AMAZONAS

Brasil recluta a los bancos en su lucha para eliminar la deforestación en la Amazonia

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Naiara Galarraga Gortázar, El País. La lucha contra la desforestación en la Amazonia y en otros valiosos ecosistemas de Brasil es una tarea ardua y colosal que implica voluntad política, fondos, agentes forestales e ingenio. La última novedad ideada por el Gobierno federal es convertir a los bancos en fiscalizadores de lo que ocurre sobre el terreno, a miles de kilómetros de sus sucursales. A partir de este miércoles, cuando alguien solicite un crédito rural subvencionado con dinero público, el banco estará obligado a revisar en una base de datos oficial si la propiedad a la que se refiere ha talado árboles o vegetación a partir de 2019. La norma, que los bancos apoyan pero ha levantado la ira de los productores agropecuarios, es parte del arsenal gubernamental para cumplir la promesa del presidente Luiz Inácio Lula da Silva de que Brasil eliminará completamente la deforestación en 2030.

Ese plazo se lo impuso el propio Lula cuando ganó las últimas elecciones, anunció que Brasil volvía a la primera línea en la lucha global contra el cambio climático y regresó al Gobierno. A menos de cuatro años de que venza el plazo, queda mucha tarea por delante aunque la tala ilegal se ha desplomado. El último balance anual indica que la Amazonia perdió 5.796 kilómetros de vegetación nativa, lo que significa un 11% menos que el año anterior, según las mediciones por satélite realizadas por el Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE).

Esa es la base de datos, llamada Prodes, con la que los bancos deberán cotejar las solicitudes de créditos subvencionados. Los satélites de Prodes fotografían desde el espacio parcelas de tres metros cada 16 días (para asegurarse de que las nubes no arruinan la visión) en la Amazonia, cuya extensión es el doble de la Unión Europea, y otros biomas brasileños.

Si resulta que la propiedad en cuestión fue talada después de 2019, el productor agropecuario que pide el crédito deberá probar que esa tala es parte del porcentaje autorizado por la ley. “Así convertimos a cada gerente de banco que gestiona créditos subsidiados en un inspector de deforestación ilegal”, explicó a la agencia Reuters Andre Lima, que dirige los esfuerzos para combatir la deforestación en el Ministerio de Medio Ambiente brasileño. Incluso en el caso de que sea legal, el propietario deberá pagarla de su bolsillo.

La nueva norma atañe a los créditos subvencionados con el dinero del contribuyente, es decir, unos 53.000 millones de dólares o un tercio del crédito rural brasileño, según información del Banco Central citada por Reuters. Y es que casi una quinta parte del crédito subvencionado otorgado fue para operar propiedades deforestadas hace nada, entre 2020 y 2023, según un estudio de la Climate Policy Initiative de la Universidad Pontificia de Río de Janeiro. Es decir, durante parte del mandato de Bolsonaro y el primer año de Lula.

El poderoso lobby agropecuario ha fracasado en sus intentos de paralizar la norma o retrasar si entrada en vigor, algo que incluso el propio Ministerio de Agricultura de Lula intentó. La principal asociación del sector, la Confederación de Agricultura y Pecuaria (CNA, por sus siglas en portugués) ha señalado el riesgo de que se den falsos positivos, que los satélites indiquen una tala donde no la hay. Los expertos sostienen que el caso típico es el contrario, la destrucción de vegetación que se le escapa al ojo que supervisa desde el espacio.

Los bancos han saludado la medida. La patronal bancaria considera que les da seguridad jurídica. Las nuevas verificaciones son un seguro contra hipotéticos impagos del crédito por parte de un productor que pierde un contrato por deforestar.

La Unión Europea tiene lista una ley, cuya entrada en vigor se ha aplazado dos veces, que prevé vetar de los Veintisiete una serie de productos si proceden de áreas deforestadas. Gestada por Bruselas en los años Bolsonaro, afecta al cacao, café, soja, aceite de palma, madera, carne de vacuno, el caucho y todos sus derivados (como cuero, madera, papel o chocolate). Las resistencias de los países afectados y las dificultades técnicas han aplazado su entrada en vigor, que estaba prevista para 2024 y será el último día de 2026. Entremedias, Brasil y los países que integran con él Mercosur han cerrado un acuerdo comercial gigante que estará vigente a partir de mayo.

