Hernan Calogeropulos

De la Patagonia profunda al suelo rojo, la pasión por los dinosaurios de Matías Motta

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El paleontólogo obereño Matías Motta participó del descubrimiento de Kank australis, una nueva especie de dinosaurio hallada en Santa Cruz. El hallazgo amplía el mapa de los raptores del hemisferio sur y aporta nuevas pistas sobre el origen de las aves. Pero detrás de la repercusión internacional aparece otra historia: la búsqueda del primer registro fósil significativo de Misiones.

Mientras los titulares celebran el descubrimiento de una nueva especie de dinosaurio en la Patagonia, Matías Motta piensa en otra cosa. Piensa en Misiones.

El investigador nacido en Oberá integra el equipo argentino-japonés que identificó al Kank australis, un dinosaurio carnívoro que vivió hace unos 70 millones de años en el extremo sur de la Patagonia. El hallazgo fue publicado en la prestigiosa revista científica Journal of Vertebrate Paleontology y rápidamente captó la atención de medios especializados de todo el mundo.

Sin embargo, para Motta, la noticia tiene una dimensión adicional. Después de participar en algunos de los descubrimientos paleontológicos más importantes de los últimos años, sigue persiguiendo un objetivo mucho más cercano: encontrar algún día el primer fósil que permita incorporar a Misiones al mapa paleontológico argentino.

“No hemos encontrado nada todavía”, reconoce.

La frase resume una rareza científica. Misiones es una de las pocas provincias argentinas sin registros fósiles relevantes confirmados. No porque nunca hayan existido animales prehistóricos en su territorio, sino porque la geología local dificulta enormemente la preservación de restos.

Un dinosaurio que llegó desde el fin del mundo

El Kank australis apareció en sedimentos de la Formación Chorrillo, cerca de El Calafate, en Santa Cruz. Cuando este animal recorría la región, la Cordillera de los Andes todavía no existía y el paisaje era radicalmente distinto al actual.

Donde hoy predominan el viento, la estepa y las bajas temperaturas, hace 70 millones de años existía una red de ríos, lagunas y bosques que sostenía una biodiversidad extraordinaria.

En ese ecosistema convivían peces, ranas, tortugas, serpientes, mamíferos primitivos y algunos de los últimos dinosaurios que habitaron Sudamérica antes de la extinción masiva provocada por el impacto del meteorito. Entre ellos figuraban el gigantesco depredador Maip macrothorax, el saurópodo Nullotitan glaciaris y ahora también el recién descrito Kank australis.

Más cerca de una garza que de Jurassic Park

El nuevo dinosaurio pertenece al grupo de los unenlagiinos, parientes australes de los famosos velociraptores.

Pero la comparación tiene límites. Las investigaciones sugieren que Kank australis pudo haber tenido hábitos muy distintos a los depredadores veloces popularizados por Hollywood. Sus dientes presentan pequeñas crestas adaptadas para sujetar presas resbaladizas. Además, las vértebras del cuello muestran estructuras similares a las observadas en aves pescadoras modernas.

La hipótesis de los investigadores es provocadora: este dinosaurio podría haberse comportado más como una garza que como un cazador terrestre clásico. Un pescador especializado en ambientes acuáticos. La imagen obliga a revisar muchas ideas instaladas sobre los raptores.

La pieza encontrada antes de la tormenta

Los primeros restos aparecieron en 2018. Sin embargo, el fósil decisivo tardó varios años en llegar.

Durante una expedición marcada por nevadas y condiciones extremas, uno de los técnicos del equipo encontró una vértebra cervical parcialmente incrustada en la roca. Poco después una tormenta obligó a abandonar el lugar.

Aquella pieza terminó siendo fundamental. Una vez preparada en laboratorio, reveló características anatómicas desconocidas para la ciencia. Era la evidencia que faltaba para demostrar que se trataba de una especie nueva.

La confirmación llegó tras años de trabajo de campo, análisis comparativos, tomografías computadas y estudios microscópicos realizados por investigadores argentinos y japoneses.

