Cuando desaparecer al árbitro reordena el partido
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En toda economía —y la yerbatera no es excepción— siempre conviven grandes empresarios y rezagados. La diferencia está en quién arbitra ese encuentro desigual. El Instituto Nacional de la Yerba Mate nació para eso: para que el productor chico no quedara librado a la buena voluntad del más grande, y para que el precio de su trabajo no dependiera sólo de la fuerza del mercado.
Hoy, con ese árbitro desmantelado, la realidad se vuelve más desnuda. Dos paquetes de yerba pueden costar lo mismo a un lado y al otro de la frontera, pero la pregunta nunca fue el precio en góndola: fue quién queda protegido cuando la cancha se inclina. Sin el instituto, la balanza vuelve a caer donde siempre cae, sobre los hombros del que menos tiene.
A algunos les gusta describir este proceso con metáforas de descuartizamientos históricos. No hace falta ir tan lejos. Basta con mirar la región: cuando el Estado se retira, los grandes consolidan, los rezagados resisten, y el silencio que sigue suele beneficiar justo a quienes nunca necesitaron protección. La yerba, finalmente, vuelve a contar la misma historia de siempre.
[24/11, 12:16 a.m.] Ivan Ortega: Nota del autor:
Cuando alguien dice que, el INYM fue “Túpac Amarizado”, está usando una metáfora fuerte: que lo destruyeron, con saña, como un castigo político, igual que el intento de descuartizar a Túpac Amaru II. La idea es que, al INYM lo hicieron desaparecer de raíz, para disciplinar a los pequeños productores y dejar claro quién manda. Por eso aparece esa imagen del “indio que partieron en cuatro”: es una forma de decir, que al instituto lo estiraron desde todos los frentes: económicos y políticos, hasta desbaratarlo.
