Conquistas y desafíos de la lucha LGBTIQ+ en Argentina

Conquistas y desafíos de la lucha LGBTIQ+ en la voz de referentes que serán distinguidos mañana

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A 32 años de la primera Marcha del Orgullo, Telam habló con distintos referentes históricos sobre el recorrido político y social de esas manifestaciones: sus recuerdos sobre aquellos ’90, cómo experimentaron los diversos colectivos de la diversidad los procesos de ampliación de derechos, qué está en juego en el próximo balotaje y cuáles son las deudas del Estado de cara al futuro. Quienes brindan testimonios serán reconocidos y reconocidas mañana durante la XXXI Marcha del Orgullo, que será realizada en la ciudad de Buenos Aires.

“Mi primera experiencia fue en la tercera marcha, el 28 de junio de 1994. Era una época en la que te echaban de tu casa, del trabajo o la Policía te llevaba preso por ser gay. Había alrededor de 500 personas, la mayoría con la cara tapada. Había miedo y a su vez valentía. Poníamos el cuerpo para luchar por la igualdad de derechos. Eso representaba la Marcha del Orgullo: no sentir vergüenza. La pandemia del sida fue un empuje mayor para salir a militar.

Desde el advenimiento de la democracia, les activistas tenían muy claro que la Marcha era un hecho político. Aunque (en la actualidad) la Marcha sea festiva, llena de colores, glitter, música y arte, es un espacio de reclamos, de propuestas para la agenda pendiente. Las consignas de aquellos primeros años tienen paralelo con lo que nos pasa hoy, en este contexto de balotaje, donde les anti derechos siguen propiciando odio y violencia. Actualmente siento un vacío de temer, algo de eso padecimos entre 2015 y 2019, con (Mauricio) Macri en la Casa Rosada, con (Patricia) Bullrich persiguiendo todo reclamo social, con las trágicas muertes de Santiago (Maldonado) y de Rafael Nahuel. Con (el candidato presidencial por la La Libertad Avanza Javier) Milei la apuesta es a gente violenta y negacionista. Veo en (Sergio) Massa algo parecido a la experiencia con Néstor Kirchner, en el sentido de la transversalidad y el diálogo con todos los sectores.

DIEGO TEDESCHI LOISA (56 años)

Trabaja en el Instituto Contra la Discriminación y en la Defensoría LGBTIQ+ de la Defensoría del Pueblo de CABA. Publicó 13 libros de temática LGBTiQ+. Fue integrante Nexo Asociación Civil, Gays DC, Deportistas Argentinos Gays, Los Dogos, El Vahído, entre otros espacios.

“Al recorrido de la marcha lo defino con una sola palabra: ‘orgullo’. No solo porque el orgullo fue el móvil de aquella primera iniciativa, sino porque creció y prosperó en esfuerzos de solidaridad intergeneracional, sumando distintas identidades y sectores sociales, lo cual se manifiesta en el 1,3 millón de personas que participaron el año pasado. Los ‘9o estuvieron marcados por el auge del neoliberalismo, con constantes atropellos policiales en discotecas y lugares de reunión. Estaban vigentes los edictos policiales que eran utilizados para reprimir a quienes teníamos orientaciones sexuales o identidades de género diferentes de la norma. La situación actual presenta otros desafíos, pero también es compleja. Cualquier modelo de país que no contenga valores de solidaridad, fraternidad, ayuda mutua, en un todo unido a los conceptos de responsabilidad, generosidad, cooperación y participación está destinado al fracaso. Ojalá los argentinos entendamos eso pronto, para que ese fracaso no nos arrastre a todos. No existe el éxito bajo conceptos de ‘la ley del más apto’ o ‘sálvese quien pueda’ sin que traiga aparejado el deterioro social. Las leyes de Matrimonio Igualitario, Identidad de Género, Cupo Laboral Travesti Trans, los subsidios a las minorías son manifestaciones preeminentes de la justicia social”.

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MARCELO FERREYRA (63 años)

Es coordinador para América Latina y el Caribe en Synergía Iniciativas para los Derechos Humanos, y forma parte de la Coalición de Organizaciones LGBTBIQ+ con trabajo en la OEA.

“La Marcha desde el vamos visibilizó la persecución que sufríamos en la dictadura cívico militar y después de ella, ya en plena democracia. Recuerdo que en el ’92, hablando particularmente de la comunidad trans, llegamos en taxi y teníamos que estar camufladas. Una vez terminada la Marcha nos íbamos rápidamente porque la Policía controlaba quiénes íbamos. A los de ATTTA nos llamaban “los travestis” de Argentina. En la actual coyuntura política, Massa cuenta con un camino construido, a través de las organizaciones LGBTIQ+. Milei no tiene una plataforma política que nos incluya. La derecha extrema en el mundo ha demostrado que no tiene capacidad para gobernar para toda la población. Dentro del peronismo siempre hubo movimientos y organizaciones revolucionarias que abrieron camino a la ampliación de nuestros derechos. En un país democrático no podemos hacer cupos para todo. La igualdad es un derecho y la democracia es igualdad. Todas nuestras comunidades vulnerables están atravesadas por la pobreza. La deuda de la democracia con la población trans es mucha: sueño con que podamos ocupar las bancas del Congreso de la Nación y podamos debatir leyes que puedan desafiar a los poderes económicos. Cuando eso ocurra vamos a tener una democracia igualitaria. Una paridad de derechos”.