La deforestación ha caído un 50% en la Amazonia desde que el líder de la izquierda brasileña regresó al poder para un tercer mandato. Como bien sabe desde su primera etapa presidencial, la preservación de la selva tropical es clave para regular la temperatura global y un elemento central en la proyección internacional de Brasil. Para bien y para mal, como cuando Bolsonaro convirtió a su país en el villano ambiental planetario. La deforestación es la principal causa de las emisiones de CO² de Brasil.

El presidente Lula puso de nuevo al frente del Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático —un apellido novedoso— a la veterana política y activista Marina Silva, que a principios de los años 2000 ya demostró que sabía cómo reducir drásticamente la tala ilegal en el mayor bosque tropical del mundo. Y lo ha vuelto a lograr. Estos días, Silva acaba de dejar el ministerio para presentarse a las elecciones al Senado.

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Empresa argentina completó el primer proyecto de transformación cultural en el Amazonas

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Olivia, la firma global especializada en procesos de transformación organizacional, fue seleccionada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para la implementación de un programa de fortalecimiento de las capacidades humanas en las regiones fronterizas entre Brasil y Colombia, iniciativa que completó en 2025 la totalidad del programa de trabajo. Este innovador proyecto tuvo como meta consolidar la cooperación entre ambos países, fomentando la integración y el desarrollo sostenible de sus comunidades. 

La iniciativa, que se desarrolló en las ciudades de Leticia (Colombia) y Tabatinga (Brasil), tuvo como objetivo la construcción de puentes reales entre territorios, personas y organizaciones, promoviendo un gobierno binacional sostenible e integrado. Estas ciudades, separadas solo por una calle y ubicadas sobre la vera del río Amazonas, se caracterizan por compartir una dinámica social y económica particular, lo que convirtió a este proyecto en un desafío inédito en materia de transformación cultural y organizacional.


Un proyecto con impacto real

“Esta experiencia alimentó y potenció la misión y visión de Olivia, que es cambiar el mundo organización por organización. El proyecto transformó a las comunidades en las que viven miles de personas, impulsando la inclusión, el desarrollo y la sostenibilidad en una región que presenta desafíos únicos”, destacó Ezequiel Kieczkier, CEO y fundador de Olivia.

El programa abarca el diseño e implementación de estrategias innovadoras para fortalecer la gobernanza local, mejorar la cooperación entre los actores comunitarios y desarrollar nuevas capacidades para la integración binacional. Para lograrlo, Olivia desplegó un equipo de consultores especializados que trabajaron de manera conjunta con las comunidades locales, organismos públicos y entidades internacionales.


La metodología de trabajo de Olivia combinó herramientas de diagnóstico organizacional con enfoques participativos que permiten adaptar soluciones a las realidades locales.

“Es para nosotros un orgullo y un gran desafío haber sido seleccionados por el BID para esta iniciativa que traerá impacto real en la vida de las personas que viven en un entorno muy distinto al que plantean las agendas ejecutivas. En esta región, la diferencia entre un acierto y un error puede ser la supervivencia misma”, agregó Kieczkier.

Además de sus propios logros, la iniciativa fue galardonada con el premio Eikon a la comunicación, donde el jurado destacó el proyecto por su duración sugerida, el saber local y la propuesta metodológica señalada en la comunidad en la que se desarrolló.


Con presencia en América Latina y Europa, Olivia es una firma global especializada en transformación organizacional. Su enfoque combina tecnología, metodología y cultura organizacional para acompañar a empresas y organismos en la evolución de sus estructuras y procesos. A lo largo de su trayectoria, ha liderado proyectos innovadores en diversos sectores, siempre con el compromiso de generar impacto real y positivo en las organizaciones y comunidades con las que trabaja.

Este proyecto en la región amazónica se sumó como un nuevo hito en la historia de Olivia, reafirmando su capacidad para abordar desafíos complejos y contribuir al desarrollo sostenible a través de la transformación organizacional, en un proyecto único. Con iniciativas como esta, Olivia demuestra que la innovación no tiene fronteras y que el cambio positivo es posible cuando se trabaja con propósito y compromiso.

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Rescatan animales exóticos de una veterinaria donde eran maltratados y comercializados ilegalmente

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Efectivos de la Unidad de Investigaciones de Delitos Complejos y Procedimientos Judiciales “Misiones” realizaron las pesquisas en infracción a las Leyes 14.346 “Maltrato y Actos de Crueldad Animal” y 22.421 “Conservación de la Fauna Silvestre”.

