CIENCIA

Científicos japoneses construyeron el mapa genético de la stevia y detectaron los genes que dictan el dulzor

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La stevia es una planta originaria de Sudamérica cuyas hojas producen compuestos naturales que endulzan hasta 300 veces más que el azúcar común. Se usa como edulcorante natural en alimentos y bebidas en todo el mundo.

Un equipo de científicos de la Universidad de Toyama, en Japón, descubrió qué determina el sabor de la stevia y por qué algunas variedades endulzan mejor que otras. El hallazgo fue publicado en la revista científica New Phytologist y abre una puerta concreta hacia variedades de estevia con mejor sabor.

La stevia es una planta cuyas hojas producen compuestos naturales llamados glucósidos de esteviol. No todas las variedades saben igual: algunas tienen un sabor limpio y parecido al azúcar, mientras que otras dejan un retrogusto amargo que muchos consumidores rechazan.

Durante años, los científicos sabían que ciertos compuestos —como el rebaudiósido D y el rebaudiósido M— eran los más deseables por su sabor superior, pero desconocían qué los controlaba.

El equipo liderado por el profesor Tsubasa Shoji, del Instituto de Medicina Natural de la Universidad de Toyama, se propuso resolver ese misterio con herramientas de vanguardia.

Los genes que dictan el dulzor

Los investigadores construyeron primero un mapa completo del ADN de la stevia, conocido como genoma de referencia, que les permitió identificar los genes involucrados en la producción de los compuestos dulces. Luego usaron una técnica llamada secuenciación de ARN de núcleos individuales, que analiza qué genes están activos en cada célula de la hoja de manera separada, como si leyeran el estado de cada célula una por una.

También aplicaron espectrometría de masas por imágenes, una herramienta que permite ver dónde se acumulan exactamente los compuestos químicos dentro del tejido de la hoja.

Con esos datos, identificaron un grupo de genes llamados UGT76G, que producen enzimas capaces de pegar moléculas de glucosa a los glucósidos de esteviol e influir directamente en el sabor final de la planta.

“Identificamos un grupo de genes glicosiltransferasas UGT76G que juegan un papel clave en la mejora del dulzor. Estas enzimas unen moléculas de glucosa a los glucósidos de esteviol en la hoja, lo que influye en el equilibrio de compuestos asociados con perfiles de sabor más dulces y limpios”, afirmó el doctor Shoji.

El estudio también mostró que pequeñas diferencias genéticas entre variedades, llamadas haplotipos, explican por qué estos genes funcionan de manera distinta en cada planta de stevia.

Esas diferencias determinan el equilibrio entre los compuestos asociados con un sabor más dulce y limpio y los que generan el retrogusto amargo característico de algunas variedades.

Una célula que guarda el secreto

El descubrimiento más llamativo del estudio fue que un gen específico, el UGT91D4, no está activo en toda la hoja, sino solo en grupos muy concretos de células.

Ese gen funciona únicamente en células del mesófilo —el tejido interior de la hoja donde ocurre la fotosíntesis— y en células de la epidermis, que es la capa exterior que protege la hoja.

Esa actividad tan restringida explica por qué el rebaudiósido D y el rebaudiósido M, los compuestos de mayor calidad, se producen solo en cantidades limitadas en la planta.

El sabor de la stevia, entonces, no depende solo de qué genes tiene la planta, sino también de en qué células exactas esos genes se activan. “El perfil de sabor de la stevia no está determinado solo por sus genes, sino por el lugar exacto donde esos genes se activan”, resaltó el científico Shoji.

Ese hallazgo cambia la forma en que la ciencia entiende la biosíntesis —es decir, la fabricación natural— de los compuestos dulces en esta planta.

Los resultados tienen consecuencias directas para la industria alimentaria, ya que los fabricantes de alimentos y bebidas podrían desarrollar variedades de stevia con sabor más limpio y menos amargor.

El estudio fue financiado por la Sociedad Japonesa para la Promoción de la Ciencia y por la Agencia Japonesa de Ciencia y Tecnología, lo que refleja el interés institucional en mejorar los edulcorantes naturales a escala industrial.

