Florencia Grillo

Politóloga, UBA  

Operación: rescate del Mercosur

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Desde el terremoto electoral de septiembre, el gobierno argentino se estuvo reconfigurando y apareció un nuevo Canciller: el ex jefe de gabinete de ministros Santiago Cafiero, que lejos de desligarse de responsabilidades, estuvo a full desde que asumió el nuevo cargo.

Repasemos un poquito lo más importante.

En su viaje por Italia, tuvo 2 encuentros claves. Uno con la Directora General de la Organización Mundial de Comercio (OMC), Ngozi Okomjo-Iweala y con Rebecca Grynspan, secretaria de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés). Desde Cancillería ven la inserción de Cafiero como “positiva” porque logró en poco tiempo que Italia, un socio estratégico clave, apoye la iniciativa argentina en la renegociación con el FMI, se ratificó la pertenencia de Argentina en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y estableció nuevos canales de diálogo con España y Estados Unidos.

Pero en el plano regional, Cafiero y su par brasileño, Carlos França, anunciaron los “consensos necesarios” para la revisión del Arancel Externo Común que rige el Mercosur, luego de una reunión que mantuvieron en el Palacio de Itamaraty, en la que se repasó también la agenda bilateral que incluyó temas como cambio climático (de cara a Glasgow y la COP26), la posible inserción de ambos países a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la situación de Uruguay (a la calle alegremente yo llamo Uru-bye).

La reducción de las tarifas de importación de productos fuera del Mercosur “contempla las distintas necesidades de los países miembros”, manifestó el comunicado conjunto, en el que también se indicó que la propuesta deberá ser presentada a los otros socios, Paraguay y Uruguay.

Plot twist: Paraguay lo va a ratificar porque Cafiero se reunió con su par paraguayo mientras escribía esta edición y así lo comunicó cancillería tras su reunión

El acuerdo entre Argentina y Brasil para reducir el Arancel Externo Común del Mercosur en un 10% no es tanto una disputa entre ambas potencias sino una derrota de los sectores más liberales del Gobierno brasileño y en especial su ministro de Economía, Paulo Guedes. Esa puja entre el Ministerio de Economía y Cancillería en Brasil, la está ganando hace meses Cancillería. 

Qué puede pasar: la letra chica de este acuerdo está llena de exenciones especiales (como cuando compras yogurt light y al final no es ni light ni yogurt), dado que las reglas del Mercosur autorizan a los países a tomar represalias con sus propias barreras proteccionistas si los miembros individuales encuentran formas de afectar la equidad del comercio dentro del Mercosur.

A cambio de su apoyo, es probable que Uruguay exija concesiones sobre su intento de abrirse de forma unilateral a China (ahora te cuento más sobre esto).

Antes de la reunión con Brasil, se formalizó el primer encuentro bilateral entre el canciller uruguayo Bustillo y Cafiero en el Palacio San Martín para calmar un poco las aguas y según un comunicado de la cancillería uruguaya, los ministros acordaron “acudir conjuntamente” a CAF-Banco de Desarrollo de América Latina con el objetivo de “solicitar la financiación del estudio de factibilidad para el puente binacional entre Bella Unión y Monte Caseros”, algo también informado por Argentina.

(Ese es el puente, cuyo financiamiento -entre otros tantos- Uruguay unilateralmente iba a negociar por fuera del Mercosur con China. Después de un par de reuniones con tono más amable, parece que Argentina logró calmar todo).

Lacalle Pou entiende que probablemente Bolsonaro pierda las elecciones en 2022, lo cual obstaculiza la liberalización que propone. ¿Te acordas de la carta que firmaron Henrique Cardoso y Lula juntos a principios de años? Fue contra la reducción unilateral de los aranceles del Mercosur. Así que si gana Lula (*se persigna y le reza a todos los santos en todos los idiomas posibles*), teniendo la presidencia pro tempore del Mercosur es muy difícil que esta situación sea favorable para Uruguay.

Pero…

¿De qué se trata el acuerdo entre Uruguay y China?

Si bien las relaciones entre estos dos países fueron tardías si se observa a sus países vecinos como Argentina o Brasil (salvo la excepción de Paraguay que aún reconoce a Taiwán) esto no ha sido un impedimento para que actualmente las mismas se encuentren en una etapa cuasi-óptima, en las dimensiones tanto política, económica-comercial, como de cooperación.

Esto se debe a que desde comienzos de este siglo aumentó exponencialmente el contacto bilateral: primero fue el comercio, China es el primer socio comercial de Uruguay desde 2012. China hoy es el principal destino de las exportaciones uruguayas y es clave para la recuperación económica post pandémica. En los primeros ocho meses del año, las ventas sumaron $1.568 millones de dólares, un 63% más que en el mismo período de 2020. 

El principal producto de exportación fue la carne vacuna, que creció 205% y representó el 60% de las exportaciones totales de Uruguay, según un informe de Uruguay XXI

El mes pasado, las exportaciones a China ascendieron a $233 millones de dólares, lo que significó un crecimiento del 52% respecto al mismo mes de 2020; motivo de gran parte del desarrollo de sectores alternativos, como el sojero y el de la celulosa, sumado a una balanza comercial equilibrada desde hace al menos tres años; luego la cooperación comenzó a aumentar hasta consolidarse; y posteriormente el acercamiento político entre ambos.

Este último se centró en tres temas claves y que todos ellos de una u otra forma repercuten en el entorno: la propuesta de un tratado de libre comercio (TLC),  una asociación estratégica (2016) y la firma del Memorando de Entendimiento sobre la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés) en 2018 al cual también adhirieron Bolivia, Chile y Ecuador y más tarde, se sumaría Perú en 2019.

Pero aunque China es el principal socio económico de las dos economías más desarrolladas de la región -Argentina y Brasil- éstos aún no avanzaron en negociaciones para entrar al proyecto de la Franja y la Ruta (todavía).

Este nuevo acuerdo entre China y Uruguay le está trayendo más de un dolor de cabeza al gobierno de Argentina, que hace unos meses le cedió la presidencia del bloque del Mercosur a Brasil. Bolsonaro en la conferencia de traspaso de mando declaró “no podemos dejar que el Mercosur siga siendo un sinónimo de ineficiencia y desperdicio de oportunidades”, sumando aún más tensiones entre los dos países.

Hay que recordar que el 26 de marzo, en un encuentro virtual al cumplirse 30 años de la fundación del bloque, Lacalle Pou había dicho que el Mercosur “no puede ser un lastre” que impida el avance comercial de su país, a lo que Fernández contestó que, si Argentina era considerado un lastre, “que tomen otro barco”. Lacalle Pou anunció en julio que su Gobierno buscaría acuerdos comerciales bilaterales por fuera del Mercosur, pese a una decisión adoptada en el año 2000 por la que los socios del bloque acordaron contar con la anuencia de sus contrapartes para sellar negociaciones con terceros países.

Hace algunas semanas, se designó a la comitiva encargada de profundizar las temáticas del acuerdo dijo el canciller uruguayo Bustillo y parece que todo avanza viento en popa.

¿Y el resto del Mercosur en qué anda?

Mientras tanto, Chile y Paraguay se acercaron cada vez más luego de la visita oficial de Piñera a Asunción (antes que explote todo el escándalo de los Pandora Papers que podría costarle el cargo). 

Tras reunirse con su colega paraguayo Mario Abdo Benítez, ambos mandatarios hablaron en conferencia de prensa para explicar los avances logrados durante las conversaciones.

