INTERNACIONALES

Uruguay lanza a la venta una variedad de cannabis con mayor nivel de psicoactividad

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El Gobierno de Uruguay lanzará a la venta una tercera variedad de cannabis con mayor nivel de tetrahidrocannabinol (THC), el cannabinoide que presenta mayor nivel de psicoactividad de los que son conocidos, anunció el director ejecutivo del Instituto de Regulación y Control del Cannabis (Ircca), Juan Ignacio Tastás, durante la novena edición de ExpoCannabis Uruguay.

“Esta tercera variedad, de alguna manera, va a tener un nivel de THC (tetrahidrocannabinol), o elemento psicoactivo, menor o igual al 15%; por lo tanto, se estaría acercando mucho más a lo que muchos clientes o personas estaban demandando. Se asemeja mucho más a los niveles de THC que se pueden tener en los clubes. Eso era un debe muy importante”, detalló Tastás.

La nueva variedad de cannabis “podría estar disponible en las 30 farmacias habilitadas el próximo 20 de diciembre”, informó ExpoCannabis en un comunicado de prensa.

Tastás también adelantó que se encuentra en elaboración una cuarta variedad “que posiblemente esté lanzándose sobre diciembre del año que viene” y que analizan cómo garantizar el acceso universal.

“Estamos 100% de acuerdo de que tiene que haber una normativa que se modifique legislativamente para que cualquier persona dentro del territorio nacional mayor de 18 años pueda acceder al cannabis mediante los canales legales y reducir ese mercado gris que hoy existe”, planteó Gonzalo Maciel, del Ministerio de Industria, Energía y Minería.

Otras novedades anunciadas por la Junta Directiva del IRCCA son la apertura de un registro de semillas y esquejes para privados y el aval oficial para que las empresas que cultivan para el Estado puedan desarrollar sus propias genéticas, con el objetivo de aumentar y variar la oferta.

Desde el viernes y hasta el domingo se desarrolla la novena edición de ExpoCannabis Uruguay, una feria en la que participan el Estado, organizaciones sociales, agentes privados, academia, usuarios y la planta viva de cannabis, que no promueve el consumo, sino que “aporta a la normalización de la regulación en Uruguay y el continente”.

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Países Bajos superó a Estados Unidos en octavos y espera por Argentina o Australia

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Países Bajos le ganó a Estados Unidos por 3 a 1 en el estadio Internacional Khalifa, por los octavos del Mundial de Qatar, y ahora esperará en los cuartos de final al vencedor de Argentina y Australia.

Los goles de Memphis Depay (10m.), Daley Blind (45m.) y Denzel Dumfries (36m. ST) le dieron la ventaja a los neerlandeses frente a un inocente rival, Estados Unidos, que será uno de los tres organizadores de la Copa del Mundo 2026 (con México y Canadá).

El descuento norteamericano lo marcó Haji Wright (31m. ST).

La principal diferencia entre los equipos estuvo en la efectividad con correlación a la generación futbolística. Países Bajos tuvo pocas pero convirtió, mientras Estados Unidos tuvo control de pelota, más intentos al arco y menor contundencia.

Estados Unidos salió de entrada a “comerse” el partido, con muchos jugadores en ataque, rotaciones constantes en las posiciones y una sensación constante de dominio asfixiante para las últimas líneas de Países Bajos.

Tan sólo unos minutos tardó el conjunto estadounidense en poner de cara al gol a su figura, Christian Pulisic, que cada fin de semana es protagonista con Chelsea de Inglaterra, pero una reacción rápida del arquero neerlandés Andries Noppert evitó el 1 a 0 tempranero con una atajada al estilo handball, con piernas y brazos abiertos y su presencia de 2.03 metros en el achique.

El equipo de Louis van Gaal no negoció su origen, cuidó la pelota, y así nació el primero de Memphis Depay, en una jugada que comenzó en los pies de Frenkie de Jong en el área chica propia, ensanchó la cancha y se puso en ventaja cuando todo era desfavorable.