Los resultados de las tareas de investigación permitieron localizar una veterinaria, en la ciudad de Posadas, donde tenían numerosos animales exóticos en cautiverio y en malas condiciones.

Al registrar el lugar, los gendarmes descubrieron la presencia de 100 animales: monos titi, serpientes, lagartos overo, tortugas acuáticas, entre otras especies. Además, los funcionarios hallaron otros 14 sin vida (congelados) dentro de un freezer.

Intervino en este hecho el Juzgado de Instrucción de la Primera Circunscripción Judicial, que dispuso el secuestro de los elementos y el resguardo de los reptiles y mamíferos.

Asimismo, en este operativo se contó con la colaboración del personal del Servicio de Protección Ambiental de la Jefatura de la Región VI y la Dirección de Defensa del Ambiente y Delitos Rurales de la Policía de la Provincia de Misiones y el Ministerio de Ecología.

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Cumbre amazónica defiende el bosque, pero deja intacto al petróleo

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Inter Press Service – La cumbre de los ocho países de la Amazonia, realizada este viernes 22, adoptó una declaración en favor del bosque, del clima y de los pueblos indígenas, pero sin plantear el abandono de la explotación petrolera como pidieron organizaciones ambientalistas y de los pueblos originarios.

La Declaración de Bogotá anunció el compromiso de los Estados amazónicos de “avanzar hacia una transición energética justa, ordenada y equitativa”, pero “teniendo en cuenta las circunstancias y capacidades nacionales” y sin mencionar metas, plazos o mecanismos para su instrumentación.

A esta quinta cumbre de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (Otca), establecido hace 45 años, acudieron los presidentes de Bolivia, Luis Arce; de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; el anfitrión Gustavo Petro, y la vicepresidenta de Ecuador, María José Pinto.

Cancilleres y otros ministros acudieron en representación de los restantes miembros, Guyana, Perú, Suriname y Venezuela.

La declaración apuntó hacia la 30 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), el próximo noviembre con Lula como anfitrión, pues se realizará en Belém, junto a la desembocadura del Amazonas y en un área de prospección petrolera.

La cumbre acordó reforzar con urgencia las acciones que vienen realizando los países amazónicos frente a la crisis climática, y articular sus acciones nacionales para proteger la Amazonia, con base en el conocimiento científico pero integrado con los saberes ancestrales de los pueblos indígenas y comunidades tradicionales.

Lula dijo que “necesitamos calibrar qué queremos de la COP30. Por un lado, tenemos a quienes quieren actuar, pero no tienen recursos; por otro, quienes tienen recursos, pero no quieren actuar. Es importante que esta COP sea la más seria de todas y que sea considerada la COP de la verdad”.

En un mensaje a las naciones del Norte industrializado, agregó que “quienes quieren mantener el bosque en pie tienen que ayudarnos a pagar para mantenerlo”.

Los pueblos originarios de la región lograron en la cumbre la adopción del Mecanismo Amazónico de los Pueblos Indígenas (Mapi), para consulta permanente y además para que en las reuniones de la Otca no participen solo representantes gubernamentales sino también una representación de los indígenas.

Sin embargo, no prosperó el pedido de medio centenar de organizaciones ambientalistas, indígenas y de derechos humanos, que se reunieron en los días previos en Bogotá, para que los gobiernos de la Otca adoptasen un cese programado de la producción de hidrocarburos en la Amazonia.

Colombia habría propuesto incluir la renuncia a la producción de combustibles fósiles como un objetivo de la Amazonia, pero se opusieron Brasil, Ecuador y Perú, que actualmente extraen o proyectan extraer más crudo en esa cuenca, amén de que el resto de socios también son productores de hidrocarburos.

Alex Rafalowicz, director ejecutivo de la campaña “Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles”, opinó que “los presidentes amazónicos desaprovecharon la oportunidad de reconocer que la extracción de petróleo y gas es una de las mayores amenazas para la Amazonia”.

Diana Chávez, dirigente de la Nacionalidad kichwa de Pastaza , en Ecuador, también observó que “más de 50 organizaciones exigimos en Bogotá declarar la Amazonia libre de combustibles fósiles, pero la declaración final ignora este reclamo y omite al petróleo y al gas, principales amenazas para la selva y nuestros derechos”.

