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Delfina Rossi en Posadas: “El modelo de endeudamiento garantiza una distribución injusta de la renta”

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“¿Quién paga la cuenta?”. La pregunta que da nombre al conversatorio que la economista Delfina Rossi protagonizó este viernes en Posadas funciona también como síntesis de su lectura sobre la economía argentina. En diálogo con Economis antes de su exposición, sostuvo que el actual programa económico no constituye una experiencia aislada, sino la continuidad de un ciclo que, a su entender, combina endeudamiento externo, dólar apreciado, fuga de capitales y una transferencia regresiva del ingreso.

La economista, que llegó a Misiones para participar del encuentro “¿Quién paga la cuenta? El lado B del experimento económico argentino”, organizado con auspicio del PJ Misiones, ubicó el punto de partida de su análisis en el programa de endeudamiento iniciado durante la gestión de Mauricio Macri y su posterior continuidad durante el gobierno de Javier Milei. Su tesis central es que el endeudamiento no estaría funcionando como una herramienta destinada a financiar un proceso de inversión y transformación productiva, sino como un mecanismo que permite sostener determinadas condiciones financieras y cambiarias mientras una parte de los capitales se dirige nuevamente al exterior.

“Seguimos en el mismo programa que inició Mauricio Macri en 2018, con el Fondo Monetario y el experimento de Mauricio Macri, con la continuidad de Javier Milei”, planteó Rossi. En su interpretación, el esquema se sostiene sobre un “dólar relativamente barato” y el endeudamiento externo como ancla de las expectativas de inflación, una combinación que termina generando efectos diferentes según el lugar que cada actor ocupa en la economía.

Para la economista, el punto crítico no es únicamente cuánto se endeuda el Estado, sino qué ocurre con los dólares que ingresan y qué destino tienen. Rossi estimó que, desde el comienzo de la administración de Milei, el nuevo endeudamiento externo —incluyendo fondos del FMI, obligaciones negociables emitidas por empresas, deuda provincial y otros organismos internacionales— se aproxima a los US$40.000 millones y sostuvo que ese monto tendría una magnitud comparable con la formación de activos externos durante el período.

“Dólar que entra, dólar que se fuga”, sintetizó. Desde su perspectiva, ese circuito configura una dinámica en la que “la deuda le queda a todos los argentinos y argentinas, mientras que unos pocos disfrutan de llevárselo afuera”.

El planteo adquiere una dimensión particular en Misiones, donde las diferencias cambiarias con Paraguay y Brasil permiten observar de manera cotidiana los efectos de un tipo de cambio que Rossi considera apreciado. El fenómeno aparece en el comercio fronterizo, en la capacidad de compra de los consumidores y en la competencia que enfrentan las actividades económicas locales.

La economista cuestionó, en ese sentido, que la estabilidad nominal pueda ser considerada suficiente para evaluar el éxito de un programa económico. Para Rossi, el desafío consiste en determinar qué estructura productiva y distributiva queda detrás de esa estabilidad y quién absorbe los costos del proceso de ajuste.

“No hay un endeudamiento virtuoso para el desarrollo”, sostuvo, al cuestionar la idea de que la toma de deuda pueda justificarse únicamente por su capacidad para reducir el riesgo país y facilitar posteriormente un mayor acceso al financiamiento.

El Peronismo debería “pedir disculpas” por la inflación

Rossi reconoció que la inflación representa uno de los principales problemas económicos y sociales que enfrenta cualquier gobierno. Incluso planteó que el peronismo debería “pedir disculpas” por los niveles de inflación registrados durante la última gestión de esa fuerza política con Alberto Fernández como presidente. Pero inmediatamente buscó trasladar la discusión hacia sus causas y hacia el diseño institucional que, a su criterio, debería permitir recuperar capacidad de decisión económica.

“La inflación es muy nociva para toda la economía, para cualquiera que quiera planificar, pero sobre todo para aquel que trabaja y no sabe cuántas horas hay que trabajar hoy para ver si mañana puede comprar un litro de leche”, afirmó.

