Déficits gemelos heredados: es clave la solidez de las medidas para recuperar la estabilidad y el crecimiento

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Escriben Jorge Vasconcelos y Maximiliano Gutiérrez, Fundación Mediterránea. Para que la economía de 2024 se diferencie en forma sustantiva de la de 2023, se requiere una baja significativa del gasto público medido en dólares. El costo de la estabilización será más tolerable en la medida que el objetivo de reducir el peso del estado pueda lograrse con reordenamiento planificado de partidas presupuestarias y con racionalización de la superposición de erogaciones entre nación, provincias y municipios. Mientras más pueda avanzarse en esa dimensión, menor “tarea sucia” quedará a cargo de la devaluación y, por ende, más tolerable será la inevitable corrección de los desequilibrios heredados. A su vez, para lograr eficacia y sustentabilidad, no debería abandonarse el objetivo de coordinar esa formidable tarea entre Nación y Provincias

• Las idas y venidas de los proyectos del Ejecutivo en el Congreso no deberían ser un motivo por abandonar todo intento de reforma, mientras que recurrir a mecanismos como los de las consultas populares no dan garantías, siendo que además se consumiría un tiempo muy valioso en el proceso. El mejor escenario frente a los contratiempos es ”volver a empezar”, separando en esta nueva oportunidad aquellos proyectos que son verdaderamente “urgentes e importantes” y tratando de preservar en el frente judicial los principales ítems del DNU de desregulación

• La gobernabilidad es, en esencia, avanzar hacia un escenario en el que las reformas de la economía logran consenso y un estatus por el cual habrá de resultar imposible su reversión por parte de gobiernos subsiguientes. El reordenamiento fiscal, tanto por el lado del gasto como de los ingresos, necesita instrumentos legislativos para consolidar y hacer sustentable el objetivo de “déficit cero”, al igual que el afianzamiento de las condiciones para lograr un aumento sostenido de la inversión privada y de la creación de puestos de trabajo formales

• El incremento del gasto en dólares del sector público nacional fue muy significativo entre 2019 y 2023, del 27,0 % en divisas constantes, a un ritmo anual acumulativo del 6,2 %. Este  indicador hace más nítida la conexión con el simultáneo deterioro fiscal y externo experimentado en esos años, cuando el déficit primario pasó de -0,4 % a -2,9 % del PIB, y la cuenta corriente del balance de pagos acentuó el rojo desde -0,8 % a -3,5 % del PIB. 

La falta de financiamiento genuino de esos déficits gemelos es lo que explica, a su vez, la simultánea aceleración de la inflación y pérdida recurrente de reservas del Banco Central

• Desde el punto de vista de la estabilización futura de la economía, una pauta estricta para el gasto público es el ancla más firme a la que puede aspirarse, mientras que para desatar los nudos que traban el crecimiento no puede faltar una profunda modernización del funcionamiento del mercado laboral • En lo que hace al comportamiento de la inflación, para que se cumpla la proyección punta a punta de 149,4 % en 2024, de acuerdo al Staff del FMI, la variación del IPC entre febrero y junio tendría que ubicarse en torno a 9,2 % mensual, suponiendo para el segundo semestre una inflación promedio de 5,0 % mensual. 

Como se ve, el período febrero-junio contiene supuestos extremadamente ambiciosos, ya que luego de un enero en el que la inflación se habría ubicado en torno a 21/22 %, por arrastre estadístico es difícil que febrero se ubique por debajo de 15/16 %. Además, en el cortísimo plazo el freno a la inflación proviene de la intensa recesión por la que atravesamos, una medicina contraindicada para el mediano y largo plazo, aun cuando también es cierto que la política monetaria y fiscal está haciendo su tarea, a diferencia del anterior ciclo presidencial • Los datos de nivel de actividad de arranque de 2024 tienden a confirmar la profundidad de la dinámica recesiva. En principio, en enero la merma en la demanda de bienes de consumo masivo habría sido de entre el 7 y el 8 % interanual. A su vez, el índice Construya registró una merma interanual de 28,2 % en enero luego de caer un 17,4 % interanual en diciembre. 

En el caso de la producción automotriz, se tiene que tras un incremento promedio de 13,7 % en 2023, se ingresara en terreno negativo en diciembre (- 0,4 %), para caer 16,7 % interanual en enero de 2024 • Entre diciembre y lo que va de febrero el Central acumuló compras netas de divisas por 6,6 mil millones de dólares, pero esa dinámica de ningún modo refleja un mercado cambiario normalizado, esencialmente porque se sigue postergando el pago de importaciones a un ritmo estimado de 3,0 mil millones de dólares/mes. 

Para que la eliminación del “Blend” de exportadores prevista para fin de junio no provoque turbulencias en el mercado, la brecha cambiaria debería ser mínima. De lo contrario, podría afectarse la fluidez de la liquidación de exportaciones en el período previo 

• Una forma de empalmar la “mezcla” de tipos de cambio a la que acceden los exportadores sería ir modificando por tres meses consecutivos las proporciones del “blend”. En lugar de esperar a fin de junio para cerrar la posibilidad de liquidar el 20 % de las exportaciones por el CCL, podría establecerse un cronograma por el cual en el primer mes se acotan las liquidaciones por el CCL al 13,3 % de las exportaciones, en el siguiente al 6,7 % para llegar a cero en los 30 días posteriores. Para que el dólar de exportaciones no registre cambios significativos en esa transición, el tipo de cambio oficial debería acelerar su deslizamiento para compensar la diferencia, con una política monetaria congruente con ese nuevo esquema. Se estaría dejando de lado la pauta del 2,0 % para el tipo de cambio oficial, pero podrían amortiguarse movimientos bruscos del mercado 

• Es posible que el gobierno haya sobreestimado el poder estabilizador de los agrodólares para la actual campaña. En realidad, el aporte de la agroindustria a las exportaciones llegaría a 34,7 mil millones de dólares (se incluyen complejos lácteos, ganaderos, maní, entre otros, además de soja, maíz y trigo, y se netea de admisión temporaria de granos de soja), de acuerdo a la última estimación de IERAL. Obsérvese que las exportaciones del sector, medidas en dólares constantes, serían las menores de los últimos seis años, excepto el ciclo contabilizado en 2023. El aporte de la presente campaña quedaría 12,2 mil millones de dólares por debajo de los guarismos de 2022, aun cuando estaría marcando una recomposición cercana a los 10,0 mil millones respecto de 2023 • Como se ve, el clima y los términos de intercambio no harán un aporte tan generoso a las cuentas externas de la Argentina como sí ocurriera en 2022 (aunque la política económica ese año dilapidara la posibilidad de acumular reservas de modo genuino). Justamente por eso, cabe resaltar la conexión existente entre el equilibrio interno y externo de la economía, con la evolución del gasto público medido en dólares al tipo de cambio oficial como un indicador por excelencia acerca de cuán lejos o cuán cerca se encuentra el ciclo económico de alcanzar esos equilibrios en simultáneo 

El año pasado, el rojo del sector externo (cuenta corriente del balance de pagos) fue del orden de los 3,5 puntos del PIB, guarismo similar al déficit primario del sector público nacional. Desde el punto de vista macroeconómico, hay un hilo conductor entre ambos desequilibrios, y tiene que ver con la dinámica del gasto público que, medido en dólares, registraba una trayectoria insustentable. En 2019, que en ese aspecto puede ser considerado año base para las comparaciones, el gasto del sector público nacional medido al tipo de cambio oficial, había sumado 83,9 mil millones de dólares, y a partir de allí experimentó una trayectoria ascendente para alcanzar los 127,1 mil millones de dólares (a precios corrientes) en 2023, producto de un simultáneo aumento de las erogaciones en términos del PIB y una sostenida apreciación del peso (abaratamiento del precio del dólar en términos reales