Los presidentes apoyaron el surgimiento del Fondo Bosques Tropicales para Siempre, la promoción de “una economía orientada al desarrollo sostenible” en la Amazonia, y expresaron preocupación por el auge de los delitos ambientales, en particular el tráfico de fauna y flora silvestres, y la minería ilegal.

Petro expuso que “ayer tuvimos un día difícil en Colombia, derivado de la acción armada del narcotráfico”, en alusión a atentados contra las fuerzas del orden que dejaron al menos 18 muertos- y aseguró que “después del cambio climático, el segundo enemigo que hay en Colombia se llama narcotráfico”.

Propuso por ello que se considere la “defensa con armas” de la Amazonia, contra los grupos que ejecuten acciones ilegales en la cuenca, y que se establezca en la subregión un tribunal ambiental.

Arce habló de fortalecer la acción colectiva y dijo que “debemos dejar atrás la diplomacia burocrática y procedimental que nos bloquea e inmoviliza. Es hora de proyectar a la Otca como el instrumento más poderoso que tenemos para enfrentar los retos estratégicos de la región. Para ello se requiere el coraje y la valentía”.

La próxima cumbre de la Otca se realizará el año 2027 en Ecuador.

 

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Los tribunales brasileños comienzan a asignarle un valor monetario a los daños climáticos

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Isabella Kaminski, Dialogue Earth. En todo el mundo se ha intentado utilizar la ley para responsabilizar por el cambio climático a las empresas contaminantes. Sin embargo, ninguna demanda ha logrado hasta ahora vincular directamente las emisiones globales de una empresa con impactos climáticos específicos. No obstante, el último informe anual de la London School of Economics sobre litigios climáticos señala que “se están logrando avances importantes en casos relacionados con daños climáticos por daños ambientales localizados”, especialmente en Brasil.

Brasil ha demostrado ser un terreno fértil para los litigios climáticos. La base de datos nacional JUMA recoge 134 demandas relacionadas con el clima, lo que convierte al país en el más prolífico del Sur Global y el cuarto del mundo en este tipo de acciones.

Danielle Moreira, profesora asociada de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro, afirma que en los últimos años no solo ha aumentado el número de casos, sino que también ha cambiado el tipo de demandas que se presentan. Según ella, las referencias al cambio climático “son cada vez más directas y explícitas”.

Este cambio ha sido impulsado por las autoridades públicas, explica Rafaela Santos Martins da Rosa, jueza federal brasileña. A diferencia de otros países, donde la mayoría de las demandas relacionadas con el clima son iniciadas por la sociedad civil, en Brasil suelen ser presentadas por fiscales estatales o federales.

El Consejo Nacional de Justicia (CNJ) de Brasil también ha desempeñado un papel importante. Esta institución pública tiene la misión de garantizar la independencia del poder judicial, llevar a cabo procedimientos disciplinarios y emitir normas y directrices. En 2019, se comprometió a incorporar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas en sus objetivos estratégicos, convirtiéndose en el primer órgano judicial del mundo en hacerlo.

Dos años más tarde, el CNJ publicó una resolución por la que se establecía una Política Nacional del Poder Judicial para el Medioambiente. Patryck Ayala, profesor asociado de la Universidad Federal de Mato Grosso (UFMT), afirma que la resolución fue “sorprendentemente innovadora”. “Establece una directriz nacional, del CNJ, para todos los jueces brasileños, indicándoles que es responsabilidad del poder judicial actuar contra el cambio climático global”.

Nuevos protocolos para los daños climáticos

Pero se necesitaban más normas para detallar cómo los jueces brasileños podían poner esto en práctica. Se creó un grupo de trabajo para elaborarlas, en el que participaron académicos, investigadores externos y representantes del poder judicial federal y estatal de todas las regiones de Brasil.

El primer protocolo que publicaron se enfocó en el uso de las pruebas disponibles para los jueces brasileños, incluido el uso de imágenes de teledetección.

Luego vino el segundo protocolo, que buscaba explicar cómo los jueces podían medir los daños climáticos. El grupo se puso a trabajar analizando varios mecanismos posibles, lo que llevó casi dos años. El CNJ celebró una consulta pública a finales de 2022, seguida de una audiencia pública en julio de 2023, en la que escuchó los comentarios de representantes de la sociedad civil que proporcionaron “aportaciones técnicas fundamentales para la redacción de este instrumento”, afirma De Moreira.

