Norberto Ovando

Experto Comisiones Mundial de Áreas Protegidas (WCPA) y, Educación y Comunicación (CEC) Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN)

Los incendios forestales degradan los bosques y selvas

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La degradación forestal es notoriamente difícil de definir debido a las diferentes percepciones sobre qué atributos forestales son los más importantes.

La medición de la degradación forestal requiere métodos que puedan distinguir las fluctuaciones de corto plazo debido al cambio de estaciones o perturbaciones naturales, como incendios, inundaciones y sequías, de las tendencias persistentes que son más probablemente indicativas de degradación a largo plazo.

“La degradación forestal afecta la capacidad de un bosque para almacenar y secuestrar carbono, sustentar la biodiversidad y regular los ciclos del agua, y puede eventualmente conducir a la pérdida permanente del bosque”, aseveran Michelle Sims investigadora asociada y Elizabeth Goldman directora de investigación de SIG en Global Forest Watch (GFW)

Sus indicadores sobre  la condición forestal “consideran que la calidad de los bosques en pie, pueden disminuir a través de la degradación y fragmentación forestal. La condición forestal puede variar porque los bosques experimentan diversos grados de degradación a causa de las actividades humanas; por ejemplo, las actividades dentro de los bosques, como la tala selectiva y la caza, a menudo conducen a la degradación de los bosques en pie”.

“Cuando los bosques están fragmentados por actividades humanas como la agricultura o la expansión de infraestructura como las rutas, una mayor superficie forestal queda expuesta como bordes. Esto puede conducir a una mayor accesibilidad y exposición a amenazas como la propagación de incendios a causa de las actividades agrícolas, tala selectiva, especies invasoras y contaminación, así como cambios en la temperatura, exposición al sol, viento y humedad que pueden aumentar la mortalidad de los árboles”.

Bosques afectados por los incendios

Los incendios pueden afectar la capacidad de los bosques para realizar servicios ecosistémicos clave como el control de la erosión, la regulación de la calidad del agua o el almacenamiento de carbono durante un período de tiempo mientras los bosques se recuperan.

La duración de estos impactos en los bosques depende de la gravedad, frecuencia y extensión de los incendios, así como de otras condiciones ambientales, así como de si un ecosistema forestal está adaptado al fuego. En los casos más graves, los bosques pueden experimentar cambios ecológicos a largo plazo que impactan permanentemente la provisión de servicios ecosistémicos.

Por ejemplo:

A nivel mundial, entre 2001 y 2023 se perdieron 138 Mha (millones de hectáreas) de cobertura arbórea por incendios.

En los trópicos húmedos entre 1990 y 2023, 153,2 Mha experimentaron perturbaciones temporales durante este período de tiempo.

La pérdida de bosques debido a los incendios ha aumentado desde 2001, impulsada en parte por el cambio climático, ya que las condiciones cada vez más cálidas y secas incrementan la actividad de los incendios en algunas partes del mundo.

Sólo cinco países (Australia, Brasil, Canadá, Estados Unidos y Rusia) representaron casi el 90 por ciento de toda la pérdida de cobertura arbórea debido a los incendios a nivel mundial.

Los efectos del cambio climático, el calentamiento global y la sequía han contribuido a aumentar la frecuencia, la duración y la gravedad de los incendios, lo que en algunos casos limita la capacidad de estos bosques para regenerarse y conduce a cambios en la composición de las especies arbóreas o a la pérdida permanente del bosque.

Los incendios más severos y frecuentes amenazan las grandes reservas de carbono de los bosques boreales, almacenados principalmente en su suelo, y podrían amenazar con convertir eventualmente estos bosques de un sumidero de carbono a una fuente de carbono.

Los bosques templados representaron aproximadamente 11 Mha de pérdida de cobertura arbórea debido a incendios entre 2001 y 2023, mientras que los bosques subtropicales representaron 9 Mha; en conjunto, representan el 15 por ciento de toda la pérdida de cobertura arbórea debido a incendios. Al igual que en los bosques boreales, los incendios desempeñan un papel importante en muchos ecosistemas forestales templados. Sin embargo, los efectos del cambio climático combinados con otros impactos humanos han provocado un aumento de los incendios forestales graves y devastadores.

Estos incendios forestales extremos tienen efectos perjudiciales para la salud humana y amenazan la vida y los hogares de las personas, un riesgo que aumenta a medida que el desarrollo continúa expandiéndose cerca de áreas forestales, como sucede en El Bolsón, provincia de Chubut, en el Parque Nacional Lanín, provincia de Neuquén y en la Selva Paranaense en Misiones.

