Guillermo Knass

Economista. Magíster en Administración.

El impacto en Misiones de las nuevas retenciones de Alberto Fernández

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El decreto sorpresa del sábado llegó con la novedad de “retenciones recargadas” para el sector exportador. Por medio del decreto 37/19 con fecha de este sábado, el Gobierno subió las retenciones a los productos primarios del campo:

Cómo es la historia:

En septiembre del 2018 Mauricio Macri sacó un decreto reinstaurando las retenciones que había quitado al inicio de su gestión:

El decreto establecía fijar hasta el 31 de diciembre de 2020, un derecho de exportación del doce por ciento (12%) a la exportación para consumo de todas las mercaderías comprendidas en las posiciones arancelarias de la nomenclatura común del Mercosur (NCM).

También establecía que el tope del 12% no podrá exceder de los cuatro pesos por cada Dólar Estadounidense del valor imponible o del precio oficial FOB, según corresponda.

Con lo cual, con un dólar superando los 33,33 pesos, las retenciones llegaban al tope de cuatro pesos. Pero con un dólar a 60 sin tope las retenciones serían de 7,2 pesos por dólar exportado.

El decreto del día de hoy deja sin efecto el límite de cuatro pesos por cada dólar estadounidense con lo que las retenciones serán efectivamente del 12%.

Si bien no figura en el decreto, se sabe que el complejo sojero pasaría a pagar un 30 por ciento de retenciones contra el 24,7% actual y la carne, un 9 % entre otros.

En lo que a Misiones respecta, el decreto incluye a las exportaciones de yerba mate, madera y tabaco.

En trazo grueso, de los 400 millones de dólares exportados en promedio, los productos misioneros tributaban 1.600 millones de pesos. Ahora pagarían el 12% del total, lo que equivale a 2.880 millones de pesos. 

Los fundamentos:

El Código Aduanero faculta al Ejecutivo a aplicar retenciones en los siguientes casos:

: a) asegurar el máximo posible de valor agregado en el país con el fin de obtener un adecuado ingreso para el trabajo nacional;

 b) ejecutar la política monetaria, cambiaria o de comercio exterior; 

c) promover, proteger o conservar las actividades nacionales productivas de bienes o servicios, así como dichos bienes y servicios, los recursos naturales o las especies animales o vegetales; 

d) estabilizar los precios internos a niveles convenientes o mantener un volumen de ofertas adecuado a las necesidades de abastecimiento del mercado interno; y 

e) atender las necesidades de las finanzas públicas.

En el ítem a, b, y c básicamente lo que se busca es por medio de retenciones exportar más elaborados y menos materias primas (si por ejemplo se grava el trigo pero no la harina). 

El ítem d, está dirigido a los bienes salario, como por ejemplo la carne y el trigo que si sube mucho su precio internacional hace subir también el precio interno afectando la mesa de los argentinos, entonces las retenciones bajan el precio interno de los mismos. Y sirve como herramienta de negociación con los exportadores.

Por último el ítem e tiene un fin meramente recaudatorio ……. 

El decreto dice taxativamente:

Que teniendo en cuenta la grave situación por la que atraviesan las finanzas públicas, resulta necesaria la adopción de urgentes medidas de carácter fiscal que permitan atender, al menos parcialmente, las erogaciones presupuestarias con recursos genuinos.

Fuente boletín oficial de la República Argentina

Hace unos días escribimos el pensamiento de el nuevo ministro de economía con respecto a este tema aquí: Tipo de cambio alto, con retenciones que se direccionen al desarrollo económico de los perjudicados para crear y no solo recoger ganadores

Veremos qué pasa con lo recaudado y como harán también ganadores a las economías regionales como la nuestra.

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¿Qué tiene en la cabeza Martín Guzmán, el discípulo de Stiglitz que es ministro de Economía?

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El cargo más esperado en el ámbito nacional será ocupado por el licenciado Martín Guzmán, que tendrá la dura tarea de encender la economía, bajar la inflación, arreglar la deuda y corregir las cuentas fiscales, entre otras minucias.

