Brigadistas del Plan de Manejo del Fuego del Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables, junto a Bomberos y personal del Parque Federal Campo San Juan, trabajan para controlar un incendio registrado durante la tarde de este martes en un sector de pastizales del área protegida.
El aviso se recibió alrededor de las 14:30, momento en que se desplegaron de inmediato los brigadistas del parque y se reforzó el operativo con dotaciones de Bomberos de Santa Ana. Con el avance de las tareas, los fuertes vientos complicaron el combate y provocaron la expansión del foco hacia dos sectores ubicados a unos 1.000 metros del ingreso al parque y próximos a líneas de alta tensión.
Ante esta situación, se sumaron al operativo la Brigada Provincial del Plan de Manejo del Fuego, con base en Apóstoles, y un avión hidrante, que realizó descargas de agua para disminuir la actividad del fuego y facilitar el trabajo de las cuadrillas terrestres. El trabajo coordinado pretende evitar que las llamas atraviesen los cortafuegos y avancen hacia otros sectores. La superficie afectada corresponde unicamente a zonas de pastizales y arbustos pequeños, la cual aún no se a cuantificado en superficie.
Desde el Ministerio de Ecología se recuerda que el riesgo de incendios no está determinado únicamente por las altas temperaturas. Las condiciones meteorológicas, particularmente la presencia de viento y la sequedad de la vegetación, pueden generar un escenario propicio para que el fuego se inicie y se propague rápidamente.
Cuando el combustible fino -como pastizales secos, hojas y pequeñas ramas- se encuentra en condiciones de alta disponibilidad, una fuente de ignición mínima puede ser suficiente para iniciar un incendio. Por este motivo se recomienda:
No arrojar colillas de cigarrillos ni fósforos encendidos en banquinas, caminos o sectores con vegetación.
No realizar quemas ni encender fuego en lugares donde las condiciones de viento puedan favorecer su propagación.
Si se realiza un fuego autorizado, no dejarlo nunca sin supervisión y asegurarse de apagarlo completamente antes de retirarse.
Mantener los alrededores de viviendas, galpones y otras instalaciones libres de vegetación seca y materiales combustibles.
Ante la detección de una columna de humo o un foco de incendio, dar aviso de inmediato a las autoridades, evitando acercarse o intentar combatir el fuego por cuenta propia cuando exista riesgo.
Los resultados de PISA 2025 vuelven a mostrar que el nivel socioeconómico es el principal factor asociado a las diferencias de aprendizaje en la Argentina. Sin embargo, el informe revela otro dato menos visible y con importantes implicancias educativas: el ausentismo está fuertemente asociado con un menor desempeño, independientemente del nivel socioeconómico del estudiante.
El 27,8% de los estudiantes argentinos de 15 años declaró haber faltado sin permiso al menos a una clase o un día completo durante las dos semanas previas a la evaluación. El problema es más frecuente entre los sectores de menores ingresos, donde alcanza al 33,8%, pero está lejos de ser exclusivo de ellos: incluso entre los estudiantes del cuartil socioeconómico más alto, el 19,2% manifestó haber faltado.
La diferencia en los aprendizajes es considerable. Los estudiantes que faltaron obtuvieron, en promedio, entre 30 y 38 puntos menos que quienes no lo hicieron, según el área evaluada. La asociación se verifica en Matemática, Lectura y Ciencias y atraviesa todos los niveles socioeconómicos.
Uno de los hallazgos más significativos aparece cuando se combinan ambas variables. Entre los estudiantes del nivel socioeconómico más bajo, aquellos con menores niveles de ausentismo alcanzan mejores resultados que los alumnos del nivel socioeconómico inmediatamente superior que faltan con frecuencia. Para el propio informe, este resultado muestra que ciertos factores vinculados con la relación cotidiana del estudiante con la escuela pueden contribuir a reducir, al menos parcialmente, las brechas asociadas al origen socioeconómico.
El dato permite ampliar la discusión que dejaron los resultados de PISA. La desigualdad social continúa siendo un condicionante central, pero no explica por sí sola las diferencias de aprendizaje. La asistencia regular aparece como una dimensión sobre la cual las familias, las escuelas y las políticas educativas tienen posibilidades concretas de intervención.