El protocolo resultante, publicado en septiembre de 2024, establece parámetros concretos para medir los daños climáticos derivados de la deforestación y los incendios forestales en juicios civiles y penales. “El protocolo tuvo el gran mérito de ser un documento del poder judicial brasileño que reconoce la categoría de daño climático como un tipo de daño ambiental independiente y distinto”, afirma da Rosa, que se convirtió en coordinadora adjunta de este grupo de trabajo. “Esto es histórico”. El pasado 3 de julio, una opinión consultiva emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos hizo una declaración similar.

A esto le siguió, el 23 de julio, un dictamen consultivo de la Corte Internacional de Justicia, que reforzó aún más esta labor al confirmar que las partes del Acuerdo de París tienen la obligación legal de “proteger el medioambiente de las emisiones de gases de efecto invernadero”.

Para evaluar el daño climático, se introduce la superficie deforestada en una calculadora de carbono en línea desarrollada por el Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonía (Ipam – Amazônia). Esta calculadora determina la cantidad de carbono almacenado que se ha perdido en cualquier bioma brasileño relevante.

A continuación, esta cifra debe traducirse en un valor monetario, lo que, según admite da Rosa, fue “un tema difícil de consensuar”. El grupo quería utilizar el costo social del carbono —el costo económico de emitir una tonelada adicional de dióxido de carbono a la atmósfera—, pero ningún organismo oficial brasileño ha definido aún un precio para ello.

Como resultado, el protocolo concluye que los jueces deben utilizar un precio mínimo de 5 dólares estadounidenses por tonelada de CO2 equivalente. Esa cifra se estableció hace más de 15 años en el acuerdo original entre las partes del Fondo Amazonas, un mecanismo para recaudar donaciones de estados y empresas con el fin de promover la reducción de las emisiones derivadas de la deforestación y la degradación forestal en la Amazonía.

Las estimaciones posteriores del costo social del carbono, tanto en estudios académicos como en otros países, han sido significativamente más elevadas. El protocolo señala que, en el futuro, debería utilizarse un precio más alto, si el gobierno brasileño lo reconoce.

Desde la publicación de los protocolos, el CNJ ha cambiado el nombre de su política medioambiental para que incluya explícitamente el clima. También ha comenzado a formar a los jueces y ha creado un foro para supervisar su cumplimiento.

De Moreira espera que el segundo protocolo, en particular, “oriente la práctica judicial y ayude a los litigantes a formular sus reclamos de manera más eficaz”. Da Rosa cree que hará que las sentencias sean más justas.

Puesta en práctica del protocolo

Estos cambios ya están empezando a filtrarse en el sistema judicial. En diciembre de 2024, la Fiscalía General Federal presentó un bloque de 193 nuevas acciones legales contra más de 600 deforestadores y solicitó una indemnización total de 1300 millones de reales (unos 240 millones de dólares) por daños medioambientales.

Mientras tanto, los jueces de primera instancia ya han comenzado a utilizar su metodología en sus decisiones, principalmente en casos relacionados con la Amazonía. “Este nuevo ciclo de casos aún no ha recibido una resolución definitiva por parte de los jueces”, explica da Rosa, “pero hay movimientos importantes dentro del poder judicial que apuntan a un esfuerzo concertado para garantizar que estas demandas se juzguen rápidamente”.

De Moreira destaca un grupo de 22 casos presentados por la Fiscalía Federal, tras una investigación sobre la deforestación ilegal en el Proyecto de Asentamiento Agroextractivo Antimary (PAE). Se trata de una propiedad federal en el municipio de Boca do Acre, en el estado de Amazonas, gestionada por el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (Incra) y ocupada por comunidades extractivistas tradicionales. Se estima que la deforestación ha provocado la emisión a la atmósfera de casi 79.000 toneladas de CO2 equivalente. En abril, el acusado, Paolo de Lima Paulo, fue condenado a pagar 1.957.677,57 reales brasileños (unos 352.000 dólares estadounidenses) por daños climáticos en el PAE, basándose en el costo social del carbono de 5 dólares estadounidenses establecido en el protocolo del CNJ.

Antes de que se redactara el protocolo, algunos jueces se negaron a definir la responsabilidad por los daños climáticos causados por las emisiones derivadas de la deforestación o los incendios, alegando motivos como la falta de pruebas periciales. Sin embargo, según da Rosa, no hay constancia de que ningún juez brasileño se haya negado a aplicar el protocolo desde su publicación.