Así, se tiene un incremento de 51,5 % del gasto en dólares entre 2019 y 2023, guarismo que corresponde corregir para conseguir un indicador en dólares constantes. Deflactado por la inflación de Estados Unidos en ese período, de todos modos, el incremento del gasto del sector público nacional fue muy significativo, del 27,0 % en dólares constantes, a un ritmo anual acumulativo del 6,2 %. Pivoteando en la suba del gasto público en dólares surge más nítida la conexión con el simultáneo deterioro fiscal y externo experimentado entre 2019 y 2023. En esos años el déficit primario pasó de -0,4 % a -2,9 % del PIB, y la cuenta corriente del balance de pagos acentuó el rojo desde -0,8 % a -3,5 % del PIB. La falta de financiamiento genuino de esos déficits gemelos es lo que explica a su vez la simultánea aceleración de la inflación y la pérdida recurrente de reservas del Banco Central.

Corregir estos desequilibrios es clave tanto para recuperar un nivel positivo de las reservas del banco Central como para generar condiciones para la estabilización de la economía, la fase que se encadena con el actual período de corrección de precios relativos, de ajuste del déficit fiscal y de incipiente recuperación de reservas del central. 

Staff Report del FMI, recesión y después 

La estimación de caída de 2,8 % del PIB para 2024 luce realista, pero hay que tener cuenta que, de no volver a complicarse la situación climática, este año el sector agroindustrial haría un aporte positivo a la variación del PIB del orden de 2,4 puntos porcentuales, por lo que el “resto” del PIB estará experimentando una contracción del orden del 5,2 % interanual. Congruente con la proyección anual, para el primer trimestre de 2024 se estima una caída del PIB del orden del 5,0 % interanual, como se adelantara en informes anteriores Los datos de nivel de actividad de arranque de 2024 tienden a confirmar la profundidad de la dinámica recesiva. 

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En principio, en enero la merma en la demanda de bienes de consumo masivo habría sido de entre el 7 y el 8 % interanual. La conclusión se refuerza cuando se observan otros indicadores de alta frecuencia. Según el INDEC, la industria manufacturera (IPI Manufacturero) cerró en rojo en el promedio del 2023 (-1,8% interanual) pero en diciembre se observó una profundización de la caída hasta un 12,8% interanual. Mismo patrón exhibe la construcción: el Indicador sintético de la actividad de la construcción (ISAC) del INDEC, que en promedio cayó un 3,0 % interanual en 2023, para diciembre registró una contracción del 12,2 %. A su vez, para el arranque de 2024 el índice Construya (que mide el nivel de actividad de once empresas representativas del mercado de la construcción) anticipa una profundización de la dinámica recesiva, ya que luego de caer un 17,4 % interanual en diciembre registra una merma de 28,2 % en enero. En forma coincidente, los despachos de cemento se contrajeron 20,0 % interanual en enero de 2024, luego de hacerlo un 17,4 % en diciembre. En el caso de la producción automotriz, se tiene que tras un incremento promedio de 13,7 % en 2023, se ingresara en terreno negativo en diciembre (- 0,4 %), para caer 16,7 % interanual en enero de 2024.

La profundidad de la dinámica recesiva tiene su correlato en la recaudación de impuestos vinculados al mercado interno, pero temporalmente el consolidado de Administración Nacional más ANSES logra protección por la creciente incidencia de los tributos asociados al comercio exterior (País y retenciones) , a diferencia de la coparticipación automática a provincias, más sensible a lo colectado por el IVA.

En los renglones de recaudación tributaria en los que se trasluce más nítida la pérdida de poder adquisitivo y su consiguiente impacto recesivo es en aportes y contribuciones patronales y en el impuesto al cheque. La recaudación pura de ANSES, cuya base imponible son los salarios registrados, cayó en términos reales un 20,1 % interanual en diciembre y 25,7 % en enero, habiendo registrado una leve disminución en el promedio de 2023. Por su parte, el impuesto al cheque un 13,2 % y un 15,7 % menos en términos reales en diciembre y en enero, luego de una pequeña suba de 0,7 % en el promedio de 2023.

