En el marco del desarrollo de estrategias sustentables para la agricultura, el área de Investigación y Desarrollo ha puesto en marcha un nuevo laboratorio de Biofábrica: el bioterio. Este espacio está destinado a la cría y reproducción de insectos modelo, como Tenebrio molitor, con el objetivo de evaluar el uso de hongos entomopatógenos para la producción de bioinsumos destinados al control de plagas agrícolas. La implementación de este bioterio representa un avance significativo en el desarrollo de métodos alternativos de protección de cultivos, reduciendo la dependencia de productos químicos y fomentando prácticas más respetuosas con el medioambiente.
La doctora Ana Munevar, responsable del área, explicó: “Aquí trabajamos en la cría y reproducción de insectos para ensayar métodos de control biológico. Nuestro objetivo es generar alternativas que permitan reducir el uso de insecticidas de síntesis química, aprovechando las interacciones naturales en favor de la agricultura. Queremos contribuir al desarrollo de soluciones innovadoras que equilibren la protección de los cultivos con la preservación de la biodiversidad.”
El laboratorio cuenta con cámaras de cría donde se desarrollan distintas etapas del Tenebrio molitor, desde el huevo hasta el estado adulto. Se lleva un control minucioso de las condiciones ambientales para garantizar una población estable y homogénea, esencial para realizar ensayos experimentales. En este espacio también se llevan a cabo pruebas con hongos entomopatógenos como Beauveria bassiana, evaluando su potencial como bioinsecticida y su impacto sobre diversas especies de insectos plaga.
Munevar detalló el proceso experimental: “Primero establecemos una población controlada de larvas, asegurando que tengan el mismo peso y tamaño. Luego, inoculamos estas larvas con el hongo, diluyéndolo en agua y aplicándolo mediante aspersión. Durante una semana, el hongo penetra el exoesqueleto del insecto hasta causar su muerte. Los análisis posteriores confirman que el hongo coloniza completamente al insecto, demostrando su efectividad. Esta metodología nos permite evaluar el comportamiento del hongo en distintas condiciones y determinar su eficiencia como bioinsumo en entornos agrícolas.”
Además, se trabaja en la cría de depredadores naturales como vaquitas de San Antonio y crisopas nativas de la provincia, promoviendo su uso en cultivos para el control de plagas como mariposas, polillas, chinches lepidópteros y pulgones. La inclusión de estos organismos benéficos en los cultivos permite establecer un equilibrio ecológico, reduciendo la proliferación de especies dañinas sin necesidad de recurrir a pesticidas sintéticos.
La gerenta general Luciana Imbrogno destacó que, si bien en un principio las evaluaciones se realizarán en las instalaciones de Biofábrica, el bioterio no solo es un espacio de investigación, sino también de producción de insectos benéficos que podrá en un futuro ofrecer a productores y técnicos interesados en implementar estrategias de manejo integrado de plagas con controladores biológicos. A través de capacitaciones y difusión de resultados, se busca fomentar la adopción de tecnologías limpias que mejoren la calidad de los cultivos y minimicen los impactos ambientales negativos.
Este enfoque biológico y sostenible refuerza la importancia de la investigación en bioinsumos, permitiendo avanzar hacia una agricultura más ecológica y eficiente. A medida que se perfeccionan estos métodos, se abren nuevas oportunidades para la producción agrícola sustentable, asegurando un equilibrio entre productividad y conservación del entorno natural.
Un equipo de investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) presentó un innovador sensor de temperatura diseñado especialmente para aplicaciones en agricultura inteligente. El dispositivo, de bajo costo y fácil fabricación, permite la medición precisa de la temperatura del suelo en tiempo real, lo que facilita la toma de decisiones relacionadas con el riego, la mejora de cultivos y otras prácticas productivas.
El desarrollo fue expuesto recientemente en el “Congreso Argentino de Electrónica” y destaca por su simpleza, eficiencia y potencial de escalado industrial. Entre sus principales características se encuentra la capacidad de operar en un rango de temperatura de entre 20 y 75 grados Celsius, y su tamaño diminuto: apenas 2 milímetros de largo por 2 de ancho. Esto lo convierte en una herramienta versátil y adaptable a múltiples entornos.
