Daniel Artana

Economista jefe de FIEL. Profesor en la UNLP y en la UTDT. Ph. D. in Economics UCLA

Tasas reales y riesgo político

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Aunque la incidencia del riesgo político y de las turbulencias internacionales no pueden descartarse, otro factor que puede explicar el aumento en el riesgo país es la escasa acumulación de reservas del BCRA. Sería deseable que el gobierno iniciara el camino que, en ese sentido, se ha acordado con el FMI, pero ello impactará en el tipo de cambio nominal y seguramente el techo de la banda empezará a hacer ruido.

Desde comienzos de año se ha observado un aumento en el riesgo país, el que se ubica más de 150 puntos básicos por encima de los mínimos alcanzados en enero. Además, hace unos meses que las tasas de interés pasivas son mayores a la inflación del mes, incluso antes de las turbulencias que generara el
reemplazo de las Letras Fiscales de Liquidez por otros títulos del Tesoro.

¿Cuánto de este fenómeno se explica por el riesgo político y cuánto por debilidades de la economía argentina?

No es fácil responder a esta pregunta con precisión. Sin embargo, se pueden mencionar algunos puntos.

  1. Entendido como un retorno a políticas populistas, el riesgo político también existía a comienzos de año. Las elecciones de medio término pueden ayudar a reducirlo, pero seguramente habrá que esperar a las presidenciales de 2027. De hecho, las encuestas disponibles sugieren que el gobierno tiene altas chances de ganar en octubre de 2025 y los mercados habitualmente se adelantan.
  2. Las turbulencias en la economía mundial no parecen explicar lo ocurrido. Comparado con el promedio del mes de enero, el riesgo país argentino aumentó alrededor de 20%, mientras que se redujo en Brasil, Colombia, Chile, México y Perú entre 4 y 11%.
  3. El acuerdo con el FMI fue mejor de lo esperado a comienzos de año, con un monto total significativo y desembolsos al comienzo del programa de una magnitud no habitual. Esto debió ayudar a reducir el riesgo.
  4. La eliminación del cepo para personas físicas y la flotación entre bandas pueden explicar que las tasas reales en pesos se hayan convertido en positivas, pero ello no puede justificar que sean tan altas como para empezar a generar dudas respecto de la morosidad de los créditos, el nivel de actividad y la solvencia fiscal.
  5. Desde que se iniciara la flotación entre bandas, el peso se ha depreciado en forma considerable sin que ello haya impactado todavía en la tasa de inflación general o en la inflación núcleo. Eso ha permitido lograr una depreciación del tipo de cambio real multilateral del orden del 15% desde mediados de abril, que es saludable dados los cambios observados en las cuentas externas.

El otro factor que puede explicar el aumento en el riesgo país es la escasa acumulación de reservas del BCRA, que decidió no comprar divisas a menos que el tipo de cambio tocara el piso de la banda de flotación. El gobierno ha tratado de cumplir con la meta de reservas por medio de colocación de deuda y compras del Tesoro (lo que alivia la presión futura de éste sobre la autoridad monetaria en los momentos en que hay que servir la deuda externa).

Sin embargo, el programa firmado con el FMI era claro. La ambiciosa meta de acumulación de reservas que alcanzaba a más de US$ 80.000 millones a finales de 2030 se lograría por medio del señoreaje; es decir, con el BCRA emitiendo para comprar divisas y al mismo tiempo satisfacer un aumento en la demanda transaccional de dinero. Una acumulación a costo cero para el sector público consolidado.

Sería deseable que el gobierno iniciara ese camino, pero ello impactará en el tipo de cambio nominal y seguramente el techo de la banda empezará a hacer ruido. Luego de las elecciones habrá que definir qué hacer. Si avanzar hacia una flotación sin bandas con licitaciones programadas para la compra de dólares en el mercado o si corregir al alza el techo de la banda, lo que a su vez plantea otra definición: si se hace aumentando el ritmo de depreciación mensual o con un salto nominal. Y si se opta por mantener la banda, el techo habría que modificarlo antes de que el tipo de cambio mayorista se acerque a él porque si no se afectará la credibilidad del nuevo techo.

