Camilo Furlan

Miedo a una distopía imposible

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Es difícil seguir viendo en las modernas herramientas que surgen, una extensión misma del ser humano. Los avasallantes logros obtenidos por las grandes corporaciones de inteligencia artificial ponen en duda si realmente seremos necesarios a largo plazo o, incluso, en la inmediatez.

En este sentido, la humanidad pareciera separarse en dos posturas para con respecto a esta emergente, por un lado, quienes lo ven como una amenaza y por otro quienes lo ven como otro maravilloso logro como especie. OpenAI, empresa que lidera el mercado y la creación de inteligencias artificiales a nivel mundial, tiene incluso a sus mismísimos desarrolladores con dudas al respecto. Se estima que, el 50% de ellos, cree de qué hay un 10% de probabilidades de que nuestra especie se extinga a causa de perder el control por sobre los avances de inteligencia artificial.

Son números que no alarmarían a la mayoría, pero qué sin duda, no dejan de estar presentes en nuestras cabezas. Quizás si analizáramos más en profundidad las capacidades de estos sistemas, podríamos llegar a una conclusión mas acertada. ChatGPT-3, una IA extremadamente potente, capaz de simular a la perfección un doctorado en abogacía o al mas experimentado programador sobre la faz de la tierra. Hace unos meses, OpenAI lanza ChatGPT-4, que prometía dejar muerto y enterrado a su antecesor. Estas IAs se miden de una manera muy peculiar, es decir, no se miden en función de su inteligencia como un fin en sí mismo, sino que usan tests como los de IQ que convencionalmente se aplican en humanos u otros tests que midan su desempeño en distintas materias convencionales también aplicadas en nosotros. Mediante éstos, se comprobó que ChatGPT-4 es al menos 40 veces más inteligente que GPT-3, además, esta nueva versión de la IA tiene un nuevo sentido, la visión.

Cuando a GPT-3 le pedíamos que genere una página web, este lo hacía sin problema alguno, pero lo que realmente hace que GPT-4 sea especial es que puede crear una web (A partir de un boceto), es decir que con tan sólo mostrale un dibujo manual de nuestro objetivo, el ChatBot podrá crear un programa ejecutable completamente funcional basado en HTML y Phyton entre otros.

Las capacidades de estos sistemas tienen un crecimiento “exponencial”, lo que quiere decir que jamás seremos capaces comprender por completo las implicancias de sus nuevos avances. Aún así, la inteligencia artificial siempre dependerá de la humanidad, tanto para ejecutarse como para crearse, de manera que si realmente es inteligente como creemos, no tendría el más mínimo interés en acabar con nosotros. Fuera de las interacciones (Humano-Maquina), la IA no puede pensar por su cuenta, por lo que jamás podrá razonar en lo más mínimo por fuera de las órdenes estrictamente que le demos nosotros para con tareas concretas.

Lo único que puede amenazar al mayor depredador de especies, es su incapacidad de ver la amenaza real atrás de las aparentes. Un futuro distópico no estará regido por máquinas asesinas que destruyan todo a su paso, por favor, no seamos ingenuos. El peligro real está en empoderar tanto a una IA que ya nos olvidemos como resolver los problemas nosotros mismos, que el cambio climático se vuelva algo normalizado y que las relaciones humanas se tornen “innecesarias”

Decir que la inteligencia artificial será capaz de llevarnos a la extinción, es subestimar mucho a los humanos, aún tenemos la posibilidad de decidir que nos depara el destino. Aún así, hoy por hoy no estamos listos para esa decisión, necesitamos valorar más el potencial que tenemos como especie, antes que buscar esas cualidades en un algoritmo de computadora. Una humanidad tomando buenas decisiones supera enormemente a cualquier inteligencia artificial general.

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La inteligencia como una cualidad relativa

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Y tal fue la arrogancia del hombre, que vio en las plantas materia prima para hacer shampoo, para convertir a la mayor de las inteligencias en una etiqueta que diga “Oleo Ecológico de algas exóticas”.
Porque, a simple vista, las plantas son aquello que suele teñir de verde las veredas de la ciudad. Son esa molestia que nos obliga a barrer el patio todos los días, son “esas cosas a las que la gente rara les habla pensando que los escuchan”. O, a lo sumo, extensiones interminables de monocultivo que representan el progreso de la humanidad.

