa misma línea, si se analizan las evoluciones por sectores de actividad, en cinco sobre un total de trece se repite este mismo récord negativo. En la Construcción (-21,4%),  Agricultura, Ganadería, Caza y Silvicultura (-18,6%), Enseñanza (-32,6%), Servicios  Sociales y de Salud (-14,9%) y Servicios Comunitarios, Sociales y Personales (-21,2%) se  registran las mayores caídas de toda la serie histórica, marcando así nuevos récords de  descensos. 

En otros sectores, si bien no tienen las mayores bajas de los últimos treinta años, tampoco  la situación es muy favorable. En el Comercio (-5,5%), la Industria Manufacturera (-8,7%),  Electricidad, Gas y Agua (-3,2%), Servicios de Transporte, Almacenamiento y  Comunicaciones (-14,8%) y Servicios Inmobiliarios, Empresariales y de Alquiler (-8,1%), los descensos registrados son los más altos desde 2019.

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El rojo que se agranda: el ajuste de Nación en Misiones supera los 200 mil millones

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Hace unos días, en el marco de la presentación del proyecto de Presupuesto provincial para el ejercicio 2025, el ministro de Hacienda de Misiones manifestó, tal como lo escribió en sus redes sociales: “Si consideramos la caída en la Coparticipación (como resultado de la recesión de la actividad económica), los recortes en las Transferencias Discrecionales y en la Inversión Real Directa del Estado nacional, hasta agosto pasado los misioneros dejamos de percibir en total 184 mil millones de pesos”. 

La cifra es impactante desde todo punto de vista y grafica de modo contundente el enorme perjuicio que el escenario actual y, sobre todo, la política nacional, generan en las provincias. 

Nos animamos a ir un poquito más allá de las declaraciones del ministro y calcular la pérdida incluyendo septiembre, a partir de los datos ya disponibles. Lejos de aliviar de algún modo la cifra manifestada por el titular de la cartera económica provincial, septiembre vino a echar más leña al fuego. Por esos mismos tres conceptos mencionados, coparticipación, transferencias “discrecionales” e inversión real directa, la pérdida de Misiones en los nueve meses del año ya alcanza los $ 214.391 millones a valores actuales. Estamos hablando del equivalente a 2,1 meses de coparticipación promedio del año que la Provincia dejó de recibir por decisión, directa o indirecta, del Estado nacional. 

Repasemos rápidamente esos números. Por coparticipación federal (y conceptos automáticos de leyes especiales y compensaciones), Misiones recibió en los nueve meses del año $942.736 millones. Es la única provincia del NEA que, en el acumulado anual, no llega todavía al billón de pesos recibidos, producto de la asimétrica, injusta y desactualizada ley de coparticipación vigente. Esa cifra equivale, en moneda constante, a un descenso interanual acumulado de 12,5%. Esa caída, a su vez, equivale a una pérdida de recursos por $131.627 millones. A lo largo de todo el año hemos visto cómo estos recursos mostraron descensos reales de fuerte magnitud, siendo de doble dígito salvo en dos oportunidades: mayo y septiembre. Esos dos meses fueron el mejor y “menos malo”, respectivamente, pero no por algún acierto del Gobierno nacional o una mejora de la actividad económica que impulsó la recaudación, sino por hechos aislados y de único impacto. Recordemos: en mayo, la coparticipación creció 23,8% luego de iniciar el año con bajas promedio del 20%. Fue un enorme respiro para las cajas provinciales, pero esa suba estuvo basada exclusivamente en el impacto de la devaluación de diciembre: en mayo se produce el vencimiento del impuesto a las Ganancias de sociedades correspondiente al cierre del 2023, y en el caso de las empresas con activos dolarizados (bancos, por ejemplo) la devaluación alteró el balance de esos activos y disparó el pago de impactos al momento de pesificarlos. Hecho único de impacto único. 

En septiembre, la caída de los recursos automáticos fue la menor del año, bastante aceptable si se la compara con los meses anterior (-1,8% en Misiones). Ese mes, la coparticipación neta cayó 14%; sin embargo, el menor descenso del total de las transferencias estuvo exclusivamente explicado por el régimen especial de pago del impuesto a los Bienes Personales que surgió con la aprobación del paquete fiscal de la ley BASES, consistente en la condonación de hasta el 60% de intereses de las cuotas ya vencidas y principalmente, por el pago anticipado del tributo por cinco períodos fiscales con menor alícuota. Es decir, se recaudó en un mes lo que se debió recaudar en cinco ejercicios en el caso de las personas que optaron por esa variante. Esto generó que Bienes Personales crezca 453% real interanual y produjo un alza en los recursos hacia las provincias. De nuevo: hecho único de impacto único. El resto de los componentes de la recaudación se siguió derrumbando, principalmente el IVA (-16%).

