Hernan Calogeropulos

De la medicina al mundo emprendedor: Poketo y Ketolandia apuestan por una nueva alimentación en Oberá

Compartí esta noticia !

La médica ginecóloga Silvana Gamarra convirtió una experiencia personal vinculada con la alimentación en dos emprendimientos que hoy generan empleo y suman una nueva propuesta gastronómica a Oberá. Ketolandia nació como panadería saludable y Poketo amplió el concepto hacia la cafetería y los bowls. Ahora, el proyecto familiar comienza a estudiar un próximo paso: desarrollar un modelo de franquicias.

Oberá atraviesa un momento particularmente dinámico en materia comercial. En una ciudad que viene recibiendo nuevas inversiones, ampliaciones y propuestas gastronómicas, también empiezan a ganar terreno emprendimientos que no compiten solamente por precio o ubicación, sino que intentan construir un concepto propio.

En ese escenario nacieron Ketolandia y Poketo, dos proyectos de una misma familia y forjados a partir de una misma idea: ofrecer alternativas para quienes buscan reducir el consumo de harina de trigo, azúcares refinados y productos ultraprocesados.

Detrás de ambos está Silvana Carolina Gamarra, médica ginecóloga desde 2006, formada además en medicina ortomolecular y nutrigenómica. Su ingreso al mundo empresarial no significó abandonar la medicina. En cierta forma, ocurrió exactamente al revés: fue desde su experiencia profesional, sus estudios y, especialmente, su historia personal que comenzó a imaginar el negocio.

“Si yo puedo mejorar, pueden mejorar otras personas”, resume Gamarra al explicar el razonamiento que terminó convirtiéndose en un proyecto comercial.

El primer paso fue Ketolandia, que abrió sus puertas en noviembre de 2024. La propuesta fue desarrollar una panadería diferente de la tradicional. Allí no se utiliza harina de trigo y las recetas incorporan alternativas como harina de almendras, coco o garbanzos. Tampoco trabajan con azúcar de mesa, sino que recurren, según cada producto, a stevia, eritritol o frutas.

La premisa es sencilla pero ambiciosa: conservar una costumbre profundamente argentina -comer pan, medialunas, tortas y otros productos de bollería- modificando los ingredientes con los cuales se elaboran.

El catálogo fue creciendo. Hoy incluye panes de molde y de campo, ciabattas, medialunas, productos de repostería y otras variedades. También desarrollaron alfajores con diferentes rellenos y una línea propia de helados en palito denominada Sin Cero, elaborada bajo el mismo concepto de reducción de azúcares.

Las mermeladas, el dulce de batata y el membrillo son elaborados en la propia panadería. Según explica Gamarra, tampoco utilizan conservantes ni colorantes y privilegian materias grasas como el aceite de oliva, aceite de coco y, dependiendo de las recetas, manteca.

Pero Ketolandia no nació de un estudio de mercado convencional. Nació de una historia.

Gamarra cuenta que durante buena parte de su vida convivió con distintos malestares y que, con el tiempo, identificó una intolerancia al gluten, aunque aclara que no es celíaca.

A partir de allí comenzó a modificar su alimentación, investigó alternativas y realizó distintas formaciones, incluso en España, relacionadas con dieta cetogénica y nutrición.

Esa búsqueda personal fue transformándose paulatinamente en otra cosa. “Se me abrió un panorama y un nuevo estilo de vida”, recuerda.

La experiencia también estuvo atravesada por la historia de su padre, quien padecía diabetes e hipertensión y sufrió un accidente cerebrovascular antes de fallecer. Aquello terminó convirtiéndose en uno de los motores emocionales del proyecto.

Gamarra comenzó a preguntarse por qué una persona que debía restringir determinados alimentos encontraba tan pocas alternativas cuando quería comprar algo tan cotidiano como una medialuna, un panificado o una torta.

De esa pregunta surgió una oportunidad. No se trataba de decirle al consumidor qué debía comer, sino de darle la posibilidad de elegir.

“Por lo menos que exista la opción que en su momento yo me planteaba que mi papá no tenía”, explica.

