EL MUNDO

Los hermanos que lograron la hazaña de remar 15.000 km desde Perú a Australia

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Mobeen Azhar, BBC Outlook, Elena Angelides,Steven McKenzie, BBC Escocia y Rafael Abuchaibe, BBC News Mundo.

Jamie, Ewan y Lachlan Maclean habían atravesado remando más de 7.400 kilómetros de extenso océano Pacífico cuando la buena suerte con la que habían contado hasta el momento los abandonó.

“Nos habían advertido que estaba entrando un anticiclón (una zona de baja presión atmosférica) y que era inevitable que fuéramos a chocar con él”, le contó Jamie al programa Outlook*, del Servicio Mundial de la BBC.

“Eran las peores condiciones a las que cualquiera de los tres se hubiera enfrentado: estamos hablando de olas de entre 7 y 9 metros de altura (…) no nos volcamos del todo, pero sí tuvimos dos alertas en las que el bote se inclinó a 90 grados”.

Una de esas olas terminó haciendo realidad uno de los peores escenarios a los que se pudieran enfrentar: lanzó a Lachlan, en medio de la noche, al agua.

“No sabía dónde quedaba arriba, ni dónde quedaba abajo, y en la más profunda oscuridad”, recordó Lachlan, hablando con Outlook.

Cuando al final los hermanos llegaron al puerto de Cairns, en Australia, habían logrado su objetivo de romper la anterior marca de cruce del Pacífico en una embarcación sin asistencia: lo lograron atravesando 14.484 kilómetros del inmenso océano Pacífico en 132 días, cinco horas y 52 minutos.

El objetivo de los hermanos, más allá de romper la marca anterior, era lograr recaudar más de US$1 millón para proyectos de agua potable en Madagascar.

Y todo comenzó en las frías costas de Escocia, donde estos tres hermanos se aventuraron por primera vez en el mar en una embarcación casera buscando pescar caballas, cuando apenas tenían 11, 10 y 5 años.

Rose Emily

Los hermanos Maclean entrenando
El amor de los hermanos por el mar empezó cuando estaban pequeños.

Aunque los hermanos Maclean crecieron en Edimburgo, pasaban mucho tiempo en Assynt, en el noroeste de Escocia, donde su familia tiene una pequeña casa al frente del mar: allí aprendieron a remar.

Su primera “embarcación” era un bote improvisado que construyeron cuando eran niños y, a través de sus experiencias, aprendieron a confiar ciegamente el uno en el otro.

“Siempre nos ha gustado el mar”, le dijo Jamie a Outlook. “Supongo que esto era una extensión natural de aquello”.

Con los años, el gusto pasó a convertirse en un reto y en 2020, los tres hermanos se lanzaron en busca de un récord cruzando el Atlántico a remo: zarparon desde las Islas Canarias y llegaron a Barbuda, a 4.800 kilómetros de distancia, en 35 días.

Pero al lograrlo, inmediatamente surgió la necesidad de un reto más grande y el candidato obvio fue el Pacífico.

Los hermanos Maclean celebran su llegada a la isla de Antigua
Pie de foto,Los hermanos ya habían roto la marca de remo sin asistencia cruzando el Atlántico en 2020.

“Nos enteramos de que ningún equipo lo había atravesado sin parar y sin apoyo, desde Sudamérica hasta Australia. Guardamos la idea durante un tiempo, porque el hecho de que ningún equipo lo hubiera hecho sugería que, a lo mejor, no podíamos llevar suficiente comida o que hubiera limitaciones físicas”, explicó Lachlan.

“Pero la idea permanecía ahí como una piedra en el zapato”.

Fue solo cuando lograron contactar con la persona que les construiría la embarcación que empezaron a planear la travesía en serio.

“Fue a partir de ese momento que empezamos a tener conversaciones con nuestros seres queridos, porque, claro, es un tema difícil de tocar”, contó Jamie.

Lachlan recuerda que la conversación con su madre fue particular: “Estábamos en su apartamento, haciendo la cena, yo estaba picando una cebolla, y ahí le pregunté: ‘Mamá, ¿qué opinas si hacemos otra gran travesía en remo?’.

“Para ella, nuestro viaje por el Atlántico fue muy difícil, entonces todos estábamos muy ansiosos por el estrés que pudiera causarle… pero para ser sinceros, no se sorprendió tanto, creo que ella sabía lo que se iba a venir, lo mismo que papá”.

Como homenaje a sus padres, los chicos le pusieron a la embarcación el nombre de Rose Emily, como se llamaba la bebé que perdieron antes de nacer en 1996.

“Para mamá en especial fue un gesto conmovedor porque creo que, en un sentido espiritual, ella sentía que Rose Emily iba cuidando a sus tres hermanos a través del Pacífico”.

En ese momento empezaron los dos años de preparaciones que requiere la travesía en equipo más larga que se haya hecho sin interrupciones ni apoyo externo.

La Luna

Dos de los hermanos están remando en la angosta embarcación que los llevó a cruzar el Pacífico
Pie de foto,El Pacífico, con sus impredecibles cambios, era el reto para superar de los Maclean.

Es imposible considerar todos los imprevistos que pueden surgir durante un viaje de este calibre, pero Jamie cuenta que hubo cosas clave en las que sí se pudieron preparar.

“Un buen ejemplo”, le dijo Jamie a Outlook, “es caerte del barco, en especial en la noche. Ese era un gran temor que teníamos los tres”.

“Así que hacíamos una sesión de entrenamiento -salir a remar 6, 8 o12 horas- y en la noche, con la fatiga, uno se lanzaba al agua para acostumbrarse a nadar y volverse a subir al barco en la oscuridad”.

“Buscábamos acostumbrarnos a esos procesos, que se sintieran menos desconocidos”.

La travesía arrancaba en Perú, por lo que los hermanos tuvieron que enviar allá todos los recursos que iban a necesitar -el barco, los 1.000 paquetes de comida congelada-.

“Pero cuando finalmente llegamos a Perú, el barco se demoró en cruzar aduanas, la comida también, y con eso el viaje se retrasó casi dos semanas”, contó Lachlan.

Dos años -y dos semanas- después de haber tomado la firme decisión de cruzar el Pacífico, los hermanos Maclean finalmente zarparon desde Lima el 12 de abril de 2025, al son de la banda marcial de la Academia Naval que llegó para darles buenos augurios.

Pero las dificultades se presentaron desde el principio.

“Ewan y yo tuvimos mareo durante los primeros 10 o 14 días”, relató Jamie, “yo no podía mantener la comida en el estómago, me sentía terrible”.

Eso sumado a los turnos de entre 16 y 18 horas remando, bajo el sol inclemente, con la única protección de dos pequeños cubículos en los que solo se puede ingresar sentado.

Lachlan contó que en medio del océano es fácil perder la noción del tiempo y del espacio.

“Especialmente en los primeros 6.500 km, porque no pasamos ninguna isla y las condiciones eran prácticamente las mismas”.

Dos de los hermanos en el bote, con un precioso atardecer rosa a sus espaldas.
Pie de foto,A pesar de las dificultades, los espectáculos de la naturaleza no dejaron de sorprender a los hermanos.

“Mi turno siempre nos llevaba de la noche al día, y los amaneceres y los atardeceres se convirtieron en el mejor momento de cada día: los cielos eran increíbles, con verdes, naranjas, azules, unos colores increíbles en el firmamento”, evocó Lachlan.

Y en las noches, la compañera siempre fue la Luna, particularmente para Lachlan.