“Diseñamos el sensor de temperatura en base a una película delgada de óxido de vanadio sobre vidrio, para que fuera económico y fácil de fabricar. Los resultados de este trabajo son muy prometedores”, explicó María Belén Kramar, integrante del equipo de la Dirección Técnica de Micro y Nanotecnologías del INTI. La investigadora adelantó además que en el futuro se buscará integrarlo a un sistema capaz de medir el flujo de savia en las plantas, ampliando sus posibilidades de uso en el monitoreo fisiológico vegetal.
El sensor no solo es accesible en términos de costo y consumo de materiales, sino que también ofrece la posibilidad de ser personalizado según necesidades específicas del sector agroindustrial. Esta adaptabilidad lo convierte en una herramienta estratégica para optimizar recursos y mejorar la eficiencia de la producción.
El proyecto también se trabajó en conjunto con estudiantes de Argentina, Uruguay y Chile, como parte de las actividades de la “Escuela Argentina de Micro-Nanoelectrónica, Tecnología y Aplicaciones”, organizada en colaboración con la Universidad Tecnológica Nacional (UTN).
“Este desarrollo nos permite transferir a la industria esta tecnología probada y validada en nuestro laboratorio. Además, contamos con las capacidades para desarrollar en el país aplicaciones basadas en esta tecnología”, destacó Alex Lozano, director del Centro de Micro y Nanoelectrónica del INTI.
La iniciativa refuerza el potencial de la micro y nanotecnología para contribuir a una agricultura más eficiente, sostenible e inteligente, con soluciones desarrolladas y fabricadas íntegramente en el país.
Bernardo Houssay, el Premio Nóbel que llevó a la Argentina a lo más alto de la ciencia mundial, no sólo se ocupó de investigar los efectos de la Yerba Mate en la salud sino también bregó por difundir los beneficios del Mate.
Convocado por la Comisión Reguladora de la Yerba Mate (CRYM), hace 80 años el renombrado científico puso en marcha una serie de investigaciones para conocer los efectos del consumo del Mate. En tan solo tres años, entre 1940 y 1943, logró avanzar con 28 estudios, tarea que se ve interrumpida con el Golpe de Estado y que queda resguardada en dos biblioratos que pasaron de mano en mano hasta llegar, en el 2022, al investigador Juan Ferrario, que a su vez los dona a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, donde ya fueron digitalizados como parte de la preservación de la biblioteca y podrán ser consultados en poco tiempo.
El hecho, por demás relevante si tenemos en cuenta que la máxima figura científica argentina se ocupó del producto, alentado además por la institución yerbatera, fue socializado por Ferrario en el Directorio del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), el 13 de marzo pasado, en oportunidad de presentar una actualización del estudio que determina que la Yerba Mate es un alimento aliado en la prevención del Parkinson.
Tras su ponencia, dialogamos con Ferrario para conocer más detalles del trabajo de Houssay:
-Socializó en el Directorio del INYM que el Premio Nóbel de la Medicina se ocupó, hace 80 años, de estudiar la yerba mate, algo que se sabía someramente, sin detalles, y que ahora lo difunde Usted en base a documentos históricos que estaban en su poder y que los donó para que sean públicos.
Si. Leyendo el libro “La Aventura de la Yerba Mate”, me enteré de que Houssay investigó sobre yerba mate, convocado por la CRYM. Me llamó mucho la atención y me puse a buscar más datos. Hay que tener presente que Houssay es la personalidad científica más importante de la Argentina, el primer Premio Nóbel del país y de América Latina; fue director además de otro Premio Nóbel, algo que no es común; fue el creador del CONICET; reclutó muchos investigadores en distintas áreas y los formó, generó escuelas científicas muy importantes… El 23 de octubre de 1947 fue galardonado con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, convirtiéndose así en el primer latinoamericano en recibir la distinción en ciencias. Fue una persona tremendamente importante para la ciencia argentina.
Entonces, cuando me entero de la existencia de esos estudios, los empiezo a rastrear en los distintos ámbitos vinculados a lo que fue el mundo Houssay y termino conociendo a un coleccionista de literatura científica que se llama Roberto Ferrari, que tenía dos biblioratos, en realidad dos cajas con las investigaciones, y me las facilitó, me las entregó. Las miré para saber si además del valor histórico tenía un valor fisiológico. Me pareció espectacular el contenido y hablé con la gente de la Biblioteca de la Facultad de Ciencias Exactas, que es el archivo científico de la Universidad de Buenos Aires, a quienes doné ese material y son ellos quienes ahora están en la tarea de subirlos a una plataforma de literatura científica para hacerlo público.