El informe advierte, de todos modos, que estos resultados deben interpretarse como una asociación y no como una relación causal. PISA no permite establecer si faltar provoca un peor rendimiento, si las dificultades académicas llevan a los estudiantes a ausentarse más o si ambos fenómenos se retroalimentan.
En un escenario educativo marcado por fuertes desigualdades estructurales, PISA 2025 deja así una señal relevante: el origen socioeconómico importa, pero sostener el vínculo cotidiano de los estudiantes con la escuela también puede hacer una diferencia significativa en sus oportunidades de aprender.
Florencia Daura, secretaria de Investigación de la Escuela de Educación de la Universidad Austral e investigadora CONICET, explica que los los datos de PISA 2025 devuelven una certidumbre contundente: “el origen socioeconómico condiciona, pero el hábito cotidiano de ir a la escuela también pesa, y mucho. Detrás del 27,8% de estudiantes que se ausentan sin permiso no solo hay un bache académico de entre 30 y 38 puntos, sino un llamado urgente a recuperar la centralidad de la educación integral y, junto con ella, el vínculo escuela-familia y la orientación del proyecto de vida de los chicos y chicas”.
La especialista de la Universidad Austral, que también se desempeña como directora del Doctorado en Educación, sostiene que la escuela trabaja como entorno protector: “La asistencia regular no es un mero trámite administrativo, sino la estructura primaria donde los alumnos ejercitan capacidades ejecutivas esenciales. Organizar el tiempo, vencer la apatía y sostener el esfuerzo diario son la base de la disciplina que favorece el aprender a aprender”, explica y agrega: “Asimismo, cuando un alumno del contexto que sea -vulnerable o no- logra sostener la asistencia, ejercita hábitos que son fundamentales para aprender a lo largo de toda la vida y actúan como auténticos ecualizadores de oportunidades, es decir, perseverancia, grit, compromiso, regulación emocional, entre otros”.
“Quien falta con frecuencia no solo pierde contenidos académicos; manifiesta un progresivo desenganche afectivo y cognitivo con la institución escolar, con sus compañeros, con su grupo de referencia que, muchas veces, son factores protectores frente a otros de riesgo (entornos de violencia, inconstancia, irresponsabilidad, etc.). Para revertirlo, necesitamos fortalecer el compromiso académico, transformando el aula en un espacio de pertenencia donde la presencia del estudiante realmente importe y fortalezca su identidad”, subraya.
Para Daura, también es importante forjar la perseverancia (grit) y la proyección de futuro: “La resiliencia no se improvisa, se entrena a través de “microrutinas” escolares del modelado que ofrecen quienes enseñan y lideran. Así, actos como llegar temprano y tomar la asistencia, dejan de ser actos formales, para asociarse a otras acciones positivas: encontrarme con otros que me valoren, se interesen por mí, inicien actividades que fortalezcan el sentido de pertenencia y la participación. Aquí la premisa esencial tanto para quienes lideran la escuela -directivos y docentes- como para cada alumno es: ¿Qué historia inspiraré al llegar?”
A la vez, la académica de la Universidad Austral destaca la tutoría como respuesta concreta: “La adquisición de hábitos no ocurre en el vacío. Se requiere un acompañamiento cercano que capte a tiempo cuáles son las causas del ausentismo, oriente a las familias y ayude a cada chico o chica a repensar qué cosas son significativas para ellos, qué es lo que disfrutan más hacer en la escuela y cuáles son sus fortalezas. Si obtenemos, aunque sea una mínima respuesta, tenemos un gancho por dónde empezar”.
Por último, Daura remarca que es fundamental el cuidado de quienes lideran. “Nadie puede dar lo que no tiene, acompañar desde el agotamiento, ni inspirar desde el desgaste. Para que los docentes y directivos puedan sostener la mirada atenta y construir esas microrutinas de acogida, la comunidad escolar y el sistema educativo deben cuidar a sus educadores. Garantizar espacios de escucha, “gimnasio de fortalezas” y soporte institucional para los equipos escolares no es un tema secundario; es la condición de posibilidad para que ellos puedan, a su vez, sostener y transformar la vida de los chicos”.
