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Las colonias penales agrícolas

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Las colonias penales agrícolas, en argentina, son establecimientos de reclusión orientados a la resocialización, rehabilitación y reinserción social del delincuente mediante el trabajo agrícola y ganadero, alejados de centros poblados.

La cárcel como castigo fue creada en el siglo XVII, para resolver problemas de esa centuria. Se originó para humanizar la ejecución de las penas, porque los métodos que se venían empleando eran crueles. Pero luego de varios años de funcionamiento vemos que el Sistema Penitenciario no ha dado la solución que todos esperamos. Por tal motivo es imperioso reencausar la rehabilitación de los condenados.

En nuestro caso debemos hacer una prueba piloto con la Colonia Penal de Loreto, que será una forma de volver al origen de dicho establecimiento.

Para ello debemos en primer lugar optimizar los recursos con que contamos tanto humanos como materiales e imprimirle una nueva acción al accionar del Servicio.

 

Se deberá  elaborar un manual  con las debidas especificaciones, según su clasificación legal y niveles de seguridad, efectividad y dignidad de su cometido, detención, resocialización; el clima y terreno de ubicación, su capacidad y espacios de alojamiento, trabajo, educación, recreación, materiales indicados y cuanto se requiera para el control económico y el acierto estructural y funcional de estas edificaciones.

 

El objeto principal de estos centros es preparar a las personas privadas de la libertad para el trabajo libre, fomentando su readaptación a la vida social, despertándoles el entusiasmo para emprender una vida de moralidad y corrección, sea por su extracción del campo, sea por su vocación de trabajo en el campo o por sus capacidades. Este tipo de centros de reclusión cumplirá con una tarea resocializadora de alto significado.

 

Es imperioso que los internos estén ocupados gran parte del día en las labores agrícolas y ganaderas como así también en los talleres de carpintería y los que en el futuro se creen. Para ello debemos organizar junto con el INTA y el ministerio del Agro la utilización de técnicos que orientes y controlen las actividades de los internos, y a su vez se pongan una meta y controlen sus resultados.

 

Debemos lograr el autoabastecimiento de la Unidad y luego el excedente comercializarlo para adquirir equipamiento y mejoras edilicias y luego satisfacer las necesidades de los familiares de los internos.

 

Es posible y con mínimo recurso estatal lograr resultados satisfactorios, lo que si debemos hacer es inculcar y preparar a los administradores de la Unidad con una visión mucho más de liderazgo que de mero control policial.

 

Al tener una superficie de 300ha. Las cuales pueden ser planificadas para su explotación por técnicos en agro y ganadería, se podrá optimizar nuestro suelo y por medio de la Nación encontrar los medios para comenzar con esta tarea. A modo de ejemplo el sistema de riego por goteo para pequeñas chacras es de gran utilidad en este sistema. Debemos lograr que la Unidad se autoabastezca y de esa forma el interno estará motivado para seguir trabajando. No podemos dejar pasar la gran mano de obra con que cuenta la Unidad, pare ello debemos darles no solo las herramientas, sino también organizarlos y dirigirlos en pos de metas que en definitiva va en mejorar su futuro, fuera de la Unidad.

 

Esto es una realidad que esta al alcance de nuestras manos solo se requiere decisión y puesta en marcha de los recursos humanos y materiales con que contamos.

 

Con relación a la atención médica que se requiere debemos hacer un acuerdo con el Ministerio de Salud y lograr que en forma permanente la Unidad cuente con médicos y enfermeros los que al hacer su residencia en dicha Unidad le será computada el año le será computado doble, considerando tal situación como zona desfavorable, o los ítems que el acuerdo requiera. De esta manera le damos atención real y solo los casos de urgencia serán trasladados al Hospital Madariaga.

