De las ventas a corto plazo a las ventas a largo plazo: las mejores estrategias de inversión

El ahorro acumulado de las familias durante el último año ha permitido que los hogares en España cuenten en su conjunto con el mayor poder adquisitivo desde al menos 1999. Las familias en Estados Unidos, por su parte, registraron sus máximos niveles de ahorros desde el final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945.

Esta bolsa de efectivo, junto a los masivos paquetes de estímulo económico que aprobaron la Unión Europea y la Administración de Joe Biden en Estados Unidos, hacen prever un fuerte repunte de los beneficios empresariales en la UE y EE. UU.

El resultado es que algunos índices bursátiles, como el S&P 500, ha multiplicado hasta por seis los mínimos registrados en 2009, hasta alcanzar los 4.297 puntos, lo que supone una rentabilidad media anual del 16%.

Además, en un entorno de tipos de interés cero o incluso negativos, la inversión en bonos o fondos de plazo fijo empieza a ser cada vez menos atractiva. En este aspecto, las ventas a corto plazo se convirtieron en una de las estrategias más empleadas por los inversores para sortear los vaivenes del mercado.Este tipo de operaciones se realizan cuando el gestor cree que el precio de la acción bajará en el futuro, y establece una orden automática de venta a partir de una cifra. Los números, al igual que los que se encuentran en el cilindro de la ruleta o en las casillas del Sudoku, se convierten en la herramienta principal de los traders para estudiar las tendencias del mercado.

La principal ventaja de las ventas en corto es explotar las fases bajistas en los mercados. Una herramienta financiera muy empleada el año pasado, aunque la situación en el presente ejercicio sea radicalmente distinta. Además, las ventas en corto no están permitidas en todas las bolsas del mundo. En Estados Unidos sí funciona esta operativa, en la que la acción del mercado o el activo es propiedad de una tercera persona (suelen ser brokers) con la pretensión de adquirirla cuando pierda su valor.

La empresa Bolsas Mercados Españoles (BME), propiedad del conglomerado suizo SIX, prohíbe realizar este tipo de operaciones directamente sobre la cotizada, aunque los fondos de inversión cuentan con herramientas como los Contratos por Diferencias (CDFs), que permiten operaciones sobre los activos sin poseer su título.

Frente a la estrategia de venta a corto plazo que se popularizó el año pasado, el mercado ha llegado al consenso contrario en 2021: la apuesta por compras a largo plazo o adquisición de activos, especialmente en empresas tecnológicas del Nasdaq, ligadas a la digitalización de la economía, y en energéticas inmersas en proyectos de energía renovable. Las materias primas, como el acero, el gas natural, el níquel, el litio y otros superconductores usados en las baterías eléctricas y en las nuevas redes inteligentes de transmisión, también han experimentado un boom alcista en los últimos ocho meses.

Sin embargo, uno de los aspectos más controvertidos de estas estrategias de inversión es la querencia de algunos fondos por acciones financieras fuera del marco tradicional, como las bolsas o los bonos soberanos de los Estados. Para tratar de obtener rendimientos superiores al 10%, estas firmas ofrecen posiciones en deuda privada o inmuebles, cuya rentabilidad es muy superior a la del mercado.

Como advertía uno de los últimos informes del Fondo Monetario Internacional (FMI), la fortaleza de estos fondos es clave para consolidar un crecimiento en los próximos años, en los que se espera que la economía mundial crezca por encima del 5% durante al menos 2022, 2023 y 2024.

No obstante, la lógica del mercado y de las inversiones es nadar contracorriente, desafiando las tendencias actuales para tomar posiciones en activos devaluados o baratos. Solo de esta manera es posible diseñar un portfolio atractivo para cualquier tipo de inversor, por muy conservador que sea.

Por último, los tipos de interés, que ahora se sitúan prácticamente a cero, podrían aumentar en el corto plazo para evitar sobrecalentar la economía y contener la inflación. A pesar de las reticencias de los principales bancos centrales, como la Reserva Federal (FED) o el Banco Central Europeo (BCE), es probable que la ortodoxia financiera vuelva a las mesas de los consejos y se retiren algunos estímulos a la economía, como la compra de deuda.

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