Cumbre de las Américas, choque de visiones

Uno de los eventos más importantes a nivel geopolítico continental tuvo lugar en Estados Unidos, en el corazón del estado de California. Hablamos de una nueva Cumbre de las Américas, en este caso la edición IX, que se dio en la ciudad de Los Ángeles y que estuvo repleta de polémicas, curiosidades y aspectos a analizar. En ese sentido, la tan ansiada Cumbre dio mucho que hablar en una semana repleta de actividades para los líderes americanos que se dieron cita en el encuentro.

Ausencias y presencias

Las polémicas comenzaron antes de la cumbre que tuvo lugar entre el 6 y el 10 de junio. Joe Biden, presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, comenzó a agitar el avispero político latinoamericano desde la lista de invitados. Desde hace varios meses antes del inicio de la cumbre, el demócrata fogoneó la posibilidad, e inclusive en tono de amenaza, del veto de países de suma importancia para la región. Hablamos de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Los deseos del Tío Joe fueron órdenes y se hicieron realidad. Finalmente, esta tríada de países latinoamericanos fue excluida de la IX Cumbre de las Américas. Las razones abundan desde Washington. En principio, y según deslizó la mismísima Casa Blanca, la cuestión principal es ideológica y de manejo político. Estados Unidos acusó a estos países de tintes socialistas de ser dictaduras sanguinarias donde no se reconocen Derechos Humanos fundamentales. Desde esta perspectiva, Joe Biden, Kamala Harris y Antony Blinken sentaron una rígida postura que no fue bien recibida desde el centro y sur de América. 

La cuestión ideológica es llamativa, en principio porque Joe Biden abogó por mayor pluralidad y cooperación con los países latinoamericanos en su discurso preelectoral. Y, por otro lado, que es algo que pareciera tener mayor flexibilidad, es la relación Estados Unidos-Cuba. Entre tantos avances y retrocesos, la Cumbre de las Américas del 2022 marcó un claro retroceso en cuanto a relaciones diplomáticas refiere entre estos países. En este apartado, cabe una comparación con lo sucedido en la Cumbre de las Américas de 2015 que se realizó en Panamá. Allí participó Cuba y hubo un encuentro histórico con Estados Unidos tras 50 años, que fue materializado con un apretón de manos entre Barack Obama y Raúl Castro, ambos máximos mandatarios en esos años. 

Si nos remitimos a la actualidad, Biden decidió tomar una distancia considerable de la cuestión cooperativa con Cuba, en disidencia con las decisiones tomadas por el expresidente Obama. Y por el lado de Cuba, a Miguel Díaz-Canel no le tembló el pulso para apuntar sagazmente con su discurso contra Washington, acusándolos de tener una acción represiva, de discriminación y de generar una situación rupturista para con la región latinoamericana.

Los otros dos países vetados fueron Venezuela y Nicaragua. Estos países siguieron el mismo camino de Cuba en el marco de las decisiones de Biden de no tenerlos en cuenta para esta novena edición de la Cumbre de las Américas, casi por un efecto rebote, en cuestiones ideológicas. Tanto Venezuela como Nicaragua mantienen, con total controversia y discusiones, ciertos modelos socialistas, cercanos a la experiencia cubana. Más allá de esto, la situación se vuelve más confusa cuando se comprende que Estados Unidos es uno de los más grandes compradores de petróleo a Venezuela, y potenciado aún más por el contexto de la crisis energética global generada por la Guerra en Ucrania. Este año, Biden se refugió en el petróleo de Maduro y allí parece no importar los Derechos Humanos. 

Cierto es que estos países tienen en su haber una gran cantidad de polémicas relacionadas a la falta justamente de los derechos fundamentales del hombre y la mujer. Cuando se habla de Cuba, Venezuela y Nicaragua, generalmente se asocia a problemáticas concernientes con la falta de disidencia política, la persecución, arrestos ilegales e inclusive represiones que llevan a la muerte a personas opositoras al régimen. Biden, al mejor estilo Tío Sam, parece sólo mirar la paja en el ojo ajeno. Estados Unidos es el país con mayor cantidad de invasiones en el extranjero en las últimas décadas, incluyendo delitos de profunda complejidad como el de crimen de guerra. 