Los bosques tropicales también se han visto gravemente afectados por los incendios en los últimos años: entre 2001 y 2023, se perdieron 21 Mha de cobertura arbórea debido a los incendios, es decir, el 15 por ciento de toda la pérdida de cobertura arbórea debido a los incendios. Los incendios en los bosques tropicales húmedos son provocados principalmente por los seres humanos y, a diferencia de los bosques boreales o templados, no son una parte natural de la dinámica de los ecosistemas.

Debido a que los bosques tropicales húmedos no están adaptados a los incendios, estos pueden causar impactos negativos duraderos que impiden la capacidad de los bosques para recuperarse después del incendio.

Además, los efectos biofísicos de la deforestación, incluidos los ciclos hidrológicos alterados y el aumento de las temperaturas locales, combinados con los efectos del cambio climático, pueden provocar un mayor riesgo de incendios y una menor resiliencia en estos bosques.

Conclusión

Las actividades humanas y los fenómenos naturales en selvas y bosques pueden provocar perturbaciones temporales, que pueden considerarse una forma de degradación y, por tanto, pueden tener consecuencias importantes para la biodiversidad, los servicios ecosistémicos y el almacenamiento de carbono.

Los conflictos ambientales ocurren en países de ingresos altos, medios y bajos, los más directamente asociados con la pérdida de bosques (conservación, biomasa, tierra) representan más del 50 por ciento de los conflictos en los países de ingresos bajos.

Se necesita recopilar más datos socioeconómicos nacionales, como la dependencia de los productos forestales para la seguridad alimentaria o los medios de vida, que ayudarían a identificar qué comunidades dependen más de los bosques.

En un momento en que el mundo se enfrenta a una “advertencia final” sobre la crisis climática, reducir la deforestación es una de las medidas terrestres más rentables para mitigar el cambio climático.

Fuente: GFW/AAPN

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Debemos encontrar nuestro equilibrio con la naturaleza

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La economía mundial podría enfrentar una pérdida del 50% del Producto Bruto Interno (PBI) entre 2070 y 2090, a menos que se tomen medidas políticas inmediatas para hacer frente a los riesgos que plantea la crisis climática. Las poblaciones ya se ven afectadas por las perturbaciones del sistema alimentario, la inseguridad hídrica, el estrés térmico y las enfermedades infecciosas. Si no se toman medidas, se volverán más probables la mortalidad masiva, los desplazamientos masivos, la contracción económica grave y los conflictos, opina el profesor Tim Lenton, presidente de Cambio Climático y Ciencias del Sistema Terrestre de la Universidad de Exeter y coautor del informe.

El cuarto informe centrado en el riesgo climático del Instituto y Facultad de Actuarios (IFoA) y la Universidad de Exeter ‘Planetary Solvency – finding our balance with nature’ (‘Solvencia Planetaria: en busca del equilibrio con la naturaleza’), destaca cómo las técnicas de gestión de riesgos, basadas en los últimos avances científicos, pueden ayudar a orientar las decisiones políticas para respaldar la prosperidad futura. También muestra cómo la falta de mensajes realistas sobre los riesgos para orientar las decisiones políticas ha llevado a una acción más lenta de lo necesario.

La solvencia planetaria se define como “la gestión de la actividad humana para minimizar el riesgo de perturbaciones sociales derivadas de la pérdida de servicios de apoyo críticos de la naturaleza”, es decir, el de seguir disfrutando de los beneficios de un sistema terrestre estable.

La actividad humana tiene una profunda influencia en los sistemas naturales de la Tierra. Esta interacción está teniendo un impacto negativo significativo, ya que provoca fenómenos meteorológicos extremos y pérdida de hábitat, y corre el riesgo de llevar a nuestro planeta a un estado mucho menos habitable.

El informe propone un nuevo tablero de control de riesgo de solvencia planetaria, para brindar información de riesgo útil para la toma de decisiones que ayude a los responsables de las políticas a impulsar la actividad humana dentro de los límites finitos del planeta en el que vivimos.

“No puede haber una economía sin una sociedad, y una sociedad necesita un lugar donde vivir. La naturaleza es nuestra base, nos proporciona alimentos, agua y aire, así como las materias primas y la energía que impulsan nuestra economía. Las amenazas a la estabilidad de esta base son riesgos para la prosperidad humana futura y debemos tomar medidas para evitarlos, asevera Sandy Trust autor principal, líder de Investigaciones del Instituto y Facultad de Actuarios (IFoA).