-Entonces, ¿Houssay inicia las investigaciones científicas en la yerba mate por solicitud de la CRYM?
Si, fue el primero en la Argentina. Una de las iniciativas de la CRYM fue conocer los efectos de la Yerba Mate sobre elorganismo, y eso fue lo que le pidieron a Houssay, que en ese momento ya era una personalidad científica muy reconocida, profesor titular de la Cátedra de Fisiología de la Facultad de Medicina. Esto está en cartas que él escribió.
-¿Qué aspectos estudió de la yerba mate y en qué período?
En los biblioratos que logramos recuperar hay 115 cartas dirigidas a investigadores de la Argentina y algunos del exterior, como también muchas al director de la CRYM, Federico Ezcurra, a quien actualiza de las investigaciones. Hasta el momento se recuperaron 18 de las 28 investigaciones realizadas y otros documentos. Estudiando ese contenido, podemos decir que en 1938 aparecen las primeras cartas donde él hace referencia al tema y empieza a convocar a especialistas de distintas áreas para investigar.
Hay un inventario de 18 temas, algunos de los cuales los trabajó y dirigió él mismo, y otros se los pidió a colaboradores.
Él hace una recopilación bibliográfica de todo lo que se sabía, de artículos científicos, hasta ese momento, y después convoca a referentes de las distintas áreas de la fisiología y les pide participar. Entonces hay muchos trabajos que se hicieron puntualmente en el laboratorio de Houssay, en la Facultad de Medicina, y hay otros que hicieron sus colegas, donde él les hace devoluciones científicas, proponiéndole experimentos complementarios y otras cosas, esto muestra que tuvo una participación activa, no hay ninguna duda de eso.
De acuerdo a lo que pude observar, en 1940 empiezan a verse los primeros informes.
Podría decir que, básicamente, las investigaciones se desarrollaron entre 1940 y 1943, cuando se da el golpe de Estado, lo expulsan de la Facultad y ahí se interrumpen las investigaciones, aunque hay cartas posteriores en las que él intenta, con las nuevas autoridades del Ministerio de Agricultura, continuar con el trabajo.
Los temas son variados y se titulan, de acuerdo al índice en los biblioratos: “Acción psicofisiológica de la yerba mate”, “Investigación de la vitamina C en yerba mate”, “Acción del mate cocido sobre la frecuencia cardíaca y la presión sanguínea arterial del hombre”, “Investigación de las vitaminas A, B, D y E en la yerba mate”, “Influencia de la yerba mate sobre el aparato digestivo del hombre”, “Caracterización de cafeína y teobromina en la yerba mate”, “Alergia por yerba mate”, entre otros.
El investigador Juan Ferrario retomó estudios de Houssay sobre la yerba mate.
-¿Conoce el trayecto de esos documentos a partir de la suspensión de las investigaciones?
Estas investigaciones pasan de Houssay a su colega Venancio Deulofeu, luego al investigador Jorge Brieux, y Brieux se lo dejó a la persona que me lo dio a mí a fines de 2022, un coleccionista de cosas científicas, quienes eran vecinos, y yo, en diciembre de ese año, lo doné a la Biblioteca de la Facultad de Ciencias Exactas.
En los años 2023 y 2024 se trabajó sobre el material, tanto en el análisis del contenido, que lo hice yo, y en 2024 se asignó una persona para la preservación y digitalización del material, con sistemas adecuados para documentos históricos, donde están terminando de subir a una plataforma de literatura científica para hacerlo público.
-Otro aspecto interesante es el interés de Houssay de hacer públicas las investigaciones.
Si. En una carta del 1 de septiembre de 1940 a través de la cual convoca a su colega Emilio Lida a investigar sobre el tema, dice textualmente que “es una verdadera vergüenza que se esté tomando mate en cantidades enormes y no haya ningún dato fidedigno sobre su acción fisiológica”.
Y en una carta al director de la CRYM, Federico Ezcurra, escrita el 15 de marzo de 1943, , Houssay comunica la idea de editar libros sobre la temática: ´’(…) Con el Doctor Deulofeu hemos pensado que sería interesante preparar uno o dos libritos sobre la yerba mate, que representarían un resumen de los conocimientos actuales. Los puntos que podrían ser estudiados serían: I Aspecto Botánico. II Aspecto agronómico – industrial. III Química. IV Acción Fisiológica. Mate. (…) Si las cuatro partes salieran en un solo librito , convendría darles una extensión de 50 a 60 páginas cada una, y en ningún caso superar a 400 páginas en tota’, propone.
