Sergio César Santiago

Lo viejo sirve: valorar la experiencia frente a los límites de la tecnología

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En el clásico del cómic argentino El Eternauta, obra maestra de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López, se encuentra una frase que ha resonado en la memoria colectiva: “Lo viejo sirve“. Esta afirmación, aparentemente simple, encierra una profunda reflexión sobre la importancia de la experiencia acumulada por las generaciones anteriores y la necesidad de equilibrar el avance tecnológico con la sabiduría humana. En un mundo donde la tecnología parece avanzar a pasos agigantados, esta idea nos invita a detenernos y reconsiderar qué significa realmente el progreso.

 La sabiduría de lo viejo. Cuando hablamos de “lo viejo”, no nos referimos únicamente a objetos o herramientas obsoletas, sino al conocimiento, las experiencias y las lecciones aprendidas por quienes nos precedieron. Los ancianos, los maestros, los trabajadores experimentados y aquellos que han vivido situaciones extremas poseen un bagaje invaluable que no puede ser reemplazado por máquinas ni algoritmos. En *El Eternauta*, esta idea cobra especial relevancia cuando los personajes enfrentan desafíos inesperados; allí, la experiencia y el ingenio humano son tan importantes como cualquier arma o tecnología sofisticada.

En nuestra sociedad contemporánea, donde la juventud y la innovación suelen ser exaltadas, es fácil olvidar que el conocimiento no surge de la nada. Cada avance tecnológico está construido sobre los cimientos de descubrimientos previos, y detrás de cada innovación hay personas que dedicaron años, décadas incluso, a perfeccionar sus habilidades y comprender los matices de su campo. Valorar lo viejo implica reconocer que el progreso no es lineal ni exclusivo de una generación, sino el resultado de un diálogo intergeneracional.

 Los límites de la tecnología

Si bien la tecnología ha transformado nuestras vidas de maneras insospechadas, no está exenta de limitaciones. La velocidad con la que evolucionan las herramientas digitales y los sistemas automatizados puede generar la falsa impresión de que la tecnología es infalible o que puede resolver todos nuestros problemas. Sin embargo, la historia nos enseña que incluso los avances más prometedores tienen consecuencias imprevistas.

Por ejemplo, la dependencia excesiva de la inteligencia artificial y los algoritmos puede llevar a la pérdida de habilidades humanas fundamentales, como el pensamiento crítico, la empatía o la capacidad de tomar decisiones éticas. Además, la tecnología, por muy avanzada que sea, carece de la intuición y la adaptabilidad que caracterizan a los seres humanos. En momentos de crisis, como los enfrentados por los protagonistas de El Eternauta, son precisamente estas cualidades humanas -forjadas a través de la experiencia- las que marcan la diferencia.

Otro aspecto crucial es que la tecnología no siempre tiene en cuenta el contexto cultural, social o emocional en el que se implementa. Las soluciones tecnológicas pueden ser eficientes desde un punto de vista técnico, pero si ignoran la complejidad de las relaciones humanas, pueden resultar contraproducentes. Aquí es donde entra en juego la importancia de escuchar a quienes han vivido situaciones similares antes, pues su perspectiva puede ayudarnos a evitar errores costosos.

 El equilibrio entre lo antiguo y lo nuevo

Valorar “lo viejo” no significa rechazar el progreso ni negar los beneficios de la tecnología. Más bien, se trata de encontrar un equilibrio entre ambos extremos. La clave está en integrar la sabiduría de las generaciones pasadas con las innovaciones del presente para construir un futuro más sostenible y humano.

Por ejemplo, en campos como la medicina, la agricultura o la educación, el conocimiento tradicional ha demostrado ser complementario a los avances científicos. Las técnicas ancestrales de cultivo, desarrolladas durante siglos mediante prueba y error, hoy son estudiadas para mejorar la resiliencia agrícola frente al cambio climático. Del mismo modo, las prácticas curativas tradicionales han inspirado nuevos tratamientos médicos que combinan lo mejor de ambas épocas.

