EN FOCO

Marzo y abril los meses en que las paritarias definen de cuánto será la inflación

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Escriben Mg. Guillermo Knass, y C.P. Martín Leiva Varela, ECONEA. Dentro de los objetivos de la economía que puede tener un gobierno, los que repercuten “directamente” sobre la generalidad de la población, son principalmente dos:

1 – Lograr un mayor crecimiento (que incluye principalmente un crecimiento del consumo de las familias).

2 – Bajar la inflación.

En un año electoral, donde tener el control del Congreso es un factor clave para transitar los dos años restantes con una relativa tranquilidad institucional al menos, y soñar con tener una continuidad de otros cuatro años al frente de la Casa Rosada;  el gobierno no se puede dar el lujo de no cumplir estos objetivos. Dado que el primer enunciado se está demorando más de lo esperado, por ende, no queda otra que seguir apostando al segundo de los reclamos que es: “La baja de la inflación”.

La inflación es un fenómeno multicausal porque depende de varias cuestiones: expectativas, devaluación, emisión, déficit fiscal, entre otros, que puede surgir por la variación de alguna de estas variables de manera individual o de todas juntas. Esto es conocido en nuestro país y las autoridades responsables de controlar las mismas lo saben. Con el panorama estudiado hicieron un importante anuncio que se transcribe textual en el cuadro siguiente:

Tal anuncio efectuado en septiembre del año pasado cuando el banco central presentó su ambicioso plan de llegar a una inflación anual del 17 %. Dicha meta hace suponer que el gobierno tiene la receta para actuar eficazmente sobre las variables que causan inflación y poder llevarla a un nivel en menos de la mitad que la del 2016. Si bien, muchas de las variables enunciadas dependen de acciones directas del gobierno, otras no pueden ser influenciadas o controladas tan fácilmente: una de ellas son las negociaciones paritarias, que representan acuerdos que surgen de las tratativas entre los sindicatos de trabajadores y las cámaras de empleadores, que entre muchas otras cosas, definen los aumentos de sueldos del año con el fin de no perder el poder adquisitivo del salario en virtud de la inflación estimada.

Las paritarias pueden clasificarse en públicas o privadas, en principio si los empleadores son empresas privadas o el estado; luego pueden ser nacionales provinciales o locales dependiendo de cada sector y las facultades que se tenga para negociarlas. (Las que abarcan mayor cantidad de empleo público son provinciales).

Cuáles son los parámetros para negociar las paritarias: en la Argentina el principal factor que se tira sobre la mesa de negociaciones es la inflación, y principalmente la inflación pasada, que si consideramos la del periodo 2016, alcanzó al 40 %, que de acuerdo a quien la estime nos estaría diciendo que ese es el pedido de aumentos para este año.

Existen sectores como los empleados de seguros que lograron un 35 %, aeronáuticos 44%, bancarios 24 % parcial. Esto que en principio podría verse como una buena noticia dado que son aumentos de privados, por ende, en su mayoría no le cuesta al Estado, implicando un mayor poder adquisitivo y por ende, mayor consumo y más rápida reactivación, que en realidad, también es un problema para las metas de inflación del Gobierno por los siguientes motivos:

  1. Si algunos sectores consiguen esos aumentos, esto empujaría a que los otros busquen lo mismo, incluso los estatales.

Esto se transforma en una tenaza para las provincias a las que el gobierno nacional les exige austeridad y deben enfrentar estos aumentos, llevando tal situación a una mayor presión sobre el déficit fiscal, que también presiona sobre los precios.

  1. El modelo dice que los aumentos de sueldos que no se justifican en aumentos de productividad (inexistentes en una economía que no se reactiva) se trasladan a los precios, con lo que podemos sintetizar que los aumentos de sueldo de hoy son los aumentos de precio del año, y estos están lejos de la pauta oficial pretendida.

