Marcelo Capello

Economista UNC. IERAL de la Fundación Mediterránea.

Un nuevo acuerdo Nación-Provincias para sostener las reformas de largo plazo

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Por Marcelo Capello y Martín Fiore, Fundación Mediterránea. Si hubiera que resumir en tres aspectos clave las necesidades del programa económico en el actual y próximos años, para su éxito a largo plazo, podrían plantearse los siguientes:
Viabilidad fiscal: Equilibrio fiscal en Nación y Provincias;
Viabilidad externa: Aumento sostenido de las exportaciones, financiamiento externo para afrontar los vencimientos de capital de la deuda y régimen cambiario de largo plazo;
Reformas estructurales: para apalancar la competitividad local y la viabilidad fiscal a largo plazo

Por lo acontecido en los primeros dos años de la actual administración de gobierno, pero especialmente por las novedades pre y post electorales de octubre pasado, creció la probabilidad de que dichos aspectos clave puedan consolidarse o encauzarse en la segunda mitad del mandato. Al equilibrio fiscal en Nación y Provincias que existía desde el inicio de la actual administración, y a la evolución observada en los últimos años y esperada a futuro en las exportaciones de energía y minería, se agregó la asistencia financiera del Tesoro de EE. UU., la reducción del riesgo país y la posibilidad cada vez más cercana de volver a los mercados voluntarios de deuda, que aseguraría el cumplimiento de las obligaciones externas, como mínimo en 2026.
Por otra parte, el resultado electoral del 26 de octubre y la conformación del nuevo Congreso, aumentaron la probabilidad que se aprueben las principales reformas estructurales, como son la laboral, la tributaria y la previsional, necesarias no sólo para incentivar inversiones y consolidar la evolución de los sectores con más posibilidades de expandirse a futuro, sino también para morigerar los inconvenientes en las ramas industriales que compiten con las importaciones en una economía más abierta y con tipo de cambio que no será alto, y en las regiones y áreas en que dicha industria se halla mayormente ubicada, como son los grandes aglomerados urbanos, especialmente el Gran Buenos Aires.
Por supuesto, las reformas deben ser aprobadas en el Congreso de la Nación, y eso implica negociaciones con fuerzas de la oposición más permeables al diálogo, incluyendo legisladores que responden a gobernadores que no hace mucho tiempo atrás solían acompañar algunas iniciativas del gobierno. Claro que estas negociaciones suelen implicar compensaciones económicas para las jurisdicciones de los legisladores que aportan sus votos para las reformas, de modo que surge la necesidad de transitar un estrecho sendero en que se alcanzan los acuerdos necesarios sin perder el necesario equilibrio fiscal.
Por un lado, se tiene la necesidad de una reforma tributaria que elimine o sustituya los impuestos más distorsivos que minan las posibilidades de crecimiento económico, como son los Derechos de Exportaciones (1% del PIB) y el Impuesto a los Débitos y Créditos Bancarios (1,6%), a nivel nacional; Ingresos Brutos (4%) y Sellos (0,4%), a nivel provincial; y la Tasa de Seguridad e Higiene (0,6%), a nivel municipal. En conjunto, representan 7,6% del PIB, un 2,6% del PIB los tributos nacionales, 4,4% los provinciales y 0,6% los municipales.
Tras una reducción del gasto público consolidado de poco más 5 puntos del PIB en lo que va de la actual administración, no existe chance de que se pueda reducir en shock el gasto de los tres niveles de gobierno en otros 8 puntos del PIB, para dar lugar a la eliminación de los mencionados tributos. Más bien hay que pensar en un mix de reducción gradual del gasto junto a la sustitución de impuestos malos por menos malos, para que la reforma tributaria resulte viable.

