El presidente Luiz Inácio Lula da Silva lanzó oficialmente este jueves en Belém el Fondo Bosques Tropicales para Siempre (Tropical Forests Forever Fund, TFFF), una iniciativa sin precedentes que aspira a recaudar 125.000 millones de dólares para proteger más de 1.000 millones de hectáreas de selvas tropicales en el mundo.
El anuncio se realizó en la apertura de la cumbre de líderes previa a la COP30, que se desarrollará en la ciudad amazónica de Belém. El objetivo central del fondo es convertir la conservación forestal en un activo económico y no en una carga financiera.
“Sin los bosques no tenemos agua para beber ni para plantar. Los árboles valen más en pie que derribados”, subrayó Lula, al presentar el mecanismo que busca compensar económicamente a los países que preservan sus ecosistemas tropicales.
El fondo arrancó con promesas de inversión por 5.500 millones de dólares. Noruega anunció un aporte de 3.000 millones, Francia comprometió 500 millones de manera condicional, Indonesia reiteró su promesa de 1.000 millones y Portugal se sumó con un millón.
Alemania informará su contribución al cierre de la cumbre. “Debemos hacer más juntos”, dijo el primer ministro noruego Jonas Gahr Støre, al destacar que los esfuerzos globales actuales “no alcanzan para detener la deforestación antes de 2030”.
La ministra brasileña de Medio Ambiente, Marina Silva, explicó que esos compromisos representan “la mitad de la meta esperada para el primer año” y anticipó que Brasil confía en alcanzar los 25.000 millones de dólares iniciales en un plazo de dos años.
A diferencia de los tradicionales fondos climáticos, el TFFF no otorga préstamos ni genera deuda. Propone pagar directamente a los Estados que mantengan sus bosques en pie, a partir de rendimientos financieros de inversiones en renta fija.
De los fondos iniciales -25.000 millones de dólares aportados por gobiernos, fundaciones y filantropía-, se espera generar otros 100.000 millones a través del mercado financiero. El esquema prevé que el 20% de los recursos se destine a los pueblos indígenas, considerados los principales guardianes de los bosques.
Cada país podrá recibir hasta 4 dólares por hectárea preservada, y deberá cumplir condiciones como mantener una tasa de deforestación inferior al 0,5 % y una cobertura forestal mínima entre 20 % y 30 % en las áreas beneficiadas.
La agenda de Misiones
Misiones participará activamente en la cumbre climática de Belém, representada por los ministros de Cambio Climático, Gervasio Malagrida y de Ecología, Martín Recaman, quienes llevarán una agenda centrada en energía, conservación y mercados de carbono.
El 14 de noviembre, Misiones tendrá una reunión con la Subsecretaría de Energía y Minerales del Estado de San Pablo para abordar temas vinculados con energía, biocombustibles y restauración ambiental mediante pagos por servicios ecosistémicos.
El 15 de noviembre, la delegación misionera participará en la conferencia “Market-friendly climate policies” en el Cities & Regions Hub y, posteriormente, en el panel “Advancing Nested Landscapes-building on the ALMA Brasil experience”, donde se expondrán proyectos jurisdiccionales REDD+ en el Pabellón de IETA.
Finalmente, el 17 de noviembre, Misiones tendrá una reunión con el Global Carbon Council para la firma de un convenio de colaboración en el Pabellón GCC y participará en el evento de la empresa Mercuria, dedicado a la presentación del proyecto NJR ECO₂, también en el Pabellón de IETA.
Este cronograma tiene a Misiones como protagonista subnacional dentro de los espacios de diálogo clave sobre conservación, energía y mercados de carbono, lo que puede abrir oportunidades para la región de la selva misionera.
Hasta ahora 53 países adhirieron a la iniciativa de conservación de los bosques, entre ellos México, Panamá, Perú y la Unión Europea. Treinta y cuatro pertenecen a las grandes cuencas del Amazonas, el Congo y el Borneo-Mekong, que concentran más del 90 % de los bosques tropicales del planeta.
El TFFF fue diseñado por Brasil junto a otros diez países durante la cumbre climática de Dubái en 2023, con el apoyo técnico del World Wide Fund for Nature (WWF), que lo calificó como una “fuente innovadora de financiamiento ambiental a largo plazo”.
El gobierno brasileño estima que el fondo podrá generar 4.000 millones de dólares anuales para conservación, casi el triple de lo que hoy se invierte en todo el mundo en la protección de los bosques tropicales.