Un año más tarde, el 14 de julio de 1944, Houssay reitera a la CRYM la importancia de publicar los trabajos científicos sobre yerba mate: ‘Me permito solicitarle información acerca de si existe la intensión de publicar los trabajos que hemos realizado sobre la acción de la yerba mate. Habría algún interés en que ellos fueran impresos en folletos o en forma de artículos en revistas científicas, para que alcanzaran su debida difusión y fueran conocidos por los que quieran saber cuál es la acción fisiológica que produce la yerba mate. En el caso de que dicha Comisión no lo pensara imprimir me agradaría saber si no encuentra inconveniente en que se publique en revista científica. Tengo el propósito de escribir un librito que exponga en forma sistemática lo que se conocer sobre la acción de la yerba mate, discriminando lo que son simples afirmaciones y lo que son datos verdaderamente demostrados’.
-¿Se concretaron las publicaciones?
No, nunca ocurrió, y de hecho hay otra carta donde él le dice a los colegas que no avanza la publicación, por lo que toda esa información valiosa no se conoce más allá del mundo científico que estaba con el tema y por lo tanto no llega a los consumidores de Mate, y otros sectores donde podría ser de utilidad, por ejemplo la industria yerbatera.
Un estudio liderado por científicos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), comprobó el rol de la inflamación en el desarrollo del Alzheimer y definió perfiles inflamatorios característicos de las diferentes etapas de la enfermedad.
La evidencia científica indica que la enfermedad de Alzheimer puede concebirse como una patología inflamatoria crónica que afecta el sistema nervioso central. Si bien históricamente la investigación sobre la principal enfermedad neurodegenerativa a nivel mundial se centró en los cambios que sufren las neuronas en un área específica del cerebro, en los últimos años cobró relevancia el papel que desempeñan células del tejido nervioso, principalmente astrocitos y microglía, que regulan las respuestas inflamatorias en el sistema nervioso central.
“El hallazgo abre nuevas perspectivas terapéuticas, incluida la eventual posibilidad de modular la respuesta inflamatoria para frenar la progresión de la enfermedad”, señala Laura Morelli, líder del trabajo, investigadora del CONICET en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA, CONICET-Fundación Instituto Leloir) y jefa del Laboratorio de Envejecimiento Cerebral y Neurodegeneración de la Fundación Instituto Leloir (FIL). Y agrega: “La neuroglia (formada por astrocitos, microglía y otras células que brindan soporte a las neuronas) secreta citoquinas, sustancias que regulan la respuesta inflamatoria y que pueden pasar desde el sistema nervioso central hacia la sangre periférica, un proceso que se ve incrementado cuando la barrera hematoencefálica [que protege el cerebro de moléculas que circulan en el torrente sanguíneo] está perturbada, como ocurre en pacientes con enfermedad de Alzheimer”.
Este avance es el resultado de un trabajo colaborativo multicéntrico en el que participaron profesionales de varios hospitales de la Argentina y de España, en conjunto con investigadores de la Fundación Instituto Leloir y el CONICET, el estudio se propuso determinar los niveles de citoquinas y quimiocinas en sangre en personas a las que se agrupó según tres estadios clínicos distintos: cognitivamente sanos; con deterioro cognitivo leve y con diagnóstico de Alzheimer. El objetivo de la investigación, que tiene como primeros autores al becario doctoral del CONICET Lorenzo Campanelli y al investigador adjunto del CONICET Pablo Galeano, fue evaluar la respuesta inflamatoria durante la evolución de la enfermedad.
Participaron del estudio personas de 60 años o más, a las que se les realizó una evaluación clínica, neuropsicológica y de imágenes de cerebro. Se les extrajo sangre y mediante técnicas ultrasensibles se midieron los niveles de 30 citoquinas y quimiocinas. A través de análisis estadísticos avanzados, y considerando el sexo y la edad, los investigadores identificaron que cada grupo clínico presentaba un perfil inflamatorio distintivo. Mientras las personas con deterioro cognitivo leve se caracterizaron por un aumento de eotaxina-1, implicada en neurotoxicidad, los pacientes con Alzheimer presentaron un aumento de la interleucina proinflamatoria IL-16. Como factor común, en ambos grupos se detectaron niveles incrementados de la quimiocina MDC, que regula la función de las células inmunitarias.