Esa combinación entre experiencia personal, formación profesional y demanda insatisfecha fue la semilla de Ketolandia.

La recepción del mercado terminó empujando el segundo paso. Ketolandia comenzó a recibir clientes de Oberá y de localidades cercanas, entre ellos personas con diferentes restricciones alimentarias o consumidores que simplemente habían decidido modificar algunos hábitos.

A partir de esa demanda, la familia detectó que había espacio para ampliar el concepto. Así nació Poketo, que abrió sus puertas en julio de 2026. Esta vez la apuesta fue más allá de una panadería.

Poketo incorpora una cafetería saludable. El cliente puede armar su propio bowl seleccionando carnes, vegetales, semillas y toppings, con la intención de resolver una comida completa dentro de una rutina cotidiana marcada por el trabajo, la escuela, los horarios y la falta de tiempo.

El concepto apunta precisamente a una de las transformaciones del consumo urbano: existe un público que quiere comer de determinada manera, pero que no siempre dispone del tiempo necesario para preparar esos alimentos.

Poketo intenta ocupar ese espacio. La cafetería mantiene la filosofía que dio origen a Ketolandia. Utiliza cacao 100%, distintas bebidas elaboradas a partir de ingredientes como remolacha y zanahoria y alternativas que buscan evitar azúcares refinados.

Dos conceptos, una misma dirección

Los dos emprendimientos funcionan uno junto al otro, en Jujuy 394, Oberá. Ketolandia ocupa el local A y Poketo el local B. Sin embargo, cada espacio fue diseñado con una identidad diferente.

En la panadería, los productos están exhibidos en canastas sobre una mesa central. El cliente elige personalmente las piezas que quiere comprar, se pesan y finalmente se determina el precio. La inspiración surgió de una panadería que Gamarra conoció durante uno de sus viajes. 

Poketo, en cambio, fue pensado también como un lugar de permanencia. Cuenta con sillones, mesas para grupos pequeños y una mesa de mayor tamaño destinada a reuniones familiares. Además, incorporaron un pequeño sector literario con libros para adultos y niños.

La intención es que el espacio permita hacer algo que muchas veces parece haber desaparecido de la experiencia gastronómica: quedarse.

Tomar un café, conversar, leer, escuchar música o simplemente reducir por un rato la velocidad de la rutina y el protagonismo del teléfono celular.

Los emprendimientos son también una empresa familiar. Gamarra trabaja junto a su marido, Marcelo, abogado de profesión. Ambos participan activamente de la operación cotidiana y cuentan con empleados tanto en la panadería como en la cafetería.

De ese modo, dos profesionales provenientes de actividades completamente diferentes terminaron construyendo una nueva unidad económica y generando puestos de trabajo alrededor de una idea que inicialmente había surgido dentro de su propia casa.

La familia, de hecho, fue el primer laboratorio del proyecto. Gamarra recuerda que uno de sus objetivos era que su hijo, hoy de 12 años, pudiera incorporar determinados hábitos no como una imposición sino entendiendo las razones detrás de cada elección.

El cambio comenzó en la mesa familiar y después saltó al mercado. “Mi esposo es abogado, yo soy médica”, señala al describir un recorrido empresarial que no había comenzado originalmente en el mundo gastronómico.

La historia de Poketo y Ketolandia se inserta además en un proceso más amplio.

Oberá viene mostrando en los últimos años una creciente dinámica de inversiones comerciales y gastronómicas. Nuevas marcas, ampliaciones, emprendimientos locales y conceptos diferentes están modificando gradualmente la oferta de la ciudad y reforzando su condición de centro económico de la zona Centro de Misiones.

En ese mapa, los emprendimientos de Gamarra aportan una característica particular: la especialización.

Esa diferenciación puede ser, precisamente, una de las claves para competir en mercados urbanos donde la oferta gastronómica es cada vez mayor. Y el proyecto ya empieza a mirar más allá de Oberá. El crecimiento despertó consultas para replicar el modelo en otras localidades.

Gamarra confirma que ya recibieron pedidos para desarrollar franquicias y que la familia está trabajando sobre esa posibilidad. El desafío no es menor.

