Cómo una activista amazónica ganó el ‘Nobel Medioambiental’

Alessandra Munduruku ganó el Premio Goldman por su resistencia a la minería en Brasil. Pero esta no es su única lucha

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Por Flávia Milhorance, Diálogo Chino. Alessandra Korap Munduruku, indígena de 38 años de la Amazonía brasileña, es una de los seis activistas en recibir el Premio Goldman de Medioambiente este año.

Concedido anualmente desde 1990 a un líder medioambiental de África, Asia, Europa, Norteamérica, Sudamérica, Centroamérica y las naciones insulares del mundo, el Premio Goldman reconoce los esfuerzos sobresalientes para proteger el planeta, y se lo conoce como el “Nobel Verde” o “Nobel Medioambiental”.

Alessandra es líder y vocera de los Munduruku, un grupo indígena amazónico de unas 14.000 personas que se enfrenta a las continuas amenazas de la expansión de la minería y la agricultura, así como a los impactos de las represas hidroeléctricas en el río Tapajós, en el estado de Pará. Anteriormente trabajó como profesora, y en la última década ganó atención y elogios internacionales por su activismo medioambiental.

Actualmente dirige la Asociación Indígena Pariri, una organización que trabaja para apoyar a las comunidades Munduruku, un papel que ha desempeñado frente a repetidas amenazas de muerte y que acompaña con la carrera de Derecho. “Quiero ser abogada y seguir defendiendo los derechos de mi pueblo”, dijo Alessandra a Diálogo Chino. “Ese es mi sueño”.

Diálogo Chino habló con Alessandra tras la premiación para conocer más detalles sobre su resistencia a la minería, las otras causas que ha defendido y los nuevos retos que ve por delante.

Campaña contra la minería

El Premio Goldman fue un reconocimiento a los esfuerzos de Alessandra por detener la explotación de tierras indígenas por parte de la empresa minera británica Anglo American.

En 2020 se enteró de que Anglo American —una de las mayores empresas mineras del mundo, activa en Brasil desde la década de 1970— tenía 13 permisos para investigar reservas de cobre en el territorio indígena Sawré Muybu. Esta zona de 180.000 hectáreas de selva tropical había sido el hogar de los Munduruku durante unos 4.000 años, aunque el territorio carecía de demarcación oficial.

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Alessandra empezó a hacer campaña contra los posibles proyectos mineros y movilizó a líderes comunitarios, organizaciones ecologistas e incluso legisladores. “Ustedes quieren aprobar proyectos que nos masacrarán, pero nosotros no lo vamos a permitir”, dijo en un apasionado discurso en el Congreso brasileño en 2020.

En 2021, tras la constante presión ejercida por Alessandra y el movimiento que lideraba, la empresa retiró sus solicitudes en Sawré Muybu y otras tierras indígenas.

Alessandra Korap Munduruku acepta el premio Goldman
Alessandra Korap Munduruku acepta el Premio Goldman en la ceremonia de entrega celebrada en San Francisco (EE.UU.) el 24 de abril (Imagen: Goldman Environmental Prize)

Solo unas horas antes de la ceremonia de premiación en San Francisco, el 24 de abril, Alessandra recibió la noticia de que el gobierno brasileño había avanzado en el proceso para reconocer legalmente el territorio Sawré Muybu, algo que estaba estancado desde 2016. “Me sentí muy feliz porque cada paso es una victoria para nosotros”, dijo, señalando que el proceso aún no ha concluido. “Esperamos más y seguiremos luchando por la demarcación del territorio”.

Lucha contra las represas y la contaminación por mercurio

El éxito en el bloqueo de proyectos mineros no es el único logro de Alessandra como activista medioambiental. En la década de 2010, hizo campaña contra los planes del gobierno brasileño de construir una serie de represas hidroeléctricas en la cuenca del río Tapajós, uno de los principales afluentes del Amazonas. Su resistencia se produjo después de que otro megaproyecto en la región, la represa de Belo Monte, tuviera repercusiones negativas para la cuenca del río Xingu y las comunidades ribereñas.

En 2016, la agencia medioambiental brasileña IBAMA retuvo la aprobación de una de estas represas, la São Luís do Tapajós, en parte debido a los problemas detectados en la licencia medioambiental del proyecto y en parte en respuesta a la intensa campaña de los Munduruku. “Fue nuestra primera victoria, y ocurrió porque fuimos muy persistentes”, afirma Alessandra.

Al mismo tiempo, la minería ilegal y sus residuos también se estaban convirtiendo en una amenaza creciente para las tierras de los Munduruku y el río Tapajós. Los indígenas denunciaron los efectos de la contaminación, tanto en su salud como en la reducción de las poblaciones de peces, pero se disponía de pocas pruebas científicas al respecto.

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Alessandra pidió ayuda a la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), un destacado instituto de investigación sanitaria. “Mucha gente no creía que la población estuviera enferma debido a la contaminación por mercurio”, explica. “Los blancos tienden a creer en el papel, así que queríamos mostrarlo en papel. Queríamos demostrarlo”.

Desde 2020, se han publicado una serie de estudios de Fiocruz que describen los efectos de la exposición al mercurio a través del consumo de pescado en comunidades tradicionales, primero basados en el caso de los Munduruku, pero luego ampliados a otros grupos.

Ferrocarriles, el nuevo reto

Alessandra tiene poco tiempo libre en medio de su campaña. Habló con Diálogo Chino al día siguiente de la ceremonia de premiación desde un aeropuerto de San Francisco, mientras esperaba un vuelo a Washington, donde tendrán lugar reuniones con líderes internacionales y partes interesadas. “La gente bromea diciendo que nadie puede detenerme, nadie puede engañarme”, afirmó. “Y mi madre dice que nunca sabe dónde estoy”.

Además de retomar sus estudios, a Alessandra le espera otro reto cuando regrese a Brasil la próxima semana. Le preocupan las posibles repercusiones de una serie de proyectos de infraestructuras previstos, especialmente el Ferrogrão, un ferrocarril de 900 kilómetros que atravesará la Amazonía en dirección a los puertos del norte, y transportará principalmente maíz y soja para exportación.

Los planes originales para el Ferrogrão se elaboraron hace más de una década y, a pesar de las diversas controversias y acciones legales que lo rodean, el proyecto sigue vivo bajo el gobierno del Presidente Luiz Inácio Lula da Silva. “Sabemos que nuestro territorio se verá afectado”, afirma Alessandra. “Así que necesitamos que se nos escuche. Antes de tomar decisiones que afectarán a nuestro territorio, el Gobierno tiene que hablar con nosotros”.

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