Lo que es claro es que si son necesarias tasas reales tan elevadas para sostener el tipo de cambio dentro de la banda de flotación algo anda mal con el programa.

Después de octubre sabremos cuánto aportaba el riesgo político, pero, por las dudas, mejor vayamos pensando cuál debería ser la política monetaria/cambiaria post elecciones.

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Logros y desafíos

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Hubo logros importantes durante el primer año y medio de gobierno, pero aparecen nubarrones en el frente externo. Sin embargo, la disciplina fiscal y la flotación cambiaria deberían ser suficientes para evitar que los pronósticos catastróficos se materialicen.

Se han cumplido 18 meses del nuevo gobierno y los indicadores económicos han sido favorables. Tanto el PIB como el consumo privado han mostrado recuperaciones en forma de V y lo mismo puede decirse de los salarios privados formales y de los informales (con los problemas de medición que tiene esta última variable). Junto con la reducción de la tasa de inflación mensual de 10% en los cinco meses que van de julio 2023 a noviembre de ese año a una del orden del 2% mensual, eso ha permitido una disminución importante en la pobreza y la indigencia.

A su vez, la tasa de inversión medida a precios constantes alcanzó en el primer trimestre del año al 21%, ubicándose cerca de los máximos, aunque a precios corrientes fue de sólo 15%, probablemente explicado por un cambio en la composición de la inversión (menor construcción y más equipo durable).

Sin embargo, la evolución de las cuentas externas plantea algunas dudas. El déficit devengado de la cuenta corriente del balance de pagos en el primer trimestre de 2025 fue de US$ 5200 millones y el de caja de US$ 4200 millones. En ambos casos, ello se explica por una reducción en el superávit de bienes y un aumento en el saldo negativo de turismo, que alcanzó 1.3% del PIB durante el primer trimestre, cerca del máximo observado durante el mismo período de 2018. La cifra de déficit de turismo devengada es incluso mayor, reflejando que las familias utilizan dólares propios sin pasar por el mercado de cambios.

Ello naturalmente lleva a un debate sobre el nivel de tipo de cambio real, potenciado porque a fines de junio expiró la reducción temporaria en los derechos de exportación del maíz y la soja que alentó una importante liquidación del sector en el segundo trimestre del año, lo que seguramente fue en parte influido por un anticipo de ventas que habrían ocurrido en el segundo semestre.

Desde que empezara el nuevo esquema cambiario de bandas de flotación, el tipo de cambio nominal se depreció alrededor del 10%. Junto con una depreciación del dólar a nivel global, ello generó que el tipo de cambio real multilateral de la Argentina se depreciara casi 8% durante el primer semestre del año.

Pero, en definitiva, en un esquema de flotación, el tipo de cambio obedece a la oferta y demanda. Es cierto que desde mediados de abril no estuvo presente la demanda del sector público nacional que se suponía iba a comprar divisas para mejorar las reservas netas del BCRA y para hacer frente al servicio de deuda pública. Sin embargo, sobre el final del semestre, el Tesoro decidió comprar alrededor de US$ 200 millones en bloque y, antes de eso, se colocaron bonos en pesos contra dólares y se hizo un segundo REPO para acercarse a cumplir con la meta de reservas netas acordada con el FMI que permite utilizar, para tal fin, endeudamiento por encima de US$ 1.500 millones.

En otras palabras, se eligió acumular reservas vía la política de deuda pública y no por medio del señoreaje que era lo que podía preverse de la lectura del informe del equipo técnico del FMI.
También es cierto que el BCRA vendió futuros durante mayo por el equivalente a US$ 1500 millones, pero esa intervención habría menguado en junio.

