A través del trabajo articulado entre el Ministerio del Agro y la Producción y distintos organismos provinciales, productores de Colonia Alberdi y Campo Grande recibieron rizomas-semilla y bioinsumos para iniciar una nueva campaña, consolidando una estrategia de fortalecimiento de la cuenca jengibrera misionera.
El estado provincial continúa impulsando acciones para fortalecer la producción de jengibre como una alternativa de diversificación para las chacras de la provincia. En esta oportunidad, seis productores de Colonia Alberdi y Campo Grande recibieron rizomas-semilla y bioinsumos destinados al establecimiento de una nueva campaña, en el marco de un trabajo articulado entre el Ministerio del Agro y la Producción y el Instituto de Macroeconomía Circular (IMaC). Cada productor recibió rizomas-semilla de jengibre aportados por el IMaC, mientras que el Ministerio del Agro y la Producción acompañó la iniciativa con la entrega del biofertilizante Mihoba, desarrollado por Biofábrica Misiones S.A., destinado a favorecer el manejo sanitario del cultivo durante las primeras etapas de desarrollo.
“La entrega representa una nueva etapa de un proceso de acompañamiento que el venimos desarrollando junto a este grupo de productores desde el año pasado”, explico el titular de la cartera agraria, Facundo López Sartori. En 2025, los beneficiarios accedieron a una línea de microcréditos a tasa cero destinada a financiar infraestructura básica para el cultivo, como media sombra y alambre, una herramienta que permitió generar las condiciones necesarias para incorporar el jengibre como una alternativa productiva. En aquella oportunidad, el IMaC también acompañó el proceso mediante la provisión del material de plantación.
Una estrategia para consolidar la cuenca jengibrera
La producción de jengibre forma parte de las políticas que el Ministerio del Agro y la Producción impulsa para fortalecer las distintas cuencas productivas de Misiones, promoviendo la incorporación de cultivos con potencial de crecimiento, mayor diversificación y nuevas oportunidades de ingresos para las familias rurales. En ese marco, Luciana Imbrogno, subsecretaria de Producción y Desarrollo Vegetal, explicó que “además de la provisión de insumos, los productores reciben acompañamiento permanente por parte de los equipos técnicos del Ministerio mediante capacitaciones, asistencia técnica y seguimiento en campo, con el objetivo de mejorar el manejo del cultivo y favorecer su desarrollo en las condiciones agroecológicas de la provincia”.
Las acciones se desarrollan con el acompañamiento de los municipios y la articulación entre distintos organismos provinciales, integrando herramientas de financiamiento, provisión de material de plantación, bioinsumos y asistencia técnica en una estrategia común orientada a consolidar la cuenca jengibrera de la zona centro.
Analia Mango, Directora General de Frutihorticultura, Cultivos Anuales e Intensivos, afirmó que este cultivo “se consolida como una alternativa de creciente interés para las chacras misioneras gracias a las condiciones agroecológicas favorables de la provincia y a una demanda sostenida del mercado”. En ese contexto, el trabajo coordinado entre los organismos provinciales busca ampliar la superficie cultivada, fortalecer el desarrollo de la cuenca productora y generar nuevas oportunidades para las familias que apuestan por este cultivo.
El Gobierno nacional profundizó el proceso de desregulación del sistema agropecuario al derogar ocho resoluciones fitosanitarias que, en algunos casos, llevaban más de tres décadas vigentes. La medida fue oficializada mediante la Resolución 114/2026 de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca y forma parte del proceso de simplificación normativa impulsado por el Ministerio de Economía en línea con la Ley Bases.
La decisión no modifica las exigencias sanitarias actuales para productores, importadores o exportadores, sino que elimina normas que, según el diagnóstico oficial, habían perdido vigencia práctica porque fueron reemplazadas por procedimientos más modernos administrados por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA).
El objetivo de la medida es reducir la dispersión normativa y facilitar la identificación de las reglas efectivamente vigentes para los distintos actores de la cadena agroalimentaria. En otras palabras, el Gobierno busca que productores, empresas, despachantes y organismos de control trabajen sobre un marco regulatorio actualizado, evitando superposiciones con disposiciones que ya habían sido absorbidas por nuevas regulaciones.