El vacío entre Patagonia y Antártida

El descubrimiento tiene otra consecuencia científica relevante. Hasta ahora, la mayoría de los unenlagiinos conocidos provenían del norte patagónico. Kank australis extiende significativamente su distribución hacia el extremo austral del continente.

Eso permite conectar poblaciones conocidas en Patagonia con registros hallados en la Antártida y reconstruir mejor la evolución de estos dinosaurios en los antiguos territorios del hemisferio sur. Para los paleontólogos, el hallazgo ayuda a llenar uno de los vacíos geográficos más importantes del Cretácico tardío sudamericano.

El sueño pendiente

Pese a la magnitud del descubrimiento, Motta mantiene una obsesión personal. Volver a Misiones.

Las posibilidades existen. Aunque gran parte de la provincia está formada por basaltos volcánicos poco favorables para la conservación fósil, algunas áreas presentan afloramientos sedimentarios capaces de preservar restos antiguos. San Ignacio. Santa Ana. Corpus. Candelaria.

Nombres que aparecen con frecuencia en las conversaciones entre geólogos y paleontólogos.

Allí podría encontrarse algún día la primera evidencia fósil significativa de la provincia.

Por ahora no hay certezas. Pero tampoco las había cuando comenzaron a aparecer pequeños dientes y fragmentos óseos en una montaña cercana a El Calafate.

Seis años después, aquellos restos terminaron convirtiéndose en una nueva especie de dinosaurio.

Quizás la próxima historia empiece mucho más cerca. Bajo la tierra colorada de Misiones.

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Del mate al café: Pájaro Azul apuesta a diversificar la producción misionera

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Con una inversión para montar la primera fábrica industrial de café de Misiones, Pájaro Azul busca abrir un nuevo capítulo en la historia agroindustrial de la provincia. Mientras la yerba mate atraviesa un escenario de sobreoferta y consumo retraído, Paul Mousquere apuesta por diversificar, agregar valor y explorar un cultivo que podría encontrar oportunidades en el nuevo contexto climático y productivo.

Durante más de seis décadas, Pájaro Azul construyó su identidad alrededor de la yerba mate, el té y la producción agroindustrial en Oberá. Hoy, sin embargo, la empresa está embarcada en un desafío diferente: convertirse en uno de los protagonistas del desarrollo de la industria cafetera en Misiones.

La iniciativa coincide con el renovado interés provincial por el café, impulsado por la reciente ley que promueve el cultivo experimental y comercial de esta especie en territorio misionero. Pero Mousquere va un paso más allá. Mientras otros analizan posibilidades, él ya está invirtiendo en infraestructura, equipamiento y desarrollo industrial.

“Estamos armando la industria del café acá en Oberá. Ya compramos máquinas en el exterior, estamos construyendo los galpones y calculamos que en unos meses comenzarán a llegar los primeros equipos”, explica el presidente de la empresa.

La apuesta no es menor. El empresario reconoce que el contexto económico actual no es el más favorable para invertir: el consumo está retraído, la yerba mate atraviesa dificultades y los márgenes son cada vez más ajustados. Sin embargo, considera que justamente en estos momentos es cuando hay que pensar en el futuro.

“Hay que innovar. Hay que asumir riesgos. Si seguimos haciendo siempre lo mismo, vamos a seguir teniendo los mismos problemas”, resume.

De la yerba al café

La historia de Pájaro Azul está íntimamente ligada a la historia productiva de Misiones. La marca tiene más de un siglo de existencia y forma parte del grupo de etiquetas tradicionales de la yerba mate argentina. La compañía es una empresa familiar que comenzó con Don Alfredo Mousquere haciendo el primer secadero de yerba mate en Oberá. Luego de unos años el mismo fue trasladado a la localidad de General Alvear, departamento de Oberá, donde posteriormente continuaron sus hijos Amauri y Miguel Ángel Mousquere. Ya en los años 80 se construyó el molino de yerba mate, comenzando con su marca Ivoty Ca´a; y más tarde le dio continuidad al negocio familiar Paul Andre Mousquere, actual presidente de la compañía.