Su propuesta pasa por recuperar una moneda nacional capaz de funcionar como instrumento de política económica. En esa línea, cuestionó los cambios que el Gobierno impulsa sobre el Banco Central y advirtió que una economía sin moneda propia pierde capacidad para administrar los ciclos de expansión y contracción.

“Necesitamos recuperar una moneda”, sostuvo Rossi, y vinculó esa recuperación con un proceso previo de desendeudamiento. “No es serio pensar que vamos a poder generar una estabilidad macro con estos niveles de endeudamiento y fuga”, afirmó.

El planteo supone una discusión de fondo sobre la política monetaria: no se trata únicamente de controlar la cantidad de dinero, sino de preservar los instrumentos mediante los cuales el Estado puede actuar sobre la demanda, el crédito y la actividad cuando el ciclo económico lo requiere.

Rossi también cuestionó el funcionamiento actual del régimen cambiario, al que definió como un “Frankenstein” en el que conviven restricciones, mecanismos de acceso al mercado de cambios y diferentes grados de intervención sobre los flujos financieros. A su entender, esa arquitectura revela que el esquema todavía no constituye un sistema plenamente consistente y genera diferencias entre las propias empresas a la hora de invertir y acceder a divisas por la exportación de bienes o servicios.

El espejo de Paraguay y la advertencia sobre Misiones

La referencia a Paraguay apareció como uno de los puntos más vinculados con la realidad misionera. Rossi utilizó al país vecino como ejemplo de una economía que puede exhibir estabilidad macroeconómica bajo determinadas condiciones, pero cuya estructura distributiva considera incompatible con el modelo de movilidad social que históricamente reivindica el peronismo.

“Acá en Misiones tenemos el espejo”, planteó durante la entrevista, en referencia a la experiencia paraguaya y a las asimetrías que se observan en la frontera.

La discusión, según su interpretación, no debería reducirse a inflación versus estabilidad. El interrogante central es qué tipo de sociedad se construye detrás de cada configuración macroeconómica. Rossi cuestionó los modelos que, según su mirada, pueden garantizar previsibilidad para los sectores de mayor poder económico mientras restringen las posibilidades de movilidad social para amplios segmentos de la población.

Su crítica se extendió a la idea de que el sacrificio presente necesariamente garantiza bienestar futuro. “Tenés que sacrificarte ahora pero nunca más vas a tener inflación”, resumió, al describir el relato que, según su interpretación, acompaña a determinadas políticas de estabilización.

Frente a eso, planteó una alternativa basada en una macroeconomía equilibrada a partir de la producción y el trabajo. “Nuestro modelo es aquel que reconoce las debilidades macroeconómicas que tenemos, pero que necesita equilibrar la macroeconomía a partir de la producción y el trabajo”, sostuvo.

El Banco Nación como pieza de una estrategia productiva

La conversación también pasó por su experiencia en el Banco Nación y por el rol que, según Rossi, deberían asumir las entidades financieras públicas. En lugar de limitarse a criterios estrictamente financieros, propuso que sus directorios incorporen una mirada representativa de la diversidad productiva del país.

“El directorio tiene que tener los intereses de la economía nacional y su diversidad federal”, señaló. En esa concepción, el sistema financiero público debería contemplar las necesidades del sector agropecuario, las empresas petroleras, las pymes y las familias.

Rossi reivindicó además mecanismos de participación de los trabajadores en las instituciones financieras públicas y planteó la necesidad de reconstruir un esquema de diálogo social que permita compatibilizar esfuerzo, inversión y distribución.

Su crítica apuntó también contra la idea de meritocracia como principio ordenador de la política económica. Frente a ello, propuso recuperar una mirada centrada en “lo humano, la producción y el trabajo”.

“La preocupación no es quiénes son ellos, sino por qué el pueblo argentino se vio reflejado en ese relato”

La dimensión política apareció inevitablemente en el diálogo. Consultada por dirigentes que anteriormente la habían cuestionado y que hoy forman parte del oficialismo o se encuentran vinculados a su estructura, Rossi evitó concentrar su crítica en las trayectorias individuales.

