Coyuntura Económica: Dólar, reservas y medidas del Gobierno nacional

Escribe Alejandro Matias Klein, Contador Público Nacional, Conapla Misiones. Para conocer el impacto que las nuevas medidas realizadas por el gobierno nacional tienen en la sociedad y en la cuenta capital, es importante encontrar respuestas a los siguientes interrogantes ¿Cómo se obtienen los dólares que posee el Banco Central? ¿Cuál es el uso que se les da?  ¿Cuántos dólares quedan en las reservas? ¿Cómo llegamos a esta situación actual?

Para abordar el tema resulta significativo conocer cómo funciona el mercado de divisas, para ello nos abocamos a los roles del Estado, entre ellos el del monopolio de la moneda en el territorio nacional. A través de la casa de la moneda se  fabrican los pesos que es la moneda de curso legal vigente en nuestro país y que se utiliza en todas las transacciones económicas que se realizan en el mercado interno para adquirir productos y servicios. Los insumos de los cuales se provee la economía tanto materias primas, como productos intermedios (materiales) para la fabricación de productos terminados y estos últimos, son en su mayoría provenientes de otros mercados (productos que se importan porque no se producen en el país), que se pagan en dólares, moneda que se utiliza para el comercio internacional.

El Estado se hace de dólares por medio de las exportaciones que realizan las empresas que tienen sede en el país y las remesas que vienen del exterior, también por medio de financiamiento de entidades multilaterales de crédito (FMI, BID, BM, etc.), y/o colocaciones de bonos soberanos (fondos de inversiones, BlackRock, por ejemplo). En este marco, con los dólares que liquidan las empresas -principalmente las agroexportadoras que comercializan commodities en el extranjero, automotrices, software, entre otras- se financian las importaciones y los servicios de deuda en moneda extranjera, además, el Estado financia compras de argentinos en el extranjero (compras en tarjetas de créditos, débitos), turismo (salvo en esta coyuntura de pandemia) y dólares en posesión de argentinos para atesorar.

En este contexto  coyuntural, el Banco Central (BC) dispone de 42520 millones de dólares, en los cuales están contabilizados los encajes bancarios (depósitos a plazo fijo en dólares de particulares) que ascienden a la suma de USS 12044 millones,  el swap con China, más los DEG (derechos especiales de giro del FMI que nos corresponde de acuerdo a la cuota que abonamos como país) que ascienden a la suma USS 22308 millones, las tenencias en oro fino que son aproximadamente USS 3828 millones, con lo cual las reservas de libre disponibilidad que posee el BC para hacer frente de manera directa a los pasivos en moneda extranjera, dólares para atesoramiento, importaciones y compras en el exterior, se encuentran hoy en el orden de los USS 3296 millones, sumado el efectivo en caja que asciende a cerca de mil millones. Esto, obliga al BC a generar controles cada vez más estrictos ya que en función a los que se estaba vendiendo diariamente las reservas alcanzarían solamente para afrontar compromisos para 3 semanas a un mes, siempre y cuando lleguen la última parte de la liquidación de la cosecha gruesa (soja).

Por ello las medidas que adoptó el BC busca desincentivar la compra de dólares de aquellas personas que no tienen capacidad de compra y que lo hacían para hacerse de unos pesos en el mercado informal mediante el sistema conocido en la jerga financiera como “puré”, que consiste en comprar los dólares en cuentas digitales y transferirlos a cuentas en bancos formales, de manera tal que la diferencia entre el dólar oficial y el informal otorgaba una rentabilidad de aproximadamente 5 mil pesos (sobre los 200 dólares habilitados), o bien servirse de prestanombres vendiendo el cupo de dólares que es personal y recibir una contribución por ello, siendo el capital todo del financista.