Abdo dijo que los dos gobiernos trabajarán por el bien de la economía de Paraguay y Chile y que las relaciones bilaterales “se han convertido en un activo estratégico”. Añadió que espera que se pueda firmar un Tratado de Libre Comercio en breve.

Ambos mandatarios también abordaron la conectividad, en particular el Corredor Vial Bioceánico, que “permitirá a Paraguay ser un socio estratégico para acceder al mercado de una manera más competitiva para la producción de la región”, señaló Abdo. Esta iniciativa es clave para mantener al bloque regional unido, ya que participan de este megaproyecto Argentina, Chile, Brasil y Paraguay.

Por otro lado, para potenciar el desarrollo económico de la región y encontrar nuevos mercados en Asia-Pacífico, se está llevando adelante el programa “Puerta Digital Asia-Sudamérica” a través de la construcción del cable de conectividad submarina llamado Humboldt que unirá a la región desde Chile con Asia y Australia, tema del cual se habló en la reunión entre ambos mandatarios.

Paraguay fue otra parada en la gira regional de Piñera que incluyó a Uruguay a principios de esta semana y a Colombia la semana pasada cuando discutió con el presidente Iván Duque el fortalecimiento de la Alianza del Pacífico y Prosur, así como las medidas contra la pandemia del coronavirus.

Cabe recordar que hace poco, el saliente presidente de Chile, anunció la intención de su país de apropiarse de un sector de la plataforma continental Argentina, reviviendo las tensiones entre los países que habían sido selladas con el acuerdo de paz de 1984.

Piñera, que termina su mandato en marzo próximo, pretende reclamar ante la ONU una supuesta soberanía chilena sobre un territorio de 5.000 kilómetros cuadrados, la llamada medialuna, que Argentina incluye en su plataforma y de un sector del espacio marítimo que forma parte del Patrimonio Común de la Humanidad de conformidad con la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

Del otro lado de la frontera, el planteo de Alberto Fernández es bien claro, para la Argentina preservar la unidad del bloque regional es una política de Estado y está dispuesto a todo, incluso a negociar con Brasil para que Uruguay no termine siendo un nuevo “Brexit”. (Como sería el nombre de Uruguay? Urubye pensé yo, cual le pondrías vos?)

La relación entre ambos países está golpeada en el plano político por las diferencias ideológicas pero la balanza comercial está mejor que nunca, de hecho las exportaciones argentinas a Brasil alcanzaron su mejor número de los últimos 3 años en agosto y teniendo en cuenta que las relaciones en términos políticos pueden cambiar el año próximo con las elecciones presidenciales de 2022, no parece estar todo perdido para el bloque del Mercosur.

Otra noticia que estoy siguiendo de cerca es la posible caída del gigante inmobiliario chino Evergrande. En la actualidad, el grupo inmobiliario lleva años de préstamos para financiar el rápido crecimiento que tuvo con el boom inmobiliario de las décadas pasadas. Esto le está costando nada más y nada menos que más de 300 mil millones de dólares de pasivos, lo que hoy hace peligrar su existencia.

¿Por qué nos importa esto? Porque afectaría directamente las economías de Chile, Perú y Brasil, todos aliados claves de Argentina en la región y cómo sabemos, si alguien estornuda en China, la mitad del mundo se resfría.

Veamos rápidamente.

Chile es un gran exportador de cobre y de hierro, Perú también exporta cobre, y Brasil es uno de los mayores productores de hierro a nivel mundial. Estas son sin duda las economías que estarían más expuestas, ya que ambos materiales se utilizan para la construcción en China.

En Brasil preocupa especialmente porque China es el principal comprador de hierro. Las exportaciones brasileñas están más diversificadas, cabe aclarar. Además del hierro, la soja y el petróleo crudo también juegan un papel importante en las exportaciones, pero en 2020 China fue el destino de aproximadamente el 32,5% de todas las exportaciones brasileñas, lo cual una desaceleración podría causarle mucho daño. En cambio, en Chile y Perú, el cobre representa la mayor parte de sus exportaciones, casi un 30% de su PBI. 

Entonces, los 3 países (sin contar a Argentina) que probablemente más inestabilidad económica, política y social están sobrellevando en estos momentos, podrían verse afectados? Si, definitivamente Latinoamérica está embrujada.

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El acuerdo entre Uruguay y China empaña la recuperación del Mercosur

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Si bien las relaciones entre Uruguay y China fueron tardías si se observa a sus países vecinos como Argentina o Brasil (salvo la excepción de Paraguay que aún reconoce a Taiwán) esto no ha sido un impedimento para que actualmente las mismas se encuentren en una etapa cuasi-óptima, en las dimensiones tanto política, económica-comercial, como de cooperación.

Ello se debe a que desde comienzos de este siglo aumentó exponencialmente el contacto bilateral: primero fue el comercio, China es el primer socio comercial de Uruguay desde 2012. China hoy es el principal destino de las exportaciones uruguayas y es clave para la recuperación económica post pandémica. En los primeros ocho meses del año, las ventas sumaron US $1.568 millones, un 63% más que en el mismo período de 2020. El principal producto de exportación fue la carne vacuna, que creció 205% y representó el 60% de las exportaciones totales de Uruguay, según un informe de Uruguay XXI emitido la semana pasada. El mes pasado, las exportaciones a China ascendieron a US $233 millones, lo que significó un crecimiento del 52% respecto al mismo mes de 2020; motivo de gran parte del desarrollo de sectores alternativos, como el sojero y el de la celulosa, sumado a una balanza comercial equilibrada desde hace al menos tres años; luego la cooperación comenzó a aumentar hasta consolidarse; y posteriormente el acercamiento político entre ambos.

Este último se centró en tres temas claves y que todos ellos de una u otra forma repercuten en el entorno: la propuesta de un tratado de libre comercio (TLC),  una asociación estratégica (2016) y la firma del Memorando de Entendimiento sobre la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés) en 2018 al cual también adhirieron Bolivia, Chile y Ecuador y más tarde, se sumaría Perú en 2019.

Cabe destacar que aunque China es el principal socio económico de las dos economías más desarrolladas de la región -Argentina y Brasil- éstos aún no avanzaron en negociaciones para entrar al proyecto de la Franja y la Ruta.

Este nuevo acuerdo entre China y Uruguay le está trayendo más de un dolor de cabeza al gobierno de Argentina, que hace unos meses le cedió la presidencia del bloque del Mercosur a Brasil. Bolsonaro en la conferencia de traspaso de mando declaró “no podemos dejar que el Mercosur siga siendo un sinónimo de ineficiencia y desperdicio de oportunidades”, sumando aún más tensiones entre los dos países.

Hay que recordar que el 26 de marzo, en un encuentro virtual al cumplirse 30 años de la fundación del bloque, Lacalle Pou había dicho que el Mercosur “no puede ser un lastre” que impida el avance comercial de su país, a lo que Fernández contestó que, si Argentina era considerado un lastre, “que tomen otro barco”. Lacalle Pou anunció en julio que su Gobierno buscaría acuerdos comerciales bilaterales por fuera del Mercosur, pese a una decisión adoptada en el año 2000 por la que los socios del bloque acordaron contar con la anuencia de sus contrapartes para sellar negociaciones con terceros países.

Esta última semana, se designó a la comitiva encargada de profundizar las temáticas del acuerdo dijo el canciller uruguayo Bustillo y parece que todo avanza viento en popa. 

Mientras tanto, Chile y Paraguay se acercan cada vez más luego de la visita oficial de Piñera a Asunción. Tras reunirse con su colega paraguayo Mario Abdo Benítez, ambos mandatarios comparecieron en rueda de prensa para explicar los avances logrados durante las conversaciones.

Abdo dijo que los dos gobiernos trabajarán por el bien de la economía de Paraguay y Chile y que las relaciones bilaterales “se han convertido en un activo estratégico”. Añadió que espera que se pueda firmar un Tratado de Libre Comercio en breve.

Ambos mandatarios también abordaron la conectividad, en particular el Corredor Vial Bioceánico, que “permitirá a Paraguay ser un socio estratégico para acceder al mercado de una manera más competitiva para la producción de la región”, señaló Abdo. Esta iniciativa es clave para mantener al bloque regional unido, ya que participan de este megaproyecto Argentina, Chile, Brasil y Paraguay.

Por otro lado, para potenciar el desarrollo económico de la región y encontrar nuevos mercados en Asia-Pacífico, se está llevando adelante el programa “Puerta Digital Asia-Sudamérica” a través de la construcción del cable de conectividad submarina llamado Humboldt que unirá a la región desde Chile con Asia y Australia, tema del cual se habló en la reunión entre ambos mandatarios.

Paraguay fue otra parada en la gira regional de Piñera que incluyó a Uruguay a principios de esta semana y a Colombia la semana pasada cuando discutió con el presidente Iván Duque el fortalecimiento de la Alianza del Pacífico y Prosur, así como las medidas contra la pandemia del coronavirus.

Cabe recordar que hace un mes, el saliente presidente de Chile, Sebastián Piñera, anunció la intención de su país de apropiarse de un sector de la plataforma continental Argentina, reviviendo las tensiones entre los países que habían sido selladas con el acuerdo de paz de 1984.

Piñera, que termina su mandato en marzo próximo, pretende reclamar ante la ONU una supuesta soberanía chilena sobre un territorio de 5.000 kilómetros cuadrados, la llamada medialuna, que Argentina incluye en su plataforma y de un sector del espacio marítimo que forma parte del Patrimonio Común de la Humanidad de conformidad con la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

Del otro lado de la frontera, luego del terremoto político que desataron los resultados de las elecciones legislativas en Argentina, el canciller Santiago Cafiero se reunió de manera virtual con el canciller brasileño, en un intento de calmar las aguas con el país vecino tras los dichos de Guedes -el ministro de economía- sobre la reducción de aranceles para potenciar el desarrollo económico del bloque (del cual hoy poseen la presidencia pro tempore) y avanzar sobre la idea de permitir a los Estados miembros negociar acuerdos de libre comercio con otros países o bloques de manera aislada (haciendo una clara referencia a la situación incómoda en la cual se encuentra actualmente Uruguay).

La posición del nuevo ministro de Relaciones Exteriores en coordinación con lo que plantea Alberto Fernández es bien clara: para la Argentina preservar la unidad del bloque regional es una política de Estado.

La relación entre ambos países está golpeada en el plano político por las diferencias ideológicas pero la balanza comercial está mejor que nunca, de hecho las exportaciones argentinas a Brasil alcanzaron su mejor número de los últimos 3 años en agosto y teniendo en cuenta que las relaciones en términos políticos pueden cambiar el año próximo con las elecciones presidenciales de 2022, no parece estar todo perdido para el bloque del Mercosur.

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¿Qué está pasando en el mar de China Meridional?

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Te invito a dar una vuelta por el mar de China Meridional. Los ojos del mundo están en Afganistán pero la verdadera pelea es AHÍ y no veo a los analistas hablando de esto.

Hace algunos días, la vicepresidenta estadounidense Kamala Harris visitó Singapur y Vietnam para intentar impulsar las alianzas de Estados Unidos, cuando China le disputa la influencia política y la dominación naval en la región indopacífica, un área a la cual le vengo prestando atención muy de cerca. Algo te conté en esta edición.

Durante su gira, la vicepresidenta acusó en varias ocasiones a las autoridades chinas de intimidar a sus países vecinos. Pekín respondió con reproches similares sobre la actitud de Washington en Afganistán.

Para empezar a adentrarnos en este conflicto del cual hace mucho quiero escribir al respecto, te dejo este mapa que robé (no me denuncies porfi).

Para que quede claro la dimensión y la importancia que esto toma para el resto del planeta, te lo pongo en números claros y concisos:

  • $3,37 TRILLONES de dólares es el comercio total que pasa por el Mar de China Meridional (números actualizado al 2016)
  • 40% del comercio mundial de gas natural licuado transitó por el Mar de China Meridional en 2017.

¿Qué es lo que se disputa entonces? Absolutamente todo. Desde territorio marítimo hasta el control de recursos naturales claves para los desafíos de desarrollo económico que requiere el mundo que se viene.

Vamos de a poco.

¿Quiénes son los actores? Malasia, Brunei, Vietnam (Mar Oriental), Filipinas (Mar Occidental), y China (Mar Meridional).

China es quien reclama la mayor parte, en el área que se conoce como la línea de los 9 puntos y que incluye las islas de Spratly y Paracelso, que cuentan con bases navales. Sostiene que, según el derecho internacional, los militares extranjeros no pueden llevar a cabo actividades de recopilación de inteligencia, como vuelos de reconocimiento, en su zona económica exclusiva (ZEE). 

El gigante asiático creó islas artificiales y cuenta con población instalada en esos archipiélagos. Es decir, están aumentando físicamente el tamaño de las islas o creando nuevas islas por completo. Además de “apilar arena” en los arrecifes existentes, China ha construido puertos, instalaciones militares y pistas de aterrizaje, particularmente en las islas Paracel y Spratly, donde tiene no 1 sino 27 (!) puestos avanzados. China ha militarizado Woody Island mediante el despliegue de aviones de combate, misiles de crucero y un sistema de radar de última tecnología.

Según los Estados Unidos, los países reclamantes, en virtud de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CNUDM), deben tener libertad de navegación a través de las ZEE en el mar y no están obligados a notificar a los reclamantes de actividades militares. 

En julio de 2015, la Corte Permanente de Arbitraje (CPA) de La Haya comenzó una audiencia sobre el caso presentado por Filipinas en contra de China con respecto a sus reivindicaciones en el Mar del Sur de China, un año después, falló a favor de Filipinas y ahí se empezó a pudrir todo. 

¿Por qué? Porque desde entonces China se niega a aceptar la autoridad del tribunal.

Como no podía ser de otra manera, para proteger sus intereses políticos, de “seguridad” y económicos en la región, Estados Unidos (están en todos lados los gringos, son como Droopy) ha desafiado las asertivas reclamaciones territoriales y los esfuerzos de recuperación de tierras de China mediante la realización de FONOP (“Freedom of Navigation”) y el refuerzo del apoyo a los socios del sudeste asiático. 

También en respuesta a la presencia de China en el territorio en disputa, Japón ha vendido barcos y equipo militar a Filipinas y Vietnam para mejorar su capacidad de seguridad marítima y disuadir la agresión china.

Es decir, Washington ha desplegado al área buques de guerra y si hay buques ya sabemos que significa: quilombo. ¿Por qué? Porque es el tipo de guerra más costoso de sostener y en tiempos de crisis, si EEUU decide poner el foco ahí, es porque realmente vale la pena. 