Las resoluciones derogadas habían sido dictadas entre 1992 y 2013 y regulaban aspectos muy específicos del comercio agroalimentario. Entre ellas figuraban la prórroga para implementar la Autorización Fitosanitaria de Importación (AFIDI), restricciones al ingreso de bananas provenientes de países con determinadas plagas cuarentenarias, requisitos para importar maquinaria agrícola usada, normas para la importación de papa semilla y el histórico Cuaderno Fitosanitario obligatorio para productores de manzanas y peras, un sistema manual de registro que fue reemplazado hace años por herramientas digitales de trazabilidad.
También quedaron sin efecto normas relacionadas con límites de residuos de plaguicidas y exigencias sanitarias para el ingreso y tránsito de frutos de banano en provincias como Misiones y Formosa, materias que actualmente se encuentran reguladas mediante esquemas fitosanitarios más recientes y alineados con estándares internacionales.
Desde Agricultura sostienen que el régimen sanitario argentino evolucionó significativamente durante las últimas décadas. La incorporación de análisis de riesgo fitosanitario, certificaciones electrónicas, sistemas informáticos de control y mecanismos modernos de trazabilidad permitió reemplazar procedimientos que respondían a una realidad técnica y comercial muy distinta de la actual.
En ese sentido, la resolución enfatiza que mantener formalmente normas que ya no tienen aplicación efectiva genera inseguridad jurídica, incrementa la complejidad administrativa y dificulta tanto el cumplimiento por parte del sector privado como las tareas de fiscalización estatal.
Para provincias con fuerte perfil agroexportador como Misiones, la medida tiene un impacto principalmente administrativo. La derogación no implica flexibilizar controles sanitarios ni reducir estándares de calidad, sino consolidar un digesto normativo más claro para operadores vinculados al comercio de frutas, productos vegetales, maquinaria agrícola e insumos agropecuarios.
El Gobierno también aclara que la eliminación de estas normas no afecta derechos adquiridos ni invalida actuaciones administrativas realizadas durante su vigencia. Se trata, en esencia, de una depuración del ordenamiento jurídico que busca reflejar la realidad regulatoria vigente y facilitar el acceso a la normativa aplicable.
La decisión se inscribe dentro de la estrategia oficial de revisión integral del marco regulatorio nacional, que combina desregulación, digitalización de procesos y simplificación administrativa como herramientas para reducir costos de cumplimiento, mejorar la competitividad del sector agroindustrial y fortalecer la seguridad jurídica en el comercio agroalimentario.
La dinámica del mercado de carnes en Argentina comienza a mostrar señales de un cambio estructural. Luego de varios años marcados por fuertes ajustes de precios y una inflación que condicionaba el comportamiento del consumo, la carne vacuna atraviesa una etapa de mayor estabilidad. Al mismo tiempo, el crecimiento sostenido del consumo de carne porcina y el sostenimiento de la demanda de pollo configuran un mercado más competitivo, en el que el consumidor adquiere un papel cada vez más determinante en la formación de precios.
Según el último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), basado en datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), durante junio el precio promedio de los cortes vacunos prácticamente no registró variaciones. Con un valor medio de $18.617 por kilogramo, el incremento mensual fue de apenas 0,3%, completando el tercer mes consecutivo con subas inferiores al ritmo de la inflación.
Los últimos datos disponibles sobre la evolución de los precios de la carne al consumidor parecen marcar un nuevo escenario para la carne vacuna en el mercado interno.
De acuerdo con el Relevamiento de Precios Minoristas que realiza el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), durante junio los precios de los distintos cortes de carne vacuna prácticamente no registraron variaciones. Con un valor promedio de $18.617 por kilo, el incremento mensual fue de apenas 0,3%, completando así el tercer mes consecutivo con aumentos inferiores a la inflación.
En paralelo, al observar la evolución del consumo doméstico también se advierte una cierta desaceleración. En mayo, el consumo aparente de carne vacuna se ubicó en 47,4 kilos por habitante al año, lo que representa una caída del 6,4% respecto del mismo mes del año anterior.
Sin embargo, al analizar este indicador es importante recordar que se trata de un consumo aparente o indirecto. Es decir, no surge de una medición directa de las cantidades efectivamente consumidas, sino que se estima a partir de la producción total de carne obtenida en un determinado período, descontando el volumen exportado durante ese mismo lapso.
