CIENCIA

Córdoba albergará el Foro Hispanoamericano de Periodismo Científico, edición Argentina

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Por primera vez, el Foro Hispanoamericano de Periodismo Científico se realiza en Argentina y presenta un taller virtual para América Latina  y un encuentro presencial en la ciudad de Córdoba. La actividad es coordinada por la Red Argentina de Periodismo Científico (RAdPC). 

Desde 2017 el Foro Hispanoamericano de Periodismo Científico se celebra en la Ciudad de

México, bajo la organización de la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia (RedMPC). Este año, Argentina será uno de los países que hará eco del evento, junto con Chile y Perú.

La propuesta está destinada a periodistas y personas que comunican utilizando la ciencia como fuente de información. Además, es una oportunidad para que estudiantes y docentes  de comunicación y de carreras afines a temas ambientales puedan tener un acercamiento a la práctica del periodismo especializado. 

Las actividades son sin costo y se requiere registro previo.

Sobre las actividades

El periodismo ambiental y climático será el eje central del Foro en cada una de las ediciones de la región, con la consigna “Frente al Clima Extremo ¿Periodismo extremo?” Durante las charlas, talleres y conversatorios, se analizarán cuáles son los temas que faltan en los medios, qué estrategias se pueden adoptar para contar el cambio climático desde las historias locales y cómo deberíamos prepararnos como periodistas de ciencia frente a los eventos climáticos extremos del presente y el futuro.

El taller virtual “Impactos del cambio climático en la salud: lo que investiga la ciencia y lo que el periodismo tiene que saber” inaugura las actividades del Foro. La propuesta es coordinada por la organización internacional Salud sin Daño y busca presentar de una manera didáctica un conjunto de indicadores, modelos y metodologías utilizados para estudiar la relación entre el cambio climático y la salud, además de ofrecer posibles fuentes de información para periodistas de ciencia que quieran cubrir el cambio climático con enfoque de salud. Inscribite aquí

Las actividades del jueves 21 tendrán como sede el Centro Cultural España en Córdoba y comenzarán a las 16 con la charlaEl periodismo en el debate del turismo y el cambio climático”, a cargo de la corresponsal del Diario El País de España en Argentina, Mar Centenera, y será comentada por el periodista de ciencia y vicepresidente de la RAdPC, Martín De Ambrosio.

Seguido se realiza el conversatorioPeriodismo local frente al clima extremo”, en el que periodistas de distintos puntos del país contarán cómo el cambio climático se evidencia en los territorios locales y de qué manera es posible contar estas historias a través de la ciencia, las  fuentes de información locales y las voces de quienes habitan los lugares. Participarán Cecilia Fernández Castañón, directora de ambientenea e integrante de la RAdPC; Soledad Sgarella, periodista en La Tinta; Natalia Concina, editora de Confiar e integrante de la RAdPC; Benita Cuellar, periodista de ambiente en La Voz y Daniela López, periodista de ciencia independiente e integrante de la RedMPC y la RAdPC. 

Además, la mesaLa fuerza de narrar con datos” expondrá posibilidades narrativas para trabajar con estas herramientas y contar mejor las historias de cambio climático. Participarán Florencia Ballarino, editora de ciencia de Chequeado y presidenta de la RAdPC, Lucio Scardino, comunicador en IDECOR y Ezequiel Arrieta, director de El Gato y la Caja y Jorgelina Hiba, directora de Dos Ambientes.

Reunirnos para hablar de cambio climático, de periodismo y comunicación de la ciencia, hacer un taller desde Argentina para América Latina y apostar a un encuentro presencial requiere de tenacidad y esfuerzo, y eso merece ser celebrado. Al cierre del foro nos vamos a Pez Volcán, un centro cultural de la ciudad de Córdoba, para recordar que nos importan las mismas cosas y que la salida es y será siempre de manera colectiva. 

Accedé en este enlace al programa completo del foro. 

