Chilavert, el nuevo outsider en la política

José Luis Félix Chilavert: dueño histórico del arco de la selección paraguaya de fútbol, ídolo y multicampeón con Vélez Sarsfield, tres veces electo como el mejor arquero del mundo, y ahora… ¿posible presidente de Paraguay? La certeza única es que Chila lanzó su candidatura oficial rumbo a la presidencia del país guaraní, respondiendo a un fenómeno político y sociológico, conocido como outsiders.

El ex futbolista se ha caracterizado, dentro y fuera de la cancha, por ser un personaje sumamente polémico, altanero, soberbio y de carácter fuerte. Esa forma de concebir al mundo, llevó a Chilavert a la gran dicotomía de los héroes: amado u odiado, no hay término medio. En esa disyuntiva es que el ícono del arco paraguayo construyó su imagen política, hoy materializada en una candidatura para ser presidente de su país. 

Una lectura breve nos permite comprender su postura política. Chilavert está claramente ubicado a la derecha de la brújula ideológica. Una persona que siempre mantuvo posturas firmes acerca de la punición a la “delincuencia” política y de culpar de los males económicos a la clase dirigente, a la cual él mismo ahora busca pertenecer. Paralelamente, el discurso de Chilavert se posiciona desde la construcción de un relato evidentemente populista, apelando al sentir más cercano a la opinión popular. En el fútbol se le dice “tribunero”. Y esto no es casualidad, Chilavert y su mesa chica comprenden que esa es una forma de hacer política. La desconfianza en los partidos tradicionales, generada muchas veces por relatos pos verídicos, por la ampliación de las redes sociales, las fake news y también por las mismas malas gestiones que se suceden en el país guaraní, son el leitmotiv principal de su discurso. 

El mismo Chilavert declaró a un portal colombiano: “No estamos contaminados con la política sucia de los partidos tradicionales”. 

El gran rival de Chilavert no pareciera ser ni los elevados precios del combustible ni el vaciamiento del aparato público (hospitales y escuelas) para los paraguayos, sino ese significante vacío tan (mal)tratado en los medios: el populismo. Chilavert considera que ese término, graficado según él en personas como Nicolás Maduro o Evo Morales, es la máxima preocupación que afronta su país. 

Este término, descontextualizado y desde el “sentido común” generalmente se lo asocia a mandatarios de izquierda o que al menos priorizan las políticas públicas. Nada más lejos de la realidad, de hecho… Chilavert y la construcción de su discurso forman parte del populismo de derecha más duro, gestado en la última década y con sobrados ejemplos. 

Ahora bien, ¿por qué Chilavert es parte del reflejo de la sociedad paraguaya? En principio, gran parte del conglomerado social que habita Paraguay padece de problemas estructurales que trastocan la posibilidad de ascenso y movilidad ascendente en el marco económico. Estas no son cuestiones aisladas de Paraguay, sino que las mismas se hacen presente en gran parte de los países sudamericanos, y muchas veces, las respuestas a esos dilemas se encuentran en la historia y en la política y economía internacional. 

Sin embargo, a quien sale a trabajar de sol a sol en Paraguay, poco le interesa eso. Asimismo, previamente se comentó sobre la desconfianza en la política tradicional, otra constante de las sociedades americanas contemporáneas, las cuales llevaron a personajes nefastos a la conducción nacional, solo basta pensar en Jair Bolsonaro en Brasil. Hay que anexar a estas situaciones, el paradigma ideológico planteado hasta hoy en día en Paraguay: el fenómeno de Stroessner. El dictador paraguayo se mantuvo en el poder durante casi 35 años y bajo su régimen se cobró 18.772 víctimas de torturas, 337 desaparecidos y 58 ejecutados. Más allá de los atroces números que se acaban de presentar y de la historia misma que fue testigo de lo sucedido, en Paraguay aún pululan discursos cercanos al ala ideológica más recalcitrante de su sociedad, la cual recuerda e inclusive resignifica positivamente al manejo político de Alfredo Stroessner. Estos pensamientos ultra – conservadores son en gran parte tomados por Chilavert y sus allegados, sin glorificar muertos, pero en connivencia con lo más duro de esos discursos de antaño, sumado a un rechazo profundo hacia la izquierda política y todas sus expresiones. 