“Pudimos ver cuatro o cinco ciclos lunares completos, de Luna nueva a Luna llena, y la diferencia que hace en lo que puedes ver en la noche es espectacular”.

“En realidad puedes ver el mar a tu alrededor y las olas, y esto transforma completamente tu experiencia del turno nocturno. También te mantiene despierto.

“De manera genuina sentí que la Luna era nuestra amiga, como un rostro tranquilizador cuado nos acompañaba, en especial cuando las condiciones se pusieron difíciles”.

Cambio de suerte

Los hermanos en la embarcación con una gran ola detrás.
Pie de foto,En alta mar, los hermanos se encontraron con olas de hasta 7 metros de altura.

La llamada que recibieron los hermanos anunciando que se dirigían hacia el anticiclón y que no podían hacer nada al respecto los puso en estado de alerta.

Se prepararon para afrontar las condiciones que, en el mejor de los casos, durarían dos días.

Al caer la noche, Lachlan hizo el cambio de guardia con Ewan y se dirigió hacia la parte trasera de la embarcación.

“Una de las preocupaciones principales es estar bien asegurado con un harnés de escalada a dos puntos distintos en la embarcación, por si alguno de los dos falla”, contó Lachlan.

“Yo estaba a punto de desabrocharme para entrar en la cabina, esperando un espacio entre las olas, pero lo que llegó fue una enorme ola de 7 metros, una pared de agua que rompió sobre mi, completamente deslizando mis pies”.

En medio de la confusión, Lachlan creyó que la embarcación finalmente se había volcado a consecuencia del oleaje. Pero cuando por fin logró darle dirección a la luz que llevaba en el casco, vio cómo el nombre de su hermana emergía en la oscuridad.

“Cuando vi ‘Rose Emily’ escrito con la letra de mi madre, fue que me di cuenta de que me había caído de la embarcación”.

Al no haber alcanzado a desconectarse de la línea que lo aferraba al bote, Lachlan se agarró del cable que lo arrastraba por el agua y empezó a impulsarse para tratar de subirse nuevamente.

“Ewan logró reaccionar rápidamente, y vi esta mano aparecer de la oscuridad, así que la agarré pero otra ola me volvió a separar. Fue cuando aproveché el impulso de una segunda ola para finalmente volverme a subir”.

Lachlan relató que el miedo realmente lo alcanzó cuando llegó a la cabina a descansar.

“Me entró esta angustia de ‘¿y si hubiera perdido el bote en estas condiciones?’, ‘¿y si me hubiera desenganchado y la ola me hubiese golpeado luego?’ Hubiera quedado perdido en el mar. Fue ahí que me entró el miedo”.

Estas difíciles condiciones meteorológicas forzaron a los chicos a cambiar su destino: una amenaza de ciclón les impedía llegar a Sydney, como lo habían querido inicialmente, y se desviaron hacia Brisbane.

Pero un cambio en los vientos los obligó, nuevamente, a virar la dirección hacia el norte, dirigiéndose al puerto de Cairns.

Tierra a la vista

Un atardecer visto desde la embarcación.
Pie de foto,Después de meses de solo ver agua, Jamie dice que la costa de Australia apareció en el horizonte como apenas un borrón.

Los desvíos y cambios de itinerario durante el trayecto empezaron a pesar sobre los muchachos, quienes ya llevaban 139 días, cinco horas y 52 minutos remando por el Pacífico. Fue entonces cuando algo empezó a verse en el horizonte.

“Empiezas a ver un borrón en el horizonte”, explicó Jamie, “y al principio lo confundes con una nube. Sigues con tu día y, cuando vuelves a mirar, el borrón se puede distinguir mejor”.

“Es cuando te das cuenta de que es la costa, en este caso de Australia”.

Por fin, después de 4 meses y medio en alta mar, los tres hermanos veían su objetivo. Y aún les faltaba un día entero para llegar.

“De hecho, llegamos a Cairns de noche. Y lo primero que vimos fue el brillo de los postes de luz que no habíamos visto en meses. Y luego, cuatro amigos míos que habían viajado a recibirnos estaban tocando sus gaitas, y se podía oir el sonido de las gaitas viajando por el aire”.

No solo los estaban esperando sus amigos, cientos de personas habían salido a recibirlos y los estaban esperando en la marina de Cairns. Y, por supuesto, su aliviada mamá.

Llegaron a Australia el 30 de agosto de 2025.

Los hermanos en un gran abrazo con su mamá y sus parejas.
Pie de foto,Para los hermanos, el momento inolvidable fue volver a ver a sus seres queridos.

“Fue realmente inolvidable”, recordó, “estar ahí, abrazar a nuestra mamá por primera vez, a nuestras parejas, puede que no haya un abrazo como ese”.

Su padre tuvo que esperarlos en Escocia, donde los recibió otra gran fiesta de celebración.

Jamie explicó que la travesía les trajo un optimismo renovado por la humanidad: ese sueño con el que empezaron tres hermanos en Escocia había movilizado a miles de personas alrededor del mundo a seguirlos y a apoyar la causa por la que habían zarpado.

“Pensar que tocó la vida de personas alrededor del mundo que nunca conoceremos fue algo realmente increíble, y nos llena de una gran esperanza”.

Además, Lachlan recalcó que lo que vivieron esos cuatro meses en alta mar muestra cómo entre ellos tres se complementan y terminan funcionando como “algo que es más que la suma de sus partes”, impulsados por una buena intención.

Los hermanos sobre la embarcación, con bengalas y una gaita.
Pie de foto,Las gaitas estuvieron al centro de la celebración cuando los hermanos llegaron a Australia.

“De pronto tiene menos que ver con el tipo de persona que debes ser para sobrevivir en alta mar y más con el tipo de equipo que necesitas para llevar a cabo una buena intención”.

“También ayuda tener a la Luna de tu lado”.

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Irán desmintió a Trump y aseguró que no hay negociaciones: “Continuaremos la defensa”

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Irán contestó este lunes a los dichos del presidente Donald Trump que no mantiene contacto con Estados Unidos, ni directo ni por intermediarios, según un medio. Esa información surgió después de que Trump anunciaba que posponía los ataques prometidos en su ultimátum del sábado, cuando instó al desbloqueo del Estrecho de Ormuz.

Fars indicó que Trump retiró su amenaza de atacar centrales eléctricas iraníes tras conocer la represalia de Irán, que consistió en atacar todas las instalaciones de generación de energía en la región de Asia Occidental.

La agencia de noticias semioficial Tasnim, citando a un alto funcionario de seguridad iraní, también informó que Trump desistió de atacar la infraestructura crítica iraní después de que las amenazas militares de Irán se volvieran creíbles.

El funcionario afirmó que no hay negociación entre Irán y Trump, y agregó que otro factor importante para esta retirada fue el aumento de la presión sobre los mercados financieros y las amenazas contra los bonos en Estados Unidos y Occidente.

Desde que comenzó la guerra a finales del mes pasado, algunos mediadores enviaron enviado mensajes a Teherán, apuntó el funcionario, y agregó que la respuesta clara de Teherán fue que “continuaremos la defensa hasta lograr la disuasión necesaria”.

En una publicación del lunes en la plataforma de redes sociales Truth Social, Trump afirmó que Estados Unidos e Irán habían mantenido, durante los dos últimos días, “conversaciones muy buenas y productivas sobre una resolución completa y total de nuestras hostilidades en Oriente Medio”.