 

Se debe considerar también la posibilidad de que la cárcel de mujeres provea de uniformes para los internos, con lo cual estaríamos involucrando a otra unidad en este programa. Esto es en líneas generales un enfoque de la tan mentada reforma penitenciaria, y evitar el actual hacinamiento carcelario. No debemos dejar pasar que el encierro por el encierro mismo no da resultados, la cárcel del siglo pasado no dio resultados positivos, razón por la cual aplicar los mismos métodos evidentemente no dará resultados positivos. Es hora que la premisa constitucional se cumpla, las cárceles serán sanas y limpias y no para castigo, razón más que justificada para llevar adelante la reforma penitenciaria. Como si esto fuera poco el Papa Francisco le manifestó al Procurador Penitenciario:

 

“Por favor hagan algo, no tienen garantías. Los penales están hechos para rehabilitar a la gente para que vuelva, los que pueden. Si los tenemos encerrados, los arruinamos”, le advirtió el Papa a Mugnolo. “Por favor, que tengan deporte y que el tiempo que tengan se sientan gente”, planteó el líder religioso.

 

Creo que nos debemos un debate real de la problemática, pero que no quede en una mera expresión de deseo, se que contamos con gente capacitada par llevar a delante esta reforma, solo falta  la toma de decisión y fijar las metas para cada año, de esa manera podemos ver los resultados.

 

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Es clave achicar el déficit fiscal

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El gobierno de Mauricio Macri anunció una doble dirección económica. Por un lado la política antiinflacionaria y en contraposición, reducir el déficit fiscal del 5,8 por ciento del PBI.

Sin embargo, los primeros pasos fueron únicamente por la política inflacionaria, aumentando las tasas de interés alrededor del 40 por ciento a costa de una caída en la actividad económica por el encarecimiento del crédito.

Se rebajaron y eliminaron las retenciones a las exportaciones agropecuarias, se elevó el mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias y se incrementó el gasto social. A ello se sumaría el programa de reparación histórica a jubilados y pensionados, agravando aún más el déficit fiscal.

Todo esto enmarcado en la necesidad de retorno a una economía de mercado. Este cambio de paradigma, indispensable para que sea el sector privado y no el gasto público el que tome la iniciativa y empuje la economía, tuvo efectos adversos para la economía con una inflación rozando del año pasado del 40 por ciento anual, aunque descendiendo su velocidad, y un déficit fiscal por las nubes en 2016.

Este comportamiento de mala política fiscal y la acumulación de déficits fiscales insostenibles que se financian alternativamente con impuesto inflacionario (emisión monetaria “de más”) y/o deuda, son la explicación de la decadencia argentina y su pérdida de PBI per cápita.

Esto no es culpa del gobierno de Macri sino de una acumulación de desidia de 50 años de mala política fiscal.

La historia de Argentina y Chile de los últimos 50 años tiene el mismo comienzo: el problema del déficit fiscal.  Ambos países poseían déficit fiscal en la década del ‘60 y ‘70. Sin embargo, lo que para Argentina continuó siendo constante, en Chile fue un firme cambio de comportamiento. Desde 1961 a la fecha (56 años), Argentina tuvo déficit fiscal el 93% de ese tiempo, mientras que Chile sólo el 57%.  Pero el gran cambio se da en los últimos 30 años. 

Las políticas fiscales opuestas (deficitaria contra superavitaria) conducen a resultados también opuestos en materia de inflación y PBI per cápita. Permanentes y crecientes déficits fiscales llevan a elevada inflación con estancamiento económico y caída del PBI per cápita. Por el contrario, superávits fiscales llevan a crecimiento económico “en serio” con aumentos de PBI per cápita. Es más, el ahorro público acrecienta la masa total de ahorro disponible en la economía permitiendo que la inversión pública sea financiada con recursos genuinos (ni deuda, ni inflación) sin generar crowdingout del sector privado ni volatilidad del tipo de cambio.  

En resumen es clave que la Argentina vaya acortando la brecha del déficit fiscal para que el crecimiento sea puro y sostenido. En este 2017 es probable que la economía crezca porque se derribaron las barreras que impedían el crecimiento (subsidios, alta emisión monetaria, cepo cambiario, presión fiscal, etc) pero, hay que entender que crecimiento no es lo mismo que desarrollo, y la gran pregunta es si el desarrollo de largo plazo vendrá.