Dado que una dinámica como la descripta para el sector no agrícola conlleva riesgos en torno a la dinámica del empleo y las inversiones, es clave que el entorno en el que las empresas se desempeñan adquiera la flexibilidad de la que la economía carece hasta ahora. Los puestos de trabajo se conservan y se recuperan mejor con acuerdos en los que exista suficiente flexibilidad (bancos de horas, jornadas adaptadas al ciclo, etc). Ese tipo de reformas, como las vinculadas al mercado laboral, no habrán de demorar en mostrar sus efectos positivos en caso de implementarse, tal como ocurrió en Brasil después de 2016/17, como repetidamente se viene citando en estos informes. 

En el caso argentino, y pese al dominio de la estanflación que lleva más de una década, se encuentra un buen número de sectores que podrían oficiar de locomotoras de la economía, apenas comiencen a ponerse en marcha las reformas que quiten trabas a la inversión y al empleo formal. En el mismo documento difundido por el FMI se pone atención a lo que está ocurriendo con sectores como la minería y los hidrocarburos

En cuanto a la minería, se subraya que sus exportaciones podrían multiplicarse por cinco de aquí a 2030. Tres cuartas partes del potencial aumento se proyecta de la mano del litio, que podría aportar un incremento de 12 mil millones de dólares en sus exportaciones, seguido del cobre, con 5 mil millones. Por supuesto que alcanzar esas metas habrá de requerir de cuantiosas inversiones, estimadas por el FMI en 17 mil millones de dólares. En lo que hace a hidrocarburos, el staff report estima una mejora del saldo de comercio exterior energético del orden de los 25 mil millones de dólares entre 2023 y 2030.

Sin embargo, como ya se ha experimentado en forma recurrente en la Argentina, no basta con contar con los recursos naturales para dar un salto exportador. Se necesita estabilidad macro y condiciones de previsibilidad para el recupero de las inversiones, aspectos que el Congreso comenzaba a discutir cuando la crisis política en las relaciones entre el Ejecutivo y el archipiélago de bancadas no oficialistas llevó a fojas cero el tratamiento de los proyectos en danza. Por caso, la Ley de Bases que “cayó” esta semana contenía unas 40 enmiendas a la Ley de Hidrocarburos, con elementos claves tales como: I) garantía de estabilidad fiscal de 30 años a nivel federal; II) flexibilización de los requisitos de acceso a las divisas para pagar a contratistas y proveedores de servicios extranjeros, así como para el giro de dividendos y otras operaciones con matrices extranjeras y proveedores de servicios contratados. 

Staff Report del FMI, la dinámica de la inflación 

En lo que hace al comportamiento de la inflación, para que se cumpla la proyección punta a punta de 149,4 % en 2024, tal el guarismo apuntado por el Staff del FMI, la variación del IPC entre febrero y junio tendría que ubicarse en torno a 9,2 %

mensual, suponiendo para el segundo semestre una inflación promedio de 5,0 % mensual (julio a diciembre). Como se ve, el período febrero-junio contiene supuestos extremadamente ambiciosos, ya que luego de un enero en el que la inflación se habría ubicado en torno a 21/22 %, por arrastre estadístico es difícil que febrero se ubique por debajo de 15/16 %. No obstante, debe subrayarse que, en buena medida, en el cortísimo plazo, el freno a la inflación proviene de la intensa recesión por la que atravesamos, una medicina contraindicada para el mediano y largo plazo. Es cierto que la política monetaria y fiscal está haciendo su tarea, a diferencia del anterior ciclo presidencial. Desde que asumió Milei, la base monetaria registró una mínima variación, de 0,31 billones de pesos, fenómeno explicado por los siguientes factores: a) Los pasivos remunerados a nivel agregado permitieron una absorción de 6,4 billones de pesos, con un desarme de las LELIQ que generó una expansión de 4,4 billones, más que compensada por la evolución del stock de Pases, instrumento a partir del cual se absorbieron 10,8 billones de pesos; b) Las compras de divisas efectuadas hasta el 1 de febrero implicaron una emisión de 4,6 billones de pesos; c) Los intereses de los pasivos remunerados explican 4,4 billones de emisión; d) Todas las operaciones realizadas con el Tesoro generaron una absorción de 4,2 billones de pesos; e) La colocación del BOPREAL (4.096 millones hasta el 1 de febrero) permitió una absorción de 3,4 billones de pesos1 ; f) Y el resto de las operaciones, que incluye compra de bonos y la ejecución de puts, implicó una emisión de 2,75 billones de pesos durante este período.