Conocé a los y las ponentes del Foro HPC ArgentinaConocé el comité organizador

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La científica que se recibió en Misiones y trabajó 10 años con uno de los ganadores del Premio Nobel de Medicina

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(Agencia CyTA-Leloir).- Aunque su nombre y el acento que adquirió después de 20 años de vivir en Estados Unidos pueden despistar, Eyleen O’Rourke es cuarta generación de argentinos. Nació en Allen, una pequeña ciudad del Alto Valle del río Negro, se recibió de licenciada en Genética en la Universidad Nacional de Misiones y obtuvo su doctorado en Bioquímica en la UBA, dirigida por Luis Ielpi en la Fundación Instituto Leloir (FIL). Por la calidad de su formación y su trabajo, Gary Ruvkun, flamante ganador del Premio Nobel de Medicina, aceptó ser su mentor para el posdoctorado, que realizó en la Universidad de Harvard, en Boston. Trabajó con él casi 10 años y comparten la autoría de varias publicaciones en revistas científicas de primer nivel.

“Es una persona muy simple y divertida, que maneja muy bien la ironía y no le gusta la formalidad.  Una de las cosas en las que marcó mi carrera es que me alentó a seguir mi curiosidad y a asumir el riesgo de tratar de entender problemas muy complejos de biología, en lugar de dejarlos pasar porque podían ser difíciles”, señaló la científica en diálogo con la Agencia CyTA-Leloir. “También aprendí cuestiones más relacionadas con lo social y la dinámica de grupo, la importancia de crear un ambiente de cooperación. Lograr que un equipo funcione de forma positiva y amigable y que haya colaboración es algo esencial para que la ciencia avance”, añadió.

Durante su doctorado en el Instituto Leloir, entre 1998 y 2004, O’Rourke había trabajado con la bacteria Helicobacter pylori para entender cómo puede sobrevivir en un ambiente tan hostil como el estómago. Pero al sumarse al grupo de Ruvkun, empezó a investigar usando el diminuto gusano Caenorhabditis elegans. “Un modelo más complejo, pero que me permitía seguir indagando sobre cómo los organismos sobreviven al estrés”, indicó. Y agregó: “La idea de mi trabajo inicial fue entender cómo los animales se adaptan a las cantidades fluctuantes de comida que hay en la naturaleza. La intención era comprender cómo la calidad y la cantidad de alimentos regulan el metabolismo y cómo eso impacta en la salud”.

En aquella época, una parte del equipo del flamante Nobel –había 30 posdoctorandos y cuatro estudiantes de doctorado– ya estaba trabajando sobre los microARN, fragmentos muy pequeños de ARN que cumplen un rol clave en la expresión de los genes, hallazgo por el cual la Academia sueca lo premió días atrás. Pero O’Rourke fue de las que siguió indagando sobre envejecimiento y metabolismo, la línea clásica del laboratorio.

“Como mentor, no es de los que te dicen qué hacer, sino que te pregunta dónde estás. Como es brillante, la forma en la que te consulta sobre tu trabajo, con curiosidad genuina, te ayuda a armar ese rompecabezas que estás buscando completar. Aunque no te dé una respuesta directa, la forma que tiene de analizar las cosas te hace pensar distinto”, describió.

En 2014, la argentina dejó su puesto en Harvard y se mudó para asumir como directora del Laboratorio de Envejecimiento y Obesidad de la Universidad de Virginia, en Charlottesville, desde donde busca entender el rol de las grasas sobre la expectativa y la calidad de vida.

“Sabemos que la obesidad aumenta la prevalencia y la severidad de las enfermedades relacionadas con el envejecimiento; algunas obvias, como la diabetes, pero otras menos obvias como el cáncer y la neurodegeneración”, explicó O’Rourke, quien resaltó que todas esas enfermedades que suelen generar preocupación durante la vejez se manifiestan de manera temprana en las poblaciones obesas y tienen efectos más graves. “La idea es que la obesidad acelera el envejecimiento y queremos entender a nivel molecular cómo es esa relación. Nuestro interés es encontrar proteínas, moléculas, involucradas en la obesidad y el envejecimiento para potencialmente usarlas como blancos para impedir o retrasar las enfermedades de la tercera edad”, destacó.