La realidad es que el déficit ha aumentado en todo el 2016 porque el gasto está creciendo alrededor de 10 puntos por encima de los ingresos, poniendo bajo riesgo el cumplimiento de la meta de superávit primario de 2017 (5% del PIB), por otro lado la inercia inflacionaria viene bajando pero la mayoría de las estimaciones coinciden en una inflación anual del 20%, 2% por encima del límite superior propuesta como meta por el BCRA.

Es difícil en un año de  elecciones contener el gasto público, pero el diferimiento de pagos de 2017 y el blanqueo fiscal darán un aire fresco a las finanzas públicas para ir disminuyendo paulatinamente el déficit fiscal enquistado del gobierno anterior.

Definitivamente la obra pública viene cayendo y no será el motor pujante del crecimiento. El Gobierno apunta a los objetivos bilaterales (reducir la inflación y el déficit fiscal), en estos dos objetivos que tiene el gobierno la batalla contra la inflación la viene empatando pero la batalla para reducir el déficit la viene perdiendo pero se espera que al menos la empate al finalizar el 2017.

Asimismo al estar ensimismado con estos dos objetivos centrales necesariamente se les va escapando el nivel de actividad. Como al tratar un cáncer, esta quimioterapia en la cual se esta tratando al paciente deja con efectos adversos en el nivel de actividad y de empleo del País.

En este marco, si se tiene en cuenta que la elevada presión tributaria ahoga al sector privado y no deja que la economía crezca es imprescindible seguir bajando impuestos para que la economía recupere vitalidad para empujar al desarrollo.

En cuanto a la inflación, hay dos temas a tener en cuenta: la puja distributiva y la inflación inercial. Ambas conspiran directamente contra el objetivo de Federico Sturzenegger, en el cual se ha fijado como objetivo primordial como lo dice la carta orgánica del BCRA, que es “preservar el valor de la moneda”.

Sturzenegger se ha obsesionado por bajar la inflación a cualquier precio y de hecho lo está haciendo, pero hay dos factores que presionan a la alza el sistema de precios:

  1. El acostumbramiento durante más de 8 años a una inflación promedio del 25%, hay contratos pautados, obligaciones por cumplir con inflaciones calculadas en períodos anteriores.
  2. La puja distributiva: si un sector pide un aumento de salarios probablemente otro sector menos productivo pida el mismo aumento para equipararse con los demás. Caso que vemos a los gremios pujando por un salario cada vez mayor independientemente de cuanto será la inflación. Si el empresario debe aumentar salarios, esos aumentos necesariamente van a irán a los precios.

Sin embargo en todos los escenarios posibles la inflación va a ceder, no existe ninguna consultora económica que no haya proyectado una inflación superior al 22%.

Esa inflación de todos modos, tiene un efecto inercial en Misiones, donde las asimetrías son un problema  adicional.

Asimetrías internacionales:

Es el diferencial entre precios de los distintos países que se deben al tipo impositivo que cobra cada país y al tipo de cambio real.

Asimetrías interprovinciales:

Es el diferencial entre precios entre las distintas provincias que se deben al tipo impositivo que cobre cada provincia y/o municipio.

Estos efectos negativos se están evidenciando en la provincia de Misiones en los últimos años. En particular, esta ciudad pasó de ser el distrito con menor desocupación a caer al 10° lugar[1] en el período 2015 – 2016, dato muy relevante ya que implica que los individuos quieren trabajar, buscan trabajo y no encuentran. Además, desde el punto de vista comercial, se tiene que más de 150 comercios han dejado de estar en actividad en Posadas e Iguazú en lo que va del año 2016. Asimismo, la provincia tiene la presión fiscal más alta de todo el país[2], lo que resulta negativo tanto para el productor o comerciante como para el consumidor, ya que para los primeros implica mayores costos y un desincentivo a invertir y, para el segundo, mayores precios por los mismos productos o cambios en sus hábitos de consumo. En este sentido va a contramano de la constitución provincial que dice en su artículo 30 capítulo primero: “El trabajo es un derecho y un deber de carácter social. La Provincia promoverá la creación de fuentes de trabajo y asegurará al trabajador las condiciones económicas, morales y culturales para una existencia digna”.

