Martin Boerr

Análisis: la empresa que trajo Néstor, combatió CFK y perjudicó Macri, ya empezó a desvincular a los 20 empleados de Misiones

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Latam Argentina, la segunda aerolínea del mercado local, anunció ayer que dejará de operar en el país y ya comenzó el proceso de desvinculación de los 20 empleados que tiene en la escala Puerto Iguazú.

La empresa comunicó ayer que inició el proceso preventivo de crisis en el Ministerio de Trabajo para negociar la desvinculación de sus 1.700 empleados.

Algunos de los profesionales que trabajan en Iguazú, personal aeronáutico altamente capacitado y en algunos casos formado en Misiones, ya comenzó a firmar acuerdos de desvinculación, con planes de retiro voluntario que ofreció la compañía.

Dicen que los acuerdos, teniendo en cuenta las circunstancias, son satisfactorios para estos profesionales que se están quedando sin trabajo y a los que les costará mucho volver a insertarse en el mercado aerocomercial.

Veinte profesionales de Misiones

En la escala IGR (así se denomina en la jerga aeronáutica al aeropuerto Carlos Krause) se desempeñaban 1 jefe de base, 4 técnicos aeronáuticos, 3 despachantes, 2 supervisoras y unas diez personas de tráfico y venta de pasajes (los que atienden en los mostradores de pre embarque).

Estuvo 15 años en el país

LAN Argentina llegó al país en 2005 impulsada por el entonces presidente Néstor Kirchner, que vio una oportunidad para que la empresa absorviera a personal (pilotos, azafatas, técnicos, etc.) que venía de empresas fallidas como Lapa, Southern Winds y Lafsa.

Enfrentó algunas crisis, incluyendo la hostilidad del Gobierno de Cristina Kirchner que entre el año 2013 y el 2015 puso al frente de Aerolíneas Argentinas a Mariano Recalde, de la agrupación La Cámpora.

El Gobierno intentó a través de la ANAC y el ORSNA sacarle el hangar a LAN Argentina (ya por entonces, denominada Latam) y se produjeron algunas acciones hostiles. Escaramuzas menores, como negarle el servicio de rampa en algunas escalas, provocando el trastorno entre los pasajeros que no podían descender del avión.

Fueron hostilidades que no pasaron a mayores, pero generaron el temor propio de acciones que -se supone-, si no estaban amparadas, al menos tampoco eran atacadas por el Gobierno de turno.

Macri tampoco favoreció a Latam Argentina


La llegada del gobierno de Mauricio Macri, con una política diametralmente opuesta, tampoco fue buena para Latam Argentina, que era la única que sostenía convenios colectivos similares a los de Aerolíneas Argentinas/Austral. Los sindicados aeronáuticos son muy fuertes y tienen la capacidad de paralizar los aviones, generando trastornos de todo tipo.

Las operaciones de Flybondi, la expansión de Andes, Jetsmart y Norwegian, obligaron a las dos grandes (Aerolíneas/LATAM) del mercado a adaptarse y adoptar ese modelo de precios. La combinación de pasajes baratos y convenios colectivos caros fue letal para Latam Argentina. En cambio, Aerolíneas Argentinas lo solventó con mayores subsidios del Estado Nacional.

Es decir, Macri y Guillermo Dietrich, su ministro de Transporte, le abrieron la puerta a las frágiles low-cost, obligaron a las dos compañías principales a bajar sus precios y se fueron sin dejar un mercado aercomercial consolidado. Por estos días, es incierto el futuro de firmas como Norwegian, JetSmart o Flybondi. Ninguna de las cuales tenía 12 aviones y 1700 empleados como Latam.

La pandemia tuvo algo que ver, pero no tanto

Por último, la llegada de la pandemia y la falta de señales del Gobierno de Alberto Fernández respecto a su política aerocomercial, llevaron a una empresa que está hace 15 años en el país, que nunca ganó dinero y que empleaba a 1700 personas a bajar sus persianas.

La compañía seguirá volando destinos internacionales desde Ezeiza y dos o tres aeropuertos importantes del interior (no está Iguazú entre ellos), a través de aviones de Latam Chile, Latam Brasil o Latam Perú.

La compañía controlante, Latam, también se encuentra en crisis y se presentó hace un mes al Chapter 11 en los Estados Unidos, donde cotiza sus acciones. Esto es el equivalente al concurso de acreedores.

En aquella oportunidad, Latam anunció que no concursaba sus operaciones en la Argentina y Paraguay. Lejos de ser una señal de solidez en estos mercados, era una mala señal que auguraba una noticia que ayer terminó de materializarse.

¿Qué significa para Iguazú y para los misioneros?

La salida de Latam es una pésima noticia para el futuro del mercado aerocomercial. A tal punto que Flybondi sacó un comunicado solidarizándose, algo muy inusual.

No está claro tampoco cuál será el futuro de las llamadas “low-cost”, que nunca ganaron dinero en el país y se encuentran con un Gobierno Nacional que no termina de dar pautas claras sobre si las quiere, o no, en el mercado doméstico.

La inacción del presidente Alberto Fernández también jugó un papel importante en la decisión, argumentan especialistas en el sector aeronáutico, porque no le dio a la compañía señales alentadoras para pensar en el día después de la pandemia.

Lo que piden de AF, cuando las urgencias lo permitan, es una política aerocomercial clara, que les de una pauta sobre si están incluidas o no en el esquema que piensa el Gobierno.

Tampoco ayuda a esa incertidumbre las hostilidades que enfrentan las low-cost, con las amenazas al cierre definitivo de las operaciones en El Palomar, vitales para JetSmart y Flybondi.

Malo para los sindicatos, bueno para los pasajeros

Está claro que para los sindicatos las low-cost son mala palabra. Ricardo Cirielli, titular de APTA, parafraseó a Galtieri en la histórica audiencia pública de diciembre de 2016 (el ministro José María Arrúa estaba ahí, pidiendo como otros colegas de distintas provincias la llegada de las low-cost), que habilitó la nueva política macrista de llegada de las aerolíneas.

“Si quieren venir que vengan”, dijo Cirielli, quien fue subsecretario de Transporte de Néstor Kirchner en 2005 y hombre clave en la negociación para el desembarco de LAN.

Cirielli parecía que iba a completar la frase con el fatídico “les presentaremos batalla”, que dio pie a la guerra de Malvinas, pero se ve que se dio cuenta del desatino, y se frenó a último momento. Igual la intención quedó clara: los sindicatos tradicionales, a las low cost, les presentarían batalla.

Del lado del pasajero la ecuación es exactamente inversa. Las low-cost fueron la mejor noticia, porque permitieron a millones viajar más barato. Y a muchos viajar por primera vez. En el caso del destino Iguazú, le permitió batir récords de turistas en 2018 y 2019, aún cuando fueron dos años pésimos para la economía argentina.

Economis hizo un sondeo de la correlación entre la bonanza o crisis de la economía argentina y la afluencia al Parque Iguazú. El resultado fue que la afluencia de turistas a Iguazú logró “desengancharse” de la malaria económica en 2018 y 2019, por primera vez en casi dos décadas.

Es decir, a pesar de que la economía se derrumbó, hubo más turistas por las pasarelas de las Cataratas. Sin las low-cost, esa lógica es difícil de mantenerse.

*Martín Boerr/ Ex editor de la revista Aviones.com (de APTA, sindicato de técnicos aeronáuticos).

El diario La Nación comparó los subsidios (en mill de USS) de Aerolíneas y las pérdidas de LATAM Argentina. Paradójicamente, de los cuatro años de CFK -gestión que hostilizó a la ex LAN) en tres obtuvo una modesta ganancia.
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Mano a mano con Roberto Enríquez: “En vez de dólares, compro maquinaria y apuesto al día después de la pandemia”

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Se podría afirmar que Roberto G. Enríquez -uno de los empresarios más importantes de Misiones-, es un hombre audaz, acostumbrado a tomar decisiones fuertes. Habla siempre sin “cassette” puesto, pero lo más interesante de este hombre de 56 años no está en las cosas que dice, sino en lo que hace. 

En las acciones, decisiones y rumbos que elige, es donde está acostumbrado a tomar riesgos. Como hace 38 años cuando jugaba de delantero en la reserva de Independiente de Avellaneda. Corría el año 1983 y el Rojo era indiscutidamente uno de los mejores equipos de América y el mundo entero. 

Tanto había deslumbrado en Avellaneda, que Enríquez compartía la práctica de fútbol los jueves con Ricardo Bochini, Enzo Trossero, Calderón o Percudani. Y al mismo tiempo estudiaba Ingeniería en la UBA, una de las carreras más absorbentes, equiparable sólo a Medicina. 

“Estudiaba, volvía al departamentito donde vivía, me preparaba unas salchichas con puré y me iba a las prácticas”, recuerda con un dejo de nostalgia, aunque nunca abandonó la pasión por la pelota y su eficacia frente al arco rival. 

Su padre (Roberto Blas Manuel), quien hizo crecer a la empresa de construcción que fundó el abuelo Carlos, había fallecido tres años antes y urgía terminar rápido los estudios y volver a Misiones a tomar las riendas del negocio familiar.

“Mamá me insistía todo el tiempo en que dejara el fútbol. No era como ahora, que cualquier padre con un hijo en ese lugar quiere que llegue ante todo, ja”, asevera. 

Así fue como a los 19 años, Enríquez empezó en esto de tomar decisiones fuertes, de esas que van moldeando una vida, para bien o mal.  Al final optó por separarse de la pelota. Los caminos del fútbol y Enríquez se iban a volver a cruzar décadas más tarde. “Fue una decisión difícil”, comenta, sin mostrar ningún arrepentimiento.  

Considerando el nivel superlativo que tenían las Reservas en la década del 80, cuando no había tantos pases entre clubes y casi nadie se iba a Europa -dejando lugar a los que venían de abajo-, no cuesta nada imaginar a ese misionero habilidoso, con un nivel que hoy le hubiera alcanzado para llegar a varios equipos que hoy están en la Superliga. 

Apuesta al futuro pospandemia

Hoy, 37 años después, en plena crisis por el Coronavirus y la cuarentena, y con todos los pronósticos augurando la mayor caída de la economía desde 2002, la vida encuentra a Enríquez tomando nuevamente decisiones fuertes. A veces, a contramano de la corriente.

El Grupo Enríquez tiene una pata importante en el turismo (explica el 30% de su facturación), ya que opera como integrante principal de Iguazú Argentina SA, en el Parque Nacional Iguazú. 

Allí se invirtió muy fuerte y pasó de tener una estructura adecuada para recibir a 1,6 millones de visitantes en 2019 -récord histórico- a estar más 100 días cerrado y sin pronósticos próximos de apertura. Lo mismo sucedió con Misión Paraná, que opera el Catamarán Mburucuyá Connection.

“Está difícil, en muchas actividades, todo lo que es Iguazú, Misión Paraná, está todo parado y tenemos gastos, todos los sueldos. En algunas empresas como Iguazú donde no tuvimos ningún ingreso, recibimos los ATP, firmamos convenios para pagar el 75% de los sueldos, a pesar de que nadie está trabajando”, señala.

En tanto, el área de catering del Catamarán se “reconvirtió” y ahora hace las viandas para el personal de las obras de construcción.

El turismo es importante, pero nuestro negocio principal es el de la construcción y ahí sí, se está trabajando bien en las obras con fondos nacionales”, explica el empresario. 

La firma Carlos Enriquez SA actualmente está terminando la autovía en el tramo Cerro Corá-Santa Ana y está por empezar trabajos importantes en la Travesía Urbana, ese corredor que une la rotonda del ex Arco con el barrio Itaembé Guazú.

Enríquez apuesta a que la construcción, en especial traccionada por la obra pública, será el motor de la resurrección una vez que pase el Coronavirus. Y deja una frase que ilustra su gusto por las apuestas fuertes.

En lugar de comprar dólares, yo compro maquinaria, trituradoras para las canteras, porque veo un repunte grande de la obra pública. Nosotros nos estamos preparando para el día después de la pandemia”, afirma, contundente.

-¿En qué otra área de negocios están?

-También nos metimos en los astilleros, a partir de Misión Paraná. Y ahora estamos reparando algunos barcos (el astillero está contiguo al puerto de Posadas).

-¿Y qué otro rubro?

-También estoy invirtiendo en la parte de minería (canteras) fuertemente, porque entiendo que después de todo esto va a venir sin dudas una explosión de la obra pública. Va a tener que venir porque es la actividad que va a mover la economía definitivamente. Y quiero estar preparado, así que estoy invirtiendo en maquinaria vial, plantas de trituración de áridos, cosas para el día después de la pandemia.

Fotos: Sixto Fariña.

-¿Cómo ves toda la economía?

-La veo muy difícil, pero hay actividades que creo que van a tener un vuelo importante. Si me preguntas por el turismo, va a costar mucho recuperarse.

-Sos bastante optimista en la recuperación…

-Es rara la sensación, por un lado soy optimista, hay un sesgo un poquito más productivista ahora con este Gobierno, de incentivo a la producción, de tener la posibilidad de equiparte con un financiamiento también -de alguna manera- barato que podes conseguir a tasas del 24 o 30 por ciento.

-Y tenés algunas dudas, también…

-Hay cosas que me hacen mucho ruido. La sociedad está cambiando, la sociedad está madurando porque hoy hay un mundo globalizado. Hay una juventud que viene empujando con unos valores tremendos que son innegociables, y eso va contra viento y marea, no lo para nadie. Es más difícil hoy que haya incoherencias. Este Gobierno a veces no termina de dar todas las señales que esperamos. Hay una paridad importante en la sociedad, el Gobierno de Fernández ganó, pero Cambiemos sacó el 41 por ciento. Mi lectura es que todos deben mejorar, los gobiernos a medida que pasan deben tomar las señales de la sociedad. 

-Lo que decís es que hay un mensaje de la sociedad, más allá de la grieta con sus extremos.

-Por supuesto. Sin importar el lado de la grieta, el mensaje es: Tenés que hacer las cosas bien. Hoy no podes esconder nada, o armar un relato. Con este aparatito (el celular) está todo a la vista de todos. Si Macri no lo hizo bien, se tiene que ir. Y ahora está Alberto y tiene que hacer las cosas bien o si no, se tendrá que ir también. La sociedad va a exigir cambios.

-¿Y cuáles son las señales que te generan ruidos?

A veces por conveniencias políticas se tiran mensajes equivocados. Por ejemplo, cuando se demoniza al empresario. Cuando te das cuenta que el 75 o 80 por ciento de los asalariados están en el sector privado, le estás mandando un mensaje malo a la gente. Como estadista tenés que poner las cosas en su lugar, sos la persona que mayor poder tiene en la sociedad. 

-¿Sentís que se atacó mucho a los empresarios durante la cuarentena, desde el Gobierno Nacional?

-Hubo mensajes que hicieron ruido. Eso de que los empresarios quieren sólo ganar plata y no les importa nada de nada, es mentira. Las pymes argentinas, que son la mayoría, pelean por cuidar los trabajos. Ahora… si la pelea que tenés es con cinco monstruos de Buenos Aires, de los que mandan la guita afuera o que hacen negocios por otro lado, andá y peleate con esos. No con el otro 98 por ciento.

-¿Qué reflexión te deja el anuncio de la expropiación de Vicentín (la nota se realizó el miércoles, un día después de que el Presidente comunicara la intervenciòn y el envío de ley al Congreso para expropiar la cerealera)?

-Me dejó alerta, y no me gusta por esto que te estoy diciendo. En una sociedad normal, capitalista, tendría que funcionar como corresponde, y si quiebra, tendrá que quebrar y tendrán culpas la empresa o los que la gerenciaron y también los proveedores que le dieron crédito. Aclaro igual que desconozco muchas cosas del caso, y puede haber cosas que no estoy viendo. Pero tendrían que tratar con un poquito más de cariño al empresario. Porque hace muchos años, y no de este gobierno, ni del anterior, hace muchos años viene dando vueltas y haciendo piruetas en el aire para poder subsistir.

-¿Creés en la moderación de Alberto, de la que tanto se habló?

-Sí que creo, pero tiene que negociar en una Coalición dónde no todos piensan lo mismo. No me gusta mucho opinar desde lejos, igual. En estos momentos delicados, hay que colaborar hasta con las palabras, a veces con las palabras empujas al lío.

