Eduardo Saldivia

arquitecto, planificador urbano

La silvicultura responsable puede ser un buen negocio en Misiones

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El planeta a lo largo de su vida ha tenido variaciones en el clima, como la Era de Hielo en la que se formaron los glaciares y los casquetes eternos de los polos, pero hay indicadores contundentes que nos dejan en claro que el Cambio Climático actual no se trata de un proceso que forma parte de una evolución natural de las cosas, como algunos quieren hacernos creer, sino que es verdaderamente una consecuencia directa de la actividad descontrolada de las personas sobre la tierra. 

Para comprobarlo, alcanza con ver los niveles de los Gases de Efecto Invernadero, y cómo se han venido incrementando sus emisiones -en especial carbono y metano- desde 1880 hasta la actualidad. A través de los siglos, la naturaleza se encargó con éxito de no sobrepasar nunca las 300 partículas por millón de dióxido de carbono en la atmósfera, y la acción del hombre, principalmente la combustión de los motores y la deforestación, ha llevado a que hoy tengamos 420 ppm, y siga en ascenso. 

Resolver este problema, al que algunos prefieren directamente llamar Crisis Climática, ya que la palabra cambio puede confundirnos evocando un proceso largo y lento, requiere de acciones relativamente inmediatas. 

Una gran parte de los esfuerzos deben dedicarse a la reducción de esas emisiones de los gases que conducen al Calentamiento Global. Sectores como la Energía, en el caso de Misiones principalmente el transporte, tienen el gran desafío por delante de volcarse a alternativas limpias con vehículos a biodiesel, movilidad eléctrica o transporte público con hidrógeno verde

Pero la otra gran parte de los esfuerzos necesita enfocarse en capturar de la atmósfera este excedente de carbono que termina acelerando los fenómenos climatológicos extremos, debemos trabajar en volver a los niveles que la naturaleza tenía antes de la Revolución Industrial. 

Por lejos, hoy la mejor forma de secuestrar carbono de la atmósfera es dejando a los árboles crecer: un bosque que crece -por el milagro de la fotosíntesis- convierte al dióxido de carbono en oxígeno y almacena el carbono en su madera. 

Según explica el ingeniero forestal Juan Emilio Bagado, especialista en el tema, por cada dos toneladas de madera, se absorbieron 3,7 toneladas de dióxido de carbono de la atmósfera. 1,7 toneladas volvieron a la atmósfera como oxígeno y una tonelada queda stockeada en la madera. 

Tanto los bosques nativos, como los bosques de cultivo y los bosques urbanos, están haciendo el gran trabajo de limpiar el aire que respiramos y ser depósitos de carbono. 

Actualmente, Misiones cuenta con 400.000 hectáreas de bosques de segunda categoría, por ejemplo yerbales abandonados, o popularmente conocidos como capuera, que pueden ser reforestados y pueden sumarse a fortalecer este proceso de retirar carbono de la atmósfera.

Desde nuestro lugar, en nuestra vida cotidiana, sería muy positivo prestar especial atención y saber que cuando usamos madera cultivada para los muebles de nuestros hogares, nuestro papel o construir nuestras casas, estamos fortaleciendo la acción climática, ocupamos esa pieza que es 50% carbono en objetos o equipamiento, y ya no volverá a emitirse. 

Buscando ser parte de la solución, empresas como Carrefour, McDonalds o IKEA, solo ocupan para su papelería, envases y mobiliario, madera que provenga exclusivamente de bosques cultivados. 

En ese sentido, Misiones cuenta con una Ley de Ordenamiento Forestal que nos permite poder trazar claramente un rollo de madera y poder garantizar que no proviene de la deforestación de bosques nativos. Hoy, a las empresas del mundo no les interesa comprarse un problema y que las tilden de acompañar la deforestación del planeta

Una entidad que ha ido tomando relevancia en este sentido es la ONG alemana Forest Stewardship Council, dedicada a certificar silvicultura responsable. Desde la FSC dan un sello, garantizando que los productos de sus afiliados son hechos completamente con madera de cultivo, con un componente parcial de reciclaje o completamente productos de madera reciclada. 

Hace un mes las autoridades de FSC, encabezados por su presidente Kim Carstensen, visitaron Argentina, y le dedicaron un capítulo especial a Misiones. Aquí concretaron un encuentro en la Cámara de Representantes, con la Comisión de Recursos Naturales, la Comisión de Desarrollo forestal, el Ministerio de Ecología, y el Ministerio de Cambio Climático, donde destacaron las políticas de estado que lleva adelante nuestra provincia y su completo abanico de leyes que le dan forma. 

Desde la ONG alemana aspiran a colaborar en consolidar el modelo misionero y hacerlo extensivo a otras partes del mundo, ya que en la Tierra Colorada el desarrollo sostenible no se trata solamente de dejar atrás la tala ilegal, sino que además, nuestros bosques aspiran a convertirse en verdaderos epicentros desde donde se le mejora la calidad de vida a todas las personas que viven allí. Formando a sus trabajadores, garantizando salud a sus familias, erradicando el trabajo informal y otros numerosos avances. 

En conclusión, podríamos recordar lo que dice el Santo Padre Francisco en su encíclica Laudato Si, remarcando que no se puede resolver el problema ambiental desatendiendo la pobreza, y en ese camino avanzan los bosques misioneros, capturando carbono y -a su vez- prestando especial atención en aprovechar la oportunidad de generar crecimiento para toda la comunidad que lo rodea. 

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¿Cuánto puede recibir Misiones en financiamiento por la Acción Climática?

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A partir de los estudios realizados por el IPCC, la principal comunidad científica dedicada a estudiar el cambio climático -está disponible para todos en internet -en la dirección ClimateClock.net– un reloj del clima que nos indica cuánto tiempo resta para llegar al +1,5ºC en la superficie de la tierra. Se trata de una cuenta regresiva de cuánto tiempo nos queda para cambiar el curso de las cosas y frenar el Calentamiento Global. 

En este punto es necesario hacer dos aclaraciones: la primera es que lamentablemente ya está claro que vamos a pasar ese grado y medio, hoy el trabajo se tiene que centrar en que lo superemos lo menos posible, si llegamos a los dos, tres o cuatro grados tendrá consecuencias catastróficas para la vida, en el único planeta que tenemos. Y la segunda aclaración es que si -en un escenario hipotético- hoy cortáramos todas las emisiones de carbono que genera la actividad humana, este tren llamado Cambio Climático -que viene a toda velocidad- activaría sus frenos, pero recién detendría su envión por completo en cuarenta años. 

Estamos en lo que Naciones Unidas denomina la Década de Acción, nuestro momento de actuar es ahora, y está claro que para lograrlo es necesario financiamiento, estos fondos pueden provenir de diferentes fondos y modalidades. Mencionaremos aquí las principales fuentes para la acción climática: 

1) Bonos de Carbono. El estado pide fondos para acciones de mitigación y energías renovables, entre otros, y se compromete a devolver el monto, con una rentabilidad pequeña pero segura. 

2) Certificados de carbono. El estado -auditado por organismos internacionales- percibe un pago a cambio de los servicios ecosistémicos que ofrece, en este caso de secuestro de carbono a través de los bosques, son fondos no reembolsables. 

a) Los recursos naturales son de las provincias. 

b) Según consultoras como Mercuria, con un certificado a $75 dólares por tonelada secuestrada al año, y con casi 1.500.000 hectáreas de bosques aptas para certificar, Misiones estaría en condiciones de recibir alrededor de 300 millones de dólares al año por secuestrar carbono de la atmósfera. 

c) Variantes. También empiezan a surgir las primeras experiencias con Bonos por plástico, por envases reciclables, y certificados por agua. 

3) Adaptación en países vulnerables. Con la firma del Acuerdo de París en 2015, los países desarrollados se comprometieron a destinar 100.000 millones de dólares por año, entre 2020 y 2025, a los países más pobres para sus trabajos de adaptación y mitigación. Esto aún no se concretó. 

4) Pérdidas y daños. En la última Cumbre de Egipto, se acordó la creación de un fondo para compensar a los países más afectados por el Cambio Climático, los mayores emisores

de Gases de Efecto Invernadero que aportarán al fondo y qué naciones lo recibirán se establecerá durante 2023.

5) Servicios Ecosistémicos a cambio de Deuda Soberana. Los organismos de financiamiento, y bancos internacionales pueden condonar las deudas externas de los países, si éstos se comprometen a destinar ese superávit a la Acción Climática. 

a) En el caso de Argentina, la Nación aspira a que se le condone el total de su deuda soberana con el Fondo Monetario Internacional, a cambio de comprometerse a destinar una parte del monto (por ejemplo el 30%) de lo que iba a devolver a la acción climática, energías renovables y empleo verde. 

b) Una variante podría ser que el organismo de financiamiento internacional le venda la deuda a una fundación o a una ONG a un precio menor, y ellos se encarguen de cobrarla y usar los fondos para la Acción Climática. Es como si el FMI le vende la deuda Argentina a Greenpeace, Argentina sigue teniendo que pagar según su calendario, y la ONG, cuando lo cobra, lo usa para sus acciones. 

Para cerrar, debemos recordar que según el Índice del Calentamiento Global, publicado por el Instituto de Cambio Ambiental de la Universidad de Oxford, hoy el planeta está en +1.26ºC y, según el reloj del clima, el tiempo para activar los frenos se agotará definitivamente el 22 de abril de 2032. 