En nuestra vida cotidiana, también podemos aplicar este principio. Escuchar a nuestros mayores, aprender de sus errores y aprovechar su experiencia no solo enriquece nuestro entendimiento, sino que también fortalece los lazos comunitarios. Al mismo tiempo, debemos estar abiertos a adoptar nuevas herramientas y métodos, siempre evaluando críticamente cómo afectan nuestras vidas y las de quienes nos rodean.

La frase “lo viejo sirve” nos recuerda que el verdadero progreso no radica en desechar lo anterior en favor de lo nuevo, sino en reconocer el valor intrínseco de cada etapa del camino. La experiencia de las generaciones mayores y los límites de la tecnología son recordatorios de que el ser humano es, ante todo, un ser social y reflexivo. Solo al combinar la sabiduría acumulada con la innovación podremos enfrentar los desafíos del futuro sin perder de vista lo que realmente importa: nuestra humanidad.

Como en *El Eternauta*, donde los personajes encuentran fuerza en la cooperación y el aprendizaje mutuo, nosotros también podemos mirar hacia atrás para avanzar hacia adelante. Lo viejo no solo sirve; es fundamental. Y, en un mundo que cambia rápidamente, tal vez sea la clave para construir un mañana más consciente y equilibrado. No olvidemos que la tecnología es una herramienta, pero la experiencia es un faro. Valorémosla, respetémosla y aprendamos de ella, porque lo viejo, efectivamente, sirve.

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La necesidad de un nuevo esquema jurídico político para el mundo, la región y el país

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Muchos se preguntan sobre la utilidad del derecho internacional luego de producida la invasión rusa a Ucrania: “si Rusia puede hacer esto, ¿para qué sirven Naciones Unidas y todas esas instituciones internacionales?”.

Los hechos parecieran demostrar que el derecho internacional no existe o que es irrelevante, análisis que nace de una visión idealizada sobre el funcionamiento del derecho en la sociedad, una lectura falsa tanto del derecho nacional como del internacional.

El derecho internacional no es un elemento mágico que transforma la realidad, tampoco el derecho penal por sí solo elimina la criminalidad, ni el derecho tributario impide la evasión de impuestos.

En el caso de Ucrania, el derecho internacional sirve en primer lugar para saber que la invasión no es justificable (brinda certeza moral). En segundo lugar, brinda herramientas para imponer sanciones y, finalmente, permite coordinar y legitimar la imposición de esas sanciones.

El panorama internacional está cambiando. Putin decidió atacar y justificó esta decisión apelando a una interpretación amplia y errada del derecho a la legítima defensa (consagrado en el Artículo 51 de la Carta de la ONU) y de la protección contra el genocidio (Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio). De igual forma, justificó el reconocimiento de Lughansk y Donetsk como repúblicas a partir del principio de libre determinación de los pueblos, tal como lo establece la Carta de la ONU.

Hay un peligro de vaciamiento de los contenidos y principios jurídicos, que so pretexto de interpretaciones amplias y hasta antojadizas, generan la decadencia del sistema internacional, fenómeno que se traslada peligrosamente a los estados nacionales.

Este proceso comenzó el 11 de septiembre de 2001. Los pilares internacionales comenzaron a ser desmontados mediante la llamada “Guerra contra el Terrorismo” que justificó dejar de lado al Consejo de Seguridad de la ONU y usar interpretaciones amplias del derecho a la legítima defensa, como la teoría de la legítima defensa preventiva. La posterior expansión del nacionalismo agresivo de Donald Trump y sus imitadores, mostró el rechazo al consenso de que el orden jurídico internacional era algo deseable. Poniendo en crisis el corazón del sistema internacional.

Ahora cualquiera viola la Carta de la ONU y usa cínicamente los argumentos jurídicos humanitarios creados para justificar anteriores usos de la fuerza, y patea una de las últimas columnas del derecho internacional.

Comienza un abrupto proceso extremadamente rápido de redefinición de los pilares de un orden jurídico eficaz y válido, con verdaderas posibilidades de ser impuesto, respetado y cumplido, extraño fenómeno que debe cumplirse en las regiones y ordenamientos jurídicos nacionales, provinciales y municipales antes de sucumbir por ineficacia e ineficiencia. Los liderazgos se pondrán en crisis, o las cuestiones de hecho podrán en evidencia su inexistencia, finiquito o necesidad de reemplazo por consensos o renovaciones de dirigencia que puedan conducir el proceso de cambio.