Y sí. Se estima que el Mar del Sur de China puede contener 105.000 billones de barriles de reservas de hidrocarburos.

Pensa que el crecimiento económico de Beijing, lo ha convertido en el segundo mayor consumidor de petróleo en el mundo y se espera que su demanda de energía pueda aumentar aún más en las próximas décadas. Por esta razón, tener acceso sin oposición a tales reservas de hidrocarburos es fundamental para el futuro de la seguridad energética de ese país.

Este lugar es una zona de amortiguación (buffer zone le dicen en inglés) de la parte continental del sur de Beijing por lo que su control podría crear una “barrera” militar de protección que le permita mitigar cualquier amenaza militar futura.

Así, por ejemplo, un bloqueo comercial -lo más común en estos tiempos- en contra de China sólo podría lograrse a través del control de este espacio marítimo (por eso EEUU y Japón financian el despliegue de barcos/buques filipinos y vietnamitas para que controlen la zona, todo está pensado baby, además de qué pensas que se trató la visita de la VP Kamala Harris ahí en medio de todo el quilombo de Afganistán?).

Ya volveremos a eso, pero vayamos a lo importante. 

¿Qué está haciendo China para protegerse de los “invasores”? 

Gastando TODA la plata que sea necesaria.

  • Modernizar y ampliar su ejército y marina, así como desarrollar y expandir la capacidad de fuerzas paramilitares.
  • Evitar un enfoque multilateral, centrándose en la negociación bilateral y el diálogo en la gestión de los territorios marítimos en disputa, evitando terceros.
  • Haber creado la nine-dash line (o la “línea de los 9 puntos”), como la base histórica de sus reclamos de soberanía en el sur de China, actuando como un medio de coerción a otros países reclamantes.
  • Construir islas artificiales con capacidades estratégicas en la zona en disputa.

Es decir, estamos hablando de que China cambió su enfoque en el último tiempo de su estrategia de despliegue militar pasando de un enfoque continental a uno marítimo. Algo que definitivamente asusta a Washington porque podría convertirse en la potencia naval más fuerte del mundo y ejercer un dominio total de las costas del pacifico para 2030, incluso superando a grandes marines de guerra como la de Rusia o India. Según este informe que en 2018 James Fanell (ex director de inteligencia de la Sexta Flota de EEUU) presentó ante el Congreso de Estados Unidos para exponer el peligro del avance chino.

Oficialmente, Estados Unidos mantiene la “neutralidad” sobre los reclamos de soberanía en el Mar de China Meridional. Pero tiene un interés directo en las disputas por cuatro razones clave…

Primero, obligaciones de defensa mutua con Filipinas en caso de conflicto con un tercero; segundo, su compromiso con el derecho internacional como signatario de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (aunque aún por enraizar); tercero, dependencia del comercio marítimo de la zona para su propia prosperidad económica; y por ultimo, profunda preocupación por los intentos de China de restringir los despliegues navales estadounidenses en aguas asiáticas.

En respuesta, las administraciones de Trump y, ahora, Biden han aumentado la ayuda de seguridad marítima y los simulacros militares con aliados y socios regionales; extendió los despliegues navales a las proximidades de las islas ocupadas por China bajo las llamadas operaciones de “libertad de navegación” y subrayó repetidamente las obligaciones de Beijing de cumplir con el derecho internacional vigente.

Para Washington y las potencias afines, desde los miembros del Quadrilateral Security Dialogue (Quad) desde Japón y Australia hasta la India, así como las potencias europeas de Gran Bretaña, Alemania y Francia, la creciente asertividad de China representa una amenaza directa para la paz y la seguridad regionales, por eso absolutamente TODOS están involucrados.

¿Por qué varios países occidentales están metidos en este conflicto? 

Los países occidentales se resentirían de esa gestión del mar si va en contra de sus antiguas colonias o de los intereses económicos actuales en Asia, como el acceso a las concurridas rutas marítimas de carga.

Pensa que el Reino Unido, por ejemplo, está obligado por sus Acuerdos de Defensa de las Cinco Potencias de 1971 para ayudar a defender el antiguo protectorado de Malasia. Malasia disputa parte de la reclamación china de alrededor del 90% del Mar de China Meridional. El mar se extiende desde Hong Kong al sur hasta la isla de Borneo, acá te dejo otro mapa para que se entienda.

(La antigua colonia francesa Vietnam impugna la reclamación marítima de China, incluidas las Islas Paracel del mar. China controla Paracel hoy en día. Francia todavía mantiene vínculos “culturales” y “económicos” con sus antiguas colonias del Sudeste asiático)

Hay dos áreas principales de preocupación según este informe del Pentágono y los rivales más pequeños de China en la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático). Una es la rápida militarización de China de las disputas, incluso mediante el despliegue de misiles tierra-aire y otras armas avanzadas en islas recuperadas.

Y si hablamos de la ASEAN, tenemos que hablar de Vietnam, uno de los demandantes de las islas en disputa, que asumió la presidencia de dicha asociación en 2020. Durante su mandato, Vietnam podría bloquear el progreso de las negociaciones sobre el establecimiento de un código de conducta marítimo en el Mar de China Meridional, que China ha estado defendiendo, o podría iniciar acciones legales contra China.

Esto puede hacer que se pique todo y por supuesto, cuenta con el apoyo de EEUU y sus aliados para llevarlo adelante.

Ahora te dejo algunas noticias en forma de línea temporal del último mes en las cuales me estoy basando para darte todo el contexto posible de este conflicto MÁS que importante.

  • 30 de Agosto: el miércoles 1 de septiembre entrará en vigencia una regulación que dispuso la Administración de seguridad marítima de China, donde los barcos occidentales tendrán que reportar su nombre, su actividad y cuánto tiempo van a quedarse “bajo territorio chino”.
  • 27 de Agosto: un buque de guerra de EEUU pasó por el estrecho de Taiwan
  • 25 de Agosto: Japón denunció que la presencia china está en aumento
  • 10 de Agosto: Washington declara que el despliegue de china en la zona es peligroso para la seguridad internacional
  • 4 de Agosto: la armada india manda buques de guerra a la zona de conflicto en apoyo a EEUU
  • 2 de Agosto: Alemania (sí, los alemanes también están en esta) envió un buque de guerra para apoyar a las naciones occidentales (a cambio, Washington le enviaba tropas para fortalecer las zonas de influencia rusas en plena escalada por el gasoducto NordStream 2). 
  • 31 de Julio: Gran Bretaña envía portaaviones a la zona de conflicto para detener el avance de China
  • 29 de Julio: China aumentaba la presencia militar en la zona

China insiste en que las actividades de reconocimiento extranjero en su ZEE sin notificación previa y permiso violan sus derechos, y podría comenzar a hacer cumplir esta interpretación. Sin embargo, el ejército de los Estados Unidos necesita continuar llevando a cabo operaciones en el Mar de China Meridional, incluido el reconocimiento, para garantizar su preparación en una serie de contingencias, incluida la defensa de Australia, Japón, Filipinas y Taiwán. 

Las reclamaciones de la ZEE de China podrían obligar a los Estados Unidos a elegir entre continuar las operaciones, arriesgando así una confrontación directa con China, o reducirlas, socavando sus compromisos de alianza.