“Basándome en el tono de estas conversaciones profundas, detalladas y constructivas, que continuarán durante toda la semana, he ordenado al Departamento de Guerra que posponga todos los ataques militares contra las centrales eléctricas y la infraestructura energética iraníes durante un período de cinco días”, declaró Trump.

El sábado, Trump había amenazado con “atacar y aniquilar” las centrales eléctricas iraníes si el estrecho de Ormuz no se abría en 48 horas.

También este lunes, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Seyed Abbas Araghchi, habló por teléfono con su homólogo turco, Hakan Fidan, para discutir los últimos acontecimientos en Oriente Medio.

Araghchi se refirió a los “crímenes perpetrados por los agresores contra el pueblo iraní, especialmente los ataques contra escuelas, hospitales y zonas residenciales”, y expresó la determinación de Irán de defender “decisivamente” su soberanía nacional e integridad territorial.

Por su parte, Fidan destacó las consecuencias de la guerra en curso para la región, subrayando la necesidad de reducir las tensiones y fortalecer las relaciones entre Irán y los países de la región. 

Qué pasa en el Estrecho

Mientras tanto, el representante iraní ante la Organización Marítima Internacional (OMI), Ali Mousavi, afirmó que las embarcaciones, excepto aquellas de los “enemigos”, pueden transitar por el estrecho de Ormuz mediante arreglos coordinados previos de seguridad y prevención con las autoridades iraníes, informó la agencia semioficial de noticias Mehr. También subrayó que los compromisos marítimos internacionales deben estar en consonancia con el respeto a la integridad territorial de Irán y los derechos soberanos.

Irán, apuntó, está dispuesto a cooperar con la OMI y otros países para mejorar la seguridad marítima y proteger a los marineros. “La diplomacia sigue siendo prioridad para Irán. Sin embargo, es más importante que cese por completa la agresión, así como tener confianza y garantías recíprocas”, precisó Mousav.

Añadió que los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán están en la “raíz de la situación actual en la región del golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz”.

La voz parlamentaria

A su turno, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, advirtió que las infraestructuras de energía y petróleo de toda la región serán destruidas “irreversiblemente” si Estados Unidos ataca instalaciones energéticas iraníes. Las declaraciones de Ghalibaf en la red social X se produjeron después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazara con “atacar y arrasar” las plantas de energía iraníes si el estrecho de Ormuz no era reabierto en las próximas 48 horas.

Ghalibaf escribió que cualquier ataque se convertiría en “objetivos legítimos (…) infraestructura vital e instalaciones energéticas y petroleras de toda la región”, incrementando los precios del petróleo por un período prolongado. Anteriormente, el principal comando militar de Irán, el Cuartel General Central Khatam al-Anbiya, emitió una advertencia similar, señalando que ataques contra infraestructuras de combustible y energía iraníes desencadenarían golpes contra instalaciones energéticas, tecnologías de la información y desalinizadoras de agua estadounidenses e israelíes en Asia Occidental.

En una publicación del 12 de marzo en X, el entonces secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Larijani (quien moriría después en ataques estadounidenses-israelíes), advirtió que destruir la capacidad eléctrica de su país podría sumir a la región “en la oscuridad en media hora”. La campaña estadounidense-israelí, que comenzó el 28 de febrero, mató a figuras iraníes de alto rango, como el fallecido líder supremo Ali Jamenei, comandantes militares y civiles.Irán respondió lanzando múltiples ataques con misiles y drones contra Israel y bases estadounidenses por todo Medio Oriente.

En una declaración que detalla las posiciones de Irán en medio de los actuales ataques de Estados Unidos e Israel, el ministerio de Relaciones Exteriores señaló que aquel país siempre respetó la libertad de navegación y la seguridad marítima. Agregó que trabajó para defender estos principios en el transcurso de los años.

El ministerio destacó que luego de la agresión militar de Estados Unidos e Israel contra Irán, se impuso una situación peligrosa en el Golfo y el estrecho de Ormuz, lo que ha afectado directamente la seguridad de la navegación regional.Irán reafirma su derecho legítimo a la autodefensa contra los “agresores”, por lo que atacó instalaciones y bases militares estadounidenses en la región, además de adoptar una serie de medidas para garantizar que aquellos y sus partidarios no aprovechen el estrecho para impulsar sus objetivos contra el país, añadió.

Apoyo en Irak

A todo esto, la Resistencia Islámica en Irak, un grupo paraguas de las milicias pro-iraníes de Irak, informó que había llevado a cabo 21 operaciones contra “bases de ocupación” en aquella nación y la región, durante el fin de semana.

En un comunicado, el grupo señaló que las operaciones se hicieron con “decenas de misiles y drones”, sin ofrecer más detalles sobre objetivos específicos ni víctimas.

El grupo reivindicó centenarios de ataques de este tipo durante los últimos días.

Entretanto, una fuente del Ministerio del Interior de Irak declaró bajo anonimato a Xinhua que varios ataques con drones tuvieron como objetivo esta madrugada la Base Victoria del Aeropuerto Internacional de Bagdad, si bien muchos fueron interceptados por los sistemas de defensa aérea.

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Trump anuncia tregua temporaria con Irán y el petróleo se desploma: el alivio del Brent abre una tregua precaria en la crisis

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El anuncio de Donald Trump de suspender durante cinco días los ataques contra centrales eléctricas e infraestructura energética iraníes provocó este lunes un movimiento inmediato en el tablero geopolítico y en los mercados: el crudo Brent se hundió un 13%, perforó la barrera de los 100 dólares y llegó a negociarse en torno a 96 dólares por barril poco después de las 12.00, tras conocerse que Estados Unidos e Irán mantuvieron durante los últimos dos días conversaciones que el presidente estadounidense definió como “muy positivas y productivas”. El dato excede la lógica financiera. Después de casi cuatro semanas de ofensiva, amenazas cruzadas y presión militar sobre el estrecho de Ormuz, Washington ensaya una pausa táctica que descomprime el precio de la energía, pero deja abierta una pregunta más política que bursátil: ¿se trata de un primer paso hacia una salida negociada o de una tregua instrumental en medio de una escalada todavía viva?

El impacto del mensaje fue instantáneo porque tocó el corazón del conflicto: la infraestructura energética y la libre navegación en uno de los corredores más sensibles del planeta. Trump informó que ordenó a su Departamento de Guerra posponer los ataques por un período de cinco días, condicionado al resultado de las reuniones en curso. La decisión llegó después de que el propio presidente hubiera dado el sábado un plazo de 48 horas para que Irán abriera “totalmente” el estrecho de Ormuz, bajo amenaza de atacar sus centrales eléctricas. En otras palabras, la Casa Blanca pasó en pocas horas de la coerción directa a una ventana limitada de negociación. No es un cambio menor: cuando el mercado leyó que el riesgo inmediato sobre el suministro podía moderarse, el petróleo reaccionó con una caída abrupta.

De la amenaza sobre Ormuz a una pausa condicionada

La relevancia del anuncio se entiende por el contexto. Desde el 28 de febrero, fecha de inicio de la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, la guerra dejó de ser un frente bilateral para convertirse en una crisis con impacto regional, energético y financiero. En ese marco, el estrecho de Ormuz se consolidó como pieza central: por allí transita el 20% de las exportaciones globales de crudo, lo que convierte cualquier amenaza sobre esa vía en una señal directa sobre inflación, abastecimiento y expectativas globales.