La ventana para lograrlo se está cerrando, y el momento para actuar hacia las ciudades que necesitamos, y hacia un planeta más sostenible, es ahora.

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El pronóstico del futuro

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En 2014 como parte de una campaña de concientización sobre el calentamiento global, una meteoróloga francesa presentó el pronóstico del tiempo, como si fuera un día cualquiera, en el verano de 2040. 

Anunciaba, para sorpresa de todos, un escenario impensado -y un poco apocalíptico- de olas de calor por toda Europa, con temperaturas cercanas a los 39 grados en las costas del Mar Mediterráneo y una sensación térmica muy por encima de los 40 en ciudades como París. 

Pero el Cambio Climático no es algo tan paulatino y lento como se creía. Los tiempos se aceleraron y los escenarios que los científicos esperaban a largo plazo, empiezan a presentarse ahora. En junio pasado, muchos recordaron aquella campaña francesa, cuando la ola de calor sin precedentes azotó el viejo continente y se cumplió aquel pronóstico que se imaginaba que sucedería en 2040. 

Los eventos climatológicos extremos empiezan a suceder con mayor frecuencia a medida que aumenta la temperatura promedio sobre la superficie de la tierra. 

Hoy, ya se encuentra en +1,25ºC desde que la humanidad se embarcó definitivamente en los tiempos modernos de la era industrial, en 1.880.

Cada año, de los últimos cinco años, el planeta viene batiendo sus propios récords. 

Como un péndulo enloquecido, mientras en un hemisferio nos encontramos con calor tropical acercándose al polo, en el otro las bajas temperaturas llegan a extremos de los que no se tienen registros.

Un informe reciente de la revista Plos One analiza las temperaturas promedio que tendrán las principales ciudades del mundo hacia 2050 y los resultados fueron inquietantes. Londres tendrá las temperaturas que tiene Barcelona actualmente, y Buenos Aires será similar a Sidney. 

En nuestro país, basados en la evidencia científica, diferentes organismos están dedicados a estudiar los posibles escenarios a los que nos tendremos que enfrentar con el clima en el futuro. En el caso concreto de Argentina, la Crisis Climática afectará primero directamente a los ecosistemas y las poblaciones más vulnerables. 

Desde el Ministerio de Ambiente de Nación elaboraron un sistema de mapas de riesgo del Cambio Climático, donde vemos para 2040, que el aumento de las temperaturas promedio se podrá comprobar en todo el territorio nacional, lo que generará una potencial crisis del agua en Mendoza y San Juan, la pérdida de superficie de los glaciares, y el retroceso de los caudales en los ríos Paraná y Uruguay.


En el caso puntual del NEA se plantea una clara problemática en el estrés hídrico que generan las altas temperaturas, aumento de los vendavales y una alta frecuencia de precipitaciones extremas e inundaciones en toda la región.

Sabemos que el futuro de los próximos veinte años nos espera un escenario delicado.

En el norte de Misiones aumentarán las temperaturas, en el centro pueden ser cada vez mayor la cantidad de damnificados por eventos extremos. Estaremos más expuestos a los incendios forestales como los que vimos al sur de Misiones el verano pasado. Habrá fuertes vientos, inundaciones, pérdida de cultivos, la sequía y el calor afectarán nuestra salud, causando problemas cardiovasculares y respiratorios.

Pero vayamos un paso más allá y comprendamos lo que esto significa para nuestra vida cotidiana. 

Por ejemplo, cuando aumenten las noches tropicales -especialmente en Puerto Iguazú- y todos enciendan el aire acondicionado durante toda la noche, si los tendidos eléctricos colapsan, puede ser peor el remedio que la enfermedad. Vamos a tener barrios enteros sin luz, durante las jornadas de mayor calor extremo, sin la posibilidad siquiera de un ventilador. 

¿Están los sistemas de distribución eléctrica preparados para atender esa demanda? ¿Cómo vamos a generar esa mayor cantidad de energía que vamos a necesitar?

Esto mismo nos podríamos preguntar sobre los requerimientos de agua dulce. ¿Cómo vamos a mantener regados nuestros cultivos cuando los días de sequía se prolonguen?

Actualmente, Misiones se encuentra trabajando fuertemente en su hoja de ruta para elaborar un Plan de Respuesta al Cambio Climático, donde se estudia no sólo la forma de mitigar las emisiones de carbono, y dejar de destruir el planeta, también se está trabajando en la adaptación al planeta dañado que ya tenemos hoy.

De esto se trata la adaptación, que cada uno de nosotros, en su casa, en cada municipio, que cada provincia trabaje -desde ahora- aprovechando todo este conocimiento científico para reducir al máximo el impacto que tendrá el nuevo clima en nuestra vida. Podemos prepararnos y salvar muchas vidas. 

La crisis climática es ahora y es urgente.





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