En cualquier caso, para los casi cuatro meses que restan del ciclo electoral es importante tener en cuenta que:
a) El BCRA tiene suficientes reservas para controlar un ataque especulativo contra el techo de la banda de flotación porque, si ello ocurriera, puede utilizar incluso las divisas que le desembolsó el FMI.
b) La tasa de interés en pesos también es un factor que puede incentivar a una menor demanda de divisas. Por ejemplo, la tasa Badlar medida en términos reales fue en promedio neutra durante el primer cuatrimestre del año y pasó a ser 8% real anual positiva durante mayo y junio (medida contra la inflación núcleo).
c) Debería esperarse que continúe el flujo de préstamos a provincias y empresas privadas y, además, debería revertirse el saldo negativo de la inversión extranjera directa que se observó en el balance cambiario del BCRA durante los primeros cinco meses del año.
d) El BCRA tiene todavía margen de US$ 7.000 millones para intervenir en el mercado de futuros. Sería prudente no utilizarlo y dejar que el peso se deprecie algo si esa es la tendencia, pero en cualquier caso, el margen existe.

En resumen, existen varios problemas que resolver, pero la disciplina fiscal y la flotación cambiaria deberían ser suficientes para evitar que los pronósticos catastróficos se materialicen

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Se aleja el piso de la banda

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Con la restricción de comprar sólo en el piso de la banda, que parece estar cada vez más lejos, queda la opción de cumplir vía endeudamiento la acumulación de reservas que prevé el acuerdo con el FMI.

El tipo de cambio mayorista que publica el BCRA se depreció casi el 11% desde los Arg$ 1.078,4 del 11 de abril (último día de vigencia del crawling peg) a los Arg$ 1.195,3 de finales de mayo, alejándose del piso de la banda que está alrededor de Arg$ 985. Hay algunos factores puntuales que pueden haber reducido la disponibilidad de divisas, como la gran cantidad de lluvias durante mayo que habrían postergado algo la liquidación del agro, pero la evolución del mercado de cambios que publica la autoridad monetaria muestra algunos datos preocupantes.

Durante el primer cuatrimestre de 2025, la cuenta corriente cambiaria fue negativa en 4.800 millones de dólares como consecuencia de un superávit en bienes de US$ 2.000 millones que fue insuficiente para pagar el déficit de servicios de US$ 4.200 millones (casi todo explicado por el déficit de turismo) y pagos netos de intereses por US$ 2.700 millones. Con pagos de importaciones normalizados, la eliminación del dólar blend (que sólo operó 15 días de ese cuatrimestre) daría algún espacio adicional, pero la caída en el precio internacional del petróleo no deja lugar para mucho optimismo en las exportaciones de energía, ni parece que sea probable que ceda el déficit de turismo.

Por la cuenta capital se registró un superávit de 12.700 millones como consecuencia de un ingreso neto del FMI y otros organismos multilaterales por US$ 13.900 millones que, junto con financiamiento a empresas privadas por US$ 4.800 millones, permitió financiar con holgura una inversión extranjera negativa en US$ 1.800 millones y ventas de divisas a particulares por US$ 1.500 millones. Hacia adelante, el financiamiento neto de los organismos multilaterales desaparecerá (incluso se volverá negativo), pero la inversión extranjera debería volver a ser positiva, sobre todo cuando empiecen a materializarse las inversiones al amparo del RIGI. El financiamiento a empresas privadas podría continuar o incluso ampliarse y habrá que ver qué pasa con los individuos que en abril compraron en pocos días más de US$ 1.800 millones, revirtiendo el comportamiento de los meses previos en los cuales realizaron ventas netas.

Los pagos de importaciones de bienes estarían siendo similares a las nuevas importaciones devengadas, pero éstas han aumentado en alrededor de US$ 1.700 millones por mes respecto de los deprimidos valores de comienzos de 2024, explicados por la recuperación económica, la apreciación del tipo de cambio real y la apertura. La importación de bienes de capital y partes y piezas de esos bienes explica alrededor de la mitad del aumento de importaciones devengadas, y las de vehículos y bienes de consumo alrededor del 30 a 40%.

La acumulación de reservas que prevé el acuerdo con el FMI puede lograrse por medio de compras del BCRA en el mercado de cambios o por endeudamiento de organismos públicos. Con la restricción de comprar sólo en el piso de la banda, que parece estar cada vez más lejos, queda la opción de cumplir vía endeudamiento del Tesoro que reemplace las compras al BCRA para pagar deuda o de la propia autoridad monetaria. La reciente colocación de un Bonte a 5 años en pesos que se suscribió en dólares es una opción, a la cual se sumaría un nuevo REPO del BCRA (recuérdese que los primeros US$ 1.500 millones de endeudamiento aumentan la meta, es decir cuentan para las reservas los dólares obtenidos por encima de ese nivel
de deuda).