Cabe hacer una lectura entrelíneas acerca de la decisión de Joe Biden que es mucho más profunda que un simple desencuentro ideológico, propio de la Guerra Fría. En un contexto macro, es la guerra ruso-ucraniana la que vuelve a tomar importancia. Cuba, Venezuela y Nicaragua son aliados estratégicos regionales de Rusia, y además son países que no han condenado con total seguridad ni con sanciones a las acciones de la patria de Putin sobre el suelo ucraniano. En base a eso, el mensaje es el siguiente: Cuba, Venezuela y Nicaragua son aliados de Putin, por ende, no pueden entrar a Estados Unidos. Y al no participar de la Cumbre de las Américas, se los excluye directa e indirectamente de las decisiones continentales. Ese mensaje no solamente se remite a una cuestión de simpatía o “amistad” de la tríada socialista latina con Putin, sino que denota que Estados Unidos sigue teniendo la suficiente autoridad como para decidir por todo el continente. Hacen honor a su gentilicio interno, los estadounidenses se dicen americanos y durante esta semana han decidido por sobre el resto de los países que integran América.

El día después del veto 

Las reacciones ante la decisión de exclusión que tomó Washington contra los países de Díaz-Canel, Maduro y Ortega fueron diversas, polarizadas e inmediatas. La más fuerte de ellas vino desde un vecino país de Estados Unidos. México hizo un repudio público a través de su presidente Andrés Manuel López Obrador. El mandatario mexicano se rehusó a asistir a la cumbre llevada a cabo en Los Ángeles, pero sin embargo sí participó una delegación en representación de su país. De hecho, el mismo AMLO habló de la participación de la IX Cumbre de las Américas bajo protesta, ante el veto contra Cuba, Nicaragua y Venezuela. La figura del presidente mexicano era clave para Joe Biden, y simbólica y comunicativamente, López Obrador le dio un disgusto. Estados Unidos necesitaba tratar asuntos relacionados a las crisis migratorias que provienen desde Centroamérica, pasan por México y terminan en la enorme frontera común. De hecho, la crisis migratoria continúa agravándose y en el trajín de la cumbre se han visto movilizaciones monumentales de centroamericanos intentando llegar a Estados Unidos, asentarse y tener una mejor vida, entendiendo la mayor posibilidad de movilidad social ascendente que se pueda dar una vez que penetren las fronteras protegidas por “la migra”. 

El repudio no quedó solamente en AMLO y en Norteamérica. A la decisión de no asistir se les sumaron Bolivia y Guatemala, de la mano de sus presidentes: Luis Arce y Alejandro Giammatei. Ambos países se sumaron al boicot contra Estados Unidos. A ellos se les sumaron los 13 países que integran la Comunidad del Caribe (CARICOM). Un revés que no esperaba Joe Biden y que termina significando una derrota en su proceso de integración con Latinoamérica. 

Si uno habla de política internacional, es una clara derrota de Estados Unidos y que genera, en perspectiva globalista, una mayor desconfianza en Biden como el líder de occidente. Esto es importantísimo para Estados Unidos, entendiendo que, en un contexto de guerra en Europa, el cual puede agravarse en cualquier momento, tener una figura rígida en el marco de decisiones en el exterior es clave para Occidente, y la demostración de un boicot generado en su propio continente, no deja bien parado a Washington, e inclusive puede verse vulnerable ante semejante escenario. 

En tanto, hubo países que se presentaron en la cumbre, llevando la bandera del mensaje de unidad y de la disconformidad con la decisión estadounidense. Tal es el caso de Alberto Fernández y Gabriel Boric, quienes han dicho presente, pero han disparado contra la decisión de Biden. Y, por otro lado, hay países que no han discrepado en ningún aspecto con la decisión de vetar a Cuba, Venezuela y Nicaragua, es el caso de Brasil del siempre polémico Jair Bolsonaro y de Uruguay, bajo la presidencia de Luis Lacalle Pou, quien finalmente no asistió por dar positivo en COVID – 19. 

Argentina in L A 

La delegación argentina llegó a esta IX Cumbre de las Américas con una gran serie de disyuntivas. Por un lado, el hecho de participar, pero no guardarse ninguna crítica por las ausencias forzadas desde Estados Unidos. Alberto Fernández consideró que el hecho de ser anfitrión no le da la capacidad a Washington de excluir a otros países americanos. Asimismo, Argentina ofició de representante de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) y aclaró su preocupación en “que impidan que todas las voces del hemisferio dialoguen y sean escuchadas”.

De hecho, si hablamos de representación latina en la bandera celeste y blanca, fue el mismo presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, quien aclaró que Alberto Fernández fue el señalado para llevar las voces venezolanas a Los Ángeles.