“Mi preocupación no es quiénes son ellos, sino por qué el pueblo argentino se vio reflejado en ese relato y no se siente contenido por nosotros”, afirmó.

La frase contiene uno de los diagnósticos políticos centrales de su exposición: para Rossi, el problema del peronismo no se resuelve únicamente con la identificación de adversarios, sino con una revisión de sus propios errores y con la construcción de una propuesta capaz de volver a interpelar a una sociedad que cambió sus prioridades.

En ese sentido, planteó que el movimiento nacional debe reconstruir una alternativa política a partir de una discusión sobre el modelo de país y no únicamente sobre candidaturas. “Tenemos que reforzar lo que han sido nuestros errores y la propuesta alternativa que tenemos”, sostuvo.

La economista también vinculó esa reconstrucción con la situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner y reclamó que se revise el fallo en la causa Vialidad, una posición que forma parte de su lectura política sobre el actual escenario argentino.

Más allá de la controversia partidaria, su argumento vuelve a colocar la cuestión distributiva en el centro: para Rossi, la discusión sobre deuda, moneda, Banco Central, tipo de cambio y política productiva termina desembocando en una pregunta esencialmente política: quién captura los beneficios de la estabilidad y quién absorbe sus costos.

Ese es, en definitiva, el sentido de la pregunta que llevó a Posadas: quién paga la cuenta de un programa económico no se define solamente en el resultado fiscal o en el balance del Banco Central. Se define también en los salarios, el crédito, el empleo, el precio de los alimentos, la actividad productiva, la capacidad de consumo y las oportunidades de movilidad social. Y es allí donde Rossi ubica el verdadero “lado B” del experimento económico argentino.

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Milei lidera, pero el cambio domina: encuesta de CB Consultora expone la fragilidad del oficialismo

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A más de un año de las próximas elecciones presidenciales, el escenario político argentino presenta una paradoja que debería encender las alarmas tanto en el Gobierno como en la oposición: Javier Milei continúa siendo el candidato individualmente más votado, pero una mayoría considerable expresa su deseo de que en 2027 haya un cambio de administración.

La conclusión surge de una encuesta nacional de CB Global Data, realizada los días 30 y 31 de julio de 2026 sobre 1.252 personas mayores de 18 años. El estudio declara un margen de error de más o menos 2,8 puntos porcentuales y un nivel de confianza del 95%. La recolección se hizo mediante metodología CAWI —encuesta online—, con cuotas por sexo, edad y nivel educativo.

El sondeo no describe una elección definida, sino un sistema político fragmentado: Milei conserva una base electoral robusta y aventaja claramente a sus adversarios, aunque todavía se encuentra lejos de una mayoría propia. Del otro lado, el peronismo reúne un volumen competitivo, pero dividido entre Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof. En ese equilibrio inestable se juega buena parte de la carrera hacia 2027.

Milei primero, pero con un techo visible

Ante la pregunta sobre a quién votarían los encuestados si las elecciones presidenciales fueran “mañana”, Milei obtiene el 32,4% y encabeza con comodidad. Cristina Fernández de Kirchner aparece segunda, con 15,2%, apenas por encima de Kicillof, que alcanza el 14,7%.

Más atrás se ubican Myriam Bregman, con 7,6%; Victoria Villarruel, con 6,4%; y Jorge Brito, con 1,9%. Otro 6,3% elige a candidatos no incluidos entre las opciones, el 5,9% votaría en blanco o anularía su sufragio y el 9,6% todavía no sabe qué haría.

La primera lectura favorece al Presidente: ningún competidor individual se acerca a su nivel de adhesión y la distancia respecto de cada uno de sus potenciales adversarios supera los 17 puntos. Milei conserva, por lo tanto, una centralidad electoral que ningún otro dirigente logra igualar.

Sin embargo, ese liderazgo también muestra límites. Con 32,4%, el oficialismo retiene aproximadamente un tercio del electorado, pero no consigue ampliar su base hasta niveles que le permitan imaginar una reelección sin dificultades. Incluso tomando en cuenta el margen de error informado por la consultora, el resultado señala un núcleo fuerte, aunque insuficiente para dominar por sí solo una elección presidencial.