En consecuencia, el indicador refleja la disponibilidad de carne para el mercado interno y no el consumo efectivo. Implícitamente, supone que toda la carne destinada al mercado doméstico durante un mes es consumida en ese mismo período, sin contemplar variaciones de existencias o almacenamiento entre meses.
Por ello, la forma más adecuada de analizar este tipo de indicadores es mediante medias móviles, que permiten identificar cambios de tendencia y reducen el efecto de fluctuaciones mensuales que muchas veces responden a cuestiones de oferta antes que a modificaciones reales en el nivel de consumo. No obstante, los indicadores de consumo siempre deben analizarse de manera integral.
Bajo este criterio, al observar la evolución del consumo de carnes en los últimos años se aprecia una tendencia descendente en el consumo per cápita de carne vacuna, mientras que las carnes aviar y porcina muestran trayectorias crecientes o, en el caso del pollo, relativamente estables. Esta evolución responde, en parte a una cuestión de oferta, pero también a una relación de precios relativos cada vez más favorable para estas dos proteínas. En efecto, con el equivalente al precio de un kilo de carne vacuna es posible adquirir aproximadamente dos kilos de carne porcina y casi cuatro kilos de carne aviar, lo que incrementa significativamente su competitividad frente a la carne vacuna.
Mientras que en 2021 el consumo promedio de carne vacuna alcanzaba los 49,2 kilos por habitante por año, actualmente se ubica en 47,4 kilos, es decir, cerca de dos kilos menos por persona.
En paralelo, el consumo de carne aviar se mantuvo prácticamente estable, pasando de 46,2 kilos per cápita en 2021 a 46,7 kilos según los datos disponibles a mayo de este año. En tanto, el consumo de carne porcina incrementó su participación de manera sostenida, pasando de 15 a 19,6 kilos por habitante al año durante el mismo período.
En consecuencia, el consumo agregado de las tres principales carnes en Argentina se expandió desde un promedio de 110 kilos por habitante por año en 2021 hasta cerca de 114 kilos en la actualidad. De este modo, el país continúa ubicándose entre los mayores consumidores de carne del mundo, sólo por detrás de Estados Unidos y por encima de otros importantes productores y consumidores como Brasil y Australia.
Por lo tanto, desde una perspectiva agregada, la oferta total de carnes disponible para el mercado interno continúa siendo elevada en relación con el tamaño de la demanda doméstica.
Este aspecto ayuda a explicar la aparente disociación que hoy existe entre la menor disponibilidad de carne vacuna y la inusual estabilidad de sus precios.
En este sentido, al analizar la evolución de los precios minoristas relevados por el IPCVA durante el último año y medio, se observa un cambio en el patrón de ajuste respecto del registrado en años anteriores, cuando la elevada inflación explicaba gran parte de los movimientos de precios.
Actualmente, en un contexto de mayor estabilidad macroeconómica y con una oferta de carnes alternativas más abundante y competitiva, el consumidor local parece mostrar una menor disposición a convalidar incrementos bruscos en el precio de la carne vacuna, tal como ocurría en períodos de mayor inflación.
De hecho, luego del fuerte ajuste registrado en marzo, cuando los precios aumentaron más de 10%, el mercado ingresó en una etapa de mayor estabilidad. Es probable que esta situación se prolongue durante buena parte del segundo semestre, favorecida por una mayor disponibilidad estacional de hacienda terminada y, particularmente este año, por una estrategia generalizada de retención de animales para agregar kilos antes de la faena.
Por otra parte, la mayor oferta de proteínas disponible para el consumidor ya no proviene únicamente de las carnes sustitutas —principalmente pollo y cerdo—, sino también de una porción aún reducida, aunque en crecimiento, de carne vacuna importada que comienza a integrarse a la oferta total del mercado interno, con más de 11.500 toneladas ingresadas en los primeros cinco meses del año.
Este último componente constituye otro de los cambios estructurales que gradualmente comienzan a observarse en el mercado argentino y que acercan su funcionamiento al de otros grandes países productores y exportadores de carne vacuna. En esos mercados, una mayor apertura comercial y una demanda doméstica más diversificada favorecen una integración más eficiente entre el consumo interno y las exportaciones, permitiendo maximizar la generación de valor a lo largo de toda la cadena.