Su figura suma puntos a la hora de hablar de proliferación del discurso a partir de su carisma y de su pasado en el fútbol. Chilavert fue el ídolo futbolístico de toda una generación, fiel representante de la selección paraguaya en todo el mundo, un arquero goleador y sobre todo un gran defensor de sus colores. Chilavert es, comunicativamente, ese líder en donde los paraguayos se han refugiado durante años, por su seguridad y su excelente desempeño en el verde césped. Esa misma imagen, es trasladada al campo político, porque es indivisible la persona del futbolista, y ahora, del político. Un punto más que primordial para Chila

Chilavert: un outsider más y van… 

Outsider es una palabra de habla anglosajona y que, según el sociólogo Howard Becker refiere a “aquel individuo incapaz de seguir las normas acordadas por el grupo”. En paralelo, este término se asocia a los personajes que aparecen en el escenario político sin hacer una carrera dentro, sin ser personas de militancia, sin ser letrados o académicos que tengan certezas teóricas para llevar las riendas de una sociedad. Generalmente los outsider, provienen de afuera de la política tradicional, son políticamente incorrectos y arremeten con un discurso demagógico que apela al sentido de una sociedad cansada, entendida en términos de auto – explotación según el filósofo surcoreano Byung – Chun Han. En este sentido, es simple ver que José Luis Félix Chilavert pertenece a ese orden, cumple básicamente con todos los requisitos. Pero, además, el paraguayo no es un fenómeno aislado, él no es el único que podría encasillarse en ese fenómeno sociológico y político propio de esta época. Chilavert, su discurso y sus seguidores son producto de un proceso mucho más grande y que ya ha tenido y tiene referentes internacionales. 

Con el mote de “outsider” podría nombrarse a Donald Trump en EEUU, Boris Johnson en Gran Bretaña, Jair Bolsonaro en Brasil, Nayib Bukele en El Salvador, Luis Lacalle Pou en Uruguay y Javier Milei en Argentina. De hecho, con el último, Chilavert mantuvo reuniones y compartieron ideas, aunque el paraguayo se despegó del argentino diciendo que “él (Chilavert) es liberal y que Milei es mas bien libertario”. Estos personajes, en un análisis mas profundo tienen raíces en el sector empresarial y con una queja constante hacia las políticas estatales de redistribución o impositivas que pesan sobre sus negocios en pos del beneficio de la sociedad a partir de la materialización de las acciones, ya sea en la salud, la educación o la seguridad social. Además de compartir ese génesis empresarial, que apoya reformas previsionales y achicamiento indiscriminado del Estado, ponderan la creación de un enemigo en común, el cual reúne ciertas características y apela a conceptos repetitivos: populismo, izquierda, comunismo, socialismo, ideología de género, casta política, entre otros. Estos conceptos, absolutamente descontextualizados y explayados desde un panorama anti – académico son palabras repetidas hasta el hartazgo, creando una posverdad desde el discurso de estos personajes, y que, a la vez, son consumidas y propagadas en redes sociales, lugar donde el academicismo ha perdido terreno y donde abunda la inmediatez, la polémica y la ignorancia puestas al servicio del consumo. Inclusive, esta construcción de un enemigo en común no es algo nuevo, sino que responde a uno de los 11 principios de la propaganda nazi, creados por Joseph Goebbels, quien supo ser el ministro de propaganda del Tercer Reich de Adolf Hitler. Hablamos del principio de simplificación y del enemigo único. Cabe aclarar que no solamente los outsiders utilizan este principio, sino que es de amplia concurrencia también en la política tradicional, sino basta ver la construcción el eje del mal que constantemente se dinamiza en EEUU, hoy puesta en Rusia, China, Irán, Corea del Norte y Venezuela. 

Analizar el discurso político de Chilavert lleva a trazar un evidente paralelismo con todos los referentes previamente nombrados con distintas experiencias políticas, sin embargo, hay uno que es demasiado incuestionable. El slogan de Chilavert es “Orgulloso de ser paraguayo”, y apela al retorno del principio de exaltación de la nacionalidad paraguaya por sobre las demás, dando a entender que hoy en día un paraguayo no siente el orgullo que debería tener (en base a una generalidad), según este silogismo enarbolado por el ex arquero de Vélez Sarsfield. Ahora bien… ¿esto ya se escuchó antes? Pareciera ser que sí. Durante toda su campaña preelectoral y durante su gestión presidencial, el republicano Donald Trump repitió hasta que su población lo memorice: “Make América great again” (Hacer a América {Estados Unidos} grande otra vez). Esta premisa claramente apela al sentir nacional estadounidense, al hecho de que durante los años previos a la gestión trumpista, Estados Unidos perdió el protagonismo que tuvo durante décadas, echando la culpa a los demócratas y progresistas y posicionándose como el líder que puede cambiar el rumbo de su país. Un slogan que comparte varias aristas. 

