Jorge Vasconcelos

investigador jefe de Ieral, Fundación Mediterránea

Costo argentino, ese monstruo de siete cabezas

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Es probable que Hércules, de poder elegir, hubiera preferido enfrentarse a la Hidra de Lerna, una monstruosa serpiente acuática a la que la mitología le atribuyó siete cabezas,  antes que acometer con el “costo argentino”, una tarea tan difícil como relevante para el país.
La capacidad de competir y atraer inversiones está jaqueada por la incidencia de la logística, industrias del juicio varias, altísimos impuestos, trabas burocráticas, duplicación de gastos y demás. La falta de preocupación del gobierno anterior por la productividad acentúo muchos de estos problemas, y ahora que se intenta removerlos aparecen múltiples focos de resistencia, todo en un contexto en el  que el enorme déficit fiscal financiado con endeudamiento externo comprime al tipo de cambio por debajo de su “valor de equilibrio”.
Este cuadro de situación no es gratuito en términos de crecimiento. Transportar productos locales al puerto de San Pablo en un contenedor cuesta cinco veces más que hacerlo desde Europa, por lo que no sorprende que la participación de la Argentina en el comercio mundial se haya achicado de modo dramático, fenómeno que obtura por diferentes vías los mecanismos que alimentan la inversión, la productividad y los ingresos  de la población.
Cierto es que el “costo argentino” se hizo más insoportable durante el gobierno anterior. Pero hay problemas de larga data. Una peculiaridad del país es la recurrente duplicación de gastos para la prestación de un mismo servicio, que tampoco es de excelencia. Provincias y Nación superponen partidas, determinadas familias pagan impuestos pero recurren a servicios privados de salud, educación y seguridad. Obras sociales sindicales quebradas y dirigentes millonarios implican que los trabajadores afectados terminan recurriendo a los hospitales públicos, y así sucesivamente.
No es imposible eliminar sobreprecios para lograr, entre otros objetivos, que aquel contenedor a San Pablo se abarate a una quinta parte del costo actual. Sólo que los beneficios de esa acción se verán con el tiempo, y diluidos entre múltiples actores, mientras que los intereses afectados conforman un núcleo ruidoso y bien pertrechado. Sin ir lejos, es lo que ocurre con el reciente Decreto de Necesidad y Urgencia (27/2018) que apunta a “desburocratizar y simplificar” trámites y requerimientos. Legisladores de la oposición han comenzado una ofensiva para tratar de derogarlo, lo que implicaría conservar nichos de negocios al amparo de los pliegues del Estado y/o de normas antiquísimas.
El asunto es que esta lógica era congruente con una economía que quemaba sus reservas, sumida en la estanflación y perdiendo terreno frente a cada competido. En cambio, es inconsistente con una agenda que incluye, entre otros objetivos cercanos, un acuerdo del Mercosur con la Unión Europea.
A mediados de los ’90, había muchas quejas de los industriales pero, al menos, las ventas de productos manufacturados de la Argentina representaban el 0,30 % de las exportaciones mundiales del sector. Hacia 2011, el market share se había recortado a 0,24 % pero, durante la vigencia de los cepos, ese ratio se derrumbó a 0,16 % (año 2015). En 2016 no hubo cambios y es posible que en 2017 haya una pequeña recuperación. Como referencia, Corea del Sur captura el 3,6 % de las exportaciones mundiales de manufacturas, 22,5 veces el ratio de la Argentina!.

Saliendo del terreno industrial, veamos qué pasó con las exportaciones totales del país. La irrupción de China de principios de este siglo dinamizó la demanda de alimentos y commodities, así que quizá no nos haya ido tan mal….Error!!. El market share de la Argentina se contrajo de 0,55 % de las exportaciones mundiales en 1996 a 0,38 % en 2016 (base WITS).

Como se ve, no se trata sólo del derrumbe de las exportaciones industriales. La Argentina tampoco aprovechó el ciclo de las commodities. Dos ejemplos al respecto: a) nuestra participación en las exportaciones de carne bovina cayó de 4,8 a 2,5 % del comercio mundial del sector entre 1997 y 2016, mientras Brasil subía de 1,6 a 9,9 % en ese período; b) en lácteos y quesos, el market share de la Argentina se estancó en torno a 1,1 % de las exportaciones mundiales, mientras Nueva Zelanda pasó de capturar el 7,3 % del mercado en 1996 a 11,4 % en 2016.

El PIB de la Argentina equivale aproximadamente a 0,73 % del PIB mundial, pero nuestras exportaciones representan el 0,38 % del total. La inversa del ”modelo argentino” es Corea del Sur, cuya participación en el PIB mundial es de 1,9 %, pero captura el 3,2 % de las exportaciones del planeta. Para crecer y avanzar en productividad, se necesitan plantas industriales con economías de escala, se requiere mayor competencia en el mercado interno y mejor acceso a la tecnología de punta del exterior. Y eso se consigue cuando se logra abrir un camino de ida y vuelta con el mercado mundial.

El Pacto Fiscal de 2017 es una excelente herramienta en función de promover la eliminación o recorte de tributos distorsivos y generadores de sesgo antiexportador. Sin embargo, la “Hidra de Lerna” tiene más cabezas. Las “tareas de Hércules” no estarán completas si no se avanza con la modernización de la legislación laboral, la desregulación y desburocratización, un funcionamiento aceitado de los mercados (en las áreas que corresponda) y una planificación mucho más precisa y coordinada de parte del estado. Se trata de más calidad de servicios e infraestructura a un menor costo. Fácil de decir, complejo de ejecutar.