Por otro lado las exportaciones de la Provincia de Misiones para el primer trimestre del 2016 ascendieron a US$ 76.319.742. Esto representa una caída del 21,5% respecto al primer trimestre del 2015. Por su parte, las cantidades exportadas disminuyeron un 20,6% respecto al año pasado.[3] Esto impacta de lleno a la actividad económica por las asimetrías intranacionales, es decir, Misiones es la única provincia que tributa ingresos brutos a las exportaciones, de esta manera se desincentiva la radicación de empresas en territorio misionero.

 

Hay que entender que los misioneros sufrimos ambas asimetrías encontrándonos en un callejón sin salida que nos lelva a un precipicio si no se toman cartas en el asunto.

Las medidas deben ser de fondo y coordinadas entre nación provincias y municipios.

Por un lado se debe atacar a la inflación para que exista una depreciación real de la moneda y por otro lado se deben bajar todos los impuestos en todos los estamentos del estado fronterizo para que las empresas puedan ser más competitivas y así no exista tal brecha entre los precios.

La solución debe abarcar un plan integral que involucre a todos los niveles de gobierno, en el cual, Misiones debe proponer un PLAN ESTRATÉGICO ECONÓMICO a la nación pidiendo algunos beneficios impositivos para luego ser devueltos con verdadera PRODUCCIÓN.

La realidad es que todos los misioneros no invierten en Misiones porque no creen y no ven una recuperación. La mayoría de las inversiones son financieras y especulativas, porque invertir en la economía real en Misiones no es negocio por la presión fiscal y el diferencial de precios con las fronteras.

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El interminable mito de que el consumo precede a la producción