En resumen, quitando los casos excepcionales y de aplicación única que se vieron en mayo y septiembre, el resto de los meses mostró la verdadera cara de la recesión a partir de un derrumbe significativo de la recaudación tributaria que grafica ese estado recesivo. 

Vayamos a los envíos no automáticos, mal llamados discrecionales. Ya es harto conocido los conceptos por los cuales Misiones y otras provincias perdieron la totalidad de los fondos, siendo los casos más emblemáticos los del FONID y los de la Caja Previsional provincial, pero lo cierto es que la poda de la Nación fue aún más allá que eso. Entre enero y septiembre, Misiones recibió $16.928 millones, cifra que representa una caída en términos reales del 80,8%, un récord para esta variable. Ese descenso equivale a una pérdida de recursos del orden de los $70.494 millones para la provincia. En esa pérdida se refleja no solo el corrimiento del Estado nacional de sus compromisos asumidos, sino también el total abandono a las gestiones provinciales, situación que ratifica mes a mes la frase, hoy más real que nunca, que dijo Milei a inicios de año: “(a las provincias) las voy a fundir”. 

Esa decisión del Estado nacional generó que algunas provincias deben afrontar con los escasos recursos propios programas que tienen continuidad histórica: no se le puede quitar de un día al otro el FONID a los docentes, por ejemplo. Entonces, a las gestiones locales le crecen los compromisos a asumir pero se le reducen los recursos. Esto naturalmente genera que el ajuste del gasto público debe realizarse aún a expensas de abandonar cualquier proceso de desarrollo

Un tercer punto para analizar, que mencionó el ministro misionero, es el de la Inversión Real Directa: dinero que la Nación ejecuta en la provincia (y que no va a la administración provincial) en materia de inversión pública. Ese concepto, entre enero y septiembre del año, cayó 73% real interanual en Misiones: equivale a la pérdida de $12.271 millones que son (o eran) directamente ejecutados en proyectos de inversión y obra pública. Ante la falta de recursos propios suficientes para compensar ese abandono nacional, la construcción se derrumbó en todo el país, mostrando caídas en el empleo que no sucedieron siquiera en la peor etapa de la recesión 2018-2019.

Sumemos: 131.627 millones de pérdida en concepto de coparticipación y transferencias automáticas (impactos de una recesión que en gran parte es autogenerada); 70.494 millones de pérdida por poda de transferencias no automáticas de la Nación y otros $ 12.271 millones perdidos por recorte en la inversión real directa: son $ 214.391 millones de pérdida para Misiones, que deberían haberse aplicado en programas educativos, mejoras salariales, impulso a la obra pública, promoción social, entre otros.

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Las razones detrás del alza de la pobreza

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Los datos de pobreza difundidos por el INDEC correspondientes al primer semestre del año no sorprendieron a muchos, pero no dejan de marcar un escenario realmente problemático que pareciera no tener mejoras sustanciales en el corto plazo. A nivel país, la pobreza tocó un máximo en 20 años y no hubo aglomerado urbano, salvo CABA, donde la pobreza no haya superado el 40%. Cuando se analizan las evoluciones, más allá del número final, se observa con mucha precisión el durísimo impacto de las condiciones económicas sobre las condiciones de vida de los argentinos. Hubo rincones del país donde la pobreza saltó 20 puntos de un semestre a otro y también lugares donde saltó más de 30 puntos contra el año anterior. 

Recordemos en primer lugar que la nueva serie de medición de pobreza se inició en 2016, una vez “normalizado” el INDEC tras la intervención política del organismo durante el segundo mandato de Cristina Fernández. Cuando se reinició esta medición, hubo un ajuste metodológico clave: se la hizo más “exigente”, traducido esto en que se cambió la forma de contrastar ingresos respecto a la canasta básica. Si bien la manera de relevar ingresos se mantuvo constante, se realizó un ajuste sobre la composición de las canastas, haciéndola más abarcativa al incluir más bienes y servicios. ¿Qué significa esto? Pongámoslo en un ejemplo gráfico. Previo al 2016, la canasta utilizada para determinar el valor de la línea de pobreza era, supongamos, equivalente a un carrito lleno de supermercados. Tras el cambio en 2016, a ese carrito se le sumó otro: se le agregaron bienes y servicios a la valorización de la canasta, encareciendo su costo. Nobleza obliga, esta analogía la mencionó el reconocido sociólogo Daniel Schteingart, actual miembro de Fundar. 

¿A qué viene esta mención? Si queremos comparar los datos actuales contra los de, por ejemplo, los años 2001 y 2022, hay que hacer un ajuste metodológico. En palabras simples: hay que recalcular la pobreza de aquel entonces midiéndose según los parámetros de hoy. Según los datos históricos de INDEC, la pobreza a finales del 2002 (post salida del uno a uno, impacto del 2001 y todo lo que ya conocemos sobre ese período) era del 57,5%, apenas superior a la que tenemos hoy. Pero si ese dato lo recalculamos con la metodología actual, llegamos a la conclusión de que la pobreza en 2022 llegaba al 65,5% de la población. 

Lejos de pretender “minimizar” el número actual, esta aclaración sirve para poner en contexto el escenario que atravesamos: más allá de lo escandaloso que es el dato de este 2024, es muy útil ver qué tan lejos (o tan cerca, en este caso) estamos de los períodos sociales más críticos de nuestro país. 

Este mismo ejercicio debemos hacer para los resultados regionales y locales. Siguiendo la metodología de ajuste y midiendo con la vara actual, a finales de 2002 la pobreza en el NEA era del 79,5% mientras que en Posadas alcanzaba el 77,9%, considerablemente mayores a los niveles actuales, aunque no tan alejado como los años anteriores. 

Para Posadas en particular, el dato actual del 55,9% de personas pobres es el más alto desde el primer semestre del 2016, cuando fue (ajustada) del 57,5%. El proceso que vivió el aglomerado misionero es muy similar al nacional, obviamente marcado por los ciclos económicos: fuerte aceleración entre la segunda mitad de 2001 y primera del 2003 (pasó del 61,1% al 79,1%), sostenido descenso de la pobreza entre finales de 2003 hasta el primer semestre del 2008 (cuando llegó al 49,4%) y en la segunda mitad de ese año, principalmente por el fuerte impacto de la crisis internacional (y otros de tono político nacional) provocaron un alza al 51,4%. Entre 2009 y 2013, se vieron momentos volátiles, con semestres de alzas y de bajas. El último dato que puede ser considerado representativo corresponde al primer semestre del 2013, cuando la pobreza en Posadas marcó 31,4%. 

El apagón estadístico entre 2014 y 2015 no nos permite ver que pasó en esos años, más allá de algunas reflexiones y proyecciones que se puedan realizar sobre la base de un escenario nacional. Al momento de reanudar la medición, en el segundo semestre 2016, la pobreza en Posadas fue del 28,0% y desde allí llegó al 41,2% a finales del 2019. Otra vez, los ciclos económicos determinaron la variación de este indicador. 

En 2020, principalmente a partir de la rápida recuperación posadeña tras la pandemia y por efectos también de diferentes medidas de contención social que se aplicaron en ese momento, la pobreza fue descendiendo y entre 2021 y 2022 hubo, otra vez, volatilidades. Lo relevante de este período es que a principios del 2022, la pobreza en Posadas marcó 28,7%, un nivel parecido a los de 2016-2017 que, en comparación con lo que fueron los años 2018 y 2019, marcaron un descenso significativo.  

Lamentablemente, allí terminó el proceso a la baja. A finales del 2022 y sobre todo en 2023, las condiciones económicas fueron altamente desfavorables en el plano macro, la inflación volvió a aparecer con mucha más fuerza y el Gobierno nacional de ese entonces quedó atrapado entre la inacción, la ausencia de ideas y el calendario electoral. Esto, sumado al golpe feroz de la devaluación como primera medida del nuevo gobierno nacional, provocaron que el 2023 cierre con un alza en la pobreza. 

Pero lo verdaderamente impactante en términos estadísticos es justamente lo que pasó en estos primeros seis meses del año. La pobreza en Posadas llegó al 55,9%, el valor más alto desde 2006 como se dijo antes. Además, creció 20 puntos contra igual semestre del año anterior y 17,5 puntos contra el semestre anterior. Pongamos en contexto estos crecimientos. La pobreza en el primer semestre del 2002, luego del estallido de diciembre 2001 y con la enorme crisis económica, política y social que existió en este momento, creció en 15,1 puntos contra el semestre anterior y lo hizo en 12,1 contra igual semestre del 2001. En el segundo semestre del 2002, ya con los impactos más duros de la salida de la convertibilidad, la pobreza saltó, interanual, 16,8 puntos. 

Podemos ver entonces de manera clara la situación actual: más allá de la cifra final lo que realmente asusta es la evolución: el salto de la pobreza en este primer semestre 2024 es más fuerte que el observado tras la crisis del 2001. 

Dejamos atrás la comparación histórica y vamos particularmente a ver que pasó en este 2024. Como ya dijimos, la pobreza alcanzó al 55,9% de las personas en Posadas y afecta a 217.204 personas. Si la evolución la vemos en cantidad de personas, hay 79 mil pobres más que hace un año atrás y casi 69 mil nuevos pobres que seis meses antes. En este marco, el salto de los pobres indigentes fue todavía más fuerte: la tasa pasó de 9,6% a 18,3%: en un semestre casi se duplicó. A fines de 2023 había 36.970 indigentes, mientras que en la primera mitad de 2024 eran 71.339: un crecimiento absoluto de 34.369 nuevos indigentes. 

La base sobre la que se inició este nuevo Gobierno nacional estaba debilitada, nadie podría dudar de eso. La herencia recibida era muy problemática, pero lejos de brindar una solución efectiva, el Gobierno de Milei (muy convencido en su programa) profundizó esa situación crítica: disparada inflacionaria (luego contenida), estancamiento en los ingresos, recesión económica al filo de convertirse en depresión, y un mercado laboral que quedó altamente vulnerable

En estas mismas columnas, una semana atrás, advertíamos esto. En ella, comentábamos que la tasa de empleo se había contraído en 2,8 puntos y marcó su menor nivel desde el tercer trimestre del 2021, mientras que la tasa de desocupación fue del 6,3%, la más alta desde el cuarto trimestre de 2020, y creció 2,3 puntos. Sobre ello, decíamos que “el hecho de que el mercado de trabajo se haya achicado no es un dato menor y puede impactar directamente en las condiciones de pobreza de los hogares, sumado por supuesto a la caída real del poder de compra de los trabajadores”. 

Podemos agregar el análisis del porqué creció la pobreza. La respuesta parece (y lo es) muy obvia: porque los ingresos no crecen al mismo ritmo que el costo de vida. Pero veamos a qué velocidad se movió esto. El INDEC afirma que el valor (promedio del semestre) de la Canasta Básica Alimentaria en el NEA, para un adulto equivalente, fue de $ 101.565. A su vez, el valor medio de la Canasta Básica Total de la región fue de $ 206.782, también para un adulto equivalente. ¿Qué es un adulto equivalente? Es como llama el INDEC a la referencia de medición, consistente en las necesidades calóricas y proteicas para varón de entre 30 y 60 años. A partir de la determinación de ese adulto equivalente (que se le asigna el valor de 1) se puede calcular las necesidades para el resto de los componentes de un hogar: Por ejemplo, una mujer de entre 30 y 60 años representa entre 0,76 y 0,77 de un adulto equivalente. 

Volvamos a la evaluación de las canastas. Se mencionó ya su valorización, ahora resta saber su variación. Contra igual semestre del 2023, la canasta alimentaria del NEA creció 290,9%; contra el semestre anterior, 113,9%. Por su parte, la canasta total creció en 285,4% interanual y 117,9% semestral. Dicho esto, cabe determinar cuando crecieron los ingresos para ver de qué manera acompañaron a la suba de las canastas, que son las determinantes de las líneas de pobreza e indigencia. 

Para ver la evolución de los ingresos, si bien hay un par de variables al respecto, se toma como mejor indicador el ingreso medio per cápita familiar, esto es, el resultado que se obtiene dividiendo el ingreso total familiar por la totalidad de los componentes del hogar. Si en un hogar hubo ingresos por $ 100.000 y hay 4 integrantes (sin importar cuantos de ellos aportan), el ingreso per cápita familiar es de $ 25.000. 

El ingreso medio per cápita familiar en Posadas fue de $ 203.273: creció 175,6% interanual (115 puntos menos que la CBA y 110 menos que la CBT), mientras que en la comparación semestral se expandió 64,6% (49 puntos menos que la CBA y 53 puntos menos que la CBT). ¿Por qué existe tanta diferencia en las variaciones de ingresos y canastas y por qué los ingresos crecen tan lento? Acá empezamos a ver las consecuencias del escenario económico general. 

En primer lugar, el costo de vida creció de manera fenomenal, principalmente, entre septiembre de 2023 y marzo 2024 provocando altas muy fuertes sobre todo de la canasta alimentaria; hacia el segundo trimestre 2024, con la corrección de precios relativos en servicios, la canasta de alimentos creció a un ritmo menor que la canasta total porque empezaron a sentirse más los aumentos en servicios públicos y en tarifas. Es decir, en el primer trimestre 2024 nos mataron con el precio de la comida, pero en el segundo trimestre, cuando se calmó la suba en alimentos, nos mataron con el precio de la luz, el transporte público, la telefonía e internet, etc. 

Estas subas se dieron en el marco de un alza -nominal- muy lenta (casi estancada) de los ingresos en el sector registrado (más aun en el público) y con la pulverización de ingresos de los informales, sobre todo en el primer trimestre. A la par de esto, y como ya lo dijimos, el achicamiento del mercado de trabajo provocó que desaparezcan ingresos en los hogares, empujándolos hacia debajo de la línea de pobreza. Es decir, hay una combinación de retraso de ingresos con desempleo. Un escenario difícil. 

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