Una de las fortalezas del producto -la ausencia de conservantes- también representa una dificultad logística. Algunos panificados tienen una ventana de entre 24 y 48 horas antes de necesitar congelación, lo que obliga a diseñar cuidadosamente cualquier eventual esquema de producción, almacenamiento y distribución. “Es una logística bastante compleja, pero no imposible”, reconoce.

Por eso, antes de expandirse, buscan terminar de ajustar los procesos. El objetivo, sin embargo, está definido.

El propósito a largo plazo sí es una franquicia”, asegura Gamarra. Si ese salto finalmente se concreta, Ketolandia habrá recorrido en pocos años un camino significativo: de una necesidad personal a una panadería; de la panadería a una cafetería; de un emprendimiento familiar a una marca con potencial para replicarse fuera de Oberá.

Es también una pequeña postal de la transformación empresarial que atraviesa la ciudad. Silvana Gamarra resume la filosofía detrás de su apuesta con una frase que, además de explicar su relación con la alimentación, permite entender la lógica con la que decidió emprender: “La salud y la alimentación son una inversión y no un gasto”.

Compartí esta noticia !

De tanques de aceite de oliva a la élite del vino mundial: la historia de Durigutti Family Winemakers

Compartí esta noticia !

Hay historias que explican por qué una botella puede contener mucho más que vino. Puede guardar sacrificios familiares, intuición, paciencia y una forma de entender la tierra. La de Durigutti Family Winemakers es una de ellas.

Hoy, sus etiquetas integran las listas de las mejores bodegas del planeta y su restaurante figura entre los recomendados por la Guía Michelin. Pero el origen de este proyecto está muy lejos del glamour de la alta gastronomía y los grandes concursos internacionales. Comenzó con dos tanques destinados originalmente a almacenar aceite de oliva, un puñado de ahorros y la convicción de dos hermanos de que era posible construir una bodega propia.

A los 21 años, Mateo Durigutti representa la segunda generación de una familia que transformó el trabajo de cosecha en un proyecto vitivinícola de prestigio internacional. Para él, el vino no es simplemente una industria: es el relato de su familia.

“Somos la primera generación haciendo vinos”, resume. No hubo apellidos históricos ligados a la vitivinicultura ni grandes extensiones heredadas. Su abuela Victoria era ama de casa; su abuelo, camionero en Rivadavia, Mendoza. Durante las vendimias de las décadas del 80 y 90, ella trabajaba como cosechadora para complementar los ingresos familiares, acompañada muchas veces por sus hijos, Héctor y Pablo, que crecieron entre viñas.

La muerte temprana del abuelo obligó a Héctor Durigutti a incorporarse a una bodega local con apenas 18 años para sostener económicamente a la familia. Aquella responsabilidad cambió sus planes: dejó atrás el sueño de estudiar Ingeniería Agronómica y optó por cursar Enología en horario nocturno. Poco después, su hermano Pablo siguió exactamente el mismo camino.

El nacimiento de una bodega

Tras años asesorando bodegas de distintas regiones -llegaron a trabajar simultáneamente con 17 establecimientos durante el boom del Malbec-, la crisis argentina de 2001 terminó convirtiéndose en una oportunidad.

Recién regresado de Italia, Héctor tomó una decisión que cambiaría la historia familiar.

“No quiero trabajar para nadie más. Quiero empezar algo propio”.

Con apenas 10.000 euros de ahorro, los hermanos compraron dos tanques de acero inoxidable fabricados para aceite de oliva, los adaptaron para elaborar vino y comenzaron a trabajar en un espacio prestado por un antiguo profesor universitario.

En 2002 nacieron las primeras 3.000 botellas de Durigutti Familia.

La consolidación internacional llegó apenas dos años después gracias a una casualidad.

Un periodista de la prestigiosa revista Wine Spectator coincidió con Héctor Durigutti durante una recorrida por Mendoza. Lo encontró, sorprendentemente, asesorando tres bodegas diferentes en días consecutivos. Intrigado por aquella historia, decidió conocer más sobre ese pequeño proyecto familiar.