En tanto que agregados monetarios más amplios, caso de M2 y M3, los últimos datos registran variación interanual de 169 % y 128 %; cuando hacia fines de noviembre de 2023 esos guarismos oscilaban en torno a 111 % y 97 % interanual, lo que refleja la preferencia de los agentes económicos por tener mayor liquidez, en un escenario de represión financiera con tasas reales fuertemente negativas.

Dado la existencia de factores inerciales, el mes a mes de la tasa de inflación no es todavía una variable fácil de predecir, por lo que no conviene forzar los contratos extrapolando la trayectoria de la inflación de los últimos tres o cuatro meses.

Al respecto, se había advertido en artículo publicado el pasado 21 de diciembre (ver “La importancia de devolverle flexibilidad del lado de la oferta a la economía argentina”): “Como un vector relevante para acentuar la fluidez del lado de la oferta de la economía, la política salarial es clave. En las actuales circunstancias, deberían evitarse los dos extremos: a) intentar recomponer ingresos fijos extrapolando e indexando los contratos al ritmo de los picos de inflación de los meses por los que estamos transitando; b) desconocer la existencia de la aceleración en el ritmo de suba promedio de precios, con un diciembre que apunta a una variación del IPC superior al 25 %. Para tratar de evitar deterioros adicionales del salario real, lo más apropiado parece ser la compensación “mes a mes” del desfase observado entre inflación y trayectoria previa de las actualizaciones de sueldos”. De este modo, se subrayaba, se habrán de evitar deterioros adicionales de ingresos reales de trabajadores y jubilados y, al mismo tiempo, el riesgo de caer en un círculo vicioso de espiralización de precios, salarios y tipo de cambio. Sólo con una política de este tipo podrá desembocarse más adelante en un escenario de coordinación de expectativas, en base a la inflación esperada, contribuyendo a desindexar la economía. La todavía muy elevada tasa de inflación demanda anclas firmes y no todos los instrumentos apropiados están disponibles. Aunque hay una pauta del 2 % mensual, en realidad la política cambiaria sigue supeditada a la necesidad de reconstituir reservas, la política monetaria está condicionada por el objetivo de reducir el peso de los pasivos remunerados del Central, y la política fiscal mantiene rasgos de transitoriedad aun cuando pueda alcanzarse en el cortísimo plazo el “déficit cero”. Las idas y venidas de los proyectos del Ejecutivo en el Congreso no deberían ser un motivo por abandonar todo intento de reforma, mientras que recurrir a mecanismos como los de las consultas populares no dan garantías de eventuales cambios en la posición de los legisladores, siendo que además se consumiría un tiempo muy valioso en el proceso. El mejor escenario frente a los contratiempos es “volver a empezar” con los intentos de reforma, separando en esta nueva oportunidad aquellos proyectos que son verdaderamente “urgentes e importantes” y tratando de preservar en el frente judicial los ítems subsistentes del DNU de desregulación. El reordenamiento fiscal, tanto por el lado del gasto como de los ingresos, necesita instrumentos legislativos para consolidar y hacer sustentable el objetivo de “déficit cero”, al igual que el afianzamiento de las condiciones para lograr un aumento sostenido de la inversión privada y de la creación de puestos de trabajo formales. La gobernabilidad es, en esencia, avanzar hacia un escenario en el que las reformas de la economía logran consenso popular, un estatus por el cual resulta imposible revertirlas bajo futuros gobiernos de cualquier signo. Desde el punto de vista de la estabilización futura de la economía, una pauta estricta para el gasto público es el ancla más firme a la que puede aspirarse, mientras que para desatar los nudos que traban el crecimiento no puede faltar una ambiciosa modernización del funcionamiento del mercado laboral. Política cambiaria: el compromiso de terminar con el Blend a mediados de 2024 Más allá de las restricciones de la cuenta capital del balance de pagos, que habrán de subsistir (no hay una fecha precisa en el acuerdo), subsisten distorsiones en el mercado cambiario que vienen de antes del 10 de diciembre, que son contraindicadas para la normalización del manejo de la macro. Entre diciembre y lo que va de febrero el Central acumuló compras netas de divisas por 6,6 mil millones de dólares, pero esa dinámica de ningún modo refleja un mercado cambiario normalizado. a) Por un lado, las exportaciones no se canalizan en forma plena hacia el mercado oficial, ya que es factible liquidar el 20% en el circuito libre (CCL). Se estima un promedio de 900 millones de dólares/mes derivados hacia el CCL por este mecanismo, flujo que no ha sido suficiente para controlar la brecha cambiaria. La persistencia de este esquema induce malos incentivos, ya que la pauta cambiaria del 2,0 % mensual para el tipo de cambio oficial (dónde se canaliza el 80 % del monto de cada exportación) llevaría a una ampliación de la brecha cambiaria (ésa sería la “variable de ajuste”) en un escenario en el que por algún motivo (expectativas de devaluación, sequía, etc) comiencen a frenarse estas operaciones de comercio exterior; b) Por otro lado, el pago de las importaciones venía siendo fuertemente restringido hasta la tercera semana de enero, momento en el que se comenzó a otorgar paulatinamente acceso al 25% de las importaciones realizadas 30 días atrás. Como puede observarse en el gráfico siguiente, la demanda de divisas promedio diaria viene escalando desde entonces. De hecho, las deudas de comercio exterior se han seguido acumulando después del 10 de diciembre. Puede estimarse que la diferencia entre las importaciones efectuadas y las importaciones efectivamente pagadas es del orden de los 3,0 mil millones de dólares/mes, guarismo válido para diciembre y enero.