“Para aspirar a que la escuela vuelva a ser un vehículo de equidad, tenemos que volver a la raíz de aquello que fortalece a cada chico y chica; seguir dando ejemplo y acompañar”, concluye.
El Instituto Universitario de Ciencias de la Salud – Fundación Barceló recibió una nueva resolución favorable de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU), que dio por cumplidos los compromisos asumidos por la institución y extendió la acreditación de la carrera de Medicina de la sede Santo Tomé hasta completar un período total de seis años, en el marco del proceso de acreditación de las carreras reguladas por el artículo 43 de la Ley de Educación Superior.
Luego de analizar el primer informe de avance presentado por la institución, la CONEAU concluyó que los compromisos establecidos fueron cumplidos satisfactoriamente y resolvió extender la acreditación por el período restante, hasta completar los seis años de vigencia contados desde la acreditación otorgada el 20 de diciembre de 2024.
Esta decisión constituye un importante reconocimiento al compromiso de Fundación Barceló con el aseguramiento y la mejora continua de la calidad académica. Asimismo, reconoce los avances realizados en el fortalecimiento de las capacidades institucionales, la consolidación de los procesos formativos y el cumplimiento de los estándares nacionales de calidad establecidos para la formación médica.
Este resultado adquiere especial relevancia en el camino hacia la tercera evaluación institucional y refleja el trabajo sostenido de toda la comunidad académica en la implementación de acciones orientadas al desarrollo y fortalecimiento institucional. De esta manera, Fundación Barceló reafirma su compromiso con una formación de calidad y con la preparación de profesionales capaces de responder a los desafíos actuales y futuros de la salud.
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) reconoció que la expansión del crédito que atraviesa la economía también genera un aumento de la morosidad y planteó que el desafío ahora consiste en administrar ese crecimiento con mejores herramientas de evaluación y regulación. La definición fue publicada en un artículo firmado por Juan Curutchet, superintendente de Entidades Financieras y Cambiarias y director de la autoridad monetaria.
Bajo el título “Hacia una sociedad de propietarios”, Curutchet recorrió la evolución reciente del crédito al sector privado y sostuvo que la Argentina viene de décadas en las que el financiamiento bancario ocupó un lugar marginal. Para el funcionario, la recuperación de la estabilidad macroeconómica y el equilibrio fiscal permitió revertir parcialmente esa dinámica y ampliar el acceso al financiamiento.
El problema que aparece ahora es distinto. Después de años en los que el principal obstáculo fue la ausencia de crédito, el sistema debe afrontar los riesgos propios de una mayor intermediación financiera. Entre ellos, la posibilidad de que una parte de los nuevos tomadores no pueda cumplir con sus obligaciones.
El crédito vuelve, pero la mora expone el costo del proceso
Según los datos citados por Curutchet, el crédito al sector privado alcanzó en julio niveles equivalentes al 9,2% del PIB cuando se consideran los préstamos en pesos y al 12,5% al incorporar los créditos en moneda extranjera.
El crecimiento es significativo respecto del punto de partida, pero todavía deja a la Argentina muy por debajo de otras economías de la región. De acuerdo con datos del Banco Mundial correspondientes a 2024, el crédito al sector privado representaba el 40% del PIB en Perú, el 76% en Brasil y el 104% en Chile.
La brecha también resulta evidente en el mercado hipotecario. El crédito destinado a vivienda supera apenas el 1% del PIB argentino, frente a alrededor del 27% en Chile y el 50% en Estados Unidos.
El diagnóstico del BCRA parte de una premisa: la escasez de financiamiento no fue solamente consecuencia de una baja demanda de préstamos, sino también de un esquema macroeconómico que durante años limitó la capacidad del sistema financiero para canalizar ahorro hacia familias y empresas.
Curutchet atribuyó ese proceso principalmente al déficit fiscal crónico y describió un mecanismo de desplazamiento del sector privado conocido como crowding out. Según su explicación, cuando el Estado absorbe una porción elevada de los recursos disponibles para financiar sus necesidades, los bancos tienen menos incentivos y posibilidades para dirigir esos fondos hacia viviendas, inversiones y empresas.