Como agravante a esta situación, el año pasado tuvimos en promedio una pérdida del salario real de un 6 %, o sea que los aumentos de sueldo fueron menores a la inflación. Con lo que si los gremios parten es sus discusiones de la pérdida del año pasado más la inflación esperada por el gobierno ya estamos en aumentos mínimos del 23 %, 25 % promedio general del país según estimaciones privadas, que para pagarlos un empleador (suponiendo que el único costo para la producción de bienes y servicios es la mano de obra) debería vender un 23/25 % más (difícil en estos momentos) o aumentar los precios en un 23/25 % (inflación).

¿Entonces?

Si los aumentos en promedio se están negociando a un 25 % y la inflación estimada es del 17 % esto implicaría un aumento del poder adquisitivo fenomenal en un año complicado.

Ahora… evidencia histórica en la Argentina demuestra que el nivel de precios está bastante ligado al nivel de salarios ( ver gráfico final ), si este postulado se cumple el gobierno nacional tendrá un importante desafío por delante, como dejar que los sueldos suban con la inflación bajando; y a esto debemos sumarle la política cambiaria, el dólar esta barato y el gobierno no quiere devaluar, aumentos de sueldo sin devaluación son aumentos de sueldo en dólares, lo que hace menos competitivo al país y atrasa aún más la recuperación económica. Entonces devaluamos, pero devaluar también implica aumentos de precios que alejan aún más la ambiciosa meta de inflación buscada por el gobierno.

De los resultados de las paritarias depende, en gran parte, el cumplimiento de los objetivos del gobierno….¡¡¡SUERTE!!!

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¿Por qué baja el dólar?

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Escriben Martín Leiva Varela y Guillermo Knass, ECONEA. Quizás la primera pregunta que debemos hacernos es: ¿baja el dólar?,  ya que en realidad desde que salimos de la Convertibilidad comprar un dólar con nuestros pesos vale 15,72, en tanto que, comprar un dólar en el año 2000 (vigencia de la convertibilidad) se necesitaba solo un peso, es decir, hoy necesito 14,72 pesos más de lo que necesitaba antes.

Esto es lo que se denomina tipo de cambio nominal, y es simplemente el precio que tiene la moneda extranjera. En este caso, podemos decir que el dólar viene subiendo desde que salimos de la Convertibilidad con algunos periodos de breve estancamiento.

 

Pero el precio del dólar es simplemente un precio más de la economía y el valor en sí, no nos dice nada, lo que nos interesa es el tipo de cambio real, que en realidad es un índice que nos muestra cómo están los precios en nuestro país con respecto a los precios en dólares de, por ejemplo, Paraguay. Si vivo en Posadas, Iguazú o cualquier ciudad que límite con Paraguay y a la hora de comprarme cosas, voy comparando precios, descubro que cada vez está más barato en Paraguay que acá y esto ocurre cuando el precio del dólar (nominal) no sube o sube menos que la inflación, originando que las cosas se vuelven más caras en dólares en Argentina o, lo que es lo mismo, más baratas en el país vecino. Por esto, se dice que el dólar baja, y se mide por medio del tipo de cambio real, indica que es más barato comprar dólares o lo que es lo mismo, comprar cosas con precios en dólares como se está viendo en la actualidad en nuestra Provincia.

Si analizamos el tipo de cambio real la gráfica nos muestra lo siguiente:

Nótese que medido así el dólar viene bajando ininterrumpidamente desde que tuviera su pico en 2002.

¿Qué ocurre con esto?, cuando el dólar baja de tal manera, influye positivamente en las Importaciones (compra de bienes y servicios a otros países), porque resulta más barato efectuar las adquisiciones afuera que en tu país y negativamente en las Exportaciones (venta de bienes y servicios que se le realizan a otros países), porque tus productos locales son más caros que los que te ofrecen los demás países.

¿Es bueno o es malo?