“Las evaluaciones del impacto económico del cambio climático, ampliamente utilizadas pero profundamente erróneas, muestran un impacto insignificante en el PBI, lo que ciega a los responsables de las políticas al inmenso riesgo que nos plantean las trayectorias políticas actuales. La metodología basada en el riesgo, expuesta en el informe, muestra una contracción del 50% del PBI entre 2070 y 2090 a menos que se establezca un rumbo alternativo”, agregó.

El creciente riesgo de una “insolvencia planetaria” para 2050 subraya la urgencia de adoptar medidas políticas inmediatas. Si no corregimos el rumbo, nos enfrentaremos a graves consecuencias climáticas y naturales, que van desde una contracción económica catastrófica hasta una mortalidad masiva, migraciones generalizadas y crisis sociopolíticas. Estos riesgos podrían amenazar no solo la estabilidad de los ecosistemas globales, sino también nuestros sistemas económicos y sociales.

Para evitarlo, el informe pide que se adopten algunas medidas urgentes:

En primer lugar, es necesario realizar evaluaciones anuales del riesgo de solvencia planetaria para controlar y responder a las amenazas crecientes. 

En segundo lugar, la creación de un organismo central, como el FMI o la OCDE, que dirija y gestione estas evaluaciones será fundamental para alinear las respuestas políticas globales, y

En tercer lugar, la integración de funcionarios encargados del riesgo sistémico a nivel nacional e internacional mejorará la coordinación y la aplicación de estrategias de reducción del riesgo.

Esperamos, dicen los autores, que esto sea eficaz para comunicar a los responsables de las políticas los riesgos catastróficos que podríamos experimentar si no cambiamos el rumbo en materia de cambio climático, naturaleza y riesgos sociales.

Para los líderes empresariales y los profesionales del riesgo, el mensaje es claro: la solvencia planetaria es crucial para la prosperidad futura. El momento de actuar es ahora.

Conclusión

Las evaluaciones científicas de la salud planetaria muestran que hemos superado seis de los nueve límites planetarios, incluidos el cambio climático, el uso del agua y la contaminación.

Dependemos de la estabilidad del sistema terrestre para obtener elementos esenciales como los alimentos, el agua, el aire, la energía y las materias primas que son insumos fundamentales para nuestra economía.

Debemos exigir una acción política inmediata, evaluaciones de riesgos realistas y la aplicación de los principios de resiliencia para gestionar las actividades humanas dentro de los límites planetarios.

Un sistema solvente de la Tierra es aquel que sigue prestando los servicios esenciales de los que dependemos.

Fuente IFoA/Exe/AAPN

*  Experto Comisiones Mundial de Áreas Protegidas (WCPA) y,

   Educación y Comunicación (CEC)

   Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN)

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Las Islas Malvinas rodeadas de fitoplancton

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Desde hace varios meses, deslumbra la proliferación de organismos microscópicos flotantes en las productivas aguas del Atlántico Sur frente a las costas argentinas.

El fitoplancton es la base de la cadena alimentaria marina, por lo que las regiones en las que prospera suelen albergar una amplia diversidad de vida.

El fitoplancton es uno de los organismos más pequeños del océano.

El fitoplancton son organismos marinos microscópicos similares a las plantas que utilizan la clorofila para aprovechar la luz solar y obtener energía de la misma manera que lo hacen las plantas terrestres. Cuando las condiciones son adecuadas, estos diminutos organismos flotantes pueden multiplicarse exponencialmente y extenderse por cientos de kilómetros cuadrados de la superficie del océano.

El fitoplancton absorbe dióxido de carbono de la atmósfera y lo convierte en carbohidratos durante la fotosíntesis. Cuando el fitoplancton (o los animales que lo comen) muere, algunos de sus restos se hunden hasta el fondo del océano, transportando el carbono al fondo del océano.

Desde la primavera austral de 2024 una floración de fitoplancton frente a las costas de Argentina y alrededor de las Islas Malvinas tiñó las aguas de azul y verde.

Cuando sus poblaciones aumentan, las floraciones pueden extenderse por miles de kilómetros cuadrados, lo que las hace visibles desde el espacio. La floración se extiende de este a oeste sobre la plataforma patagónica y se extiende más de 1.000 kilómetros al norte de las Islas Malvinas.

La corriente de Malvinas debe su existencia a innumerables organismos microscópicos. El fitoplancton (organismos marinos similares a plantas que convierten la luz solar en energía) prospera en las frías aguas ricas en nutrientes de la corriente de Malvinas. La floración sigue el curso de la corriente de agua se extiende hacia el norte alrededor de las Islas Malvinas y a lo largo de la costa este de América del Sur. Esta corriente, una rama de la Corriente Circumpolar Antártica, es fuerte y fría y está cargada de nutrientes.

Las floraciones en esta región son estimuladas por los complejos patrones de circulación del océano. Por ejemplo, el agua que sube a lo largo del frente de la plataforma continental patagónica lleva nutrientes a la superficie, donde el fitoplancton prospera con la luz solar de primavera y verano. Las corrientes y los remolinos también agitan el agua horizontalmente, creando patrones superficiales que se vuelven aún más visibles en las observaciones de clorofila. Otros nutrientes pueden provenir de sedimentos fluviales y polvo arrastrado por el viento desde la Patagonia.

Los estudios muestran que las diatomeas y los dinoflagelados tienden a estar presentes aquí en la primavera austral. Las diatomeas, una forma microscópica de algas, tienen caparazones de sílice y mucha clorofila que puede hacer que el agua parezca verde. Los cocolitóforos, que tienen placas calcáreas de carbonato de calcio (cocolitos) que reflejan la luz y hacen que el agua parezca azul brillante, tienden a aparecer en verano.

La floración de cocolitóforos que surge cada año frente a la Patagonia es parte del llamado Gran Cinturón de Calcita. Se cree que la región, que se extiende alrededor del planeta en las aguas del sur, desempeña un papel importante en el ciclo del carbono del planeta.

Los distintos colores visibles en la imagen probablemente reflejan una mezcla de comunidades de fitoplancton. Las proporciones de estas comunidades cambian a lo largo de los meses de floración en función de la disponibilidad de nutrientes y otros factores ambientales.

El fitoplancton es la principal fuente de alimento para el zooplancton, los mariscos, los peces y las criaturas marinas de mayor tamaño. Con sus intensas floraciones de fitoplancton, la zona que rodea la plataforma continental patagónica sustenta una rica diversidad acuática y una vasta pesca.

El fitoplancton es el responsable del 50% de la producción del oxígeno en el planeta.

Conclusión

Las intensas floraciones de fitoplancton en el Frente de la Plataforma Patagónica en el sudoeste del Océano Atlántico (35 °S–55 °S) son responsables de hacer de este gran ecosistema marino uno de los más productivos y ricos en recursos y biodiversidad de los mares globales.

El frente de la plataforma continental patagónico es un foco de vida marina vulnerable, con pesquerías asociadas y un uso intensivo por parte de aves y mamíferos marinos incluidas especies carismáticas de pingüinos, albatros, focas y ballenas.

El calentamiento global forzado por el hombre, pero también el conflicto de soberanía sobre el Archipiélago de las Malvinas, plantean desafíos considerables sobre el impacto de las pesquerías realizadas por flotas de países distantes sobre la biodiversidad.

Fuente NASA/AAPN

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2025 Año Internacional de la Conservación de los Glaciares

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Las Naciones Unidas han designado “2025 Año Internacional de la Conservación de los Glaciares” para destacar la importancia fundamental que desempeñan las regiones montañosas como fuente clave de agua dulce y servicios ecosistémicos a escala mundial

la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), pretenden dar prioridad en la opinión pública mundial sobre el papel fundamental de los glaciares, la nieve y el hielo en el sistema climático y el ciclo hidrológico, así como sobre las repercusiones económicas, sociales y medioambientales de los cambios inminentes en la criosfera de la Tierra (partes de la superficie de la Tierra donde el agua se encuentra en estado sólido, como el hielo de mares, ríos y lagos, glaciares, etc.).

Glaciares

Un glaciar es una gran acumulación de hielo y nieve, que se origina en la tierra. Los glaciares se encuentran en todos los continentes, excepto Australia. Existen en muchas regiones montañosas y alrededor de los bordes de las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida.

Hay más de 275.000 glaciares en el mundo, que cubren una superficie de unos 700.000 km². Los glaciares se consideran importantes depósitos de agua, ya que almacenan unos 170 000 km³ de hielo, lo que equivale aproximadamente al 70% del agua dulce mundial. Aproximadamente el 2,1% de toda el agua de la Tierra está congelada en glaciares.