Con apenas 37 años y sin experiencia en el ámbito político, Guzmán deberá lidiar con una de las inflaciones más altas del mundo, una actividad en caída libre y el desafío de renegociar una pesada deuda cuando asuma como ministro de Economía de Argentina.

Guzmán, que se graduó en la Universidad de La Plata y tiene un doctorado en Brown University, actualmente trabaja como investigador de la Universidad de Columbia, en el equipo del ganador del Premio Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz.

Guzmán no es profesor en la Universidad de Columbia. Es investigador. Cuando completó su doctorado en Brown University, fue contratado por Stiglitz para incorporarse a su equipo y un proyecto sobre resoluciones deudas soberanas. El contrato inicial duró un año pero luego se quedó y escribieron varios libros en coautoría.

“Es alguien a quien en los últimos tiempos he consultado mucho por los problemas que tiene Argentina en materia de deuda”, dijo el viernes el presidente electo de centroizquierda, Alberto Fernández, al confirmar su designación.

Todas las noticias de estos días se enfocan en su opinión sobre la deuda externa y su reprogramación, pero fuera de esto Guzmán es un pensador muy prolífico y reconocido en lo más selecto de la academia internacional. Así que en el presente artículo trataremos (no es tarea fácil reducir un paper científico a columna de opinión) sacar de escritos suyos, lo que piensa de un tema fundamental para salir de esta crisis: El tipo de cambio adecuado que tiene que tener la Argentina.

Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago:

No hay que ir muy lejos para ver ejemplos de académicos brillantes que a la hora de ocupar un cargo ejecutivo terminaron con resultados lamentables: los recientes expresidente y vice del Banco Central; Federico Sturzenegger y Lucas Llach son un ejemplo de esto. 

También recuerdo en un reportaje al ex ministro Surrouille en que un periodista que lo cuestionaba porque no aplicaba cierta medida que había escrito, 

Éste le  contestó: “Quizás usted leyó hace poco lo que yo escribí hace mucho. Esto no desacredita la formación de nadie, pero a veces la coyuntura se torna más compleja de lo que estaba en el papel”.

Vamos a las ideas:

 Sobre el tipo de cambio:

Entre una Convertibilidad y un tipo de cambio alto Guzmán es claramente un defensor del tipo de cambio alto y competitivo como base para el crecimiento. Es obvio, esto en países como el nuestro favorece la rentabilidad de sectores exportadores tradicionales (de materias primas) y el desarrollo de sectores industriales con posibilidades de exportación (economías regionales).

 Esto ocurre en parte porque con el dólar alto los salarios en dólares son bajos, y por ende el costo de los exportadores disminuye; esto incentiva a mayores exportaciones y mayor entrada de dólares al país. La contracara es que el consumo interno (atado a los sueldos bajos en dólares disminuye y por ende perjudica a la producción que no tiene posibilidades de exportar sus bienes, como ahora). 

Pero ante esta paradoja, nuestro flamante ministro entiende que la mejor rentabilidad obtenida por los sectores exportadores no solo depende del trabajo del sector privado (los que producen soja por ejemplo) sino que también es consecuencia de una decisión política para que, mediante un tipo de cambio alto, estos mejoren, y que inevitablemente esta mejora en parte se produce en detrimento de los no exportadores (tanto trabajadores como empresarios orientados al mercado interno) Esto también resulta en una caída de la inversión de los segundos dado que el mercado interno se vuelve menos rentable.

La propuesta: ya la conocemos, gravar con impuestos a la exportación a los sectores tradicionales (entiéndase exportaciones agropecuarias) y en menor medida a sectores industriales que también exportan para volcar esos recursos vía créditos para inversión, educación, investigación y desarrollo para poder generar crecimiento de los sectores que no alcanzan el mercado externo.

Entiéndase que esto no es un castigo a los que exportan soja, dado que su actividad es muy importante para la entrada de divisas al país. Se trata de hacerles compartir su incremento de rentabilidad con los perjudicados, dado que en parte fue la política económica del dólar alto la que les permitió crecer.