-¿Estás a favor de la decisión de cerrar el Parque Iguazú?

-Si, totalmente. Me parece que la provincia está haciendo las cosas muy bien con todo el cuidado sanitario y las medidas que se tomaron. Ahora toca el tiempo de ir abriendo la economía, acá en Misiones ya funciona bastante y es necesario para que la situación no se agrave. Hay mucha gente que tiene empleos informales y no está cobrando nada.

-¿Tienen fecha de reapertura tentativa para Iguazú?

-No, se abrió el parque en Foz de Iguazú, pero de Parques Nacionales no tenemos nada aún.

-¿Habrá recuperación rápida del turismo en Iguazú?

-No, rápida no va a haber nada. Salvo que haya alguna gran noticia, como la vacuna.

-¿Piensan en llegar hasta Iguazú con el Catamarán?

-Sí, estamos con esos proyectos, incluso queremos hacer excursiones a los Esteros del Iberá. En el mediano y largo plazo este destino también va a tener su crecimiento.

-¿Sos de hacer proyectos a largo plazo?

Cuando me metí en lo del Parque Iguazú perdimos plata durante 10 años, fueron 10 años donde no logramos recuperar el capital invertido. 

-¿Cómo te definís como empresario?

-Soy un emprendedor nato. Permanentemente estoy generando nuevos negocios, nuevos emprendimientos, con cierta sinergia en las actividades que ya hacemos. Por ejemplo, me gusta mucho el río. Me gusta mucho encarar nuevas cosas.

-¿Y cómo ves al empresariado en general?

-Creo que, hablando en general, para el empresariado de Misiones y del país, quizás asumir cierta cuota de riesgo es un déficit. Pero es entendible, porque quizás tiene que ver con las crisis y el desgaste que genera nuestro país. Veo un empresariado conservador, muchos piensan en hacer un negocito rápido y ya si pueden, salir, vender o irse. Yo soy exactamente lo contrario, no pongo un peso afuera, nada, sigo invirtiendo. Ojo, también porque veo que los negocios donde invierto generan un retorno superior y porque creo y tengo las empresas pensando en un largo plazo. Hago empresas apostando al largo plazo no sólo para ganar dinero, que es sustancial.

-¿Sos temperamental?

-Jajajaja…Y sí…

-Una reflexión sobre el Gobierno de Macri.

-Me parece que hizo cosas buenas, empezó a ordenar el Estado, con los organismos con los que tengo relación, como Vialidad, se avanzó mucho en expedientes electrónicos, desburocratización. Se ahorró mucho tiempo, se cobra antes. Y eso es algo que quedó para el actual gobierno y sigue, naturalmente. Pero fue muy duro el manejo económico para los empresarios por las altísimas tasas de interés, ahora se ve mucho más claro. Ahora puedo comprar máquinas importadas. Decís, “la pucha, si tengo una diferencia con el dólar blue, prefiero comprar máquinas y me financio a una tasa razonable”. En cambio, nosotros en un momento llegamos a tomar dinero al 80 por ciento anual en el anterior gobierno, así no hay negocio que cierre.

Ficha personal

Roberto G. Enríquez

Presidente del Grupo Carlos E. Enriquez S.A.(construcción, canteras, concesionario vial -Covint-, hormigonera (HORMISA), Conexión Litoral S.A.(obras para telecomunicaciones), Iguazú Argentina SA-Parque Iguazú, Misión Paraná SA, astillero Nemesio Parma)

Edad: 56 años

Formaciòn: Industrial Nº1 e Ingeniería (UBA)

Otros cargos: Gerenciador y Presidente de Guaraní (logró el ascenso al Federal A y el Ascenso a la B Nacional hace 6 años).

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Una infografía de Economis que explica cómo es la frontera seca, esa “delgada línea” que nos separa del Coronavirus en Brasil

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Una nota del diario La Nación y dos infografías (desarrolladas entre el equipo periodístico de Economis y el diario), ilustran “la delgada línea” que separa hoy a la Argentina de Brasil y su gran cantidad de casos de Coronavirus, en la frontera seca.

Con apenas un fallecido y 28 afectados, Misiones es una de las provincias menos afectadas por el coronavirus . Sin embargo, el peligro acecha. ” La frontera con Brasil es un colador, el río Uruguay está muy bajo y se puede cruzar casi caminando”, dijo hace 15 días el gobernador de Misiones, Oscar Herrera Ahuad.

El único muerto por Covid-19 en la provincia es un camionero de 63 años que entró por la localidad de Bernardo de Irigoyen. Venía de San Pablo con un cargamento. Traía frutas y el coronavirus. Su caso es simbólico del principal riesgo de Misiones: Brasil.

La Argentina tiene 1261 kilómetros de frontera con Brasil, el segundo país con más casos de contagio del mundo (514.992) y el cuarto con más víctimas fatales (29.341) por Covid-19, según los datos de la OMS al 1° de junio.

Herrera Ahuad, un médico pediatra que enfrentó el dengue como ministro de Salud en la peor epidemia que azotó al país en 2015-2016 , sobrevoló en helicóptero la frontera. El vuelo le sirvió para confirmar una sospecha: en tiempos donde no puede entrar nadie, está más fácil que nunca ingresar ilegalmente a la Argentina.

El virus obligó al país a medidas jamás vistas en la historia: paralizar los vuelos internacionales y de cabotaje desde hace casi 90 días, cerrar las fronteras y dejar varados a miles de Argentinos en todo el mundo. Sin contar a los compatriotas varados en otros lugares del país que todavía no pudieron regresar a sus hogares.