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Misiones presentó su modelo de biotecnología aplicada en la Fenasoja 2026

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Biofábrica Misiones marcó una presencia estratégica en la Fenasoja 2026, participando en el panel internacional “Cooperativismo, Innovación y Agronegocio”. En este espacio, la provincia reafirmó su liderazgo en biotecnología aplicada y su capacidad para proveer soluciones de alto valor agregado al mercado brasileño.

La participación de Biofábrica no solo se centró en la exposición técnica, sino en la consolidación de un puente comercial y de desarrollo con el sur de Brasil. Se destacó la historia de Misiones como una provincia de fuerte ADN cooperativista, donde la institución cumple un rol fundamental como aliada estratégica de las cooperativas, ya sea como proveedora de insumos o como soporte técnico para la innovación en el campo.

Identidad compartida y potencial exportador

Durante las jornadas de trabajo, se puso de relieve que, a pesar de las fronteras nacionales, la cercanía entre Misiones y el estado de Rio Grande do Sul ofrece una ventaja logística y cultural inigualable. Esta proximidad facilita no solo la transferencia de bienes y servicios, sino también la construcción conjunta de proyectos de Investigación y Desarrollo (I+D).

“Misiones tiene una larga trayectoria como provincia cooperativista, y desde Biofábrica hemos construido una experiencia sólida de articulación con ellas, actuando como proveedores comerciales y socios en el desarrollo territorial. Venimos a Fenasoja con una premisa clara: cooperar para innovar”, destacó Federico Miravet, presidente de Biofábrica. 

En este sentido, agregó: “Lo que podemos ofrecer al entramado productivo del sur de Brasil va más allá de la proveeduría de bienes; ponemos a disposición nuestro capital en I+D y la capacidad de construir soluciones a medida. Tenemos una cercanía geográfica y cultural que nos une; para nosotros, Santa Rosa está mucho más cerca que nuestras propias capitales federales, y esa realidad debe traducirse en sinergia productiva”.

Asimismo, Miravet señaló: “Si bien reconocemos que ellos cuentan con un acceso al crédito que a nosotros nos falta, ambos somos ejemplos de un Estado presente que impulsa al agro. En ese marco de coincidencias, Misiones sale a buscar lo que le falta, pero también ofrece muchísimo: recurso humano de excelencia y una calidad vegetal y tecnológica superior en todos los servicios que provee la Biofábrica”.

Ejes de la oferta tecnológica misionera:

Alianza con el Sector Cooperativo: Biofábrica como motor tecnológico para las organizaciones de productores, facilitando el acceso a bioinsumos y plantas de alta calidad sanitaria.

Desarrollo e I+D Regional: Cooperación técnica para el desarrollo de soluciones biotecnológicas específicas para los cultivos de la región transfronteriza.

Calidad de Exportación: Provisión de plantines y servicios de laboratorio con estándares internacionales, apalancados en el conocimiento de profesionales misioneros.

Biofábrica Misiones reafirma así su compromiso de transformar la frontera en una oportunidad de crecimiento mutuo, demostrando que la innovación crece cuando se conecta con las instituciones y las personas que transforman el agro regional. 

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Biofábrica Misiones completó la entrega de 100 mil plantines de menta piperita para producción industrial

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Biofábrica Misiones concretó la quinta y última etapa de una importante entrega de menta piperita, alcanzando un total de 100.000 plantines destinados a un productor privado de Campo Grande. El despacho final, compuesto por 10.800 unidades, marca un nuevo avance en el desarrollo de cultivos aromáticos con destino industrial y perfil exportador.

La iniciativa refuerza la estrategia de diversificación productiva de la provincia, incorporando especies de alto valor agregado que pueden integrarse a cadenas ya consolidadas como la yerba mate y el té.

Agustina Franco, responsable de Vivero de Biofábrica Misiones, explicó que esta variedad específica de menta tiene un destino definido dentro del mercado internacional.

“La menta piperita es altamente demandada para realizar mezclclas con productos regionales como la yerba mate y el té, dándoles un valor agregado con estándares internacionales”, señaló.