Por otra parte, están los reclamos de los gobernadores por mayores fondos, que seguramente pondrán en estos días sobre la mesa de negociaciones con los funcionarios nacionales. Aquí pueden mencionarse, entre otros:
– Los reclamos plasmados en proyectos de ley que se tratan o han tratado recientemente en el Congreso de la Nación (distribución de ATN, con un costo fiscal para la nación de 0,06% del PIB, y distribución del impuesto a los Combustibles, con un costo para Nación de 0,12% del PIB);
– La vieja disputa por los fondos que ANSES debiera transferir a las Cajas de Jubilaciones de 13 jurisdicciones con sistemas propios, que podría implicar un costo anual de 0,2% del PIB (sin considerar deudas por períodos anteriores);
– Los fondos de coparticipación que reclama CABA, con un costo fiscal anual de alrededor de 0,18% del PIB
– Las transferencias nacionales para la ejecución de obras públicas en provincias, que sufrieron un recorte de cerca de 0,3% del PIB si se compara la situación actual contra el promedio observado en 2015-23.
Se trata de reclamos provinciales por al menos 0,8% del PIB, que sumados a la pérdida de recursos fiscales para el gobierno nacional que podría significar una reforma tributaria, no resultarían compatibles con el objetivo de viabilidad fiscal, antes planteado como uno de los requerimientos centrales del programa.
Probablemente la solución a este rompecabezas surja de priorizar los siguientes criterios:
– Reconocer aquellos reclamos provinciales que más probablemente la Justicia termine convalidando, o ya lo ha hecho en el pasado (Cajas de Jubilaciones, coparticipación de CABA);
– Transferir recursos a provincias por convenios para que se hagan cargo de la ejecución y/o mantenimiento de infraestructura nacional que de todos modos se deberá afrontar en el corto o largo plazo, dado su progresivo deterioro, y que no se concesione a privados;
Dado que se parte de una situación inicial de equilibrio fiscal en Nación y Provincias, y que existe necesidad de otras reformas, como la tributaria, con su consecuente costo fiscal, los mayores recursos que reciban las provincias por sus cajas de jubilaciones o la coparticipación de CABA, debieran derivar en reducciones tributarias en esas provincias por montos equivalentes a los recursos extras recibidos.
Claro que lo anterior requiere de un nuevo pacto entre Nación y Provincias, con objetivos fiscales y de competitividad de la economía. Dicho pacto anual debiera contener un elemento central que permita financiar en forma gradual las reformas pendientes, como es aprobar un tope al aumento anual del gasto público en ambos niveles de gobierno, por una cierta cantidad de años, para que no supere a la tasa de inflación. Con crecimiento económico, dicho tope a la suba del gasto liberaría recursos para la reforma tributaria y otros fines.
Tal regla resulta vital desde 2026 para que, si el PIB crece, no aumente demasiado el gasto público, especialmente en provincias. Debe tenerse en cuenta que, en el primer semestre de 2025, el gasto provincial consolidado aumentó un 6% anual, en valores constantes, cuando se ha mantenido prácticamente igual a nivel nacional. Así, si se considera la situación acumulada en los dos últimos años (entre 2023 y 2025), el gasto nacional cayó un 30% real, contra 19% en el conjunto de provincias.

La experiencia histórica muestra que el gasto provincial generalmente se expande cuando lo hace la producción, y que los únicos años en que se ajusta el gasto en términos reales, son los recesivos, en que habitualmente una fuerte devaluación de la moneda local acelera la inflación y licua salarios y jubilaciones provinciales. En 6 de los 8 de los años en que se observó una caída del gasto provincial real entre 2006 y 2024, coincidió con una baja del PIB nacional. De otro modo, de los 10 años en que creció el PIB entre 2006 y 2024, sólo en una oportunidad (2010), el gasto provincial exhibió una caída real, aunque sólo del 0,17%.