Juan Curutchet, director del BCRA y superintendente de Entidades Financieras y Cambiarias
La recuperación hipotecaria cambia la dimensión del mercado
La recuperación del crédito también empieza a modificar el acceso a la vivienda. Desde 2024 y hasta el primer semestre del año en curso, cerca de 65.000 familias accedieron a un crédito hipotecario, según los datos mencionados por el funcionario.
A esa dinámica se suma una medida reciente del Gobierno basada en fondos de la ANSES para ampliar el financiamiento hipotecario. Curutchet estimó que esa herramienta permitirá que otras 20.000 familias accedan a créditos.
La importancia económica del proceso excede la posibilidad de comprar una vivienda. Una hipoteca a largo plazo transforma ingresos futuros en un activo patrimonial y puede convertir al sistema financiero en un canal de acumulación de capital para la clase media.
Esa es la lógica que el funcionario sintetizó bajo el concepto de “sociedad de propietarios”: una familia que paga durante años una hipoteca no solamente resuelve una necesidad habitacional, sino que construye un patrimonio que eventualmente puede conservar, vender, alquilar o transferir.
Pero ese mecanismo funciona solamente si el crédito resulta sostenible. La expansión de préstamos no garantiza por sí misma una mejora patrimonial si las cuotas terminan superando la capacidad de pago de los hogares.
El desafío que plantea la morosidad
El punto más relevante del documento del BCRA aparece precisamente en esa tensión. Curutchet reconoció que la expansión del crédito “trae desafíos” y ubicó a la mora entre los principales.
“Habrá mora y errores al prestar y endeudarse”, sostuvo, al plantear que bancos, empresas y familias deberán “reaprender a administrar el riesgo”.
La advertencia tiene una lectura doble. Para las entidades financieras implica mejorar la evaluación de los solicitantes y la calidad de las decisiones de crédito. Para los hogares, supone evaluar la capacidad real de pago antes de asumir compromisos que pueden extenderse durante años.
El funcionario también señaló la necesidad de evitar el sobreendeudamiento y reclamó prudencia, profesionalismo y buena regulación. La cuestión deja así de ser exclusivamente bancaria: el crecimiento del crédito requiere que el sistema pueda distinguir entre una expansión saludable del financiamiento y una acumulación de obligaciones que posteriormente se transforma en mora.
En términos económicos, la mora es una señal de que la recuperación del crédito tiene un costo de aprendizaje. Después de un período prolongado de baja intermediación, tanto prestamistas como tomadores deben adaptarse nuevamente a un mercado donde el financiamiento vuelve a ocupar un lugar relevante.
El objetivo es que el crédito se convierta en inversión
La apuesta del BCRA es que el proceso genere un círculo de mayor intermediación financiera. Más ahorro permitiría ampliar el crédito; más crédito podría financiar inversión y vivienda; una mayor inversión debería contribuir a elevar el capital y la productividad.
El punto crítico consiste en que esa cadena necesita estabilidad para sostenerse. Si los hogares se sobreendeudan o las entidades relajan demasiado sus criterios de evaluación para capturar el crecimiento del mercado, la expansión puede generar un incremento de la mora que termine frenando el propio proceso.
Por eso, el desafío de esta nueva etapa no pasa únicamente por aumentar el volumen de préstamos. También exige construir condiciones para que esos créditos puedan ser pagados, refinanciados cuando corresponda y utilizados para financiar activos e inversiones que mejoren la capacidad económica de quienes los toman.
La Argentina todavía parte de niveles de crédito excepcionalmente bajos frente a otras economías de la región. Esa distancia muestra el potencial de crecimiento, pero también explica por qué la recuperación puede generar tensiones que no aparecían cuando el sistema prácticamente no financiaba a las familias.
La definición del BCRA instala así una discusión que va más allá de la estadística de morosidad. El desafío consiste en transformar la recuperación del crédito en una herramienta de acumulación patrimonial e inversión sin repetir los ciclos de endeudamiento insostenible.