El orden impuesto al mundo después de la segunda guerra mundial ha caído estrepitosamente, y los liderazgos aun los que presumen de democráticos, han ido cediendo espacio a concentraciones de poder que los nuevos derechos no aceptan o al menos los empiezan a poner en crisis. La hipocresía pone al mundo en un dilema porque algunos usan las normas del derecho internacional para criticar y sancionar a los demás, pero únicamente para legitimar sus propios ejercicios abusivos de la fuerza ya sea militar o aplicada a través de formas jurídicas irrevisables, por ausencia, inercia o deserción de los poderes constituidos.

La otrora ilicitud, los procedimientos violatorios del estado de derecho se han vuelto lícitos en apariencia, quebrando el estado ideal de convivencias a partir del derecho de gentes, en función de la paz y el desarrollo con igualdad de oportunidades.

El sistema de derechos humanos en América Latina, como de los derechos individuales en Europa, Rusia o China quedan inermes frente al vaciamiento de la asamblea de las Naciones Unidas y la inexistencia del Consejo de Seguridad, poniendo en crisis la importancia del derecho internacional, pues nos debería permitir debatir y rechazar las acciones violatoria de los derechos elementales con la misma certeza.

El cambio profundo de la arquitectura internacional que traerá este conflicto tardará en cristalizarse. Pero ya es posible ver algunos cambios profundos que se acelerarán. El primero es la revelación de que puede aislarse a Rusia del sistema económico. No hay duda de que la invasión a Ucrania cambia el cálculo jurídico y geopolítico en otras áreas del mundo, cuya estabilidad han dependido hasta el momento de la proyección de hegemonía militar de Estados Unidos, hoy a nuestro juicio en franca decadencia, por ello habría que prestar mucha atención a China.

Podemos afirmar que esta guerra es el evento con implicaciones jurídicas internacionales más importante de esta generación. El derecho internacional conserva así una importancia crucial en los conflictos extremamente politizados, pues, aun cuando la solución definitiva sea política, el derecho impone no sólo su negociación, sino también, en cierta medida, las condiciones de su realización.

Salvando las distancias, el cimbronazo que implica para estados nacionales y regiones no es menos importante. La globalización está también de mudanza, y los esquemas de poder monopólicos entrarán en discusión. Asimismo, el destinatario de los bienes que debe asegurar el estado de derecho como los derechos básicos y fundamentales, se deben recrear en un esquema de libertad, alternancia política, equidad económica. La pregunta es quiénes son los líderes que podrán gestionar ese cambio que requiere el mundo, antes de que la anarquía y el vale todo se imponga.

Una vez más el derecho es la salida, la sujeción a la ley y los valores, no como una cáscara. Los cambios producen miedo, pero son el reaseguro de recuperar la humanidad.

*Sergio Santiago, abogado. Estudio Jurídico Santiago y Asociados.

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Otra deuda de la Justicia argentina, el proceso laboral eficaz

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Hace pocos días el Juez y profesor de Derecho, Carlos E. Camps difundió el comentario de un nuevo fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que condena a la Argentina porque su sistema judicial violó el derecho humano al proceso eficaz.

En fallo de la Corte Interamericana se refiere a un proceso laboral en la Justicia bonaerense que arrancó en 1988 y demoró 12 años para que la Corte Suprema de esa provincia ratificara la decisión.

La puesta en escena de dicho fallo por el destacado profesor, nos puso en la necesidad de resaltar el fallo de la CIDH y su sentido, ya que las deficiencias y daños por ellas ocasionadas en los procesos judiciales son comunes al territorio nacional, si bien en los últimos años se han dado algunos avances importantes, aún falta mucho, en especial cuando se trata del proceso laboral de personas de alta vulnerabilidad.

El proceso judicial sin dudas debe atender a las recomendaciones de la Corte Interamericana, y debe incluir, a nuestro juicio, en las causas laborales, el estadío del RECURSO EXTRAORDINARIO su uso y abuso, como herramienta para dilatar procesos de gran verosimilitud respecto de los derechos de los trabajadores.

La importancia del fallo internacional, implica ratificar que al sistema judicial argentino le falta mucho para ser idóneo y eficaz, y sobre todo pone la pica en Flandes, respecto de la violación de garantías judiciales, falta de protección judicial y derecho a condiciones de trabajo equitativas y sobre todo que aseguren la salud del trabajador.

Ni hablemos en tal sentido al acceso a la Justicia, todo vulnerando el artículo 26 del Pacto de San José de Costa Rica y los concordantes 8, 25 y 1.1 del mismo cuerpo que forma parte del plexo constitucional argentino (fallos CSJN 318:514) Causa Giroldi Horacio y otros s / RC.

A los derechos de los trabajadores respecto de la protección de la salud, y su minusvalía en general frente a la empresa, se agrega el factor tiempo para la resolución de controversias que, en el caso del fallo como tantos otros, demora tanto que cuando se agotan todas las instancias procesales el actor ya se ha muerto.

Esa mora genera en si misma un daño no previsto en la demanda inicial, pues se lo infiere la ineficiencia del proceso y las moras injustificadas, burocracias no virtuosas, dilaciones artificiosas, que como dijimos la Corte Interamericana señala como violación a los derechos humanos por dañar el derecho al proceso eficaz. Ya la misma corte condenó a la Argentina en los casos “FORNERON”; “FURLAN” Y “MEMOLI” por razones parecidas.

Dicho daño (el que causa ese proceso ineficaz) es fuente de indemnizaciones por parte del estado en estos fallos, indemnización que se agrega a la que originalmente le correspondía a quien sufrió un accidente o una enfermedad que tiene nexo de causalidad con el trabajo.

La Corte en estos fallos le indica al país como deben ser los procesos para evitar el daño causado por la falta de eficacia, pero sobre todo para evitar la vulneración de derechos humanos, algo que parece elemental.

Otro de los elementos de importancia que se derivan de este fallo pedagógico, si cabe el término, es que fijó la innecesaridad de la doble instancia como recaudo convencional en caso de discusión de derechos que no posean un cariz penal o sancionatorio entre otras.

Pero el tema del plazo razonable es crítico y crucial, es virtual que las estadísticas sean verosímiles y los plazos de los juicios de primera y segunda instancia se reduzcan ostensiblemente en el fuero laboral.

De qué sirve incluso la digitalizaciones si las pruebas se producen al año siguiente de haber iniciado una causa y eso con suerte, y de qué sirve cuando la primera instancia y segunda agilizan el trámite, si se van a conceder recursos extraordinarios ante las cortes provinciales, que demoran años en resolverse, cuando ni la complejidad ni la materia lo justifican, plateando la necesidad de un proceso y atención diferentes a las demás causas que puedan llegar a dicha instancias que, de todos modos, se ha ordinarizado, se ha desvirtuado como tercera instancia.

La calidad de los procesos judiciales en especial los laborales, donde están en juego derechos de especial protección, no admiten dilaciones injustificadas, no pueden seguir llegando tarde sentencias que debieron reparar daños en tiempo y forma, ocasionando además un daño extra por el transcurso del tiempo.

Ello como dice el profesor Camps no quita que también la Corte Interamericana sea motivo de reclamo, pues también sus tiempos deben necesariamente ser más cortos.

En definitiva, no valen las declamaciones de acceso a Justicia, protección al vulnerable, digitalización de los procesos, adecuaciones de las normas, capacitación y especialización si luego la realidad nos hunde en el desánimo.

La cuestión está planteada, la solución es posible, “ARGENTINOS A LAS COSAS”

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Enigmas de un mundo post Covid-19: qué viene después de la Globalización

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En la década del 90 el derrumbe de la URSS propició el fin de las ideologías, y un mundo unipolar que, tal vez girando en torno a EEUU, se disponía a transitar por un capitalismo con proyección global.

Esa fuerte influencia se tradujo en un avance por décadas de un progreso económico, tecnológico que tiño a distintas culturas, enlazándolas con la globalización, haciendo desaparecer nacionalismos y regionalismos, y sin que hubiera atisbos de que alguna economía como la China, o aún el BRIC pudiera hacerle mella alguna.

La base estratégica de ese imperialismo, haciendo permeables distintas culturas en todo el mundo, con una fuerte injerencia desde lo económico, basado en el poderío industrial militar pergeñado básicamente en la segunda guerra mundial. Generó un crecimiento exponencial, con algunas interrupciones como dijimos de irrupciones de movimientos como los del BRIC que luego en distintas crisis quedaron fuera de combate. Sin ir más lejos recordamos haber visto a este Brasil, hoy en franca convulsión, siendo calificada como la quinta potencia del mundo, y tratando de formar la nueva mesa chica del mundo junto a China e india hasta la crisis de 2.008.

Durante estas 3 décadas estas ideas han estado presentes, de una u otra forma, en el proceso de globalización. La economía de mercado triunfó como un modelo casi hegemónico. La integración y los procesos tecnológicos, fundamentalmente informáticos, modificaron el comercio, la comunicación, las relaciones humanas, de una manera global sin antecedentes en la historia.

No obstante, las tensiones entre el mundo árabe y occidental no hicieron más que crecer, los intentos de integración latinoamericana fueron frustrantes, como así en general en el mundo se sucedieron graves crisis políticas. El continente africano, sumido también en conflictos interminables, empobrecidos por el contante dominio de países colonialistas que permanentemente extrajeron riquezas sin aportar ningún desarrollo, y estando en general sus países en manos de dictadores de poca monta, y escaso desarrollo político institucional. Todo favoreciendo entonces la expansión globalizadora.

En estos años de todas formas aparecieron fortalecidos tanto Rusia como China y algunas otras naciones se alzaron con desarrollo tecnológico y nuclear. Estábamos ahora en un mundo complejo, con incidencia múltiple, sin una supremacía clara. Se fueron perfilando nuevos polos de poder, con distinta suerte pero que quebraron aquel rol solitario y dominante de los EEUU. Dichos frentes y disputas generaron enfrentamientos muy diferentes a las guerras tradicionales, pero con modalidades cada vez más letales y menos predecibles. Un gobierno de Donald Trump y una guerra comercial sin precedentes con China, que puso en vilo durante los años más recientes al mundo entero. Y cuando este complejo juego de ajedrez se desarrollaba en medio de una globalización nunca antes alcanzada, una interrelación del mundo en donde las líneas aéreas produjeron un verdadero achicamiento de las distancias mundiales, apareció aún no sabemos bien como ni por qué, virus hoy conocido mundialmente como: Covid-19.

La globalización y el entramado aerocomercial, el intercambio frenético del comercio mundial, que había generado que millones de personas transiten febrilmente por el mundo, es la misma ruta como la mejor fibra óptica que hizo que el ataque de aquel microorganismo fuera diseminado a una velocidad y virulencia nunca esperados. Algunos hablan de peligro de extinción de la raza humana, tal vez nadie sepa que es lo que realmente vaya a pasar, pero lo cierto es que los miles y miles de muertos, los millones hoy expuestos, la parálisis económica mundial, presagia en el mejor de los casos que este punto de inflexión pone en crisis todo el sistema capitalista.

Los países en general han bloqueado sus Fronteras, los vuelos, principal vehículo del contagio, han desaparecido dando lugar, eso si, a cielos prístinos, amaneceres diáfanos y con ausencia de polución. Los estados han recurrido a estados de sitio, toque de queda o un no tal sutil control policial restrictivo de muchos derechos y libertades en pos de la preservación de la salud, confinamientos masivos obligatorios y voluntarios, cese de actividades comerciales e industriales. El miedo ya no es patrimonio de alguien o de alguna región, los colapsos tampoco. No advertir un futuro cierto, lleva zozobra, y en algunos puntos de la tierra, hay temor por posibles procesos de anarquía, temores de hambruna, miseria profunda, debate entre sálvese quien pueda, o nadie se salva solo.

Será el covid-19 un punto de inflexión histórico, creemos que sí. ¿Tal vez de lo que aún no veamos respuesta es, a la pregunta tendremos liderazgos mundiales, que planteen una solución de esa dimensión? La reacción ha sido dispar, asistemática, en algunos casos tardía y en otras inexistente. Pero a medida que la cuestión se profundiza, se difunde hasta lo más recóndito del mundo, pero en especial agrava no solo la crisis de salud, con número espantoso de muertes, sino que hace estallar hasta las economías más encumbradas, parece poner en la agenda mundial, que la solución es una redefinición del mundo y la necesidad de generar nuevos organismos internacionales de consenso, político económico e institucionales que permitan una solución global.

El capitalismo, así como lo conocemos hoy tiene partida de defunción, asoman atisbos de naciones cerradas en sí mismas, y algunos que piensan en regiones no más allá. La búsqueda de la cura, como el restablecimiento de las economías aun no tienen más referencias que las respuestas nacionales. De no aparecer liderazgos que vean más allá, el mundo una vez que podamos afirmar que hay vida después del covid-19, se debate en el modelo de país, modelo de región y modelo de mundo que podamos concebir, en el cual estarán en juego derechos, libertades, institucionalidad y modelos de vida que han llevado siglos conseguir, y pocos meses en ser cercenados. De la plena conciencia de los líderes del mundo depende que no nazca un mundo, que no sea producto de la virtud de haber capitalizado tanto horror, y de haber valorado, al menos por el miedo, la solidaridad, la humildad, el respeto a todos los seres humanos, a la tierra y sus ecosistemas, para que la reconstrucción sea el norte de un nuevo mundo, con más derechos, con menos ambiciones, con el necesario humanismo y espiritualidad, y por sobre todas las cosas que no haya sido una terrible involución.

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Enigmas de un mundo pos Covid-19: qué viene después de la Globalización

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En la década del 90 el derrumbe de la URSS propició el fin de las ideologías, y un mundo unipolar que, tal vez girando en torno a EEUU, se disponía a transitar por un capitalismo con proyección global.

Esa fuerte influencia se tradujo en un avance por décadas de un progreso económico, tecnológico que tiño a distintas culturas, enlazándolas con la globalización, haciendo desaparecer nacionalismos y regionalismos, y sin que hubiera atisbos de que alguna economía como la China, o aún el BRIC pudiera hacerle mella alguna.

La base estratégica de ese imperialismo, haciendo permeables distintas culturas en todo el mundo, con una fuerte injerencia desde lo económico, basado en el poderío industrial militar pergeñado básicamente en la segunda guerra mundial. Generó un crecimiento exponencial, con algunas interrupciones como dijimos de irrupciones de movimientos como los del BRIC que luego en distintas crisis quedaron fuera de combate. Sin ir más lejos recordamos haber visto a este Brasil, hoy en franca convulsión, siendo calificada como la quinta potencia del mundo, y tratando de formar la nueva mesa chica del mundo junto a China e india hasta la crisis de 2.008.

Durante estas 3 décadas estas ideas han estado presentes, de una u otra forma, en el proceso de globalización. La economía de mercado triunfó como un modelo casi hegemónico. La integración y los procesos tecnológicos, fundamentalmente informáticos, modificaron el comercio, la comunicación, las relaciones humanas, de una manera global sin antecedentes en la historia.

No obstante, las tensiones entre el mundo árabe y occidental no hicieron más que crecer, los intentos de integración latinoamericana fueron frustrantes, como así en general en el mundo se sucedieron graves crisis políticas. El continente africano, sumido también en conflictos interminables, empobrecidos por el contante dominio de países colonialistas que permanentemente extrajeron riquezas sin aportar ningún desarrollo, y estando en general sus países en manos de dictadores de poca monta, y escaso desarrollo político institucional. Todo favoreciendo entonces la expansión globalizadora.

