Lucas Doronuk

Docente, divulgador e investigador en proceso

Maduro Gate

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Pasado el tiempo y ya en fría la situación, los acontecimientos ocurridos en Venezuela apenas arrancado el año 2026 van dejando cada vez más tela para cortar. Desde un líder “entregado” hasta el futuro de la partición del mundo por parte de los hegemones. Venezuela parece ser la punta de lanza para ver cómo se delinea el tablero geopolítico en los próximos años. 

La historia se repite 

La captura de Maduro y su traslado hasta Estados Unidos tuvo por objetivo, en principio, que sea juzgado por narcoterrorismo, mientras se encontraba ejerciendo el poder político y público desde el ejecutivo. Pasada la primera audiencia del ex dictador con los magistrados de Manhattan, salió a la luz algo revelador. Tan inesperado como “inocente”, pero absolutamente confirmado por las autoridades del Departamento de Justicia de EEUU: el Cartel de los Soles no existe. Esa organización ilícita dedicada a manejar el narcotráfico en Venezuela es ficticia. Aclararon que es una denominación nacida en la década de los 90’s por parte de los medios venezolanos para referirse a políticos que puedan verse envueltos en relaciones con el narcotráfico, pero como tal, no es un Cartel de droga como lo fue el de Medellín o Sinaloa, por mostrar algunos ejemplos.  

Esta situación no habilita a pensar que no existan lazos de Maduro con otros grupos narcos, tal como el Tren de Aragua, sin embargo, nos retrotrae a una historia que ya se vivió. Estados Unidos volvió a implantar una idea en el imaginario colectivo internacional para validar una invasión u ocupación. 

En el año 2003, Washington tomó la drástica decisión de atacar e invadir Irak, en ese momento gobernada por Saddam Hussein. El pretexto del Tío Sam fue que el líder iraquí era portador de armas biológicas y químicas, además de encontrarse reactivando programas de desarrollo nuclear. Pese a los informes de la ONU que daban cuenta de que esto no estaba sucediendo en Irak, post invasión, se corroboró esa hipótesis: Irak no tenía programa nuclear ni armas biológicas, fue un simple relato que ideó EEUU para atacar Irak. Lógicamente que esto tuvo otro aval que es comparable al de Maduro Gate. Hussein era un sangriento dictador quien eliminó todo tipo de oposición política, fomentando un culto a la personalidad extremo y manejando con mano de hierro a Irak desde 1979 hasta 2003. Comparable al caso venezolano por el manejo autoritario y la situación dictatorial. Esto tuvo un visto bueno internacional en 2003 y lo está teniendo en 2026. Nadie llora a un dictador como Saddam Hussein o Nicolás Maduro. Más allá de eso, hay otra comparación. 

Petróleo, divino oro negro que distingue los destinos económicos de las naciones que lo tienen (y de las que no). Con Irak, el control petrolero y de la zona pasa a manos de EEUU, derribando a un líder histórico de Israel y Arabia Saudita. En Venezuela todo indica que será algo parecido. Trump ya avisó que piensa quedarse un buen tiempo y manejar las reservas petroleras de Venezuela para poder “financiar” la reconstrucción del país. 

En el bello arte de la geopolítica estadounidense, democracia y petróleo van de la mano, y al que no le gusta, se jode.

Las nuevas Venezuelas 

El paradigmático caso de la detención de Maduro y todo el revuelo que causó en el país, incluyendo la muerte de al menos 100 personas en el bombardeo a Caracas, viene con otra situación bajo el brazo. La estancia, corta o larga, de Estados Unidos en Venezuela habilita a teorizar acerca de los intereses en diversas partes del mundo. 

Trump fue claro con el “América para los americanos”. Pese a que no se refiere al continente, sino a su país, es conciso al dar a entender que sus zonas de influencia no son algo negociable en la era de la post globalización. Así como Rusia se planta en Ucrania y China se relame por avanzar en Taiwán, Trump hace lo propio con el continente americano. 

