Dos años de Milei: un país partido, economía en rojo y una batalla cultural en puerta

Getting your Trinity Audio player ready...
Compartí esta noticia !

A dos años del inicio del ciclo libertario, el balance social aparece atravesado por una grieta casi simétrica: 51% desaprueba la gestión nacional y 48,5% la aprueba. La economía cotidiana inclina el humor (49,7% dice estar peor), pero el “núcleo duro” se mantiene y el escenario 2027 ya se discute. En paralelo, el debate sobre vacunas expone un límite cultural: hay consenso abrumador a favor de la vacunación y de su obligatoriedad, aunque crece un rechazo minoritario con peso en la conversación política.

El experimento libertario cumple dos años y la Argentina llega a este cierre de 2025 con una certeza incómoda: el “cheque en blanco” se agotó. Según un estudio de la consultora Zuban Córdoba, la evaluación social de la gestión de Javier Milei muestra una división casi quirúrgica, con un dato políticamente relevante: la desaprobación supera a la aprobación. No se trata de una brecha amplia, pero sí simbólica, porque marca el primer quiebre claro en la expectativa inicial que acompañó al inicio del gobierno.

La fotografía del humor social no se explica solo por afinidades ideológicas. El factor decisivo es la economía doméstica. De acuerdo con el relevamiento de Zuban Córdoba, casi la mitad de la población considera que su situación económica empeoró desde la asunción de Milei, mientras que apenas uno de cada cinco afirma estar mejor. El resto se reparte entre quienes dicen seguir igual -bien o mal-. En términos políticos, el mensaje es nítido: el ajuste ya impactó en la vida cotidiana y condiciona el respaldo.

Desgaste sin derrumbe

Sin embargo, ese malestar no deriva automáticamente en un colapso político. Ante la hipótesis de una reelección presidencial, el estudio de Zuban Córdoba muestra que un 38,1% volvería a votar a Milei, mientras que el 54,5% no lo haría. La distancia es significativa, pero no terminal. El oficialismo conserva un núcleo duro intenso, con altos niveles de fidelidad entre quienes ya lo eligieron, mientras que el rechazo se concentra con igual fuerza en el campo opositor.

El mapa es el de una Argentina más identitaria que persuasiva: el Gobierno retiene a los propios, pero encuentra dificultades para ampliar su base si la situación económica no mejora. No hay corrimiento masivo, sino trincheras bien delimitadas.

El informe también ilumina un dato estructural: más de la mitad de la sociedad considera que el peronismo ya no representa el mapa social argentino. La medición de Zuban Córdoba refleja una crisis más profunda de intermediación política. Durante décadas, el peronismo funcionó como gran articulador de identidades, territorios y demandas sociales; hoy, una mayoría pone en duda esa capacidad.

El desacuerdo con esa idea se concentra en los votantes peronistas, pero el volumen general del dato confirma un cambio de época: el sistema político discute quién representa a quién y bajo qué lenguajes.

Otro indicador sensible emerge con claridad. Según el estudio de Zuban Córdoba, una mayoría percibe que hoy existe mayor predisposición social a “mirar para otro lado” frente a posibles hechos de corrupción en el gobierno. El dato no implica aval explícito, pero sí tolerancia relativa, un fenómeno que remite a una lógica peligrosa: la idea de que ciertos comportamientos pueden ser aceptados si el rumbo general coincide con las propias convicciones.

La lectura política es inquietante. El rechazo a la corrupción deja de ser un consenso transversal y pasa a filtrarse por la identidad partidaria. La vara moral ya no es común: depende de quién gobierna.

El capítulo sobre vacunación introduce un contraste fuerte. De acuerdo con Zuban Córdoba, más del 80% de la población se manifiesta a favor de la vacunación y cerca del 78% respalda su obligatoriedad en Argentina. El sistema de vacunación aparece como un acuerdo social profundo, arraigado y transversal.

No obstante, el estudio detecta matices relevantes. Entre los jóvenes de 16 a 30 años, el apoyo a la obligatoriedad cae de forma significativa y crece el rechazo. No se trata de una mayoría antivacunas, pero sí de un segmento permeable a discursos de desconfianza hacia el Estado y las políticas sanitarias.

En la práctica, dos tercios de la población afirma haber cumplido con todo el calendario nacional de vacunación. Entre quienes no lo hicieron, predominan las dudas sobre la conveniencia para la salud, la percepción de que no era necesario o la falta de indicación médica, más que problemas de acceso.

El impacto cultural de la pandemia también dejó huella: casi un 30% reconoce que su confianza en las vacunas disminuyó después del COVID-19. No es un rechazo frontal, pero sí un terreno fértil para la sospecha.A dos años de gestión, el balance no entrega un veredicto simple. Hay desgaste, malestar económico y una sociedad dividida, pero también un oficialismo que conserva identidad, lealtad y capacidad de sostenerse en un escenario adverso. La Argentina no solo discute resultados: discute límites.

Autor

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin