Lucas Doronuk

Docente, divulgador e investigador en proceso

El nuevo pacto Roca-Runciman

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La noticia rimbombante de la semana, sin lugar a dudas, es el acuerdo comercial (y político) al que arribaron Argentina y Estados Unidos. En el marco del rearmado del mundo nuevo, los aliados del poder están a la orden del día. ¿Es simplemente cambiar China por Estados Unidos? ¿Hay una venta indiscriminada de la patria? Tal vez solo sea el eterno retorno del devenir de la historia de nuestro país, el cual, como si fuera un espiral, gira y se consume.

Corría el año 1933 y, en plena reforma del modelo económico mundial, Argentina enfrentaba una seria crisis relacionada estrictamente a lo comercial.
Tras el crack de 1929 y la consecuente crisis internacional del sistema capitalista integrado, a nuestro país no le quedó más remedio que la reconversión de un modelo agroexportador a uno de sustitución por importaciones. Todo ello, en medio de la vorágine de mercados truncos o fríos debido a una Europa deprimida tras la Primera Guerra Mundial y con el fragor revanchista de las potencias del Eje que llevarían al enfrentamiento posterior en la Segunda Guerra Mundial.

Bajo ese contexto, Argentina se vio en la necesidad de mantener el régimen exportador de carne, el producto emblema nacional, pero ante el impedimento o la dificultad por una economía seriamente resentida, encontró una salida, allá por 1933, que trae sombrías semejanzas con el 2025.
El hijo de Julio A. Roca firmó junto al político y empresario liberal británico Walter Runciman un pacto que marcaría el rumbo económico del país y plantaría los nuevos cimientos de una dependencia siempre grave entre nuestro país y el poder central europeo, norteamericano o chino. En este caso, el pacto fue con el Reino Unido, donde Argentina se aseguraba mantener la exportación de carne vacuna a cambio de, básicamente, el control del sistema financiero y los trenes nacionales en manos de capitales e intereses británicos. ¿El resultado de ese acuerdo? Una dependencia absoluta que retrasó aún más la industrialización argentina.

Dicho así, al pasar, resulta muy parecido y muy curioso respecto de lo que sucede actualmente en una comparación siempre odiosa, pero a la vez inevitable.

El actual gobierno encabezado por el presidente Milei, junto a su partener que maneja la cartera económica del país, Luis “Toto” Caputo, mantiene una amplia afición por Estados Unidos y es, ipso facto, una de las primeras grandes pretensiones del gobierno: sostener una absoluta cercanía y alineamiento con la Casa Blanca, con acuerdos de por medio que permitan establecer el eje Washington – Buenos Aires.

Hoy, pareciera ser que es realidad. Se dio a conocer que, tal como en 1933, Argentina mantiene un esquema de bajos aranceles y de prioridad del mercado agrícola argentino en Estados Unidos a cambio de la manipulación de los recursos naturales y minerales de nuestro país. No es un invento de la “izquierda”, sino una realidad plasmada en documentos oficiales, aunque, como todo, hay asuntos más oscuros detrás.

El factor chino

Argentina tiende a ser, como gran parte del mundo, un laboratorio político, económico y cultural de las potencias centrales. Nuestra historia está signada, justamente, por un sensacionalismo de dependencia norteamericana, europea y china que se cuela entre las rendijas de una idiosincrasia cada vez más endeble o fluctuante. Definir la argentinidad parece quedar circunscripto al fútbol y a la gastronomía, ya que el ser nacional se diluye entre tantas pretensiones de ser extranjero.

Este contexto es aprovechado por naciones poderosas, hoy por Estados Unidos, que utilizan al país como un conejillo de indias en su disputa mayor contra China. No es una novedad si uno lo piensa o lo plantea de esa manera.

El control que establece Estados Unidos sobre la economía argentina a partir de este nuevo acuerdo tiene como condición central desplazar a China de la región. No es que Argentina sea meramente importante, más allá del potencial absoluto de la utilización de nuestros recursos, sino que la puja geopolítica es más grande y Argentina es solo un escenario más.

La guerra comercial entre Estados Unidos y China tiene un particular agregado en el que Argentina parece tener participación. La disputa tecnológica y el posicionamiento de productos forman parte de esta lógica sino-estadounidense. Para la producción de bienes tecnológicos, minerales como el litio son fundamentales, y Argentina forma parte del triángulo del mismo, junto a Chile y Bolivia, que detenta entre el 60 y el 70 por ciento del total de dicho mineral en el mundo.

Además de la utilización estratégica de los minerales y recursos naturales, el desplazamiento de China como aliado comercial también es clave para la región. Casi como en un efecto contagio, si China se retira y a Argentina le va “bien” (entiéndase la simplicidad mediática de la afirmación), es posible que sirva como ejemplo para otros países de la región que se encuentran alineados con Estados Unidos. Las nuevas (viejas) derechas, como en Paraguay, Bolivia o Ecuador, pueden ver como potable esta situación y que ello conlleve a un emparejamiento. A esto se suma la polarización con la hegemonía china en el mercado interno de países como Brasil.

Con esta visión, resulta imposible no pensar que nuestro país se transforma en un peón más del ajedrez mundial.

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New York, New York

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Colonizados o no, es imposible dejar pasar por alto que aquello que sucede en el norte industrial es ajeno a nuestra realidad. Y sí, claro que las elecciones de alcalde de Nueva York repercuten en el mundo por varios motivos: por ser la ciudad emblema del capitalismo financiero, por su presencia en la cultura pop y hasta por funestos atentados. Sin embargo, el motivo mayor es por el triunfador. Un nuevo alcalde ¿socialista y musulmán?

El extraño caso de Mamdani

Casi la mitad de los votantes de Nueva York eligieron a un hombre: Zohran Mamdani. Este se impuso al polémico Andrew Cuomo por casi 9 puntos. 

Mamdani es un treintañero que llega a la alcaldía al exponer su faceta abierta en una agenda socialista. Además de ello, es licenciado en Estudios Africanos, nacido en Uganda y profeso en el islam. Un perfil al menos disruptivo en la historia política estadounidense. 

Es imposible no buscar alguna explicación que dé cuenta de la razón de su elección tan contundente. En un país manejado por el republicanismo trumpista, un férreo opositor gana en la ciudad más importante, abriendo camino a una posible Guerra Fría interna. 

El primer punto a analizar es su postura política, lógicamente. Considerado un demócrata socialista, presentó una serie de propuestas que rompen con todas las barreras de lo aplicable para un país con la tradición y cultura política de Estados Unidos. Los deseos políticos a transformarse en realidad para Zohran Mamdani está la gratuidad absoluta de los autobuses, la creación de una serie de supermercados del municipio, el servicio gratuito de niñera para trabajadores, creación de viviendas estatales vía expropiación de edificios no utilizados y hasta una especie de “ley de alquileres de Alberto Fernández”con la congelación del precio de los mismos. Parece sonar seductora dichas propuestas, y sobre todo en la población más sensible de Nueva York. Alrededor del 25% de la población de la ciudad, o el equivalente a 8.4 millones de personas están bajo la línea de la pobreza. Es evidente que Mamdani salió a captar su voto. 

En Nueva York no existe solamente la brecha salarial como mantenimiento del status quo, sino también el étnico racial y el migratorio. Grandes números de personas que no cuadran aún bajo el mandato del “sueño americano” han visto en la figura de Mamdani a alguien en quien confiar. Asimismo, la generación Z fue una de sus masas votantes, revoloteados por las ideas “revolucionarias” del elegido alcalde. 

Una gran campaña de cercanía en redes sociales mostrando a un hombre sencillo y con capacidad empática, resaltaron entre tanto barullo y prepotencia de Trump y sus seguidores. Algunos dirían personalidades distintas, otros que son simples estrategias de captación de votos. 

Del otro lado tampoco había mucho. Andrew Cuomo, su principal oponente, había tenido una amplia experiencia en la función de cargos públicos, hasta ser gobernador de Nueva York. El mismo lo tuvo que abandonar por una serie de acusaciones de acoso sexual, algunos inclusive confirmando violaciones. Este aspecto fue lo suficientemente aberrante para que se aleje de la política desde el 2021. A su vuelta, los neoyorquinos no lo olvidaron. Este fue otro factor que explica la llegada de Mamdani al poder. A esto hay que sumarle el voto anti Trump que pudo captar el actual alcalde. 

Finalmente y no menos importante, es menester decir que el triunfo socialista en Nueva York es solo el resultado de un contexto que hace rato se viene dando allí y en varias ciudades de Estados Unidos. El avance del progresismo les está quitando los cargos de decisión a los tradicionales demócratas y republicanos. Genuinamente, hay gente que quiere eso, por convicción o por seducción a lo desconocido. 

Superman del siglo XXI

La posible Kriptonita para este superhéroe socialista y musulmán podría ser él mismo o la realidad. Es poco probable que lleve adelante las reformas que busca establecer, sobre todo si no consigue el consenso de las élites dominantes de Nueva York. Difícil es pensar que en la ciudad que acuña los hitos del capitalismo como Wall Street también sea tierra de expropiaciones y viviendas sociales sin costo, al mejor estilo soviético. 

Difícil será también para Mamdani cuando le lluevan críticas totales a Israel y su acusación de genocidio. De hecho, ya fue acusado como antisemita por tal apoyo en la guerra de Medio Oriente. 

Difícil será sostener las críticas hacia su estudio, su religión (primer musulmán en la historia de Nueva York) e inclusive a su capacidad de poder “rosquear” en la ciudad donde el poder se respira. Y más aún, cuando todas estas críticas puedan venir del mismo presidente Trump. 

Hoy Estados Unidos está con los mandos cortados. Con una enemistad entre el poder central y su ciudad más grande. En la Casa Blanca un derechista y en su mayor localidad y fuerza distrital un progre. Parece una reedición de la diferencia Milei-Kiciloff que impera en nuestro país. 

¿Estaremos asistiendo al principio del fin de Estados Unidos? Uno se malinterprete este como la debacle del pais como tal sino al de un ideario político en donde lo socialista y musulmán nunca hubiera tenido ni la mínima posibilidad de presencia.

Tal vez el sueño americano ya no sea tan americano. Es decir, es evidente que la gran cantidad de migrantes, negros, personas de religiones no protestantes y de pobres (quienes se llevan la peor parte) conforman parte de la gran ciudad de Nueva York y hoy piden un cambio en las preferencias. 

El sueño americano pasó a ser el sueño migrante, el sueño negro y hasta el sueño musulmán. Por eso eligieron a Mamdani. Si bien, tiene todas las de perder, será interesante ver como conquista las demandas que él mismo propuso en su campaña electoral. 

¿Hay neoyorquinos que reniegan del capitalismo? ¿Hay neoyorquinos que apoyan abiertamente a Gaza? ¿Hay neoyorquinos que valoran más a alguien que camina en su barrio que aquel que solo promete? La respuesta parece ser sí, y ojo, en esta parte del mundo hay que verlo como un spoiler. Tenemos la tendencia de absorber todo eso en el sur global. Tal vez son tiempos de rupturas totales en lo tradicional. 

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No me Río de Janeiro

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Cuando se habla de narcotráfico generalmente se pasa por alto que es un problema de dimensiones geopolíticas. La masacre de Río de Janeiro puso de relieve la presencia territorial del narcotráfico en barrios periféricos, la interferencia de un Estado que dejó crecer este fenómeno y la encrucijada en la que Estados Unidos pone a América Latina en su relación con el aparato narco internacional. 

Hoy, Río de Janeiro es la capital de las tensiones sociales y políticas del cono sur. 

Conflicto con historia 

Actualmente son más de 130 los muertos en la redada policial más grande contra el narcotráfico que tuvo Río de Janeiro en su historia. Imágenes crudas de cuerpos que yacen en el suelo sin vida y favelas absolutamente militarizadas son moneda corriente en medios de comunicación y en las redes sociales. De la noche a la mañana, esas exuberantes imágenes de las playas de Río, del carnaval y de turistas desbordando el Cristo Redentor cambiaron por un converso film en donde la ciudad brasileña era más parecida a Medio Oriente por sus conflictos que a otra cosa un poco más beneficiosa de ver. 

¿Quién está detrás y cuál es el problema? Todo parte de la presencia del Comando Vermelho. Esta es una organización de crimen organizado que basa sus actividades, principalmente, en el narcoterrorismo. 

El Comando Vermelho nació en la década de los 70 ‘s en las cárceles brasileñas, como una especie de reducto de defensa para los presos políticos y comunes que se encontraban allí en pleno contexto de dictadura del 64, una de las más letales de América Latina. 

Con el paso de los años y ya entrado en la década de 1980, el Comando Vermelho fue mutando a una red transnacional de tráfico de drogas, en pleno boom de la cocaína a nivel global. Alguna de las tantas acciones por las cuales se los conoce es por robo, sicariato, extorsión, además de manejar la droga desde Río de Janeiro y con fuerte presencia en las favelas. Curioso resulta que este grupo empezó como una especie de red de contingencia para presos políticos y terminó recayendo en el crimen organizado para el financiamiento del mismo. 

Toda esta situación de conflictividad explota ahora bajo un contexto de expansión territorial del Comando Vermelho, estableciendo alianzas con el Primer Comando de Capital en San Pablo y con el famoso Tren del Aragua en Venezuela. Esta ampliación territorial también tiene una faceta de choque con otra asociación narcocriminal como lo es Jalisco Nueva Generación, un cartel mexicano con el que se disputa corredores bioceánicos, en el marco del traslado de la droga desde el cono sur de América Latina hacia Estados Unidos o Europa. 

A destacar también es que los grupos de élite de las fuerzas de seguridad que llevaron adelante estos impresionantes operativos se encontraban planificando el golpe hace más de un año mediante investigaciones y trabajos de inteligencia. Asimismo, el Comando Vermelho se caracterizó en estos últimos días por mostrarse con armamento digno de ejércitos como fusiles automáticos y drones, todos ellos adquiridos en el mercado negro. 

La política detrás del desastre 

Es un hecho que el operativo tuvo lugar y transformó a reconocidas favelas de Río de Janeiro en zona de guerra. Sin embargo, es de importancia decir que la política puede dar una explicación a esta calamitosa situación actual. 

Por un lado, una visión desde los factores exógenos a Brasil, dicta el posicionamiento de Estados Unidos y su perspectiva trumpista hacia Latinoamérica. Desde que asumió el actual mandatario estadounidense, una de las características en cuanto relación a América Latina fue el de ejecutar o al menos intentar hacer golpes de efecto, lógicamente armados y de carácter intervencionista, contra grupos narco criminales. México y la negativa de Claudia Sheinbaum para el accionar de tropas o autoridades extranjeras es parte de un capítulo, mucho más fuerte en la animosidad de Trump de descabezar o al menos darle un golpe fuerte a Tren de Aragua y el Cartel de los Soles en Venezuela, este último asociado con la figura de Nicolas Maduro. Parece ser cuestión de tiempo para ver una mayor avanzada de Estados Unidos sobre este último país. 

Con Brasil también podría entenderse esta relación política y eso lleva automáticamente al factor endógeno. La disputa política interna de dicho país está bajo los ojos del Tío Sam. Por un lado, el gobernador Claudio Castro, férreo aliado a Bolsonaro, habla de una guerra abierta contra el narcotráfico pidiendo intervención militar federal. En tanto que Lula Da Silva, presidente de Brasil, se ha mostrado más reacio a un enfrentamiento directo teniendo un desastre más grande y la aparición de un narco estado, sobre todo por la idea del manejo de grupos paramilitares de Claudio Castro. Cabe aclarar también que parte de la masa votante de Lula la tiene presente en las favelas, hoy escenario de disputa en Río de Janeiro. 

Estados Unidos ve esta polarización de cerca. Trump considera a Bolsonaro como un aliado, este último imposibilitado de ejercer cargos públicos por imputación de sedición e intento de golpe de Estado. Para Estados Unidos, el argumento del desmán narco y el crecimiento territorial del Comando Vermelho es un motus perfecto para avanzar indirectamente sobre Brasil. Un Lula debilitado por este contexto es el escenario ideal para el fortalecimiento trumpista en la estructura de Bolsonaro. ¿El mayor trasfondo? Brasil integra el BRICS y un escándalo nacional de semejante envergadura puede servir como argumento para EEUU de fortalecer su posicionamiento en el tablero geopolítico, en contraposición con el grupo de países emergentes, y, porque no, ser la punta del iceberg de algún conflicto mayor. 

El futuro es algo incierto pero nada positivo si no se toman decisiones fuertes en el corto plazo. Si Lula no suaviza la situación y no le da un abordaje integral del problema que no se centre solo en “bala”, puede provocar el avance y consolidación del narco estado, inclusive decantando en la bajada de líderes narco de los morros, haciendo que Río de Janeiro sea ingobernable. Sin recuperación de territorio, el Comando Vermelho promete represalias y eso conlleva a un conflicto de seguridad nacional que puede afectar a la región. Más allá de la perspectiva estadounidense y la equiparación de Lula como un defensor de un “narco régimen”, el problema se puede extender a las fronteras, como Argentina. Esto va desde el genuino éxodo de brasileños que buscan tranquilidad como el camino de huida de narcos, lo que conlleva a mayor inestabilidad en la región. 

Además, puede abrir la puerta a una nueva (vieja) doctrina de mano dura, en donde el combate a estas situaciones sea meramente a través de la militarización, promoviendo un contexto ideal para intervenciones o “ayudas” extranjeras. Si Lula y el arco político brasileño no colaboran en solucionar el caos de Río de Janeiro de manera integral, están a un par de pasos de transformarse en la Medellín de la década de 1980.

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El patio trasero de Trump

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El mandatario estadounidense es un fiel reflejo del producto político de su país. Más allá de todas las polémicas y novedades en las que se involucra, hay tradiciones que no cambian. Es evidente que el intervencionismo continúa siendo parte de la agenda de Donald Trump, más allá de cierto proteccionismo económico. América Latina parece seguir ocupando el lugar de patio trasero de los Estados Unidos, con todo lo que ello implica.

Son tres los grandes ejemplos que modelan hoy la política exterior de los Estados Unidos con América Latina: Colombia, Venezuela y Argentina.

En el caso colombiano, Trump ha marcado una profunda distancia con su par Gustavo Petro. Las diferencias políticas e ideológicas son evidentes, aunque también pesan las acusaciones cruzadas por narcotráfico. Casi como en un déjà vu, Colombia vuelve a enfrentar denuncias sobre los vínculos entre la política y el narcotráfico, e incluso sobre el control territorial que mantienen los cárteles.
¿Realmente le preocupa a los Estados Unidos el narcotráfico en Colombia? Difícilmente, cuando ni siquiera logra resolver sus propios problemas internos con las drogas ilegales. Lo que se observa es más bien un aprovechamiento de la disparidad ideológica entre los líderes para generar polarización y externalizar el conflicto, con el objetivo de justificar la expansión de su flota bélica cerca de Panamá. La cercanía con este país sigue siendo estratégica para ejercer un control más riguroso —e incluso ilegal— del canal de Panamá, en el marco de una disputa comercial de mayor envergadura con China.

Con Venezuela el escenario es distinto, aunque igualmente tenso. Hay un fuerte enfrentamiento con Nicolás Maduro, a quien Trump acusa de encabezar un grupo de jerarcas con lazos directos con los cárteles de droga. Tampoco parece que al gobierno estadounidense le interese demasiado la producción o distribución de drogas desde ese país, más allá de los efectos internos que pueda generar. El trasfondo es otro: los intereses petroleros. Venezuela es uno de los mayores productores de petróleo del mundo, y mantener bajo control su comercio —al mismo tiempo que se bloquea la injerencia rusa y china— es un objetivo central de la administración republicana.

En el caso argentino, la presión es más indirecta pero responde a las mismas intenciones. No existe aquí una amenaza de militarización, sino de dominación económica. Es sabido que el gobierno de Javier Milei busca financiamiento externo para sostener sus “logros” económicos. En ese contexto, las advertencias sobre la continuidad del régimen político o el fortalecimiento institucional a cambio de apoyo financiero adquieren un tono de chantaje. Los Estados Unidos, una vez más, sacan provecho: el acceso a recursos estratégicos como el litio o el cobre, sumado al respaldo diplomático que genera efectos en cadena en la región, consolidan su posición de influencia. Además, la reducción de la presencia china en la economía argentina es un objetivo explícito en los despachos de la Casa Blanca.

En este contexto, el factor común es evidente: la enemistad con China. América Latina sigue siendo, para los Estados Unidos, su zona de influencia natural y prioritaria.

Ayer la URSS, hoy China

La receta se repite: dominar América Latina para apropiarse de sus recursos y fortalecer la zona de control ante la influencia de potencias extranjeras. Como en los tiempos de la Guerra Fría y bajo la Doctrina de Seguridad Nacional, los Estados Unidos intensifican, bajo el mandato de Trump, su presencia en la región mediante amenazas bélicas, chantajes económicos y estrategias culturales.

Si se observa el tablero geopolítico actual, los tres principales líderes del mundo —Trump, Vladímir Putin y Xi Jinping— comparten una misma lógica: la expansión de sus zonas de influencia. Como si se tratara de una nueva “paz armada”, cada potencia busca extender sus fronteras de control. Trump entendió que Joe Biden había descuidado América Latina desde la perspectiva de los intereses estadounidenses y, casi a contrarreloj, busca ahora recuperar ese terreno aplicando una vieja fórmula. América Latina no es solo su patio trasero: también es su laboratorio y su proveedor de recursos.

Con China y Rusia ocurre algo similar. Xi Jinping mantiene una fuerte presencia en torno a Taiwán, en el marco de un conflicto histórico que se articula con la llamada Línea de los Nueve Puntos. Paralelamente, Rusia busca preservar su influencia en Europa del Este, con la guerra en Ucrania y la amenaza constante sobre países miembros de la OTAN y de la Unión Europea cercanos a su frontera, como Polonia, Finlandia y los Estados Bálticos.

Este panorama desnuda el modus operandi de las potencias en un mundo cada vez más multipolar. Pueden añadirse otros ejemplos, como las tensiones en el subcontinente indio o los movimientos nacionalistas en África, para comprender que la tendencia dominante es la desglobalización.

Lejos de un Estados Unidos hegemónico, lo que predomina es una nueva distribución de zonas de influencia, donde las potencias refuerzan su presencia histórica y profundizan las relaciones desiguales con los países más pobres o dependientes. En síntesis: América para los Estados Unidos, Asia para China y Europa para Rusia. El resto, que se las arregle como pueda.

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Braden o Perón, edición 2025

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Se cumplieron 80 años del hito fundacional del movimiento político más grande de Argentina y uno de los más emblemáticos de América Latina: el peronismo. En ese bravío político en el cual se encontraba la Argentina y previo al comienzo de una era que iba a cambiar nuestra historia para siempre, esa famosa grieta dijo presente con la disyuntiva Braden o Perón, la cual pareciera seguir presente hasta hoy en día. 

Kicillof o ¿Trump? 

La historia pareciera estar condenada a repetirse, y en un país como Argentina, una semana política es el equivalente a meses de política en otros lugares del mundo. Esta misma vorágine se expresa en cuestiones que en la inmediatez afectan al gusto/disgusto por un político o por otro. Más allá de eso y hasta más allá de resultados electorales, el peronismo siempre está. 

Esa situación de perdurabilidad del peronismo nos trae a una inevitable comparación actual con el lema Braden o Perón. Esta dualidad tuvo relieve en 1945, entre el entonces embajador de Estados Unidos y secretario de trabajo próximo a convertirse en presidente de la nación. Básicamente lo que plantean, a través de dardos cruzados y hasta de producciones escritas (“carpetazos”, en la jerga actual política) son dos modelos de país yuxtapuestos. Braden bajo el ala del sometimiento o la alineación a Estados Unidos y Perón bajo la consigna de la soberanía nacional y la Tercera Posición o el no alineamiento con ninguno de los órdenes de mando mundial en ese entonces, el comunismo soviético y el capitalismo estadounidense. 

Hoy es difícil ponerle nombres propios a esa disputa. ¿Quiénes representan el pensamiento de Braden? Curiosamente la dirigencia actual, encabezada por el mismo presidente Milei, hasta, quizás llegar a suelo estadounidense. Personalidades como Trump o Bessent han puesto sus ojos (y garras) en la realidad argentina, a tal punto que intentan influenciar en el resultado eleccionario con el argumento de girar dinero al país si la Libertad Avanza consigue un buen resultado. 

Del otro lado es aún más difícil pero más previsible saber de dónde saldrá ese estirpe que represente los valores de Perón. Con Cristina Fernández de Kirchner presa, dirigentes peronistas con poca intención de voto como Guillermo Moreno y Santiago Cuneo, con provincialismos cada vez más fuertes que engloban al peronismo, todo parece indicar que la figura que toma fuerza es la de Axel Kicillof. El gobernador de Buenos Aires no solo sacó un buen resultado en las legislativas de su provincia, sino que pareciera ser un rostro conocido que se quedaría con esa base electoral a nivel nacional, y, por qué no, ser quien cuadre en esa fuerza de soberanía nacional por sobre el interés del extranjero. 

Lo curioso de “Braden – Perón 2025” son las condiciones de unos y otros. Por un lado un líder “bradenista” con amplio apoyo popular como Javier Milei y que detenta el poder de mando del país, y por otro un líder exógeno del peronismo. Kicillof supo ser crítico del gobierno de Néstor y de la economía de Lavagna – Moreno, a tal punto que hasta CFK lo llamó marxista en cierto momento. Parece ser que este contexto no se da entre la pureza ideológica como tal, sino en un mboyeré político, propio de los tiempos que corren. 

La grieta, un invento argentino 

Si bien esta diferencia marcada de modelos de países actualmente nos lleva hasta el famoso lema Braden o Perón. Esta disputa de intereses es algo tan argentino como el dulce de leche, el asado y el mate. 

Si uno se pone quisquilloso, debería decir que antes de ser Argentina como tal, ya teníamos este inconveniente o está característica. 

Algunos de los hechos que le dan veracidad a esta afirmación son las disputas en el Virreinato del Río de la Plata entre pro españoles y aquellos que abogaban por el uso libre del comercio en el puerto de Buenos Aires. Ya consumada la Revolución de Mayo, la pelea entre morenistas y saavedristas dentro de la Primera Junta y los círculos intelectuales y patriotas se hizo presente. Con el correr del tiempo se consolidó la marcada diferencia entre federales y unitarios, que conllevó a un ciclo de inestabilidad y combates dentro del territorio de la actual Argentina. La figura paradigmática de Juan Manuel de Rosas y su oposición al desastre de Rivadavia, en conjunto con su manera de manejar los hilos de Buenos Aires y su reticencia o sus argumentos para no sancionar una constitución le valió el mote de líder autoritario con el correr de los años, pero en ese momento fue la generación del 37 quien lo enfrentó severamente. Si seguimos avanzando en el tiempo, la generación del 80 tuvo sus evidentes detractores, como también Irigoyen con su arribo al poder mediante la Ley Saenz Peña, de hecho a este último le cabió la crítica de ser el primer populista de nuestra historia. Llegado el tiempo de Perón en adelante, la contraparte tuvo muchos nombres y significados a nivel social, pero siempre con la misma premisa de marcar rumbos diferentes. 

Eso es lo que tienen en común todos esos procesos históricos, marcan modelos de país distintos, ya sea por economía, por gobierno o por formas políticas, la grieta estuvo siempre. Los valores que representan al capital extranjero suele verse en las élites urbanas y conservadoras, en tanto que los sectores más de corte popular es donde se encontró ese refugio de resistencia, que tuvo y tiene muchos nombres: San Martín, Rosas, Perón, etc. 

¿Algún día esto se va a zanjar en Argentina? Posiblemente nunca, ya que forma parte de las dos caras de los argentinos o al menos de los dos tipos de argentinos que existen. Luego podemos cuestionar y analizar cómo se forma cada uno, pero es innegable que son modelos imperantes que en nuestra historia existen. Como fenómenos nacionales tienen particularidades propias de los cultural y la idiosincrasia, muy visible en ambos lados pero fácil de denotar en el peronismo o en los sectores populares. En otros países hubo guerras internas para terminar con esas diferencias, como la Guerra de Secesión en EEUU que terminó por marcar al modelo industrial por sobre el agrario, sentando las bases para un capitalismo de mayor desarrollo. 

En nuestro país sí que corrió sangre, pero no en forma de guerras directas. Hubo golpes de estado, gobiernos que desaparecieron personas, hubo bombardeo de plaza de mayo y hasta una situación de enfrentamiento entre guerrillas y cuadrillas policiales y militares, pero nunca se terminó esa imposición de uno sobre otro. Nuestro ADN argentino tiene una lucha interna por ambos modelos, de difícil coexistencia pero no imposible. 

A 80 años de la creación del peronismo parece que nada cambió, hay nuevos Braden que dicen que van a terminar con ese modelo y a nuevos “cabecitas negras” que se movilizan día y noche hacia el lugar donde Cristina Fernández de Kirchner cumple con su prisión domiciliaria, y lejos de pedir por su liberación como la de Perón en el 45, sigue expresando un deseo de parte de la población. Tal y como dice una popular canción de Viejas Locas: Todo sigue igual

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