En la actualidad también se incorporó uno de sus hijos, Alfredo Andre Mousquere, quien se desempeña como gerente comercial y está a cargo del desarrollo a sus marcas Pájaro Azul y Adelga Mate, las cuales fueron adquiridas por la empresa en el año 2010. Mousquere recuerda que la empresa adquirió la marca en 2010 y desde entonces la desarrolló dentro de un esquema productivo integrado que incluye secaderos, molienda y envasado. Ahora el objetivo es replicar ese modelo en el negocio cafetero.

Por el momento, Café Pájaro Azul se envasa en Brasil y ya comenzó a comercializarse a través de la red de distribución nacional de la empresa. Pero el objetivo es trasladar todo el proceso industrial a Misiones.

“La idea es comenzar de a poco, conocer el mercado, medir los volúmenes de venta y desarrollar nuestra propia fábrica. Hoy estamos comprando equipos de tostado, clasificación y molienda. Más adelante también queremos producir café en saquitos y eventualmente cápsulas”, detalla.

La iniciativa tiene una característica singular: de concretarse plenamente, sería la primera planta industrial de café de gran escala instalada en Misiones.

“Hoy existen algunas tostadoras pequeñas orientadas al café de especialidad, pero una industria pensada para abastecer al consumo masivo todavía no existe”, señala.

El proyecto industrial avanza mientras la provincia comienza a debatir otro desafío: producir café localmente. Mousquere observa el fenómeno con interés, aunque también con cautela.

“El café necesita calor, lluvia y determinadas condiciones climáticas. Lo más complicado son los días de frío intenso. La planta no tolera temperaturas inferiores a diez grados”, explica.

Según detalla, algunas experiencias en el norte argentino buscan resolver ese problema mediante sistemas de cobertura forestal que protejan los cultivos. “Hay que probar. Hay plantaciones en Tucumán, algunas experiencias en Jujuy y también algo se está haciendo en Misiones. Pero todavía hay muchas preguntas por responder sobre rendimientos, variedades y adaptación”, sostiene.

Aun así, considera que el cambio climático podría abrir nuevas oportunidades productivas para regiones que históricamente no fueron cafeteras.

Aunque el café ocupa hoy gran parte de su atención, Mousquere sigue observando con preocupación la situación del principal producto de la economía misionera.

A su entender, el mercado atraviesa una combinación compleja: aumento de la producción y caída del consumo.

“El consumo de yerba cayó alrededor de un 20 por ciento y al mismo tiempo aumentó la oferta. Eso genera sobrestock y obliga a todos a trabajar con márgenes más bajos”, afirma.

Sin embargo, rechaza la idea de que la caída responda exclusivamente a una pérdida de poder adquisitivo.

“Hoy la yerba no es un producto caro. Lo que cambió es el comportamiento del consumidor. Antes la gente compraba de más porque sabía que los precios iban a aumentar. Ahora compra lo que necesita para el día a día”, analiza.

Según su visión, la estabilidad de precios modificó hábitos de consumo que durante años estuvieron condicionados por la inflación.

Más allá del café, Mousquere cree que Misiones necesita ampliar su matriz productiva. “Yerba, té, tabaco y madera son sectores muy desarrollados. Tenemos muchísima oferta. Lo que necesitamos son nuevos productos y nuevas industrias”, plantea.

En esa búsqueda menciona oportunidades vinculadas a alimentos elaborados, proteínas animales, productos para mascotas, jengibre y otras actividades con valor agregado.

“Hay que dejar de pelear entre nosotros por vender cada vez más barato lo mismo. Tenemos que encontrar otras cosas para hacer”, sostiene.

La reflexión conecta directamente con la apuesta cafetera. Para Mousquere, el verdadero valor del proyecto no está solamente en vender café, sino en demostrar que Misiones puede construir nuevas cadenas industriales a partir de productos que hasta ahora no formaban parte de su ADN productivo.