Aunque dice que muchas veces se especuló con la posibilidad del Nobel para Ruvkun –incluso hubo un año en que el científico tuvo guardia periodística en la puerta de su casa–, en esta oportunidad la noticia la tomó por sorpresa. Se enteró por un mensaje de ex integrantes del laboratorio, que ahora viven en Portugal y que por la diferencia horaria amanecieron más temprano. “Sentí mucha alegría. Me puse contenta por Gary y por todos mis compañeros, porque sé lo duro que trabajaron todos esos años hasta entender el proceso que describieron”.

Todavía O’Rourke no pudo comunicarse de manera directa con su mentor, pero cuando se apaguen los flashes de la prensa sabe que va a poder retomar las charlas en familia y los debates sobre la política argentina o el estado de la ciencia que suelen compartir cuando se encuentran durante las vacaciones.

Casada con un investigador argentino especialista en plantas y madre de dos hijas (de 12 y 14 años), O’Rourke está al tanto de las dificultades que atraviesa el sector científico en el país. “Trato de mantenerme en contacto y ayudar como puedo, porque creo que le debo muchísimo”, enfatizó. “Trabajé en dos departamentos en Harvard, en el MIT, en el Broad Institute, que es el instituto de genómica más importante del mundo, y en el Instituto Pasteur y la Comisión de Energía Atómica de Francia, y nunca sentí que no estaba al nivel de ellos. Al contrario, la gente apreciaba y valoraba lo que yo aportaba”, añadió.

Por último, brindó una imagen muy clara de lo que significa hacer ciencia en Argentina: “Todo es más difícil. Por empezar, tenés que planear los experimentos hasta el último detalle porque no es como acá, que compran un reactivo, lo prueban y si no funciona compran otro mañana. La ciencia en Estados Unidos desperdicia tanto… En Argentina tenés pocos recursos y hay que usarlos muy bien. La experiencia de trabajar con poco, bajo la guía de profesores dedicados, te da una formación que es de excelencia y comparable a la de cualquier científico de los mejores lugares del mundo”.

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Crean una plataforma para desarrollar test rápidos de diagnóstico que permitan afrontar la falta de insumos ante crisis sanitarias

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Por Daiana Capdevila. Con el impulso de lo aprendido durante la pandemia de COVID-19, un grupo interdisciplinario que integran varios investigadores de la Fundación Instituto Leloir (FIL) presentó una plataforma innovadora para desarrollar test rápidos de diagnóstico basados en anticuerpos purificados de caballo, más económicos y fáciles de obtener que los monoclonales tradicionales. “Esto no sólo mejorará la preparación y la respuesta durante emergencias sanitarias, sino que además brinda a los países de bajos y medianos ingresos una autonomía mayor para gestionar sus necesidades de salud pública”, aseguran las y los firmantes del trabajo en la revista Biosensors.

El proyecto de investigación fue encabezado por las doctoras en Química Daiana Capdevila, jefa del Laboratorio de Fisicoquímica de Enfermedades Infecciosas de nuestro Instituto, y Ana Sol Peinetti, jefa del Laboratorio de Bionanotecnologías del Instituto de Química, Física de los Materiales, Medio Ambiente y Energía (INQUIMAE), que depende de la UBA y del CONICET.

En el flamante artículo, Capdevila, Peinetti y sus colegas presentan unas novedosas pruebas de flujo lateral (LFT, por sus siglas en inglés) de acceso abierto, cuyo insumo principal es un anticuerpo policlonal purificado de caballo desarrollado en la Argentina, y que sería más accesible que otros anticuerpos comerciales, difíciles de conseguir durante brotes de enfermedades infecciosas.

Según los autores, su performance es “similar al de los test de anticuerpos monoclonales comerciales” y su sensibilidad y selectividad se alcanzan a través de un método especial de purificación.

