Maduro Gate
Pasado el tiempo y ya en fría la situación, los acontecimientos ocurridos en Venezuela apenas arrancado el año 2026 van dejando cada vez más tela para cortar. Desde un líder “entregado” hasta el futuro de la partición del mundo por parte de los hegemones. Venezuela parece ser la punta de lanza para ver cómo se delinea el tablero geopolítico en los próximos años.
La historia se repite
La captura de Maduro y su traslado hasta Estados Unidos tuvo por objetivo, en principio, que sea juzgado por narcoterrorismo, mientras se encontraba ejerciendo el poder político y público desde el ejecutivo. Pasada la primera audiencia del ex dictador con los magistrados de Manhattan, salió a la luz algo revelador. Tan inesperado como “inocente”, pero absolutamente confirmado por las autoridades del Departamento de Justicia de EEUU: el Cartel de los Soles no existe. Esa organización ilícita dedicada a manejar el narcotráfico en Venezuela es ficticia. Aclararon que es una denominación nacida en la década de los 90’s por parte de los medios venezolanos para referirse a políticos que puedan verse envueltos en relaciones con el narcotráfico, pero como tal, no es un Cartel de droga como lo fue el de Medellín o Sinaloa, por mostrar algunos ejemplos.
Esta situación no habilita a pensar que no existan lazos de Maduro con otros grupos narcos, tal como el Tren de Aragua, sin embargo, nos retrotrae a una historia que ya se vivió. Estados Unidos volvió a implantar una idea en el imaginario colectivo internacional para validar una invasión u ocupación.
En el año 2003, Washington tomó la drástica decisión de atacar e invadir Irak, en ese momento gobernada por Saddam Hussein. El pretexto del Tío Sam fue que el líder iraquí era portador de armas biológicas y químicas, además de encontrarse reactivando programas de desarrollo nuclear. Pese a los informes de la ONU que daban cuenta de que esto no estaba sucediendo en Irak, post invasión, se corroboró esa hipótesis: Irak no tenía programa nuclear ni armas biológicas, fue un simple relato que ideó EEUU para atacar Irak. Lógicamente que esto tuvo otro aval que es comparable al de Maduro Gate. Hussein era un sangriento dictador quien eliminó todo tipo de oposición política, fomentando un culto a la personalidad extremo y manejando con mano de hierro a Irak desde 1979 hasta 2003. Comparable al caso venezolano por el manejo autoritario y la situación dictatorial. Esto tuvo un visto bueno internacional en 2003 y lo está teniendo en 2026. Nadie llora a un dictador como Saddam Hussein o Nicolás Maduro. Más allá de eso, hay otra comparación.
Petróleo, divino oro negro que distingue los destinos económicos de las naciones que lo tienen (y de las que no). Con Irak, el control petrolero y de la zona pasa a manos de EEUU, derribando a un líder histórico de Israel y Arabia Saudita. En Venezuela todo indica que será algo parecido. Trump ya avisó que piensa quedarse un buen tiempo y manejar las reservas petroleras de Venezuela para poder “financiar” la reconstrucción del país.
En el bello arte de la geopolítica estadounidense, democracia y petróleo van de la mano, y al que no le gusta, se jode.
Las nuevas Venezuelas
El paradigmático caso de la detención de Maduro y todo el revuelo que causó en el país, incluyendo la muerte de al menos 100 personas en el bombardeo a Caracas, viene con otra situación bajo el brazo. La estancia, corta o larga, de Estados Unidos en Venezuela habilita a teorizar acerca de los intereses en diversas partes del mundo.
Trump fue claro con el “América para los americanos”. Pese a que no se refiere al continente, sino a su país, es conciso al dar a entender que sus zonas de influencia no son algo negociable en la era de la post globalización. Así como Rusia se planta en Ucrania y China se relame por avanzar en Taiwán, Trump hace lo propio con el continente americano.
Hay zonas del mundo que deben seguir con cuidado el avance de los acontecimientos para poder entender los cambios geopolíticos que se pueden dar en esta fortificada regionalización mundial. El primero de ellos es Groenlandia. Lo dijo en innumerables ocasiones, para EEUU es fundamental contar con el territorio groenlandés. Más allá de las tierras raras con las que cuenta, el punto principal para EEUU al detentar a Groenlandia es el manejo de la ruta marítima del noroeste. Rusia ya maneja el porvenir económico del norte y el este, a EEUU le queda como obligación manejar la ruta del noroeste. El tema con Groenlandia es un conflicto interno en la OTAN. Tanto EEUU como Dinamarca son aliados en dicha organización y ese conflicto puede resquebrajar la unión que prolifera desde la Segunda Guerra Mundial.
El otro punto que nos toca de cerca es Malvinas. No es una locura pensar que el trumpismo expansionista con esta nueva Doctrina Monroe del siglo XXI pose sus ojos sobre las islas argentinas arrebatadas y ocupadas por Reino Unido. Malvinas es fundamental para la extensión atlántica de Argentina, generando mayores espacios para la pesca y la expedición científica. Además de ello, es el habilitante primario para la extensión territorial argentina hacia la Antártida. Esa es la razón por la cual Reino Unido se aferra a las Malvinas y es la razón por la cual Trump podría interesarse en las mismas. A eso le podríamos sumar a Tierra del Fuego. En términos de intereses comerciales internacionales, así como Trump podría detentar la ruta del comercio marítimo del norte de América con una hipotética Groenlandia estadounidense, podría manejar la ruta del sur con el Canal de Beagle bajo el control hipotético de Tierra del Fuego. Sin lugar a dudas, se vienen tiempos donde habrá que prestar atención a cada paso que se de.
Paralelamente a ello, habilita a choques de intereses con China que ya existen en la región, por ende Sudamérica pasa a tener un protagonismo en la repartija territorial mundial como no lo tiene desde hace siglos.