Pero el gran talón de Aquiles para la Argentina, que ostenta una de las cuarentenas más larga del mundo, es un pequeño tramo de tierra de 24.5 kilómetros donde no hay ningún río, ni siquiera un arroyo o una montaña, que separe a los dos países más grandes de Sudamérica.

Todo el esfuerzo se puede escurrir por esa “delgada línea roja” que divide Brasil y la Argentina. “No podemos relajarnos ni un minuto”, explicó Herrera Ahuad, que arrancó su carrera como médico hace 20 años, cuando le pidieron que se hiciera cargo de un hospital en uno de los pueblos de esa zona fronteriza: San Pedro. Un lugar donde la pobreza y las necesidades apremian.

Río Uruguay que se puede pasar casi caminando por la bajante. Foto tomada hacia fin de mayo

Desde que comenzó la crisis y Brasil se perfiló como el país más peligroso, las autoridades misioneras llamaron la atención a la Casa Rosada sobre la necesidad de reforzar destacamentos de Gendarmería y Prefectura, además de enviar sus propios refuerzos con la policía local. Herrera Ahuad incluso conversó con Agustín Rossi la posibilidad de utilizar destacamentos del Ejército para las tareas de control fronterizo, aunque el tema no avanzó más allá de una evaluación.

La Argentina está dividida por Brasil principalmente por el río Uruguay, que desemboca en el Delta del Tigre y se extiende hasta los Saltos del Moconá, donde el cauce tuerce a la derecha y se adentra en Brasil. Otros ríos que separan a Misiones de Brasil son el Iguazú, que nace en el Paraná, el San Antonio y el río Pepirí Guazú.

En esta época del año, algunos de ellos son apenas hilos de agua que se pueden cruzar con la misma dificultad con la que se cruza un arroyo de caudal medio en las sierras cordobesas, saltando de piedra en piedra.

Sin embargo, lo más sensible de la frontera entre Brasil y la Argentina no es ninguno de estos cursos fluviales, que desde siempre fueron cruzados en bote por vecinos que van de compras o a buscar atención médica, parientes que se visitan, contrabandistas de todas las variedades -en uno u otro sentido-, y cazadores furtivos, especialmente brasileños.

Lo más sensible es una de las pocas fronteras secas que tiene la Argentina con un país limítrofe, donde no hay absolutamente nada que lo separe de su vecino. Con un agravante: lejos de ser una zona despoblada como la Puna jujeña, se trata de un pequeño trecho bien poblado de habitantes que casi son mitad argentinos y mitad brasileños. Salvo cuando el fútbol se interpone entre ambos.

Y el epicentro de esa franja es la localidad de Bernardo de Irigoyen. Con 6.500 habitantes, ese pueblo que el año próximo cumple cien años jamás atravesó en su vida una situación como la que le toca vivir ahora.

Irigoyen y la localidad de Dionisio Cerqueira, como se llama del lado brasileño, forman, en rigor, un único aglomerado urbano, prácticamente una única ciudad. Algo que no tiene comparación en ninguna otra zona fronteriza de la Argentina, donde puede haber ciudades vecinas pero no tan integradas. Además, pegada a Cerqueria está la ciudad de Barracón.

La llamada “frontera” internacional es un boulevard de 6 kilómetros que tiene a ambos lados una calle -una argentina y la otra brasileña- y, naturalmente, se puede cruzar sin ningún tipo de inconvenientes en tiempos normales. No hay necesidad de realizar trámites aduaneros o migratorios.

La Aduana y el control de Migraciones están en el comienzo de ese corredor y son utilizados cuando un vecino se traslada hacia el interior de Brasil, o un brasileño al interior de Misiones. O bien por los pasajeros en tránsito. Por ejemplo, los argentinos que van desde diciembre a veranear a las playas del sur de Brasil y pasan por allí.

La vida de las dos localidades está tan entrelazada que muchos argentinos van al gimnasio, o trabajan, del lado brasileño y por supuesto, van a realizar las compras, sobre todo en las épocas que el cambio favorece. “Muchos tienen parientes del otro lado, o se casaron con un argentino o argentina o tienen la doble nacionalidad”, explica Fernández.

Desde que arrancó la cuarentena, le llevó varias semanas a la Gendarmería hacerles entender a los vecinos que las fronteras estaban cerradas y ya no se podía pasar. “Hicimos muchos sumarios, demoramos gente. Después, con el paso del tiempo, se fueron acostumbrando”, explicó un uniformado.

“Acá además de lidiar con el Covid, hay que trabajar contra la idiosincrancia de la gente, al principio costó un poco, pero ahora la gente se cuida mucho”, explicó Guillermo Fernández, el intendente de la localidad.

Fernández detalló también que, además, Irigoyen no sólo limita con Brasil, sino que justo enfrente está la linea que divide dos de los estados más importantes del vecino país: Barracón pertence al estado de Paraná y Cerqueria al estado de Santa Catarina. “Son dos países y tres estados, Misiones, Paraná y Santa Catarina”, señaló.

Cerqueira por ahora no tiene casos y Barracón ya le dio de alta a los tres contagiados. “Sin embargo, en un área de 100 kilómetros ellos tienen ciudades bien grandes, como Chapecó, donde hay muchos infectados”.

Parque de la Integración

Como el Muro de Berlín

Como si fuera el Muro de Berlín, de la noche a la mañana los gendarmes se tuvieron que apostar separados por 300 o 500 metros para controlar esos seis kilómetros del boulevard que divide a dos mitades de una misma ciudad. Los primeros 1.000 metros son un coqueto lago artificial con dos puentecitos y unos jardines de pasto bien cuidado, que conforman el llamado Parque de la Integración. “Ahí es fácil el control porque se puede cruzar sólo por dos puentes”, señalan.