A diferencia de los anticuerpos monoclonales, que son producidos en el laboratorio y son muy específicos para un antígeno particular (una proteína de un virus, por ejemplo), los anticuerpos policlonales se aíslan directamente del suero de un animal que fue expuesto a la sustancia que se busca que active la respuesta inmune, y pueden reconocer múltiples regiones en la superficie de un antígeno. Si bien son menos específicos que los primeros, lo cierto es que también pueden lograr muy bien su cometido, como demostró el equipo argentino.

“Nosotros aislamos, en suero de caballo, los anticuerpos más útiles contra una proteína que está adentro del virus SARS-CoV-2 y con ellos generamos herramientas de diagnóstico rápido para determinar COVID-19 en seres humanos”, describe. Y aclara: “El estudio se realizó con el virus que causó la última pandemia, pero se trata de un método que se puede aplicar en otras enfermedades infecciosas en contextos epidemiológicos donde las herramientas de diagnóstico están súper limitadas”..

El novedoso prototipo de flujo lateral (LFT) se basa en anticuerpos policlonales purificados de caballo.

Soluciones locales

Durante la pandemia de COVID-19, los LFT se hicieron famosos cuando salieron del ambiente hospitalario para poder ser autoadministrados en forma de test caseros tanto en los hogares como en ambientes laborales, escuelas o aeropuertos.

Pero igual que sucedió con el brote de dengue de comienzos de este año, cuando se declara una emergencia sanitaria la demanda de insumos se desborda y se producen cuellos de botella que afectan la provisión de herramientas básicas, algo que impacta sobre todo en los países que no cuentan con desarrollos propios y dependen de la importación.

“Existe una necesidad crítica de desarrollar capacidades de fabricación nacionales en los países en desarrollo para garantizar una cadena de suministro de LFT sólida, de manera de poder hacer frente a brotes infecciosos actuales o futuros”, enfatizó en el artículo el grupo de investigación integrado también por Andrea Gamarnik, Julio Caramelo y Marcelo Yanovsky, jefes de laboratorios en nuestro Instituto, y la primera autora del trabajo, la biotecnóloga Estefanía Peri Ibáñez, de la Universidad Nacional de Quilmes.

Parte del grupo del Instituto Leloir, la UNQ y el INQUIMAE, que llevó a cabo el desarrollo (de der. a izq.: M. Yanovsky, J. Juncos, A. Gamarnik, A. Mazzeo, J. Caramelo, D. A. Capdevila, E. Peri Ibáñez, C. Silva y A. S. Peinetti).

En el trabajo se presentan distintas estrategias de obtención de anticuerpos, entre ellos monoclonales de ratón, desarrollados localmente en colaboración con los investigadores Virginia Wolos y Gabriel Fiszman, del Instituto de Oncología Ángel Roffo; policlonales de llama, obtenidos por el grupo que dirige Silvia Mundo en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA; y policlonales de caballo, que fueron los que finalmente dieron mejores resultados. Estos últimos se obtuvieron en colaboración con Matías Fingerman, del Instituto Anlis-Malbrán, con amplia experiencia en la obtención de anticuerpos policlonales que se usan en la fabricación de sueros antiofídicos o antivenenos.

“Los sueros antivenenos son un insumo donde la inversión pública resulta fundamental para garantizar su acceso a la población. En el mundo, la mayoría de los centros que los producen son públicos y con presencia en regiones de bajos recursos, a diferencia de las compañías multinacionales que suelen tener sus laboratorios sólo en los países centrales”, señalaron los autores. Y concluyeron que esos centros de producción pública que existen en América Latina “también estarían en condiciones de proveer anticuerpos policlonales con fines diagnósticos” como los que comprobaron que funcionan para el COVID-19.

“Con el equipamiento que poseemos ahora, tenemos la capacidad de producir 5 millones de test por año, y se podrían llegar a vender en farmacias”, asegura Peinetti. Y añade que están adaptando la tecnología para otros virus para los que hoy es muy necesario contar con pruebas rápidas. “En este momento estamos abocados al dengue, así podemos contar con más herramientas para afrontar epidemias como la de la última temporada”, resalta.