Dada la decisión del Tesoro de renovar menos deuda local en pesos por un importe similar al que se logró con los Bontes, ambas operaciones se asemejan a lo que habría resultado de una compra de divisas directa del BCRA en el mercado cambiario con renovación del 100% de la deuda del Tesoro. El resultado fiscal de abril volvió a mostrar otro mes con superávit primario impulsado por un gasto primario que tuvo una modesta reducción real interanual, luego de aumentar 11% real en el primer trimestre.

Las prestaciones sociales siguen aumentando porque todavía se compara con meses en los cuales no se había concretado la mejora de 8% real en las jubilaciones y pensiones, pero en abril el impacto fue compensado por menores subsidios al sector privado y menores gastos de capital y de otros gastos corrientes.

El objetivo de lograr un superávit primario de 1.6% del PIB en 2025, mejor incluso que el 1.3% acordado con el FMI, parece alcanzable.

La inflación de mayo va a reducirse respecto del 3.2% de abril, pero parece difícil que perfore el 2% mensual. La actividad debería recuperarse algo luego de la fuerte caída de marzo, pero continuarían las asimetrías sectoriales; los datos del IPI de FIEL sugieren que la caída ajustada por estacionalidad habría continuado en el mes de abril. De todas maneras, la economía, en el promedio del año, tendrá una recuperación importante respecto del deprimido año 2024 y la inflación debería continuar a la baja.

Parece difícil pensar que si ocurren sobresaltos cambiarios previos a la elección de medio término de octubre, el BCRA no intervenga para moderarlos, utilizando la posibilidad de vender spot que le da el acuerdo con el FMI ante circunstancias disruptivas o mediante la venta de futuros

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El acuerdo con el FMI

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El Acuerdo con el FMI establece metas exigentes en lo fiscal y en acumulación de reservas que son necesarias para blindar el programa. En un contexto internacional desafiante, sería prudente acumular reservas y evitar una apreciación del tipo de cambio real, que tiene riesgo de no ser sostenible en el mediano plazo.

El acuerdo firmado entre la Argentina y el FMI sorprendió favorablemente, tanto por el monto del programa (US$ 20.000 millones), como porque el 75% de ese total se recibiría dentro del primer año. Junto con el aporte de otros organismos internacionales, eso blinda al techo de la banda cambiaria porque el mercado sabe que el BCRA tiene munición suficiente para evitar que pase de ese nivel y, dado eso, antes de que toque el techo habrá incentivos para que inversores que apuesten al carry trade ingresen divisas para hacerse de pesos que rendirían más que el 1% de depreciación mensual, que pasa a ser relevante en caso de que se llegue a tocar tal techo.

El Reporte de país del FMI publicado en abril de 2025 contiene los detalles del acuerdo entre ese organismo y la Argentina, que incluye las metas acordadas (fiscal, monetaria y de acumulación de reservas internacionales) y proyecciones.

El balance fiscal primario del gobierno nacional puede reducirse a 1.3% del PIB este año respecto del 1.8% registrado en 2024, pero luego debe aumentar hasta alcanzar un mínimo de 2.5% del PIB de 2027 en adelante. A nivel de las provincias también se proyecta una mejora de alrededor de medio punto del PIB, con lo cual el balance consolidado se aproximaría a los 4 puntos del PIB.

La mejora fiscal prevista a mediano plazo se lograría con una modesta rebaja del gasto primario nacional y por una mejora en los ingresos, ambos medidos como porcentaje del PIB. En los egresos, el aumento previsto en las jubilaciones es compensado con una reducción de subsidios que se focalizarían en las familias más pobres. Respecto de los ingresos, los impuestos distorsivos a reemplazar son retenciones e impuesto a las transacciones financieras entre los recaudados por la Nación (que aportan alrededor de 3% del PIB de recaudación) e ingresos brutos a nivel provincial (algo más de 4% del PIB de ingresos propios de las 24 provincias).