Muchos socios y aliados de los Estados Unidos, como Japón y Corea del Sur, dependen del acceso sin restricciones al Mar de China Meridional para comerciar con el mundo exterior. Los países del sudeste asiático dependen en gran medida de la pesca en las aguas en disputa, donde se captura más del 12% de los peces del mundo y se emplean más de 3,7 millones de personas. La presencia del ejército estadounidense para estos países significa la “protección” del comercio, por lo tanto, no están dispuestos a perderla.

Un enfrentamiento militar menor entre China y un reclamante podría escalar a un conflicto más grande que involucre a múltiples reclamantes y probablemente a los Estados Unidos si uno de sus aliados militares, como Filipinas, está involucrado. Además, si China establece el control sobre el Mar de China Meridional, podría declarar y hacer cumplir zonas de exclusión militar, lo que interrumpiría u obstruiría las líneas de comunicación internacionales y las cadenas de suministro cruciales.

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China y Rusia: el eje que pone nervioso a Washington tras la caída de Afganistán

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Las principales incógnitas que surgieron a partir de la caída de Kabul en manos del movimiento talibán fueron qué deparará el futuro para la región Asia-Pacifico; las consecuencias para la imagen de Estados Unidos frente a sus aliados; que va a pasar con los refugiados y si realmente es viable un gobierno talibán -con todo lo que ello implica- en pleno siglo XXI.

Para analizar este contexto, consulté al periodista y analista internacional Lucio Garriga Olmo y me dijo lo siguiente.

Durante estos días la administración Biden intentó justificar su apresurada salida al afirmar que la estadía en Afganistán se debió al combate antiterrorista contra Al Qaeda luego del atentado de 2001 y no a la construcción de “una democracia unificada y centralizada”. Esta campaña discursiva encuentra varios flancos débiles.

El primero de ellos sería preguntarse por qué, si efectivamente fue así, no se retiraron en 2011 luego del asesinato del ideólogo de dicho ataque y máximo líder de AQ, Osama Bin Laden, y de la importante desarticulación nacional que la organización terrorista sufría por entonces. 

El segundo es que ingresó en Afganistán por la amenaza de seguridad nacional que representaba la alianza entre los talibanes y AQ, ¿Y ahora? ¿La llegada al poder de los talibanes no representa una amenaza de seguridad nacional? ¿Acaso Washington escucha los cantos de sirenas de los líderes y portavoces terroristas que prometen respetar los derechos de las minorías y no permitir ataques a países vecinos? 

Aunque algunos líderes mundiales piden tiempo para evaluar sus acciones futuras, la primera experiencia del Emirato Islámico de Afganistán, las acciones emprendidas durante estos meses en territorio ya conquistado y la liberación de los presos del Estado Islámico y AQ en las distintas prisiones tomadas no permiten esperar cambios significativos, dice Lucio.

De cara al futuro, Biden anticipó que, si llegara a ser necesario, EEUU desplegará una fuerza antiterrorista focalizada y especializada que le permita “actuar rápida y decisivamente” para acabar con las amenazas. Probablemente lo necesite porque según su secretario de Defensa, Lloyd Austin, un grupo extremista podría representar una amenaza de este tipo en los próximos dos años“.

Después de estas reflexiones, no pude evitar preguntarme lo siguiente…

¿Qué va a pasar con los países vecinos de Afganistán?

Por un lado, hay muchas implicaciones, tanto para Irán como para Pakistán, un país absolutamente clave a la hora de solucionar cualquier situación en el contexto afgano. Incluso para Rusia, que puede tener la creencia de que esta es la revancha por el fracaso que sufrieron precisamente en 1989. Por otro lado, seguro China también ve con buenos ojos el que haya expulsado del país a su gran adversario geopolítico, Estados Unidos.

Pensemos que Moscú insiste en que sus intereses actuales en Afganistán se limitan a garantizar la seguridad de las fronteras de sus aliados en Asia Central, pero sus intenciones últimas no están tan claras y esto preocupa bastante a Washington. A los gringos no les cabe la incertidumbre, menos en un momento de debilidad.

Pese a que el Kremlin declaró a los talibanes como “terroristas” en 2003, Rusia ha organizado en los últimos años rondas de conversaciones con ese grupo y otras fuerzas de oposición, sin incluir a miembros del gobierno afgano.

Los dirigentes de Afganistán, ahora en el exilio, sólo han sido invitados a una conferencia internacional celebrada en Moscú en marzo de este año, en la que también participaron representantes de la llamada “troika ampliada”: Estados Unidos, China, Rusia y Pakistán.

Pero lo que MÁS preocupa en Washington estos días es realmente qué incidencia  puede tener China para seguir expandiendo su abanico de influencia en la región.

China y Afganistán, ¿un solo corazón?

En los últimos años, Beijing ha entrado con cautela en la política afgana y ha estado probando suerte en la diplomacia de la reconciliación. También ha mostrado cierto interés en desarrollar los importantes recursos minerales de Afganistán, incluso en una mina de cobre de propiedad china al sureste de Kabul (acaso pensaste que solo EEUU tiene intereses en los recursos naturales? Inocente palomita).

“Los talibanes esperan la participación de China en la reconstrucción y el desarrollo de Afganistán” dijo Hua Chunying, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, esta semana. Ya desde hace años Pekín había estudiado la opción de extender el Corredor Económico China-Pakistán (CPEC) hasta Afganistán, con la construcción de autopistas (de Kabul a Peshawar), trenes (a Kandahar) y oleoductos.

Y por supuesto, la idea de extender el Corredor Económico China-Pakistán, uno de los primeros proyectos de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, en Afganistán es bien recibida, pero en Pakistán ni te cuento.

Una sólida asociación con Pakistán, que tiene una influencia considerable con los talibanes, mejora las perspectivas de China en Afganistán. Sin embargo, esta evaluación positiva está sujeta a la paz y la estabilidad en Afganistán y a las garantías creíbles de los talibanes sobre su desvinculación de los movimientos islamistas en la inquieta región china de Xinjiang (si te interesa leer que sucede en esa región, te recomiendo esta lectura). Sin embargo, Pekín tiene esperanzas y no sorprende que haya sido uno de los primeros en ofrecer una bienvenida condicional a la toma del poder por los talibanes en Kabul.

¿El error estratégico de EEUU?

Durante 20 años, Washington ha luchado y en su mayoría no ha logrado reducir el nivel general de “terrorismo global” y crear un clima político más “saludable” (desde la mirada occidental) en el mundo musulmán.  Podríamos decir que en el nivel más fundamental, Estados Unidos ha logrado su objetivo estratégico: ha evitado ataques catastróficos en suelo estadounidense -motivo inicial por el cual decidió invadir Afganistán y posteriormente Irak- principalmente volviéndose extremadamente hábil para destruir las “células terroristas” a través del manejo estratégico de información.

Estados Unidos ha pagado un precio demasiado alto por este “éxito”. Sin embargo, ese precio ha caído con el tiempo a medida que Washington ha desarrollado lo que, en conjunto, es un mejor enfoque antiterrorista según este informe del Departamento de Estado. Después de llevar a cabo compromisos militares insosteniblemente costosos en Afganistán e Irak, Estados Unidos no alcanzó al retirarse del Medio Oriente en general demasiado rápido y permitió que resurgieran viejas amenazas. 