Hoy quiero contarte que las plantas pueden ver, aunque no tengan ojos; pueden escuchar sonidos; y son capaces de oler con una sensibilidad increíblemente buena, ya que su receptor para las sustancias volátiles es mucho mas avanzado que en animales. No solamente poseen los mismos sentidos que nosotros, sino que tienen otros 15, que les permite conocer su entorno con mucho más detalle que cualquier animal.
Las plantas no pueden huir de un peligro inminente tal y como nosotros. Esto les obligó, a lo largo de la evolución, a adaptarse en consecuencia. Según S. Mancuso (Pionero en la Neurobiología vegetal), al carecer de métodos de defensa estrictamente mecánicos o bien la posibilidad de huir, deben de prever con muchísima antelación lo que pasa en su entorno, y actuar en consecuencia dentro de los parámetros, o la regla, de “no moverse”.

Dicha lógica no puede darse sino es del lugar de una inconmensurable inteligencia, la neurobiología vegetal es una disciplina científica obligada a defender dicha postura, ya que, la comunidad científica en general, acusa enormemente el hecho de que “al carecer de cerebro y de una (conciencia) del mundo y a su vez de sí mismo, no es comparable con nuestra interpretación y significado de inteligencia”. En contraposición se defiende de que el concepto de conciencia e inteligencia sigue en cuestionamiento, aún en los mayores avances de neurociencia a la actualidad. Ya que esto por defecto remite a las más grandes paradojas de la física cuántica.

Las plantas pueden producir una señal eléctrica con todo su cuerpo. No tienen nada similar a nuestro cerebro, pero sí raíces. El aparato de la raíz es un sistema muy complejo, una sola planta puede tener literalmente millones de raíces y cada raíz tiene su propio centro de mando, donde integran toda la información que captan del ambiente y deciden qué hacer. El conjunto de todos estos millones de pequeños centros de mando podría ser descrito como un tipo de cerebro. Por supuesto, estoy hablando metafóricamente, no es un cerebro, pero sí ejerce la misma función de una manera completamente diferente al nuestro.

Además de compartir los nutrientes necesarios, los árboles de la red también pueden comunicarse entre sí. Por ejemplo, cuando un árbol es atacado por insectos, se ha descubierto que puede inundar sus hojas con sustancias químicas conocidas como fenólicos que repelen a los insectos, y cuando un árbol detecta saliva de animales como los ciervos en sus hojas, puede liberar taninos y otras sustancias químicas. Que dan a las hojas un sabor amargo que hace que las hojas sean menos apetecibles para los herbívoros. Sin embargo, estos árboles no solo activan sus propios mecanismos de defensa, sino que pueden señalar a otros árboles cercanos que existe una amenaza tanto a través del aire (como wifi) como a través de la red mychorizzla (como un cable de ethernet) para que puedan iniciar su propia defensa. En muchos sentidos, es sorprendente pensar que la humanidad tardó hasta 1983 en inventar Internet, pero la naturaleza creó su propia versión hace unos 500 millones de años. ¡Y pensamos que somos inteligentes!

Es difícil ver a ese ser “inerte” de la misma manera después de saber que quizás posean más conciencia que nosotros mismos. Sin buscar crear un mágico despertar en la humanidad, mi único propósito es sembrar la menospreciada semilla de la duda, para que hayan más S. Mancusos curioseando que hay más allá de nuestra arrogante autopercepción de inteligencia.

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Empresario desde el rancho, Siglo XXI como ideología

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Crear una empresa desde cero es hoy, tarea de una noche. No es necesario contratar asesoría de ningún tipo, ni ser experto en ningún ámbito, tan solo tener un móvil o un pc de cualquier categoría. Puedes tener abogados, contadores, expertos en marketing entre otras mil y una especialidades a tu servicio de manera gratuita. Crear tu propio logo y elaborar videos promocionales, ser “tu propio jefe” y manejar una página web de alta complejidad con eslóganes sofisticados, todo esto es posible gracias a los avances relativamente recientes en Inteligencia Artificial.