La producción está pensada especialmente para la elaboración de blends destinados a exportación, una tendencia que gana terreno en la industria alimentaria y en el segmento de infusiones premium.

Tecnología aplicada desde el origen

Todo el ciclo de desarrollo del plantín se realiza íntegramente en las instalaciones de Biofábrica Misiones, bajo estrictos controles de calidad y trazabilidad.

El proceso comienza con la técnica de macropropagación mediante el estaqueo de plantas madres previamente seleccionadas. Luego, los plantines atraviesan un período de aclimatación de aproximadamente un mes y, posteriormente, ingresan a la etapa de rustificación, donde adquieren mayor fortaleza antes de ser retirados por el productor.

Este esquema permite garantizar uniformidad genética, sanidad vegetal y mejores condiciones de adaptación al campo, factores clave para cultivos destinados a mercados exigentes.

Además de la menta piperita, Biofábrica Misiones cuenta con stock disponible de especies medicinales y aromáticas para productores particulares y empresas interesadas en ampliar su matriz productiva.

La apuesta por este tipo de cultivos se inscribe en una política más amplia de innovación agroindustrial, donde la biotecnología aplicada busca mejorar la competitividad de las economías regionales y abrir nuevas oportunidades comerciales para Misiones.

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De Misiones a Salta: salió el primer envío 2026 de bananos  

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Biofábrica Misiones continúa posicionándose como el principal polo biotecnológico del país al concretar el primer despacho de 2026 de plantines de banano con destino a la provincia de Salta. En esta oportunidad, se realizó la entrega de 55.000 plantines, marcando el inicio de un cronograma de distribución que abastece a los principales cordones productivos de la región.

Este cargamento representa el primero de tres envíos programados para el primer semestre, los cuales se completarán durante los meses de mayo y julio. La demanda sostenida de Salta subraya la calidad de la producción misionera, que es altamente requerida a nivel nacional por su sanidad y rendimiento genético.

Un ciclo de mejora continua

La logística de este envío incluye un componente estratégico de retroalimentación productiva: el camión que transporta los plantines terminados a Salta retornará a Misiones con hijuelos seleccionados. Este material será utilizado para iniciar el ciclo de producción de 2027, garantizando la trazabilidad y la adaptación de las variedades a las necesidades del mercado.

Federico Miravet, presidente de Biofábrica Misiones, destacó la importancia de este vínculo comercial: “Este envío no es un hecho aislado, sino la consolidación de un cliente estratégico para la empresa. El banano es actualmente uno de nuestros productos más requeridos a nivel país. Mantener este vínculo a lo largo de todo el año nos exige un seguimiento riguroso, asegurando que la tecnología desarrollada en Misiones impulse la productividad en otras provincias.”

Calidad desde el laboratorio al vivero

El proceso de producción de Biofábrica se distingue por su rigor científico, comenzando con la micropropagación en condiciones controladas para garantizar plantas libres de enfermedades.

Al respecto, Verónica Rodríguez, subgerente de la empresa, explicó el camino que recorre cada ejemplar: “El proceso del banano arranca en el laboratorio, donde iniciamos la multiplicación in vitro para asegurar la sanidad total del material. Luego, el seguimiento continúa exhaustivamente en la etapa de vivero hasta que la planta alcanza el desarrollo óptimo para el campo. Hoy entregamos a Salta el resultado de meses de trabajo técnico de alta precisión.”

Con este despacho, Misiones reafirma su rol como proveedora estratégica de insumos biotecnológicos, transformando el conocimiento científico en soluciones concretas para el sector agroindustrial argentino.

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IMiBio pone en agenda el ADN como herramienta de política pública: ciencia, salud y biodiversidad en el centro del debate

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Este 23 de abril, en Posadas, la jornada que se realiza en su sede no solo reúne a investigadores, sino que pondrá sobre la mesa una discusión de fondo: cómo el conocimiento genético puede influir en decisiones de gobierno vinculadas a la conservación y la salud. En ese marco, el investigador Diego Cadena Mantilla anticipó parte del enfoque: el ADN como puente entre biodiversidad, desarrollo y políticas públicas. La tensión es clara: ¿puede la ciencia convertirse en insumo efectivo para la toma de decisiones estatales?