Para el resto, como si fuera Berlín en agosto de 1961, cuando el muro se levantó de apuro, los gendarmes se apostaron cada 500 metros aproximadamente, de manera que siempre uno tiene en su visual al siguiente efectivo. Casi como en la capital alemana, con la diferencia de que en lugar de torretas fuertemente armadas acá hay gazebos que se pusieron para cubrir del fuerte sol o la lluvia. Nunca antes en los 99 años de historia del pueblo la Gendarmería tuvo que establecer semejantes controles en esas zonas de la ciudad.

Una parte de la localidad, denominada Barrio Obrero, es una lengua de casas que perfora esa línea imaginaria de la frontera. Como Irigoyen es considerado el punto más oriental de la Argentina, la casa que está en el extremo de ese barrio puede considerarse con toda justicia el punto más al este en el que se puede parar una persona, sin salir del país.

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Quién fue Carlos Krause, el misionero que estudió en el Roque González y un 1° de junio de 1982 salió a buscar a la flota inglesa

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Hoy se cumplen 38 años de la muerte del piloto obereño Carlos Krause, uno de los mayores héroes que ofreció Misiones en la Guerra de las Malvinas y –probablemente-, uno de los menos conocidos.

A pesar de que el aeropuerto internacional de Iguazú, nada menos que el sexto más importante del país, lleva su nombre.

Hijo de un maestro de frontera que se desempeñaba en Alba Posse, Krause vivió sus primeros años en la Capital del Monte para mudarse a Posadas, donde realizó toda la primaria y la secundaria en el colegio Roque González como alumno pupilo.

De ahí partió para hacer su vida y años después encontrar la muerte en una misión complicada y muy peligrosa. De esas que se realizaron cuando la guerra ya estaba prácticamente decidida, en la mañana del 1° de junio de 1982.

Faltaban apenas dos semanas para el final de la contienda y los pilotos argentinos seguían despegando una y otra vez desde las bases aéreas en Santa Cruz y Chubut. Como esos boxeadores que están contra las cuerdas y buscan la mano salvadora, ellos buscaban el milagro que diera vuelta la situación.

Y si no podía darse ese milagro, igual estaban decididos a vender bien cara la derrota. Una conducta que provocó el respeto y la admiración del mundo entero, empezando por los propios ingleses.

Cuatro hijos y una esposa

Krause tenía entonces 34 años y dejó cuatro hijos: María Eugenia (8 años en 1982), Guillermo (6), Germán (2) y Walter (1) y su esposa Nilda, que dialogó con Economis para reconstruir la historia de este misionero ejemplar.

Lo primero que deja en claro esta mujer, también valiente, es que Krause se fue joven de la provincia pero nunca cortó su profundo vínculo y amor por la tierra colorada. Un arraigo que casi lo hace volver definitivamente y cambiar para siempre sus planes apenas comenzada su carrera de aviador.

“Al principio no quería ser militar, quería ser médico, pero tenía un tío aviador y su padre también insistió para que siguiera ese camino. Entonces fue a estudiar a la Escuela de Aviación Militar en Córdoba. El primer año casi deja, porque extrañaba mucho Misiones”, contó Nilda Krause.

A esta correntina oriunda de Goya le tocó mudarse con su familia a Córdoba porque su padre se desempeñaba en el Correo Argentino y lo trasladaron a la provincia mediterránea. Ahí se cruzaron y ya no se separaron más.

“Estuvimos de novios sólo 9 meses antes de casarnos”, cuenta por teléfono, desde Buenos Aires.

Aniversario 38°

Mientras hablamos, recuerda que ese día se cumplen 38 años de la última vez que vio a su marido, el 31 de mayo de 1982.

“Vino de licencia unos días y se despidió de todos, sus padres, hermanos, amigos”, rememora. “El sabía que se iba a hacer una misión muy complicada”, explica Nilda, siempre transmitiendo la paz y la serenidad de una persona que ha sabido encajar las circunstancias trágicas de la guerra.

“No siento rencor por la guerra, no puedo hablar mal de la carrera que él eligió, al contrario. Como buen misionero, Carlos tenía a la patria en su corazón”, explica.

La “misión del loco”

Carlos Krause era piloto del muy conocido avión Hércules C-130, cariñosamente apodado como “la chancha” por su forma redondeada y su lentitud. Estos aviones fueron vitales en la guerra de Malvinas porque siguieron abasteciendo a la guarnición que defendía las islas después del 2 de mayo, cuando el hundimiento del crucero General Belgrano cortó la comunicación por barco.

Además, Krause realizó muchas misiones de reabastecimiento de los aviones caza A-4Skyhawk. Esas operaciones donde la “chancha” le extiende una manguera con una canastita en la punta y el avión a ser reabastecido debe embocar con una lanza. Sólo así podían los aviones argentinos llegar a las islas o al área que las rodeaba y atacar al enemigo con un poco más de minutos de autonomía.

Krause estaba como co-piloto. El piloto y comandante del Hércules matrícula TC-63 era Rubén Héctor Martel. El 1° de junio Martel y Krause recibieron la orden fragmentaria 2.258 (así se denominan en la jerga militar).

La misión no podía ser más peligrosa. No era reabastecimiento en vuelo ni tampoco llevar pertrechos a Malvinas, operaciones que ya de por sí también eran altamente riesgosas.

Esta vez, directamente, tenían que salir a buscar a la flota inglesa.