Los impuestos menos malos que recauda la Nación se comparten con las provincias. Ello hace cuesta arriba el reemplazo de los dos mencionados porque casi todos los ingresos acrecen al gobierno nacional. El crecimiento económico aporta algo de espacio y también se espera algún plus por mejoras en la administración tributaria. Pero también en el reporte del FMI se esbozan algunos lineamientos de una reforma tributaria que ayude a compensar la pérdida de ingresos que se produciría si se eliminan esos dos gravámenes: ampliación de la base del impuesto a las ganancias de las empresas, un régimen de monotributo menos generoso que el actual y reducción de gastos tributarios que son muchos, pero sólo se menciona una armonización de las tasas del IVA y acotar los beneficios del régimen de Tierra del Fuego.

En definitiva, las proyecciones del equipo técnico del FMI suponen que se mantienen los logros fiscales con una reducción del gasto primario consolidado de 35.3% del PIB en 2023 a 31.1% del PIB en 2030, pero que los ingresos tributarios y las contribuciones a la Seguridad Social también aumentan en algo más de 3 puntos del PIB en ese mismo lapso. Si bien son proyecciones, resaltan la importancia de que las reformas estructurales avancen para generar, vía un menor peso del gasto público que el proyectado, algo más de espacio para una reducción de la carga tributaria.

La meta de acumulación de reservas es exigente, ya que se proyecta una mejora de algo más de US$ 80.000 millones en sólo seis años, que es consistente con el aumento previsto en la demanda de pesos que debería satisfacerse con compras de divisas en el mercado (se espera que la base monetaria aumente algo más de Arg$ 90 mil miles de millones entre finales de 2024 y finales de 2030, de 5.1% a 8.3% del PIB).

La discusión más interesante para los próximos meses es si el tipo de cambio se acercará al piso de la banda. De hecho, el gobierno ha anunciado que el BCRA sólo comprará divisas si se alcanza ese piso.
En los primeros meses de flotación tiene alguna importancia que la misma no termine en una fuerte depreciación del peso. Pero la intención de comprar divisas sólo en el piso de la banda no parece que sea
lo que tenían in mente los funcionarios del FMI.

En primer lugar, si se lee el punto 24 del reporte 25/95 se destaca que la flexibilización cambiaria le permitiría a la Argentina recomponer reservas en forma decisiva, limitar riesgos de una apreciación y reganar acceso al mercado internacional y luego se menciona que el peso flotará dentro de la banda con compras de divisas dentro de la banda consistentes con los objetivos de acumulación de reservas.

En segundo lugar, y por más que sean proyecciones de los funcionarios del FMI, el tipo de cambio que utilizaron para finales de cada período no es el del piso de la banda sino uno que se ubica algo por encima del medio de la banda.

En tercer lugar, si el tipo de cambio se moviera siempre en el piso de la banda de flotación, la apreciación se volvería difícil de sostener. Utilizando la proyección de caída del piso de 1% al mes y la inflación prevista por el FMI en la Tabla 1 de su reporte, el tipo de cambio real bilateral de la Argentina perforaría los 400 pesos por dólar de hoy en 2030. Es evidente que los compromisos y, sobre todo, las proyecciones pueden variar, pero de todas maneras el piso de la banda no parece ser consistente con el nivel de equilibrio de largo plazo, más allá de que el tipo de cambio pueda ubicarse allí, circunstancialmente, en las próximas semanas.

Finalmente, en un contexto internacional muy desafiante, con proyecciones a la baja del precio de las commodities, sería más prudente acumular reservas y evitar una apreciación del tipo de cambio real que tiene riesgo de no ser sostenible en el mediano plazo.

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El largo y sinuoso camino hacia un mercado cambiario normal

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El acuerdo con el FMI es necesario para continuar normalizando el mercado cambiario. Sin embargo, la falta de precisiones sobre el contenido de este acuerdo genera incertidumbre que se traduce en pérdida de reservas y aumento de la brecha cambiaria.