Lo ocurrido con la política fiscal en Argentina va a contramano de lo que la teoría y el sentido común aconsejan: los ajustes del gasto ocurren en años recesivos, mientras en los expansivos el gasto aumenta. En lugar de apelar a reformas del estado bien planificadas, a ejecutar en años en que la producción crece, siempre los ajustes han ocurrido por licuación salarial y de jubilaciones en años recesivos e inflacionarios. Es decir, una política procíclica.
Dada la secuencia histórica, si en los próximos años existe crecimiento económico en Argentina, como es muy probable que ocurra dadas las condiciones que se están gestando, resultaría sumamente necesario establecer un tope al aumento del gasto público en Nación y Provincias, para que no supere la tasa de inflación anual, y así liberar recursos para realizar las vitales reformas económicas. Tal tope permitiría llevar a cabo una reforma del estado planificada, con algunas erogaciones que bajan y otras que suben, pero sin que el aumento del gasto total supere a la inflación anual. Se trata de una regla fácil de explicar, que serviría a los ministros de economía para justificar restricciones al gasto en años donde los recursos aumentan, y que permitiría mantener en valores reales los salarios y jubilaciones.
Por ejemplo, si el PIB creciera un 3% anual entre 2026 y 2031, con inflación decreciente, el gasto nacional podría pasar de 16,6% del PIB en 2025 a 13,9% en 2031, con una reducción adicional de 2,7 puntos del PIB. En el caso de las provincias, podrían pasar de un gasto de 16,5% del PIB en 2025 a 13,7% en 2031, con una reducción punta a punta de 2,8 puntos del PIB. Un recorte extra del gasto del orden de los 5,5 puntos del PIB en 6 años, cerca de 1 punto por año.

En suma, la posibilidad de avanzar en reformas estructurales y de encarar una modernización tributaria y productiva depende de un nuevo entendimiento entre Nación y Provincias que combine responsabilidad fiscal, reglas claras y visión de largo plazo. Establecer un tope al crecimiento real del gasto —para que no supere la inflación— aparece como la herramienta central para generar el espacio necesario sin comprometer la estabilidad lograda. Si el país retoma un sendero de crecimiento, esta regla permitirá financiar gradualmente los cambios pendientes, fortalecer la competitividad y aprovechar una coyuntura externa y política más favorable que en el pasado.

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Presupuesto 2026: el margen oculto detrás de los números

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Por Marcelo Capello y Gaspar Reyna, Fundación Mediterránea. Tanto el supuesto de inflación anual (10,1%) como el de crecimiento real del PIB (5%) previstos por el proyecto de presupuesto para el año 2026 lucen optimistas. Más probable la inflación resulte mayor y el crecimiento menor, dadas sus trayectorias actuales en 2025.

¿Cómo afectaría una inflación mayor en términos fiscales? Permitiría recaudar nominalmente más que lo presupuestado, aunque también dispararía mayores erogaciones que ajustan automáticamente con la inflación. La clave estaría en el comportamiento del gasto no automático: si se limita a lo nominalmente presupuestado, podría permitir aumentar el superávit primario, inclusive en términos del PIB.

En cambio, si el crecimiento de la actividad económica fuera menor, tendería a ralentizar la suba real de la recaudación, compensando en parte los efectos de una probable mayor inflación que la prevista.

A continuación, se exhiben escenarios con tasas de inflación anual del 10,1% (proyecto de presupuesto), 15% y 20% anual, y tasas de crecimiento reales del PIB del 5% (proyecto de presupuesto), 3% y 1% anual. 

Con relación a la recaudación, en la medida que sube la inflación resulta mayor el aumento nominal pero inferior la suba real, y a medida que la economía crece más, mayor resulta el incremento de los recursos, tanto nominales como reales.

Así, por ejemplo, con una inflación de 10,1% y aumento del PIB del 5%, la recaudación real (neta de coparticipación) subiría 6,4% anual, pero si la inflación resultara finalmente del 20% con un incremento del PIB del 1%, los recursos aumentarían en torno a 2,8% real.

La porción del gasto que se mueve automáticamente con la inflación (con dos meses de rezago) exhibirá una variación acorde al escenario elegido para la inflación (nivel y secuencia). Así, dichas erogaciones tendrán un aumento real anual del 4,3% en el escenario del proyecto de presupuesto, pero dicho incremento real resultará inferior si la tasa de inflación finalmente es menor. Por caso, con una inflación del 20% anual y suba del PIB del 3%, las erogaciones automáticas aumentarían un 2,3% real en 2026.

Si las variables macro en 2026 finalmente resultaran diferentes a las previstas en el proyecto de presupuesto, más probablemente con menor crecimiento y mayor inflación, la clave para la evolución fiscal estará en el comportamiento del gasto no automático, el que tiene mayor grado de discrecionalidad en su ejecución.