Las nuevas medidas que tienden a desincentivar el mercado de divisas tiene una serie de consecuencias esperadas: en primer lugar, no permitir a aquellos que cobran prestaciones sociales poder hacerse de dólares, esto requiere por supuesto el cruce de datos con el sistema de la seguridad social (ANSES), en segundo lugar, aquellos que refinanciaron deudas con tarjetas de crédito tampoco pueden acceder a la compra de divisas, lo cual acota el número de compradores que en la actualidad ascendían a 5 millones de personas, en tercer lugar, encarecer el valor de las divisas mediante el sistema de percepción de ganancias para que aquellas personas que no puedan tomarse el pago a cuenta del tributo les configura un costo, y en cuarto lugar,  limitar el monto de las compras a los importes hechos con tarjetas de créditos, lo cual reduce el cupo de dólares, esto lo que hace es reducir la cantidad de compradores a 1 millón y medio de personas, que son las que adquirían habitualmente y que además como en su mayoría están alcanzadas por el impuesto a las ganancias pueden tomarse como pago a cuenta de la futura liquidación del tributo, lo que les permite seguir obteniendo al valor del dólar oficial más el impuesto País,  entre otras medidas.

En el marco de estas consecuencias mencionadas, se verifica entonces que la decisión está puesta en  desincentivar las compras de contribuyentes que no tienen donde descargar los pagos a cuenta del impuesto, porque un dólar a 131 a valores de mercado es relativamente elevado y no posibilita hacer el sistema puré ya que el spread entre el valor de adquisición y el posible valor de venta (131 – 136) es muy acotado como para circular tantos controles y restricciones.

Ahora bien es importante destacar que la fiebre del dólar tiene y sigue una línea de la dolarización de la economía que fue  acentuada de manera exponencial durante el gobierno de Mauricio Macri: con el extremo proceso de endeudamiento externo, las corridas devaluatorias y las subas indiscriminadas de precios, llevó a la población a resguardar sus ahorros en el dólar, como reserva de valor frente al peso, que cada vez iba perdiendo poder adquisitivo, aquí lo que puede soslayarse es la puja de intereses del capital sobre el trabajo y el avance que tuvieron en el gobierno anterior que deja secuelas, entre otras, como la de la aversión al peso.

Es importante aclarar que antes de aplicar estas medidas el BC tenía en estudio algunas estrategias comerciales para poder captar ahorristas en pesos, estas estrategias estaban basadas en atar los plazos fijos al dólar y/o la inflación de manera tal que ante cualquier posibilidad de devaluación estos ahorristas no pierdan contra el valor futuro del dólar y que puedan ganarle aunque fuera de manera exigua a la inflación, son medidas que pueden tener éxito en el corto y mediano plazo ya que acotan el riesgo ante escaladas devaluatorias, pero que en sí mismas siguen siendo políticas de tipo financieras y no productivas. En la actualidad se están pensando medidas que incentiven la producción de manera tal que los ahorristas formen parte de fondos  comunes de inversión que  tengan una mayor rentabilidad a mediano y largo plazo y que posibiliten realizar proyectos de inversión en el país que mejoren el ingreso nacional y aporten al PBI.

Otras medidas que ya se aplicaron en otros momentos y que tuvieron éxito en el corto plazo fueron los bonos que emitió YPF que ataban la rentabilidad de los mismos a los resultados de futuras explotaciones petrolíferas (exploración y explotación de nuevos pozos)  que tuviera la empresa en Vaca Muerta, esta medida tiene dos aspectos positivos,  genera activos para financiar las obras e inversiones a la empresa y promete rentabilidades superiores a los que rinde un plazo fijo tradicional.

Como conclusión,  se entiende que  las medidas tomadas recientemente  son acertadas teniendo en cuenta las exiguas reservas que posee el Banco Central. Reservas que vienen menguadas por los desequilibrios realizados en el gobierno de la Alianza Cambiemos y sus políticas neoliberales,  y que se profundizan en la actualidad por el impacto de la Pandemia y la escasez de divisas de la economía Argentina. 

Se puede decir que son medidas antipáticas, que generan cierto malestar en la sociedad Argentina muy arraigada culturalmente al dólar, e inexorablemente trae costos políticos que el gobierno nacional ha decidido afrontar con el objeto de evitar un mal mayor. Ahora bien,  estas acciones debían realizarse hace mucho tiempo atrás cuando se empezó a verificar el crecimiento exponencial de compradores y el creciente goteo de reservas. No obstante,  se entiende que las  compras con tarjetas que tienen impacto en medios audiovisuales (Netflix, spotify, entre otras), no deberían quedar sujetas a la percepción del gravamen, sobre todo en este contexto de pandemia que ayuda a las personas a encontrar en ellas un espacio de entretenimiento en el contexto de ASPO.-

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