El resultado fue una portada que cambiaría para siempre el destino de la bodega.

En noviembre de 2004, Durigutti Family Winemakers fue incluida entre las diez bodegas familiares con mayor proyección de Argentina.

“Ahí empezó nuestro primer happy problem“, recuerda Mateo entre risas. “Los importadores empezaron a buscarnos.”

En 2007 llegó otra decisión poco habitual para una industria acostumbrada a acelerar lanzamientos.

Los Durigutti compraron cinco hectáreas en Las Compuertas, Luján de Cuyo, pero no elaboraron inmediatamente un vino con ese origen. Esperaron y durante una década estudiaron cada rincón del viñedo.

Analizaron la composición del suelo, la disponibilidad hídrica, la influencia del clima y la diversidad geológica formada por miles de años de sedimentos provenientes del deshielo andino. El resultado fue revelador.

En una superficie relativamente pequeña identificaron cinco tipos de suelo completamente diferentes, cada uno con necesidades particulares de riego, manejo y momento de cosecha. Ese descubrimiento redefinió la filosofía de la bodega.

“Antes hacíamos vinos mirando al consumidor. Hoy hacemos vinos mirando a la montaña”, sintetiza Mateo. Así nació Proyecto Las Compuertas, una línea elaborada sin madera, fermentada en huevos de cemento y concebida para expresar con la mayor pureza posible el carácter del terroir. Todos los viñedos cuentan además con certificación orgánica.

Una producción donde la calidad marca el ritmo

Actualmente, Durigutti Family Winemakers produce entre 500.000 y 550.000 litros anuales, equivalentes a unas 600.000 botellas.

De ese volumen, unas 45.000 botellas provienen exclusivamente de sus 45 hectáreas propias en Las Compuertas. El resto se elabora con uvas adquiridas a pequeños productores mendocinos, manteniendo relaciones de largo plazo que fortalecen la producción regional.

El negocio también refleja un equilibrio poco frecuente: aproximadamente la mitad de la producción se destina al mercado argentino y la otra mitad se exporta, con Estados Unidos como principal destino internacional.

El reconocimiento internacional no tardó en reflejarse en los rankings especializados. En los prestigiosos World’s Best Vineyards, Durigutti Family Winemakers mostró una evolución constante: fue 13ª en 2023, alcanzó el 10º lugar en 2024 -la mejor ubicación lograda por una bodega argentina ese año- y se mantuvo entre la élite mundial con el 11º puesto en 2025.

En 2022 la familia inauguró Cinco Suelos Cocina de Finca, un restaurante comandado por la chef Patricia Courtois que rápidamente comenzó a recibir nominaciones consecutivas de la Guía Michelin.

Rodeado por los viñedos y diseñado con una arquitectura completamente vidriada, el espacio propone una cocina de kilómetro cero basada en productos de la huerta orgánica, ingredientes de productores cercanos y recetas inspiradas en la tradición familiar de la abuela Victoria.

La experiencia se completa con dos propuestas de alojamiento rural: Casa Victoria, que homenajea a la matriarca de la familia, y Casa del Viticultor, donde los visitantes pueden vivir el ritmo cotidiano del viñedo.

Aunque el Malbec continúa siendo el gran embajador argentino en el mundo, Mateo Durigutti observa el futuro desde otra perspectiva. Su entusiasmo está puesto en las variedades criollas.

“A mí hoy me entusiasman mucho las criollas. Argentina es conocida por el Malbec, pero el Malbec nació en Francia. Las criollas, en cambio, representan algo verdaderamente nuestro. Ahí veo un diferencial enorme para el futuro”.

No existe un mandato familiar que obligue a continuar el legado. Héctor y Pablo siempre dejaron en claro que cada integrante debía elegir su propio camino.

Sin embargo, Mateo encontró naturalmente el suyo. Ingresó al área comercial de la bodega apenas cumplió los 18 años y hoy imagina una vida ligada al vino, aunque con un sueño adicional: desarrollar algún día un proyecto gastronómico propio. Porque en Durigutti Family Winemakers el vino nunca fue solamente una bebida. Es la forma que encontró una familia para convertir el trabajo, la memoria y el paisaje mendocino en una identidad reconocida en todo el mundo.