“Hace diez años no había cafeterías de especialidad en Oberá. Hoy hay varias y todas tienen su público. Los mercados cambian. Hay que estar atentos a esas oportunidades”, concluye.

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Juanfa Suárez y la herencia del tiempo: una historia de vino, familia y territorio

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Juanfa Suárez, productor vitivinícola y viticultor, representa la cuarta generación al frente de Finca Suárez, un proyecto familiar que comenzó hace más de un siglo de la mano de su bisabuelo. La bodega se especializa en vinos elaborados exclusivamente con uvas propias de Paraje Altamira, en el sur del Valle de Uco, una zona que Juan define como “muy especial, de vinos de calidad”.

La historia de Finca Suárez es la de una construcción intergeneracional. Su bisabuelo fundó la finca; su abuelo implantó viñedos en la década de 1950; su padre volvió a plantar a fines de los años noventa, tras la crisis que atravesó la actividad en los setenta; y Juan comenzó a elaborar vinos alrededor de 2010, aportando una nueva mirada sin perder el vínculo con la tradición familiar.

Músico de formación académica, Juan describe su desembarco en el mundo del vino como un proceso “muy orgánico y lento”. Vivía en Buenos Aires, daba clases en el Conservatorio Manuel de Falla y desarrollaba una carrera profesional como trompetista. Sin embargo, cada verano regresaba a Mendoza para participar de la vendimia. Con el tiempo, la pasión por la viticultura terminó inclinando la balanza. “Me acuerdo el día que dije: ‘Okay, ya no estoy más en el mercado de la música’”, recuerda al evocar el momento en que vio a antiguos compañeros tocar con otro músico ocupando su lugar.

En 2017 dio un paso más y creó Rocamadre junto a su pareja, Cecilia Durán. Aunque el proyecto también tiene su base en Altamira, se diferencia de Finca Suárez porque incorpora uvas provenientes de otras zonas del Valle de Uco. Juan explica que Rocamadre surgió de la “necesidad de tener mi propio proyecto” y que, con el tiempo, terminó convirtiéndose en una efectiva estrategia comercial.

La convivencia de ambas marcas les permitió ampliar mercados y diversificar canales de comercialización. “Podemos ocupar más espacio de góndola, llegar a más lugares y, al trabajar con distintos importadores en un mismo mercado, contar con equipos de venta más amplios para nuestras marcas”, resume.

La búsqueda del detalle

Tanto Finca Suárez como Rocamadre poseen identidades propias y un amplio portfolio de etiquetas. Uno de los aspectos que más destaca Juan es la posibilidad de elaborar vinos muy distintos a partir de parcelas cercanas e incluso de un mismo viñedo.

Un ejemplo es el Chardonnay. En apenas dos hectáreas de una misma finca producen tres vinos diferentes. La explicación surgió a partir de un estudio geológico realizado en 2020, que permitió comprender la extraordinaria heterogeneidad de los suelos de Altamira.

Para Juan, interpretar esas diferencias y expresarlas en cada botella constituye la máxima forma de generación de valor. “Es lo máximo en valor agregado que podemos hacer”, sostiene.

La cercanía a la Cordillera de los Andes también juega un papel determinante. Allí aparecen suelos antiguos, ricos en carbonato de calcio, un componente conocido localmente como “caliche”, que se ha convertido en una de las señas de identidad de Altamira y en una característica distintiva de sus vinos de parcela.

El arte como puerta de entrada

La búsqueda de identidad no se limita al vino. También se expresa en el diseño de las etiquetas.

En Finca Suárez, el trabajo visual está inspirado en la técnica de “paper cut” desarrollada por la artista Cecilia Farías, con ilustraciones que Juan define como “más juguetonas y algo más literales”.

Rocamadre, en cambio, adopta una estética más conceptual y poética. “Habla del origen, que para nosotros es fundamental, pero lo hace de una manera casi poética, casi como un haiku”, explica.

Para Juan, el diseño cumple un papel decisivo en la relación inicial con el consumidor. “La primera botella la vendemos con la etiqueta, de eso no hay ninguna duda. Si no conocés el vino, tiene que tentarte por los ojos. No hay otra entrada”, afirma.

Mercados y desafíos

Actualmente, Estados Unidos constituye el principal mercado para ambas marcas, seguido por Brasil y Argentina.

Entre Finca Suárez y Rocamadre producen alrededor de 100.000 botellas por año. Aproximadamente la mitad se comercializa en el mercado argentino, mientras que el resto se destina a la exportación.

A pesar de las dificultades económicas que atraviesa el país, Juan observa oportunidades en el escenario internacional. Incluso considera que la llegada de vinos importados a Argentina puede convertirse en un estímulo para elevar estándares de calidad.

“Nos va a dejar mejor posicionados a los que hacemos las cosas bien”, asegura.

El Semillón y la fuerza de la memoria familiar

Aunque reconoce un profundo afecto por todos los vinos que elabora, hay uno que ocupa un lugar especial: el Semillón.

La conexión es tanto técnica como emocional. Juan recuerda a su abuelo sosteniendo que quien lograra elaborar un gran Semillón en La Consulta -la zona donde se encuentra la finca- estaría produciendo uno de los mejores vinos blancos de Argentina. Esa convicción llevó a la familia a plantar Semillón en 2013 y elaborar su primera cosecha en 2016.

Tiempo después, mientras revisaba un libro escrito por su bisabuelo Leopoldo Suárez en 1911, encontró una referencia que lo conmovió profundamente: “Leopoldo Suárez en 1911 dice que el Semillón es la mejor uva blanca para Mendoza”.

El hallazgo confirmó una intuición transmitida durante generaciones y reforzó la idea de continuidad que atraviesa toda la historia familiar.

Un proyecto pensado en generaciones

Padre de dos hijos, Juan entiende la viticultura como una actividad donde el tiempo tiene una dimensión distinta. Por eso define a Finca Suárez como un verdadero “consorcio intergeneracional”.

En una industria donde las decisiones tomadas hoy pueden verse reflejadas recién décadas después, el valor de la paciencia, la transmisión de conocimientos y el arraigo territorial adquieren una importancia central.

“Valorar el tiempo, la paciencia, las generaciones y los lugares” es, para Juan, una de las claves que hacen de la viticultura una actividad tan apasionante como compleja. Una filosofía que atraviesa más de cien años de historia familiar y que continúa proyectándose hacia el futuro desde los suelos calcáreos de Altamira.

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Cuidafy: tecnología misionera para conectar familias con cuidadores verificados

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En un tiempo donde el envejecimiento poblacional, las enfermedades crónicas y la necesidad de asistencia domiciliaria crecen de manera sostenida, una startup desarrollada en Misiones busca resolver uno de los problemas más sensibles de muchas familias: encontrar cuidadores confiables, capacitados y disponibles cuando más se los necesita.

Se trata de Cuidafy, una plataforma tecnológica nacida en Posadas que utiliza herramientas digitales e inteligencia artificial para vincular familias con cuidadores domiciliarios, acompañantes terapéuticos y enfermeros previamente verificados. Detrás del proyecto está el desarrollador misionero Eduardo Carlos Toledo, referente de Toledo Consultora IT, quien decidió transformar una experiencia familiar compleja en una solución concreta con impacto social.

“La idea nace de una experiencia personal muy cercana. Nos tocó vivir una situación donde toda la familia estaba involucrada en el cuidado de un familiar, pero llega un momento donde el desgaste físico, emocional, económico y humano se vuelve insostenible”, cuenta Toledo. “Ahí entendimos que sí o sí necesitábamos apoyarnos en cuidadores de la salud que acompañen a esa persona de forma constante, muchas veces las 24 horas del día”.