Pero desde alrededor de 2014, Washington se ha decidido por un modelo de retirada del campo de batalla y apostó por inversiones particularmente en fuerzas de operaciones especiales y poder aéreo, para apoyar a las fuerzas locales que llevan adelante la mayor parte de los combates. Cuando se combina con herramientas no militares como la cooperación de inteligencia, los esfuerzos para hacer cumplir la ley y la ayuda económica, este enfoque brinda una protección razonablemente buena a un precio razonable. Esto falló en Kabul, un poco te conté sobre esto en el anterior newsletter, sino te dejo este articulo -con traducción automática- al respecto.

¿Alguien quiere pensar en India?

Una de las justificaciones de Biden para poner fin a la intervención militar en Afganistán es la importancia de hacer frente a los nuevos desafíos de una China en ascenso en la región del Indo-Pacífico. Para India, que ve a China como una amenaza mayor que Pakistán, el enfoque de la administración Biden en equilibrar a China es ciertamente bienvenido. 

La convergencia entre los intereses indios y estadounidenses en el Indo-Pacífico creció rápidamente en el último año de la administración Trump y ha continuado en los primeros meses del mandato de Biden. Los ambiciosos planes de la administración Biden para el Diálogo de Seguridad Cuadrilátero -una asociación estratégica conjunta con Australia, India y Japón conocida como el “QUAD”- de la cual hablé en profundidad en este newsletter, han colocado a Nueva Delhi en el primer lugar de la lista de prioridades estratégicas de Washington.

Para empeorar las cosas para la India, está el nuevo papel de Rusia en la región. Nueva Delhi no ha mostrado demasiado entusiasmo por la creciente asociación estratégica de Moscú con Beijing en los últimos años. Esa asociación está adquiriendo ahora una nueva dimensión con la inclinación rusa hacia Pakistán y los talibanes.

Durante los últimos años, Moscú ha enfatizado repetidamente la importancia de involucrar a los talibanes, mientras que Nueva Delhi redobló su apoyo al gobierno electo en Kabul. Moscú también ha mantenido a la India fuera del llamado proceso de la troika. Creada en 2019, la troika para negociar la paz en Afganistán incluía a Estados Unidos, Rusia y China, si querés ver que opina este grupo, te dejo esta declaración del Departamento de Estado de EEUU. (Cabe destacar que ya hicieron un llamado urgente a reunirse, así que pronto tendremos novedades).

Pakistán fue incluido en una troika ampliada este año. Moscú defendió la decisión de mantener fuera a Nueva Delhi argumentando que esta última tenía poca influencia con los talibanes y, por lo tanto, no podría contribuir al proceso de paz. Rusia, al igual que China, ha mantenido abierta su embajada en Kabul desde que colapsó el gobierno de Ghani y está lista para iniciar conversaciones con los talibanes.

El exitoso acercamiento de Rusia a los talibanes en medio del distanciamiento deliberado de India del grupo solo ampliará la brecha en asuntos regionales entre Nueva Delhi y Moscú. Las fisuras entre los dos se han ampliado en los últimos años, sobre todo debido a los crecientes vínculos de la India con Estados Unidos en el contexto de un conflicto cada vez más agudo entre Estados Unidos y Rusia.

(Realmente los aliados estadounidenses están pasándola peor que los médicos en la pandemia).

Repasando, los últimos acontecimientos en Afganistán podrían intensificar las contradicciones entre China y la India, consolidar las relaciones entre India y Estados Unidos y producir una mayor distancia entre India y Rusia, acelerando el ritmo de transformación de las relaciones de las grandes potencias de la India que ya estaba en marcha.

¿Y los refugiados afganos? 

Le pregunté a Lucio y esto fue lo que me dijo.

La toma del poder talibán traerá aparejada la expansión de problemas a los que la comunidad internacional aún hoy no les encuentra soluciones. Por un lado, el aumento de los flujos migratorios hacia los países vecinos, como Irán y Pakistán, y centros de poder occidentales, como Europa, en momentos en los que los discursos de odio y xenofobia crecen considerablemente por todo el continente”.

Ciertamente, según la oficina de la ONU para los refugiados (ACNUR), desde principios de año cerca de 400.000 personas -de las cuales casi el 80% son mujeres y niños- se han visto obligadas a huir de sus hogares y se sumaron al triste número de 2,9 millones de desplazados internos. Ante los pronósticos que anticipan un aumento en el corto y mediano plazo, la comunidad internacional deberá coordinar políticas para atender estas demandas con dos condimentos extras: sus recientes y rotundos fracasos y la pandemia de Covid-19.

Además, Europa se encuentra en un momento de transición política importante, donde está a punto de perder a su líder, Angela Merkel, a quien le dedicamos esta edición del newsletter que te invito a volver a leer. Esto genera un nivel de incertidumbre muy grande, abre varias incógnitas aún sin respuestas.

Algunas voces europeas se han pronunciado en contra de la retirada apresurada de Afganistán y esto generó rispideces en Washington. 

Consulté a Lucio al respecto y me expresó lo siguiente: “¿Qué pasó con “América is back”? se preguntó esta semana el presidente del comité de Defensa del parlamento británico, Tobias Ellwood. La salida desorganizada de Estados Unidos pone en entredicho su política exterior porque abandonó a un aliado ante el fuego terrorista mientras miles de personas le pedían ayuda. En este punto se asemeja más al aislacionismo y nacionalismo trumpista que al multilateralismo prometido. “Espero que “America First” no se haya convertido en “America alone (América solo)”, dijo el presidente del comité de Asuntos Exteriores del parlamento inglés, Tom Tugendhat. 

Muchos países vecinos como Pakistán, India y Turquía son los mayores receptores de refugiados afganos, albergando casi 3 millones de personas.

En el ámbito latinoamericano, Argentina sacó un comunicado conjunto con varios países -incluido Estados Unidos- compartiendo la preocupación por la posible violacion de derechos humanos hacia niñas y mujeres en territorio afgano. 

Por otro lado, Chile, México y Costa Rica se sumaron a la iniciativa internacional de recibir a los refugiados afganos. 

Coincido con el colega analista cuando dice que “ la mala salida de Afganistán llevará, por un lado, a los aliados de Estados Unidos a replantearse sus lazos y sus vínculos al evidenciar que, en última instancia, Washington parece dispuesto a dejar caer a las personas de sus aviones con tal de dejar atrás, como dijo Biden, un asunto que no es de “interés de seguridad nacional””.

Pero… 

¿Cómo se pueden financiar los talibanes si no son reconocidos como un gobierno legítimo?

Droga. Esa es la respuesta según Lucio. “Según la ONU, Afganistán controla el 85% del opio mundial con exportaciones valuadas entre 1.000 y 3.5000 millones de dólares. Además, en 2010 el país se convirtió en el mayor productor mundial de hachís y desde el 2015 produce metanfetaminas. A pesar de que los talibanes han dicho que no se dedicarán a su comercio (lo que iría en contra de su propia historia) los impuestos generados sobre los productores y comerciantes le significaron, según la ONU, ingresos por 640 millones de dólares en 2020”.

Y si, otra no les queda. Pensa que el banco central de Afganistán tenía 9.400 millones de dólares en activos de reserva en abril, según el Fondo Monetario Internacional. Eso equivale a aproximadamente un tercio de la producción económica anual del país.

Estados Unidos no necesitaba ninguna nueva autoridad para congelar las reservas, porque los talibanes ya están sancionados bajo una orden ejecutiva aprobada después de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Mejor prevenir que curar, como dije, a los yankees no les cabe la incertidumbre.