Como dice en su paper que no se trate solo de recoger, sino de crear ganadores. 

No es menor el análisis de que el tipo de cambio alto para desarrollar la economía debe ser “estable”: bruscas devaluaciones pueden aumentar las exportaciones de lo que hay, pero nadie va a invertir en el sector exportador si el país devalúa, después congela, después devalúa y después congela el tipo de cambio. Nadie va a invertir en miras al desarrollo de la actividad económica exportadora o no, con un tipo de cambio tan volátil que un día te enriquece y al otro te funde.

Para finalizar no es menor su visión de la balanza de pagos, como por ejemplo es partidario de un fuerte control del ingreso de capitales especulativos que aumentan en épocas de auge económico y huyen profundizando la crisis como nuestra tristemente célebre “bicicleta financiera”. Propone evitar sus efectos y priorizar la inversión extranjera directa que es la que termina en inversión física estable.

En síntesis, tipo de cambio alto y estable: alto para competir y vender, y estable para que las empresas vean un horizonte e inviertan a largo plazo, más control de capitales especulativos.

Reconoce los efectos colaterales de esto y propone un sistema de compensación (no subsidios improductivos ojo, sino no sirve para nada) de los beneficiados a los otros para que se desarrollen también, para crear y no solo recoger ganadores.

Comparación odiosa: Macri tuvo un tipo de cambio totalmente inestable, con atrasos los dos primeros años y bruscos saltos los dos últimos, libre entrada y salida de capitales que terminó en la fuga más monstruosa que haya tenido la Argentina y nos quedamos con la deuda, eliminó las retenciones primero con lo cual no habría recursos para compensar a los sectores castigados, para al final volverlas a poner, no para créditos productivos y desarrollo, sino para pagar las consecuencias del absurdo manejo monetario.

No lo escribió hace mucho, el paper tiene dos años así que no hay excusa y dejo el link (en inglés).

https://www.nber.org/papers/w23868.pdf

Mucha suerte, señor Ministro, para que sus escritos se plasmen en políticas que den los resultados de sus escritos. Recuerde que el mejor equipo de los últimos 50 años también escribió mucho, aplicó poco y nada y así nos fue.

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A encender la economía: ¿cómo están los motores?

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Una de las frases claves de campaña del electo presidente Alberto Fernández es que hay que encender la economía. Ante un cambio de Gobierno que se da en una crisis económica, uno quiere creer que el problema es interno. En este caso sería algo así como: “Macri no supo encender la economía”, entonces esperamos que Fernández si sepa qué perilla tocar y que todo se encienda.

Lamento decir que el generador que termina dando electricidad al foco no siempre depende de la habilidad del dedo del gobernante y me parece útil en estos tiempos de transiciones ahondar sobre estos temas porque si no entendemos el contexto quizás podemos estar equivocados sobre el juicio de valor que hacemos sobre el gobernante:

¿Cuándo es la culpa del gobierno?

Cuando el Estado gasta mal: según un informe del BID al que nos referimos muchas veces, la Argentina tiene un gasto público ineficiente de 7% del PBI (si desea profundizar en el tema puede leer la nota que se encuentra en el siguiente link https://www.economis.com.ar/el-gasto-publico-es-mucho-o-poco/). 

Pero veamos las consecuencias de esto: si se  gasta más de lo que se recauda pueden pasar tres cosas: 

1)- aumentamos los impuestos (no fue el caso de Macri ), 

2)- nos endeudamos y terminamos en default (si fue el caso de Macri) 

o 3)- emitimos dinero (terminamos en inflación)

¿Cuando no es su culpa?

Ya hemos hablado también de lo que pasa cuando Estados Unidos sube la tasa de interés y los capitales huyen del país buscando una mejor rentabilidad por un lado, y la deuda externa se encarece por el otro; esto fue lo que pasó un poco a mediados del 2018 y como consecuencia el dólar de $20 se fue a $40, la inflación se aceleró y los sueldos quedaron atrás.