Con Bolsonaro, es evidente la postura autoritaria y sin filtros que mantiene Chilavert. La forma de simplificar problemas de índole absolutamente enquistadas en cuestiones históricas y estructurales es una constante de ambos. Cabe pensar como Bolsonaro aborda la inseguridad en su país, con una respuesta tan simple como aumentar la presencia policial y combatir con todo el peso de los grupos de choque a la delincuencia y las situaciones particulares que viven las favelas brasileñas. Chilavert utiliza la palabra “delincuencia” con total liviandad en sus discursos, sobre todo dirigidos hacia la clase dirigente, pero que busca trazar un paralelismo con la dicotomía del ladrón común y el “ladrón de guante blanco”, algo que también se ve en las esferas bolsonaristas. Asimismo, Chilavert considera a Bolsonaro y Lacalle Pou como “una bocanada de aire fresco que tiene la democracia liberal”. 

Un tema al cual no gambeteó el ex arquero goleador guaraní es el lenguaje inclusivo, muchas veces incluido dentro de los discursos outsiders como parte de un significante vacío mucho más grande: la ideología de género. En este sentido, Chilavert deslizó una reflexión en su cuenta personal de Twitter el año pasado, en donde dijo lo siguiente: “El mejor lenguaje inclusivo es que todo niño desayune, almuerce, meriende, cene y estudie, y cuando sea grande trabaje”. 

Con eso queda clara cuál es la postura tomada sobre el lenguaje inclusivo por el actual candidato rumbo a la presidencia de Paraguay. 

Si hablamos desde el paradigma económico, hay una queja constante de Chilavert hacia la cuestión impositiva. Y es justamente esta, un concepto recurrente por el cual despotrican los outsiders. El fisco, la presión fiscal son comparados con el leviatán de Thomas Hobbes, son de las tantas palabras que se utilizan. De hecho, el ex arquero apuntó varias veces contra los líderes políticos paraguayos por los impuestos en ese país, e inclusive tomando como ejemplo, su queja contra los impuestos extraordinarios para los sojeros de Paraguay en épocas de incipiente pandemia de COVID – 19, en donde todos los estados del mundo buscaron refugio económico para los sectores más postergados a raíz de la ralentización económica y el enfriamiento productivo ejercido por las cuarentenas, necesarias a nivel sanitario. Asimismo, Chilavert se sumó a la ola de peticiones de que los políticos deben bajarse los sueldos, con el fin de que ese dinero sea distribuido en otros sectores. Más allá de la evidente ineficiencia en un sistema redistributivo de la baja de los sueldos políticos, Paraguay se ubica con un promedio de mitad de tabla cuando se habla de los legisladores que más cobran en la zona, teniendo a la cabeza a Colombia y Chile con los políticos más caros de Sudamérica. Asimismo, si hablamos de los presidentes actuales, el paraguayo Mario Abdo Benítez se ubica de la mitad de tabla para bajo en cuanto a sueldos más acaudalados se habla; y, paradójicamente, Luis Lacalle Pou es el máximo mandatario regional que tiene el sueldo más elevado quien percibe más de 20.000 dólares estadounidenses por mes, con un descuento de su neto, percibe 10.896 dólares, con una imagen completamente diferente a quién supo ser presidente de Uruguay: el humilde, José “Pepe” Mujica.

La política paraguaya en plena tormenta 

Paraguay es un país que presenta una realidad política sumamente compleja. En principio, lo que anteriormente se nombró, una desconfianza en el sistema tradicional galopante entre la población, pero más allá de eso, se puede nombrar a la eterna disputa bipartidista entre liberales y colorados, con propuestas que, si no dan el golpe sobre la mesa, podrían comenzar a perder esa hegemonía que se ha construido en su joven democracia. A eso hay que sumarle la resolución de problemas graves y estructurales, como la salud y la dificultad de su acceso, la educación, la economía informal y el narcotráfico. En ese último punto cabe realizar un apartado, ya que la reciente muerte del fiscal Pecci en su luna de miel en Colombia en conjunto con la balacera que le provocó el deceso a José Carlos Acevedo, quien era intendente de Pedro Juan Caballero al momento del atentado, movilizaron a la sociedad paraguaya y la pusieron en la mira internacional sobre el avance del narcotráfico en las redes de poder. Es evidente que la figura de un narcoestado paralelo en Paraguay, dirime gran parte de las vidas en ese país y cobran una vital relevancia con la cual deben lidiar los líderes políticos en dicho país. Pareciera ser un flagelo que no cesa. 