El 10 de diciembre de 2023 el mercado cambiario estaba bajo un fuerte stress: el dólar oficial atrasado, la brecha por las nubes y las reservas netas en casi US$ 12.000 millones negativas. El gobierno decidió devaluar el dólar oficial y mantener las restricciones que regían hasta ese momento. Así se inició la primer etapa, que consistió en demorar pagos de importaciones, medida heterodoxa pero que permitió, junto con la devaluación, mejorar la posición neta de reservas del BCRA.

Era evidente que un programa económico pro-mercado no podía mantener esas restricciones por tiempo indefinido.

Se decidió, entonces, aliviar la deuda pasada, que era totalmente ilíquida, dándole a las empresas la oportunidad de adquirir bonos del BCRA (Bopreal) que podían cambiar por divisas. Luego se redujo el plazo de pago para las importaciones, acercándolo a una situación más normal.

Apareció luego la segunda etapa, que fue el blanqueo de capitales. Los individuos tuvieron la opción de evitar multas si depositaban los dólares en una entidad financiera local. Así, éstas pudieron aumentar sus préstamos en dólares y quienes los recibieron, los vendieron al BCRA para hacerse de pesos. Pero esta etapa está próxima a agotarse, ya que el stock de préstamos en dólares se acerca a los máximos alcanzados en 2018 al mismo tiempo que se redujeron algo los depósitos privados expresados en esa moneda.

La tercera etapa es el acuerdo con el FMI que, tarde o temprano, tenía que ocurrir porque a partir del año 2026 (y, sobre todo, desde 2027 en adelante) la Argentina debía empezar a pagar el capital adeudado, sin que hubiera certeza de que se podrían obtener fondos adicionales del mercado además de los que son necesarios para renovar la deuda con privados.

Luego de ese acuerdo, los siguientes pasos hacia la normalización requieren acceder al mercado de capitales para, al menos, renovar el capital que vence de los bonos restructurados en 2020 y levantar la mayoría, sino todas, las restricciones cambiarias que todavía subsisten (pago de la mayoría de importaciones a 30 días, imposibilidad de pagar dividendos al exterior en forma normal, restricciones a la dolarización de portafolios que se concretan a través del límite mensual de US$ 200 para personas y las
restricciones cruzadas que postergan por 90 días el acceso al mercado oficial de cambios a la empresa que opera en el mercado libre).

La falta de precisiones sobre el contenido del acuerdo entre la Argentina y el FMI generó una incertidumbre que se tradujo en pérdida de reservas y un aumento en la brecha cambiaria. Hay tres puntos que son relevantes: a) la magnitud de los fondos frescos que desembolsará el FMI, b) el timing de esos desembolsos, y c) cuáles serían los cambios en la política cambiaria oficial de depreciación al 1% mensual anunciada hace pocas semanas.

La Argentina tiene vencimientos de capital con el FMI por alrededor de US$ 14.000 millones entre 2026 y mediados de 2029. El gobierno ha anunciado que el acuerdo es por US$ 20.000 millones, pero no se sabe si eso incluye a los US$ 14.000 millones o si todo (o buena parte) son fondos adicionales que pueden mejorar la posición de reservas.

Nótese que una posibilidad es que el desembolso inicial sea cercano a los US$ 20.000 millones, lo cual le daría tiempo a la Argentina hasta 2026 para reunir los US$ 1.100 millones de capital que vencen ese año y luego US$ 4.300 millones en 2027 y más de US$ 6.000 millones por año, pero recién en 2028 y 2029.

Una solución en ese sentido le daría mucha liquidez al BCRA y, probablemente, le permitiría mantener la política cambiaria sin grandes cambios o con cambios menores como sería una banda estrecha dentro de la cual flotaría el peso, al menos hasta que haya cedido la tensión que generan las elecciones de medio término.

Fondos iniciales muy acotados mantendrían o incluso agravarían la incertidumbre, probablemente forzando a una depreciación más fuerte del tipo de cambio. Aún en este caso, es poco probable que haya un evento disruptivo como los vividos en el pasado por varias razones: la mejora en la posición fiscal reduce la vulnerabilidad, la cuenta corriente del balance de pagos devengada es positiva, aun cuando la de caja se haya convertido en negativa, ya se están materializando shocks positivos a las exportaciones
en energía y estaría cercana la fase de desembolsos de capital de algunos proyectos mineros.

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