¿Cómo afecta el envejecimiento de la población al sistema jubilatorio?

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Argentina está inmersa en un proceso de transición demográfica. La natalidad cae, la esperanza de vida aumenta y el país envejece. Ese cambio no es sólo demográfico, sino que reconfigura la demanda sobre las políticas públicas. En particular, el sistema jubilatorio y de cuidados debe sostener a una proporción creciente de personas mayores. 

Esta dinámica se viene acelerando en las últimas décadas y sus consecuencias fiscales ya empiezan a hacerse visibles.

¿Qué sucedió con la mortalidad? ¿Cómo cambió la estructura por edades? ¿Qué consecuencias tiene este cambio sobre el sistema previsional? y ¿Cómo evolucionó el gasto en jubilaciones y pensiones?
La mortalidad infantil cayó de forma drástica y cada vez más adultos mayores llegan a los 90 años
Argentina viene incrementando la esperanza de vida gracias a una reducción de la mortalidad en las distintas franjas etarias. Cada vez más argentinos llegan a la vejez y, además, viven más tiempo una vez que la alcanzan. En 1950, apenas 1 de cada 100 personas de 60 años tenía expectativa de llegar a los 90. Esa cifra viene creciendo de forma sostenida, con una breve interrupción durante la pandemia, hasta alcanzar en 2025 un máximo histórico de 23 de cada 100.

Por otro lado, la tasa de mortalidad infantil, que mide el número de fallecimientos de niños menores de un año por cada 1000 nacimientos, pasó de 72 en 1950 a 8,7 en 2025, lo que representó una baja del 88%. Detrás de ambos procesos hay una misma causa. Los avances médicos y la mejora en las condiciones de vida permitieron que en cada etapa de la vida cada vez más personas lleguen a la siguiente.
¿Cómo cambió la proporción entre jóvenes y adultos mayores?
El envejecimiento poblacional supone un cambio relevante en la estructura de la población por edades. A lo largo de los años, la composición relativa de los distintos grupos etarios ha variado de forma sostenida, redefiniendo nuestra sociedad.

Históricamente, Argentina fue una nación con una población muy joven. En 1869, al momento del primer censo, los menores de 20 años representaban casi el 54% de la población total. Sin embargo, para 2025, esta proporción se redujo drásticamente a menos del 30%. 

El proceso inverso ocurrió entre los adultos mayores. Mientras que en 1869 las personas mayores de 65 años constituían apenas el 1,9% de la población, en 2025 representan el 12,4% del total.Estos cambios son resultado de dos procesos. Por un lado, la caída en la fecundidad, es decir, el menor número de hijos por mujer. Por el otro, el aumento de la esperanza de vida en la vejez, ya que cada vez más personas viven hasta edades avanzadas.
¿Qué consecuencias tiene este cambio sobre el sistema jubilatorio?
Una de las consecuencias más significativas del cambio demográfico, y con mayor impacto en las políticas públicas, es el creciente número de adultos mayores en la población. Esto ejerce una presión especial sobre los sistemas de previsión social y de salud. El sistema previsional es el que concentra la mayor parte del gasto público destinado a la vejez. Funciona bajo un esquema de reparto donde los aportes de los trabajadores activos financian directamente los haberes de los jubilados actuales. 

Cuando la población en edad de jubilarse crece más rápido que la población activa, la relación entre aportantes y beneficiarios se deteriora y el financiamiento se vuelve más difícil de sostener. Entre 1950 y 2025, la población de varones que cumplen 65 años (la edad legal para solicitar un beneficio previsional bajo el régimen general vigente) pasó de aproximadamente 40 mil a más de 182 mil, lo que representa un aumento del 360%.

En el caso de las mujeres, la población que alcanza los 60 años de edad (su edad mínima de jubilación) se incrementó de 50 mil a 215 mil en el mismo período, un aumento del 328%.Es importante destacar que, si bien estos datos corresponden a la población que alcanza la edad mínima de jubilación, no todas las personas la solicitan de inmediato o califican automáticamente, y los requisitos (incluida la edad y los años con aportes) han variado a lo largo del tiempo. Sin embargo, la tendencia subyacente es innegable y su efecto es claro: la dinámica demográfica actual y proyectada ejerce una fortísima presión sobre el sistema previsional.
¿Cómo evolucionó el gasto público en jubilaciones y pensiones?
Entre 2000 y 2017, el gasto público consolidado en jubilaciones y pensiones subió cerca de 150% en términos reales. A precios constantes de 2025 pasó de 40,2 a 99,8 billones de pesos, su máximo histórico. Buena parte de ese crecimiento respondió a decisiones de política previsional que ampliaron la cobertura y actualizaron los haberes (como la movilidad jubilatoria, la moratoria previsional y la Reparación Histórica de 2016). 

Desde ese pico, el gasto se mantuvo por encima de los 85 billones de pesos anuales hasta 2023. En 2024 se derrumbó, cayendo 13% en un solo año, quedando 26% por debajo del máximo de 2017. La caída combina dos procesos. Por un lado, el salto devaluatorio de diciembre de 2023 licuó el valor real de los haberes, que no se actualizaron automáticamente hasta la entrada en vigencia de una nueva fórmula de movilidad en abril de 2024. Por otro, el freno al ingreso de nuevos beneficiarios por moratoria achicó la base de gasto hacia adelante.

Así, mientras la población en edad jubilatoria sigue creciendo, el gasto que sostiene al sistema previsional viene cayendo en términos reales, ampliando la brecha entre la demanda demográfica y la respuesta fiscal.

Argentina va a tener, año tras año, más personas en edad de jubilarse y que viven más tiempo después de hacerlo. Esa tendencia ya está en marcha, atenderla requiere de políticas que garanticen cobertura sin comprometer la sostenibilidad del sistema.

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