Hay zonas del mundo que deben seguir con cuidado el avance de los acontecimientos para poder entender los cambios geopolíticos que se pueden dar en esta fortificada regionalización mundial. El primero de ellos es Groenlandia. Lo dijo en innumerables ocasiones, para EEUU es fundamental contar con el territorio groenlandés. Más allá de las tierras raras con las que cuenta, el punto principal para EEUU al detentar a Groenlandia es el manejo de la ruta marítima del noroeste. Rusia ya maneja el porvenir económico del norte y el este, a EEUU le queda como obligación manejar la ruta del noroeste. El tema con Groenlandia es un conflicto interno en la OTAN. Tanto EEUU como Dinamarca son aliados en dicha organización y ese conflicto puede resquebrajar la unión que prolifera desde la Segunda Guerra Mundial. 

El otro punto que nos toca de cerca es Malvinas. No es una locura pensar que el trumpismo expansionista con esta nueva Doctrina Monroe del siglo XXI pose sus ojos sobre las islas argentinas arrebatadas y ocupadas por Reino Unido. Malvinas es fundamental para la extensión atlántica de Argentina, generando mayores espacios para la pesca y la expedición científica. Además de ello, es el habilitante primario para la extensión territorial argentina hacia la Antártida. Esa es la razón por la cual Reino Unido se aferra a las Malvinas y es la razón por la cual Trump podría interesarse en las mismas. A eso le podríamos sumar a Tierra del Fuego. En términos de intereses comerciales internacionales, así como Trump podría detentar la ruta del comercio marítimo del norte de América con una hipotética Groenlandia estadounidense, podría manejar la ruta del sur con el Canal de Beagle bajo el control hipotético de Tierra del Fuego. Sin lugar a dudas, se vienen tiempos donde habrá que prestar atención a cada paso que se de.  

Paralelamente a ello, habilita a choques de intereses con China que ya existen en la región, por ende Sudamérica pasa a tener un protagonismo en la repartija territorial mundial como no lo tiene desde hace siglos. 

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Maduro capturado: fin de una era

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Estados Unidos finalmente consumó aquel operativo que tanto pregonó durante años. Fuertemente impulsado por la segunda gestión de Donald Trump, la caída de Maduro era una cuestión de tiempo. Un régimen desvencijado con un líder cuestionado por dónde se lo mire, en un contexto internacional de evidente cambio del eje pero, principalmente, con intereses puestos en recursos energéticos. Paralelamente, un notorio retorno a la Doctrina Monroe y una globalización inexistente, por si a alguien aún le quedaban dudas. 

Maduro out 

El cautivo presidente de Venezuela gobernó con mano de hierro desde 2013, profundizando el régimen chavista impuesto por el mismísimo Hugo Chávez en 1999. Más allá de las evidentes críticas, muchas acciones en el gobierno completamente insostenibles a esta altura, su captura nada tuvo que ver, en principio, con la política interna de Venezuela.

Trump fue conciso. Lo que teóricamente impulsó con fuerza el avance del ejército de Estados Unidos y la posterior detención de Nicolas Maduro fue su lazo con el narcoterrorismo. El presidente venezolano fue acusado de liderar y financiar a grupos narcos en Venezuela pero con operatividad en todo América, incluido en Estados Unidos. 

El Cártel de los Soles y el Tren de Aragua son las asociaciones de narcotráfico a las que la cúpula de poder venezolano supuestamente está aliada. No es solo Maduro y su esposa, también Diosdado Cabello, por nombrar a otro miembro de alto rango del gobierno. 

El ataque fue tan fugaz como efectivo y planificado. Un par de horas con asedio aéreo fueron suficientes para doblegar la defensa venezolana. La intromisión conllevó a la captura y, en el medio, un ataque descomunal sobre Caracas. Ahora, entendiendo este contexto, ¿por qué solo Maduro? 

Bueno, la respuesta no ha de ser simple. El hecho de haber sacado a Maduro del poder induce a pensar en un cambio de era político. Muchos festejaron asegurando que es el paso hacia una transición elocuente. Sin embargo fue Trump quien confirmó que dicha transición se hará con las botas del Tio Sam en Venezuela. 