Del laboratorio al territorio: el ADN como herramienta de gestión

El encuentro, abierto con inscripción previa y enmarcado en el Día Internacional del ADN (25 de abril), busca mostrar cómo una herramienta técnica puede tener impacto concreto en la gestión pública. Desde el IMiBio, el enfoque apunta a integrar investigación, conservación y desarrollo productivo.

Cadena Mantilla explicó que una de las líneas centrales es el uso del llamado ADN ambiental, una metodología que permite detectar especies a partir de rastros genéticos en el entorno —como pelos o residuos biológicos— sin intervenir directamente en el hábitat. El dato no es menor: habilita monitoreos no invasivos y la detección temprana de especies invasoras, lo que puede traducirse en decisiones más rápidas en materia de control ambiental.

La lógica institucional detrás de este enfoque es clara: generar información precisa para anticipar problemas, en lugar de reaccionar cuando el daño ya está consolidado. En ese esquema, el ADN deja de ser solo una herramienta de laboratorio y pasa a ser un insumo estratégico para la gestión.

Diego Cadena Mantilla, investigador del IMiBio

Biodiversidad y salud: un vínculo en construcción

El evento también busca ampliar el alcance del debate hacia el campo de la salud. Durante la jornada se presentarán avances sobre el uso de compuestos derivados de la biodiversidad misionera, en particular a partir de hongos, con potencial aplicación en tratamientos vinculados al virus del papiloma humano.

Según lo expuesto, las investigaciones se encuentran en una etapa inicial, centrada en revisión y delimitación de los proyectos, a la espera de validaciones institucionales para avanzar en ensayos. Sin embargo, el planteo introduce un punto clave: la biodiversidad como activo estratégico, no solo ambiental sino también sanitario.

En términos de política pública, esto abre una discusión sobre cómo transformar recursos naturales en desarrollos aplicados, bajo criterios de sustentabilidad. La ecuación no es lineal: requiere inversión, articulación institucional y marcos regulatorios adecuados.

El rol del biobanco y la disputa por el conocimiento

Otro de los ejes que emergen del planteo del IMiBio es el resguardo de material genético. El biobanco aparece como una pieza central para conservar información que, en muchos casos, podría perderse con la desaparición de especies.

La lógica es preventiva, pero también estratégica. Contar con ese material permite, a futuro, desarrollar investigaciones, comparar poblaciones y entender cambios ambientales. En términos de poder, implica resguardar conocimiento propio frente a un escenario global donde la biodiversidad adquiere valor económico y científico.

El propio investigador señaló que muchas veces la valoración de estos recursos llega tarde, cuando ya no están disponibles. En ese punto, el biobanco se posiciona como una herramienta de soberanía científica.

Ciencia, alianzas y capacidad de incidencia

El evento también apunta a fortalecer vínculos con otras instituciones, como la Universidad Nacional de Misiones, en un intento de consolidar redes de trabajo que permitan escalar investigaciones. La lógica es clara: sin articulación, los desarrollos quedan limitados; con alianzas, pueden transformarse en innovación aplicada.

A la vez, el planteo reconoce una limitación estructural: la falta de herramientas o recursos para avanzar en determinadas líneas de investigación. En ese contexto, el resguardo de material genético aparece como una forma de sostener potencial futuro, incluso cuando las condiciones actuales no permiten desarrollarlo plenamente.

Un debate que recién comienza

La jornada del 23 de abril se presenta como un punto de partida más que como una síntesis. El desafío es traducir el conocimiento científico en políticas concretas, en un terreno donde intervienen múltiples variables.

Habrá que observar si este tipo de iniciativas logra consolidarse como un canal efectivo de incidencia en la toma de decisiones o si permanece dentro del circuito técnico. Por ahora, el movimiento es evidente: la ciencia busca ocupar un lugar en la construcción de agenda pública. El alcance real de esa intervención todavía está en disputa.

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