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Por Alejandro Rodríguez, Economista. Bien sabemos que el consumo es un objetivo clave de la actividad económica y la producción es simplemente su medio. Aunque parece evidente que para consumir algo, ese “algo” deba existir primero, en esta sociedad nos rodea con frecuencia la falsa idea de estimular el consumo para expandir la producción. Pero deberíamos saber que los bienes de consumo no caen del cielo, deben producirse y están al final de una larga cadena de procesos entremezclados de producción llamada “estructuras de producción” que cuanto más larga sea, producirá más y mejores bienes. Incluso la fabricación de un producto tan sencillo como un lápiz, requiere una red intrincada de procesos de producción que se extiende en el tiempo y abarca tanto países como continentes.
El proceso de formación de capital a través de “La Teoría Austríaca del Ciclo Económico” fue expuesto por Ludwing Von Mises en 1912 y desarrollado por F.A. Hayek en 1930. El mismo plantea claramente las etapas que deben sucederse para incrementar la productividad, lograr un aumento considerable en el consumo y con ello mejorar la calidad de vida para la población, incluyendo mejoras en el salario. Pero sucede que es un proceso natural, no estimulado artificialmente por los gobiernos de turno a través de sus bancos centrales.
El proceso inicia con un cambio en las preferencias temporales por parte de los consumidores, es decir, ahorristas que a través del precio del dinero, o sea la tasa de interés, valoran más el consumo futuro que el consumo presente y el incentivo es justamente la tasa de interés que recibirán a cambio. Ahora bien, ese cambio en las preferencias temporales producirá en el corto plazo un aumento considerable del ahorro y esa mayor liquidez en el sistema llevará a una caída posterior en la tasa de interés. Dicha reducción estimulará notablemente la inversión debido a que ahora hay mayores proyectos que son viables y que antes no lo eran.
Lógicamente, tal postergación de consumo hacia adelante, producirá una caída en el consumo  actual y eventualmente las empresas de bienes cercanas al consumo se verán resentidas por la menor demanda y el salario caerá producto de esa menor producción, inclusive puede haber despidos en esas industrias. Sin embargo, al mismo tiempo las industrias de bienes alejadas al consumo incrementaran tanto la demanda de trabajo como el salario para producir en mayores etapas, es decir, habrá un traslado de trabajadores de una industria hacia otra.
Adicionalmente, y ya hablando del largo plazo, ese ahorro y modificación en las preferencias de los consumidores no solo permite estructuras de producción mayores sino que obtendrán como resultado mayor productividad y un consumo futuro mucho mayor del que existía previo a los cambios en las preferencias mencionadas, aumentando así la demanda de trabajo en las industrias cercanas al consumo y con ello también los salarios serán mayores allí. Ergo, habrá tanto mayor demanda de trabajo como mayor oferta de bienes provenientes tanto de industrias cercanas como alejadas al consumo y sobre todo a menores precios. No obstante para que el consumo siga creciendo, será necesario que se repita este proceso tantas veces como sea deseado y necesario.
Por otro lado, nótese que todo el proceso descripto anteriormente es tan natural como sostenible en el tiempo puesto que estos cambios en las preferencias de los consumidores hacia el consumo futuro igualan tanto una menor demanda de bienes por un lado como una menor oferta de bienes por otro (porque se produce pensando en el largo plazo), es decir no hay presiones ni excesos de ningún tipo. Sin embargo, si el banco central estimulara artificialmente para que baje la tasa de interés, por ejemplo mediante mayor oferta de dinero en el mercado, también habrá mayor cantidad de proyectos viables, pero en este caso las tasas de interés dejan de ser un precio que comunica información y los agentes económicos no podrán diferenciar qué produjo la baja de esas tasas, si fue por ahorro genuino de la gente o bien por artilugios de la banca central. En este último caso donde hay una clara intervención, las preferencias temporales de los consumidores no se modificaron, es decir, sigue habiendo mayor preferencia por consumo presente que por consumo futuro y esa tasa de interés reducida no estimula a ahorrar. Pero como los proyectos igualmente se llevan adelante, se pasa a producir menos para consumo presente pensando en el futuro y así, se contrae la oferta de bienes pero la demanda sigue firme, produciendo esta vez sí un descalce que presionará sobre los precios inmediatamente, hecho que obligará al banco central a que
eventualmente suba los tipos de interés salvo que insista en seguir alimentando esa estimulación artificial (que en algún momento deberá cortarse), poniendo en jaque los proyectos que se están llevando adelante cuando la tasa era menor, volviendo inviables a
proyectos que antes si lo eran y obligando a los agentes a desarmarlos, produciendo una crisis.

En conclusión, cuando se rompe la relación que existe entre ahorro e inversión, o lo que es lo mismo, cuando se pone al consumo por delante de la producción y para colmo se desincentiva el ahorro, el resultado es un beneficio de muy corto plazo que termina mal para todos. Muy diferente es el caso, cuando genuinamente los ahorristas trasladan crédito a través de las entidades financieras hacia las empresas para que estas con ese capital, inviertan en procesos de producción que requieran mayores etapas (cuanto más largas esas etapas aún mejor porque se traducen en bienes más importantes). Ello permitirá el crecimiento tanto de la productividad, el consumo, empleo y salarios y la renta nacional en forma permanente, y así el beneficio es total. Es el ahorro lo que permite la inversión y el alargamiento en la estructura de la producción y no viceversa.

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Por qué marchan las mujeres

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“El 20 de enero del 2017 será recordado como el día en que el pueblo volvió a controlar esta nación”, dijo Donald Trump al asumir la presidencia de los Estados Unidos. Del mismo modo podemos decir que el 21 de enero de 2017 será recordado como el día en que las mujeres convocaron y lideraron la marcha más grande de la historia de los Estados Unidos, con alrededor de 670 marchas hermanas en todo el mundo y movilizando más de 3 millones de personas.