Si el sistema logra combinar estabilidad macroeconómica, evaluación crediticia, regulación y capacidad de pago, la expansión puede convertirse en una plataforma para aumentar la inversión y el patrimonio de los hogares. Si la velocidad del crédito supera esas capacidades, la mora puede convertirse en el límite de la recuperación.
La actividad de la construcción volvió a mostrar señales de debilidad en julio de 2026. Según los datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) registró una caída del 4,5% respecto de julio de 2025 y una contracción del 4,6% frente a junio, en la serie desestacionalizada.
El dato mensual marca un retroceso significativo después de una primera mitad del año que todavía conserva un resultado acumulado positivo. Entre enero y julio, la serie original del ISAC acumula una mejora de 1,7% respecto del mismo período de 2025. Sin embargo, la caída de julio vuelve a poner en discusión la capacidad del sector para sostener una recuperación que hasta ahora aparece irregular.
La señal tampoco resulta alentadora al observar la tendencia de fondo. La serie tendencia-ciclo presentó en julio una variación negativa de 1,1% respecto del mes anterior, lo que indica que el retroceso no quedó limitado exclusivamente a un movimiento puntual de la actividad mensual.
El comportamiento de los insumos permite observar con mayor precisión la heterogeneidad que atraviesa al sector. En julio, algunos materiales registraron incrementos interanuales, aunque con magnitudes muy diferentes. El grupo denominado “resto de los insumos”, que incluye grifería, tubos de acero sin costura y vidrio para construcción, tuvo un aumento de 22,8%. También crecieron los artículos sanitarios de cerámica, con una suba de 7%, los mosaicos graníticos y calcáreos, con 0,7%, y las pinturas para construcción, con un incremento marginal de 0,1%.
El panorama fue considerablemente más contractivo para otros materiales directamente vinculados con la ejecución de obras. El consumo aparente de asfalto cayó 23,1% interanual en julio, mientras que el yeso retrocedió 21,2%. También disminuyó el consumo de ladrillos huecos, con una baja de 12,9%; cales, 9,8%; hormigón elaborado, 9,5%; cemento portland, 8,1%; placas de yeso, 7,2%; pisos y revestimientos cerámicos, 6,9%; y hierro redondo y aceros para la construcción, 2,4%.
La lectura de los primeros siete meses ofrece un cuadro algo más favorable, aunque tampoco homogéneo. En ese período, el resto de los insumos acumuló una expansión de 23,8%, seguido por pinturas para construcción, con 10,3%, artículos sanitarios de cerámica, con 6,9%, hierro redondo y aceros para la construcción, con 4,6%, hormigón elaborado, con 1,4%, y placas de yeso, con 0,8%.
En paralelo, varios insumos mantienen variaciones acumuladas negativas. El yeso registra una caída de 11,5% en los primeros siete meses del año, mientras que los pisos y revestimientos cerámicos retroceden 9,1%, el asfalto 8,9%, los mosaicos graníticos y calcáreos 7%, los ladrillos huecos 5,1%, las cales 4,7% y el cemento portland 3,3%.
El contraste entre el resultado acumulado y el desempeño de julio resulta central para interpretar la situación del sector. La mejora de 1,7% acumulada hasta julio todavía evita hablar de una caída generalizada en lo que va del año, pero el retroceso mensual y la baja de la tendencia-ciclo muestran que esa recuperación perdió impulso.
Desde una perspectiva de política económica y productiva, el principal desafío pasa por transformar la mejora acumulada en una trayectoria sostenida. Para ello, la evolución de materiales como cemento, asfalto, ladrillos, yeso y hormigón resulta especialmente relevante, porque sus caídas acumuladas sugieren que una parte importante de la cadena todavía no logró recuperar los niveles de actividad del año anterior.
El dato de julio también muestra que no alcanza con observar el indicador general. La construcción combina segmentos con comportamientos muy diferentes y, por lo tanto, una recuperación sostenible requerirá que la mejora se extienda desde determinados nichos de insumos hacia los materiales asociados a una mayor diversidad de obras. El desafío para los próximos meses será determinar si el crecimiento acumulado consigue recomponerse después del retroceso de julio o si el sector ingresa en una nueva etapa de enfriamiento.