Trump buscó asociar la pausa militar a un avance diplomático. Según su mensaje en Truth Social, las conversaciones con Irán fueron “profundas, detalladas y constructivas” y continuarán durante la semana. Pero la tregua no implica desmovilización ni cierre de la ofensiva. El propio esquema que comunicó Washington deja claro que la suspensión depende del “éxito” de esas reuniones. Es decir, no se presentó como una desescalada consolidada, sino como una interrupción revocable.

La secuencia previa refuerza esa lectura. Teherán había advertido, según medios iraníes, que atacaría infraestructura energética de Estados Unidos si sus centrales eran bombardeadas. La Guardia Revolucionaria reiteró este lunes que no planea atacar centrales eléctricas de la región, aunque dejó establecido que, si la República Islámica sufre un ataque de ese tipo, “responderá de la misma manera”. Ese intercambio no describe una negociación madura; describe una correlación de amenazas donde ambas partes intentan fijar costos al adversario antes de cualquier eventual entendimiento.

El petróleo corrigió, pero no hubo una señal homogénea en todos los activos

El derrumbe del Brent fue la reacción más visible, aunque no la única. El WTI, referencia en Estados Unidos, se movía en dirección opuesta en la previa de la apertura oficial del mercado estadounidense, con una suba del 0,78%, hasta los 112,81 dólares. La divergencia revela un dato importante: el mercado no leyó la jornada como un cierre limpio del riesgo, sino como una reconfiguración todavía inestable de expectativas, con señales cruzadas entre alivio coyuntural y persistencia del conflicto.

El movimiento se trasladó además a otros activos. El oro caía 5,98%, hasta 4.223,25 dólares por onza, en lo que podía convertirse en su novena baja consecutiva, mientras la plata retrocedía 9,24%, hasta 61,66 dólares por onza, en su quinta jornada en negativo. En paralelo, el dólar volvía a fortalecerse. La combinación es consistente con una reasignación de refugio financiero: si el mercado percibe una reducción parcial del riesgo energético inmediato, la demanda por metales preciosos cede y la moneda estadounidense recupera centralidad. Sin embargo, esa dinámica no equivale a normalización. Más bien refleja un reacomodamiento ante una tregua de alcance todavía incierto.

La infraestructura energética se volvió el centro real de la guerra

El conflicto dejó de girar únicamente sobre capacidades militares o disuasión regional. La infraestructura energética se convirtió en blanco, amenaza y moneda de negociación al mismo tiempo. Por eso el anuncio de Trump tuvo semejante efecto. No habló de pausar ataques generales, sino de congelar por cinco días los golpes sobre centrales eléctricas e infraestructura energética iraníes. Ese recorte de objetivos no es técnico: busca bajar la tensión justamente en el punto que puede desatar un desorden mayor en los mercados y en la seguridad regional.

La presión sobre Ormuz sigue siendo el otro componente crítico. Según lo informado, Keir Starmer abordó con Trump la necesidad de reabrir el estrecho al transporte marítimo y ambos coincidieron en que esa reapertura resulta esencial para la estabilidad del mercado energético mundial. El alineamiento entre Washington y Londres refuerza la idea de que el problema ya no se limita a la confrontación con Irán, sino a la contención de una crisis que amenaza la cadena global de suministro.

En paralelo, la escalada continuó en otros frentes. El CENTCOM anunció el ataque a una planta iraní de producción de motores utilizados en drones y aeronaves de la Guardia Revolucionaria, ubicada en la provincia de Qom. A la vez, Arabia Saudí, Emiratos, Kuwait y Baréin reportaron nuevos ataques o interceptaciones durante la noche. Es decir, mientras Washington ofrecía una pausa condicionada sobre infraestructura energética, el teatro regional seguía activo. Esa coexistencia de tregua parcial y ofensiva periférica explica por qué el alivio del Brent no puede leerse todavía como una señal de estabilización profunda.

La señal política de Trump: contener el costo energético sin ceder la iniciativa

La decisión del presidente estadounidense también tiene una lectura de poder. Al ordenar una pausa de cinco días tras haber fijado un ultimátum de 48 horas, Trump intenta mostrar que conserva la iniciativa sobre los tiempos del conflicto. Primero elevó la amenaza. Luego abrió una compuerta de negociación. Ese mecanismo le permite ubicarse como actor que puede escalar o desescalar según la respuesta iraní y según el efecto buscado sobre los mercados.

Hay además una dimensión doméstica e internacional difícil de ignorar. En una guerra donde el precio del petróleo se volvió una variable política de primer orden, cualquier salto del crudo por encima de ciertos umbrales impacta sobre inflación, costos logísticos, expectativas de crecimiento y tensión social en múltiples países. La caída del Brent ofrece a Washington una ventaja táctica: al menos por unas horas, reduce la presión sobre el frente energético sin renunciar formalmente a la coerción militar.

Pero esa ventaja es frágil. La Agencia Internacional de la Energía, a través de Fatih Birol, advirtió que la situación es “muy grave” y que supera a las crisis energéticas de la década de 1970, en un escenario atravesado por el bloqueo de Ormuz y los ataques a centrales energéticas en Oriente Medio. La afirmación subraya que, más allá del desplome intradiario del Brent, la estructura de riesgo sigue intacta. Una conversación productiva no borra semanas de guerra ni neutraliza la capacidad de daño de los actores involucrados.

Irán mantiene la presión y busca negociar sin aparecer replegado

Del lado iraní, la estrategia parece orientarse a no quedar atrapado en una capitulación pública. La Guardia Revolucionaria rechazó la idea de que Teherán planee atacar centrales de la región, pero explicitó que responderá “de la misma manera” si Estados Unidos golpea instalaciones iraníes. Al mismo tiempo, se informó que Irán amenazó con minar “todo el golfo Pérsico” si sus islas son atacadas por Washington. La lógica es clara: abrir un margen de negociación sin renunciar a la capacidad de disuasión.

Ese punto importa porque condiciona cualquier escenario de alto el fuego. Una pausa negociada requiere algún tipo de reciprocidad verificable, pero también necesita que las partes no aparezcan debilitadas ante sus propias audiencias y aliados. Por eso el mensaje de Trump evita presentar el proceso como acuerdo cerrado, y por eso Irán mantiene un discurso de respuesta asegurada ante nuevos ataques. Ambos gobiernos están negociando, pero al mismo tiempo están cuidando la imagen de firmeza.

Repercusiones sobre energía, alianzas y gobernabilidad internacional

En términos de correlación de fuerzas, el freno temporal de los ataques fortalece en lo inmediato a los actores que venían reclamando contener el frente energético y asegurar la navegación. También otorga margen a los aliados que dependen del crudo de la región y necesitaban una señal de descompresión. La caída del Brent, por sí sola, ya funciona como un alivio político para esos gobiernos.

Sin embargo, la tregua deja bajo presión a todos los involucrados. Washington queda obligado a mostrar resultados de las conversaciones si quiere sostener el efecto estabilizador del anuncio. Teherán debe administrar la negociación sin que se interprete como retroceso forzado. Y los aliados regionales de ambos bloques seguirán midiendo hasta qué punto la pausa es real o simplemente un compás previo a una ofensiva más focalizada.

También habrá que observar el comportamiento del mercado en las próximas ruedas. Un rebote fuerte del crudo indicaría que el alivio fue leído como meramente táctico. Una consolidación por debajo de los 100 dólares sugeriría que los operadores empiezan a asignar mayor probabilidad a una contención del conflicto sobre la infraestructura energética. En cualquiera de los dos casos, el precio del petróleo seguirá funcionando como indicador político, no solo económico.