“Las selvas valen más en pie que derribadas y deberían integrar el PIB de nuestros países”, insistió Lula, al remarcar que la defensa de los bosques tropicales es “una causa global y una oportunidad de justicia climática para el Sur”.Con este lanzamiento, Brasil se posiciona como líder en la arquitectura financiera para la acción climática, de cara a la COP30, que se espera marque un punto de inflexión en la lucha contra la deforestación y en la creación de incentivos económicos para los países que conservan.
Escribe Emilio Godoy / Inter Press Service – Las cumbres climáticas tienen una ineludible lista de metas, compromisos y procesos inconclusos. En la antesala de una nueva conferencia, la COP30, a realizarse en Belém do Pará, en la Amazonia brasileña, desde el lunes 10 de noviembre, fue el propio secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, quien lo reconoció.
“Fallamos en evitar un aumento de temperatura bajo 1,5°C en los próximos años”, dijo en entrevista con Sumaúma, en referencia a la meta principal del Acuerdo de París sobre cambio climático.
Pero la situación no es nueva. La historia, desde al menos la 26 Conferencia de las Partes (COP26) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (Cmnucc), en la ciudad escocesa de Glasgow, es una de incumplimientos y de avances escasos, tanto en América Latina como en el mundo, como lo exhibe una revisión realizada por este medio.
Un ejemplo es la famosa “salida” de los combustibles fósiles y el aumento de generación a partir de energías renovables, acordados en el marco del Balance Mundial realizado en la COP28 en Dubái.
Para Claudio Angelo, del brasileño Observatorio del Clima, el problema consiste en la falta de plazos y formas de aplicación de las medidas en torno a compromisos como el abandono progresivo de los combustibles fósiles y el crecimiento de la generación de energía renovable.
“Nadie o casi nadie dijo lo que iba a hacer para su salida en las NDC. Las renovables avanzan sin concomitantemente abandonar fósiles, tendremos un escenario de adición, no una sustitución. Brasil no es un buen ejemplo, porque la generación siempre fue renovable”, analiza desde Brasilia.
Las NDC son las contribuciones determinadas a nivel nacional, el conjunto de políticas voluntarias de mitigación que cada país presenta para cumplir con el Acuerdo de París firmado en 2015. Y un común denominador, explica Angelo, es precisamente la ausencia de los compromisos obtenidos en los documentos que deberían guiar las políticas climáticas.
Si bien el Balance Mundial —proceso mediante el cual los países y otros actores revisan su avance hacia los objetivos de reducción de emisiones y control del calentamiento global—, junto con otras iniciativas como la la Alianza de Marrakech para la Acción Climática Global —una plataforma que vincula a gobiernos, ciudades, empresas y pueblos indígenas con el fin de reducir emisiones y fortalecer la resiliencia frente a los impactos climáticos—, marcan la ruta para cumplir con el Acuerdo de París, esta ha sido muy accidentada.
El estado de los compromisos de cara a Belém
La nororiental ciudad de Belém, en el estado amazónico de Pará, será la casa de la COP30 entre el 10 y 21 de noviembre, en busca de nuevas metas y de retomar – teóricamente – la senda perdida hacia el control de la catástrofe climática.
Un análisis de Carbon Brief muestra que apenas un tercio de las nuevas NDC menciona el compromiso de salida de los combustibles fósiles acordado en el Balance Mundial de la COP28. Brasil, por ejemplo, menciona el compromiso de salida de los fósiles, pero no establece metas concretas ni fechas para realizarlo.
Las NDC son, precisamente, los instrumentos donde se deberían explicitar las medidas concretas para lograr los compromisos realizados.
El caso brasileño —país que preside la COP30— se suma al de los otros grandes de la región, como México y Argentina. Si bien los tres han aumentado la generación eléctrica a partir de fuentes renovables, se ha tratado más de una complementariedad que de una sustitución, ya que continúan con fuertes inversiones en los fósiles.
De los países de la región, solo Chile y Cuba mencionan y establecen metas concretas y medibles para la salida de los fósiles, según establece un análisis del think thankE3G. Colombia, el único país productor de fósiles que suscribe al voluntario Tratado de No Proliferación de los Combustibles Fósiles, menciona la meta pero no establece medidas concretas a nivel nacional.
En su nueva NDC, Brasil se compromete al incremento de la participación de tecnologías y fuentes limpias, renovables y de bajo carbono en la matriz nacional.
Pero, a pesar del progreso renovable, la dependencia de Brasil de los combustibles fósiles contradice su política climática. El país figura entre las 10 naciones con las mayores reservas de crudo desarrolladas y planea aumentar su producción de gas y petróleo.
La producción de petróleo totalizaría 5,3 millones de barriles diarios (mb/d) en 2030 y disminuiría a 4,4 Mb/d en 2034, para un aumento de 30 % frente a 2023. Mientras, la producción de gas saltaría a 118% en 2031, en comparación con 2023.
Al mismo tiempo, el grupo petrolero estatal Petrobras ya recibió un permiso de exploración de petróleo en la desembocadura del río Amazonas.
En los últimos años, se ha vuelto costumbre que cada COP termine con una declaración final, de naturaleza política y que recoge los principales compromisos asumidos.
Sin embargo, hay voces que apuestan a que no existan más y se apliquen mecanismos de implementación que den seguimiento real a los compromisos plasmados en años anteriores.
Las COP también han sido sede de una serie de compromisos voluntarios de los países, acordados por fuera de los mecanismos propios de la Cmnucc y, por ello, libres de escrutinio dentro del sistema climático internacional.
Según un conteo del sitio Ambición COP, desde 2021, América Latina ha asumido 444 compromisos voluntarios, con Brasil a la cabeza (45), seguido por Chile y Colombia (43 cada uno), México (28) y Argentina (21).
En cumbres climáticas, como la 29 en Bakú, La capital de Azerbaiyán, los países participantes asumieron y reafirmaron metas climáticas, algunas de ellas voluntarias, de escaso avance. Imagen: Cmnucc
Defectos comunes
México vive una contradicción similar a la de Brasil. Si bien la presidenta Claudia Sheinbaum ha prometido 12 300 millones de dólares para generación renovable. Y 3600 millones para producción fotovoltaica descentralizada en las casas. Mantiene la política de apoyo público a las estatales Comisión Federal de Electricidad (CFE) y Petróleos Mexicanos (Pemex).
El gobierno ha establecido un objetivo para que Pemex aumente la producción de petróleo de 1,5 mbd a 1,8 millones a 2035, así como la producción gasífera, de 3800 millones de pies cúbicos (p3) diarios a 5000 millones de p3.
Entre 2013 y 2024, el gobierno mexicano proporcionó a Pemex unos 140,000 millones de dólares en apoyo financiero, de los cuales asignó 105,000 millones después de 2019, mientras el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) frenaba la transición energética.
La matriz mexicana depende de los fósiles, pues en la producción energética representa 90 % y en la eléctrica, casi 80 %. Las renovables aportan 21 % de la generación eléctrica del país.
El nuevo plan eléctrico mexicano considera adiciones de energía eólica de 23,5 % y de solar fotovoltaica de 44 % para 2030. De esa cuenta, la meta de energía limpia consiste en 38,5 % para 2030 y 43,7 % para 2039.
Sin embargo, estos anuncios quedan cortos frente al compromiso asumido en Dubái.
“No hay modalidades y guías de aplicación. Nos falta una interacción más clara entre la ambición y la aplicación, tenemos que promoverla y a partir de ella, elevar la ambición. La presidencia (brasileña) de la COP tiene el reto de cómo pasar de la promesa a la acción”, dice Mariana Gutiérrez, gerente de Diplomacia y Transparencia Climática de la no gubernamental Iniciativa Climática de México, desde Ciudad de México.
Por otro lado, en Argentina la transición marcha en reversa durante la gestión del ultraderechista Javier Milei desde 2023. Pues más de la mitad de la electricidad procedió del petróleo y gas en 2024, mientras las renovables representaron 13 %.
Para este año, Argentina asumió el compromiso de la contribución renovable de 20 %.
A diferencia de otros países latinoamericanos y pese a su dependencia fósil, Colombia tiene metas ambiciosas de transición, con la incógnita del avance que logren.
Tres cuartos de la energía generada dependen de petróleo, gas o carbón y menos de 5 % de renovables no convencionales. En la generación eléctrica, el protagonismo lo tienen las hidroeléctricas con 58 %. Más de un tercio proviene de fósiles y el aporte de solares y eólicas es mínimo.
Los escenarios del Plan Nacional de Energía 2022-2052 de Colombia proyectan reducciones a largo plazo en la producción de combustibles fósiles. La Hoja de Ruta para una Transición Energética Justa reitera la intención gubernamental de la eliminación gradual de la producción fósil.
Para ese propósito, Colombia anunció 14 500 millones de dólares para la transición energética, incluido el alejamiento de la producción fósil.
En un bosque
Otros compromisos han corrido el mismo destino. Por caso, deforestación, meta voluntaria asumida en la COP26 de Glasgow y repetida en la cumbre de Dubái.
Al año siguiente, el planteamiento mutó a la Alianza de Líderes de Bosques y Clima, durante la COP27. Celebrada en Sharm el Sheij (Egipto), y la declaración final de Dubái recogió los objetivos del anuncio de Glasgow.