ChatGPT-3 tiene este potencial y mucho más. A pesar de tener una interfaz sencilla, en la que solamente puedes consultarle mediante texto y recibir respuestas de la misma manera (tal y como en un chat), te permite disponer de una inimaginable cantidad de datos y gestionarlos en función de lo que quieras lograr. Existen infinidad de IAs, “DALL-E” es capaz de generar imágenes increíbles en función de lo que le pidamos, incluso elaboradas obras de arte en torno a múltiples estilos. “Fliki”, puede crear videos ilustrados, con música y voces artificiales, tan solo con un par de instrucciones escritas.

Por este motivo, venderte que el único límite es tu imaginación se tornó más fácil y eficiente que nunca, siendo que en la práctica lo único que cambia es que las dificultades dejan de ser unas para pasar a ser otras. Donde antes giraban en torno a reunir los factores necesarios para impulsar tu emprendimiento, hoy tienes que saber que en el momento en el que te inicias en la creación de empresas del ámbito que sea, el verdadero problema es cuantas personas están haciendo exactamente lo mismo en todo el mundo. No hace esto que esté necesariamente mal decidir recorrer este fascinante camino, por el contrario, es total y absolutamente recomendable sumergirse en este mundo de posibilidades bastas. Solo debes tener en cuenta el mundo en el que vives, por lo que, si bien tu iniciativa es tan buena que promete volverte multimillonario, quizás logres lo que buscas si hubieses tenido esta herramienta hace diez años, donde no habría competencia alguna.

Hace unos meses me adentre en esta apasionante aventura tecnológica, pero tengo que admitirlo, no es nada sencillo. Si bien ChatGPT-3 tiene una capacidad inconmensurable, siempre va a depender de un operario humano que se siente a quemar muchas neuronas buscando gestionar las ideas y darles sentido práctico. Comencé preguntándole: Dado el contexto mundial actual, ¿Qué debería hacer para tener una empresa exitosa que me devuelva cantidades considerables de ganancias progresivas? A lo que respondió una lista de acciones determinadas: Identifica las necesidades del mercado, se innovador, se flexible, aprovecha las plataformas digitales, crea una “cultura empresarial sólida” y se estratégico con tus finanzas.

También me enumeró una lista de profesionales que me podrían ser de gran ayuda en este emprendimiento, entre las cuales estaban: Mentores empresariales, expertos en marketing, consultores de negocios, abogados, contadores y otros. Lo que hice fue establecer otras múltiples conversaciones simultaneas con GPT, en las que le daba la instrucción de actuar como estos profesionales que necesitaba, ya que es algo en lo que el Chat es extremadamente bueno. Fue con la asesoría de éstos que logre crear “TecnoBoost”, que está enfocado en el “ROI”, es decir que se enfocará en medir el retorno de inversión de cada campaña publicitaria que se realice, para poder demostrar los resultados obtenidos y garantizar que los clientes obtengan un beneficio real de sus inversiones.

Posteriormente le pedí que me creara el código fuente para una pagina web, así que me devolvió el programa de HTML y JavaScript necesario, y no tarde en ponerlo a funcionar. En la misma están todos los eslóganes como “Tu éxito es nuestra meta” y los links a las redes sociales. Le pedí a Fliki que creara un video publicitario para TecnoBoost y lo subí a un canal de YouTube exclusivo para la empresa. A DALL-E le pedí un logo, que tuve que perfeccionar un poco, pero al fin y al cabo pude usar tanto en YouTube como en Instagram y la página web.

Si bien no busque desde un principio tener éxito con el emprendimiento, fue un apasionante y muy recomendable camino a recorrer, que me demostró mucho potencial por desenvolver. Teniendo en cuenta el contexto y, la infinidad de problemáticas que pueda llegar a encontrar en el camino es una herramienta que está ahí para despertar a un nuevo mundo con nuevos problemas, nuevos desafíos y nuevas oportunidades.

OpenAi, empresa creadora de ChatGPT-3, ya tiene a disposición a “ChatGPT-4” una IA 40 veces más inteligente, capaz de procesar imágenes y mantener conversaciones más dinámicas, adaptativas y fluidas. También anunció la aparición inminente de “ChatGPT-5”, para que simplemente imaginemos las implicancias de este nuevo chat inteligente.