El verdadero hito que marca el interés estadounidense por “llevar democracia” a Venezuela es la apropiación de recursos naturales y energéticos. Es justamente el país sudamericano quien detenta la mayor reserva de petróleo del mundo. Sacarse a Maduro de encima es el primer paso hacia una instauración del poderío empresarial petrolero en Venezuela. A propósito de eso, Maduro no era un héroe ni un mártir ni mucho menos. Fue la consecuencia de un régimen qué también hacía negocios con el petróleo pero que era fuertemente criticado por su accionar político, social y económico, sin embargo, la captura de Maduro es el gesto internacional que se esperaba para tener la legitimidad y el visto bueno de poder hacer cuanto negocio quiera con el petróleo en la era post chavista.

La táctica de Estados Unidos es clásica. Luego de la Segunda Guerra Mundial y profundizando con el uso de petróleo, fueron varios los lugares en donde a partir de un enemigo común del Tío Sam, se propusieron ataques, invasiones, ocupaciones, explotación de recursos y finalmente la propia desidia de esos países. Ejemplo de ello son Irak, Libia y Afganistán. Venezuela no es la excepción. 

El trato silencioso

Dado a entender que hay evidentes intereses en la apropiación de recursos naturales venezolanos, ¿por qué Trump decidió hacerlo ahora?

Este interrogante se responde con un concepto previamente plasmado. La salida del mundo globalizado y el giro hacia un mundo regionalizado conlleva a la supremacía de líderes en regiones. Putin lo hace en Europa con la guerra en Ucrania, Xi Jinping lo hace en Asia con Taiwán y EEUU, que bajo la presidencia de Biden había postergado su posicionamiento regionalizador, se ocupa de América con el avance sobre Venezuela. 

Si bien los 3 conflictos son particulares cada uno por sus características, es innegable la cuota de utilización estratégica de los mismos y es algo que Trump no está dispuesto a ceder ni negociar. Pero si el mandatario estadounidense decide venderle el petróleo venezolano a Rusia, ya estamos hablando de un pacto de división territorial global tan grande como la Conferencia de Berlín en 1885 donde las potencias europeas dividieron el continente africano. 

El ataque a Venezuela sólo confirma el fin de la globalización y marca la absoluta presencia de Estados Unidos en América. Lo avisó con el intento de apropiación del Golfo de México, el canal de Panamá y Groenlandia y quien terminó pagando los platos rotos fue Nicolas Maduro, el antagonista perfecto. Nadie va a cuestionar la caída de un dictador, lo cual habilita a un escenario de incertidumbre en la región. 

¿América para los americanos? 

Más allá del dolor del pueblo venezolano, hay que plantearse una serie de interrogantes a futuro que guarden relación con nuestro sueño. Difícil es pensar que lo acontecido en Venezuela no siente precedente para un futuro ataque de Estados Unidos a otro país. 

Si bien está claro que esto es por intereses económicos y no por ideológicos (sino hubiesen “intervenido” Cuba en la etapa post soviética) es de destacar que se rompió algo en la región. 

Históricamente, Sudamérica fue ajena a conflictos armados de envergadura internacional que involucre a las potencias, con la captura de Maduro eso se rompe y no porque “sea un héroe” (nadie llora a un dictador) sino porque se abre el juego a que próximos países puedan ser objetivo de ocupaciones estratégicas. 

Mañana puede ser el litio de Argentina – Chile – Bolivia, o el acaparamiento del mercado brasilero o la Patagonia propiamente dicha. ¿Solamente el color político hace a la inmunidad invasora? No, hay otra cosa más e inclusive más profunda: los lazos con China. 

El golpe a Venezuela fue un mensaje directo a China acerca de cómo hace y deshace EEUU en su región. La cantidad de mercados que China pudo establecer en la región podrían verse, a la larga, afectados por la presencia de EEUU y el consecuente desequilibrio regional. 

En la sala de espera, el resto de los países. Le tocó a Maduro con el narcotráfico, también le podría tocar a Colombia y a Ecuador o a Bolivia y Perú por ser productores, o a Argentina y Brasil por “corrupción política” o a cualquier país por cualquier cuestión, siempre y cuando haya intereses en recursos.

En el nuevo mundo, Trump fue claro: América es de Estados Unidos.

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La Guerra Santa silenciosa

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Pasaron siglos desde que las cruzadas con su Guerra Santa ocupaban las agendas de los grandes líderes mundiales. De hecho, con el correr de los años, ya entrada en la Edad Moderna y con el avance de la ilustración como movimiento filosófico y cultural, poco a poco intentó desplazar a la religión y la teología del centro del debate y las decisiones políticas, poniendo a la razón como eje rector.