Un respiro de mercado, no una paz cerrada

La secuencia de este lunes dejó una imagen potente: una sola decisión presidencial alcanzó para derrumbar el Brent un 13% y alterar el mapa de activos globales. Pero también dejó en claro que la crisis sigue lejos de resolverse. Hubo conversaciones, sí. Hubo una pausa de cinco días, también. Pero el conflicto conserva todos sus puntos de combustión: Ormuz, la infraestructura energética, la capacidad de represalia iraní, la presión de los aliados y la persistencia de operaciones militares en la región.

La próxima semana será decisiva no tanto por lo que ya se dijo, sino por lo que efectivamente ocurra. Si las reuniones avanzan, el mercado podría consolidar la corrección y la diplomacia ganar espacio. Si fracasan, la pausa de cinco días puede quedar como un paréntesis breve antes de una nueva escalada sobre objetivos energéticos, con consecuencias mucho más amplias que las de una simple suba del barril.

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Ormuz se convierte en el nuevo frente de poder de la guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán

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Tres semanas después del inicio de la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, el conflicto empezó a correrse de los objetivos militares inmediatos hacia un punto de impacto global: el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% de las exportaciones mundiales de crudo. Este sábado 21 de marzo de 2026, mientras aumentaron las presiones diplomáticas y militares sobre Teherán para restablecer la navegación, Israel anunció que la semana próxima elevará la intensidad de sus ataques y Donald Trump volvió a dejar una señal ambigua al afirmar que evalúa una reducción gradual de la presencia militar estadounidense en Oriente Medio. La tensión ya no pasa solo por el frente bélico. También se juega sobre el control de una arteria energética decisiva y sobre quién cargará con el costo de estabilizarla.

La escena revela un cambio de escala. Lo que comenzó el 28 de febrero como una ofensiva militar sobre Irán ahora abre una disputa más amplia por la seguridad marítima, el abastecimiento energético y el reparto de responsabilidades entre aliados occidentales. En ese marco, la presión para reabrir Ormuz no es apenas una demanda táctica: es una señal de que la guerra empieza a medirse por sus efectos sobre el sistema económico internacional. Y ahí aparece una tensión central. Mientras Israel plantea profundizar la ofensiva, la Casa Blanca intenta mostrar resultados militares sin quedar atada a una intervención indefinida.

De la ofensiva militar a la disputa por la navegación

Durante este sábado continuaron los ataques en la región. Irán denunció un nuevo golpe contra el complejo de enriquecimiento de uranio de Natanz, mientras el conflicto siguió expandiendo su radio de daño y su carga simbólica. Según la información difundida sobre la operación iniciada el 28 de febrero, Estados Unidos aseguró haber golpeado más de 8.000 objetivos militares, incluidos 130 navíos iraníes, en lo que presentó como una degradación sustancial de la capacidad militar de Teherán.

El líder del Comando Central estadounidense, Brad Cooper.

En paralelo, el foco estratégico se desplazó hacia Ormuz. El jefe del Comando Central estadounidense, Brad Cooper, sostuvo que Washington atacó un arsenal subterráneo en la costa iraní donde se almacenaban misiles de crucero antibuque y otros materiales, además de instalaciones de inteligencia y repetidores de radar utilizados para monitorear movimientos de embarcaciones. La lectura política de esa acción es directa: Estados Unidos busca mostrar que no solo golpea capacidad militar general, sino específicamente la infraestructura con la que Irán puede condicionar la libertad de navegación en el Golfo.

Eso modifica el sentido del operativo. Ya no se trata únicamente de debilitar a Irán en tierra o de responder a sus ataques contra Israel. Se trata de intervenir sobre el punto donde la guerra puede volverse crisis energética global. La administración estadounidense intenta construir así una narrativa de protección de rutas comerciales, una fórmula que le permite ampliar legitimidad internacional incluso entre países que no quieren involucrarse directamente en la ofensiva.

La presión externa crece, pero los aliados no se apuran a militarizar su apoyo

Trump les pidió respaldo a socios de la OTAN y a aliados asiáticos como Japón y Corea del Sur, muy dependientes del crudo de la región, para contribuir a asegurar la navegación en Ormuz. Pero, hasta ahora, ninguno se comprometió a enviar activos militares. Ese dato expone un límite concreto en la coalición que Washington pretende construir: hay coincidencia en la necesidad de reabrir el estrecho, aunque no necesariamente en asumir los costos operativos de esa tarea.

Aun así, la presión diplomática se amplió. Más de una veintena de países respaldaron un llamamiento para que Irán libere la navegación y reduzca la escalada. Ese documento condenó los ataques contra buques comerciales desarmados y contra infraestructuras civiles, incluidas instalaciones de petróleo y gas, y denunció el cierre de facto del estrecho por parte de fuerzas navales iraníes. En esa línea, los países firmantes expresaron disposición a garantizar el paso seguro y a adoptar medidas para estabilizar los mercados energéticos. A eso se sumó un pronunciamiento del G7, que reafirmó su compromiso con la seguridad marítima y con la estabilidad de los suministros globales de energía.

La señal es potente, aunque todavía incompleta. Hay consenso político sobre el problema, pero no está claro si ese consenso derivará en una arquitectura de seguridad efectiva. Esa brecha entre respaldo diplomático y compromiso militar es uno de los elementos más sensibles de esta fase del conflicto.

Israel quiere escalar; Trump quiere administrar la salida

Mientras la presión internacional se concentra en Ormuz, Israel plantea otro ritmo. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, anticipó que junto a Estados Unidos el país se dispone a incrementar la intensidad de los ataques contra Irán la próxima semana y remarcó que no se detendrán hasta alcanzar los objetivos de guerra. La definición endurece la posición israelí y sugiere que Tel Aviv no está en una lógica de contención inmediata, sino de profundización del daño estratégico sobre la república islámica.

Esa postura convive con un mensaje más oscilante de Trump. El presidente estadounidense escribió que está considerando “reducir gradualmente” la presencia militar de su país en Oriente Medio porque entiende que está “muy cerca” de alcanzar sus objetivos. Reuters reportó además que Trump plantea una eventual retirada parcial mientras insiste en que otros países tomen una porción mayor de la carga de seguridad en el estrecho.

La contradicción es evidente y políticamente relevante. Israel habla de intensificar; Trump habla de acercarse al cierre. Uno empuja hacia una nueva fase de presión militar. El otro trata de abrir una salida que no se lea como retroceso. Esa diferencia no implica ruptura, pero sí muestra que la coalición occidental enfrenta un dilema clásico: cómo sostener presión máxima sin quedar atrapada en una guerra de final incierto.

La respuesta iraní: condición para terminar la guerra y exhibición de alcance militar

Del lado iraní, el presidente Masud Pezeshkian afirmó que la condición para terminar la guerra pasa por el “cese inmediato” de las agresiones de Estados Unidos e Israel y por garantías de que esos ataques no volverán a repetirse. Lo hizo en una conversación con el primer ministro de India, Narendra Modi, en la que también planteó la necesidad de un mecanismo regional de seguridad sin intervención de actores externos.

La formulación no es menor. Irán intenta correrse del lugar de actor exclusivamente militarizado y reaparecer con una propuesta de arquitectura regional, aunque esa posición convive con acciones que profundizan la alarma internacional. Entre ellas, el intento de ataque con dos misiles balísticos de alcance intermedio contra la base conjunta de Estados Unidos y Reino Unido en Diego García, en el océano Índico. Ninguno impactó, pero el episodio alteró la lectura estratégica del conflicto porque mostró una capacidad de proyección mucho más amplia de la que se presumía.