Con más de cinco años de experiencia en desarrollo de software, Toledo decidió abordar ese problema desde su especialidad. “Tomé la determinación de resolver un problema que afecta a la sociedad con la tecnología que conozco”, explica en una entrevista con Economis.

Así nació Cuidafy, una plataforma web pensada no solo como una herramienta digital, sino como una red de confianza.

Inteligencia artificial aplicada 

La propuesta combina tecnología tradicional de plataformas web con inteligencia artificial para simplificar la búsqueda y el “match” entre familias y profesionales del cuidado.

El sistema funciona a partir de una base de datos donde los cuidadores atraviesan un proceso de onboarding y validación exhaustiva. La plataforma exige documentación personal, certificado de domicilio, boletas de servicio, antecedentes penales y acreditación de estudios o certificaciones vinculadas al área de atención.

“Queremos transmitir confianza y garantía. No se trata solo de registrarse, sino de demostrar que realmente están capacitados para cuidar personas en situaciones delicadas”, explica Toledo.

Las especialidades son amplias: acompañamiento terapéutico, cuidado geriátrico, enfermería general, curaciones, inyectables, higiene personal, traslados, trámites, acompañamiento infantil y atención de pacientes con movilidad reducida, entre otras. Actualmente la plataforma trabaja con unas 22 categorías de servicios.

Una vez validado el perfil, la inteligencia artificial interviene del otro lado de la experiencia: cuando una familia ingresa a buscar asistencia, el sistema autodetecta ubicación, consulta el tipo de necesidad y, mediante agentes automatizados, ofrece fichas con los candidatos más adecuados según cercanía, horarios y especialización.

“La plataforma va llevando al usuario por caminos intuitivos y simples. Primero identifica la localidad, luego pregunta qué tipo de cuidado necesita y a partir de ahí ofrece las mejores opciones disponibles”, detalla el desarrollador.

Romper con la lógica de las agencias

Uno de los puntos más innovadores de Cuidafy está en su modelo económico.

En lugar de retener un porcentaje del ingreso de los cuidadores -como suele ocurrir en muchas agencias tradicionales- la plataforma cobra únicamente una tarifa de conexión de $1.500 al familiar o cliente final para sostener la infraestructura tecnológica.

“Es muy común que las agencias se queden con parte de lo que cobra el cuidador. Nosotros no hacemos eso. Cada profesional maneja libremente sus horarios, define su propia tarifa y nosotros solo cobramos una conexión mínima para el mantenimiento tecnológico”, explica Toledo.

Actualmente existen valores que van desde los $2.500 hasta los $9.000 por hora, dependiendo del nivel de especialización y el tipo de servicio requerido.

La integración con Mercado Pago permite que el acceso sea simple, sin necesidad de cargar tarjetas de crédito ni procesos complejos de alta. Además, el registro de cuidadores se agiliza mediante inicio de sesión con Google, reduciendo fricción y mejorando la experiencia de uso.

Objetivo Argentina

La plataforma fue lanzada oficialmente el 20 de abril y en apenas los primeros días logró reunir más de 65 cuidadores registrados en Posadas, donde hoy funciona como prueba piloto.

“Nuestra zona está delimitada inicialmente a Posadas, pero la plataforma ya está preparada para recibir usuarios de toda la Argentina. El próximo paso es escalar nacionalmente y, más adelante, llegar a Brasil”, adelanta Toledo .

Incluso ya comenzaron a recibir pedidos para ampliar la oferta hacia otros servicios vinculados al cuidado domiciliario: kinesiólogos, podólogos, masajistas, peluqueras, acompañamiento integral de salud y otros servicios complementarios.

“La herramienta tiene una potencialidad enorme para abarcar todo lo que sea cuidado de la salud a domicilio”, sostiene.

Por ahora, la telemedicina no forma parte del roadmap principal. La apuesta está enfocada en el cuidado presencial de personas que no pueden trasladarse y necesitan atención directa en sus hogares.