Los glaciares son cruciales para regular el clima mundial y suministrar agua dulce, esencial para miles de millones de personas. Sin embargo, debido al el calentamiento global  un aspecto del cambio climático global, impulsado principalmente por las actividades humanas desde el siglo XIX, los glaciares se están derritiendo rápidamente.

Los glaciares son particularmente sensibles a los cambios en el clima y son indicadores muy visibles del calentamiento climático.

Retroceso de los glaciares

Desde mediados del siglo XIX, los glaciares están retrocediendo y reduciendo su espesor en todo el mundo a un ritmo sin precedentes, alterando los ecosistemas, transformando los paisajes y el mundo tal como lo conocemos.

A medida que el mundo se calienta rápidamente debido al aumento de las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero, han ido retrocediendo a un ritmo acelerado.

Sabemos que los glaciares se están reduciendo gracias a la repetición de fotografías y el análisis de imágenes satelitales que proporcionan evidencia de la pérdida de glaciares en términos de forma y área.

Argentina

La Argentina se distingue a nivel internacional por ser el primer país en sancionar una ley específica para preservar los glaciares y el ambiente periglacial. En 2010, el Congreso de la Nación aprobó por Ley N° 26.639/2010 el “Régimen de Presupuestos Mínimos para la Preservación de los Glaciares y del Ambiente Periglacial” (Ley de Glaciares).

El objetivo primordial de la Ley es “preservarlos como reservas estratégicas de recursos hídricos para el consumo humano; para la agricultura y como proveedores de agua para la recarga de cuencas hidrográficas; para la protección de la biodiversidad; como fuente de información científica y como atractivo turístico” (artículo 1).

La medida central de protección es declararlos bienes de carácter público y por lo tanto fuera del comercio; prohibiendo además “…las actividades que puedan afectar su condición natural o las funciones señaladas en el artículo 1º…” (Artículo 6°). Dentro de las actividades prohibidas se enuncian: a) la liberación, dispersión o disposición de sustancias o elementos contaminantes, productos químicos o residuos de cualquier naturaleza o volumen. Se incluyen en dicha restricción aquellas que se desarrollen en el ambiente periglacial; b) la construcción de obras de arquitectura o infraestructura con excepción de aquellas necesarias para la investigación científica y las prevenciones de riesgos; c) la exploración y explotación minera e hidrocarburífera. Se incluyen en dicha restricción aquellas que se desarrollen en el ambiente periglacial; y d) la instalación de industrias o desarrollo de obras o actividades industriales.

Para el caso de ambientes glaciares y/o periglaciares en Parques Nacionales, la autoridad competente es la Administración de Parques Nacionales (APN) según lo previsto en la Ley 22.351. El carácter de órgano competente implica un involucramiento directo en las regulaciones y control de las actividades que se desarrollen dentro de los Parques Nacionales que cuenten con este tipo de reservas hídricas.

Los glaciares se encuentran al oeste del país y se distribuyen a lo largo de aproximadamente 3.500 km en la Cordillera de los Andes, están presentes en 12 provincias y 39 cuencas hídricas.

En Argentina los glaciares y otras crioformas cumplen un papel trascendente en el desarrollo regional y don componentes emblemáticos del patrimonio ambiental de la Cordillera de los Andes., según el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLIA).

“Los glaciares contribuyen de múltiples maneras al bienestar de las personas. Aportan agua para el consumo humano, para el sostenimiento de la biodiversidad y para las actividades productivas. Forman parte del patrimonio natural y cultural de la humanidad, resultan de interés para estudios científicos y, en ocasiones, son también atractivos turísticos que potencian economías regionales”.

“En los Andes, la Argentina posee un sistema hidrológico de montaña reconocido como una reserva estratégica de agua de la que dependen muchas economías del oeste del territorio, principalmente agrícolas”.

El Dr. Sebastián Crespo informa que” la crisis hídrica en los Andes centrales es provocada por la disminución de las precipitaciones y aumento de temperaturas que generan retrocesos de glaciares, exigen medidas de adaptación. Mi visión es que la adaptación al cambio climático es centralmente cultural”.