La presencia argentina en la Cumbre de las Américas 2022 se complejiza aún más, comprendiendo una necesidad de características simbólicas para con Estados Unidos. La reestructuración de la deuda externa con el Fondo Monetario Internacional no solamente se entiende por el hecho de llevar adelante un programa económico que agrade a los acreedores (FMI), sino también con cierta cordialidad política y diplomática con el gran país del norte. La presencia de Alberto Fernández mucho tiene que ver con continuar obteniendo los vistos buenos de Joe Biden para mantener cierto crecimiento económico mientras se salde la deuda con el Fondo Monetario Internacional. Una situación prácticamente de parentesco que se explica nuevamente la importancia del capital social para tener resultados positivos. 

Asimismo, y de manera paralela a estas cuestiones, Argentina busca rubricar una serie de inversiones en distintos rubros del sector productivo nacional para los próximos meses y años que potencien aún más a una economía en reconstrucción. La necesidad de tener aliados poderosos es una estrategia llevada adelante por la política de consenso de Alberto Fernández. En menos de un año, el presidente argentino se ha mostrado cerca de EEUU, Francia, Alemania, Rusia y China. Todos ellos, países que responden a intereses yuxtapuestos, sobre todo en una vieja disputa Occidente – Oriente. 

Otra cuestión a tener en cuenta cuando se analiza la presencia de Alberto Fernández en la IX Cumbre de las Américas, se basa en el posicionamiento de Argentina como un líder regional. Las ausencias de los países socialistas en conjunto con México y Bolivia, sumadas a la reciente imagen que tiene Gabriel Boric en Chile y Xiomara Castro en Honduras, posicionan al gobierno de Fernández como el máximo representante del progresismo en Latinoamérica. Por un lado, esto tiene preponderancia bajo la premisa de que siempre es positivo ser la referencia máxima en un evento diplomático de supina importancia; y por otro, la posibilidad de obtener una mayor visibilidad diplomática que traiga a colación beneficios a futuro para Argentina. 

La tierra colorada tuvo su representante en esta novena edición de la Cumbre de las Américas. El intendente de Posadas, Leonardo Stelatto participó y disertó en el capítulo de los alcaldes. Con presencia en Los Ángeles, el mandatario de la capital provincial, habló de las políticas a corto, mediano y largo plazo llevadas adelante en Posadas desde la perspectiva de la sustentabilidad, la sostenibilidad y el cuidado del ambiente. Estos tópicos fueron de los temas principales de debates entre los jefes de estados americanos, y allí, en el marco de una agenda global, Misiones tuvo su representante. Asimismo, un dato que no es menor, es que “Lalo” Stelatto fue el único intendente argentino en participar en la Cumbre, junto a otros alcaldes o jefes comunales de todo el continente. Posadas fue vista como una Smart City en Los Ángeles. 

Primeros resultados de la Cumbre 

Pasando por encima la imagen internacional que dejó Estados Unidos ante el veto contra Cuba, Venezuela y Nicaragua, y el boicot generado por una gran cantidad de países americanos contra Joe Biden, hay una serie de acuerdos directos e indirectos de carácter bilateral que se pueden visualizar. 

Centrado en las problemáticas principales, como se nombró previamente, la sustentabilidad, los objetivos climáticos y las energías renovables fueron ejes primordiales de la agenda de la IX Cumbre de las Américas. Lógicamente que la voz cantora principal la tuvieron Estados Unidos y Canadá, aunque con buen presencia argentina y chilena en ese aspecto, y, además, hubo una reunión esperada en este aspecto: Biden – Bolsonaro. Estos líderes se reunieron con el tópico, entre tantos otros, de debatir la problemática del Amazonas, el mal manejo de políticas medioambientales en Brasil y la queja constante de los pueblos originarios del Amazonas por el avasallamiento de sus territorios mediante el accionar extractivo de empresas privadas. Cabe recordar que Bolsonaro había criticado, hace unas semanas, la llegada a Biden al poder y volvió a esbozar el concepto de fraude electoral en los comicios que impidieron la reelección de Donald Trump en Estados Unidos.

La noción del cuidado del ambiente como parte de una política integral americana, guarda mucha relación con lo sucedido casi paralelamente en el viejo continente. Los eurodiputados tomaron una serie de medidas que benefician al cuidado del ambiente en esta semana, e inclusive planteando el debate de restringir el uso de autos a combustión para la próxima década. No es casualidad que los jefes de estados americanos busquen consenso en ese punto de vista. 