Más que una app: una solución emocional

Detrás del componente tecnológico, Cuidafy trabaja sobre una problemática profundamente humana: la angustia de no saber en quién confiar cuando un familiar necesita ayuda.

Por eso, lejos de apostar exclusivamente a campañas digitales, el equipo decidió acompañar personalmente a cada cuidador durante el proceso de registro y validación.

“Muchas personas tienen dudas, creen que pueden perder beneficios sociales o no entienden cómo funciona la plataforma. Entonces empezamos a hacer un acompañamiento mucho más humano y personalizado”, señalan desde el equipo.

Ese diferencial -mezclar tecnología con cercanía- parece ser hoy una de las principales fortalezas del proyecto.

Porque en el negocio del cuidado, la confianza sigue siendo el verdadero activo.

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BIVO, la billetera que quiere derribar fronteras y convertir a Misiones en hub regional de pagos digitales

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Mientras millones de brasileños naturalizaron el uso de Pix como una herramienta cotidiana que transformó la economía de frontera, en Misiones todavía persistía una anomalía: cruzar a Paraguay seguía implicando efectivo, cambistas, pérdida de valor y una burocracia impropia de ciudades que, en los hechos, funcionan como una sola comunidad económica.

Sobre esa falla estructural nació BIVO, una billetera virtual desarrollada íntegramente en Misiones que ya opera en Argentina y Paraguay, y que busca resolver uno de los grandes dolores silenciosos del comercio regional: los pagos transfronterizos.

Detrás del proyecto está Damián Pinto, CEO y founder de la fintech, quien resume la visión con una frase simple: “Queremos que la frontera no sea un límite, sino una comunidad donde todos puedan operar sin restricciones”.

BIVO funciona hace apenas cinco o seis meses, ya suma casi 10.000 usuarios activos y prepara su desembarco en Bolivia y Brasil, con una lógica clara: construir una infraestructura financiera pensada desde la frontera y no desde Buenos Aires.

A diferencia de muchas fintech diseñadas desde los grandes centros urbanos, BIVO nació en Posadas, donde el cruce permanente con Paraguay convierte las dificultades cambiarias en una experiencia diaria.

“La idea surgió porque vivimos eso todo el tiempo. Tenemos empresas en Argentina y Paraguay, cruzamos constantemente el puente y cada vez que había que comprar algo aparecía el mismo problema: cambiar pesos, perder plata con el tipo de cambio, depender del cambista o manejar efectivo en lugares poco seguros”, explica Pinto en una visita a Open1017.com.

Damián Pinto CEO & Founder

La fintech es, en realidad, una evolución natural de otra empresa del grupo: CrediSí, firma financiera con 18 años de operación en Misiones y una década de presencia en Paraguay.

Inicialmente pensaron en una billetera más tradicional, similar a otras del mercado. Pero la realidad fronteriza terminó redefiniendo el producto.

“Nos dimos cuenta de que había una necesidad mucho más concreta: automatizar y hacer seguras las transacciones que hacemos todos los días entre Argentina y Paraguay”, sostiene.

Así nació BIVO.

Cómo funciona: pesos, guaraníes, QR, Mastercard y Pix

La plataforma opera como una PSP (Proveedor de Servicios de Pago) legalmente constituida tanto en Argentina como en Paraguay, lo que le permite ofrecer cuentas de pago, transferencias, cobros y pagos interoperables.

En la práctica, un usuario argentino puede cruzar a Paraguay y pagar directamente con sus pesos mediante QR o transferencia, convertir saldo automáticamente a guaraníes o recargar una tarjeta Mastercard digital que opera en dólares y sirve para comprar tanto en Paraguay como en cualquier parte del mundo.

El paraguayo, a su vez, puede venir a Argentina y pagar con QR interoperable en cualquier comercio, utilizando guaraníes desde su wallet.

“El cambio se hace de manera totalmente automática y transparente dentro de la aplicación. No hay que ir a buscar cambistas ni aceptar tipos de cambio abusivos. Todo sucede en el acto”, explica Pinto .