“Cuando en breve la sociedad entienda más cabalmente la gravedad del cambio climático, donde uno de los componentes centralmente afectados es la disponibilidad del agua, un recurso vital en riesgo en los Andes Centrales, demandará aún más que los tomadores de decisión no intenten flexibilizar la legislación y también que escuchen más a la ciencia para la toma de decisiones”.

Inventario

Según el inventario del IANIGLIA se estableció, por primera vez, la magnitud del área englazada de la Argentina: 16.968 cuerpos de hielo que ocupan una superficie de 8.484 km2 a lo largo de más de 5.000 km de extensión, desde Jujuy a Tierra del Fuego e islas del Atlántico Sur.

Los 6 glaciares de descarga del Campo de Hielo Sur que drenan hacia la Cuenca del Río Santa Cruz representan el 70 % del volumen de hielo del país.

No olvidemos que los glaciares son vienen comunes no renovables, es decir, una vez que se pierde su masa es imposible de ser recuperada.

Conclusión

Conocer es fundamental para proteger las reservas estratégicas de agua dulce.

Los glaciares dependen de nosotros y nosotros de ellos. Su preservación es una responsabilidad de la cual como país no podemos escapar ni eludir.

Todo lo que ocurra en el entorno glacial influirá directa e ineludiblemente en los glaciares, y esto afectará a la población “aguas abajo”.

Los glaciares son un bien nacional de uso público, y no inapropiables o concesionables, porque no hay planeta B.

No proteger a los glaciares debidamente implica no estar entendiendo la magnitud de los efectos del calentamiento global.

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2024 llegó a su fin con los peores incendios forestales

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Sudamérica reportó más de 365.000 incendios forestales en la región y los países que más reportaron fueron Brasil, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela y Argentina producto del calentamiento global, sequía y actividades criminales

Los incendios forestales son una fuente importante de contaminación atmosférica, que incluye gases de carbono, compuestos orgánicos volátiles y partículas, y que influyen en la composición y la química atmosférica global.

En el año 2024, la actividad de incendios forestales fue muy dispar en todo el mundo. América del Norte y del Sur fueron los continentes más afectados  según los datos del Servicio de Monitoreo Atmosférico de Copernicus (CAMS).

Bolivia, Brasil y Paraguay registraron sus mayores emisiones de carbono por incendios forestales en el conjunto de datos del Sistema Global de Asimilación de Incendios (GFAS) del CAMS por un amplio margen, y Venezuela también registró las mayores emisiones anuales de incendios forestales.

El CAMS monitorea las emisiones de incendios forestales a nivel mundial a través del GFAS, que estima las emisiones de compuestos de carbono, material particulado y otros contaminantes atmosféricos relacionados con los incendios basándose en observaciones satelitales casi en tiempo real de la potencia radiactiva del fuego (FRP) de los instrumentos MODIS de la NASA integrados en los satélites Terra y Aqua.

Las emisiones estimadas proporcionan una indicación de la escala relativa de los incendios forestales en todo el mundo y se utilizan como información de entrada para los pronósticos del CAMS sobre la composición atmosférica global y la calidad del aire.

Las sequías y las olas de calor, que se están volviendo más frecuentes e intensas a medida que aumentan las temperaturas globales, contribuyen a aumentar la inflamabilidad de los paisajes y la probabilidad de incendios forestales a gran escala en algunas partes del mundo.

Un año devastador para Sudamérica

Los primeros grandes incendios forestales de 2024 comenzaron muy temprano en la Amazonía, anticipando una temporada muy difícil en toda la región. Con la mayor parte del continente bajo condiciones de sequía severa, y en particular la región amazónica desde mediados de 2023, las condiciones eran favorables para un aumento de la actividad de incendios forestales.

Las regiones tropicales de América del Sur, en particular el noreste de Venezuela y el estado de Roraima, en el norte de Brasil, han experimentado una intensa actividad de incendios forestales (1700 focos) en la segunda mitad de febrero. Tras el aumento de la actividad de incendios forestales en Chile y Argentina a principios de mes. El Servicio de Monitoreo Atmosférico de Copernicus (CAMS) informa de un aumento de la cantidad y la intensidad de los incendios el 20 de febrero y un aumento correspondiente de las emisiones estimadas de incendios forestales en la región.

El 23 de febrero, Colombia también registró un marcado aumento de las emisiones totales diarias de incendios forestales, en particular en el suroeste del país.

América del Sur atraviesa un período de sequía prolongada. La región amazónica, en particular, se encuentra en un estado de sequía excepcional desde mediados de 2023, impulsada por las escasas precipitaciones y las altas temperaturas, lo que ha creado las condiciones para un aumento de la actividad de incendios forestales en la región, según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) de Brasil.