A partir del nuevo escenario, Estados Unidos modificó la forma de buscar el gol -dejó atrás la verticalidad-, los espacios del inicio desaparecieron, los últimos 20 metros se volvieron una zona pantanosa como sucedió en la fase de grupos y le costó armar sociedades, al tiempo que Países Bajos esperó con paciencia para la velocidad de sus delanteros.

La juventud e inocencia de una selección como Estados Unidos, la segunda más baja en promedio de edad del Mundial (25 años y 2 meses), se notaron sobre todo en algunas fallas en defensa cuando salieron con pelota dominada. Es que sus defensores carecen de talento para meter pelotas entre líneas y al verse presionados cometieron errores que le generaron problemas en su propio arco.

Con la misma fórmula, Países Bajos volvió a marcar: subida de Denzel Dumfries, centro atrás y aparición de Daley Blind para empujarla y darle tranquilidad del 2 a 0 al final del primer tiempo.

El equipo europeo le quitó ritmo a las transiciones y con las variantes de Teun Koopmeiners y Steven Bergwijn en el entretiempo también le sacó ese monopolio de la pelota a los estadounidenses.

La decisión fue clara: no salir a defender la ventaja de manera pasiva y sí realizarlo desde una forma activa, con la pelota y alejándolos a los puntas estadounidenses de la zona de peligro.

El desarrollo del segundo tiempo se mantuvo durante varios minutos bajo las reglas neerlandesas, sin demasiado sufrimiento, algo clave para la poca recuperación entre los partidos.

Sin embargo, una falla de Memphis Depay en la salida le dio una chance inmejorable a Estados Unidos, que estaba dormido, y llegó el descuento tras una carambola en los pies del ingresado Haji Wright.

Poco le duró la esperanza a los últimos representantes de la Concacaf, ya que Denzel Dumfries, la figura de la cancha, liquidó todo enseguida.

Países Bajos sigue en carrera, con la misión de romper el maleficio histórico de no ser campeón mundial, a pesar de las finales jugadas en 1974, 1978 y 2010.

= Síntesis del partido =

Países Bajos: Andries Noppert; Jurrien Timber, Virgil van Dijk y Nathan Aké; Denzel Dumfries, Marten de Roon, Frenkie de Jong y Daley Blind; Davy Klaassen; Cody Gakpo y Memphis Depay. DT: Louis van Gaal.

Estados Unidos: Matt Turner; Sergiño Dest, Walker Zimmerman, Tim Ream y Antonee Robinson; Yunus Musah, Tyler Adams y Weston McKennie; Jesús Ferreira, Timothy Weah y Christian Pulisic. DT: Gregg Berhalter.

Goles en el primer tiempo: 10m. Depay (PBA) y 45m. Blind (PBA).

Goles en el segundo tiempo: 30m. Wright (USA) y 36m. Dumfries (PBA).

Cambios en el segundo tiempo: Antes de comenzar, Teun Koopmeiners y Steven Bergwijn por Davy Klaassen y Marten de Roon (PBA), Giovanni Reyna por Jesús Ferreira (USA), 21m. Haji Wright y Brenden Aaronson por Timothy Weah y Weston McKennie (USA), 29m. Brenden Aaronson por Sergiño Dest (USA), 37m. Xavi Simons por Memphis Depay (PBA), 45m. Jordan Morris por Antonee Robinson (USA), 49m. Matthijs de Ligt y Wout Weghorst por Cody Gakpo y Nathan Aké (PBA).

Amonestados: Koopmeiners (PBA).

Árbitro: Wilton Pereira Sampaio (Brasil).

Estadio: Khalifa International (Doha, Qatar).

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Trazar el rumbo hacia la protección social universal

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Escribe Michal Rutkowski – El mundo está saliendo lentamente de la pandemia de COVID‑19. Es el momento oportuno para hacer un balance de las consecuencias que ha tenido la respuesta a la pandemia para el sector de la protección social y definir nuevas prioridades estratégicas.  La historia muestra que las crisis a menudo pueden acelerar los avances en la protección social dado que, en esas situaciones, se valora en mayor medida su importancia, se extraen enseñanzas sobre las deficiencias de los sistemas reveladas por la crisis y se generan conocimientos prácticos a partir de la respuesta. Todo esto se verifica en el caso de la pandemia de COVID‑19.