El dato adquiere otra dimensión cuando se observa la predisposición general de los votantes: el 54,5% afirma que prefiere un cambio de gobierno, mientras solo el 33,4% quiere que continúe la actual administración. El 12,1% no tiene una posición definida.

Es decir, Milei lidera dentro de una sociedad que, al menos en esta medición, se inclina mayoritariamente por la alternancia. El oficialismo mantiene al candidato más competitivo, pero enfrenta un clima electoral que no parece favorable a la continuidad. La distancia entre quienes desean un cambio y quienes prefieren que siga el Gobierno es de 21,1 puntos porcentuales.

Ese contraste es probablemente el dato político más relevante del estudio. La elección no aparece organizada solamente alrededor de candidatos, sino también de una evaluación sobre la continuidad del rumbo nacional. Milei conserva una minoría intensa y disciplinada; la oposición, en cambio, dispone de un espacio potencialmente mayor, pero todavía carece de un vehículo único capaz de representarlo.

Una oposición mayoritaria, pero fragmentada

El deseo de cambio no se traduce automáticamente en apoyo a una candidatura opositora. Cristina y Kicillof suman, por separado, 29,9%. Si se agrega el 7,6% de Bregman, las tres candidaturas opositoras alcanzan el 37,5%, aunque esa suma es meramente aritmética: no supone que sus votantes sean transferibles ni que formen parte de una misma coalición.

Tampoco puede asumirse que todos los electores que reclaman un cambio estén dispuestos a votar al peronismo. Dentro de ese 54,5% conviven sectores de izquierda, votantes independientes, desencantados con el Gobierno, antiguos adherentes del PRO y ciudadanos sin identificación partidaria.

La encuesta confirma esa dispersión. Cuando se pregunta por el espacio político con el que cada persona se siente más cercana, la respuesta más elegida es “ninguno”, con 22,7%. La Libertad Avanza aparece inmediatamente después, con 21,6%, seguida por el peronismo, con 19,4%.

El kirchnerismo reúne otro 9,7%, el PRO obtiene 9,2% y la izquierda, 7%. Un 5,1% menciona otros espacios y el 5,3% no sabe responder.

La ausencia de identificación partidaria supera, por sí sola, a cualquiera de las fuerzas políticas relevadas. Esto describe un electorado volátil, con bajos niveles de pertenencia y potencialmente más sensible a la coyuntura económica, la imagen de los candidatos y la campaña que a las estructuras partidarias tradicionales.

Al mismo tiempo, La Libertad Avanza continúa siendo el espacio político individual con mayor cercanía entre quienes sí manifiestan una identidad definida. No obstante, su 21,6% se encuentra por debajo del 32,4% que obtiene Milei como candidato. La diferencia sugiere que el Presidente conserva una capacidad de atracción personal superior a la de su propia organización política.

En el peronismo ocurre algo distinto. Si se suman quienes se sienten cercanos al peronismo —19,4%— y al kirchnerismo —9,7%—, el universo alcanza el 29,1%. Esa cifra es prácticamente idéntica al 29,9% que reúnen Cristina y Kicillof en la simulación de primera vuelta. El espacio tiene volumen electoral, pero permanece partido entre dos liderazgos.

Cristina mantiene el liderazgo interno

Dentro del electorado que previamente se había identificado con el peronismo o el kirchnerismo, Cristina Fernández de Kirchner continúa siendo la dirigente preferida para representar al espacio: obtiene el 46,8%, frente al 39% de Kicillof.

Sergio Uñac aparece muy lejos, con 2%; otras alternativas reúnen 6,8% y un 5,4% no sabe a quién elegir. La pregunta fue formulada únicamente a quienes habían expresado cercanía con el peronismo o el kirchnerismo.