Por mucho, Brasil encabeza el problema en la región, con un nivel de 1.89 millones de hectáreas en 2024. Si bien la tendencia viene a la baja desde 2021. Luego del desastre ambiental empujado por la administración del ultraderechista Jair Bolsonaro (2019-2023).
Para Angelo, del Observatorio del Clima, el tema forestal es menos complicado, pero “igual los criterios y plazos, especialmente el financiamiento. Es algo que hace falta definir” y resalta “la necesidad” de una hoja de ruta para la salida de fósiles y deforestación cero. Pero cuestiona que “ni siquiera están en la agenda formal”.
Le sigue Colombia, con un nivel de 200 000 hectáreas en 2023, más que el año previo. Mientras, México presenta una tendencia alcista desde 2020, con una tala de 180 000 hectáreas en 2023. En ese mismo año, Argentina perdió 130 000 hectáreas de bosque, tendencia a la baja desde 2021.
Para la mexicana Gutiérrez, la COP30 “debería ser el momento adecuado para evaluar avances, corregir el rumbo y acelerar la aplicación de los compromisos globales”.
Un asunto gaseoso
El combate a las emanaciones de metano, especialmente procedentes de la industria de hidrocarburos. Ha corrido también la misma suerte que otros compromisos, voluntarios o no.
Desde el lanzamiento del Compromiso Global de Metano de la COP28 en Glasgow, acordado por unos 150 países y que busca la reducción de emisiones en 30 %, por debajo de los niveles de 2020, para 2030, han surgido varias iniciativas de apoyo a ese compromiso, pero aún sin resultados concretos, por lo que la meta permanece lejana.
En 2024, Brasil emitió 21 882 kilotones de metano y de los cuales 1889 provienen de la producción energética. Para situarse en el cuarto puesto global. Un kilotón equivale a 1000 millones de toneladas.
Su NDC menciona someramente la reducción de emisiones del petróleo y gas.
Entre tanto, Chile generó 16 384 kilotones en 2022 y de los cuales 14 % se originó en el ramo energético. La meta de su NDC es la reversión del crecimiento en 2025.
Argentina, por su parte, lanzó a la atmósfera 5430 kilotones y de los cuales casi un tercio provino del sector energético, detrás del ramo agrícola.
México es el décimo contaminador mundial, al emitir 6449 kilotones, de los cuales 1989 procedió de la explotación de hidrocarburos.
Uno de sus mayores problemas es la quema y el venteo de gas en instalaciones de hidrocarburos, al punto que alcanzó 5724 millones de metros cúbicos en 2024. Con un crecimiento de 4 % frente al año previo, para situarse entre los nueve países con esas prácticas.
En la región, Colombia es de los menores emisores, con 3641 kilotones, 814 originados por los hidrocarburos.
Brasil, Colombia y México respaldan la meta de cero quema de gas en 2030 del Banco Mundial, mas no Argentina.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente ya alertó de la gravedad del problema en un reciente informe. Al señalar que las empresas y gobiernos en el mundo solo atendieron 12 % de las 3500 alertas sobre fugas de metano que el organismo mundial lanzó en 2024. Y por lo que las metas globales de reducción de esas emisiones están lejanas.
Este reportaje se elaboró con el apoyo del programa de cobertura de la COP30 de Climate Tracker América Latina, respaldada por Oxfam.
El Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables de Misiones presentó este miércoles, en el marco de la Fiesta Nacional de la Madera que se desarrolla en San Vicente, la campaña de prevención de incendios “No Me Quemés”, mediante la instalación de un stand informativo dedicado a la concientización y la prevención.
La presentación se realizó de cara a la inminente llegada del verano, estación que trae los días más calurosos del año y un aumento en el riesgo de incendios. La Fiesta Nacional de la Madera, que se extenderá durante todo el fin de semana con más de 150 expositores y espectáculos artísticos de primer nivel, sirvió como escenario estratégico para el lanzamiento de esta iniciativa fundamental.
“No Me Quemés” es la campaña impulsada por el Gobierno provincial a través del Ministerio de Ecología de Misiones, cuyo propósito central es reducir la ocurrencia y el impacto de incendios forestales y rurales mediante tres pilares fundamentales: educación ambiental, articulación interinstitucional y el fortalecimiento de capacidades operativas. Del acto de lanzamiento participaron el ministro de Ecología, Arq. Martín Recamán y la coordinadora de campañas, Beatriz Fürstenau.
Durante la jornada, el equipo de Educación Ambiental del Ministerio de Ecología presentó un stand lúdico dedicado a la concientización sobre la prevención de incendios. A través de charlas y actividades participativas, se promovieron buenas prácticas ambientales, mientras se entregaban stickers alusivos a la campaña “No Me Quemés”. Además, los asistentes pudieron conocer de cerca el trabajo de los brigadistas del Plan de Manejo del Fuego, quienes compartieron información y experiencias sobre las acciones que se realizan para prevenir y combatir incendios en la provincia.
En este marco, Fürstenau destacó la relevancia de esta iniciativa en el contexto climático actual: “Esta es una campaña muy importante, sobre todo en esta época del año donde el índice de peligrosidad de incendio suele ser más alto. Esta campaña no es nueva, ‘No Me Quemés’ es una iniciativa que venimos impulsando desde Ecología para prevenir los incendios forestales y rurales en Misiones. Ya la lanzamos el año pasado y ahora la volvemos a poner en marcha como refuerzo, porque entramos en una etapa donde las temperaturas suben, la sequía se siente y el riesgo aumenta”.
La coordinadora también recalcó el carácter permanente y sostenido que se busca dar a la iniciativa: “La idea es sostener esta campaña todos los años, no solo en los meses críticos, sino como parte de una política permanente de prevención y cuidado. En Misiones tenemos un patrimonio natural único, y cuidarlo también depende de nosotros”.
En este marco además se realizó este jueves un show del grupo teatral Kossa Nostra en la Escuela Nº 453 de San Vicente. A través del humor y la participación de los estudiantes, la actividad buscó concientizar sobre la importancia de evitar quemas y cuidar el ambiente, reforzando el mensaje de prevención que impulsa el Gobierno provincial en todo el territorio.
Inter Press Service – El cambio climático socavará drásticamente la productividad agrícola y el bienestar humano, con algunos de los mayores riesgos concentrados en los países menos capacitados para adaptarse, expuso un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud).
Los datos del Pnud muestran que los países más pobres del mundo se enfrentan a algunas de las mayores pérdidas en productividad agrícola, con una proyección de disminución de la producción media nacional de cultivos de entre 25 % y 30 % para finales de siglo, en un escenario de emisiones muy elevadas.
Controlar las emisiones de gases de efecto invernadero, que calientan la atmósfera, es un objetivo global, y la inmensa mayoría de las naciones, en el Acuerdo de París de 2015, fijó el objetivo de que para finales de siglo la temperatura media del planeta no exceda de dos grados centígrados (°C) sobre los niveles de la era preindustrial.
Ahora, el estudio de la plataforma Human Climate Horizons, del Pnud, afirma que, incluso considerando la adaptación de los agricultores al cambio climático, más de 90 % de los países evaluados (161 de 176 analizados) experimentarán disminuciones en el rendimiento de los cultivos básicos para finales de siglo.
La investigación analizó seis cultivos básicos: maíz, arroz, trigo, soja, yuca y sorgo.
El África subsahariana y partes de Asia, donde los agricultores dependen en gran medida de la lluvia en lugar del riego, son especialmente vulnerables y tienen menos recursos para adaptarse a las condiciones cambiantes.
Pero las potencias agrícolas tampoco se salvan. Las economías consideradas “graneros del mundo” -incluidas las principales productoras de trigo y soja- no están aisladas del impacto.
Bajo un calentamiento severo, esas potencias muestran las mayores pérdidas de rendimiento, con caídas que alcanzan a 40 %, lo que podría generar efectos en cadena sobre los precios de los alimentos, el comercio y la estabilidad global.
De ese modo “el cambio climático no es solo un desafío ambiental; es una profunda crisis de desarrollo”, advierte el experto Pedro Conceição, director de la oficina del Informe Sobre Desarrollo Humano del Pnud.
“Las altas cosechas no solo son importantes para la seguridad alimentaria; también sustentan los medios de vida y abren caminos para la diversificación económica y la prosperidad. Las amenazas a los rendimientos agrícolas son amenazas para el desarrollo humano hoy y en el futuro”, expuso Conceição.
Un sistema alimentario ya debilitado y vulnerable
El panorama futuro mostrado se superpone a una crisis ya instalada, y el Pnud recordó que en estos días la FAO en su informe El Estado de la Alimentación y la Agricultura 2025 alertó de que la degradación del suelo causada por el ser humano ya ha reducido la productividad agrícola global en al menos 10 %.
Ese informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) indicó que la sola degradación de os suelos ha afectado la alimentación y modos de vida de unos 1700 millones de personas.
El cambio climático, por lo tanto, “no actúa en el vacío, sino que golpea un sistema alimentario ya debilitado y vulnerable, creando una tormenta perfecta para la seguridad alimentaria mundial”, expone el reporte del Pnud.
Pero el estudio también ofrece un mensaje de esperanza: reducir las emisiones importa, y cuando los países cortan las emisiones a niveles moderados, las pérdidas de cultivos hacia 2100 son menos de la mitad que bajo escenarios de altas emisiones.