Una misión temeraria, porque se trataba de ir a buscar al enemigo, con un avión lento y pesado, muy vulnerable al ataque de un misil disparado desde una fragata o destructor. Cuentan que a ese tipo de asignaciones le decían “la misión del loco”.

Pero Martel, Krause y el resto de su tripulación (el navegador Hugo Meisner y los suboficiales Julio Lastra, Manuel Albelos, Miguel Cardone y Carlos Cantezano) salieron sin dudarlo. Era la mañana del 1° de junio. Tenían que recorrer cuatro puntos definidos entre el continente y las Islas, volando siempre al ras del mar para no ser detectados por los radares enemigos.

“En determinados puntos, tenían que ascender, prender el instrumental y buscar a la flota”, explicó Ezequiel Martel, hijo del comandante de esa misión. Martel es también aviador militar y explicó a Economis algunas circunstancias de ese último vuelo, al que llegó a reconstruir con un simulador.

Argentina no tenía tecnología para detectar con precisión dónde estaba la flota inglesa y lanzar sus ataques aéreos con precisión, sino que tenía que “adivinar” donde estaban los barcos, utilizando el radar que había en Puerto Argentino y “ploteando” la trayectoria de los aviones enemigos.

A donde se dirigían los Sea Harriers, se suponía que había al menos uno de los dos portaaviones ingleses (HMS Invencible y HMS Hermes). O bien utilizar vuelos de inteligencia, como el de Martel-Krause.

Detectados por un barco inglés

Las primeras tres “postas” transcurrieron sin dificultades, en el avión nadie decía ni una palabra y había silencio total de radio. Faltaba la última y la más cercana a las islas.

Ahí estaban, volando cerca de las Malvinas cuando el radar del buque inglés HMS Minerva los detectó e inmediatamente mandó a dos cazas Sea Harriers armados con el temible misil Sidewinder, que se disparaba y buscaba en forma inteligente el blanco.

“El Sidewinder busca la fuente de calor y puede explotar por cercanía, no necesita hacer impacto”, detalló Ezequiel Martel. Ese misil causó muchas de las bajas de nuestros pilotos en la contienda.

La cacería

Ahí nomás empezó lo que para los ingleses era una cacería y para los argentinos, un escape desesperado. El juego del gato y el ratón. Los Harriers estaban piloteados por el jefe del escuadrón, Nigel Ward y su segundo, Steve Thomas.

“El primer misil pasó de largo, el segundo explotó cerca de la parte trasera del avión, lo averió pero no alcanzó para derribarlo, entonces vino el ataque final, el comandante Nigel Ward usó sus cañones”, explicó el hijo del comandante Martel.

Ezequiel Martel contó que logró ponerse en contacto años más tarde con Ward y el inglés, además de ofrecerle sus respetos por el heroísmo de su padre y de toda la tripulación, le explicó por qué les siguió disparando con un cañón de 35 milímetros. Fueron 245 proyectiles, una ráfaga letal para “la chancha”.

“Me dijo que se le escapaban. Para ellos la tarea de los Hércules era un dolor de cabeza, porque nunca pudieron cortar el suministro con las islas”, explicó Ezequiel. “Fue el único avión Hércules derribado en Malvinas”, detalló.

Ascenso post mortem

Krause, que era capitán durante la Guerra, fue ascendido post mortem a mayor y condecorado con la Medalla al Valor en Combate que prevé la ley 25.576. Por la ley 24.950 del año 1998 se lo incluyó en el listado de los “héroes nacionales”, fallecidos en combate en la guerra de las Malvinas.

Dos pasiones: el ajedrez y el mate

Le preguntamos a NIlda cómo era Krause. “Estaba siempre de buen humor, siempre alegre”, describe. También cuenta que le gustaban mucho los juegos de mesa y era un apasionado del ajedrez. “A veces compraba juegos y decía que eran para los chicos, pero en realidad eran para él”, rememora con una sonrisa.

Tras recibirse en la Escuela de Aviación Militar, el matrimonio –que se había casado en 1972- fue a vivir a Buenos Aires y más tarde se trasladó a Comodoro Rivadavia, donde Krause empezó a pilotear los aviones Twin Otter que hacen el trayecto hasta las bases de la Antártida.

“Una vez fue a buscar uno que estaba parado en la Antártida desde hacía un año, cuando aterrizó yo no lo podía creer, ese avión estaba destruido”, rememora Nilda. Para esa misión el obereño, acostumbrado al calor, tuvo que vivir 3 meses en la Antártida.

Siempre inseparable de su mate. “Dejaba de tomar sólo para almorzar”, explica su viuda. En la base de El Palomar los técnicos que atendían el Hércules le pidieron a Nilda después de la guerra quedarse con el mate que usaba Krause y cuenta que todavía le llegan noticias de que ese mate anda dando vueltas por ahí.

Krause también piloteó los Fokker F-27 (esos aviones de ala alta para transporte de personas). “Pero el quería pilotear el Hércules y como tenía buenas notas, lo mandaron a Venezuela con un compañero a hacer los cursos”, contó.

Sería el Hércules C-130, probablemente el avión de transporte más conocido de cualquier ejército, el último que le iba a tocar pilotear.

Ficha personal – Carlos Krause

Nacido en Oberá. El 4 de abril de 1948. Murió el 1°/6/1982 a los 34 años.

Colegio: Roque González (Primaria y secundaria)

Formación: Escuela de Aviación Militar

Condecoraciones: Ascendido  a mayor y condecorado con la Medalla al Valor en Combate. El gobierno de la Nación Argentina por ley nacional  24.950/98 lo incluyó en el listado de los «héroes nacionales», fallecidos en combate en la guerra de las Malvinas.