Uno pensaría que con el diario del lunes de la historia, las aguas se apaciguaron en cuanto a pujas por poder religioso, haciendo este enorme salto temporal desde la ilustración hasta pleno siglo XXI. Sin embargo, como el ser humano es complejo y la historia no es lineal, el 2025 nos encuentra despidiéndonos con un conflicto en puerta que tiene a un pueblo – religión preso de otro, con mecanismos terroristas de por medio.

La masacre en Nigeria

Los datos son contundentes para poder graficar una auténtica persecución religiosa e ideológica contra los cristianos en esta parte de África. Organizaciones como Open Door, Intersociety y ACLED coinciden en datos que son escalofriantes.

Si uno toma como parámetro a los datos expuestos desde 2009, encuentra un total cercano a 125 mil cristianos que fueron asesinados o ejecutados en Nigeria. Un dato aún más fuerte se da en este año, en donde la radicalización de grupos armados yihadistas han redoblado esfuerzos por acabar con la presencia cristiana, dando como referencia que en los primero 220 días del corriente año, fueron asesinados 7 mil cristianos, dejando un resumen de 32 a 35 a quienes le quitaron la vida por día en Nigeria. Un dato escandaloso, sin lugar a dudas.

La muerte es el objetivo último contra las poblaciones de fé cristiana en esta parte del mundo, pero también hay números reveladores en cuanto a secuestros. Se estima que en los primeros 220 días del 2025 (misma porción temporal que se tomó previamente) fueron secuestrados cerca de 7800 cristianos en Nigeria, según datos expuestos por Intersociety.

Los templos no son ajenos a esta matanza “silenciosa”. Según datos de la expuesta previamente, Intersociety, más de 19 mil iglesias fueron destruidas, atacadas o quemadas desde 2009 y más de 1100 comunidades desplazadas por la presión terrorista zonal.

La gran pregunta es, ¿quién está detrás de semejante persecución? Son varios los grupos de filiación yihadista, completamente radicalízalos y que, lastimosamente, toman como rehén a un credo para cometer crímenes execrables. Tres son las principales organizaciones que tomaron al cristianismo como su punto principal para erradicar de Nigeria. Boko Haram, ISWAP (alineado oficialmente a ISIS) y los Fulani radicalizados. Estos últimos ponen el foco en las disputas territoriales pero han tomado sendas connotaciones religiosas, envalentonadas por el contexto anti cristiano.

En el caso de Boko Haram, opera desde 2002 pero se radicaliza desde 2009, año en el que se da un claro giro en el mando de la organización. Consideran al cristianismo como un enemigo directo por asociarlo a una hegemonía mundial y la representación de Occidente, muchas veces explicitado en la figura de los colonizadores que acabaron con los califatos islámicos en Nigeria. Esgrimen constantemente una confusión en asociar guerras o conflictos a gran escala geopolítica como Palestina o Cachemira con el cristianismo, alimentando aún más el odio, sobre todo en las poblaciones rurales.

Cuando uno habla de ISWAP, encuentra ataques indiscriminados contra poblaciones musulmanas también, aunque el foco principal está en el asedio a cristianos por considerarlos “infieles” que no siguen o no buscan apegarse a la ley de la sharia, incluyendo asesinatos, secuestros y conversiones forzadas al islam. Sin lugar a dudas se habla de un contexto mixto que posibilita este flagelo. Factores económicos, territoriales, étnicos y religiosos con la operatividad de organizaciones terroristas sumado a la negación oficial del Estado nigeriano en reconocer la persecución y hasta hablar de genocidio, son un combi letal que explica este conflicto.

El silencio de las masas

Trump tomó la audaz decisión de ejecutar un ataque estratégico sobre Nigeria en los últimos días, con el fin de asestar un golpe directo contra ISWAP (filial de ISIS en esta parte del mundo). Esta situación puso el foco de la prensa internacional en el conflicto, lo cual destapa una serie de investigaciones que dan cuenta de la situación en la que los cristianos nigerianos se encuentran desde hace años. Esto desnuda un contexto y es el aparente silencio al cual se encuentra sometido esta población bajo ataque.

