De la purga moral a la gourmet coima pastelera: la “dieta” de la nueva política
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Prometieron barrer con los chorros de siempre, con los kirchneristas. Que venían a limpiar la política de la casta, a hacerle un lifting al Estado con escoba de fibra, planilla de Excel y filtro de Instagram.
El peronismo ya estaba instalado como el demonio de bolsillo: chorros, causas, carpetas, prontuarios más largos que un capítulo de Casados con hijos. Y ellos llegaban con un solo eslogan tatuado en la frente: “No somos como ellos” y “la casta está con miedo”.
Aparece el capítulo $Libra, la cripto-emoción que iba a ser el Bitcoin del subdesarrollo hasta que explotó como un parlante trucho en alguna bailanta de la ruta 14. Resulta que también ahí corría plata. Una trama con más sospechas que carne agridulce de restaurante chino.
Y mientras todo esto pasaba, aparecieron las valijas VIP que entraron sin control en un avión que no se sabe bien de dónde venía. Avión cuyo dueño (amigo del peluca) ahora también se adueñó de la “bajo costo” Fly Bondi. Roguemos, querido lector, que ninguno se caiga… y si alguno se cae por falta de mantenimiento, que no sea en la que viaja usted. La culpa, si se cae un avión, seguro será Kirchnerista.
De fondo, la ANMAT, que anda más perdida que perro en cancha de bochas. Se nos muere gente -mucha gente- por fentanilo adulterado y nadie da explicaciones. Y no da para chiste esto.
Todo esto pasa, hasta qué sorpresa, aparecen audios que suenan como un sketch de Capusotto, pero sin gracia. El exdirector de la Agencia Nacional de Discapacidad, Diego Spagnuolo, grabó charlas de café con cucharita y medialuna, donde se habla de una coima del 8% en contratos de medicamentos. Según esas cintas, la hermana del presidente, Karina Milei, se quedaba con el 3%, Lule Menem con el 1%, y el resto para “operaciones”. ¿Operaciones? ¿Políticas? ¿De vesícula? ¿De liposucción? Misterio.
Entonces uno se recuerda: vinieron a escupir el pasado, a decir que se levantaban con “los huevos bien puestos” para limpiar la casta y patadas en el cul@ Y terminaron siendo lo mismo, pero en versión corrupción torta gourmet, con packaging dolce. Voceros del orden y la austeridad que ahora reparten coimas como si fueran voucher escolares
La ironía máxima: el peronismo nunca se vendió como puro y casto. Te robaba, sí, pero con la dignidad del ladrón profesional. En cambio estos venden pureza y entregan el paquete “honestidad platinum”: facturan moral y coimean al mismo tiempo.
¿Alguien podía creer que con Menem, Scioli, Caputo, Sturzenegger, Cúneo, Ritondo, Pato y toda esa comparsa de reciclados iba a ser distinto? Sí, claro: la misma gente educada que seguramente cree que Papá Noel baja por la chimenea en un departamento de dos ambientes.
Mientras nos prometían limpiar la política de la corrupción, hoy Argentina está endeudada por casi 467.800 millones de dólares, una marca histórica que ni el más copado de los libreros libertos podría ocultar. Cocinando a fuego lento ¿les suena?
Y aunque la inflación bajo a costos altísimos no medidos aún, los realidad insiste que la economía no termina de arrancar, con el consumo estancado, los ingresos congelados y una actividad real que coquetea con la recesión.
El final es desopilante si no fuese para llorar: uno quiere creer que existe una limpieza moral, pero descubre que el cepo existía, sí… solo para los demás. La moraleja: la fe sirve para ir a misa. Para gobernar, lamentablemente, hace falta realidad. A mí no me interesa la fé, me interesa la realidad.
Seguramente todo será una gran opereta conspirativa, así que tranqui amigo lector votante de LLA.
Como dijo el maestro Alejandro Dolina: “A mí no me interesa creer en Dios, me interesa Dios”. Cambiemos la frase para estos tiempos: a mí no me interesa tener fe en políticos, me interesarían los políticos.
Gente. De una lado de la reja esta la realidad, del otro lado también está la realidad. Lo único irreal es la reja.
Bye bye.