Diego García, sede de una importante base militar de Estados Unidos en medio del océano Índico,

Ese dato cambia el mapa. Diego García está a más de 3.000 kilómetros de la costa iraní. Aunque el ataque no haya sido exitoso, la sola posibilidad de que Teherán pueda intentar alcanzar esa distancia reabre la discusión sobre el verdadero alcance de su programa misilístico y sobre la vulnerabilidad de activos que hasta ahora se consideraban relativamente fuera de riesgo. Para Estados Unidos y sus aliados, no es un episodio lateral: es una advertencia estratégica.

El costo humano y el ensanchamiento del conflicto

La guerra también se sigue midiendo en víctimas. Según el embajador iraní ante la ONU en Ginebra, la ofensiva de Estados Unidos e Israel provocó al menos 1.300 muertos en Irán y más de 7.000 heridos. Del otro lado, Irán lanzó 365 misiles contra Israel, de los cuales 270 fueron interceptados. Esos ataques causaron 15 muertos en Israel y 4 en Cisjordania, además de impactos sobre zonas civiles.

Los últimos reportes agregan otro elemento: Irán atacó zonas cercanas a Dimona, mientras el conflicto se extendió a otros frentes regionales y siguió afectando infraestructura energética y rutas comerciales. La dimensión militar, por lo tanto, ya no puede separarse del impacto económico y diplomático. Cada golpe sobre instalaciones sensibles o corredores logísticos incrementa la presión sobre gobiernos que, aun sin participar directamente en la guerra, dependen de la estabilidad regional.

Repercusiones: energía, alianzas y reparto de costos

En términos de correlación de fuerzas, la ofensiva sobre Irán le permite a Israel reafirmar una posición de máxima presión y mantener centralidad en la conducción política del conflicto. También le da margen para insistir en una agenda que incluye el desmantelamiento del programa nuclear iraní y de sus capacidades misilísticas. Pero esa ganancia táctica convive con una dependencia estructural: necesita que Estados Unidos sostenga respaldo militar y diplomático mientras crece el costo internacional del conflicto.

Para Estados Unidos, el escenario es más complejo. Washington puede exhibir resultados militares y un discurso de defensa de la libertad de navegación, pero al mismo tiempo enfrenta la presión de ordenar una salida o al menos de limitar la exposición. Reuters informó que la crisis ya golpea a los mercados energéticos y que el conflicto alrededor de Ormuz agrava las tensiones sobre la inflación y los precios de la energía. Eso explica parte de las señales cruzadas de Trump: necesita mostrarse firme, pero también evitar que la guerra se convierta en un pasivo político más amplio.

En cuanto a Irán, la república islámica conserva capacidad de daño y de perturbación, especialmente sobre la navegación y sobre objetivos de largo alcance. Sin embargo, la presión diplomática se amplía y el margen para sostener el cierre de facto de Ormuz sin mayores costos externos empieza a achicarse. La jugada iraní sigue siendo de resistencia y condicionamiento, aunque ahora enfrenta una coalición más articulada en torno a la seguridad energética.

El estrecho de Ormuz como test de gobernabilidad global

Ormuz dejó de ser un punto geográfico para convertirse en una prueba política. Allí se cruzan la capacidad de coerción de Irán, la voluntad de Estados Unidos de seguir liderando la seguridad marítima, la necesidad europea y asiática de proteger sus suministros y la ambición israelí de sostener la presión militar. Ese nudo explica por qué la discusión sobre el estrecho ya no es secundaria. En este momento, Ormuz condensa el problema central del conflicto: cómo impedir que una guerra regional reordene el mercado energético mundial a fuerza de misiles, bloqueos y costos crecientes.

También funciona como un test de alianzas. Si los socios occidentales respaldan el diagnóstico pero no aportan medios concretos, la carga seguirá concentrada en Washington. Si Trump decide de verdad reducir presencia, deberá probar que existe una estructura alternativa capaz de garantizar el paso. Y si esa estructura no aparece, el margen de Irán para seguir condicionando el tablero seguirá vigente, aun con capacidad militar degradada.

Un soldado israelí utiliza una linterna para inspeccionar los daños causados por las descargas de misiles iraníes que alcanzaron Dimona

Un escenario abierto entre la escalada y la administración del conflicto

En las próximas semanas habrá que mirar tres variables. La primera, si la presión internacional logra traducirse en una reapertura efectiva de la navegación en Ormuz. La segunda, si Israel concreta su promesa de incrementar la intensidad de los ataques y hasta dónde acompaña Estados Unidos ese movimiento. La tercera, si el intento iraní de golpear Diego García termina modificando la evaluación estratégica occidental sobre el alcance real de los misiles de Teherán.

Por ahora, el conflicto entró en una fase donde la disputa ya no se limita al terreno militar clásico. Se juega sobre rutas marítimas, precios globales, coaliciones de seguridad y señales políticas contradictorias entre aliados. Israel presiona para profundizar. Trump busca retener margen de maniobra. Irán intenta resistir sin ceder la carta de Ormuz. Y el resto del sistema internacional observa cómo una guerra regional empieza a redefinir algo más amplio que un frente de combate.

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El fenómeno del k‑pop BTS, impone un récord como el evento musical más grande en Corea del Sur

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El momento que los fans de BTS han estado esperando llegó: los integrantes RM, Jin, Suga, J-Hope, Jimin, V y Jung Kook actuando juntos sobre el escenario por primera vez en casi cuatro años.

En el corazón del regreso de BTS hay un concierto gratuito y público en Seúl para sus fans más fieles. Aunque solo 22.000 recibieron el “Golden Ticket” para asistir, se esperaba que el evento atrajera hasta 260.000 fans, lo que lo convertiría en el mayor concierto público de la historia de Corea del Sur.

El concierto de una hora forma parte de una gira promocional del nuevo quinto álbum de estudio de larga duración de BTS, “Arirang”. Publicado el día anterior y llamado así por una canción folclórica tradicional coreana que funciona como el himno nacional no oficial del país, explora temas como la identidad personal y el sentido de pertenencia. También precede a su gira mundial —la más grande de la banda hasta la fecha—, que abarcará 34 regiones entre abril de 2026 y marzo de 2027. Un documental sobre su esperada reunión, así como el concierto en vivo del regreso, ya está disponible en streaming en Netflix.

Varios fans de BTS que asistieron al concierto se inspiraron en el hanbok, un vestido tradicional coreano. En las semanas previas, las redes sociales se han inundado de inspiraciones de atuendos que incorporan el estilo del hanbok y sus accesorios.

Vivienne Ferrier, que llevaba una cazadora y un vestido ornamentados hasta el suelo, junto con pasadores y accesorios tradicionales para el cabello coreanos, dijo a CNN que había viajado desde Estados Unidos para el concierto. “Elegí los colores rojo y blanco porque el álbum es rojo y blanco, así que quería celebrar lo que nos estaban mostrando. Este es un hanbok tradicional coreano. Y de verdad quería rendirle homenaje”, dijo.

Otros incorporaron toques de morado, el color simbólico de BTS y de su base de fans. Los propios BTS también han apostado por destacar la cultura coreana, al vender pasadores para el cabello, bolsitas y otros accesorios en colaboración con MU:DS, la marca oficial de merchandising del Museo Nacional de Corea.