Es cierto que la causa Palestina es algo que lleva años y una trama muchos más compleja donde el poder internacional dice presente, al igual que el conflicto en Cachemira. Pero pareciera ser que ese silencio es más intencional que otra cosa. ¿No tiene prensa la muerte de cristianos? ¿Otras religiones dejan titulares más estruendosos? Hay un poco de todo. Inclusive uno podría hablar de que si dicha persecución fuese en Europa o Medio Oriente tendría mayor cobertura mediática pero al tratarse de África, queda en segundo plano.

En términos diplomáticos, la omisión de una persecución contra una etnia o pueblo en particular tuvo resultados desastrosos que se sienten hasta el día de hoy. Por poner un ejemplo, cuando fue obviado el genocidio bosnio, la situación de la ex Yugoslavia era insostenible y la culpa de las organizaciones internacionales y países pasaba de mano en mano. Con el genocidio de Ruanda pasó algo parecido. Parece ser que para las autoridades mundiales, un conflicto regional debe escalar hasta genocidio para que actúen.

Si bien, el accionar de Trump lejos está de ser “inocente” sirvió para poner este conflicto en la mesa de debate. El ideario ideológico de Estados Unidos es demostrar la defensa de la cristiandad como valor propio del occidentalismo y para marcar una clara agenda anti yihadista, bastante en consonancia con lo que ya venían realizando desde gestiones anteriores, fuertemente impulsado desde el 11 – S.

En la era de la hípercomunicación es imposible invisibilizar dicho conflicto, al contrario, las redes sociales aún magnifican más la comunicación de los hechos y exponen, entre otras cosas, la hipocresía de la indignación, donde aparentemente hay varas distintas para medir la muerte, según el origen de las mismas. Pasaba en la antigüedad, en el medioevo y sigue pasando en el siglo XXI.

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Europa, entre el libre mercado y el proteccionismo

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¿Cómo se le llama a algo o alguien que pregona una cosa pero hace otra? En términos diplomáticos se le diría que es hipócrita y en el barrio se le diría “careta”. Hoy, Europa está en esa encrucijada. Una región que durante décadas ha pregonado la vida de la democracia liberal y el irrestricto respeto al libre mercado, ve en el proteccionismo la única herramienta para aún seguir en pie, mientras su luz se apaga lentamente, cual vela consumida por el calor.

Tractorazo europeo

Cuando las papas queman, la agenda de lucha se da en la calle, o al menos los europeos lo entienden de esa manera, mientras sacaban a relucir sus tractores y  maquinarias en una marcha de protesta sobre el edificio de la sede oficial de la Unión Europea en Bruselas.

El contexto o la crítica principal de los productores de los países que integran la Unión Europea es por un posible acuerdo de libre comercio entre el bloque europeo y el Mercosur. De congratularse en algún futuro, la fragilidad económica a la que están sometidos, principalmente Italia y Francia provocarían un impacto económico negativo en los sectores productivos.

La ecuación es simple. Si entran productos agropecuarios de países del Mercosur a los países de la Unión Europea, su precio en góndola será menor al de los europeos, por ende, es mucho más probable que los consumidores se vuelquen hacia los precios más accesibles. Esto decantaría en una menor demanda de los productos del viejo continente, conllevando a menor generación de excedentes, lo que se traduciría en decisiones empresariales para mantener el rango de producción y las ganancias, cómo por ejemplo la reducción de la planta laboral o la reconversión a otros modelos de producción, con el fin de abaratar costos y poder competir en las góndolas.

Ante esta situación, los productores italianos y franceses se “pararon de mano” para los políticos europeos con el fin de frenar este proyecto, cosa que lograron en cierta medida. La postergación de esto trae a colación una petición de medidas económicas para salvaguardar a los productores, sumado a multas o sanciones para los productos del Mercosur que no cumplan con los estándares “ambientales”.

Italia y Francia son los más afectados, entendiendo que son las zonas de mayor producción agrícola a gran escala y que se verían imposibilitados de competir con los productos del Mercosur. La contracara es Alemania, con una base productiva en el aparato tecnológico, ve con buenos ojos el arribo inminente en 2026 de los productos sudamericanos a un precio bajo, entendiendo la mejora que puede producir en la competitividad en los mercados más importantes del país.

Esta encrucijada en la que se encuentra Europa era un tanto impensada hace décadas. Evidentemente, estos cimbronazos son producto de la absoluta fragilidad económica y de la burbuja globalizadora que al explotar, se lleva puesto al endeble sistema en el que se encuentra el viejo continente.

Si hay un hecho histórico reciente que demostró el fácilmente corrompible modelo económico de la Unión Europea fue la guerra en Ucrania. Ante el avance de las tropas rusas (ya hace casi 4 años), los europeos tomaron la decisión de ejecutar una serie de sanciones y multas económicas de impacto internacional contra el país de Putin. Hoy, a años de comenzada la guerra, el tiro les salió por la culata. Ese cúmulo de sanciones sólo demostraron una amplia dependencia energética con Moscú, la cual en cada verano e invierno que pasa, lo sienten profundamente con cortes de energía y con una factura cada vez más cara.

Está a las claras que Europa está atravesando un momento clave, en donde su economía agraria depende exclusivamente de que no se apruebe un acuerdo de libre comercio. Ironía pura, si entendemos al viejo continente como el centro cosmopolita del mundo.

Haz lo que digo, no lo que hago

Curiosa situación la de un lugar como Europa, que, al menos desde la posguerra, pregonaron con fuerza el libre mercado. Con matices y altibajos pero siempre fiel capitalismo su Dios y el libre mercado su iglesia, hoy depende, lisa y llanamente de una decisión proteccionista.

El resguardo de un sistema completo parece estar en manos de un grupo de productores franceses e italianos. Si esto es así, ¿de qué se ocuparon los eurodiputados en décadas? Si la discusión sigue siendo libre mercado vs proteccionismo, evidentemente hubo una gran ocupación por cuestiones que no mejoraron el ritmo económico de Europa o que simplemente “no la vieron”. La descomposición social, económica y cultural a la cual está sometido el viejo continente tiene un capítulo más con los productores que piden a gritos que no entren productos del Mercosur ya que no podrían competir con los precios. 

¿Es soberbia? Posiblemente. Nunca quisieron aceptar que esa era de bonanza post caída del muro de Berlín está llegando a su fin. Esa premisa cosmopolita de que Europa es el gran ejemplo ha quedado atrás. La desglobalización se los está llevando por delante.

El rearmado geopolítico actual muestra y demanda bloques o países con tendencias nacionalistas, más no el multilateralismo que imperó hasta hace algunos años. Es justamente Europa quien tiene una crisis de identidad política actual al no tener líderes fuertes ni referencias de peso geopolítico dentro del bloque de la UE. La salida de Angela Merkel de Alemania en 2021 significó el fin de la última líder fuerte que tuvo el viejo continente. No es casualidad que Putin haya invadido Ucrania un año después. Personajes como Macron, Scholz o Meloni son simples caras de rutina para los grandes mandamases del mundo: Putin, Trump y Xi Jinping.

Puede pasar. Un movimiento agrario en Europa puede ser el empujón que necesitan sus políticos para dar un giro en el timón político y empezar a ponerse a tono con la nueva era geopolítica.

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Venezuela, la presea de Trump

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Cuantas obsesiones geopolíticas podrá tolerar el presidente de Estados Unidos mientras siga con su cargo. No es solo Ucrania o Medio Oriente. Tal y como si se tratase de la propia era de la Guerra Fría, América Latina como patio trasero del Tio Sam parece ser la dinámica a aplicar por parte de Donald Trump. Venezuela es el país apuntado, con una invasión inminente, al menos en el plano de las amenazas.

¿Petróleo o democracia?

Hace tiempo que Trump viene ejecutando críticas fuertes hacia el gobierno de Nicolas Maduro. Si bien, no hace falta ser un experto de nutrida experiencia en la materia de geopolítica o política exterior para darse cuenta que el actual mandato en Venezuela es una situación completamente acabada. El gobierno de Maduro demostró una absoluta ineptitud en casi todos los órdenes de manejo de un país, provocando una galopante crisis humanitaria que da como resultado desde las penas familiares de no poder abastecer las necesidades básicas hasta las corrientes migratorias que buscan asilarse en otros países para intentar tener un mejor pasar económico.

Dado este pequeño panorama que habla a las claras que quien escribe no es un adepto ni remotamente cercana a las ideas políticas y económicas de Maduro, es menester también decir que el papel de Estados Unidos con una constante presión de intromisión territorial es la gran “red flag” geopolítica que necesita la región.

Es notoria que es una maniobra de las tantas que ya realizó Estados Unidos en su historia reciente. Así como se apropió del petróleo y de las redes de producción petrolera de Medio Oriente a fuerza pura de intervenciones bélicas con operativos de bandera falsa de por medio. Es cierto que en gran parte de esas regiones, las crisis políticas internas habilitaban a una situación de fragilidad digna de aprovechar por parte del ave de rapiña que es EEUU en su política exterior. La apropiación del petróleo es una dinámica real y absolutamente comprobable, además de la dispersión de fuerzas de contrapeso para Israel como su gran aliado occidental en las cercanías de la medialuna de las tierras fértiles.

El petróleo venezolano es una gran oportunidad para el Tío Sam. De hecho, el país liderado por Maduro tiene la mayor cantidad de reservas del mundo, con un total de más de 300 mil millones de barriles, concentrados principalmente en la Faja Petrolífera del Orinoco. Esta última situación lo pone en un marco de desafíos técnicos y económicos para su extracción y procesamiento. Las reservas venezolanas superan a las de Irán y Arabia Saudita.

Ciertamente hay que ser claros: a Estados Unidos no le importa Venezuela, le importa su petróleo. Hay un aprovechamiento absoluto de la situación de una nación destruida por la pésima gestión de Maduro. No importa el narcotráfico ni tampoco llevar democracia. Las cosas como son, y para EEUU siempre fue así.

El peligro en casa

Como argentinos no debería importarnos en absoluto algún tipo de problema interno de un país si es que no tiene consecuencias que puedan afectar los intereses nacionales, y este parece ser el caso.

Más allá de la evidente cercanía ideológica y diplomática de Milei con Trump, hay una lectura más profunda en términos continentales.

El ingreso de tropas o de fuerzas de influencia de Estados Unidos en Venezuela va a romper el pacto tácito de paz entre Estados del cual goza Sudamérica. Prácticamente todas las zonas del mundo están ataviadas de conflictos armados de índole internacional, sea por cuestiones económicas o religiosas. Sudamérica si es cierto que tiene, dependiendo de la zona, complicaciones más elevadas con el narcotráfico pero no terminan en guerras entre Estados. El avance de Trump en Venezuela puede suponer el fin de esa paz.

Los intereses argentinos se ven tocados en cuanto a que además se permite el uso de la fuerza a fuego limpio en la región, lo que provocaría, lógicamente, efectos de resistencia más violentos. Si hace falta una oposición en las urnas en un contexto de paz, en un contextos de intervenciones y militarización trae la contrarespuesta de grupos armados, poniendo en jaque la paz social.

Asimismo, habilitar a la toma de decisiones internas de países sudamericanos por Estados Unidos blanquea una situación ocurrida desde la Doctrina de Seguridad Nacional, aunque supone, además, una imposición de la fuerza que pueda repercutir más allá del continente. ¿Cómo reaccionará Rusia o China ante un ataque de EEUU?

Rusia está atado de pies y manos. La guerra en Ucrania y la ayuda estadounidense puede ser efectiva para mejorar las condiciones con Moscú, por ende es difícil que entre en conflicto. En cambio, con China es más directo el tema. Si bien no es una mega potencia petrolera, el gigante asiático en esta suerte de carrera económica tecnológica con Estados Unidos, hace que ambos magnates políticos internacionales se hagan de todos los recursos posibles para mantener su maquinaria productiva en pie y competitiva.

Lo curioso es que el futuro de Venezuela es incierto. El tiempo de Maduro parece acabado y el país prácticamente en ruinas. ¿Habrá una suerte de “Plan Marshall” para Venezuela? ¿Volverán los venezolanos de las diásporas a luchar por su país? Ciertamente, para Venezuela, todo es incierto.

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