Compartí esta noticia !

La galería Bencivenga abrirá en noviembre con casi todos sus locales ocupados

Compartí esta noticia !

Hay proyectos comerciales que se inauguran cuando terminan las obras. Otros comienzan mucho antes, cuando el mercado responde incluso antes de levantar las persianas. Ese parece ser el caso de la nueva Galería Comercial Bencivenga, que este jueves realizó su prelanzamiento en Posadas con una noticia que sorprendió incluso a sus impulsores: prácticamente la totalidad de los locales ya tiene destino.

La inauguración oficial está prevista para noviembre, pero el emprendimiento ya transita otra etapa. Los futuros comerciantes comenzaron a tomar medidas, diseñar sus espacios y planificar la apertura de sus negocios, mientras la empresa ya proyecta una segunda expansión.

“Hoy hicimos esta preinauguración para mostrarle al público y a la prensa lo que se viene. Pero también para celebrar que el proyecto prácticamente ya está realizado desde el punto de vista comercial”, resumió Lici Dallabrida, una de las responsables del desarrollo.

La respuesta del mercado fue mucho más veloz de lo esperado. Hace apenas unas semanas todavía existían locales disponibles. Hoy la realidad es completamente distinta.

“Estamos con el 95% alquilado y prácticamente todo señado y pagado. Ya estamos trabajando contrarreloj porque los comerciantes comenzaron a ingresar para hacer sus propios diseños interiores”, explicó.

La velocidad de comercialización sorprendió incluso a la desarrolladora. Según recordó Dallabrida, la difusión inicial del proyecto generó un impacto inmediato.

“En apenas 24 horas superamos las 100.000 visualizaciones y enseguida alcanzamos el 50% de ocupación. A partir de ahí fue un efecto en cadena hasta llegar prácticamente al total de los espacios comprometidos”.

Ese ritmo refleja un fenómeno que viene consolidándose en Posadas: la creciente demanda de espacios comerciales modernos, con servicios integrados y propuestas que trascienden el concepto tradicional de galería.

Mucho más que un paseo de compras

La propuesta de Bencivenga apunta a construir un ecosistema comercial donde convivan rubros diversos y experiencias para el público.

La oferta ya confirmada incluye cafeterías, panaderías, locales gastronómicos, zapaterías, electrónica, estética, servicios de pago, propuestas vinculadas al diseño, casas especializadas en té, productos naturales y alimentos saludables, entre otros emprendimientos.

Al mismo tiempo siguen llegando consultas para instalar gimnasios, restaurantes y nuevas marcas de indumentaria que, según confirmó la empresaria, deberán esperar la segunda etapa del proyecto.

“Ya estamos armando lista de espera. Muchos de los nuevos interesados ingresarán directamente en la ampliación que vamos a desarrollar detrás de esta primera etapa”, señaló.

Un proyecto que trasciende Posadas

Uno de los datos que más llamó la atención durante el proceso de comercialización es el origen de los inversores y comerciantes.

El interés no quedó circunscripto a Posadas. Se sumaron empresas y emprendedores provenientes de San José, Leandro N. Alem y Bernardo de Irigoyen, además de consultas desde Dionísio Cerqueira, en Brasil.

Incluso aparecieron contactos desde Itajaí y otros puntos del litoral brasileño, además de interesados provenientes de Chile.

La diversidad geográfica confirma el atractivo de Posadas como plaza comercial regional, favorecida por su posición estratégica dentro del Mercosur y por un mercado de consumo que continúa mostrando dinamismo.

Cultura, gastronomía y experiencias

Más que una galería convencional, el proyecto aspira a transformarse en un espacio de permanencia.

La idea es que los visitantes no solo concurran a realizar compras, sino también a compartir actividades, disfrutar de propuestas gastronómicas y participar de eventos culturales.

“Queremos que sea un lugar donde la gente venga a pasear, comer, tomar mate y encontrarse. También vamos a desarrollar una agenda cultural con fuerte presencia de artistas locales”, anticipó Dallabrida.