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En esencia, el mercado libre ha registrado una “sobrealimentación” del orden de los 900 millones de dólares/mes desde diciembre, pero esto no ha servido para mantener a raya la brecha cambiaria; mientras que, del otro lado, la recuperación de reservas del central dista de ser plenamente genuina, porque se está haciendo al costo de dejar impagas las nuevas importaciones por una cifra del orden de los 3,0 mil millones de dólares/mes en los primeros 60 días de gobierno. En principio, el gobierno aspira a corregir estas distorsiones hacia mediados de año, tal cual quedó escrito en el “Staff Report”. De todos modos, para que la eliminación del “Blend” de exportadores no provoque turbulencias en el mercado, la brecha cambiaria debería ser mínima. De lo contrario, podría afectarse la fluidez de la liquidación de exportaciones. Obsérvese que con una brecha cambiaria del orden del 50 %, para que el dólar de exportaciones no se altere en el momento de la eliminación del “Blend”, el tipo de cambio oficial debería registrar un salto del orden del 10,0 % en ese momento. Esto no pasaría inadvertido en el mercado de futuros, y afectaría la tasa de interés a la que se pactan los contratos del ROFEX. Una forma de empalmar la “mezcla” de tipos de cambio a la que acceden los exportadores sería ir modificando por tres meses consecutivos las proporciones del “Blend”. En lugar de esperar a fin de junio para cerrar la posibilidad de liquidar el 20 % de las exportaciones por el CCL, podría establecerse un cronograma por el cual en el primer mes se pasa a admitir liquidaciones en el CCL por el 13,3 % de las exportaciones, en el siguiente por el 6,7 % para llegar a cero en los 30 días posteriores. Para que el dólar de exportaciones no registre cambios significativos en esa transición, el tipo de cambio oficial debería acelerar su deslizamiento para compensar la diferencia, con una política monetaria congruente con ese nuevo esquema. Se estaría dejando de lado la pauta del 2,0 % para el tipo de cambio oficial, pero podrían amortiguarse movimientos bruscos del mercado Sector externo y acumulación de reservas El 30 de noviembre, en el Informe de Coyuntura de esa fecha (“En la cuenta regresiva, la gestión entrante goza del “beneficio de la duda”, pese al todavía difuso set de objetivos e instrumentos”), se incluía para el sector externo una proyección de superávit de balanza comercial en el segmento bienes del orden de los 25,0 mil millones de dólares. Desde entonces, se tiene una caída de precios internacionales y ajuste de los volúmenes cosechados que afectan la trayectoria esperada para las exportaciones, pero en el tiempo transcurrido también hubo oportunidad de corregir a la baja la proyección de las importaciones, por efecto del predominio de tendencias recesivas a lo largo del primer semestre de 2024. Es posible que el superávit de la balanza comercial este año se ubique unos 2,0 mil millones de dólares por debajo de aquella proyección, pero desde el punto de vista de la balanza de pagos, esa merma se estaría compensando por una corrección a la baja del déficit de servicios reales (incluye turismo). 

