Código Pasta: Dos emprendedoras buscan dejar su sello en la gastronomía local
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Emprender no es una tarea sencilla, en tiempos de pandemia mucho menos. Requiere de planificación, previsión, constancia, prueba y error, de poseer un gran carácter para afrontar las adversidades y sobriedad para gozar de los pequeños triunfos. Daniela y Luana entendieron esto desde el primer día y hoy gozan de un éxito escalonado, fruto de su trabajo y perseverancia al frente de Código Pasta.
Daniela Weber y Luana Ledesma son dos jóvenes emprendedoras que se conocieron en la carrera de derecho y que la pandemia las incentivó a iniciar un proyecto para generar sus propios ingresos. “Daniela ya se recibió, yo estoy por terminar la carrera y con todo esto de la pandemia decidimos hacer algo para ganar plata y alivianar los gastos de nuestros padres”, señala Luana que es oriunda de Iguazú y decidió quedarse en Posadas durante la cuarentena.
De esta manera apostaron a la elaboración de pastas, algo que consideraron les iría mejor que con otros alimentos. “Para pastelería o comidas dulces lleva un proceso de trabajo mayor y para arrancar con nuestros productos utilizamos herramientas de nuestras familias, que nos ayudaron mucho y nos siguen ayudando”, agregó Luana. De esta manera, surge Código Pasta, una fábrica de pastas saborizadas con ingredientes naturales.
Con algunos tropiezos, con mucha lectura y formación, para mediados de septiembre del 2020 lanzaron el emprendimiento a través de las redes sociales. “Fue un aprender en todo, en cómo preparar mejor la masa, en cómo calcular los costos, estrategias de marketing y lo hacíamos todo nosotras dos”, explicó Daniela quien, a poco de lanzar la marca tuvo un pequeño traspié.
“A dos semanas de que sacamos nuestros productos a la venta, sufrí una caída que ocasionó que mi muñeca se rompiera y me tuvieron que poner 11 clavos. Me caí andando en patines, hubiese querido que la anécdota tuviera más glamour, pero es lo que hay” ríe Daniela.

Instalarse en la gastronomía local
A los pocos meses de sus primeras ventas, llegó el primer desafío: que sus productos se sirvan Vitrage, un local céntrico de la ciudad de Posadas. “Con un contacto que tenemos con la empresa, conseguimos que incorporen nuestras pastas a su menú y es que es uno de nuestros objetivos, ya que muchos locales no ofrecen este tipo de platos”, indicó Luana.
Esto significó aumentar la producción, pero es una carga de trabajo que no las desanimó. Un par de meses más tarde acordaron también proveer al Bar Español y actualmente también están por cerrar otro cliente en Garupá. “Nos estamos expandiendo de a poco, por la provincia”, comenta entre risas Luana, “Que se sirvan nuestras pastas en estos lugares también nos ayudó a conseguir más clientes que les gustó los platos y ahora vienen a comprar acá”, agregó.

De la cocina al local
Cuando tomaron la iniciativa de empezar la producción, la base de operaciones, taller de elaboración y cocina, fue un sector de la casa de Daniela. “Las primeras herramientas también fueron de nuestras familias, una pastalinda, una minipimer para hacer el relleno, todo gracias a la colaboración de nuestras familias que nos apoyaron y nos siguen apoyando”, insiste Luana.
No obstante, con apoyo del Instituto de Fomento Agro Industrial (IFAI), pudieron adquirir sus primeras máquinas propias y un exhibidor, tiempo más tarde ya conseguirían la habilitación municipal del local y la cocina. “Fue todo muy rápido, conseguimos grandes cosas, pero también fueron meses de trabajo intenso, agotadores pero gratificantes”, coincidieron ambas.
Con el programa municipal Mi Primer Empleo, Daniela y Luana pudieron sumar a dos trabajadoras a su staff. “Cuando arrancamos no nos pusimos techo, pero tampoco pensamos que en menos de un año debíamos estar entrevistando a posibles empleados, no nos veíamos como jefas”, reconocen. Esto les posibilitó ampliar su producción, tomar otras tareas y llegar a las 500 cajas mensuales, además de las salsas y quesos que también comercializan. “Tratamos de que sea lo más casero posible, para las pastas usamos verduras frescas, lo mismo que para las salsas, el packaging también es sustentable y evitamos lo mayor posible el uso de plásticos”, reconoce Luana.
En las últimas semanas pudieron abrir su propio local, donde se acercan clientes nuevos y algunos que no habían visto antes la cara. “Al principio vendíamos a la familia, amigos que nos hacían el aguante, ahora vemos que nos etiquetan personas que nos sabemos quiénes son”, explica Daniela. Los trámites de habilitación se dieron bastante rápido, debido a que desde sus inicios ya habían realizado los cursos de manipulación de alimentos y también los trámites correspondientes para funcionar de forma legal.
Daniela y Luana no paran de agradecer a la familia que las apoyó en todo momento y tampoco a las amistades que aportaron para su crecimiento. Pero tampoco se la creen, trabajan con humildad, aunque poseen esa ambición que necesita aquel que busca crecer en lo que se propone, que ama lo que hace y que no deja que su éxito decida el azar.