Ese concepto acompaña una tendencia cada vez más visible en el negocio del retail: los centros comerciales ya no compiten únicamente por la oferta de productos, sino por la calidad de la experiencia que ofrecen.

Durante el encuentro también hubo espacio para mirar hacia adelante.

Dallabrida destacó el protagonismo creciente de Nabila Bencivenga, integrante de la nueva generación de la familia empresaria, quien ya participa activamente en la comunicación del proyecto y se prepara para estudiar Administración.

“Está muy feliz con todo este proceso. Ya comenzó a generar contenidos y quiere formarse para convertirse en una futura CEO de la empresa. Es una forma de honrar el legado familiar y darle continuidad a un proyecto que nació hace muchos años”, afirmó.

La nueva galería comercial representa así un nuevo capítulo para el Grupo Bencivenga, que apuesta por consolidar un espacio de encuentro donde confluyan comercio, servicios, gastronomía y cultura.

Con una ocupación prácticamente total antes de abrir sus puertas y una segunda etapa ya en evaluación, el emprendimiento ofrece una señal concreta sobre el dinamismo que mantiene el mercado inmobiliario comercial de Posadas y sobre la confianza que los inversores siguen depositando en la capital misionera como uno de los polos de negocios más activos del nordeste argentino.

Compartí esta noticia !

Construcciones Flash: el modelo que acelera la arquitectura en Misiones

Compartí esta noticia !

Construir una casa siempre fue sinónimo de tiempo. De meses -a veces años- entre planos, materiales, albañiles y una obra expuesta al clima, a la inflación y a los inevitables imprevistos. Pero ese paradigma empieza a resquebrajarse. En Misiones, una nueva generación de empresas apuesta por un modelo que traslada buena parte del proceso desde el terreno hacia la fábrica, industrializando la construcción de la misma manera en que la industria automotriz revolucionó la fabricación de vehículos.

La tendencia aún es incipiente, pero crece. Ya no se trata solamente del steel frame, un sistema que comenzó a difundirse hace algunos años en el país, sino de estructuras metálicas más robustas, diseñadas digitalmente y fabricadas con precisión antes de llegar al lote. El objetivo es simple: construir mejor, más rápido y con mayor previsibilidad.

Una de las empresas que impulsa este cambio es Construcciones Flash, radicada en Aristóbulo del Valle. En poco más de un año de actividad ya entregó más de diez proyectos y alrededor de 800 metros cuadrados construidos, especializados en viviendas modulares, locales comerciales, quinchos y cabañas destinadas al turismo.

Dennis Steinhorst, responsable del área comercial de Construcciones Flash, sostiene que el sistema representa una evolución respecto del steel frame convencional. “Trabajamos con perfiles de acero plegados de entre 1,8 y 2 milímetros de espesor, mucho más reforzados. Además, al fabricar nosotros mismos las estructuras podemos aplicar tratamientos anticorrosivos incluso en el interior de los perfiles, algo que prolonga su vida útil y mejora el comportamiento frente a la humedad”, explica. Esa ingeniería, agrega, permite ofrecer construcciones modulares destinadas tanto a viviendas familiares como a emprendimientos turísticos, locales comerciales y proyectos transportables para distintas provincias del país.

Dennis Steinhorst

Pero la verdadera ventaja aparece cuando se habla de tiempos.

Mientras una obra convencional puede extenderse durante varios meses, una vivienda modular pequeña puede completarse en apenas diez días hábiles. Incluso proyectos superiores a los 100 metros cuadrados pueden estar terminados en alrededor de dos meses. Esa reducción de plazos también disminuye costos indirectos, reduce la exposición a la inflación de materiales y permite comenzar a utilizar o rentabilizar la inversión mucho antes.

En una provincia donde el turismo continúa expandiéndose y la demanda habitacional sigue siendo elevada, esa velocidad abre nuevas oportunidades. No solo para quienes buscan construir su vivienda, sino también para desarrolladores de complejos turísticos, comercios e inversores que necesitan recuperar capital en menos tiempo.