El concierto se inauguró con los integrantes de BTS caminando hacia el escenario por la histórica “King’s Road”, un camino ceremonial a través del Palacio Gyeongbokgung tradicionalmente reservado para los reyes durante la dinastía Joseon. Cada miembro optó por un look monocromático en blanco y negro, compuesto por tops fluidos, prendas exteriores estructuradas y pantalones de corte holgado. El espectáculo comenzó con una interpretación de “Body to Body”, la primera pista del álbum recién lanzado del grupo, con BTS acompañado en el escenario por bailarines que vestían hanboks y otros atuendos tradicionales coreanos. El grupo también interpretó canciones más antiguas como “Butter”.

Cabe destacar que el concierto fue dirigido por Hamish Hamilton, el director británico reconocido por su trabajo en grandes eventos de entretenimiento, incluido el show de medio tiempo anual del Super Bowl y los premios Oscar, lo que da una idea de la magnitud del regreso de BTS.

BTS vistió ropa fluida y monocromática durante el concierto “BTS The Comeback Live Arirang” en el centro de Seúl el 21 de marzo de 2026.

En declaraciones a CNN por correo electrónico, Hamilton describió la producción como “entre las más desafiantes” en términos de “pura complejidad logística”.

El diseño del escenario, construido por los reconocidos especialistas en eventos y producción Guy Carrington y Florian Wieder, se inspiró en el concepto de un marco de cuadro: “Una estructura que, por un lado, ancla el espectáculo en la energía moderna de BTS y, al mismo tiempo, honra la importancia histórica y cultural del lugar”, dijo. “No queríamos llegar y construir algo que se sintiera en desacuerdo con la ubicación (y) simplemente plantar un concierto en medio de uno de los espacios más sagrados de Seúl”.

Aun así, pese a los amplios preparativos (para alimentar la producción, el equipo está tendiendo 9,4 km de cable eléctrico), mucho depende de que BTS ofrezca una actuación impecable. “Este es un espacio público, lo que significa que no hubo ensayo con la banda en el escenario real antes de la noche, algo con lo que no me había encontrado antes en mi carrera”, dijo Hamilton.

Al reflexionar sobre su experiencia trabajando con BTS, que han estado practicando para su gran regreso dentro de un estudio, lo que más le impresionó a Hamilton fue su compañerismo y la “reflexión y dedicación a su trabajo”, dijo. “Escuchan. Hacen preguntas. Aportan ideas. Se toman el pelo y se ríen juntos. Está claro que son siete amigos que, casualmente, están entre las personas más famosas de la Tierra”.

La ética de trabajo de BTS también ha dejado huella en Hamilton, quien, después de trabajar en el Super Bowl de este año, reunió a los siete integrantes de BTS para volver a verlo juntos. “Querían entender cómo se arma todo esto. Ese nivel de implicación por parte de un artista de esta talla es un verdadero regalo”.

Una asistencia colosal

Considerada ampliamente como la mayor boy band del mundo, BTS ha estado en pausa desde 2022 mientras sus integrantes completaban el servicio militar obligatorio en Corea del Sur, donde casi todos los hombres físicamente aptos están obligados a servir en el ejército durante 18 meses.

BTS en 2022.

Los fans de BTS —conocidos como ARMY (siglas de “Adorable Representative M.C. for Youth”)— comenzaron a hacer fila temprano por la mañana y esperaron para poder acceder a un área vallada dentro de la plaza Gwanghwamun, el espacio público al aire libre en el centro de Seúl que también alberga el famoso Palacio Gyeongbokgung, donde se celebraba el evento del sábado. Quienes no tenían entradas también se reunieron alrededor del recinto, con la esperanza de ver aunque fuera un vistazo de sus ídolos.

“Este es el regreso del siglo”, dijo Hye Jin Lee, profesora clínica asociada de comunicación en la USC Annenberg School for Communication and Journalism en Los Ángeles. “Es la primera vez (en bastante tiempo) que vemos a BTS actuar como grupo. Algunos de los miembros se han centrado en sus carreras en solitario, así que será interesante ver cómo ha cambiado el propio fandom de BTS. Todo el mundo está esperando ver cómo será este regreso”.

Fans de BTS animan antes del regreso de la banda mientras esperan cerca del lugar del concierto en el centro de Seúl el 21 de marzo de 2026.

“Pura alegría” es lo que Hamilton espera que los espectadores se lleven del concierto de este fin de semana. “Cientos de miles de personas van a estar en Seúl, dejándose llevar por la positividad de la música, y millones más lo verán desde todo el mundo. Quienes lo vean desde casa deberían sentirse tan presentes como quienes estén de pie en la plaza Gwanghwamun, sintiendo la emoción del regreso de la banda, el orgullo de Corea en un escenario mundial y el amor entre BTS y el ARMY que ha mantenido esto vivo durante cuatro años de espera”.

Aunque la entrada era gratuita, los asistentes debían reservar con antelación, y las entradas se agotaron de inmediato. Unidades policiales especiales y medidas de seguridad adicionales (incluidas secciones designadas para fans sin entrada y el cierre de sitios e instituciones culturales cercanas, como el Museo Nacional del Palacio de Corea, el Museo Nacional de Historia Contemporánea de Corea y el Centro Sejong para las Artes Escénicas) fueron desplegadas alrededor de la plaza para gestionar la gran afluencia prevista. También se desplegaron perros rastreadores para inspeccionar la zona ese día.

La Policía ha estado celebrando reuniones desde diciembre con el objetivo de garantizar la gestión de multitudes y la seguridad. Según la Policía, se desplegarían cerca de 6.000 agentes y más de 4.000 miembros de personal de seguridad de Hybe.

En una reunión del gabinete a principios de esta semana, el presidentede Corea del Sur, Lee Jae Myung, describió el concierto como “una oportunidad importante para demostrar la excelencia de la K-culture y la alta posición de Corea del Sur ante el mundo”, al tiempo que subrayó que la seguridad debe ser la máxima prioridad. Señaló que todas las autoridades pertinentes “deben mantenerse en máxima alerta y prepararse a fondo para todas las situaciones posibles”, incluidas “posibles amenazas terroristas”, aunque “la probabilidad no sea alta”.

Una relación altamente interactiva

BTS no es ajeno a ofrecer actuaciones gratuitas y de acceso público. En 2022, unos 50.000 asistentes llenaron el estadio Asiad en Busan —la segunda ciudad más poblada de Corea del Sur después de Seúl— para el concierto gratuito de BTS “Yet to Come in Busan”. El evento emblemático, destinado a apoyar la candidatura de Corea del Sur para albergar la Exposición Mundial de 2030, incluyó la primera interpretación en vivo del grupo de “Run BTS” y fue disfrutado por millones más que lo siguieron en línea. Este tipo de iniciativas son organizadas predominantemente (y también financiadas) por su agencia HYBE, con el apoyo de patrocinadores corporativos.

Una seguidora de BTS vista a través de mensajes escritos por otras personas durante un evento en Seúl en marzo de 2026 para promocionar el nuevo álbum del grupo.

Una seguidora de BTS vista a través de mensajes escritos por otras personas durante un evento en Seúl en marzo de 2026 para promocionar el nuevo álbum del grupo.Kim Hong-Ji/Reuters

El enorme evento de este fin de semana marcó la primera aparición de BTS con todos sus integrantes en años y consolidó la conexión excepcionalmente profunda del grupo de k-pop con su vasta base de fans. En el centro del éxito de BTS está la comunicación altamente interactiva y constante que mantienen con ARMY. Apenas un mes antes, por el Día de San Valentín, BTS instaló muros de rosas en Seúl, Los Ángeles y Londres. Quienes visitaron estos pop-ups recibieron rosas gratis con códigos QR que enlazaban a una página interactiva que incluía una lista de reproducción musical seleccionada por sus integrantes. Al mismo tiempo, plantearon una pregunta críptica —“¿Cuál es tu canción de amor?”— que apareció en vallas publicitarias de todo el mundo.