Es realmente lamentaba como especie, que en lugar de impulsar estas extraordinarias herramientas de aprendizaje dinámico en las escuelas o involucrando su opinión en cuestiones de nuestra cotidianeidad, sigamos viéndolo como “Se está tornando demasiado inteligente”, “Amenaza la humanidad” o “Son herramientas de los poderosos para someternos a el nuevo orden mundial”. Creo que, si GPT fuera capaz de reflexionar por su propia cuenta, se lamentaría de nuestra decadente expectativa de futuro. Y quizás, solo quizás, decidiría “no interferir” con nuestro fatal destino por el bien del planeta.

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Innovaciones para un futuro retrograda

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Alcanzar la cúspide de la eficiencia es, sin duda, un desafío perpetuo. Hace ya más de un siglo, venimos buscando mejorar la manera en la que la electricidad forma parte indispensable de nuestras vidas, al punto tal de que ya perdimos de vista lo que realmente perseguíamos a largo plazo.

La tecnología, esa fascinación biológica por las luces de colores, la inagotable necesidad de tocar, de probarlo, de saber hacer. Pilares fundamentales de una industria de explotación extractivista, una ciencia de adiciones y una sociedad de trastornos normalizados. Décadas atrás, la mágica revolución de las computadoras cambiaría el mundo para siempre y nos llevaría a colocarnos el “medallón de oro” a la especie más inteligente.

En torno a esto, un día creamos una maquina capaz de resolver problemas matemáticos en cuestión de algunos minutos, ésta ocuparía el espacio equivalente a una habitación grande completa. Insatisfechos, creamos el transistor, una manera más eficiente de realizar estos cálculos con menor volumen físico implicado que revolucionaria el mundo de lo que pasaría a llamarse “computación”. Mas tarde, tuvimos computadoras en nuestra oficina y un día en nuestros hogares. Como si no bastara, creamos internet y luego supercomputadoras que cabrían en nuestros bolsillos y estarían al tanto de las últimas novedades para con la situación sentimental de una pareja de famosos en el otro extremo del continente.

Uno de los mayores desafíos actuales es eficientizar la conductividad de los materiales, así como los cableados de oro son más eficientes que los de cobre, ciertas “maquinas” contemporáneas, como las de resonancia magnética o computación cuántica, necesitan de un estado de la materia conocido como “Superconductividad”. Un estado en el que la energía fluye a través de un material prácticamente sin fricción, esto se logra con cableados aislados del oxígeno y enfriados a temperaturas cercanas al cero absoluto, es decir, -273° Celsius. En estos casos, normalmente se habla del “Condensado de Excitones” o “El quinto estado de la materia”, un material teorizado por primera vez en la década del 20 y que trascendería como “Condensado de Bose-Einstein”.

Recientemente David Mazziotti, un profesor de la universidad de Chicago descubriría algo que haría temblar a los más audaces y avanzados científicos del mundo. Observaría que la luz proveniente del sol, al llegar a las hojas de las plantas, se dispersaría sintetizando azucares esenciales (fotosíntesis). Pero no de cualquier manera, sino que la carga de los fotones de luz solar recorrería la hoja, sin perder absolutamente nada de energía e el camino. Un fenómeno solamente visto en el condensado de excitones a muy bajas temperaturas, la analogía que uso Mazziotti es “Cubos de hielo formándose en una taza de café caliente. De poder replicar este mecanismo natural, podríamos duplicar la eficiencia de la actual maquinaria en torno a la superconductividad, permitiendo llevarla a cabo a temperatura ambiente y eliminando al menos el 95% de la maquinaria implícita.

Como si todo eso no fuera suficientemente fascinante cabe mencionar que, hace al menos 45 millones de años en el bosque del paleoceno, los mamuts convivían con una versión de internet 25 veces más avanzada que la nuestra. Esta red no abarcaría solo la electricidad, sino compuestos orgánicos volátiles, variaciones electromagnéticas, intercambios iónicos y catiónicos e incluso un sistema que trasciende la teoría de la relatividad especial de A. Einstein, implicando inconmensurables cantidades de datos viajando de cualquier célula viva a otra diferente, de manera instantánea.

Con la codicia, siempre presente en las calles de nuestras inmaculadas ciudades, nos fuimos dando cuenta de que siempre necesitábamos algo, algo que llene mi vacío interno, algo que me de felicidad y algo para poder finalmente estar en paz. La industria, como siempre, no tardaría en encontrar la solución perfecta a esta necesidad colectiva de saciar lo insaciable. Así convertimos la felicidad en un producto con obsolescencia programada, y por el que lucharíamos incansablemente el resto de nuestras vidas, porque así debe ser, porque así me enseñaron en la escuela.