La velocidad es, según Steinhorst, el principal factor que explica el creciente interés por este tipo de obras. “Una vivienda pequeña puede estar terminada en unos diez días hábiles y una casa de más de cien metros cuadrados demanda alrededor de sesenta días. Es muchísimo más rápido que la construcción tradicional y eso también reduce el costo de mano de obra”, afirma. Pero, asegura, el atractivo no termina allí: “La gente busca una casa que tenga la misma durabilidad que una construcción convencional, pero con menos mantenimiento y con tiempos mucho más cortos”.

La industrialización también cambia la lógica del negocio. Muchas de estas construcciones pueden fabricarse completamente en planta y trasladarse en camión listas para su instalación. Eso permite llegar a distintos puntos del país sin montar grandes equipos de obra, una ventaja que la empresa ya explora con proyectos vinculados al desarrollo de Vaca Muerta y módulos para estaciones de servicio.

Otro aspecto novedoso es el financiamiento. Ante la ausencia de créditos hipotecarios accesibles, algunas constructoras comenzaron a ofrecer planes propios. En este caso, los clientes pueden iniciar un plan de pago mensual y, una vez alcanzado aproximadamente el 50% del valor de la vivienda, comienza la construcción mientras continúan abonando el saldo restante. Las cuotas se actualizan según el índice de la construcción, pero sin los costos financieros habituales del sistema bancario.

Para Steinhorst, el cambio no pasa únicamente por el sistema constructivo, sino también por la manera de acceder a la vivienda. “Hoy mucha gente no puede obtener un crédito hipotecario. Por eso desarrollamos un sistema de financiación propia. El cliente comienza pagando cuotas y, cuando alcanza aproximadamente el cincuenta por ciento del valor de la vivienda, iniciamos la obra. El resto lo sigue abonando ya viviendo en su casa”, explica. Es un esquema que traslada parte del financiamiento desde el sistema bancario hacia la propia empresa y que busca responder a una demanda cada vez más frecuente en el mercado.

Más que una moda, la construcción industrializada parece responder a una necesidad. Frente a un mercado que exige reducir costos, acortar plazos y ofrecer mayor previsibilidad, el modelo gana terreno como una alternativa cada vez más competitiva.

La arquitectura también cambia. Ya no alcanza con diseñar buenos espacios; ahora también importa cómo se producen. Y en ese cambio de paradigma, Misiones empieza a construir una nueva forma de pensar la vivienda: más industrial, más eficiente y adaptada a los desafíos de una economía donde el tiempo vale tanto como los materiales.

Compartí esta noticia !

De la Patagonia profunda al suelo rojo, la pasión por los dinosaurios de Matías Motta

Compartí esta noticia !

El paleontólogo obereño Matías Motta participó del descubrimiento de Kank australis, una nueva especie de dinosaurio hallada en Santa Cruz. El hallazgo amplía el mapa de los raptores del hemisferio sur y aporta nuevas pistas sobre el origen de las aves. Pero detrás de la repercusión internacional aparece otra historia: la búsqueda del primer registro fósil significativo de Misiones.

Mientras los titulares celebran el descubrimiento de una nueva especie de dinosaurio en la Patagonia, Matías Motta piensa en otra cosa. Piensa en Misiones.

El investigador nacido en Oberá integra el equipo argentino-japonés que identificó al Kank australis, un dinosaurio carnívoro que vivió hace unos 70 millones de años en el extremo sur de la Patagonia. El hallazgo fue publicado en la prestigiosa revista científica Journal of Vertebrate Paleontology y rápidamente captó la atención de medios especializados de todo el mundo.

Sin embargo, para Motta, la noticia tiene una dimensión adicional. Después de participar en algunos de los descubrimientos paleontológicos más importantes de los últimos años, sigue persiguiendo un objetivo mucho más cercano: encontrar algún día el primer fósil que permita incorporar a Misiones al mapa paleontológico argentino.

“No hemos encontrado nada todavía”, reconoce.