Más allá de las reservas, Estados Unidos también envía aproximadamente 3.000 millones de dólares al año en apoyo al ejército afgano, o aproximadamente el 15% del PBI del país. La financiación solo se puede gastar si el Secretario de Defensa certifica al Congreso que las fuerzas afganas están controladas por un gobierno civil y representativo que está comprometido con la protección de los derechos humanos y los derechos de las mujeres.

Entonces, todo el dinero se encuentra congelado en Nueva York. Los talibanes tendrán que vender droga o abrirse una cuenta en OnlyFans para financiar su nuevo régimen básicamente, cual problemas millennials.

Con esa bella imagen ya en tu mente, me retiro. Si te interesa profundizar un poquito más, ayer escribí este artículo al respecto siendo un poco más optimista respecto al futuro de las relaciones de EEUU con sus aliados.

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Afganistán: los talibanes y la peor pesadilla de Biden

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Los talibanes capturaron el jueves dos importantes ciudades afganas, la segunda y tercera más grande del país después de Kabul, y una capital provincial estratégica, presionando aún más al asediado gobierno apenas unas semanas antes del final de la misión militar estadounidense en Afganistán.

La toma de Kandahar y Herat marca el mayor premio hasta ahora para los talibanes, que han tomado 12 de las 34 capitales provinciales de Afganistán. El domingo, finalmente cayó Kabul.

Mientras tanto, la captura de la ciudad de Ghazni corta una carretera crucial que une la capital afgana, Kabul, con las provincias del sur del país, todo como parte de un “empuje insurgente” unos 20 años después de que las tropas estadounidenses y de la OTAN invadieron y derrocaron al gobierno talibán. ¿Por qué esto es clave? Tomar Ghazni es de importancia estratégica porque aumenta la probabilidad de que los talibanes tomen la capital, Kabul. Si cae la capital, cae el gobierno y esto a Washington no le hace ninguna gracia.

Un informe reciente de las Naciones Unidas muestra que las bajas civiles alcanzan nuevas alturas en mayo de este año y, a medida que se aferran al poder, ese número sólo aumentará.

Respuestas por parte del gobierno de EEUU: ante el aumento de tensión en las últimas horas, Washington anunció que enviará 7.000 soldados para garantizar la evacuación inmediata de todo su cuerpo diplomático.

Acá te dejo un mapa para que veas mejor de qué estoy hablando.

Pero… ¿Quiénes son los talibanes? 

Brevemente, los talibanes surgieron a principios de la década del 90 en el norte de Pakistán tras la retirada de Afganistán de las tropas de la Unión Soviética.

El movimiento, predominantemente pastún (aquellos que poseen antepasados de los antiguos hebreos que se instalaron hace más de 2000 años ahí), apareció por primera vez en seminarios religiosos, en su mayoría pagados con dinero de Arabia Saudita, en los que se predicaba una forma de línea dura del islam sunita. 

Las promesas hechas por los talibanes, en las áreas pastún que se encuentran entre Pakistán y Afganistán, fueron restaurar la paz y la seguridad y hacer cumplir su propia versión austera de la sharia, o ley islámica, una vez en el poder.

Desde el suroeste de Afganistán, los talibanes ampliaron rápidamente su influencia.

En 1995 capturaron la provincia de Herat, fronteriza con Irán, y exactamente un año después capturaron la capital afgana, Kabul, derrocando al régimen del presidente Burhanuddin Rabbani, uno de los padres fundadores de los muyahidines afganos que resistieron la ocupación soviética.

En 1998, los talibanes controlaban casi el 90% de Afganistán (en ese link te dejo un mapa del conflicto a lo largo del tiempo si te copa). Los talibanes fueron derrocados del poder en 2001 (año que cambió la historia de occidente para siempre dicho sea de paso), tras una incursión militar liderada por Estados Unidos, pero poco a poco el grupo islamista ha ido retomando fuerza a lo largo y ancho de Afganistán.

La influencia estadounidense y las negociaciones de paz

Los primeros intentos de iniciar conversaciones de paz entre los talibanes y el gobierno afgano para establecer la paz en Afganistán salieron a la luz durante el mandato de Obama. Aún así, los esfuerzos entre 2011 y 2013 fracasaron. Las conversaciones previstas en Doha, la capital de Qatar, en junio de 2013 fueron canceladas por el presidente Hamid Karzai debido a que los talibanes colgaron el cartel del “Emirato Islámico de Afganistán” y la llamada bandera en la oficina donde se debían llevar a cabo las negociaciones. Tres años después, se realizó una reunión con la participación de Estados Unidos y China y liderada por Pakistán, sin embargo, la reunión de paz Talibán-Kabul en 2016 tampoco tuvo éxito.

Trump, quien asumió el cargo en Estados Unidos al año siguiente, volvió a incluir las conversaciones de paz en Afganistán en la agenda e hizo esfuerzos para iniciar negociaciones entre el gobierno y la organización. El gobierno de Ashraf Ghani, que apoyó esta iniciativa, declaró que estaba dispuesto a negociar con los talibanes sin condiciones previas y también hizo varias promesas a la organización (como el reconocimiento de los talibanes como partido político y la liberación de los elementos talibanes en prisión).

Sin embargo, este paso dado por Ghani no fue recibido con el reconocimiento y la aprobación necesarios por parte de los talibanes; por el contrario, los talibanes volvieron a darle la espalda al gobierno de Kabul y afirmaron que se dirigiría solo a Estados Unidos y no a Ghani.

Los talibanes han abandonado su actitud dura e intransigente desde 2018, aunque de forma limitada. Por lo menos, representantes de los Estados Unidos y los talibanes se reunieron en Doha, por primera vez, para las conversaciones de paz en febrero de 2019. Como resultado de las negociaciones, que se prolongaron durante unos seis meses, se anunció que los Estados Unidos y los talibanes estaban cerca de llegar a un acuerdo.

Sin embargo, este estado de ánimo positivo en agosto de 2019 desapareció en breve. Al mes siguiente, el Representante Especial para la Reconciliación de Afganistán, Zalmay Khalilzad, anunció que se llegó a un acuerdo entre las partes y que se buscaba la aprobación de Trump. Trump declaró que había archivado el acuerdo después de que un soldado estadounidense muriera en el ataque terrorista en Kabul.

Sin embargo, en diciembre de 2019, se reanudaron las conversaciones entre Estados Unidos y los talibanes y, por lo tanto, la idea de que las conversaciones de paz entre Khalilzad y los talibanes habían llegado a su fin fue ganando terreno gradualmente y, por primera vez, se vio que la paz las negociaciones con los talibanes se volvieron tan tangibles.

Se tomaron varias decisiones nuevas sobre temas como la “reducción de la violencia”, la “retirada de las tropas extranjeras del país”, las “negociaciones dentro de Afganistán” y las “garantías antiterroristas” en el marco de las negociaciones del Acuerdo de Paz entre los Estados Unidos y los talibanes. Sin embargo, estas decisiones han traído algunos problemas nuevos a la agenda.

Después de más de un año de negociaciones, los representantes de Estados Unidos y los talibanes firmaron un acuerdo bilateral el 29 de febrero de 2020, acordando dos garantías “interconectadas”: el retiro de todas las fuerzas estadounidenses e internacionales para mayo de 2021, y la acción no especificada de los talibanes para prevenir otros grupos (incluida Al Qaeda) de utilizar suelo afgano para amenazar a Estados Unidos y sus aliados.