Lo que veremos hoy son los términos de intercambio, un concepto que tiene una profunda incidencia no solo en la Argentina sino que en todo Latinoamérica. El índice de términos de intercambio mide la capacidad de compra de bienes importados  de un país en base a sus exportaciones. Para ejemplificar: si nosotros exportamos soja y el precio de la soja sube; y somos importadores de celulares y el precio de los celulares baja aquí hay una mejora en los términos de intercambio porque por un lado la soja nos genera más dólares para comprar celulares que encima cuestan menos dólares. 

Existen otras combinaciones que el lector podrá ejercitar para entender cómo funcionan los términos de intercambio; por ejemplo el precio de las exportaciones sube, pero sube más el precio de los productos importados lo que habrá es un “deterioro en los términos de intercambio”.  

Este concepto fue muy estudiado en los 60’ y 70’ dado que se argumentaba que una de las principales causas del subdesarrollo latinoamericano se debía a que los países centrales compraban materia prima con poco valor agregado y nos vendían productos cada vez más elaborados y por ende, con más valor, como resultado de esto nunca nos alcanzarían los dólares que generan las exportaciones y deberíamos recurrir al endeudamiento permanente. 

Cuando China irrumpe en el mundo haciendo aumentar el precio de los alimentos y bajando el precio de la tecnología que le vendía en el mercado internacional, esto se revirtió de una manera asombrosa. A partir de esto, se trata de dejar en claro dos cosas:

  1. Los términos de intercambio son fundamentales para sortear la falta de dólares, y 
  2. No dependen en lo inmediato de algo que pueda hacer el país, sino de los mercados internacionales (el Gobierno sólo puede actuar a largo plazo, haciendo que se agregue más valor a lo que se exporta) .

Veamos algunos datos interesantes de los términos de intercambio Argentino:

Fuente: elaboración propia en base a Diaz Alejandro y Ministerio de Hacienda de la Nación.

La lectura es la siguiente: en el 46 al 49 (primera presidencia de Perón) los términos de intercambio subieron en promedio un 32 % con respecto al periodo 40-45. Esto quiere decir que el poder de compra de lo que exportaba Argentina subió más de un 30% para comprar productos importados (teníamos muchos dólares y la economía estaba mejor). 

En el 73-75 subió un 13%, que en dólares no es poco, y si consideramos el promedio del período Kirchnerista completo fue un 40 % más que el gobierno de la Alianza (tiene que ver con la suba del precio de la soja y la baja de los precios de los productos importados chinos).

No fue magia:

Por supuesto que los términos de intercambio no explican todo. Incluso pueden mejorar en una situación de crisis porque se deja de comprar o se compra productos importados más baratos. 

Sin embargo, esto, que los expertos en economía suelen llamar “la restricción externa”, fue un factor desencadenante de muchas crisis en la historia Argentina.  A esta altura sabemos que lo que necesitamos es generar más dólares, y que hacerlo por vía de las exportaciones es más genuino que hacerlo por vía del endeudamiento y que por eso todos estamos rogando que para esto la historia se repita: cuando asume un Gobierno peronista los términos de intercambio mejoran milagrosamente para la Argentina, y esto es clave para encender la economía.

Dejamos el gráfico desde 1986 hasta la actualidad para que el lector compare cómo se comportaron los términos de intercambio ante cada periodo de auge o crisis Argentina.

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Los primeros cien días de Alberto Fernández

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Alberto Fernández, el recientemente electo presidente de la Argentina, y con menos de un mes para empezar a ejercer el cargo efectivamente aprendió (o debió haber aprendido) en base a la experiencia de Mauricio Macri algunas cosas:

1* Debe ser cierto eso de que lo que no se hace en los primeros 100 días de Gobierno no se hace más.

2* Las políticas graduales para la economía no sirven.

3* Las herencias hay que resolverlas pronto o se agravan más.