La diferencia entre Cristina y Kicillof es de 7,8 puntos. Es una ventaja significativa, aunque no definitiva. La expresidenta conserva la primacía emocional y política dentro de su núcleo, pero el gobernador bonaerense ya aparece muy cerca y concentra casi cuatro de cada diez preferencias en ese segmento.

Existe, además, una precisión metodológica importante: el documento no informa cuántas personas integraron exactamente esta submuestra. Aunque el universo teórico equivale a quienes se identificaron con el peronismo o el kirchnerismo, el margen de error específico de esa pregunta será necesariamente superior al 2,8% declarado para el total de 1.252 casos. Por esa razón, la distancia interna debe interpretarse como una tendencia y no como una diferencia concluyente.

La encuesta muestra, asimismo, una contradicción política alrededor de Cristina. Dentro del peronismo conserva el primer lugar, pero en el conjunto de la sociedad predomina un rechazo marcado a que pueda volver a competir.

Ante la consulta sobre una eventual habilitación para ser candidata presidencial en 2027, el 60% se manifiesta completamente en desacuerdo. El 27,4% está completamente de acuerdo y el 10,1% parcialmente de acuerdo, mientras el 2,5% no tiene opinión.

Sumadas las respuestas favorables, el 37,5% aceptaría en alguna medida su candidatura. Sin embargo, el rechazo pleno alcanza el 60%. Cristina continúa siendo la dirigente más influyente dentro del peronismo, pero también arrastra el nivel de resistencia más alto fuera de sus fronteras.

Ese fenómeno vuelve a plantear el dilema histórico del espacio: la dirigente con mayor capacidad para ordenar la interna puede no ser la que tenga mejores condiciones para ampliar la coalición electoral.

Kicillof es el rival más competitivo en segunda vuelta

Los escenarios de balotaje refuerzan esa hipótesis. En una segunda vuelta entre Milei y Cristina Fernández de Kirchner, el Presidente se impone por 44,8% a 39%, una diferencia de 5,8 puntos. El voto en blanco o nulo asciende al 11,7%, mientras el 4,5% permanece indeciso.

La ventaja oficialista es clara, aunque no irreversible. Los indecisos y quienes optarían por no votar a ninguno suman 16,2%, un volumen suficiente para modificar el resultado. Aun así, el escenario confirma que Cristina encuentra dificultades para romper el techo que le impone su elevada imagen de rechazo.

Contra Kicillof, en cambio, la elección aparece prácticamente empatada. Milei obtiene 43% y el gobernador bonaerense, 41,6%. La diferencia es de apenas 1,4 puntos, inferior al margen de error general informado por la encuesta.

En ese escenario, el 6,6% votaría en blanco o anularía y el 8,8% no sabe.

Técnicamente, el resultado no permite afirmar que Milei aventaja de manera estadísticamente significativa a Kicillof. La medición describe un empate competitivo: cualquiera de los dos podría estar primero dentro del intervalo de variación de la muestra.

La comparación entre ambos balotajes es reveladora. Milei conserva niveles similares frente a los dos dirigentes peronistas —44,8% contra Cristina y 43% contra Kicillof—. Lo que cambia es la capacidad opositora para reunir apoyos: Kicillof llega al 41,6%, 2,6 puntos por encima del 39% de Cristina.

También disminuye el rechazo a las dos opciones. Frente a Cristina, el voto en blanco o nulo llega al 11,7%; frente a Kicillof, cae al 6,6%. Esto sugiere que el gobernador bonaerense genera menos resistencia entre los votantes que no pertenecen al núcleo duro peronista.

No obstante, esa ventaja de competitividad externa convive con una desventaja interna: Cristina sigue siendo la opción preferida entre quienes se reconocen peronistas o kirchneristas. El desafío opositor consiste, entonces, en resolver una ecuación compleja: quién puede conducir el espacio y quién puede ganar por fuera de él.

Villarruel retiene una porción del voto oficialista

Otro dato relevante es el 6,4% que obtiene Victoria Villarruel en la simulación presidencial. Su presencia muestra que existe una franja del electorado oficialista o conservador dispuesta a considerar una alternativa distinta de Milei.