En los meses posteriores al acuerdo, varios funcionarios estadounidenses afirmaron que los talibanes no estaban cumpliendo sus compromisos bajo el acuerdo, especialmente con respecto a Al Qaeda (qué sorpresa dijo nadie nunca).

Aunque no hay disposiciones en el acuerdo disponible públicamente que aborde los ataques de los talibanes sobre las fuerzas estadounidenses o afganas, los talibanes supuestamente se comprometieron a no atacar a las fuerzas estadounidenses en los anexos no públicos que acompañan al acuerdo según un informe del Congreso de Estados Unidos.

En la Sección 1217 del FY2021 de la Ley de Autorización de Defensa (NDAA, P.L.116-283) (si, literalmente busqué párrafo por párrafo para darte la mejor info), el Congreso ordenó a la Administración que, entre otros requisitos, presentar dentro de los 90 días posteriores a la promulgación y no menos de cada 120 días después, un informe verificando que los talibanes están cumpliendo sus compromisos en virtud del Acuerdo de febrero de 2020.

Ahora, mientras Estados Unidos se prepara para completar la retirada de sus tropas antes del 11 de septiembre (fecha emblemática dicho sea de paso), tras dos décadas de guerra, los talibanes invaden puestos militares afganos, pueblos y aldeas, e incluso algunas ciudades importantes, avivando temores de que puedan derrocar al gobierno (la peor pesadilla de Biden).

Recapitulando

Los talibanes entraron en conversaciones directas con Estados Unidos en 2018 bajo el gobierno de Trump, y el año pasado ambas partes llegaron a un acuerdo de paz en Doha que comprometía a Estados Unidos a retirarse y a los talibanes a prevenir ataques contra las fuerzas estadounidenses. Es por ello, que el presidente Biden anunció este año la retirada de las tropas estadounidenses. 

Es necesario destacar que el compromiso de los talibanes de reducir la violencia es una promesa hecha únicamente a los propios Estados Unidos, no al gobierno afgano. En este contexto, los talibanes solo prometieron no actuar contra Estados Unidos. De hecho, la declaración oficial de los talibanes es que la cooperación estratégica y de seguridad se hizo solo con los EE.UU y que el compromiso es una promesa hecha solo a los EE.UU y no al gobierno afgano …

En este contexto, a pesar de que han comenzado las negociaciones entre los talibanes y el gobierno afgano, debemos tener en cuenta que un posible conflicto de intereses que pueda ocurrir durante estas negociaciones podría evolucionar rápidamente hacia la violencia (incluso muchos vaticinan una guerra civil que podría durar años, sobre todo si intervienen las principales potencias).

Estados Unidos comenzó a retirar fuerzas antes de que se alcanzara el acuerdo de febrero de 2020 y continuó haciéndolo después, a pesar de las afirmaciones de Estados Unidos de que la violencia de los talibanes y otras acciones eran incompatibles con el acuerdo. El 15 de enero de 2021, el entonces Secretario de Defensa interino Christopher Miller anunció que el número de fuerzas estadounidenses había llegado a 2.500, el nivel más bajo desde 2001, completando una reducción ordenada por el presidente Donald Trump en noviembre de 2020.

¿Por qué el gobierno afgano es tan impotente?

Tras la reducción del número de tropas extranjeras en 2014, aproximadamente de 150.000 soldados a menos de 20.000, la lucha contra los talibanes se llevó a cabo principalmente por vía aérea. Pero los estadounidenses tuvieron cuidado de no transmitir su alta tecnología y sus sofisticados sistemas de guía. El ejército afgano ahora es incapaz de mantener la aviación dejada por los estadounidenses y las capacidades de la fuerza aérea ya están muy reducidas.

El ejército afgano también está sufriendo por las acciones de la coalición, su imagen no es necesariamente buena con la población. En los últimos años, según informes de la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (MANUA en español), la mayoría de las víctimas civiles han muerto por operaciones aéreas de los ejércitos afgano y estadounidense…

¿Y la OTAN? ¿Qué onda?

Un lio todo. Resumidamente, hace poco el secretario de Defensa del Reino Unido, Ben Wallace, acusó a los aliados de la OTAN de negarse a unirse a una coalición militar liderada por Gran Bretaña para apoyar a Afganistán después de la retirada de las fuerzas estadounidenses este año.

Según datos oficiales, hasta mayo de 2021 la OTAN invirtió más de $3,5 mil millones. Ahora, está aumentando el suministro de material militar a Afganistán a medida que la Alianza retira fuerzas del país. Desde principios de este año, la OTAN ha donado suministros y equipo a las fuerzas de seguridad y defensa nacional afganas por un monto aproximado de 72 millones de dólares. Estos incluyen suministros médicos, simuladores de combate de alta tecnología, radiografías de hospitales y equipos especializados para desactivar bombas para combatir el avance talibán.

¿Qué puede pasar entonces si Estados Unidos se retira de Afganistán?

El 14 de abril Biden dijo que retiraría sus tropas el 1 de mayo, pospuso esa fecha al 11 de septiembre, hasta acá todo buenísimo. Sin embargo, el problema no es la fecha sino el hecho de que retirará por completo a todos sus soldados. Si esto sucede, la retirada completa de la presencia estadounidense (anteriormente más de 100.000 y ahora alrededor de 2.500) de la tierra afgana creará una falta de seguridad desde la óptica occidental. 

¿Por qué? Porque aunque la seguridad y la defensa de Afganistán se transmitieron, en la práctica, a las Fuerzas de Seguridad Nacional afganas en 2015, la presencia militar estadounidense ofreció una red de seguridad y sirvió de “disuasión” contra el terrorismo que representa el talibán para Washington. 

En este contexto, aunque en julio Biden anunció en una declaración conjunta con el líder afgano que mantendría el apoyo financiero y los servicios de consultoría/asesoría, es evidente que el apoyo de consultoría e inteligencia no será suficiente para la seguridad y defensa de Afganistán. Mientras tanto, también hay que señalar que el director de la CIA, William Burns, advirtió en abril al Comité de Inteligencia del Senado que la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán debilitaría la capacidad de Estados Unidos para reunir inteligencia y tomar medidas contra amenazas fundamentalistas (al-Qaeda y DAESH según documentos del Capitolio).

Por otro lado, Biden anunció a principios de julio que la misión en Afganistán seguiría en pie hasta el 31 de agosto tras la reticencia de muchos sectores. Para muchos analistas occidentales, como te decía, la retirada de Estados Unidos de Afganistán crearía una brecha de seguridad tan grave que países como Rusia, China e Irán (los bad boys) claramente querrían llenar esta brecha que queda de Estados Unidos en poco tiempo. 

Lo que preocupa a Washington es que China, a través de su aliado Pakistán, probablemente utilizará los bienes raíces de Afganistán y a los talibanes para ganar no sólo influencia, sino hegemonía, en el corazón de Eurasia. India y Estados Unidos intentarían mantener a Pekín bajo control, mientras que Irán, Rusia y el mundo árabe juegan el sangriento juego de la geopolítica mientras que el pueblo de Afganistán seguirá pagando las consecuencias.

Al fin y al cabo Biden, después de anunciar que Estados Unidos se está preparando para una competencia estratégica a largo plazo contra Rusia y China y que ha asignado cientos de miles de millones de dólares para esto, “dejaría” Afganistán a estos dos países que están esperando el momento indicado para lanzar su estrategia? Estados Unidos supuestamente “estaba de vuelta”, no va a dejar pasar esa oportunidad tan fácil.

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