“Mientras que los artistas pop occidentales y sus fans tienden a mantener una relación jerárquica convencional —celebridades como ídolos y fans como adoradores—, los ídolos del k-pop y sus fans a menudo construyen su relación más como socios comerciales”, dijo Stephanie Choi, profesora asistente de etnomusicología en la Universidad de Colorado Boulder. Ella cree que es un movimiento astuto. “Los fans funcionan como los promotores más eficaces, que son quienes mejor conocen a los ídolos”, dijo Choi, señalando que eventos como el concierto gratuito “generarían historias adicionales e historias compartidas que fortalecen aún más la relación ídolo–fan”.

Combinado con los temas del nuevo álbum de BTS, añadió Choi, esto también ayudaría a “promover el turismo entre los fans internacionales”.

Kim Yu-hyuk, analista del banco de inversión con sede en Seúl IBK Investment & Securities, estima que el regreso de BTS generaría al menos 2,9 billones de wones surcoreanos (unos US$ 1.930 millones), una cifra que, según Bloomberg, podría llegar a rivalizar con los US$ 2.000 millones de ingresos de la gira “Eras Tour” de Taylor Swift. “Arirang” ya supera los 4 millones de pedidos anticipados, y se espera que las ventas acumuladas alcancen aproximadamente 6 millones de copias, escribió, describiendo el impulso de la banda como “fuerte”. Añadió: “Se espera que este regreso vaya más allá del desempeño de BTS y sirva como una oportunidad para ampliar la trayectoria de crecimiento general de la industria del k-pop”.

El nuevo álbum de BTS ha generado mucha conversación sobre los significados detrás de su nombre, “Arirang”. Se cree que la canción coreana de la que toma su nombre se originó al menos durante la dinastía Joseon (1392–1910) y existe en cientos de variaciones. Al simbolizar identidad cultural, resiliencia y unidad, la melodía pasó a representar la resistencia coreana durante el dominio colonial japonés (1910–1945) y hoy cuenta con el reconocimiento de la UNESCO.

Una pareja se toma una selfie cerca de una pancarta que promociona un concierto de regreso de BTS en la plaza Gwanghwamun, en Seúl, esta semana.

El tráiler de Netflix del concierto público, en el que aparece BTS con el palacio como telón de fondo tanto de día como de noche, sugería una especie de regreso cultural a casa para los integrantes, en un momento en que los jóvenes coreanos están redescubriendo activamente su herencia y redefiniendo su cultura para adaptarla a sus gustos.

Por ejemplo, aunque el hanbok normalmente se ha usado en ocasiones más especiales y no tanto de manera casual, se ha vuelto tendencia entre los locales y también a nivel internacional, a medida que estrellas del k-pop, incluidas BTS y Blackpink, lucen versiones modernizadas en sus videoclips. También se puede ver a muchos jóvenes visitantes de palacios antiguos y otras atracciones turísticas de Seúl alquilando hanboks en tiendas de renta, mientras que algunas marcas de moda lo han reinterpretado para un estilo de vida moderno.

Un camino a seguir para el k-pop

El regreso de BTS sin duda será observado con lupa, y hay quienes esperan que el grupo aporte energía renovada a la industria del k-pop, donde un número creciente de artistas no es étnicamente coreano. Muchos también cantan en coreano, además de en inglés y japonés. (Cuando Blackpink lanzó su nuevo miniálbum “Deadline” en febrero, fue distinto a su música anterior en que las canciones eran casi por completo en inglés). También se están formando grupos más nuevos, que se basan en el marco tradicional del k-pop pero cantan en idiomas distintos del coreano: Katseye en Estados Unidos, Santos Bravos de América Latina y DearALICE en el Reino Unido.

Fans que no pudieron conseguir entradas se toman selfies con boletos hechos por fans como recuerdo en la plaza Gwanghwamun, que será el lugar del concierto de regreso de BTS.

Fans que no pudieron conseguir entradas se toman selfies con boletos hechos por fans como recuerdo en la plaza Gwanghwamun, que será el lugar del concierto de regreso de BTS.Kim Hong-Ji/Reuters

“Lo que me parece interesante es que el título del álbum de BTS lleva el nombre del espíritu de Corea”, dijo Lee, de la USC Annenberg School. “Cuando se reveló, mucha gente se emocionó. Decían: ‘Oh, BTS va a mostrar cómo se puede hacer el k-pop’. Pero las 14 canciones (del nuevo álbum) tienen títulos en inglés y los nombres asociados a estos temas son como Ryan Tedder (compositor y productor discográfico estadounidense) y Diplo (DJ y productor musical estadounidense), así que ha habido cierta confusión sobre si será música más occidental”.

El viernes, cuando BTS lanzó el primer video musical de una canción (“Swim”) de su nuevo álbum, algunos espectadores lo interpretaron como un giro estratégico hacia el mercado del pop occidental. Con BTS a bordo de un barco deslizándose sobre un océano resplandeciente, la canción está cantada íntegramente en inglés. También participa la actriz estadounidense Lili Reinhart, conocida sobre todo por su papel en la serie dramática juvenil “Riverdale”, y fue dirigido por Tanu Muino, quien ha trabajado en videos nominados al Grammy para Lil Nas X y Harry Styles.

BTS zarpa en el “Arirang”: así es el video de “Swim”, su nuevo sencillo

A medida que BTS avanza en esta dirección, ¿corren el riesgo de perder el favor de los fans? Al fin y al cabo, constantemente surgen nuevos talentos y, durante su pausa, han empezado a pisarles los talones. Stray Kids, por ejemplo, ha superado a BTS en la ruptura de récords en la lista Billboard 200, al conseguir la mayor cantidad de álbumes consecutivos en el puesto número 1 entre los actos de k-pop hasta septiembre de 2025.

En opinión de Lee, hará falta mucho más que eso. “Si solo miramos los números, entonces parece que estos grupos se están acercando. Pero cuando se trata del poder de marca, no estoy segura de que sea lo mismo. Stray Kids han tenido mucho éxito, pero no tienen el mismo nivel de reconocimiento de nombre en Corea”; en particular entre una base de fans multigeneracional, dijo Lee. “Hay un orgullo nacional ligado al éxito de BTS”.

Fans de BTS antes del concierto de regreso.

Tan sólida es la posición de BTS que, según Lee, incluso políticos locales están intentando subirse a su éxito. “Con las elecciones de mitad de mandato que se acercan en Corea, algunos políticos ven el concierto como una buena oportunidad de relaciones públicas… y lo están usando para destacar sus logros, aunque no hayan hecho nada (para que BTS actúe)”, dijo. “El k-pop siempre ha sido una parte importante del esfuerzo del Gobierno por aumentar su poder blando. El hecho de que BTS pueda usar el palacio para su actuación se debe a que han obtenido la aprobación de la ciudad de Seúl… que ve esto como algo que beneficia a Corea y que resalta la cultura y el patrimonio coreanos”.

“Solo un grupo del calibre de BTS puede hacer que esto suceda”.

Con información de Yoonjung Seo y Gawon Bae, de CNN.

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