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Los primeros cuatro meses, claves para la suerte de 2018

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Se sabía que el cambio de las metas de inflación, que implica este año pasar de 10 % a 15 %, habría de deteriorar la credibilidad del gobierno y del Banco Central. Hasta aquí, la factura a pagar es modesta, pero hay que ver la reacción que habrán de tener los agentes económicos ante las próximas dificultades. El costo inmediato no es alto porque las expectativas de inflación han subido no más de un punto, punto y medio y porque el precio del dólar, luego de algunas semanas de volatilidad, parece estacionarse en un nuevo andarivel, cerca de los 19 pesos, lo cual es más saludable para la economía. La percepción de un gobierno ahora más involucrado en la lucha contra la inflación, a diferencia de lo que ocurría el año pasado, ayuda a este escenario. De todos modos, es posible que hacia fin de abril la inflación haya consumido la mitad de la meta del año, por lo que las conjeturas acerca de cómo seguir habrán de estar a la orden del día. Para evitar nuevos traumas, quizá hubiera convenido mantener un “margen de error” para el cumplimiento del objetivo inflacionario, de modo que 3 puntos porcentuales de diferencia no renueven las especulaciones. Las internas del gobierno, que afloraron en diciembre, pueden arrojar señales divergentes en función de futuro.
Aunque la meta de inflación no se cumpla en 2018, hay chances de una brecha bastante menor a la observada en 2017, que fue de casi 8 puntos porcentuales, entre 24,8 % y 17,0 %. El tema es que, después del “fuego amigo” que sufriera el Banco Central en diciembre, ahora es más difícil conjeturar que es lo que haría el gobierno en abril o mayo si se confirmara la existencia de desvíos significativos. Y los ajustes tarifarios concentrados en estos meses y algún traspaso a precios de un tipo de cambio que subió algo más de 8,0 % en 30 días se traducirán en variaciones no despreciables del índice de costo de vida, por lo menos en los primeros cuatro meses del año.
De todos modos, la economía no favorece ningún tipo de “festival de remarcaciones”. La política fiscal y la monetaria no serán expansivas este año y, al mismo tiempo, se observa al gobierno mucho más comprometido en la lucha contra la inflación, habiendo tomado conciencia que hace falta algo más que la tasa de interés para abatirla.

Hay un saludable esfuerzo por trabajar el “lado de la oferta” de la economía, aligerando costos y facilitando el suministro de bienes y servicios. Varias medidas ministeriales y el Decreto de “desregulación y desburocratización” van en esa dirección, mientras que recientes decisiones vinculadas con la representación sindical de los docentes apuntan a concentrar la discusión paritaria en temas gremiales, luego de experiencias de años anteriores en las que se observó a una parte del arco político intentar boicotear la gestión oficial a través de estos resquicios.
Las paritarias de bancarios y de docentes de la provincia de Buenos Aires serán un buen test para este nuevo enfoque de la política económica. El gobierno se resiste a que los arreglos incluyan “cláusula gatillo”, por lo que habrá que ver cuánto espacio existe para avanzar con premios por productividad, algo que no debería ser retórico, en la medida en que la economía de 2018 apunte a crecer a un ritmo similar al de 2017.
En principio, el crédito bancario tendrá menos fuerza este año, comparado con el anterior, para empujar el nivel de actividad. Pero aparecen algunos nuevos motores, como la recuperación de la demanda de Brasil, la apertura de mercados, caso de China y las carnes, la inversión en infraestructura de la mano de los Proyectos Público Privados, aunque este vector será visible hacia el segundo semestre.
La política fiscal tiene un nuevo rol, ya que en lugar de traccionar la demanda, intenta anclar las expectativas vinculadas con la inflación y la sustentabilidad de la deuda pública. En la dimensión tributaria, la coordinación entre Nación y provincias ya está cambiando la “sensación térmica” de la presión impositiva sobre las empresas favorecidas por menores alícuotas del impuesto al cheque e Ingresos Brutos, y por la eliminación de engendros como el régimen de “Extraña Jurisdicción”. Estas reformas se financian con un gasto público que comienza a evolucionar por debajo de la recaudación. En 2017 las variaciones fueron de 21,8 % y 22,6 %, respectivamente, para el caso de la Nación, brecha que habrá de profundizarse este año. 
Y, en materia monetaria, la baja de tasas de las Lebacs no debe llevar a engaños. Estos títulos dejan de ser instrumentos de la política del Central, por lo que su rendimiento converge al de las Letes (emitidas por el Tesoro Nacional). La que vale ahora es la Leliq, a través del cual se manejará la liquidez del sistema bancario y, por ende, las tasas de créditos y depósitos. Y todo indica que, al menos hasta abril, la actitud del BCRA será cautelosa a la hora de bajar la tasa de las Leliq.

En resumen, aunque la economía pueda llegar a crecer un 3,0 % este año, el componente consumo estará condicionado. A su vez, por el lado del empleo, cabe esperar continuidad del proceso de “reconversión silenciosa” que comenzó en 2016, por el cual sólo pueden expandirse aquellos sectores con competitividad. De todos modos, en el caso de la industria, luego de una caída superior al 2,5 % en 2017, es posible que el empleo comience a recuperarse este año. La menor presión tributaria habrá de ayudar, sobre todo si el tipo de cambio no devuelve, en términos reales, lo recuperado en los últimos dos meses. Obsérvese al respecto el cuadro adjunto, según el cual un tipo de cambio real que se estabilice en el nivel alcanzado a fin de 2017 implicaría una mejora de competitividad frente al área del dólar del 2,2 % respecto del promedio del año pasado, de 7,3% y de 7,4% contra el peso chileno y el euro y un 4,6% contra el yuan chino. La única excepción sería la paridad contra el real brasileño, pero con una pérdida de competitividad muy acotada, que podría ser mas que compensada por la evolución de la demanda interna del vecino del Mercosur.

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