Variables a tener en cuenta

En el escenario del proyecto de presupuesto, el superávit primario sería de 1,5% del PIB. En cambio, si la inflación resulta finalmente del 20% y la suba del PIB del 3%, y si los gastos no automáticos se limitan a los valores nominalmente presupuestados, podría obtenerse un superávit primario de 1,7% del PIB, mayor al presupuestado.

En el escenario descripto en el párrafo anterior, las erogaciones no automáticas caerían un 3,5% real anual, en lugar de aumentar un 1,4%, como se supone en el proyecto de presupuesto.

Por el contrario, si en los escenarios macro anteriores, en que cada uno de ellos determina una evolución del gasto automático, el poder ejecutivo decidiera ejecutar el gasto no automático en un nivel nominal que asegure un superávit primario como el del proyecto de presupuesto (1,5% del PIB), entonces la variación que ocurriría en dichas erogaciones no automáticas iría desde 1,4% real anual en el escenario del presupuesto, hasta una caída del 4,3% en el escenario de inflación del 15% anual y suba del PIB del 1%

Finalmente, si la decisión del poder ejecutivo fuera la de ejecutar un gasto no automático tal que permita alcanzar el superávit primario comprometido en el último acuerdo con el FMI (2,2% del PIB), en lugar de la meta del proyecto de presupuesto (1,5% del PIB), entonces el gasto no automático debería exhibir un ajuste que podría ir desde el 4,7% al 10,2% anual, en valores constantes, según el escenario macro.

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Un año de ajustes también para las provincias

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Por Marcelo Capello, Nicolás Cámpoli y Valentina Gallardo. A pesar de un contexto de recesión económica y caída en los ingresos, las provincias argentinas lograron consolidar un superávit financiero estimado entre el 1,5% y el 2% del PIB en 2024. Este resultado surge de un fuerte ajuste del gasto público, tanto a nivel nacional como provincial, y marca el superávit más alto en una década.

Transferencias Fiscales: Impacto y Desafíos

Las transferencias automáticas hacia las provincias cayeron un 10,9% en términos reales durante 2024. Este ajuste afectó especialmente a provincias como La Rioja (-98,1%), La Pampa y Formosa (-95,9%). En contraste, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) experimentó un aumento del 36,9% en sus fondos debido a un fallo judicial de la Corte Suprema relacionado con la coparticipación.

En el caso de Misiones, las transferencias totales disminuyeron un 16,6%, destacándose una reducción del 71,5% en las transferencias corrientes y del 98,2% en las transferencias de capital. Este fuerte ajuste refleja la dependencia de la provincia de recursos nacionales y la necesidad de una política fiscal más autónoma.

Recaudación Propia: Caída Generalizada

Los ingresos tributarios provinciales disminuyeron entre un 8% y 9% real en el año. El impuesto a los Ingresos Brutos (IIBB), que representa el 80,2% de la recaudación provincial, registró una baja del 10,6% en términos reales. Misiones mostró una disminución acumulada del 11% en su recaudación tributaria, siendo uno de los descensos más significativos de la región.

Ajuste del Gasto Público

El gasto público provincial se redujo un 23,6% en términos reales durante el primer semestre de 2024. Las principales caídas se dieron en gasto de capital (-56%) y en el rubro de personal (-20%). Este ajuste fue clave para la mejora del resultado financiero del consolidado provincial, que aumentó 1,6 puntos porcentuales del PIB respecto al mismo periodo de 2023.

En el caso de Misiones, el ajuste del gasto público también se sintió con fuerza, especialmente en el gasto de capital, que cayó un 98,2%. Esta situación pone en evidencia la necesidad de diversificar las fuentes de inversión y mejorar la eficiencia del gasto en infraestructura.

Resultados Heterogéneos

Mientras que provincias como La Rioja y Formosa registraron una caída de ingresos del 23,3% y 19,3%, respectivamente, Neuquén destacó con un crecimiento impulsado por la explotación de Vaca Muerta. La recaudación del impuesto inmobiliario también mostró un aumento del 9,9%, principalmente en Buenos Aires (+38,4%). Misiones, por su parte, enfrentó desafíos significativos debido a la reducción de transferencias y la caída de su recaudación interna, afectando el desempeño económico local.