En estos años de todas formas aparecieron fortalecidos tanto Rusia como China y algunas otras naciones se alzaron con desarrollo tecnológico y nuclear. Estábamos ahora en un mundo complejo, con incidencia múltiple, sin una supremacía clara. Se fueron perfilando nuevos polos de poder, con distinta suerte pero que quebraron aquel rol solitario y dominante de los EEUU. Dichos frentes y disputas generaron enfrentamientos muy diferentes a las guerras tradicionales, pero con modalidades cada vez más letales y menos predecibles. Un gobierno de Donald Trump y una guerra comercial sin precedentes con China, que puso en vilo durante los años más recientes al mundo entero. Y cuando este complejo juego de ajedrez se desarrollaba en medio de una globalización nunca antes alcanzada, una interrelación del mundo en donde las líneas aéreas produjeron un verdadero achicamiento de las distancias mundiales, apareció aún no sabemos bien como ni por qué, virus hoy conocido mundialmente como: Covid-19.

La globalización y el entramado aerocomercial, el intercambio frenético del comercio mundial, que había generado que millones de personas transiten febrilmente por el mundo, es la misma ruta como la mejor fibra óptica que hizo que el ataque de aquel microorganismo fuera diseminado a una velocidad y virulencia nunca esperados. Algunos hablan de peligro de extinción de la raza humana, tal vez nadie sepa que es lo que realmente vaya a pasar, pero lo cierto es que los miles y miles de muertos, los millones hoy expuestos, la parálisis económica mundial, presagia en el mejor de los casos que este punto de inflexión pone en crisis todo el sistema capitalista.

Los países en general han bloqueado sus Fronteras, los vuelos, principal vehículo del contagio, han desaparecido dando lugar, eso si, a cielos prístinos, amaneceres diáfanos y con ausencia de polución. Los estados han recurrido a estados de sitio, toque de queda o un no tal sutil control policial restrictivo de muchos derechos y libertades en pos de la preservación de la salud, confinamientos masivos obligatorios y voluntarios, cese de actividades comerciales e industriales. El miedo ya no es patrimonio de alguien o de alguna región, los colapsos tampoco. No advertir un futuro cierto, lleva zozobra, y en algunos puntos de la tierra, hay temor por posibles procesos de anarquía, temores de hambruna, miseria profunda, debate entre sálvese quien pueda, o nadie se salva solo.

Será el covid-19 un punto de inflexión histórico, creemos que sí. ¿Tal vez de lo que aún no veamos respuesta es, a la pregunta tendremos liderazgos mundiales, que planteen una solución de esa dimensión? La reacción ha sido dispar, asistemática, en algunos casos tardía y en otras inexistente. Pero a medida que la cuestión se profundiza, se difunde hasta lo más recóndito del mundo, pero en especial agrava no solo la crisis de salud, con número espantoso de muertes, sino que hace estallar hasta las economías más encumbradas, parece poner en la agenda mundial, que la solución es una redefinición del mundo y la necesidad de generar nuevos organismos internacionales de consenso, político económico e institucionales que permitan una solución global.

El capitalismo, así como lo conocemos hoy tiene partida de defunción, asoman atisbos de naciones cerradas en sí mismas, y algunos que piensan en regiones no más allá. La búsqueda de la cura, como el restablecimiento de las economías aun no tienen más referencias que las respuestas nacionales. De no aparecer liderazgos que vean más allá, el mundo una vez que podamos afirmar que hay vida después del covid-19, se debate en el modelo de país, modelo de región y modelo de mundo que podamos concebir, en el cual estarán en juego derechos, libertades, institucionalidad y modelos de vida que han llevado siglos conseguir, y pocos meses en ser cercenados. De la plena conciencia de los líderes del mundo depende que no nazca un mundo, que no sea producto de la virtud de haber capitalizado tanto horror, y de haber valorado, al menos por el miedo, la solidaridad, la humildad, el respeto a todos los seres humanos, a la tierra y sus ecosistemas, para que la reconstrucción sea el norte de un nuevo mundo, con más derechos, con menos ambiciones, con el necesario humanismo y espiritualidad, y por sobre todas las cosas que no haya sido una terrible involución.

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