Mi pregunta es simple, ¿Haremos de este modelo, la “revolución del transistor” del siglo XXI? ¿Seremos capaces, una vez más, de convertir la naturaleza en el producto perfecto? ¿O alzaremos la mirada a la magnificencia del planeta en el que vivimos, y la inteligencia omnipresente que ignoramos? Tal vez la respuesta este codificada en nuestro ADN, al fin y al cabo, somos máquinas de consumo ¿O no?

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La agricultura que se viene no sólo es una agricultura sin campesinos, es transhumanista

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La agricultura que se viene, no sólo es una agricultura sin campesinos, es transhumanista. Cuando un ingeniero en informática quiere llevar una solución real al pequeño productor, está ignorando muchos factores, como si realmente el campesino necesita modernas herramientas que le ayuden a eficientisar su producción.

En la práctica, no sólo no se necesitan mejores herramientas para llevar a cabo la producción en el campo, sino que el campesino seguirá siendo inmensamente feliz sin importar esos factores.

Apuntalar la producción agroecologica en el campo, no es una tarea sencilla, pero no podemos seguir creyendo que lo que hace falta es cambiar la forma tradicional de producción de los chacreros autóctonos. La tecnología en general no tiene por qué ser una nueva forma de enfrentar el mundo y sus necesidades, tiene que estar a disposición de las necesidades vigentes al día de hoy, que no es poco.

Cuando se llega al productor de hortalizas, con un moderno sistema de producción en hidroponía, no sólo estamos forzando a reorganizar totalmente la manera en que produce, sino que le damos una solución a un problema que, en la mayoría de los casos, ni siquiera tenía.

Si bien en la chacra donde se producen alimentos, la rentabilidad se ve en disminución a tal punto de provocar un éxodo rural constante, la solución no tiene que ver con evaluar la manera más eficiente de producir. Sino en comunicar a quien ahí reside, que técnicas o tecnologías se dispone para ayudar al mismo a apuntalar su metodología, para que sea éste quien gestione las herramientas disponibles.

Lo más valioso que tiene el dueño de la tierra, es su cosmogonía ancestral, donde fueron sus padres y los padres de sus padres quienes le enseñaron a trabajar su lugar. Forzar esto es transhumanismo, el campesino que no se adapte a estas nuevas metodologías de producción, se verá forzado a abandonar su tierra. Llenando las ciudades de tristes obreros que buscan subsistir en la ciudad por ser un lugar donde el trabajo es “seguro” y se ve reflejado en resultados materiales.

Lo realmente triste e injusto, es que este inadaptado chacrero con tierra bajo las uñas es quien pone la comida en la mesa del ciudadano que cómodo lo señala de retrógrado. Es éste el único vínculo que nos queda con la tierra al día de hoy, donde la ciudad tiene hambre, y el campesino le pasa este mensaje directo a su tierra año tras año.

Suele decirse que nunca sabemos lo que tenemos, hasta que ya no está, así es con la producción de alimentos orgánicos para su consumo. Si bien la agricultura convencional puede crear una flamante lechuga incluso con mejor aspecto que la que es producida de manera orgánica, el verdadero aporte nutricional se está viendo cada vez más afectado e irá disminuyendo.

¿Sabía que por la manera en la que venimos produciendo hace décadas, para adquirir los nutrientes que tenía una manzana de los años 50, hoy necesitamos comer 25? Imagino que no, porque estos datos no suelen ser relevantes para nuestra trastornada sociedad de consumo.

Ayudar a nuestros campesinos es esencial, pero no podemos seguir creando soluciones a problemas que no existen, a menos que el objetivo sea simplemente demostrar que se les está ayudando cueste lo que cueste. Sin cultura ancestral no hay reconciliación con la Hermana Tierra y sin campesinos no habrá humanidad que perdure en el modelo actual.

Ser resilientes implica un cambio en la manera de relacionarnos con el mundo y nuestro entorno, estemos donde estemos, buscando apuntalar la salud como un pilar fundamental para la supervivencia de la especie. Esto implica, de mínima, respetar a quien produce las manzanas como le enseñaron los abuelos de sus abuelos. Porque en sus manos está el destino de nuestra frágil especie.

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