La suma entre el Presidente y la vicepresidenta alcanza el 38,8%, aunque nuevamente no corresponde interpretar ese agregado como un bloque automático. Parte del voto de Villarruel podría provenir de sectores descontentos con el Gobierno, de antiguos votantes del PRO o de electores que buscan una expresión de derecha con mayor énfasis institucional o nacionalista.

El PRO, por su parte, mantiene una cercanía partidaria del 9,2%, pero no aparece representado por una candidatura presidencial propia en el escenario presentado. Esa ausencia es políticamente significativa: el espacio conserva identidad, pero su electorado podría convertirse en terreno de disputa entre Milei, Villarruel y otras expresiones opositoras.

La encuesta incluyó también a “Jorge Brito”, con 1,9%, aunque el informe no brinda ninguna aclaración sobre esa candidatura ni explica el criterio utilizado para seleccionar las opciones. Esa falta de información impide realizar una interpretación política más profunda sobre ese dato.

Un escenario abierto, no una fotografía definitiva

La medición tiene valor como indicador de clima político, pero debe leerse con prudencia. El trabajo de campo se realizó en apenas dos jornadas y mediante metodología online. Además, la encuesta fue efectuada con mucha anticipación respecto de la elección presidencial de 2027, cuando todavía no están definidas las candidaturas, las alianzas ni el contexto económico en el que se votará.

Las respuestas reflejan preferencias ante una lista cerrada de nombres. No permiten asegurar que esos dirigentes serán efectivamente candidatos ni medir cómo reaccionaría el electorado ante otras configuraciones partidarias.

También resulta necesario distinguir entre el margen de error global y el de las diferencias entre candidatos. Una brecha de 1,4 puntos, como la observada entre Milei y Kicillof en el balotaje, no constituye una ventaja estadísticamente firme. Incluso distancias algo mayores deben considerarse dentro de un escenario todavía dinámico.

Con esas reservas, el relevamiento deja cuatro señales políticas centrales.

La primera es que Milei continúa siendo el dirigente electoralmente más fuerte de la Argentina, pero su respaldo se mantiene alrededor de un tercio del electorado.

La segunda es que el deseo de cambio supera ampliamente la voluntad de continuidad, lo que coloca al Gobierno frente al desafío de reconstruir expectativas y ampliar su base antes de 2027.

La tercera es que el peronismo posee un caudal suficiente para competir, pero ese volumen está dividido entre el liderazgo interno de Cristina y la mayor competitividad externa de Kicillof.

La cuarta es que ningún espacio controla el centro político y social. El 22,7% que no se siente cercano a ninguna fuerza, junto con los indecisos y quienes consideran votar en blanco, conforma una zona decisiva y todavía disponible.

La fotografía de julio de 2026 no muestra un oficialismo derrotado ni una oposición consolidada. Muestra algo más incómodo para ambos: un Presidente que sigue primero, una sociedad que mayoritariamente pide un cambio y una oposición que todavía no ha logrado convertir ese malestar en una alternativa ordenada.

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Murió Juan Carlos López, una de las figuras políticas del peronismo de Misiones

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La política misionera perdió este jueves a uno de sus dirigentes más reconocidos y respetados. A los 73 años falleció Juan Carlos “Juanchi” López, ex intendente de Santo Pipó, ex diputado provincial y nacional, docente y primer ministro de Gobierno de la gestión de Carlos Rovira, iniciada en diciembre de 1999.

La noticia generó una profunda conmoción en distintos sectores del arco político provincial. Más allá de las pertenencias partidarias, López era reconocido por su capacidad para el diálogo, su vasta experiencia institucional y una personalidad que combinaba firmeza política con una ironía aguda que lo convirtió en una referencia ineludible de la dirigencia misionera.

Su trayectoria pública atravesó varias de las etapas más importantes de la vida política reciente de Misiones. Fue intendente de Santo Pipó, localidad a la que siempre consideró su hogar político y afectivo. Más tarde llegó a la Cámara de Representantes como diputado provincial durante la década de 1990, período en el que participó de debates decisivos para la provincia.