Con esto en mente, en el Banco Mundial hemos comenzado a actualizar nuestra estrategia sectorial sobre protección social y trabajo (PST), también denominada “Brújula de la PST” (i). Esta estrategia orienta la labor que llevamos adelante con los países para que puedan asimilar las lecciones derivadas de la pandemia de COVID‑19 y, lo que es más importante, desarrollar progresivamente sistemas de protección social universal (PSU) que los ayuden a resguardar y apoyar mejor a su población en el futuro, comenzando siempre por los más pobres y vulnerables.

La COVID‑19 catalizó miles de medidas de protección social, pero el compromiso de los países en esta área no queda del todo claro

La pandemia demostró ser un importante agente catalizador para intensificar el énfasis mundial en la protección social. Durante 2020 y 2021, los países de todo el mundo implementaron cerca de 4000 medidas de protección social para responder a los impactos económicos (PDF, en inglés). Tan solo las transferencias monetarias beneficiaron a unos 1400 millones de personas, es decir, a 1 de cada 6 personas en el mundo. El Banco Mundial duplicó el volumen que tenía su cartera de protección social antes de la COVID‑19 y proporcionó más de USD 14 000 millones a 60 países —16 de ellos afectados por situaciones de fragilidad y conflicto—, con lo que benefició a más de 1000 millones de personas en todo el mundo.

Si bien esta respuesta no tuvo precedentes y fue acompañada de numerosas innovaciones, la velocidad, la escala y el alcance de la asistencia social proporcionada variaron ampliamente de un país a otro. Muchos países se vieron frente al desafío de satisfacer las necesidades del sector informal, y los sistemas de prestación de servicios a menudo no lograron llegar al “nivel intermedio perdido” de la distribución del ingreso.

En resumidas cuentas, no está claro si los acontecimientos de los últimos años impulsarán definitivamente a los países hacia un compromiso más profundo con la protección social. 

Hay algunas señales preocupantes. Justo cuando habían comenzado a recuperarse de la pandemia, los países se vieron afectados por otra fuerte conmoción mundial, que se presenta en la forma de inflación de los precios de los alimentos y los combustibles. Una vez más, los países han respondido (i). Pero mientras que en la respuesta a la COVID‑19 se utilizaron mayoritariamente programas de transferencias monetarias focalizadas, la respuesta a la nueva crisis se ha basado mucho más en los subsidios, en particular a los combustibles, los alimentos y los servicios públicos, que por lo general no son focalizados. Estas medidas pueden resultar útiles, pero tienden a ser mucho menos progresivas y eficientes que otras alternativas.

Desarrollar sistemas de PSU para abordar conmociones futuras

¿Qué deberíamos entonces aconsejar a los responsables de formular políticas para ayudarlos a evitar estos obstáculos? En resumen, ahora más que nunca, los países deben desarrollar sistemas de PSU (i). Es probable que las crisis se vuelvan más frecuentes a medida que las tendencias mundiales a más largo plazo (como la naturaleza cambiante del trabajo, los cambios demográficos, el cambio climático, los conflictos y la fragilidad) reconfiguren las economías y las sociedades.

Y estas tendencias influyen en la forma en que los países organizan sus sistemas de protección social. En un marco de PSU, los programas referidos a las áreas de asistencia social, seguro social y mercado laboral deben funcionar coordinadamente como un sistema integrado que garantice que todas las personas puedan obtener un apoyo eficaz  en el momento y de la forma en que lo necesiten, y que les permita enfrentar estas crisis reiteradas y generar medios de subsistencia sólidos y sostenibles.

En este sentido, hemos identificado cinco grandes áreas estratégicas para respaldar a los países:

  • En primer lugar, a fin de desarrollar sistemas de PSU sostenibles desde el punto de vista fiscal y político, los países deben formular para el sector una visión a más largo plazo que pueda orientar el desarrollo de sus programas e instituciones. Tener una visión clara puede ayudar a los Gobiernos a avanzar hacia la PSU de manera coherente y gradual, y a evitar tomar medidas que puedan socavar su concreción.
  • En segundo lugar, dadas las grandes deficiencias existentes, es necesario ampliar considerablemente la cobertura real de los programas de protección social para abordar las diversas necesidades de toda la población. En este punto, recalcamos la importancia tanto de ampliar el apoyo en los sitios afectados por fragilidad y conflictos como de garantizar que los programas tengan en cuenta las necesidades específicas de los numerosos grupos que encuentran obstáculos para acceder a las prestaciones. 
  • En tercer lugar, los países deben elaborar programas más resilientes, adaptables y dinámicos. De esta manera se podrán aprovechar los importantes avances logrados en los últimos años respecto de la protección social adaptativa centrándose cada vez más en la capacidad de los sistemas de protección social para adecuarse a las crisis idiosincráticas que afectan a los individuos y los hogares, así como a las crisis comunitarias más generales.
  • Cuarto, es necesario ampliar significativamente la escala y la calidad de los programas de trabajo e inclusión económica. A los millones de pobres que tienen empleos de baja productividad con escasa protección y a los que están directamente fuera del mercado laboral, estos programas pueden brindarles el apoyo que tanto necesitan para acceder a mejores oportunidades económicas e incrementar sus ingresos. 
  • Por último, la materialización progresiva de la PSU requerirá generar mucho más espacio fiscal para la protección social. Sin duda, el aumento de la eficiencia del gasto existente debería ser un elemento clave. Para esto quizá haga falta tomar decisiones difíciles respecto de la programación actual. Adicionalmente, muchos países deberán movilizar un volumen mucho más cuantioso de recursos internos, tanto a través de reformas impositivas como mediante la colaboración con los donantes para lograr mayor alineación del gasto.

Al trabajar en estas áreas, los países tienen una oportunidad sin precedentes de aprovechar la experiencia de los últimos años para alcanzar un nuevo equilibrio, que represente un compromiso más profundo con sistemas de protección social más amplios y de mejor calidad, apoyados en una visión a largo plazo y basados en evidencias del sector. Esta labor puede comenzar a convertir la visión de la PSU en una realidad. El Banco Mundial está muy contento de trabajar con los países clientes y los asociados multilaterales y bilaterales de todo el mundo en este esfuerzo crucial.

*Michal Rutkowski, Director superior del Departamento de Prácticas Mundiales de Protección Social y Trabajo del Banco Mundial

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La regulación de los criptoactivos

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Escriben Aditya Narain y Marina Moretti

Una regulación adecuada podría ofrecer un espacio seguro para la innovación

Los criptoactivos existen desde hace más de una década, pero recién ahora las iniciativas por regularlos han pasado a ocupar un lugar preeminente en la agenda normativa. Esto se debe, en parte, a que en los últimos años los criptoactivos dejaron de ser productos especializados en búsqueda de un propósito y pasaron a tener una presencia más tradicional como inversiones especulativas, protecciones contra monedas débiles y posibles instrumentos de pago.

El crecimiento espectacular, si bien volátil, en la capitalización de mercado de los criptoactivos y su entrada en el sistema financiero regulado intensificaron las labores regulatorias. Esta historia se repite con la expansión de muchos otros productos y ofertas de criptomonedas e innovaciones en evolución que han facilitado su emisión y transacciones. Los fracasos de los emisores de criptomonedas, bolsas y fondos de cobertura —así como una disminución reciente en las valuaciones de las criptomonedas— han sumado ímpetu a la iniciativa regulatoria.

La aplicación de los marcos regulatorios actuales a los criptoactivos, o la creación de otros nuevos, es problemática por varios motivos. Para empezar, el mundo de las criptomonedas evoluciona con rapidez. Los reguladores batallan para adquirir el talento y las aptitudes que les permitan mantener el ritmo, teniendo en cuenta las limitaciones de recursos y muchas otras prioridades. La vigilancia de los criptomercados es difícil porque los datos son poco uniformes y a los reguladores les resulta complicado controlar a miles de participantes que tal vez no estén sujetos a los requisitos típicos de divulgación o notificación.