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Ada Lovelace Day: Niñas participaron de talleres STEM

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A fin de promover las carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemática) en niñas y adolescentes; y destacar la importancia del rol de la mujer en la ciencia, la jornada rinde homenaje a la primera programadora de la historia. 

El Hub de la Agencia Misionera de Innovación fue sede de la celebración por el Día Mundial de Ada Lovelace, una jornada que rinde homenaje a quien es reconocida como la primera programadora de la historia, mediante talleres STEM destinados a niñas y adolescentes de 10 a 12 años.

Aprendizaje y diversión son las palabras que resumen una jornada en el que las protagonistas interactuaron con una serie de talleres lúdicos con propuestas de resolución de problemas, en el que abordaron concepto y funcionamiento de los algoritmos computacionales, y comprendieron cómo funcionan los sistemas de recomendación de películas y series de las conocidas plataformas como por ejemplo Netflix y Disney para identificar las preferencias de cada usuario. El objetivo de estas prácticas fue proporcionar herramientas y conocimientos a fin de fomentar la curiosidad científica y tecnológica.

Esta celebración anual tiene como fin promover las carreras STEMy alentarlas a continuar sus estudios en ciencia de datos, computación, ingeniería y matemáticas, resaltando la importancia del rol de la mujer en la ciencia, inspirándose en la figura histórica de Ada Lovelace. Al igual que en la edición anterior, en esta oportunidad, la actividad se realizó en simultáneo en diferentes ciudades del país, como así también regiones de Latinoamérica, como, México, Colombia, Chile, Uruguay.

El encuentro organizado por la Agencia Misionera de Innovación contó con un equipo interdisciplinario de docentes y estudiantes, encargados de llevar adelante la propuesta. El presidente de la Agencia, Nicolás Daviña destacó “En Misiones son cada vez más los jóvenes interesados en este tipo de actividades relacionadas a la innovación y la ciencia, eso se debe a la fuerte apuesta que hace el Gobierno provincial. Ofrecer este tipo de talleres busca incentivar a que las niñas y adolescentes se interesen en campos de conocimiento, tan solicitados hoy en día, como la tecnología y la matemática”.

*STEM es el acrónimo de los términos en inglés Science, Technology, Engineering and Mathematics (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). 

Sobre Ada Lovelace

Augusta Ada Byron conocida como Ada Lovelace, nació en Londres en el año 1815.

Hija de la matemática Annabella Milbanke y del famoso poeta romántico Lord Byron. A los 14 años quedó paralítica de las piernas lo cual hizo que de niña dedicara largas horas al estudio y la lectura. Gracias a su educación privilegiada, Ada tuvo la oportunidad de estudiar matemáticas y ciencias, materias que no estaban abiertas a la mayoría de las niñas y mujeres de la época.

En 1833 a partir de una conferencia sobre la Máquina Analítica, entra en contacto con Charles Babbage, inventor de la calculadora mecánica, con quien comienza una estrecha colaboración. Babbage guió a la joven brillante, y le pidió que tradujera un artículo. Ada tradujo este artículo y cuando se lo enseñó a Babbage éste le sugirió que añadiera sus propias ideas. El resultado fue que las notas que añadió Ada triplicaron el artículo original. En el mismo, Ada predijo que la máquina de Babbage podría ser usada tanto para un uso práctico como científico, lo que se conoce hoy como algoritmo informático. Antes que nadie, Lovelace reconoció que las computadoras podían hacer más que simplemente procesar números, abriendo la puerta a funciones complejas y marcando el comienzo de la informática.

Pasados los años Ada siguió firmando sus artículos con sus iniciales por el temor de que al ser escritos por una mujer fueran rechazados. En 1953, aproximadamente cien años después de su muerte, las notas de Ada sobre la máquina analítica de Babbage fueron publicadas bajo su nombre real, estando ahora reconocida dicha máquina como un modelo temprano de ordenador y las notas de Ada como una descripción de su software.

La tecnóloga Suw Charman-Anderson en 2009, fundó el Ada Lovelace Day para llamar la atención sobre esta científica pionera y promover los logros de las mujeres en las carreras STEM.