Familia: Esposa (Nilda). Hijos: Guillermo (aviador también, hoy vicecomodoro), María Eugenia (emprendedora gastronómica, vive en Mar del Plata), Germán (informático, trabaja en la Fuerza Aérea) y Walter (siguió la carrera de hotelería).

Padres: Guillermo Krause y María Teresa Gral

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Dólar: uno está en “cuarentena” a $69, el otro va libre y sin barbijo y ya tocó $133

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El dólar paralelo que viene escalando sostenidamente desde hace un mes, ayer tocó los 133 pesos. Es el valor al que se consigue en el circuito informal de Posadas (quien quiera vender recibirá 123 pesos).

El dólar “blue” también estuvo un mes en cuarentena

Hay que aclarar que este dólar “blue” también estuvo en cuarentena, ya que durante las primeras semanas del aislamiento las “cuevas” estuvieron cerradas, sin operar. Salvo pocas operaciones vía delivery en el caso del mercado porteño. Aquí, estuvieron totalmente cerradas.

Recién a fin de abril, tras un mes de “cuarentena”, volvieron a reabrir gradualmente las cuevas y el “blue” en Posadas arrancó en un nivel de 105 pesos para quien quisiera adquirirlo. Con pocas operaciones, porque había pocos pesos en la calle, rápidamente se fue acomodando hacia arriba.

La cotización de este jueves 14 de mayo es de 133 pesos, prácticamente el doble de los 65 pesos a que marcan las pizarras congeladas de las casas de cambio cerradas. En rigor, el dólar minorista se compra a 69 pesos en las casas de cambio cerradas al público, pero habilitadas para operar online (hay que transferir el dinero y se retiran los billetes).

O a los 70 pesos que se consigue de manera oficial en un banco. En rigor, los posadeños sólo pueden comprar dólares en el circuito formal vía operaciones online y con un tope de u$s200 por persona, por mes.

Claro está, a ese valor hay que aplicarle el 30 por ciento del impuesto PAIS, con lo que adquirir una unidad de la moneda norteamericana es de 91 pesos.

Esa es la única manera de obtener billetes verdes en Posadas por estos días, y la modalidad online de algunas casas de cambio. Por ahora los salones de atención al público de Mazza, Dos Arroyos, ARS Cambio o Konfianza, permanecen cerrados.

Podría seguir subiendo

Según los expertos que citan los medios de Buenos Aires, el dólar “blue” podría seguir subiendo, ya que el gran motivo que lo impulsa al alza es la enorme emisión monetaria que realizó el Gobierno para financiarse y asistir a provincias, empresas e individuos en el parate económico que impuso el Covid-19.

La emisión es vista como “un mal necesario”

“No se puede seguir emitiendo a este ritmo”, señaló hoy el ex ministro de Economía, Hernán Lacunza, en una entrevista en Radio Mitre, quien propuso dar una clara señal de que esto de darle a la “maquinita” es transitorio y no va a durar mucho más.

Si bien la emisión no es buena, Lacunza y en general todos los analistas la ven como un “mal necesario” en este momento particular que enfrenta la economía argentina. Además, es lo que hicieron otros países para responder al problema. Aunque con una moneda con mayor estabilidad y respaldo.

Para el economista Rodrigo Alvarez, CEO de la consultora Analytica, tampoco hay mucha opción. 

“La pandemia toma a la Argentina en medio de la negociación por un posible default. Por lo tanto, no hay alternativa que la emisión para enfrentar los costos fiscales del aislamiento. Obviamente, los efectos colaterales los estamos observando en las expectativas de inflación y en el salto brusco que registró la brecha cambiaria desde el inicio de la cuarentena”, señaló, citado por Clarín.

Cae el peso frente al guaraní y al real “blue”

En el caso de la Argentina, genera una caída del valor del peso frente al dólar y a cualquier otra moneda: reales o guaraníes también, cuando se los busca en el circuito informal.

El mecanismo preferido para la emisión son los Adelantos al Tesoro que le da el BCRA al Gobierno.

También existe otro mecanismo que se denomina giro de utilidades del BCRA al Tesoro, que consiste en transferirle dinero contante y sonante en nombre de las utilidades contables que anota en su balance el organismo monetario.

En lo que va del año estos adelantos al Tesoro alcanzaron los 731.620 millones de pesos, es decir, un 132% más de lo girado el año pasado. En lo que va de mayo son más de 100.000 millones de pesos (supera al Presupuesto de Misiones para todo el 2020).

Pocas reservas

El otro tema que apuntala la suba del dólar “blue”, dicen algunos expertos, es la escasez de reservas del Banco Central. Según iProfesional, el BCRA perdió el último mes 1.000 millones de dólares de reservas de libre disponibilidad.

Contablemente el BCRA arrancó mayo con reservas internacionales de más de u$s43.500 millones, pero ahí se computa el swap con China y otros activos que no son dólares contantes y sonantes.

Desde que asumió en el BCRA, Miguel Pesce prefirió no informar a cuánto llegan las reservas del libre disponibilidad que tiene la Argentina.

Impacto a los exportadores misioneros

La suba del dólar “blue” es una mala noticia para los exportadores misioneros: yerbateros, tealeros, tabacaleros y forestoindustria.

Porque ellos trabajan con un dólar oficial que continúa clavado cerca de los 60 pesos. Mientras los costos siguen subiendo, en muchos casos, siguiendo más de cerca la evolución del dólar informal.

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