Intento por ponerse al día

Una complicación es que la terminología utilizada para describir las diferentes actividades, productos y partes interesadas no está armonizada a nivel mundial. El término “criptoactivo” mismo se refiere a un espectro amplio de productos digitales que se emiten de forma privada con tecnología similar (criptografía y, a menudo, registros distribuidos) y que se pueden almacenar y comercializar utilizando principalmente billeteras digitales y bolsas.

El uso real o previsto de criptoactivos puede captar simultáneamente la atención de múltiples reguladores nacionales —para bancos, materias primas, valores, pagos, entre otros— con marcos y objetivos fundamentalmente diferentes. Algunos reguladores tal vez prioricen la protección del consumidor, otros la seguridad y solidez o la integridad financiera. Y hay una gama de criptoactores —mineros, validadores, creadores de protocolos— que no están fácilmente cubiertos por la regulación financiera tradicional.

Las entidades que operan en mercados financieros suelen estar autorizadas para realizar actividades específicas en determinadas condiciones y con un alcance definido. Pero la gobernanza, la prudencia y las responsabilidades fiduciarias asociadas no se transfieren fácilmente a los participantes, que pueden ser difíciles de identificar debido a la tecnología subyacente o a que a veces desempeñan una función ocasional o voluntaria en el sistema. Asimismo, es posible que la regulación tenga que aclarar algunas funciones conflictivas que han pasado a concentrarse en algunas entidades centralizadas, como las bolsas de criptomonedas.

Por último, además de formular un marco para regular a actores y actividades en el criptoecosistema, las autoridades nacionales tal vez deban adoptar también una postura sobre la forma en que la tecnología subyacente utilizada para crear criptoactivos se compagina con otros objetivos de política pública, como es el caso del enorme consumo de energía para “minar” ciertos tipos de criptoactivos.

En esencia, los criptoactivos son meramente códigos almacenados, a los que se accede electrónicamente. Pueden o no contar con respaldo de garantía física o financiera. Su valor puede o no estabilizarse mediante su vinculación al valor de monedas fiduciarias u otros precios o artículos de valor. En particular, el ciclo de vida electrónico de los criptoactivos amplifica el rango completo de riesgos tecnológicos que los reguladores aún intentan arduamente incorporar en la regulación tradicional. Estos incluyen predominantemente riesgos informáticos y operacionales, que ya alcanzaron protagonismo a raíz de varias pérdidas notables, producto de la piratería informática o la pérdida accidental del control, acceso o registros.

Algunas de estas preocupaciones podrían haber sido menores si el sistema de criptoactivos hubiese permanecido cerrado. Pero la situación es otra. Muchas funciones del sistema financiero, como el suministro de apalancamiento y liquidez, crédito y el almacenamiento de valor, son ahora emulados en el mundo de las criptomonedas. Los actores tradicionales compiten para obtener financiamiento y claman por quedarse con parte de la acción. Todo esto se traduce en reclamos más profundos para la aplicación al mundo de las criptomonedas del principio de “la misma actividad, el mismo riesgo, la misma regla”, con los cambios necesarios, lo cual intensifica la presión en los reguladores para que actúen). Asimismo, surgen otros interrogantes para la política pública. ¿Cuán estrechamente pueden integrarse los dos sistemas antes de que se inste a contar con los mismos servicios y redes de seguridad de los bancos centrales en el mundo de las criptomonedas?

Comparación de enfoques nacionales

No es que las autoridades nacionales o los órganos regulatorios internacionales hayan estado inactivos, de hecho, se ha adelantado mucho. Algunos países (como Japón y Suiza) han enmendado legislación o introducido legislación nueva que aborda los criptoactivos y sus proveedores de servicios, mientras que otros (como Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Europea) transitan la etapa de redacción. Pero las autoridades nacionales, en general, tomaron enfoques muy diferentes en materia de política regulatoria de los criptoactivos.

En un extremo, las autoridades prohibieron la emisión o la tenencia de criptoactivos por parte de residentes o la capacidad de realizar transacciones con ellos o usarlos para ciertos fines, como pagos. En el otro extremo, algunos países fueron mucho más receptivos e incluso procuraron atraer empresas para que desarrollen mercados en estos activos. La respuesta mundial fragmentada consiguiente no garantiza igualdad de condiciones ni protege de una carrera hasta tocar fondo conforme los criptoactores migren a las jurisdicciones más favorables con el menor rigor regulatorio, mientras siguen estando al alcance de cualquier persona con acceso a Internet.

La comunidad regulatoria internacional tampoco permaneció ociosa. En un comienzo, la preocupación principal era preservar la integridad financiera mediante la reducción al mínimo del uso de criptoactivos como facilitadores del lavado de dinero y otras transacciones ilegales. El Grupo de Acción Financiera pasó rápidamente a ofrecer un marco mundial para todos los proveedores de servicios de activos virtuales. La Organización Internacional de Comisiones de Valores (OICV) también expidió pautas regulatorias sobre las criptobolsas. Pero fue el anuncio de Libra, promocionada como una “moneda estable mundial”, que acaparó la atención del mundo y sumó mayor ímpetu a estas labores.

El Consejo de Estabilidad Financiera comenzó a vigilar los mercados de criptoactivos; publicó una serie de principios para guiar el tratamiento regulatorio de las monedas estables mundiales y ahora está formulando pautas para la gama más amplia de criptoactivos, incluidos los criptoactivos no respaldados. Otros reguladores están haciendo lo propio, con trabajos sobre la aplicación de los principios para las infraestructuras del mercado financiero a los acuerdos de monedas estables sistemáticamente importantes (Comité de Pagos e Infraestructuras de Mercado y la OICV) y sobre el tratamiento prudencial de las exposiciones bancarias a los criptoactivos (Comité de Supervisión Bancaria de Basilea).

Se está estructurando la trama regulatoria y se prevé que surja un patrón. Pero la preocupación es que cuanto más tiempo lleve, más estarán las autoridades nacionales atrapadas en marcos regulatorios diferentes. Por ello, el FMI solicita una respuesta mundial que sea 1) coordinada, para subsanar las brechas regulatorias que surgen de la emisión inherentemente intersectorial y transfronteriza y garantizar la igualdad de condiciones; 2) congruente, de manera que armonice con enfoques regulatorios tradicionales en todo el espectro de actividades y riesgos, y 3) integral, abarcativa de todos los actores y todos los aspectos del criptoecosistema.

Un marco regulatorio mundial llevará orden a los mercados, ayudará a promover la confianza de los consumidores, establecerá los límites de lo permisible y ofrecerá un espacio seguro para que continúe la innovación útil.

ADITYA NARAIN es Subdirector del Departamento de Mercados Monetarios y de Capital del FMI.

MARINA MORETTI es Directora Adjunta del Departamento de Mercados Monetarios y de Capital del FMI.

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Corregir las deficiencias de los datos puede contribuir a afrontar la crisis climática

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Escriben Bo Li y Bert Kroese – La nueva iniciativa sobre deficiencias de los datos desempeñará un importante papel en la solución de la falta de datos climáticos

Un famoso físico dijo una vez: «Cuando puedes medir aquello de lo que hablas, y expresarlo en números, sabes algo acerca de ello».

Casi 140 años después, esta máxima sigue siendo cierta y es especialmente acertada para las autoridades económicas encargadas de la mitigación y adaptación al cambio climático.

Esto es así porque estas autoridades se enfrentan a importantes deficiencias de información que dificultan su capacidad de entender el impacto de las políticas, desde las medidas para incentivar la reducción de las emisiones, hasta las regulaciones que reducen el riesgo físico y mejoran la resiliencia ante los shocks climáticos. Y, sin datos exhaustivos y comparables a escala internacional para realizar un seguimiento del progreso, es imposible saber qué funciona y dónde se necesita rectificar el rumbo.

Esto acentúa la importancia del apoyo de los líderes del G20 a una nueva Iniciativa sobre deficiencias de los datos para que las estadísticas oficiales sean más detalladas y puntuales. Esta iniciativa insta a mejorar los datos para entender el cambio climático y utilizar indicadores que abarquen el ingreso y la riqueza, la inclusión y la innovación financiera, el acceso a datos privados y administrativos y el intercambio de datos. En resumen, las estadísticas oficiales tienen que ser más extensas, más detalladas y puntuales.

El sector donde más se necesita un cambio es el energético, que es el que más contribuye a las emisiones de gas de efecto invernadero, siendo responsable de aproximadamente tres cuartas partes del total.

Las economías deben ampliar sus fuentes de energía renovable y frenar el uso de combustibles fósiles; sin embargo, aunque se ha producido un cambio gradual en esta dirección, el ritmo todavía no es suficiente. Y, en muchos casos, no solo existe falta de ambición de las políticas, sino que también se carece de datos exhaustivos y comparables a escala internacional para realizar un seguimiento del progreso.

Para acelerar los recortes de las emisiones, las autoridades económicas necesitan estadísticas detalladas que les permitan seguir la trayectoria de la transición energética y les ayuden a diseñar medidas eficaces de mitigación que puedan acelerar la trayectoria hacia la neutralidad en carbono y reducir sus efectos desestabilizadores.

Al mismo tiempo, los países también deben realizar un seguimiento de cómo afectan las medidas de mitigación y adaptación a los ingresos, el consumo y la riqueza de los hogares. Por ejemplo, ¿cómo afectará el aumento de los costos de los combustibles fósiles a los hogares vulnerables? Y, ¿qué inversiones debemos priorizar para hacer frente a los nuevos patrones climáticos y la mayor frecuencia de shocks climáticos?

Es fundamental disponer de datos robustos, porque las políticas deben basarse en una comprensión cabal del amplio impacto del cambio climático, la transición verde y los riesgos físicos, económicos y financieros asociados.

Es alentador que la nueva Iniciativa sobre deficiencias de los datos abogue por que las economías del G20 vayan más allá del producto interno bruto en sus estadísticas nacionales, y registren un conjunto de indicadores climáticos y estimaciones distributivas del ingreso y la riqueza de los hogares. Esto contribuirá a que las autoridades económicas evalúen mejor las implicaciones distributivas de las políticas.

Al celebrar la nueva iniciativa sobre deficiencias de los datos, los líderes del G20 pidieron al FMI que coordinara con el Consejo de Estabilidad Financiera, el Grupo Interinstitucional sobre Estadísticas Económicas y Financieras y las autoridades estadísticas de todo el G20 el trabajo para reducir estas deficiencias de los datos y que informara sobre el avance en el segundo semestre de 2023, siendo conscientes de que las metas son ambiciosas y que, para su cumplimiento, habrá que tener en cuenta las capacidades estadísticas nacionales, las prioridades y las circunstancias de los países, así como evitar el solapamiento y la duplicación de tareas a nivel internacional.

La iniciativa aprovechará la experiencia colectiva de las agencias internacionales que coordinan esta labor, así como el trabajo realizado por grupos como la Red para la Ecologización del Sistema Financiero, para elaborar un consenso sobre los instrumentos financieros climáticos.

Este trabajo también está estrechamente vinculado a otras iniciativas del FMI, como el Tablero de Indicadores de Cambio Climático del FMI, que es otra iniciativa estadística dedicada a proporcionar datos climáticos pertinentes para el análisis económico. También está vinculado al proyecto conjunto del FMI dirigido a ofrecer orientación para la implementación de los principios de alto nivel del G20 sobre las taxonomías y otros enfoques para ajustarse a las finanzas sostenibles. 

Las autoridades económicas del G20 han reconocido que es necesario disponer de mejores datos para orientar la respuesta a los retos más complejos que afrontan. La iniciativa sobre deficiencias de los datos desempeñará un papel fundamental en la solución de esta cuestión.

Bo Li asumió el cargo de Subdirector Gerente del FMI el 23 de agosto de 2021

Bert Kroese es Jefe de Estadísticas y Datos, y Director del Departamento de Estadística del FMI

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