A la luz del creciente problema inflacionario que tiene la Argentina, y sabiendo que si esto no se soluciona rápido se puede llevar puesto su Gobierno más temprano que tarde, ha trascendido en los medios que lo primero que intentará hacer es un acuerdo social de precios y salarios.

En qué consiste:

La idea es sencilla (de escribir, no de aplicar, aquí se verá la primera destreza política del gobierno). Consiste en lo siguiente:

El Gobierno llama a los formadores de precios en la Argentina; por ejemplo, de 260 empresas productoras de alimentos 18 tienen el 60 % del mercado.

“Dentro de esto tenemos casos notorios a saber: el 80 % del aceite es de dos empresas, el 75 % de los enlatados una, también el 75 % del azúcar está en manos de una (se omite los nombres porque no estamos para hablar hoy de concentración económica; lo que se quiere mostrar es que los que forman precios en la Argentina son identificables, aunque esto no quiere decir que sean los malos de la película, al menos no siempre…. Pero ese es otro tema)”

También llama a los sindicatos, o mejor dicho a los sindicalistas que los conocemos todos y les dice:

  • “Señores, esto se nos va de las manos, hagamos un pacto por un tiempo de no aumentar los precios y los salarios para cortar la inercia inflacionaria y salimos todos contentos por la recuperación de la confianza y el aumento del consumo”

Obviamente los empresarios plantearán que el aumento del dólar les subió los costos y todavía tienen que aumentar algo para no perder y los sindicatos pedirán algún aumento de sueldo para recuperar lo perdido y ahí sí, fijando pautas de aumentos que quedaron rezagados o decrecientes de acuerdo al contexto echamos a andar el acuerdo y la inflación baja y los sueldos no pierden poder de compra.

¿Se puede o no se puede?

Para contestar esta pregunta vamos a la historia, ya que algo que parece muy tentador, no siempre termina como como esperamos; veamos dos frenos abruptos de la inflación con concertación de precios y salarios:

A) Pacto social de inflación 0 de José Bel Gerbard: año 1974 tercera presidencia de Perón, se hizo el acuerdo, y en un primer tramo la inflación bajó, los salarios crecieron, también el consumo y la actividad económica. Cabe aclarar que el principal objetivo del ministro era también incrementar el salario real y generó fuertes emisiones de dinero a la vez que controlaba los precios. Después de un tiempo vuelve la inflación y al final todo termina en el Rodrigazo. 

¿Qué salió mal? Desde la ortodoxia la crítica es casi obvia, como no se aumentaban los precios aumentaba el consumo de manera forzada, disminuían las exportaciones por el aumento del consumo, y se generó una inflación reprimida que inevitablemente iba a terminar como terminó. Desde la heterodoxia agregan que la crisis de los países petroleros de 1973 pegó fuerte en la Argentina como todo el mundo y eso también hizo insostenible el plan.

B) El plan Austral del gobierno de Alfonsín: También empezó con un acuerdo y congelamiento de precios, pero a diferencia del plan de Gelbard, era mucho más realista. El objetivo era quebrar la inercia inflacionaria, y para hacerlo rápido debía pararse por igual el dólar, los precios y salarios. Cabe destacar que el plan Austral estuvo bien calculado, y esto significa con las cuentas del Estado en equilibrio para evitar la emisión monetaria. Tuvo un éxito rotundo los primeros meses, pero también después de un tiempo terminó en la hiper. 

¿Qué salió mal? Otra vez la ortodoxia diría que controlar precios no sirve, que reprime la inflación y después explota. Tiempo después de arrancar el plan, Estados Unidos subió fuertemente la tasa de interés lo que encarecía el pago de la deuda externa, sumado a la caída del precio del trigo, lo que hacía bajar las retenciones y el ingreso de dólares al país. El cálculo inicial era insostenible ante el nuevo contexto externo y la historia terminó en la hiper. 

Sin embargo en Israel copiaron el plan radical y después de ser constante en los acuerdos lograron bajar la inflación, los pactos de la Moncloa en España también tuvieron éxito en este plano. 