En esencia, la frazada corta del sector externo no se ha modificado significativamente, y acumular reservas de acuerdo al monto comprometido ante el FMI sin que se registren entradas de capitales es una tarea cumplible pero no sencilla. Cuando el gobierno diseñó las medidas fiscales para 2024 e incluyó un aumento de las retenciones a las exportaciones agroindustriales, posiblemente sobreestimó los efectos positivos de un clima favorecido por el retorno del “Niño”. En las últimas semanas se comprobó que el clima puede deparar sorpresas mientras que, por otro lado, la tendencia bajista de los precios internacionales de las commodities no se detuvo (desde noviembre último a la fecha muestran una caída del 8,7%).

Así, la última actualización de IERAL sobre el aporte de la agroindustria a las exportaciones de la Argentina en el presente ciclo llega a 34,7 mil millones de dólares (se incluyen complejos lácteos, ganaderos, maní, entre otros, además de soja, maíz y trigo, y se netea de admisión temporaria de granos de soja). Obsérvese que las exportaciones del sector, medidas en dólares constantes, serían las menores de los últimos seis años, excepto el ciclo contabilizado en 2023. Considerando la inflación estadounidense, el aporte de la presente campaña quedaría 12,2 mil millones de dólares por debajo de los guarismos de 2022, aun cuando implica una recomposición cercana a los 10,0 mil millones respecto de 2023. Como se ve, el clima y los términos de intercambio no harán un aporte tan generoso a las cuentas externas de la Argentina como sí ocurriera en 2022 (aunque la política económica ese año dilapidara la posibilidad de acumular reservas de modo genuino). Justamente por eso, cabe resaltar la conexión existente entre el equilibrio interno y externo de la economía, con la evolución del gasto público medido en dólares al tipo de cambio oficial como un indicador por excelencia acerca de cuán lejos o cuan cerca se encuentra el ciclo económico de alcanzar esos equilibrios en simultáneo. Para que la economía de 2024 se diferencie en forma sustantiva de la de 2023, se requiere una baja significativa del gasto público medido en dólares respecto del año pasado. El costo de la estabilización será más tolerable en la medida que el objetivo de reducir el peso del estado sobre la economía pueda lograrse con reordenamiento planificado de partidas presupuestarias y con racionalización de la superposición de erogaciones entre nación, provincias y municipios. Mientras más pueda avanzarse en esa dimensión, menor “tarea sucia” quedará a cargo de la devaluación y, por ende, más tolerable será la inevitable corrección de los desequilibrios heredados. A su vez, para lograr eficacia y sustentabilidad, no debería abandonarse el objetivo de coordinar esa formidable tarea entre Nación y Provincias.

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