Del mate al café: Pájaro Azul apuesta a diversificar la producción misionera
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Con una inversión para montar la primera fábrica industrial de café de Misiones, Pájaro Azul busca abrir un nuevo capítulo en la historia agroindustrial de la provincia. Mientras la yerba mate atraviesa un escenario de sobreoferta y consumo retraído, Paul Mousquere apuesta por diversificar, agregar valor y explorar un cultivo que podría encontrar oportunidades en el nuevo contexto climático y productivo.
Durante más de seis décadas, Pájaro Azul construyó su identidad alrededor de la yerba mate, el té y la producción agroindustrial en Oberá. Hoy, sin embargo, la empresa está embarcada en un desafío diferente: convertirse en uno de los protagonistas del desarrollo de la industria cafetera en Misiones.
La iniciativa coincide con el renovado interés provincial por el café, impulsado por la reciente ley que promueve el cultivo experimental y comercial de esta especie en territorio misionero. Pero Mousquere va un paso más allá. Mientras otros analizan posibilidades, él ya está invirtiendo en infraestructura, equipamiento y desarrollo industrial.
“Estamos armando la industria del café acá en Oberá. Ya compramos máquinas en el exterior, estamos construyendo los galpones y calculamos que en unos meses comenzarán a llegar los primeros equipos”, explica el presidente de la empresa.
La apuesta no es menor. El empresario reconoce que el contexto económico actual no es el más favorable para invertir: el consumo está retraído, la yerba mate atraviesa dificultades y los márgenes son cada vez más ajustados. Sin embargo, considera que justamente en estos momentos es cuando hay que pensar en el futuro.
“Hay que innovar. Hay que asumir riesgos. Si seguimos haciendo siempre lo mismo, vamos a seguir teniendo los mismos problemas”, resume.
De la yerba al café
La historia de Pájaro Azul está íntimamente ligada a la historia productiva de Misiones. La marca tiene más de un siglo de existencia y forma parte del grupo de etiquetas tradicionales de la yerba mate argentina. La compañía es una empresa familiar que comenzó con Don Alfredo Mousquere haciendo el primer secadero de yerba mate en Oberá. Luego de unos años el mismo fue trasladado a la localidad de General Alvear, departamento de Oberá, donde posteriormente continuaron sus hijos Amauri y Miguel Ángel Mousquere. Ya en los años 80 se construyó el molino de yerba mate, comenzando con su marca Ivoty Ca´a; y más tarde le dio continuidad al negocio familiar Paul Andre Mousquere, actual presidente de la compañía.
En la actualidad también se incorporó uno de sus hijos, Alfredo Andre Mousquere, quien se desempeña como gerente comercial y está a cargo del desarrollo a sus marcas Pájaro Azul y Adelga Mate, las cuales fueron adquiridas por la empresa en el año 2010. Mousquere recuerda que la empresa adquirió la marca en 2010 y desde entonces la desarrolló dentro de un esquema productivo integrado que incluye secaderos, molienda y envasado. Ahora el objetivo es replicar ese modelo en el negocio cafetero.

Por el momento, Café Pájaro Azul se envasa en Brasil y ya comenzó a comercializarse a través de la red de distribución nacional de la empresa. Pero el objetivo es trasladar todo el proceso industrial a Misiones.
“La idea es comenzar de a poco, conocer el mercado, medir los volúmenes de venta y desarrollar nuestra propia fábrica. Hoy estamos comprando equipos de tostado, clasificación y molienda. Más adelante también queremos producir café en saquitos y eventualmente cápsulas”, detalla.
La iniciativa tiene una característica singular: de concretarse plenamente, sería la primera planta industrial de café de gran escala instalada en Misiones.
“Hoy existen algunas tostadoras pequeñas orientadas al café de especialidad, pero una industria pensada para abastecer al consumo masivo todavía no existe”, señala.
El proyecto industrial avanza mientras la provincia comienza a debatir otro desafío: producir café localmente. Mousquere observa el fenómeno con interés, aunque también con cautela.
“El café necesita calor, lluvia y determinadas condiciones climáticas. Lo más complicado son los días de frío intenso. La planta no tolera temperaturas inferiores a diez grados”, explica.
Según detalla, algunas experiencias en el norte argentino buscan resolver ese problema mediante sistemas de cobertura forestal que protejan los cultivos. “Hay que probar. Hay plantaciones en Tucumán, algunas experiencias en Jujuy y también algo se está haciendo en Misiones. Pero todavía hay muchas preguntas por responder sobre rendimientos, variedades y adaptación”, sostiene.
Aun así, considera que el cambio climático podría abrir nuevas oportunidades productivas para regiones que históricamente no fueron cafeteras.
Aunque el café ocupa hoy gran parte de su atención, Mousquere sigue observando con preocupación la situación del principal producto de la economía misionera.
A su entender, el mercado atraviesa una combinación compleja: aumento de la producción y caída del consumo.
“El consumo de yerba cayó alrededor de un 20 por ciento y al mismo tiempo aumentó la oferta. Eso genera sobrestock y obliga a todos a trabajar con márgenes más bajos”, afirma.
Sin embargo, rechaza la idea de que la caída responda exclusivamente a una pérdida de poder adquisitivo.
“Hoy la yerba no es un producto caro. Lo que cambió es el comportamiento del consumidor. Antes la gente compraba de más porque sabía que los precios iban a aumentar. Ahora compra lo que necesita para el día a día”, analiza.
Según su visión, la estabilidad de precios modificó hábitos de consumo que durante años estuvieron condicionados por la inflación.
Más allá del café, Mousquere cree que Misiones necesita ampliar su matriz productiva. “Yerba, té, tabaco y madera son sectores muy desarrollados. Tenemos muchísima oferta. Lo que necesitamos son nuevos productos y nuevas industrias”, plantea.
En esa búsqueda menciona oportunidades vinculadas a alimentos elaborados, proteínas animales, productos para mascotas, jengibre y otras actividades con valor agregado.
“Hay que dejar de pelear entre nosotros por vender cada vez más barato lo mismo. Tenemos que encontrar otras cosas para hacer”, sostiene.
La reflexión conecta directamente con la apuesta cafetera. Para Mousquere, el verdadero valor del proyecto no está solamente en vender café, sino en demostrar que Misiones puede construir nuevas cadenas industriales a partir de productos que hasta ahora no formaban parte de su ADN productivo.
“Hace diez años no había cafeterías de especialidad en Oberá. Hoy hay varias y todas tienen su público. Los mercados cambian. Hay que estar atentos a esas oportunidades”, concluye.