En consecuencia, con lo explicado en el principio acerca de la crisis migratoria en el centro y el norte de América, aquí también hizo hincapié Estados Unidos. Más allá de la ausencia de Andrés Manuel López Obrador, la misma delegación estadounidense hizo oficial su intención de un paquete monetario que se inyecte en los países centroamericanos que ofician de génesis de las corrientes migratorias. Según Kamala Harris, la vicepresidenta estadounidense, anunció un compromiso con el sector privado expresado en más de 1,9 mil millones de dólares destinados para la creación de oportunidades económicas en tres países en particular: El Salvador, Honduras y Guatemala. Asimismo, Washington anunció la creación del Cuerpo de Servicios Centroamericano, con una iniciativa del sector público y privado, y con una visión filantrópica de 50 millones de dólares. La vicepresidencia de Estados Unidos también aseguró el compromiso de su gobierno con el sector privado para empoderar económicamente a las mujeres en Centroamérica. Estas medidas buscan generar un efecto positivo al interior de dichos países para evitar oleadas de migrantes que busquen como destino a EEUU.

Cabe aclarar que una gran suma de migrantes que se sumen casi indirectamente al mercado laboral informal estadounidense puede llegar a generar una serie de problemáticas económicas en distintas urbes de EEUU. Entendiendo que, a mayor mano de obra disponible, más trabajos pueden ocuparse, y al haber mayor demanda y menor oferta, los sueldos y las mensualidades pueden decrecer. Esta es una de las preocupaciones principales de los alcaldes y gobernadores estadounidense de las urbes que generalmente son elegidas por los migrantes que huyen de las crisis económicas, sociales y políticas de sus países de origen. 

Asimismo, también se suman temáticas relacionadas a la salud, en un contexto donde continua la pandemia de COVID – 19 y cada tanto se generan nuevas olas en distintos países americanos, y a eso sumarle la alerta epidemiológica de la viruela del mono, presente ya en varios países. De igual manera, cuestiones relacionadas directamente a la desnutrición infantil guardan estrecha relación con la pobreza existente en todos los países del continente americano, en mayor o en menor medida, pero con presencia, a fin de cuentas. 

Otra temática incluida en la IX Cumbre de las Américas es la inseguridad y la delincuencia. Esta llega en un contexto sensible en Estados Unidos, país anfitrión que se encuentra sumergido en una ola de críticas por el increíble número de tiroteos masivos que tienen lugar en suelo estadounidense prácticamente día tras día y con un profundo e histórico debate sobre el acceso a las armas. A eso se le suman los distintos parámetros de inseguridad en toda América, como mafias, pandillas y narcotráfico. Si bien se entiende que estas problemáticas tienen sus cimientos en cuestiones verdaderamente estructurales, los representantes presentes en la cumbre han hecho eco de su preocupación por el creciente número de situaciones relacionadas a la inseguridad en el interior de sus fronteras, cada una con sus propias características. 

Más que una cumbre, un escenario internacional Este concierto denominado IX Cumbre de las Américas desnudó una gran cantidad de variables ideológicas que se dan en el continente americano y las cuales ya se han analizado. Ahora queda pensar en cómo se va a configurar el mapa geopolítico del continente luego de las rispideces y las diferencias generadas en este evento diplomático. Hay que comenzar a pensar en un mayor deterioro de la relación de EEUU con los países socialistas de Latinoamérica, y en ese punto, las implicancias económicas de este enfriamiento diplomático. En consecuencia, cabe preguntarse se repercutirá en el crudo de petróleo venezolano vendido día a día a Estados Unidos, en el bloqueo económico que el país de Biden ejerce sobre Cuba desde 1962 y en el paquete económico que prometió Washington para países centroamericanos como Nicaragua. Asimismo, habrá que comenzar a pensar en que, si los países latinoamericanos fortalecerán la CELAC o una nueva comunidad de integración regional por fuera de los intereses directos de Estados Unidos y Canadá, y si la confianza en la Organización de Estados Americanos será unánime, luego de su fatídica actuación en el golpe de estado en Bolivia en 2019 y su repudio público en la cumbre. Finalmente, habrá que pensar que sucede con los países que han respaldado con efusividad las decisiones tomadas por Washington. Es necesario pensar en Colombia, Uruguay y Brasil y en un potencial mejoramiento de las relaciones bilaterales con Estados Unidos y, casi como anexo, un mayor respaldo económico interior y exterior. El teléfono de la Casa Blanca volvió a sonar y Latinoamérica se expresó.

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