Además, BIVO ya permite pagar y cobrar mediante Pix, el exitoso sistema brasileño que revolucionó los pagos instantáneos en Brasil y se convirtió en referencia regional.

Ese puente con Pix es la antesala del próximo objetivo: desembarcar formalmente en Brasil durante el próximo año.

La frontera como oportunidad económica, no como problema

La tesis de Pinto es sencilla: Posadas y Encarnación funcionan como una sola ciudad económica, pero el sistema financiero todavía actúa como si existiera una muralla.

“Consumimos productos y servicios de ellos y ellos consumen los nuestros todo el tiempo. Es prácticamente una sola ciudad, pero cuando cruzás esa línea empieza toda la burocracia”, señala. Ese problema impacta directamente sobre el comercio.

Muchos paraguayos llegan a Posadas y no pueden pagar fácilmente. Muchos argentinos cruzan a Paraguay y terminan perdiendo dinero en conversiones poco transparentes. BIVO busca eliminar esa fricción.

“No existe hoy una billetera en Paraguay que permita venir a Argentina y pagar con QR interoperable en cualquier comercio. Nosotros resolvemos eso sin que el comerciante tenga que cambiar nada. Ni siquiera necesita tener BIVO”, remarca.

Ese detalle es central: el comercio argentino cobra normalmente con su QR habitual o terminal POS, mientras el paraguayo paga desde su moneda de origen. La experiencia cambia para ambos lados.

BIBOT: vender por WhatsApp, cobrar online y tener una web gratis

En paralelo al negocio financiero, BIVO acaba de lanzar una nueva herramienta orientada al comercio digital: BIBOT.

Se trata de una solución que permite a comercios de Argentina y Paraguay crear, con un solo click, un catálogo digital, vender por WhatsApp, automatizar respuestas con inteligencia artificial, aceptar pagos con tarjeta, débito, transferencia y además obtener una página web gratuita.

“Con esto pueden vender 24/7, administrar su catálogo, cobrar automáticamente y tener su propia vidriera digital sin costo”, explica Pinto .

La apuesta no es menor: no solo facilitar pagos, sino también expandir la capacidad comercial de pequeñas y medianas empresas que operan en frontera.

Un comercio paraguayo puede venderle directamente a un argentino y viceversa, sin intermediarios ni fricciones bancarias.

Actualmente, las transferencias y cobros por efectivo no tienen costo. Solo los pagos con tarjeta de crédito y débito generan una comisión del 4,5%, con acreditación a siete días, una estructura similar a la de otras plataformas del mercado.

La app ya está disponible para Android y en las próximas semanas llegará a iOS. La tarjeta Mastercard digital se habilita instantáneamente y puede integrarse con Google Pay.

Tras una primera etapa de prueba piloto entre conocidos y comercios cercanos, BIVO ya alcanzó casi 10.000 usuarios activos y comenzó una campaña de difusión masiva.

El próximo paso será Bolivia, luego Brasil y más adelante otros mercados como Colombia, Venezuela, México y Estados Unidos.

La lógica es siempre la misma: zonas donde la frontera no es una línea política, sino una realidad económica cotidiana.

Una fintech misionera con ambición regional

En un ecosistema donde las grandes billeteras digitales nacen en Buenos Aires o São Paulo, BIVO aparece como una rareza valiosa: una fintech nacida en Posadas, desarrollada por talento misionero y pensada desde una necesidad profundamente regional.

“Somos la única billetera virtual oriunda y nativa de Misiones. Está hecha por una empresa misionera, con desarrolladores misioneros, pensada desde acá”, afirma Pinto .

Quizás ahí esté su mayor fortaleza. Porque nadie entiende mejor los problemas de frontera que quienes viven todos los días en ella. Y en ese territorio donde el comercio, la vida cotidiana y la economía no reconocen aduanas emocionales, BIVO quiere convertirse en algo más que una billetera: quiere ser la infraestructura financiera natural de una nueva región sin fronteras.

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