El valor del dólar (tipo de cambio real) define el modelo de desarrollo económico que tenemos, los cuales podríamos sintetizarlo en tres medidas:

Tipo de cambio alto: Modelo de desarrollo de la industria y los bienes con valor agregado. Es un tipo de cambio que favorece a la producción nacional, tanto para las exportaciones, como para la sustitución de importaciones, ya que los productos importados se vuelven más caros. Siempre que se tuvo un tipo de cambio alto en el país, se observó un acelerado crecimiento y creación de puestos de trabajo.

Tipo de cambio medio: Modelo agroexportador: Es viable para el desarrollo agropecuario del país, principalmente el de la Pampa húmeda, ya que es un tipo de cambio rentable para exportar materias primas y no muy alto para comprar maquinarias e insumos para la producción agrícola.

Tipo de cambio bajo: o dólar barato o plata dulce: Es un modelo que favorece el negocio financiero y el consumo de productos importados o las compras en el exterior que es lo mismo.

En la práctica es un poco difuso definir en qué tipo de cambio estamos, pero si vemos que es mucho más conveniente comprar afuera que adentro, que las industrias cierran y se destruye el empleo, la historia nos demuestra que; como en el 80-81 o durante la convertibilidad; estamos con un dólar demasiado bajo.

¿Por qué baja?

Actualmente baja por muchos factores, el blanqueo, la nueva etapa de endeudamiento, las tasas altas, en fin, cuestiones del mercado. El Gobierno ve como una buena señal que el dólar baje por si solo ya que es un signo de confianza y que no haya que salir a vender reservas para que no suba. Pero la realidad es que indirectamente se hace mucho para que el dólar se mantenga bajo. Y ¿para qué?

Una de las ventajas del dólar barato es que le da al asalariado un mayor poder de compra, por eso las colas a Paraguay. El fin de semana pasado se calculó que pasaron alrededor de 150.000 personas, de acuerdo a las declaraciones del delegado de la delegación  local de la dirección de Migraciones, y en un año electoral conviene que el sueldo rinda más, aunque sea en otro país. El problema es que este poder es artificial y alguien lo está financiando (por eso el incremento de deuda en más de 40.000 millones de dólares en 2016). Pero como ya pasó siempre cuando se corta el crédito externo el dólar barato nos hace saltar por los aires y la historia termina como en diciembre del 2001.

Misiones, cuya superficie limita en más de un 80 % con los países de Paraguay y Brasil, padece en mayor magnitud un tipo de cambio real bajo (dólar barato), originado por el incremento de la inflación en mayor proporción que la variación del tipo de cambio nominal, que años atrás no impactaba negativamente en mayor magnitud como en la actualidad, por las restricciones en la compra de divisas (cepo cambiario) que estaba vigente hasta mediados de diciembre del 2015. Asimismo, nuestros hermanos paraguayos cuentan con una menor presión tributaria, la cual asciende al 22 % en términos del PBI en el año 2015, en tanto que en la Argentina alcanzó el 36,6 % en términos del PBI (las Provincias inciden en 5 puntos), tal diferencia en más de 15 puntos porcentuales agrava aún más la diferencia en el intercambio bilateral, que origina una fuga en las ventas provinciales en un importe no menor a los 900 millones mensuales.

Pero con el dólar alto ¿gano menos?

Si bien es cierto que las devaluaciones hacen que el salario pierda poder de compra, porque hacen que aumenten los precios de los bienes y servicios importados, en el mediano plazo provoca una reactivación porque se exporta más y se vuelven a abrir empresas que no podían competir con los importados en un esquema de dólar barato. El modelo neoclásico del mercado de trabajo dice que, si baja el desempleo los salarios aumentan, con lo que la baja de sueldos por subir el dólar se recuperaría de una forma más genuina y sólida que es a través de mayor cantidad de trabajo y producción, y no a través del endeudamiento.