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Logran completar con IA el atlas de productividad de todas las áreas agrícolas del mundo para tres grandes cultivos

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(Agencia CyTA-Leloir).– Gracias al uso de distintas herramientas de inteligencia artificial (IA), un grupo internacional liderado por científicos argentinos pudo completar el Atlas Global de Brechas de Rendimiento para maíz, trigo y arroz, ya que consiguió realizar predicciones precisas y mapas de alta resolución para las zonas del mundo de las que no había información, a partir de los datos que sí estaban disponibles. Estos mapas ayudarán a guiar las inversiones para mejorar la producción a sitios con mayor respuesta y, así, aumentar la disponibilidad de alimentos.

“Completamos los espacios vacíos del Atlas que comenzó a armarse hace 12 años, expandiendo sus resultados a muchas áreas agrícolas que, por diversas cuestiones, no iban a ser fáciles de incluir”, celebró en diálogo con la Agencia CyTA-Leloir el autor principal del trabajo, el ingeniero agrónomo Fernando Aramburu-Merlos, investigador del Instituto de Innovación para la Producción Agropecuaria y el Desarrollo Sostenible (IPADS), que depende del INTA y del Conicet y tiene su sede en Balcarce, Provincia de Buenos Aires. La metodología y los resultados fueron publicados en la revista Nature Food y el proyecto forma parte del posdoctorado de Aramburu-Merlos en el Departamento de Agronomía y Horticultura de la Universidad de Nebraska-Lincoln, Estados Unidos, bajo la dirección del investigador argentino Patricio Grassini, ingeniero agrónomo y doctor en Agronomía.

“Es muy emocionante. Ahora podemos estimar el potencial de rendimiento de cada terreno de cultivo en todo el mundo. Los resultados ofrecen una oportunidad fantástica para que los agricultores puedan tomar como punto de referencia su productividad actual y para orientar la intensificación sostenible de los sistemas agrícolas a nivel mundial”, aseguró Grassini, creador del Atlas Global de Brechas de Rendimiento junto a colegas de la Universidad de Wageningen, en Wageningen, Países Bajos.

El potencial de rendimiento para un lugar hace referencia al máximo rendimiento que se puede alcanzar si, tomando en cuenta las condiciones climáticas y del suelo de esa zona, se hace todo bien y no hay ningún factor que afecte la producción (en términos de situaciones que puede manejar el productor como la falta de fertilizantes o la prevención de plagas). “Saberlo es importante porque permite establecer la brecha entre lo que se obtiene y lo que se podría obtener con las mejores prácticas. Es un indicador de cuán bien se están haciendo las cosas y cuánto más se puede mejorar si se implementan ciertos cambios en el futuro”, explicó Aramburu-Merlos.

El investigador, que en breve regresará al país, agregó que los mapas obtenidos están disponibles para que los puedan usar científicos, agricultores y empresas. “Las aplicaciones van mucho más allá del nivel agrícola. La nueva posibilidad de estimar el potencial de rendimiento ofrece a los gobiernos, organizaciones internacionales y fundaciones benéficas un enfoque transparente y objetivo para comprender dónde existen las mayores oportunidades para mejorar los rendimientos”, resaltó Aramburu-Merlos.

Fernando Aramburu-Merlos (con capucha gris) y Patricio Grassini (sweater negro), visitando ensayos de maíz en Ruanda.

El novedoso enfoque, al que los autores llaman “metamodelo”, aplica aprendizaje automático (machine learning) para apoyarse en la metodología utilizada por el Atlas Global de Brechas de Rendimiento, incorporando una gama compleja de conjuntos de datos y un abordaje analítico matizado que refuerza su precisión.  “Realizamos una validación cruzada teniendo en cuenta la ubicación geoespacial de las distintas localidades, y tuvimos un 15%/20% de error, una precisión buena para este tipo de estimaciones”, dijo Aramburu-Merlos.

Los nuevos mapas se pueden descargar de un repositorio de manera gratuita y se pueden abrir con cualquier programa para sistemas de información geográfica.

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