MARCELA ROMERO (60 años)

Es presidenta de la Asociación de travestis transexuales y transgenero de Argentina (ATTA) y coordinadora regional de la Red Latinoamericana y el Caribe de Personas Trans.

“En los inicios había unos pocos cientos de personas con máscaras porque mostrarse podía implicar perder a un hijo, perder un trabajo, perder un afecto. Eran muy pequeñas y se hacían con mucho sacrificio personal. Eso fue creciendo a medida que fuimos avanzando en el debate cultural y social, empezamos a tener el apoyo y participación de otras organizaciones sociales, sindicatos, partidos políticos, organizaciones internacionales que se fueron acercando. Durante los ’80 y ’90 solo recibíamos discriminación y violencia por parte del Estado. En las comisarías se torturaba, en los barrios se nos perseguía. A partir de 2003, con los gobiernos de Néstor y Cristina, cambia la política de Derechos Humanos y eso va incluyendo a la diversidad a partir del Plan Nacional Contra la Discriminación. A partir de entonces, referentes y militantes de la diversidad pasan a desempeñarse en los distintos espacios estatales, incluso en las provincias, para desarrollar políticas públicas. De hecho, antes de 2003 las consignas de la marcha tenían que ver con la libertad y luego cambian a la palabra igualdad. Empezamos a hablar de leyes y derechos. Las leyes de ampliación de derechos construyeron un piso de igualdad legal sobre el cual estamos construyendo la igualdad real.”

MARÍA RACHID (48 años)

Encabeza el Instituto contra la discriminación de la Defensoría del Pueblo en CABA y se desempeña como secretaria de Relaciones Institucionales de la FALGBT.

“Hoy la masividad, visibilidad y extensión nacional de las marchas confirman un largo camino de lucha, que nos permitió grandes avances de consenso social y en materia jurídica. Tengo el orgullo de haber participado en la primera marcha junto a mi partido, el MST, que fue el único espacio político presente ese día. Y desde entonces seguimos marchando junto a más de 60 agrupaciones de un abanico político y social muy amplio y diverso. Desde el movimiento LGBTIQ+ siempre apelamos a construir el mayor arco posible de alianzas con sectores populares, culturales, políticos y movimientos sociales. A las Marchas del Orgullo, que son ese hermoso combo de fiesta y lucha a la vez, vienen miles de familias, parejas y personas heterosexuales. Son nuestros familiares y amigues; nuestras compañeras, compañeros y compañeres de trabajo o de estudio; nuestras vecinas y vecinos del barrio. Tejer esa trama de solidaridad, ganar esas voluntades, fue fundamental para sensibilizar, para presionar a los poderes públicos y obtener las leyes. Hay cierta comprensión social de que si un sector gana en derechos, toda la sociedad es un poco más justa. Los ’90 fueron ajuste y despidos. Pero el movimiento de los Derechos Humanos ya nos había dado un impulso que no iba a parar, hay un vínculo muy profundo entre ambos movimientos. Por eso no es casual que ahora ultraderechistas como Javier Milei y su vice Victoria Villarruel, amiga de (Jorge) Videla y la dictadura, ataquen los derechos humanos y sociales en general y los nuestros en particular”.

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PABLO LA VASCO (65 años)

Trabaja en la Legislatura porteña y milita en Libre Diversidad de la Federación Argentina LGBT y del MST en el Frente de Izquierda Unidad.

“La marcha de 1992 fue gestada antes en otras manifestaciones, como movimientos de diversidad sexogenérica durante los años ’80, la entrega del informe de CONADEP, marchando contra el intento de golpe de Estado a (Raúl) Alfonsín. Lo que ocurrió en el ’92 implicó volver a aparecer en la escena pública pero con agenda propia. Hasta ese momento veníamos sosteniéndola en articulación con los organismos de Derechos Humanos. En esa primera marcha nos sostuvimos como sujeto político, que enunciaba el orgullo como una respuesta a la vergüenza. A partir de ahí hay un claro crecimiento de grupos de jóvenes, grupos de universitarios, grupos de lesbianas, se multiplican los grupos del conurbano, en las provincias. Desde entonces no somos solamente las personas LGBTBIQ+ las que defendemos el libre ejercicio de la sexualidad, y acá una frase de Carlos Jáuregui: ‘En el origen de nuestra lucha está el deseo de todas las libertades’. En el próximo balotaje se juegan dos modelos de país, uno que cree que donde hay una necesidad nace un derecho, y otro que cree que los derechos no deben ser atendidos por el mercado. Una de las grandes deudas que tenemos hacia el futuro es una Ley Integral de Protección de la Personas Trans, como reconocerles su jubilación, pensar políticas de cuidados para las personas trans mayores, ver qué está pasando con la mutilación sexual infantil a las personas intersex. Necesitamos una Patria liberada que pueda dar respuesta, que tenga la libertad de hacer las inversiones que quiera sin pensar en el FMI, necesitamos ese dinero para asistir con medicación a las personas con VIH”.

FLAVIO RAPISARDI (56 años)

Es docente universitario, milita en el peronismo desde 1982 y en los movimientos de diversidad sexogenérica desde 1986, fue vicepresidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), autor del libro “Fiestas, baños y exilios: los gays porteños en la última dictadura”.

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