La agroindustria argentina atraviesa uno de los momentos más dinámicos de los últimos años en el mercado internacional de aceites vegetales. En un contexto marcado por la creciente demanda mundial, las dificultades productivas en los principales competidores y la expansión del uso de aceites para biocombustibles, las exportaciones nacionales de aceite de soja y girasol alcanzan registros históricos que fortalecen el ingreso de divisas y consolidan el rol estratégico del complejo oleaginoso.
De acuerdo con el último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), los embarques acumulados de aceites vegetales —incluyendo las proyecciones para julio— superarían las 4,7 millones de toneladas durante 2026, estableciendo un nuevo récord para la Argentina. El aceite de soja registra 3,6 millones de toneladas exportadas, constituyendo el tercer mejor inicio de año de la historia, mientras que el aceite de girasol alcanza 1,2 millones de toneladas, el mayor volumen jamás registrado para este período.
La absorción externa de girasol está en máximos históricos. Nunca hubo tanto volumen de soja sin contrato. El Mar Negro en la mira, con precios del trigo escalando en Chicago. Las fijaciones de maíz avanzan junto con la cosecha.
1. Las exportaciones de aceite de soja y girasol en máximos históricos
Las exportaciones de aceites vegetales en lo que va del 2026 – incluyendo las estimaciones de julio – superarían las 4,7 Mt, rompiendo el techo del año pasado y marcando un récord para los embarques argentinos de aceite de soja y girasol hacia el resto del mundo. Para el derivado del complejo soja, es el tercer mejor arranque en la historia con 3,6 Mt, mientras que para el caso de girasol el ritmo de embarques de aceites es récord con 1,2 Mt.
La fenomenal performance exportadora argentina es el resultado de la combinación entre elevados niveles de oferta local (máximos para girasol y por encima de la media para soja) y una demanda externa por aceites vegetales para usos no industriales parcialmente desabastecida por orígenes claves.
Ucrania tuvo su peor cosecha de girasol en una década y, a pesar de que en Rusia la producción fue de las mejores de su historia, el crush de girasol 2025/26 en la región del Mar Negro sería el más bajo desde la 2021/22 según las últimas estimaciones del USDA. Además, si se tiene en cuenta el creciente uso industrial para el resto de los aceites vegetales durante toda la campaña 2025/26 a nivel global y la disrupción del conflicto en Medio Oriente durante este año, a las oleaginosas argentinas le tocó una primera mitad de 2026 con un mercado demandado y precios en máximos de varios años.
La cotización FOB del aceite de girasol argentino promedió US$ 1.290/t en el año -máximos desde 2022- y esta misma semana alcanzó los US$ 1.330/t, igualando el precio más alto del 2026. A esto hay que sumarle la extraordinaria dinámica exportadora de semilla de girasol, que hasta el mes de julio podría llegar a superar las 1,2 Mt, 13 veces el promedio para esta altura del año. Con precios sumamente atractivos para el aceite, una fantástica performance exportadora tanto industrial como de semillas, la absorción externa por el complejo es 2,4 veces más alta que el promedio para la última década a esta altura. En el mercado interno se vislumbra un correlato de esta dinámica exportadora. Se han comercializado 4,4 Mt de la 2025/26, máximos desde 1999/00 y 83% encima de la media con el 62% de dicha mercadería con precio firme en el mercado físico.
El caso del aceite de soja es similar al de girasol: precios promedio máximos desde 2022, en US$ 1.160/t y llegando esta semana a US$ 1.170/t. Sin embargo, la performance no es tan espectacular en harinas, siendo que en el acumulado anual las exportaciones hacia julio se ubicarían en mínimos desde 2018 (sin contar la sequía de 2023). Esta situación no cambia si se analiza el acumulado de la campaña al registrarse 9,9 Mt, 6% por debajo del promedio a esta altura. Teniendo en cuenta las exportaciones de poroto y el equivalente en toneladas industriales, la absorción externa de soja para lo que va de la 2025/26 no alcanza las 16 Mt, 1 Mt por debajo del ciclo pasado a esta altura y 8% por detrás del promedio para las últimas cinco.
Esta performance se fundamenta – en parte – por la irrupción de la harina brasilera en el mercado internacional, pero también por la lógica del mercado interno y la mayor disposición de venta por otros granos que no sean soja. Solo se comercializaron 21,6 Mt de soja en el mercado interno, quedando aún 24,8 Mt disponibles para vender, 34% más que el año pasado. Nunca hubo tanto volumen de soja en valores absolutos sin contrato en el mercado físico a esta altura como en esta campaña 2025/26.