La actividad de incendios forestales continuó siendo superior al promedio y se expandió por el norte de Sudamérica durante la primera mitad del año; a mediados de mayo, Bolivia, Guyana y Surinam sufrieron por un amplio margen los incendios forestales más intensos desde al menos 2003.

Venezuela termina 2024 con las mayores emisiones de carbono registradas, en estrecho vínculo con el año 2020. Sin embargo, por el contrario, Colombia experimentó una actividad de incendios forestales por debajo del promedio.

A finales de mayo y junio, la región del Pantanal brasilero, la zona de humedales tropicales más grande del mundo, sufrió una actividad de incendios forestales sin precedentes con consecuencias catastróficas para este frágil ecosistema. Hasta el 5 de junio, los datos satelitales del INPE de Brasil detectaron un asombroso aumento interanual del 980% en el número de detecciones de incendios forestales.

Los catastróficos incendios del Pantanal acabarían devastando casi 1,5 millones de hectáreas de su extensión total de casi 20 millones de hectáreas debido a la degradación de la tierra, los cambios en el clima, el uso de la tierra y los episodios de incendios forestales.

Los datos sobre las emisiones de carbono de los incendios forestales del CAMS reflejaron este aumento sin precedentes en la actividad de incendios forestales en el estado de Mato Grosso do Sul entre mayo y junio, con 3,3 megatoneladas de carbono ya antes del inicio típico de la temporada de incendios en agosto y septiembre.

Como resultado de la intensa actividad de incendios, el análisis del CAMS del número de días por encima del umbral de 35 microgramos por metro cúbico/m3 de partículas finas PM2.5 superó los 150 días durante 2024 en algunas zonas de Bolivia y Brasil, con varios días de estos potencialmente peligrosos para la salud por las concentraciones de PM2.5 en la mayor parte del centro de América del Sur.

México y Centroamérica también experimentaron un período de intensidad de incendios forestales superior al promedio durante abril y principios de mayo, después de un comienzo de la temporada (normalmente entre marzo y fines de mayo) en el promedio o ligeramente por debajo, y Nicaragua registró las mayores emisiones de carbono por incendios forestales entre marzo y junio.

Previniendo 2025

La escasez de precipitaciones y las altas temperaturas crean condiciones para un aumento de la actividad de incendios forestales en algunas regiones de la Sudamérica, como en Argentina y Chile.

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) informó que, el pronóstico trimestral para enero y febrero 2025 marcó en el mapa argentino la probabilidad de que las temperaturas de este verano sean más altas de lo habitual.

Los veranos tienden a ser cada vez más calurosos. El pronóstico trimestral muestra una tendencia de lluvias inferiores a las normales y un verano seco en la región pampeana y en la patagónica.

El gobierno de Chile asevera que es un país vulnerable al cambio climático, por tal motivo incorporó a su flota de 76 aeronaves, unavión tanquero que se suma al combate de incendios forestales. Se trata del Boeing 737 “Fireliner”, de gran capacidad y muy alta velocidad, lo que le permitirá responder a incendios a escala nacional de forma rápida y efectiva.

Según informó el Ministerio de Agricultura de ese país, la aeronave, que refuerza la flota de la Corporación Nacional Forestal (CONAF) tiene una capacidad de lanzamiento de 15.000 litros de agua o retardante que puede ser lanzado en una sola carga para máximo efecto o de forma parcializada para sectores específicos, lo que permite aumentar la eficiencia de la zona a cubrir.

Este avión se complementa con el C-130 Hércules, que también operará en Chile y tienen la misma capacidad de lanzamiento de agua.

Conclusión

Los incendios forestales y las emisiones resultantes han provocado una degradación de la calidad del aire en gran parte del continente.

Si bien las condiciones cálidas y secas aumentan el riesgo de incendio, también se necesita una fuente de ignición, generalmente un rayo o la actividad humana.

La prevención y el control de los incendios forestales son posibles con planes eficaces de gestión forestal y agrícola, junto con la concienciación y responsabilidad de la población.

Fuente CAMS/AAPN

* Presidente

   Asociación Amigos de los Parques Nacionales (AAPN)

   Experto Comisiones Mundial de Áreas Protegidas (WCPA) y,

   Educación y Comunicación (CEC)

   Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN)

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