Escenarios Fiscales y Perspectivas

Dos escenarios estimados para el gasto del segundo semestre de 2024 proyectan resultados positivos:

  1. Escenario de ajuste continuado: El gasto total anual representaría un 13,7% del PIB, con un superávit del 2,1% del PIB.
  2. Escenario de menor ajuste: El gasto anual se situaría en 14,3% del PIB, con un superávit del 1,5% del PIB.

En ambos casos, las provincias consolidaron una mejora en sus resultados fiscales gracias a un ajuste que, aunque severo, permitió mantener la estabilidad financiera en un año de contracción económica. Para Misiones, los desafíos se centran en revertir la dependencia de transferencias nacionales y buscar fuentes propias de crecimiento y sostenibilidad fiscal.

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El gasto público medido en dólares se ubica en el promedio del último cuarto de siglo

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por Marcelo Capello y Nicolás Cámpoli​. Para evaluar la competitividad de la economía, una de las variables que se deben seguir es el nivel del gasto público expresado en dólares, pues aproxima el peso que significa para la producción de bienes transables sostener los servicios que brinda el sector público (básicamente servicios no transables), medido en la misma moneda que se utiliza para realizar transacciones internacionales. En este sentido, para constituir el cociente entre gasto y tipo de cambio conviene utilizar la paridad oficial del dólar (se utiliza en el comercio exterior), y tomar dicho valor en términos constantes, para contemplar que también en EEUU existe inflación.

Si se considera el período 2000 – 2024, el gasto del sector público nacional (SPN) en 2024 se ubica en 100 mil millones de dólares (USD 100 MM), un 9% por debajo del promedio de los últimos 25 años, en dólares constantes. Así, el gasto nacional en dólares de 2024 resulta la mitad del observado en el año 2015, el mayor de todo el período, y también resulta un 27% inferior al del año 2022. No obstante, las erogaciones de 2024 resultan un 43% mayor que lo que ocurría en el año 2000, en plena convertibilidad de la moneda.

Considerando el monto de gasto previsto en el proyecto de presupuesto nacional para 2025, las erogaciones en dicho año se ubicarían en USD 96 MM, un 13% debajo del promedio de 26 años.  

Si para efectuar la comparación se utiliza el dólar informal o paralelo, el gasto nacional en dólares se ubicaría en USD 78MM en 2024, un 57% menor al mayor del período, que corresponde al año 2017. 

Si el foco se pone en los últimos dos años, en este caso midiendo en dólares oficiales corrientes, el gasto nacional total pasó de USD 14,9 MM en noviembre de 2023 a USD 6,2 MM en enero de 2024, aunque con el crawling peg del 2% mensual el gasto en dólares retomó una tendencia creciente desde enero, hasta estabilizarse en torno a USD 9 MM mensuales en los últimos meses con datos de 2024. 

Si ahora la lente se posa sobre el gasto primario provincial, medido en dólares constantes, se concluye que en 2024 las erogaciones primarias de las administraciones públicas no financieras (APNF) provinciales se aproximarán a USD 90 MM, un 40% inferior al guarismo registrado en 2015, el máximo en 25 años, y un 30% mayor a lo que ocurría en el año 2000.

Finalmente, si se considera el gasto primario en dólares constantes de Nación más Provincias, se estima que en 2024 ascenderá a USD 188,5 MM, prácticamente en el promedio de los últimos 25 años. Así, las erogaciones consolidadas actuales resultarán un 45% menores a las del año 2015 y 41% superiores a las de 2000, en plena convertibilidad.

Con equilibrio financiero en Nación y Provincias en 2024, pero con una presión tributaria todavía alta, especialmente en lo que concierne a los impuestos más distorsivos, si bien en el año en curso el gasto público medido en dólares constantes ha tenido una notable disminución, se necesitará un recorte adicional en los próximos años para dar lugar a una reducción extra de impuestos nacionales y provinciales que mejore la competitividad local.