“Estos hallazgos destacan el papel central de la inflamación en la progresión de la enfermedad de Alzheimer y demuestran el papel de la neuroglía en diferentes etapas clínicas de la patología”, destaca Morelli. Y concluye: “Los resultados de nuestro trabajo sugieren la posibilidad de explorar el diseño de terapias que modulen la respuesta inflamatoria para frenar la progresión de la enfermedad”.
La icónica saga Matrix nos presentó un futuro distópico en el que los humanos eran usados como baterías para alimentar a las máquinas. Aunque en su momento esto parecía una idea puramente de ciencia ficción, avances recientes en la tecnología de generación de energía han demostrado que esta premisa no es tan descabellada. Un nuevo experimento ha desarrollado una batería capaz de alimentar pequeños robots utilizando el calor corporal humano. ¿Estamos más cerca de un futuro al estilo Matrix? ¿Cómo se puede aprovechar esta energía en el mundo real?
¿Cómo funciona la batería que convierte el calor en electricidad?
Investigadores han desarrollado una batería termoeléctrica capaz de generar electricidad a partir del calor del cuerpo humano. El dispositivo se basa en el efecto termoeléctrico, que permite convertir diferencias de temperatura en energía eléctrica. La idea es simple: nuestro cuerpo genera calor constantemente, y si se coloca un material adecuado en contacto con la piel y el ambiente frío, se crea un flujo de energía que puede ser aprovechado.
Este tipo de tecnología no solo es innovadora, sino que también podría ser un gran avance en la alimentación de dispositivos médicos, sensores portátiles o incluso en la robótica. Pero, ¿puede esto escalarse para alimentar sistemas más grandes?
¿Es posible generar suficiente energía con el cuerpo humano?
El cuerpo humano produce alrededor de 100 vatios de energía en reposo, suficiente para alimentar un par de bombillas LED o cargar un teléfono móvil. Sin embargo, cuando se trata de alimentar sistemas más complejos, la energía generada es insuficiente.
En Matrix, la humanidad entera estaba conectada a una red de extracción de calor para generar suficiente electricidad para las máquinas. En la vida real, las pérdidas de energía y la eficiencia de conversión hacen que este escenario sea inviable a gran escala.
Aun así, estos avances podrían revolucionar sectores donde pequeñas cantidades de energía pueden ser aprovechadas de manera eficiente, como la tecnología wearable o la monitorización biomédica.
¿Qué impacto podría tener esta tecnología en el consumo energético?
Uno de los mayores desafíos de la actualidad es reducir el consumo energético y hacer un uso más eficiente de los recursos disponibles. La posibilidad de generar electricidad a partir del calor corporal abre nuevas vías para alimentar dispositivos sin necesidad de baterías tradicionales o conexiones a la red eléctrica.
Imagina un futuro donde los relojes inteligentes, audífonos y otros dispositivos pequeños funcionen sin necesidad de recargar baterías, aprovechando únicamente el calor de nuestro cuerpo. Esto reduciría la dependencia de baterías de litio y contribuiría a un consumo energético más sostenible.
¿Podría la energía humana reemplazar otras fuentes de energía?
La generación de energía a partir del calor humano es una tecnología interesante, aunque su capacidad de producción es limitada en comparación con la de fuentes renovablescomo la solar o la eólica. Sin embargo, sí puede ser una alternativa viable para dispositivos de baja potencia que requieran energía constante sin depender de enchufes o baterías recargables.
Para reducir el consumo de luz de manera más efectiva en el hogar, existen soluciones más prácticas y accesibles:
Uso de bombillas LED: consumen hasta un 80% menos de energía que las bombillas incandescentes tradicionales.
Aprovechamiento de la luz natural: diseñar espacios que maximicen la entrada de luz solar puede reducir la necesidad de iluminación artificial durante el día.
Electrodomésticos eficientes: optar por aparatos con etiquetas de eficiencia energética ayuda a disminuir el consumo eléctrico.
Desconexión de dispositivos en desuso: muchos aparatos continúan consumiendo energía en modo de espera; desconectarlos puede generar ahorros significativos.
Si bien la energía del calor humano no puede sustituir estas estrategias de eficiencia energética, sí puede complementar otros sistemas de generación en entornos específicos. Por ejemplo, en hospitales, podría alimentar sensores médicos, reduciendo la necesidad de cambiar baterías con frecuencia y mejorando la sostenibilidad operativa.