Hacia un futuro sostenible y equitativo
El Pnud considera que hallazgos como los de su estudio “resuenan con la Declaración de Belém sobre el hambre, la pobreza y la acción climática centrada en el ser humano, previa a la COP30 en Brasil”, enfatizando que los sistemas alimentarios y la equidad deben ser centrales en las estrategias climáticas globales.
Se prevé que esa declaración se adopte en una reunión de líderes previa a la COP30 (la 30 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), que se desarrollará desde el 10 de noviembre en la ciudad brasileña de Belém, en plena Amazonia.
Conceição remarcó el criterio de que “el camino hacia un futuro sostenible y equitativo reside en una acción climática centrada en las personas”.
“Garantizar que cada persona mantenga el acceso a alimentos suficientes, nutritivos y confiables no es solo una cuestión de supervivencia; es una piedra angular de la dignidad y el desarrollo humano”, abundó.
El informe, elaborado por la secretaría de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), evalúa 64 actualizadas contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC) presentadas por las Partes entre enero de 2024 y septiembre de 2025, que cubren alrededor 30 % de las emisiones mundiales en 2019.
Las NDC para reducir las emisiones que recalientan el planeta son voluntarias y la base del Acuerdo de París. Cuyos avances, insuficientes según los expertos. Se revisarán durante la COP30 (30 Conferencia de las Partes) de la CMNUCC, que acogerá desde el lunes 10 la ciudad amazónica de Belém do Pará, en el norte de Brasil.
Bruce Douglas, experto en energías renovables y electrificación y director ejecutivo de la Alianza Global de Energías Renovables (Gra), en una entrevista exclusiva con IPS, afirmó que es alentador ver el impulso de las últimas NDC y los objetivos gubernamentales, que son más ambiciosos y viables que en rondas anteriores.
«Sin embargo, estamos viendo una aceleración aún mayor en la economía real. Donde las energías renovables alcanzaron un récord de 582 gigavatios (GW) de nueva capacidad el año pasado. Por lo que los gobiernos deben ponerse al día con la ambición del sector privado», afirmó.
Pero, añadió, » seamos claros: para tener la oportunidad de alcanzar el objetivo de triplicar las energías renovables y la trayectoria de 1,5 °C. El mundo necesita añadir aproximadamente 1100 GW cada año hasta 2030″.
Insistió en que «la dirección es la correcta, pero el ritmo debe duplicarse. Debemos prestar especial atención a las economías emergentes, donde la financiación aún no alcanza ni de lejos la escala necesaria».
Douglas añadió que existe un interés real en los países de todo el mundo por descarbonizarse a buen ritmo. Pero que la mayoría de las NDC de los países en desarrollo están condicionadas a la financiación. Por lo que este es el reto crucial que hay que abordar.
Afirmó que los proyectos de energía renovable también se ven frenados por obstáculos previsibles. La lentitud de los permisos, las limitaciones de la red y el alto coste del capital en los mercados emergentes.
«Estos problemas tienen solución. Conocemos las soluciones: agilización de los permisos, subastas predecibles e inversión en redes y almacenamiento. Pero, sobre todo, necesitamos acceso a financiación asequible. Los inversores están preparados: los gobiernos y los bancos multilaterales de desarrollo deben crear la certeza necesaria para desbloquearla», dijo Douglas.
Bruce Douglas, director ejecutivo de la Alianza Global de Energías Renovables. Imagen: Gra
Una década de avances, pero no suficientes
Cuando se cumplen 10 años del Acuerdo de París, aprobado en la COP21 de diciembre de 2015 en la capital francesa, el informe reconoce «nuevos indicios de avances reales y crecientes en la lucha contra el cambio climático gracias a los esfuerzos nacionales respaldados por la cooperación mundial».
Según el resumen ejecutivo, las Partes están estableciendo nuevos objetivos climáticos nacionales y planes para alcanzarlos que difieren en ritmo y escala de cualquier otro anterior.
Sin embargo, aunque «las Partes están reduciendo aún más su curva de emisiones combinada. Todavía no lo están haciendo con la suficiente rapidez», advierte el informe.
La urgencia de acelerar las medidas es evidente.
«Sigue siendo evidente que aún se necesita una aceleración importante para lograr reducciones de emisiones más rápidas y profundas. Y garantizar que los enormes beneficios de una acción climática firme lleguen a todos los países y pueblos», afirma el resumen.
Douglas consideró que «hemos sido testigos de un crecimiento extraordinario de las energías renovables en las últimas dos décadas, y los mercados suelen avanzar más rápido que los gobiernos, pero la brecha entre los objetivos y la implementación sigue creciendo».