El año que viene, precisamente en el mes de abril, los paraguayos deberán concurrir a las urnas con el fin de elegir un nuevo presidente. Actualmente, y según consultoras privadas, Mario Abdo Benítez padece más de 80% de desaprobación de su población, lo cual dificulta la buena imagen que pueda llegar a tener su partido de cara a elecciones presidenciales. La izquierda bien definida no parece tener certeza alguna de poder disputar por el máximo cargo político que se gesta en un país democrático. Ante este vacío, Chilavert y su gente podrían posicionarse como una fuerza política que motive y movilice a gran parte de la sociedad paraguaya, con gran aceptación en ancianos, adultos y jóvenes. 

¿Chilavert se subirá a la oleada ultraderechista o será sometido por el contexto de su país? Es una incógnita hasta que se vea su desempeño en un cargo político, aunque el crecimiento de la influencia narco en distintos ámbitos de la sociedad paraguaya, ya cavó hondo en el aparato político y donde el mismísimo Chilavert deberá luchar. Su imagen futbolera, tal cual fue la de Mauricio Macri en Argentina, podrían darle una cierta credibilidad, aunque la misma pueda pender de un hilo, maquillada por decisiones mínimamente polémicas en su cargo. 

¿La pelota siempre a Chilavert?

El ídolo del fútbol paraguayo está a un paso de perder esa idolatría. Esta a menos de un año de perder ese pedestal en el cual el pueblo de Paraguay lo puso, y también se puso él, por su histórico accionar en las canchas de fútbol. Habrá que pensar, sin embargo, sobre los intereses empresariales que se hallan detrás de la figura del gran arquero, y, sobre todo, como afrontar un contexto de magna desigualdad social imperante en Paraguay, con un discurso meramente de “cultura del trabajo”, sin indicar, por el momento, cual será el plan para llevar a cabo una transformación cabal. Podría ser Chilavert consumido por un espacio al cual nunca perteneció, que tiene responsabilidades mucho más grandes que las previamente afrontadas por el ícono de Vélez Sarsfield, y por otro lado mirar a la integración regional. La cohesión de Sudamérica podría polarizarse aún más con la posible llegada de Chilavert al poder, entendiendo la clara diferenciación entre el progresismo expuesto en Chile y Bolivia, y el conservadurismo y neo – liberalismo materializado en Brasil (aunque afrontará elecciones presidenciales este año) y Uruguay. Las elecciones paraguayas del 2023 moverán, indudablemente, la brújula geopolítica de Latinoamérica.Paraguay es un país absolutamente importante para Misiones, entendiendo que la tierra colorada comparte gran parte de su frontera con el país de Chila. Es claro que sus decisiones provocarán reacciones, que podrían repercutir en Misiones. Solo basta pensar en una mala gestión económica que aumente la oleada de migraciones paraguayas que tengan como destino a la provincia misionera, como fin último o como un territorio transitorio hacia otras provincias u otros países. También es válido pensar en el sistema sanitario misionero, a partir de las decisiones que podría tener Chilavert como funcionario político. El ex arquero mencionó que su Estado debe hacerse cargo de los gastos sanitarios de los paraguayos en Argentina, un tema que provoca comentarios encontrados en nuestro país. Cierto es que Misiones tiene un acuerdo de reciprocidad sanitaria que pocas veces se cumple por el estado paraguayo. En gran parte, los paraguayos presentan una doble documentación para ser atendidos en la tierra colorada y en muy pocos casos son arancelados. Lo cierto de esto, es que la República de Paraguay no se hace cargo de estos acuerdos. De esta forma, un simple comentario preelectoral de Chilavert podría repercutir en nuestra realidad y eso reviste a las claras, la importancia de la integración política, económica, social y cultural en la región y sus consecuencias, positivas o negativas.

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