De hecho, algunos fiscales han tratado de valorar los daños climáticos muy por encima del umbral mínimo del protocolo.

En un caso en curso se pretende sancionar a un ganadero, Dirceu Kruger, por la deforestación de terrenos públicos en el estado de Amazonas. Kruger utilizó motosierras para talar la vegetación, provocó incendios para despejar el terreno y plantó pasto para crear pasturas para su ganado. Las imágenes satelitales muestran la magnitud de los daños y Kruger admitió ante las cámaras haberlos causado.

La Fiscalía General de la Unión (AGU) argumentó que el costo social del carbono de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico de 60 euros por tonelada (aproximadamente 70,5 dólares), era el nivel más adecuado. El año pasado, el tribunal congeló los activos de Kruger basándose en esta cifra, por un valor de más de 50 millones de dólares, mientras el caso sigue su curso.

Efecto cadena

El protocolo se diseñó específicamente para hacer frente a la deforestación y los incendios forestales. Sin embargo, reconoce que muchos tipos de acciones humanas generan emisiones de gases de efecto invernadero o dañan los sumideros de carbono, y afirma que cualquiera de ellas podría, en teoría, dar lugar a una reclamo.

De hecho, ya hay una demanda en curso que busca una indemnización por los daños climáticos supuestamente causados por una central eléctrica de carbón en el estado de Paraná, en el sur de Brasil. El Instituto Arayara, una organización de la sociedad civil sin fines de lucro, afirma que la central ha funcionado durante años sin las licencias necesarias y exige tanto al operador como a los reguladores estatales que demuestren la legalidad de la central.

Sin embargo, los jueces podrían alegar que no existe una metodología para evaluar los daños más allá de la deforestación o los incendios, afirma da Rosa. Por ejemplo, el CNJ aún no ha definido los criterios para calcular los daños climáticos causados por las emisiones ilegales de metano procedentes de la ganadería, dice, “pero debería hacerlo, porque es un gas muy relevante en el panorama de las emisiones brasileñas”.

Y aunque el protocolo tiene por objeto combatir la ilegalidad, da Rosa afirma que, en teoría, los fiscales podrían intentar aplicarlo a actividades legales que tienen un enorme impacto climático.

Las indemnizaciones ordenadas por los tribunales por delitos medioambientales pueden destinarse a cualquier organismo público o privado dedicado a la protección del medioambiente. Estos pueden dar prioridad a proyectos relacionados con el cambio climático, especialmente los que implican energías renovables. En los casos civiles, los jueces tienden a destinar el dinero al Fondo Nacional de Cambio Climático (FNMC) de Brasil.

Queda por ver qué impacto material tendrá el protocolo en la deforestación en Brasil. “El éxito de los casos, en el sentido de ver si se atribuyó la responsabilidad y si los recursos de las condenas se utilizaron para la mitigación, debería ser evaluado por el propio CNJ”, afirma da Rosa.

Más allá de Brasil

Aunque Brasil es el único país que ha desarrollado una metodología nacional tan exhaustiva, los tribunales indonesios también han asignado un valor monetario al daño climático. Los jueces de ese país han estimado las demandas de indemnización por daños climáticos causados por la destrucción de bosques para plantaciones de aceite de palma, así como por las emisiones de CO2 provocadas por los incendios y la destrucción de turberas.

La secuencia establecida en el protocolo del CNJ para determinar el valor monetario de los daños climáticos podría aplicarse fácilmente en otros países, afirma da Rosa. Sin embargo, sería necesario adaptarla para evaluar con precisión el impacto climático de los diferentes biomas, ya que su capacidad para almacenar carbono en la biomasa varía considerablemente. “En teoría, cualquier otra jurisdicción podría tener casos similares a los ejemplos brasileños”, afirma da Rosa, “especialmente en países donde la deforestación es la conducta responsable de una parte significativa de las emisiones de gases de efecto invernadero”.

Ayala está de acuerdo en que el protocolo podría traducirse, ya que, en esencia, hace que la ciencia existente sea más accesible a los tribunales y ayuda a orientar las decisiones de los jueces, en lugar de interferir en su independencia: “Si otros países adoptaran modelos similares, deberían proponer normas que los jueces deban seguir, establecidas por un organismo con autoridad para hacerlo, y debería preverse la formación y evaluación continuas de estos jueces y de su trabajo”.

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