El mismo día en que se anunció que Donald Trump era el presidente de los Estados Unidos, mujeres de todo el país empezaron a organizar la marcha que hizo desbordar las calles de Washington en donde se estima que participaron unas 680 mil personas. Hombres y mujeres, pero sobre todo mujeres, miles de ellas, se movilizaron desde distintos puntos del país para llegar a esa ciudad. Tejieron no solo alianzas entre diferentes organizaciones e ideas, sino también gorritos rosados en forma de orejas de gato como símbolo del pussy power, una referencia irónica a las declaraciones de Trump acerca de cómo agarrar a una mujer que se habían filtrado días antes de las elecciones. El rosa fue el color predominante en una tarde fría y gris. Pancartas y carteles coloridos decoraron las calles y las vallas que protegían la Casa Blanca.

Una de las consignas repetidas en la manifestación fue en defensa de Planned Parenhood, institución que cumplió 100 años en 2016 y que se ocupa de proveer educación sexual y brindar servicios de salud reproductiva. La reacción de Trump, apenas un par de días después de la marcha, fue firmar una resolución que desfinancia a este tipo de ONGs. Por su parte, Mike Pence, el flamante vicepresidente, no se quedó atrás y participó en una movilización “pro vida“, que pretende retroceder en torno al aborto legal, que en los Estados Unidos es legal desde 1973. Si en Trump se escucha una misoginia sin pudores, Pence es también símbolo de la homofobia: propone terapias para ‘desviados’ y habla del matrimonio igualitario como síntoma del colapso social. El día antes de su jura, agrupaciones LGBT hacían una manifestación en la puerta de su casa bailando canciones de Beyoncé y los Bee Gees a todo volumen bajo la consigna “Make America Queer Again”.

La marcha convocada y liderada por las mujeres fue sin embargo muy inclusiva y tan diversa como lo es la población estadounidense. Latinas, afrodescendientes, mujeres índigenas, varones, trans, jóvenes, ancianos, gente en sillas de ruedas, niños y niñas. Las consignas también reflejaron una perspectiva clara en torno a las políticas de Trump, especialmente en cuanto a los derechos civiles, conquistados con históricas movilizaciones masivas. Las pancartas repudiaban el racismo, la xenofobia y toda forma de discriminación.

En los Estados Unidos las mujeres ganan 79 centavos por cada dólar que gana un varón (64 si son negras y 56 si son latinas), es el único país en el mundo en donde no hay licencia de maternidad paga, menos de un cuarto de las bancas del congreso están ocupadas por mujeres y nunca ha habido una presidenta. En este marco, la Women’s March inaugura un 2017 que promete ser escenario de muchas manifestaciones en contra de las desigualdades de género y lucha por derechos civiles en los Estados Unidos. El 8 de marzo, además, se está convocando un Paro Internacional de Mujeres al que ya adhirieron más de 30 países (entre los que está Argentina). Sin dudas este año las mujeres marcarán la agenda política y económica.

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Equilibrio fiscal de las provincias, o el unicornio azul

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Por Félix Piacentini. Aunque cuando se miran las cuentas fiscales de las provincias, uno se da con que hasta septiembre venían mostrando una situación bastante buena, la estimación oficial incorporada por el ministerio de hacienda en el presupuesto 2017 para el consolidado de las 24 provincias es tan pesimista que proyecta un déficit de $ 105 mil millones en 2016, duplicando por ende el rojo consolidado de $ 52 mil millones que se presentaba en 2015. De aquí se desprenden dos reflexiones. O el último trimestre del año pasado fue una catástrofe en las provincias en el plano fiscal, o los técnicos de hacienda erraron sus estimaciones. Como hay un delay importante en la publicación de la ejecución de algunas provincias, como por ejemplo de la más grande y la que más influye en el resultado final como es Buenos Aires, tendremos que confiar en la proyección oficial hasta que se demuestre lo contrario.