La frase resume una rareza científica. Misiones es una de las pocas provincias argentinas sin registros fósiles relevantes confirmados. No porque nunca hayan existido animales prehistóricos en su territorio, sino porque la geología local dificulta enormemente la preservación de restos.

Un dinosaurio que llegó desde el fin del mundo

El Kank australis apareció en sedimentos de la Formación Chorrillo, cerca de El Calafate, en Santa Cruz. Cuando este animal recorría la región, la Cordillera de los Andes todavía no existía y el paisaje era radicalmente distinto al actual.

Donde hoy predominan el viento, la estepa y las bajas temperaturas, hace 70 millones de años existía una red de ríos, lagunas y bosques que sostenía una biodiversidad extraordinaria.

En ese ecosistema convivían peces, ranas, tortugas, serpientes, mamíferos primitivos y algunos de los últimos dinosaurios que habitaron Sudamérica antes de la extinción masiva provocada por el impacto del meteorito. Entre ellos figuraban el gigantesco depredador Maip macrothorax, el saurópodo Nullotitan glaciaris y ahora también el recién descrito Kank australis.

Más cerca de una garza que de Jurassic Park

El nuevo dinosaurio pertenece al grupo de los unenlagiinos, parientes australes de los famosos velociraptores.

Pero la comparación tiene límites. Las investigaciones sugieren que Kank australis pudo haber tenido hábitos muy distintos a los depredadores veloces popularizados por Hollywood. Sus dientes presentan pequeñas crestas adaptadas para sujetar presas resbaladizas. Además, las vértebras del cuello muestran estructuras similares a las observadas en aves pescadoras modernas.

La hipótesis de los investigadores es provocadora: este dinosaurio podría haberse comportado más como una garza que como un cazador terrestre clásico. Un pescador especializado en ambientes acuáticos. La imagen obliga a revisar muchas ideas instaladas sobre los raptores.

La pieza encontrada antes de la tormenta

Los primeros restos aparecieron en 2018. Sin embargo, el fósil decisivo tardó varios años en llegar.

Durante una expedición marcada por nevadas y condiciones extremas, uno de los técnicos del equipo encontró una vértebra cervical parcialmente incrustada en la roca. Poco después una tormenta obligó a abandonar el lugar.

Aquella pieza terminó siendo fundamental. Una vez preparada en laboratorio, reveló características anatómicas desconocidas para la ciencia. Era la evidencia que faltaba para demostrar que se trataba de una especie nueva.

La confirmación llegó tras años de trabajo de campo, análisis comparativos, tomografías computadas y estudios microscópicos realizados por investigadores argentinos y japoneses.

El vacío entre Patagonia y Antártida

El descubrimiento tiene otra consecuencia científica relevante. Hasta ahora, la mayoría de los unenlagiinos conocidos provenían del norte patagónico. Kank australis extiende significativamente su distribución hacia el extremo austral del continente.

Eso permite conectar poblaciones conocidas en Patagonia con registros hallados en la Antártida y reconstruir mejor la evolución de estos dinosaurios en los antiguos territorios del hemisferio sur. Para los paleontólogos, el hallazgo ayuda a llenar uno de los vacíos geográficos más importantes del Cretácico tardío sudamericano.

El sueño pendiente

Pese a la magnitud del descubrimiento, Motta mantiene una obsesión personal. Volver a Misiones.

Las posibilidades existen. Aunque gran parte de la provincia está formada por basaltos volcánicos poco favorables para la conservación fósil, algunas áreas presentan afloramientos sedimentarios capaces de preservar restos antiguos. San Ignacio. Santa Ana. Corpus. Candelaria.

Nombres que aparecen con frecuencia en las conversaciones entre geólogos y paleontólogos.

Allí podría encontrarse algún día la primera evidencia fósil significativa de la provincia.

Por ahora no hay certezas. Pero tampoco las había cuando comenzaron a aparecer pequeños dientes y fragmentos óseos en una montaña cercana a El Calafate.

Seis años después, aquellos restos terminaron convirtiéndose en una nueva especie de dinosaurio.

Quizás la próxima historia empiece mucho más cerca. Bajo la tierra colorada de Misiones.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin