Lucas Doronuk

Docente, divulgador e investigador en proceso

(R)evolución de Mayo

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¿Tanta gloria puede entrar en un país de más de 45 millones de habitantes? Campeones del mundo, destacados en ciencia, literatura, automovilismo, música, fútbol, y cuantas argentinidades más. Toda esa genialidad contenida del argentino es parte de un proceso amplio de construcción de su identidad. Inquieta y rebelde, con ansias independentista, un poco del sentimiento que por 1810 sumergía a los futuros miembros de la Primera Junta.

¿El pueblo quiere saber?

Durante muchas décadas, la enseñanza de la historia oficial acerca de la Revolución de Mayo se basó en una serie de mitos que concentraron a la figura heroica de miembros como Belgrano, Paso y Saavedra, entre otros, ensalzando una gesta cargada de emotividad y de conceptos épicos, como la lluvia y el pueblo en las calles.

Lo cierto de todo ello es que se gozó de la construcción de un relato que fue suficiente para generar un símbolo de unidad e identitario en el proceso de construcción del Estado argentino durante el siglo XIX. Mitre y sus cercanos sabían eso y lo ejecutaron de dicha manera. Aunque hoy, el revisionismo histórico y las amplias formas de acceder al conocimiento a partir de la hiperconectividad, son herramientas suficientes como para entender un poco mejor el devenir revolucionario de Mayo de 1810.

No fue una revolución demasiado popular como otras que podrían mencionarse en el vasto mundo de la historia universal. Revoluciones como la rusa o la francesa gozaron de una conjunción de sectores de clase para poder derrocar a un enemigo común, materializado en las monarquías. Sin embargo, la Revolución de Mayo casi que vino de rebote y con oportunismo. En 1808, Fernando VII es capturado por Napoleón, poniendo en jaque sus dominios. Esta situación en el extranjero posibilitó, sumado a una serie de críticas de los porteños por el uso del puerto de Buenos Aires que estaba destinado al único comercio con España, a un estallido institucional que tuvo como resultado la huida del Virrey Cisneros y la posterior generación de un primer gobierno patrio incipiente.

El pueblo tampoco estaba en las calles ni estaba muy enterado de lo que pasaba. La imagen de los paraguas que se replicaban en la plaza de Mayo es irrisoria. Verdaderamente hubo un cambio institucional con ansias de independencia más que una revolución. Peleas internas tuvieron lugar entre saavedristas y morenistas. Entre seguir siendo parte de España o romper los lazos. Belgrano quería un rey inca. Confusión hasta en la propia proclama. Sin embargo, acá estamos, 215 años después, productos más de una evolución que de una revolución.

Los argentinos somos eso: evolución constante. Un pueblo dinámico y con tendencia a la alternancia. Quizás los acontecimientos de Mayo de 1810 calaron hondo en la memoria colectiva o en el inconsciente que forma parte del ser nacional, heredando el oportunismo, los intereses propios y la picardía de saber levantarse cuando es el momento indicado. Más que revolución, una evolución de un pueblo que desde el vamos presentó grietas que se fueron resignificando con las etapas históricas y donde, pareciera ser que la última palabra siempre la tuvo Buenos Aires.

La otra “Revolución”

Es cierto que los acontecimientos de Mayo de 1810 abrieron las puertas a un proceso histórico que decantó con la ansiada independencia del 9 de julio de 1816. En el medio, la extensión de los hechos, guerras y la creación incipiente de las primeras instituciones propias. Sin embargo, hubo una gesta paralela y con un carácter aún más federal que la Revolución de Mayo y la Independencia.

Un año antes del Congreso de Tucumán, exactamente el 29 de julio de 1815, tuvo lugar el Congreso de los Pueblos Libres, también conocido como Congreso de Oriente. El mismo se realizó en Concepción del Uruguay, actual territorio de Entre Ríos y estuvo encabezado por José Gervasio Artigas. Ese gran caudillo tuvo una idea de Estado o de al menos de gobernar distinto al Centralismo porteño, en donde el protagonismo pasaba por las provincias que formaban parte de la Liga de los Pueblos Libres (Actual territorio de Uruguay, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fé y parcialmente Córdoba).

Este congreso sentó las bases de la declaración de independencia de España y de cualquier otra potencia extranjera, poniendo en el centro a la autodeterminación de los pueblos. Otro tema de suma importancia era la creación de un mercado común regional y el impulso de una reforma agraria profunda. Esta última hablaba de la redistribución de las tierras confiscadas a enemigos en manos de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, algo muy innovador para la época. Y finalmente, pero no menos importante, hablaba de la soberanía particular de los pueblos, algo ponderado más adelante, pero que en 1815 hacía un ruido enorme y ponía a las provincias en el centro de la escena. Toda esta intentona no llegó a buen puerto por traiciones internas y el asedio portugués, pero, sin lugar a dudas, fue un hecho absolutamente revolucionario.

La Revolución de Mayo fue un hito importantísimo en la región pero no por el hecho en sí, sino por los caminos que abrió luego, incentivando a la región a marcar procesos independentistas (propios y ajenos), hasta la idiosincrasia de las provincias pero, por sobre todo, marcando el pulso del argentino actual. Tras 215 años, ¿cómo vería Belgrano al país? Sería contrafáctico poder aseverar algo con total claridad, aunque sí es algo que es seguro, y es que aún vería muchas contradicciones que en Mayo de 1810 estaban presentes, y donde una puja por el dominio del puerto de Buenos Aires se terminó transformando en un país con el eterno y profundo sueño de ser una potencia mundial. Argentina, no lo entenderías.

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La cumbre que no fue: sin líderes, sin solución

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Parecía ser un evento que podía cambiar el rumbo en absoluto de este conflicto armado que ya lleva más de 3 años en actividad entre rusos y ucranianos, pero, hasta el momento, todo se diluyó. Un presidente ausente, otro presente y un tercero en discordia que dio la clave del fin de la guerra. 

El gran ausente 

Todos esperaban la foto. Los flashes de los medios internacionales apuntando hacia ese portón del recinto en Estambul que iba a alojar a ambas delegaciones con el afán de poder concretar, al menos, un principio de entendimiento de paz entre Rusia y Ucrania. De antemano, esto cayó en cuanto a expectativas posibles por una ausencia vital en cualquier acuerdo que pueda darse: Putin no fue. 

El máximo mandatario ruso no dio, aún, la foto esperada por todos los portales, en donde se vea cara a cara con su par ucraniano, Volodimir Zelenski. ¿Las razones? Pueden ser varias. Una de ellas es que Putin tiene muy bien entrenado a su plana mayor. Desde el arranque de esta guerra, su canciller, Serguéi Lavrov fue el encargado de encabezar las comitivas y de “dar la cara” ante el marco internacional que, en Occidente, fue completamente acusatorio siempre con Moscú. Lavrov sabe bien lo que tiene que hacer y cuida los intereses rusos bajo la tensa presión de ser la mano derecha de Putin, con todo lo que eso pueda significar, sin embargo, eso no es todo. 

El otro punto interesante a analizar es que Putin tiene, debido a la guerra en Ucrania, un pedido de captura por parte de la Corte Penal Internacional de La Haya, bajo la carátula de cometer o al menos de generar condiciones para crímenes de guerra en suelo ucraniano. Esta situación le vale la condición de no poder viajar a varios países del mundo que se encuentran bajo el manto de La Haya, aunque, paradójicamente, el país que es sede de esta cumbre (Turquía) no está adherido a la misma, por ende, no rige el pedido de captura. Tampoco se encuentran no acatando el Estatuto de Roma países importantes como Estados Unidos, China, Israel y hasta la propia Rusia de Vladimir Putin. 

El tercero en discordia

Más allá de toda condición que haya puesto o haya rechazado Putin, hay un tercer mandatario que dio en el clavo con la explicación de su ausencia, pero también dando a entender la clave del fin de este conflicto. 

Donald Trump, presidente de Estados Unidos, fue taxativo y dijo, de forma textual: “No creo que vaya a pasar nada, les guste o no, hasta que él y yo nos reunamos. Pero vamos a tener que resolverlo porque están muriendo demasiadas personas”.

Trump lo deslizó, sin ningún tapujo y fiel a su estilo, que Putin no fue porque él no iba a estar y desnudó una realidad que a Ucrania y los países que lo apoyan en esta guerra les duele pero es algo fundamental. En la alta política mundial, Zelenski no es ni siquiera un invitado. Putin y Trump se reconocen como pares y como iguales, líderes de naciones fuertes, potencias militares y con un amplio espectro de influencia a nivel global, dotes de los cuales carece Ucrania desde todo punto de vista. Asimismo, Trump entiende (al igual que Putin) que son, junto a China y algún puñado de países más, los mandamases del nuevo modelo internacional multipolar, en donde Ucrania no tiene injerencia alguna. 

En varias ocasiones, Putin dio a entender que este conflicto arrancó por pretensiones ucranianas de cercanía hacia la OTAN y la UE, adhesiones que hoy en día no van a ocurrir. Además de que Trump fue muy explícito en cuanto a sus diferencias con Zelenski y a qué está guerra nunca hubiera ocurrido bajo su mandato. Este contexto es, lógicamente, desfavorable para Ucrania. Hay que caer en cuenta, de una vez por todas, que Zelenski no tiene validez por ninguno de los líderes y que el único apoyo mayoritario con el que cuenta hoy en día es de los países occidentales de Europa, entendiendo que una caída estrepitosa de Kiev, abre la puerta a posibles pretensiones imperialistas de Rusia sobre el resto del mapa europeo, y eso cambiaría en absoluto la equivalencia de fuerzas y la cierta tranquilidad con la que viven los países ricos del viejo continente. 

Para Putin y Trump, Zelenski es algo meramente secundario. Rusia buscará quedarse con la mayor cantidad de territorio posible en el contexto de la ocupación acontecida desde que arrancó la guerra y Estados Unidos buscará hacerse propio de los minerales y las tierras raras ucranianas para explotarlas en la industria tecnológica, bajo el marco de una guerra comercial con China.

¿Y Ucrania? Bien, gracias. Esta cumbre en la cual ambos líderes (Trump y Putin) dejaron plantado a Zelenski, es una vergüenza geopolítica tan grande como el paseo que le dio Trump en la última visita del líder ucraniano a EEUU, en donde le cantó todas las justas de su país en la cara y ante los ojos del mundo. Tomando lo último, aquí también quedó plantado ante los ojos del mundo. Un presidente que había sido ensalzado por los medios occidentales y financiada su maquinaria bélica por la endeble gestión Biden, hoy ve que ante la pureza política de Trump y Putin, es solo un ladrillo más en la pared. En términos futbolísticos, Zelenski venía bien pero no pudo ascender, y en primera solo juegan los grandes como Donald y Vladimir.

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León XIV, el Papa del centro

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Pasó un cónclave más en la iglesia católica, con el fin de elegir a un nuevo Papa, el número 267 en su larga historia. León XIV es el nombre que eligió el norteamericano-peruano Robert Francis Prevost Martínez para ser reconocido ante los ojos del mundo como el sucesor de Francisco en El Vaticano. Su figura, más allá de ser vital y clave para el pueblo católico, también es digna de analizar en clave política, sobre todo entendiendo los tiempos que corren en el tablero geopolítico global. 

León XIV y la “rosca” política de Francisco 

Es cierto que Prevost fue ordenado como cardenal bajo el mandato del papa argentino, con varias características que son visibles y entendibles del por qué Francisco lo eligió en su momento. Prevost se considera un misionero y un sacerdote muy cercano a la gente

De la orden de los agustinos, el actual papa León XIV es originario de Chicago, Estados Unidos, pero tuvo muchos años de su vida destinado a la lectura del evangelio y la prédica religiosa en Perú, más específicamente en la diócesis de Chiclayo. 

Su conocimiento del pueblo latinoamericano y la cercanía hacia los que menos tienen son los puntos que Francisco vio en su momento como posibilidad certera para que sea cardenal, y vaya si cumplió con creces, ya que terminó siendo su sucesor. 

Sin embargo, hay que tener en cuenta que si bien, tanto en el discurso inicial como en las primeras lecturas uno encuentra ciertas similitudes, también hay que ver las diferencias.

Algunas posturas como la homosexualidad y la participación de la mujer en la iglesia hacen ruido en el seno más progresista de los cardenales, aunque claro, está fue una elección estratégica. 

León XIV es un papa centrista, pensado como sucesor de Francisco para intentar mantener la línea del Papa argentino pero que pueda contar con cierto apoyo del centro-conservador. Es así, que la lectura de León XIV deberá ser la del conciliador en lo religioso y diplomático en lo político

De hecho, la lectura de un mundo multipolar requiere de un mando capaz de comprender las diversas posiciones de las potencias y los intereses que hay en juego, tomando posicionamiento estratégico que pueda mediar entre lo político y lo eclesiástico. 

Los grandes desafíos geopolíticos de León XIV son las guerras. Conflictos como Ucrania, Gaza y el subcontinente indio, son las preocupaciones mayores y hay mucha expectativa por su posicionamiento, sobre todo por su origen estadounidense. Sin embargo, lo que más pesa o más ruido hace es la disputa hegemónica entre Estados Unidos y China. Un enfrentamiento indirecto que tiene a la economía como rehén. ¿Será capaz León XIV de lograr que los pueblos postergados no sufran el daño colateral de este choque de titanes? 

Por otro lado, la duda es si continuará con la línea de Francisco en el marco del crecimiento y reconocimiento del catolicismo en China. 

Paralelamente a ello, León XIV deberá enfrentar otras cuestiones relacionadas a la crisis migratoria, el hambre y el cambio climático. Temas en donde Francisco había sido tajante en cuanto a su postura. 

El descontento de la curia romana es evidente como así también la desconfianza de los conservadores, y en un mundo multipolar es más que necesario tener a un centrista y diplomático en el cargo. Francisco no solo lo pensó de manera religiosa o apegada a las doctrinas, sino también con una lectura política tan asertiva como delicada. Será León XIV el Papa del centro o, parafraseando al peronismo, el de la “tercera posición”. 

León XIV y la política global 

“Hola a todos, yo soy el león, rugió la bestia en medio de la avenida”. Así arranca “Panic Show” de La Renga, canción que Javier Milei supo apropiarse para su campaña e imagen política. Obviamente que el presidente argentino hizo esta relación entre el nombre del Papa y la canción, sin embargo, habría que pensar qué posible relación política llegue a existir, entendiendo los antecedentes de Robert Prevost.

Antes de ser el Sumo Pontífice, tuvo comentarios encontrados acerca de políticas de Donald Trump las cuales criticaba. Puntos claves como la migración han sido materia de rechazo de Prevost hacia Trump. Es una relación compleja, ya que el presidente estadounidense celebró su triunfo pero, claramente, no era su favorito dentro del cónclave, y León XIV deberá responder como líder espiritual y de la manera más pragmática posible como líder político. Cabe destacar que también tuvo sus dichos con el vicepresidente Vance por priorizar el amor de unos grupos sobre otros, diciendo Prevost que el amor debe ser algo por igual. Un mensaje que en tono político es evidente. 

Su relación con Perú también guarda ribetes políticos dignos de analizar. Prevost, siendo el líder de la diócesis de Chiclayo fue un crítico constante durante el Fujimoriato, siendo un constante denunciante de los delitos de lesa humanidad que tuvieron lugar en Perú, principalmente en la década de los 90, en especial, el atropellamiento del Grupo Colina. Asimismo, fue una persona importante en la comunidad que no se cansó de marcar evidentes casos de corrupción durante la era Fujimori. También fue esencialmente crítico cuando salió a la luz el indulto al ex presidente peruano, siendo un férreo opositor a que esto suceda por los marcados crímenes y secuestros bajo el régimen de Fujimori. 

Una postura humana más que política pareciera colarse en el archivo de León XIV antes de ser papa. Sin embargo, es posible leer esto de la manera más política posible, siendo un defensor de la doctrina social de la iglesia y un denunciante de las desigualdades en el mundo. Un hombre con esas características y en un mundo que requiere de pragmatismo y diplomacia parece ser el indicado para llevar las riendas que dejó Francisco. León XIV, un Papa tan político como su predecesor. 

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El precio de la paz en Ucrania: tierras raras para Estados Unidos

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Un nuevo capítulo en la senda histórica de triunfos estratégicos a nivel internacional de Estados Unidos fue escrito por Donald Trump. Se conoció el acuerdo por los minerales entre Ucrania y Washington, donde a simple vista se puede ver la risa del Tío Sam, quien reconoce una victoria a largo plazo y que se lo dedica directamente a China en la famosa “Guerra comercial”. 

La gestión de Trump se había propuesto a toda costa arribar al fin de la guerra en Ucrania, de hecho, desde su primera semana en este segundo mandato en el Salón Oval logró innumerables gestos de cercanía ante Vladimir Putin y Zelenski para llegar a la paz. La pregunta principal: ¿A Trump le interesa el fin de la guerra o algo más? Ciertamente, la agonía a la cual se está sometiendo a la población ucraniana no parece ser la primera de las preocupaciones de Trump, sino, más bien, lo que puede extraer de Ucrania. 

Estados Unidos, fiel a su histórico estilo, está logrando un acuerdo de amplio beneficio propio y que puede cambiar las reglas del juego en la disputa por la hegemonía económica mundial que tiene con China. 

El acuerdo de los minerales con Ucrania es, básicamente, la posibilidad de explotación de los minerales y las tierras raras que posee Ucrania, en el marco de un fondo común donde, de forma evidente para Estados Unidos es redondo. A cambio, Ucrania podría recibir un acuerdo de paz duradera, aunque con los territorios ocupados por Rusia aún en debate. En términos geopolíticos, todo indica que Rusia se quedaría con las zonas ocupadas desde 2022. 

Para entender la razón de la importancia de Ucrania en el plano productivo a nivel mundial hay que ver sus reservas. 

Cierto es que Ucrania es la “Meca” de los minerales, y las famosas tierras raras, denominación que responde al aglomerado de 17 elementos químicamente similares. Hablamos del escandio (Sc), el itrio (Y), el lantano (La), el cerio (Ce), el praseodimio (Pr), el neodimio (Nd), el prometio (Pm), el samario (Sm), el europio (Eu), el gadolinio (Gd), el terbio (Tb), el disprosio (Dy), el holmio (Ho), el erbio (Er), el tulio (Tm), el iterbio (Yb) y el lutecio (Lu). A estos se les suma los minerales reconocidos como el litio, grafito, titanio y zirconio. 

Todos estos minerales son fundamentales para el desarrollo tecnológico a nivel mundial y ahí está la clave para entender este acuerdo. Trump busca apropiarse de dichos minerales para una potencial extracción y un avance en el frente productivo tecnológico mundial, relegado, en gran parte, por China. 

Estos minerales son fundamentales para la industria de las comunicaciones, como teléfonos celulares inteligentes y computadoras de todo tipo. Además de ello, es fundamental para la fabricación de equipos médicos de alta gama en el marco de las tecnologías renovables. 

Sin lugar a dudas, si uno piensa en el carácter y potencial industrial, Ucrania es una “mina de oro”. 

Por otro lado, datos para tener en cuenta. Ucrania representa la posesión del 5% del total de las tierras raras en el mundo. Asimismo, albergan 10 mil yacimientos con cerca de 95 tipos de minerales valiosos, entre los que ya se nombraron previamente. Dicho esto, es fácil entender tanto el interés de Rusia como de Estados Unidos.

Dejando de lado la parte técnica de los minerales, cabe destacar esta creación de un fondo donde Ucrania podrá recibir una parte de la misma para su paulatina reconstrucción post guerra, con el compromiso europeo y en parte de Estados Unidos de mantener la paz duradera y la seguridad en esa zona, sin embargo, Kiev deberá olvidarse de la remota posibilidad de ser parte de la Unión Europea y de la OTAN. 

En términos simples, si la guerra continúa como están dadas las cosas, Estados Unidos ganará minerales para encarar la guerra comercial contra China, Rusia ganará los territorios del Donbás que también tienen tierras raras, y la salida y ocupación del Mar Negro. Ucrania logrará la paz tras años de conflicto y con la posibilidad de un paulatino crecimiento económico en algún momento. Está a las claras a quién beneficia este acuerdo. 

Trump, con los ojos puestos en China 

Estados Unidos siempre busca su propio triunfo en el mundo. Esta es una simple retórica de lo que, históricamente, fue su poderío. En este sentido, parece simple entender cuál es la razón de su cuasi apropiación de los minerales ucranianos. Su disputa contra China está más vigente que nunca. 

Durante los últimos años, el famoso crecimiento a tasas chinas tuvo un gran aliciente que es el desarrollo tecnológico de punta, el cual, llevado adelante con mano de obra barata, que le permite acaparar los mercados casi sin ningún tapujo. Asimismo, Trump culpó severamente a la gestión de Biden por su endeble papel en política exterior, permitiendo un mayor posicionamiento de China en el mercado mundial, de hecho, la gran cantidad de aranceles que Trump comenzó a imponer de manera arbitraria es un respaldo a esta lectura de contexto. 

Para comprender mejor, en los últimos años, China se convirtió en el líder de extracción y procesamiento de minerales. En cuanto a tierras raras en su explotación, detenta entre el 60 y 70% a nivel mundial y en cuanto a casi el 90% del procesamiento del mundo. Sin lugar a dudas, esto lo llevó a ser el gran dominador global. 

Trump busca recuperar la postura y la puja de Estados Unidos en ese rubro, con el fin de tener mayores recursos para la competencia tecnológica. Los amigos de Trump solamente son un testimonio vivo de los intereses en Ucrania. Magnates globales como Elon Musk, Mark Zuckerberg y Jeff Bezos se están relamiendo con el nuevo acuerdo de minerales en Ucrania. Si Estados Unidos consigue minerales abaratando costos en Ucrania, sumado a la imposición mundial de aranceles y la presión internacional a países bajo su órbita, esto lo lleva a una competencia directa, cara a cara y en casi las mismas proporciones con China. 

Otra vez, una guerra por intereses que termina cuando los intereses son consumidos. La historia viva de la humanidad y, ¿la paz en Ucrania? Una simple anécdota. 

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El Papa geopolítico

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La Santa Sede quedó vacante, al menos momentáneamente, tras la muerte del Papa argentino. Jorge Mario Bergoglio, reconvertido en Francisco, además de haber sido el máximo representante de la fe católica, fue un líder político nato. Una persona que, desde su cargo y postura, expuso ideales que respondieron al ordenamiento geopolítico que él consideraba necesario, siendo así, uno de los mandatarios más recordados del siglo XXI.

El Papa de la multipolaridad 

Los líderes religiosos no son ajenos a los tiempos políticos que pasan. Si uno hace una breve revisión en la historia, verá momentos que responden a vicisitudes políticas de la época en donde los ministros de la fe jugaron un papel preponderante. 

Así como Juan Pablo iI fue el gran Papa de la Guerra Fría, tomando posturas anticomunistas y abogando por la construcción del mensaje de unidad desde el posicionamiento occidentalista, pasando por la globalización y entrando en el siglo XXI, a Francisco le tocó otro contexto con una lectura clara por su parte. 

Bergoglio se transformó en Francisco en 2013, siendo además el gran Papa de la multipolaridad. Esos años de Juan Pablo II y hasta de Benedicto XVI con el alto punto de la globalización quedaron atrás. Francisco supo leer el contexto internacional y lo que se venía. La globalización empezaba a resquebrajarse y los ascensos regionalistas, nacionalistas y proteccionistas empezaban a subir de tono, junto a la animosidad bélica que poco a poco se iba a materializar en varios frentes. 

Ante este contexto, Francisco supo que debía abogar por una unidad entre los múltiples polos de poder en ascenso, considerando a bloques dominantes por fuera de la lógica norteamericana y europea. Así es que se da su acercamiento a África, Rusia y China. También Latinoamérica, aunque quizás por sus raíces, fue parte de su agenda de integración a las problemáticas globales en donde El Vaticano bajó su papado empezó a cuestionarlas. 

Es cierto que tenía temas de preocupación en común con sus antecesores, tales como la pobreza, el hambre y las guerras, pero con un enfoque distinto debido a su ordenamiento como jesuita y a su lectura del mundo. Para Francisco, era imposible solucionar o brindar soluciones a estos problemas si no se atacaba la desigualdad reinante y los valores mercenarios detrás de la guerra, razón por la cual compartía el diálogo y la cercanía a todos los sectores y bandos para poder arribar a soluciones concretas. Francisco, desde su papado, entendió que el mundo y el orden global estaban cambiando y junto a ello, su posición como líder acompañaba al nuevo ideario. 

Los hitos de Francisco

Pocas cosas tan contundentes como los hechos para respaldar las palabras. Durante su papado, Francisco dio innumerables muestras de comprensión geopolítica. Claro, una institución tan grande como El Vaticano no puede estar ajena a los tiempos que corren y con la perspectiva filosófica de Francisco a flor de piel, tuvo roles y momentos protagónicos en 12 años. 

Las reuniones con Putin y Maduro, más su viaje a Cuba le valieron críticas enormes a Francisco, pero era su forma de marcar la cancha en cuanto a multipolaridad se habla. Inclusive fue en ese contexto cuando tuvo una declaración conjunta con el Patriarca Cirilo de la Iglesia Ortodoxa Rusa, algo que no ocurría hace mil años aproximadamente. Este hecho sirvió para poner en relieve no sólo el diálogo Interreligioso, sino develar que los problemas de conflictos armados y diplomáticos son por puros intereses de los poderosos. Asimismo, su apertura a China y a las misiones religiosas en ese país fue todo un mensaje de aceptación del gigante rojo como parte del concierto internacional.

Otro acercamiento que le habla de lo interreligioso pero que, en realidad, guarda una postura de mediación diplomática es con Medio Oriente. Viajes a Israel, Jordania, Palestina, Irak y Emiratos Árabes Unidos le sirvieron para demostrar una férrea postura en contra de los conflictos en el mundo árabe, sentando también una posición a favor del pueblo palestino y un mensaje anti bélico en Gaza. Paralelamente, viajó a Bangladesh para intentar apaciguar la persecución contra la minoría musulmana rohingya.

Otro hecho de vital importancia geopolítica fue su gesto de mediación y hasta de desesperado pedido de paz en Sudán del Sur. Cuando la guerra civil desangraba a ese país, Francisco decidió besar los pies de los líderes políticos sursudaneses de ese momento con el fin de que entiendan el mensaje de paz necesario, por toda la población de dicho país. 

Varios viajes, visitas y menciones a África en donde el fin último era la protección de los pueblos y misiones católicas, aunque su mensaje siempre era contra aquellos que perpetraron las condiciones de desarrollo desigual en África, entiéndase por colonialismo y destrucción de las periferias. 

Su pedido de perdón por parte de la iglesia a los pueblos originarios que en Canadá padecieron persecuciones también fue un hecho que lo marcó como un líder interesado en los subyugados de la historia, sin renegar de la presencia e importancia de la herencia romana hasta el día de hoy. 

Francisco fue también el Papa de las dos grandes guerras actuales del siglo XXI, Gaza y Ucrania. En esta última intentando mediar sin condenar a ninguno de ambos bandos, sino las acciones belicosas de las mismas. Esta “tibieza” en cuanto a toma de postura puede deberse al hecho de entender esto como un conflicto regional en donde los intereses transnacionales están puestos. Lastimosamente, la gente es quien termina pagando esos platos rotos. 

Francisco, en su carácter de líder global, fue testigo de la reconversión ideológica de la derecha y el ascenso de los outsider al poder. Relaciones pendulares con figuras como Trump, Meloni, Le Pen y Milei. En el caso europeo con fuertes roces por la problemática de la inmigración, donde el Papa tuvo un protagonismo importante en el acogimiento de los mismos en el viejo continente. 
La simpleza de Francisco y su cercanía hacia la periferia y los más pobres fue algo que se vio políticamente en su papado. Entendió el entramado geopolítico desde las periferias y bajo el manto de la multipolaridad, alejado del entendimiento de las dinámicas internacionales en el mandato unilateral estadounidense, Francisco buscó ser un líder total, en donde el sur global estuviera lo más dentro posible, siendo una zona absolutamente postergada de manera histórica. Es así que Bergoglio dejó Argentina para ser un líder mundial y es por eso que hoy, tras su desaparición física, muchos no creyentes o de otras religiones, lamentan su ausencia.

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