Conclusión:

Lo barato sale caro decía paradójicamente una propaganda de industria nacional que no pudo sobrevivir a la Convertibilidad. El dólar que tenemos es el país que queremos.

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Yerba a 50 centavos de dólar: los ingresos de los productores aumentarían en dos mil millones de pesos

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El gobernador Hugo Passalacqua sentó posición con claridad en medio del conflicto yerbatero. “Ratificamos una vez más nuestra postura de defender la producción y sobre todo, al pequeño productor”, dijo después de una reunión del gabinete económico. Después, abundó: retomó una idea expuesta el año pasado por el presidente de la Legislatura, Carlos Rovira, y sugirió que el precio de la materia prima debe valer 50 centavos de dólar, algo así como 7,50 pesos, bastante alejado de los 5,10 pesos que los productores no logran cobrar actualmente.

Al margen de las discusiones sobre las responsabilidades en el incumplimiento de los precios, desde hace un tiempo se observa una pérdida del poder adquisitivo de los productores que va más allá de poder cobrar lo pactado.

Al observar la evolución del precio de la hoja verde puesta en secadero según los diferentes incrementos efectuados, ya sea mediante el laudo nacional (gran parte de los casos) o por resolución del directorio del INYM, el precio de diciembre del 2014 al mes de enero de 2017, se incrementó nominalmente en un 29,11 por ciento pasando la tonelada de 3.950 pesos a  5.100 pesos (a partir de octubre de 2016). Ese aumento está claramente por debajo de la inflación observada mediante mismo lapso temporal (+75 %), por lo que el pequeño productor tuvo una caída en su ingreso real por kilogramo de cosecha de alredor del 26,23 por ciento.

La propuesta del Gobernador, que gira en torno claramente del lado del productor, por su visión integradora y a fin de mejorar la actual distribución del ingreso en la economía yerbatera, sugiere que el precio de la hoja verde pase a estar $ 7,87, que corresponde al 0,5 u$s por dólar, representando así, un incremento del 54 % de la hoja puesta en secadero.

La iniciativa del Gobierno provincial en relación a la potencial determinación del laudo nacional, implicará en primer lugar, una recuperación del poder adquisitivo perdido por los pequeños productores, y en segundo lugar, al determinarse en función al dólar, el mismo quedará atado a la variación de la cotización del dólar que favorecerá su rentabilidad.

Asimismo, dicha propuesta tiene como eje la distribución del ingreso, concentrada gran parte en los intermediarios (cadenas de supermercados, entre otros), partiendo de que la producción de la yerba mate (hoja verde), es principalmente realizada por pequeños productores, que son propietarios de tierras menores a 20 hectáreas, y que conforme a los datos del INYM los mismos ascienden a 16.842 productores representando el 90,47 por ciento del total (18.615 productores) y que a su vez tienen una participación del 54,43 por ciento del total de hectáreas cultivadas.

De concretarse el aumento, con el mismo ingreso de hoja verde a los establecimientos de Misiones, según las declaraciones juradas de los operadores ante el INYM del 2016, que alcanzó a los 707.267.262 kilogramos, el ingreso provincial (por medio de los productores) se incrementaría en 1.959.130.315,74 (+54 por ciento), pasando de 3.607.063.036,2 pesos (si se mantuviera el precio de 5,1 pesos) a 5.566.193.351,94 pesos (teniendo en cuenta el 50 por ciento del dólar vigente a la fecha 15,72 pesos).



 

Se puede observar en el gráfico precedente, que la evolución del precio de la hoja verde puesta en secadero, estuvo por debajo de la variación de los precios y de la variación del tipo de cambio (cotización del dólar), siendo esta última superior a los demás, particularmente después del salto que se dio tras el levantamiento del cepo cambiario en diciembre/15, por lo que, si el precio de la hoja verde hubiera estado en función al dólar desde dic/14, los productores hubieran tenido un incremento del poder adquisitivo del 6 % en tal horizonte.
 

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