1.1 La cosecha de girasol 2026/27 en el Mar Negro aumentaría 18%
En septiembre comienza la cosecha de girasol en Rusia y Ucrania. A pesar de la continuidad del conflicto entre ambos países, la producción de girasol para la nueva campaña 2026/27 alcanzaría las 33,7 Mt en la región, recuperándose Ucrania de lo que fue el desastre productivo de su última cosecha y Rusia rompiendo un nuevo techo, superando las 20 Mt. Este volumen que se sumaría a la oferta global vendría a suplir el importante déficit productivo que registró la región en lo que fue la campaña 2025/26.
El consumo de aceites vegetales a nivel global viene creciendo a pasos agigantados, principalmente traccionada por la demanda para la elaboración de biocombustibles. Esta dinámica explica el aumento constante en las cotizaciones, que se dispararon aún más con el estallido del conflicto en Medio Oriente. Sin embargo, el mercado de aceites para consumo no industrial (donde compite el aceite de soja argentino), puede llegar a tener una recomposición de oferta muy relevante de cumplirse las expectativas del USDA.
El futuro de las cotizaciones por aceites vegetales dependerá del balance entre la demanda industrial y alimenticia. Por su elevado uso energético, es un mercado altamente expuesto a distorsiones como la del Estrecho de Ormuz. No hay que dejar pasar el recrudecimiento de las hostilidades en la región del Mar Negro, que han estado impulsando el precio del trigo y que bien podrían truncar el flujo de la nueva oferta de girasol.
2. Trigo: peligran los suministros del Mar Negro
La tensión política volvió a encender alarmas en el mercado de trigo tras la escalada de ataques de drones y misiles en el Mar de Azov. Luego de que Ucrania alcanzara barcos comerciales y tanqueros, Rusia restringió el paso de buques que entran o salen del Mar de Azov hacia el Mar Negro a través del Estrecho de Kerch. Para ponerlo en perspectiva, esta ruta maneja aproximadamente un cuarto de todas las exportaciones de granos de Rusia, siendo este país el principal exportador de trigo del mundo.
Si bien Moscú y las cámaras del sector afirman que la logística se redireccionará hacia puertos de aguas profundas o terminales del Mar Báltico, este nuevo cuello de botella introduce demoras e incertidumbre en el circuito comercial. De hecho, ya se vienen percibiendo demoras en los envíos del cereal ruso al exterior: según datos de LSEG, hasta el día el jueves de esta semana se despacharon 604.000 t en julio, cuando el promedio mensual de exportaciones desde principio de año se encuentra en 3,17 Mt. Todo esto coincide con el inicio de la cosecha y la habitual presión estacional de oferta. Hay que considerar que, tomando el promedio de los últimos cinco años, Rusia suele aumentar sus exportaciones un 59% en el segundo semestre del año con relación a la primera mitad del año, lo que vuelve todavía más sensible cualquier tropiezo logístico justo en este momento del año.
Bajo este nuevo escenario, los precios del trigo en Chicago escalaron hasta alcanzar los US$ 248/t al cierre de este jueves, marcando una suba de más de 11% desde que se desató el conflicto el viernes de la semana pasada y un salto interanual del 34%.
En el plano local, la pizarra de trigo alcanza los US$ 195/t, apenas por debajo de los valores de la semana pasada y cerca de US$ 15/t por encima de valores de principios de enero, cuando nos encontrábamos en plena presión de cosecha. Sin embargo, con un dólar prácticamente sin cambios desde principios de año y una inflación acumulada del 16,8% para el primer semestre del año, el valor del cereal medido en pesos constantes se encuentra -9,1% por debajo de valores de enero.
En este escenario de evolución de precios, el ritmo de comercialización del trigo para la campaña 2025/26 avanza más lento que el promedio histórico en términos relativos, aunque en valores absolutos los volúmenes comercializados son importantes. Según datos de SAGyP correspondientes a la semana 28, se informaron ventas totales por 19,9 Mt para la campaña actual, lo que equivale al 67% de cosecha estimada para este ciclo. Este porcentaje se encuentra más de un 21% por debajo del promedio de las últimas 5 campañas para esta altura del año.
Siguiendo en la misma lógica, considerando el volumen estimado de producción junto con la estimación de uso como semilla para la presente campaña, estaríamos hablando de un remanente por comercializar de cerca de 8 Mt, por lo que un 29% del trigo estaría pendiente de venta. Para ponerlo en perspectiva, este volumen remanente supera el consumo interno anual promedio de la última década en Argentina, estimado en 7,2 Mt.
Si bien este remanente porcentual viene mostrando una tendencia al alza ciclo tras ciclo, el mismo se encuentra muy por encima del promedio de los últimos diez años para esta fecha, que se sitúa en el 11%. En este contexto de conflicto en la región del Mar Negro y posibles problemas de suministros globales con cotizaciones que respondieron al alza, habrá que monitorear cómo responde la comercialización local. Esto, considerando que hay un volumen importante por vender y se perfila una producción normal hacia el nuevo ciclo comercial.
3. Efecto tardío: repuntan las fijaciones semanales de maíz y superan a las de soja
Las fijaciones semanales de maíz ganaron impulso y superaron a las de soja por primera vez desde mayo, en un contexto en el que la relación soja/maíz alcanzó máximos de varios meses. El volumen del cereal con precio firme acumula cuatro semanas consecutivas de crecimiento, mientras que las fijaciones de soja se mantienen estables y en niveles elevados, aunque sin recuperar el dinamismo comercial observado en mayo. De todos modos, pese a su reciente fortalecimiento, las fijaciones de maíz aún se ubican por debajo de los registros previos al ingreso del grueso de la cosecha de soja, momento que marcó un punto de inflexión y devolvió protagonismo a la oleaginosa.
Antes del ingreso del grueso de la cosecha de soja, las fijaciones semanales mostraban un claro predominio del maíz, ya que las necesidades de liquidez se cubrían principalmente mediante la venta del cereal. Esta dinámica llevó a que la relación soja/maíz alcanzara un máximo a mediados de marzo, reflejando un debilitamiento relativo del precio del maíz en un contexto de fuerte ingreso de mercadería y creciente presión de oferta. Más adelante, con la llegada del grueso de la cosecha de soja, la relación comenzó a ajustarse y las fijaciones de la oleaginosa ganaron dinamismo, desplazando progresivamente al maíz como principal fuente de comercialización.
En cuanto a dinámica externa, esta semana el contrato de referencia de maíz en Chicago alcanzó los US$ 184/t y tocó un máximo desde mayo. El factor clave detrás de la subida de precios sigue siendo Ormuz, el cual vuelve a ser noticia por el reavivamiento de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán, agregando nuevamente volatilidad al mercado de commodities agrícolas.
Otros factores se contraponen a las subas y limitan el sendero alcista para maíz. Estados Unidos están ingresando al período crítico para el maíz y el clima es un factor que empieza a repercutir en precios. Si bien la ola de calor viene colaborando a las subas del cereal, el USDA informó esta semana que el 67% del maíz y 65% de la soja están en condiciones buenas a excelentes, cifras que fueron más positivas que lo anticipado por el mercado, acotando las subas.
Por último, considerando la coyuntura productiva de argentina, la cosecha de maíz 2025/26, que fue reestimada en un total de 71,5 Mt (+1,5 Mt vs jun.) según SAGyP, sigue registrando avances limitados debido a la elevada humedad ambiental. Según SAGyP, el progreso es de 75% a nivel país y continúa siendo el registro de progreso más bajo en las últimas cinco campañas. Mientras tanto, al pensar el avance acumulado a nivel comercial, ya se tiene pactado el 46% del maíz, que sería el tercer guarismo más bajo de la década. De esta forma, reflejando el gran poder de fuego que todavía se tiene para seguir abasteciendo a la exportación en esta segunda mitad del año.
La cadena porcina argentina consolida uno de los procesos de crecimiento más sostenidos del agro nacional. Mientras la producción y el consumo de carne de cerdo alcanzan niveles récord durante 2026, el mercado comienza a mostrar señales de estabilización en los precios del capón luego de las fuertes subas registradas durante el primer trimestre del año.
Así lo refleja el último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que destaca un escenario de mayor equilibrio entre el valor del animal vivo y el costo de sus principales insumos, una relación clave para medir la rentabilidad de los productores en un negocio fuertemente condicionado por la evolución del maíz y la soja.
Tras un incremento en el 1° trimestre del año, el precio del capón se mantuvo estable en los últimos meses. El precio del animal vivo se ubica en una paridad teórica frente al mix de insumos compuesto por soja y maíz. Producción y consumo en niveles récord
Precio Rosporc
El precio de referencia para los capones, calculado bajo la metodología de cálculo de ROSPORC, alcanzó un valor de $ 2263,2 / kg en la semana 27 del corriente año, implicando un incremento del 0,2% con respecto a la semana previa. En lo que va del año, el precio acumula una suba del 25,1%, impulsada principalmente por los incrementos registrados entre las semanas 4 y 10 (con subas semanales de 3,8% y 4,0%, respectivamente). Desde entonces, el precio se mantiene relativamente estable, oscilando en un rango acotado de entre $ 2255 y $ 2270 / kg.
Para analizar la evolución del precio del capón en relación con sus principales insumos y con respecto a la carne bovina, en el mercado porcino se emplean diversos indicadores de referencia. Entre ellos se incluyen: el índice capón/maíz, la relación del capón con una combinación de 5 kg de maíz y 2 kg de soja, y el índice capón/novillo. Estos indicadores se presentan a continuación.
Indicadores de actividad
Índice Capón/Maíz: El índice, que compara el valor del capón con el de uno de sus principales insumos, se ubicó en 8,5 en la semana 27. Tras iniciar el año en niveles cercanos a 7,0, que era el mínimo registro en un año y medio, el indicador escaló con fuerza hasta superar los 9,5 en la semana 12, en línea con las marcadas subas del precio del capón registradas en el primer trimestre. Desde entonces, retrocedió de manera gradual, aunque todavía se sostiene un 10% por encima del promedio del período 2019-2025
“Mix 5 kg de maíz + 2 kg de soja”: Luego de haber cotizado por debajo del valor del mix durante buena parte de 2025, el precio del capón volvió a superarlo hacia la semana 9 de este año y se sostuvo por encima hasta la semana 25.Sin embargo, en la semana 27, el mix se cotizó un 0,5% por encima del precio del capón, ubicándose el primero en $ 2.275,3, mientras que kilogramo de capón vivo se posicionó en $ 2.263,2. Es decir que, tras más de cuatro meses de haberse ubicado por encima de esta referencia de insumos, el capón vuelve a una relativa paridad teórica, cotizando a un precio muy cercano al del mix, aunque levemente por debajo del mismo.
Índice Capón/Novillo: El indicador se sostiene en niveles históricamente bajos desde comienzos de 2026, reflejando el mejor desempeño relativo del precio del novillo frente al del capón, en línea con el contexto de precios internacionales récord para el caso del bovino. Sin embargo, luego de alcanzar su mínimo valor en los registros en febrero de 2026 (0,48), el indicador Capón / Novillo recuperó parte del terreno perdido entre marzo y junio, promediando en este último mes un valor de 0,54. Este registro se encuentra un 30,7% por debajo del promedio del período 2019-2025, de 0,78.
Evolución de los costos de producción: En la semana 27 de 2026, los costos promedio de las granjas N1 (eficiencia alta) fueron de $ 1.482,9 por kilogramo de capón, para los establecimientos N2 (eficiencia media) de $ 1.658,6 /kg y para las N3 (menor eficiencia) de $ 1.794,0 /kg. Estos valores representan una moderación respecto a los máximos alcanzados a comienzos de año, cuando los tres segmentos tocaron sus picos históricos, con las granjas N3 superando los $ 1.900/kg—. Pese a ello, en las últimas semanas los costos retomaron una tendencia alcista.
Destacado del mercado porcino: producción y consumo récord en los primeros cinco meses de 2026
La producción porcina sigue aumentando de manera sostenida en Argentina. En los primeros cinco meses de 2026 se produjeron, de acuerdo con datos de SAGyP, 354.588 toneladas de carne de cerdo, marcando un aumento del 11,7% interanual y registrando un nuevo récord. De esta manera, la oferta porcina crece por decimosexto año consecutivo en la República Argentina. Esta producción implicó una faena de 3,7 millones de cabezas en el período mencionado.
Este aumento productivo, en conjunto con un abaratamiento relativo de la carne de cerdo en relación con la carne bovina, tiene su correlato en una mayor demanda para consumo interno. El promedio móvil de 12 meses para el consumo per cápita se ubicó en mayo en 19,59 kg por habitante por año, un récord histórico.