Entonces…

Si el acuerdo es a la Gelbard, o sea con el objetivo de aumentar sueldos sin corregir los problemas de fondo, va a durar poco porque es insostenible, en algún momento empieza la presión sobre el dólar porque se exporta menos y se importa más por el aumento de consumo y la presión del dólar lo hace insostenible.

Si el acuerdo es a la Sourrouille, con el objetivo de frenar la inflación pero con las cuentas tendiendo al equilibrio, y el contexto externo no juega una mala pasada puede comenzar el descenso de la inflación y a partir de ahí ver que todos los sectores incluido salarios crezcan de manera sostenible. 

Enamorarse de los controles de precios y aumentar los sueldos sin corregir el fondo de la cuestión, es una condena al fracaso segura, y se sabe, solo hace falta mirar la historia.

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Por qué perdió Macri

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Cuentan las encuestas y los politólogos que las posibilidades de Macri de ganar las elecciones en el 2015 eran bajas, el resultado fue una sorpresa, independientemente del deseo de cada uno de los Argentinos (obviamente sorpresa agradable para los Macristas y sorpresa desagradable para los Kirchneristas, pero sorpresa al fin).

A medida que iba creciendo en las encuestas y el panorama era más alentador, empezó a hacer anuncios más esperanzadores pero poco analizados seriamente por decirlo de alguna manera. Todo con la intención de acercarse a la victoria pero quizás no tomando conciencia de que podía ganar. Ante esta situación vale recordar un viejo teorema de la democracia Argentina que dice: 

“El grado de responsabilidad de un partido o dirigente político es proporcional a sus posibilidades de acceder al poder” – Raul Baglini diputado nacional año 1986”.

Nunca más vigente el teorema de Baglini para analizar la derrota electoral del actual presidente. 

Incluso dos variantes del citado teorema se ajustan a la perfección:

1 Cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables se vuelven los anuncios políticos; cuanto más cerca más razonables (cualquier similitud con las propuestas de Nicolás del Caño son mera coincidencia)

2 Cuanto más se acerca un político al poder, más se aleja del cumplimiento de sus promesas de campaña.

Analicemos de a una las propuestas:  

“Mi primer compromiso es lograr una Argentina con pobreza cero” (debate electoral del 2015 )

El tema da para mucho y algo lo hemos tratado aquí al menos en las posibilidades de erradicar el hambre en el corto plazo:

Según datos del Banco Mundial la pobreza en el mundo disminuyó desde 1990 en un 1 % por año. Cuando asumió Macri la pobreza se estimó en un 30,1 % según el Cedlas, con bajarla al mismo ritmo que la tasa mundial hubiera quedado en un 26 % o 27 %. 

Creo que nadie tomó en serio el anuncio no por las intenciones de que así sea, si no por lo imposible de cumplirlo, cuando el Banco Mundial está estimando que no va a poder cumplir el objetivo de erradicar la pobreza en el 2030.

Pero un anuncio presidencial genera expectativas, salvo que como dice el teorema “como las probabilidades son bajas puedo hacer anuncios irresponsables” y después vienen los reclamos.

Según un documento del Cippec esto era imposible en cuatro años

Fuente: https://www.cippec.org/publicacion/el-desafio-de-la-pobreza-en-la-argentina/

El gráfico muestra que con un crecimiento sostenido del 5 % ( altisimo ) recién en el 2038 la pobreza podría estar por debajo del 5 %

“La inflación no va a ser un problema en mi gobierno “(varias veces durante la campaña del 2015)

La inflación medida por fuentes creíbles (no Indec) en 2015 estaba en el orden del 25 %. (26,9 % según el gobierno de la ciudad de Buenos Aires).

Como nos centramos en el anuncio y posterior resultado no vamos a explayarnos en el problema en sí del alza de precios; 

Israel tardó 10 años en bajar la inflación del 20 % de 1990 al rango actual que oscila entre 1 % y 3 %; Chile (hoy en la polémica por otros problemas) también bajó con éxito la inflación del 30 % al 3 % pero en 10 años. Sin ir más lejos también lo hizo Paraguay y podemos seguir contando.