De esta forma el año pasado se habría alcanzado el mayor déficit de al menos los 12 últimos años, llegando a representar el 1,3% del PBI y superando el ahora viejo máximo del 0,9% presenciado en 2015. Este pésimo resultado se registró en un año no electoral, y cuando las provincias comenzaron a recibir 3 puntos de una devolución gradual de 15 puntos de coparticipación (en el caso de Córdoba, Santa Fe y San Luis por el fallo de la Corte la devolución fue completa), más 6 puntos extra en préstamos de Nación a tasa subsidiada. También ocurrió cuando las jurisdicciones pudieron volver a financiarse en el mercado de crédito internacional, emitiendo unos US$7.050 millones en colocaciones locales.

Es decir, un año en el que las provincias contaron con ingresos inéditos del 7,2% del PBI en concepto de coparticipación, no lograron contener el gasto y llegaron a este penoso récord. En cuanto al nivel de endeudamiento, las obligaciones en moneda extranjera mencionadas implican que el stock de deuda en pesos se expandió un 41% en 2016 sólo por ese concepto. Aunque este ritmo de endeudamiento asusta, el nivel total todavía no es preocupante y no hay riesgos en el corto plazo. Pero ciertamente hay provincias como Buenos Aires en donde el cociente Ingresos Totales sobre stock de deuda ya estaría en un 52% y otras como Jujuy, CABA y Mendoza donde se encontrarían en torno al 40%. Más que nada para éstas sería aconsejable moderar la trayectoria futura de financiamiento para evitar que el nivel de endeudamiento se convierta en un problema.

En la búsqueda de causas se encuentra que el deterioro fiscal de las provincias sigue siendo consecuencia de la práctica todavía vigente de nombrar personal muy por encima del crecimiento poblacional, lo que ha llevado a un exceso de personal del 34% superior al nivel óptimo y que tiene un sobrecosto fiscal de 2 puntos del PBI por año. En el año 2005 los Gastos Totales del agregado de las 24 provincias representaban 13 puntos del PBI y hoy se llevan 18 puntos. Esos 5 puntos de ampliación del gasto público se destinaron casi completamente a gastos de personal, que pasaron de 5 a 9 puntos del PBI. Mientras tanto la inversión pública permaneció estancada en 2 puntos del PBI, casualmente lo que gastan en exceso por empleo público. Es decir que si no se hubieran nombrado en demasía a unas 500 mil personas, las provincias podrían agregar el doble de infraestructura cada año. Desde el plano fiscal podrían haber tenido superávits ininterrumpidos desde 2004, en lugar de la mayoría de déficits.

¿Y para el 2017, año eleccionario, qué podemos esperar? La historia nos dice que en años eleccionarios es muy difícil contener el gasto, siendo usual que la obra pública explote y que los aumentos salariales a los 2,2 millones de empleados públicos provinciales superen la inflación. Por el lado de los ingresos las jurisdicciones subnacionales contarán con mayores recursos, ya que la devolución adicional de coparticipación ya será de 6 puntos porcentuales de los 15 detraídos para financiar al ANSES, lo que llevará a que si lo expresamos en porcentaje del PBI las transferencias automáticas lleguen a casi 8 puntos, otro pico histórico de las últimas décadas.

Pero claro, la cuestión es cuán capaces pueden ser de evitar un desborde electoral del gasto. Si aumentara en el mismo porcentaje que el gasto nacional previsto para este año, un 22%, el déficit consolidado de los 24 distritos podría rondar los $ 97 mil millones o el 1% del PBI. En esta hipótesis de “prudencia” fiscal el déficit sería menor al 1,3% del PBI que se habría registrado en 2016. Si por otro lado somos desconfiados, la experiencia nos avala, y el gasto se expandiera al 25% el déficit total ya redondearía $ 140 mil millones y sería mayor al de 2016, representando 1,4% del producto. El lector se preguntará porqué ni siquiera mencioné la posibilidad de un equilibrio presupuestario de las provincias en 2017. Para llegar a ese “unicornio azul” el gasto debería crecer a tan sólo el 15%. Físicamente imposible.

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