«Ya no hay tiempo para promesas; ahora es el momento de avanzar. Lo más importante es la visibilidad: proyectos reales en tramitación, plazos claros y marcos financiables que conviertan la ambición en megavatios. Eso es lo que debe aportar la COP30: una señal clara de que estamos en la era de la implementación», afirmó.
Objetivos para toda la economía, alineación con el balance global
Una mejora notable de los nuevos NDC es su mayor exhaustividad. El informe destaca que «los nuevos NDC muestran una progresión en términos de calidad, credibilidad y cobertura económica. Ya que 89 % de las Partes comunican objetivos para toda la economía (frente a 81 % en sus NDC anteriores)».
Las Partes también han respondido a los resultados del primer Balance Mundial. Que realiza una evaluación periódica del progreso en la lucha contra el cambio climático, según los compromisos asumidos en el Acuerdo de París.
«El 88 % de las Partes indicaron que sus NDC se basaban en los resultados del Balance Mundial y el 80 % especificaron cómo». Esto indica una creciente voluntad de alinear la planificación climática nacional con la ciencia y la ambición globales.
Douglas afirmó que el primer balance global fue una llamada de atención. Y que sirvió para catalizar la atención sobre el objetivo de triplicar las energías renovables.
«Ahora, la COP30 debe traducir ese impulso en resultados medibles: reafirmando el objetivo de triplicar las energías renovables, enviando señales financieras importantes para las redes y el almacenamiento, y estableciendo objetivos renovables ambiciosos a corto plazo en la próxima ronda de NDC», remarcó.
Rango previsto de los niveles de emisión de gases de efecto invernadero para las Partes que han presentado objetivos para 2035 de acuerdo con sus nuevas contribuciones determinadas a nivel nacional, con o sin uso de la tierra, cambio de uso de la tierra y silvicultura. Imagen: ONU Cambio Climático
Emisiones descendentes, pero por debajo de la meta de 1,5 °C
El informe analiza el impacto previsto de estas NDC en las emisiones de gases de efecto invernadero.
«En conjunto, las nuevas NDC muestran una reducción de las emisiones previstas de 17 % (11-24 %) por debajo del nivel de 2019», concluye.
Añade que se estima que la plena aplicación de todas las nuevas NDC, incluidos los elementos condicionales, «reducirá el nivel total de emisiones de GEI (gases de efecto invernadero) del grupo de Partes pertinente a 12,3 (12,0-12,7) Gt (gigatoneladas) CO₂ equivalente en 2035, lo que supondría un 19-24 % por debajo del nivel de 2019».
Sin embargo, el informe advierte que «la magnitud de la reducción total de emisiones que se espera lograr por parte del grupo de Partes… no alcanza lo necesario según los rangos del IPCC», el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, que traza las metas necesarias para contener la crisis climática.
Según la última síntesis del IPCC, «las reducciones de las emisiones de GEI tendrán que reducirse en 60 (49-77) % para 2035 con respecto al nivel de 2019» para limitar el calentamiento a 1,5 °C, la gran meta del Acuerdo de París.
Enfoques holísticos y avances sectoriales
El informe identifica un «enfoque que abarca toda la economía y toda la sociedad» como «un pilar cada vez más fundamental para garantizar la estabilidad y el crecimiento económicos, el empleo, la salud y la seguridad y la asequibilidad energéticas, entre muchos otros imperativos políticos, en los países».
La mitigación y la adaptación están cada vez más integradas.
«Todas las NDC van más allá de la mitigación e incluyen elementos. Entre otros, sobre adaptación, financiación, transferencia de tecnología, creación de capacidad y abordaje de las pérdidas y daños. Lo que refleja el alcance integral del Acuerdo de París», indica el informe.
Añade que la adaptación es más importante que nunca, ya que «73 % de las nuevas NDC incluyen un componente de adaptación».
Douglas afirmó que el sector energético está liderando la iniciativa: la energía solar va por buen camino; lo que se necesita es acelerar rápidamente la energía eólica, geotérmica, hidroeléctrica, las redes y el almacenamiento para mantener el ritmo.
Subrayó que la electrificación del transporte, la calefacción y los sectores industriales más difíciles de reducir son los siguientes en la lista.
«Estamos viendo proyectos piloto prometedores de industria limpia y electrificación temprana, pero necesitan marcos políticos claros para poder ampliarse. Todos los sectores deben avanzar más rápido: tenemos que electrificar todo lo que se pueda electrificar, con las energías renovables como base», dijo.
Transición justa e inclusión social
El concepto de transición justa está ganando terreno.
«Un total de 70 % de las Partes consideraron la transición justa al preparar sus nuevos NDC. Y la mayoría de ellas tienen previsto integrar la consideración de la transición justa en la aplicación de los NDC», señala el informe.
Destaca que «las Partes contextualizaron la transición justa como una ayuda para garantizar que el cambio hacia economías bajas en carbono y resistentes al clima no agrave las desigualdades existentes ni cree otras nuevas en las sociedades, permitiendo así una acción climática socialmente inclusiva y económicamente empoderadora».
Bosques, océanos y soluciones basadas en la naturaleza
La protección de los sumideros naturales sigue siendo un tema importante.
«Las Partes han integrado medidas forestales en los objetivos de mitigación de toda la economía. Y han mencionado contribuciones e indicadores específicos para los bosques en sus nuevos NDC», considera el informe.
La síntesis destaca «la colaboración internacional y los pagos basados en resultados de REDD+ (reducción de emisiones de gases de efecto invernadero por la deforestación y degradación de los bosques) como claves para la mitigación en el sector forestal, al tiempo que señala las sinergias con el logro de los objetivos de adaptación y biodiversidad».
Las medidas climáticas basadas en los océanos también están aumentando.
«Las Partes informaron de un aumento significativo de las medidas climáticas basadas en los océanos en comparación con los NDC anteriores. Y 78 % de las Partes incluyeron en los nuevos NDC al menos una referencia explícita al océano. Lo que supone un aumento de 39 %», asegura.
Financiación, tecnología y capacidad: el reto de la implementación
La financiación sigue siendo un reto fundamental para la ambición.
«Un total de 88 % de las Partes proporcionó información sobre la financiación necesaria para implementar actividades en línea con sus NDC, y 75 % caracterizó la financiación en términos de apoyo necesario», señala el informe.
Las Partes informaron de «un coste total comprendido entre 1970,8 y 1975,0 mil nillones de dólares en total, de los cuales entre 1073,88 y 1074,00 mil millones se identificaron como apoyo necesario procedente de fuentes internacionales».
La tecnología y el desarrollo de capacidades también se destacan como factores clave.
«Un total de 97 % de las Partes proporcionó información sobre el desarrollo y la transferencia de tecnología… El 84 % de las Partes hizo referencia al desarrollo de capacidades con distintos niveles de detalle, y 31 % de esas Partes lo abordó en secciones sobre medios de implementación o desarrollo de capacidades», dice el informe.
Inclusión del género, la juventud y los pueblos indígenas
Las nuevas NDC reflejan una creciente atención a la inclusión social y el empoderamiento.
«La integración de la perspectiva de género en las NDC está avanzando, y las Partes tienen cada vez más en cuenta el género para promover una acción climática inclusiva y eficaz. En sus nuevas NDC, el 89 % de las Partes proporcionaron información relacionada con el género y el 80 % afirmaron que tendrán en cuenta el género en la aplicación de las NDC», se insiste en el informe.
Señala además que «es la primera vez que se incluye una sección sobre los niños y los jóvenes en el informe de síntesis de las NDC».
«El 88 % de las Partes, en sus nuevas NDC, incluyeron información. En general más clara y detallada que anteriormente, que refleja un compromiso más firme con la inclusión significativa. Sobre cómo se ha tenido o se tendrá en cuenta a los niños y los jóvenes en la elaboración y aplicación de las NDC», precisa.
Del mismo modo, «el 72 % de las Partes informaron de un mayor énfasis en el papel fundamental de los pueblos indígenas y las comunidades locales en la adaptación al clima y la mitigación, en comparación con 66 % anterior».
Cooperación internacional y esfuerzos voluntarios
El informe de síntesis destaca la indispensabilidad de la cooperación internacional.
«El 97 % de las Partes destacó la importancia de la cooperación internacional. Para movilizar recursos y salvar la brecha entre la ambición de las NDC y su implementación», dice el informe.
Y añade: «Las Partes describieron su compromiso con los socios internacionales para promover una acción climática eficaz e inclusiva a través de iniciativas de cooperación voluntaria, colaboración regional y actividades sectoriales como la transición energética».
A pesar de los avances, el informe lanza una advertencia.
«Con unas emisiones de GEI en 2035 estimadas en promedio 17 % (11-24 %) por debajo de su nivel de 2019. La escala de la reducción total de emisiones que se espera que logre el grupo de Partes no alcanza lo necesario según los rangos del IPCC», asegura el informe.
Y considera que «sigue siendo necesaria una aceleración importante en términos de lograr reducciones de emisiones más rápidas y profundas. Y garantizar que los enormes beneficios de una acción climática firme lleguen a todos los países y pueblos».