Todos tomaron fuertes medidas para equilibrar las cuentas fiscales, dar autonomía al Banco Central y fijar metas de inflación cumplibles; además de lograr pactos sociales entre empresas y sindicatos que se encolumnen en este objetivo.

En Argentina se anunciaron metas…. Y nada más.

 El objetivo de bajar la inflación gradualmente a un 25 % en el 2016, hasta lo que debería haber sido una banda entre un 3,5 % y 6,5 % anual este año termina a riesgo de hiperinflación; pasaron cosas…. puede ser, pero también hubo torpezas imperdonables como fijar metas totalmente incumplibles y, a pesar de la calidad institucional siempre anunciada, realizar la tristemente célebre conferencia de prensa del 28 de diciembre de 2017 donde el Jefe de Gabinete se erigió en experto en política económica y hirió de muerte la credibilidad que tenían los agentes sobre la incipiente autonomía del Banco Central. Cómo terminó la historia es conocida y sufrida por todos.

Explicado con el teorema de Baglini me imagino la primera reunión del presidente con el equipo económico:

  • Che tenemos que cumplir lo de la inflación, como hacemos
  • No se….. fijemos metas, a diez años.
  • Nooooo a cuatro años.
  • Pero no se puede, mira Israel, Chile etc.
  • “Si se puede”, vos metele después vemos.

“Va a venir una lluvia de inversiones” (al inicio de la gestión)

La lluvia nunca vino, el tema no es si no vino porque pasaron cosas, el tema es: ¿Podía venir una lluvia de inversiones?

La inversión extranjera directa (la que va a la economía real no a la bicicleta financiera) es siempre marginal en un país, decía un ex ministro. Los que tienen que invertir son los residentes, por supuesto que es importante y bienvenida sea ya que sus efectos son siempre positivos, pero esperar que los que arriesguen a invertir mayoritariamente sean los extranjeros es simplemente una ingenuidad.

Para crecer a una tasa del 3% anual se necesita una inversión del 20 % del PBI según Miguel Kiguel. Los países de la alianza del Pacífico (que son más propicios para invertir ) reciben en promedio un 3,5 % de inversión extranjera directa como porcentaje del PBI, o sea que el 16,5 % restante la ponen ellos; en el Mercosur la inversión extranjera es en promedio 2,5 % del PBI.

No es el problema que nunca llovió; el problema es que a la vista de los datos del mundo no iba a llover nunca. Y no solo eso, la inversión que estaba en el 19,5 % del PBI en el 2015 pasó a estar en este año según el Indec en el 16,9% del PBI que también cayó.

En el gráfico siguiente queremos mostrar que por más deseos que tengamos, la inversión extranjera no pasa en el mejor de los casos los 4,5 puntos anuales. 

Fuente: http://www.iberglobal.com/files/2018-2/IED-Argentina_Jun18.pdf

El objetivo del gráfico es mostrar que la inversión extranjera directa esta lejos de llegar  al 20 % promedio necesario incluso en países más abiertos ( suma y sirve pero no es determinante).

Resumiendo:

Podríamos seguir con otras medidas erráticas: salir del cepo para luego volver, quitar y volver a poner retenciones, bicicleta financiera etc. pero la idea es ver si lo que se anunció tenía alguna posibilidad, o de entrada era un absurdo.

Si nos toca gobernar en una recesión mundial seguro que la situación argentina no va a ser muy optimista, pero no fue el caso. Podemos culpar de algo y con razón a la situación de Brasil. Pero lo que es imperdonable es hacer anuncios irresponsables sobre temas que si bien el Presidente puede no saber dada su formación; el mejor equipo de los últimos 50 años conocía y conoce bien.

Moraleja:

Cuidado con el teorema de Baglini, puede gustar la propuesta y podés terminar siendo gobierno.

Anexo: 

Metas y resultados de las principales propuestas de gestión

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