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El 2024 podría cerrar con gasto “noventista” y equilibrio fiscal

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Por Marcelo Capello y Nicolás Cámpoli​, Fundación Mediterránea. Se anunció la reducción del impuesto PAIS desde el mes de septiembre, que pasa del 17,5% a 7,5% para la importación de bienes. Se estima un costo fiscal de 0,19% del PIB para los últimos 4 meses del año, costo que hubiera ascendido a 0,23% si también se hubieran incluido en la rebaja las compras con tarjetas y viajes al exterior. Si esta medida sigue vigente en 2025, implicará un costo fiscal anual de 0,52% del PIB, elevándose a 1,24% si se da de baja totalmente el impuesto desde enero próximo (1).

¿Cómo afecta la reducción de dicho impuesto a las cuentas fiscales del sector público nacional (SPN)? Para responder esa pregunta, hay que analizar en el contexto de lo que venía ocurriendo en materia de ingresos y erogaciones fiscales en meses previos, y cómo impactan otras medidas fiscales recientes que afectan los ingresos proyectados, además de la anunciada reducción en el impuesto PAIS:

    • Se supone que los ingresos y erogaciones en los últimos meses del año se ejecutan de acuerdo a la estacionalidad típica de años anteriores, lo cual implica que se mantiene un ajuste en el gasto similar al observado en los primeros 7 meses del año.
    • El paquete fiscal que acompañó a la Ley Bases aporta 0,32% del PIB extra para el SPN en los últimos meses del año, en un escenario intermedio entre una adhesión optimista y pesimista al adelanto del pago de varios años permitido en el impuesto a los Bienes Personales.

Con dichos supuestos, el año 2024 podría terminar con un superávit financiero equivalente a 0,6% del PIB, contra un déficit del 6% observado en 2023 (mejora en el resultado fiscal de 6,6 puntos del PIB). Aunque se deben realizar algunas advertencias al respecto:

    • Es probable que en la negociación para la aprobación de la Ley Bases hayan surgido algunos compromisos para morigerar el ajuste fiscal en algunas partidas, especialmente las relacionadas con los gobiernos provinciales, lo que podría redundar en un gasto en el período agosto – diciembre superior al que indica la estacionalidad típica de las erogaciones para ese subperíodo del año.
    • En 2024 caerían en forma importante los intereses por deudas, no sólo por la eliminación del déficit fiscal y una menor necesidad de endeudamiento público, sino también porque en el año que corre se han emitido instrumentos de deuda del Tesoro que capitalizan intereses y se registran como gasto recién en el período en que vence finalmente el capital de la deuda.

Estimación de resultado fiscal en 2024

(En % del PIB)

¿Hacia un gasto público “noventista”?

Si en el resto de 2024 se observa la misma estacionalidad en el gasto que en años anteriores, contando con las ejecuciones de enero – julio de 2024 en el SPN y del primer trimestre del año en el caso de los gobiernos provinciales, con el ajuste fiscal que se observa en ambos niveles de gobierno el año actual podría terminar con un gasto consolidado en torno a 32% del PIB, similar a lo que se observaba entre 1996 y 1998, en plena década del noventa con el Plan de Convertibilidad, o en el año 2007, en la siguiente década.

Así, en un año se habrá bajado un 70% del aumento del gasto observado entre 2004 y 2023. El peso del gasto público consolidado pasó de 27% del PIB en 2004 a 47% en 2016. Subió 20 puntos del PIB en 12 años. Entre 2016 y 2022 bajó 5 puntos del PIB. Si el resto de 2024 las erogaciones se ejecutan como en los primeros meses del año, el gasto consolidado podría bajar a 32% del PIB. En promedio, entre 1996 y 2024, el nivel del gasto representaría 37,5% del PIB.

No obstante, especialmente en el caso de provincias y municipios, lo más probable es que a medida que avanza el año 2024 disminuya el ritmo del ajuste del gasto, respecto a lo observado en el primer trimestre, especialmente en materia de licuación salarial.

La meta de alcanzar un gasto equivalente a 25% del PIB que se incluyó en el Pacto de Mayo implicaría, a su vez, volver al nivel de erogaciones que se observaba en Nación y Provincias en 2004, año con el menor peso del gasto público ejecutado en las últimas décadas.


Infogram

[1] Se supone que las importaciones y los gastos en viajes y tarjetas en los últimos meses del año resultan similares en el promedio mensual a lo ocurrido en la primera parte del año, y que se mantiene el crawling peg de 2% mensual en el tipo de cambio oficial.

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