En diciembre de 1999 fue designado ministro de Gobierno de Carlos Rovira, convirtiéndose en el primer titular de una de las carteras más sensibles del gabinete provincial. Desde ese lugar tuvo un papel central en la organización política e institucional de una administración que comenzaba una nueva etapa en la provincia.

Tras su paso por el Gobierno provincial continuó su carrera política en el ámbito nacional. Se desempeñó como legislador y desarrolló tareas de asesoramiento vinculadas al área de seguridad interior. Sin embargo, nunca se alejó de la vida política misionera.

Hombre de consulta permanente dentro del peronismo, mantuvo durante décadas una estrecha relación política y personal con el ex gobernador Ramón Puerta. Su opinión era escuchada por dirigentes de distintas generaciones, que encontraban en él una combinación poco frecuente de memoria política, experiencia de gestión y capacidad de análisis.

Docente de formación y dirigente por convicción, López perteneció a una generación que entendía la política como herramienta de construcción colectiva. Cultivó el debate de ideas y el intercambio franco. También el humor. Quienes compartieron reuniones, campañas o largas conversaciones recuerdan su estilo directo, sus observaciones filosas y una ironía fina que utilizaba para desarmar tensiones y retratar la realidad política con pocas palabras.

En los últimos tiempos enfrentó una enfermedad terminal que deterioró progresivamente su salud. Permaneció internado bajo cuidados médicos complejos en Posadas, donde falleció acompañado por sus seres queridos.

Su familia comunicó la noticia con un mensaje cargado de emoción: “Con mucho dolor e infinita tristeza queremos comunicarles que el querido Juan Carlos López nos dejó físicamente esta noche. Se fue en paz. Su recuerdo permanecerá imborrable en su familia, sus amigos, sus compañeros de política y militancia”.

Los restos de López serán velados este viernes de 7 a 12 en la sala velatoria Cúneo de Posadas. Posteriormente, el cortejo partirá hacia Santo Pipó, donde se realizará una ceremonia de despedida en el cementerio local. Allí descansará junto a sus padres, Leonardo López y Elvecia Delgado.

Queda el legado de un dirigente que transitó la función pública con vocación, conocimiento y compromiso. Un hombre que supo ocupar lugares de responsabilidad sin perder la cercanía con sus raíces ni la capacidad de observar la política con inteligencia, lucidez y una sonrisa siempre lista para acompañar la próxima reflexión.

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Desgaste de la gestión económica: un 63% pide cambios en el rumbo

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El Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora muestra que el malestar económico ya no se expresa sólo como una evaluación negativa sobre el país, sino como una experiencia directa sobre la vida cotidiana de los hogares. El 59,5% considera que la situación económica nacional es mala o muy mala, pero el dato más delicado aparece cuando esa mirada se traslada al plano personal: el 42,4% también evalúa negativamente su propia situación económica. Esa diferencia es clave porque la economía del país puede ser leída como diagnóstico general, pero la economía personal se mide en ingresos, consumos, cuentas a pagar y capacidad para sostener el mes. Cuando casi la mitad de la población ya ubica su situación individual en terreno negativo, el ajuste deja de ser una abstracción macroeconómica y pasa a formar parte de la administración diaria del hogar.


El informe también marca una fuerte distancia entre los datos oficiales y la percepción social de los precios. El 70,6% de los encuestados considera que el dato de inflación publicado por el INDEC no refleja adecuadamente la variación de precios que percibe en su vida cotidiana, mientras que el 85,1% afirma que su salario no le está ganando a la inflación. La combinación de ambos datos muestra que el problema no es únicamente la inflación, sino la relación entre precios, ingresos y credibilidad. Para una mayoría el salario sigue corriendo detrás del costo de vida y eso debilita la capacidad del dato oficial para ordenar la experiencia económica. La percepción de pérdida se vuelve todavía más visible según los estratos sociales: 50,7% se identifica como clase baja o media baja, lo que implica que más de la mitad de los encuestados se percibe en los segmentos más vulnerables de la estructura social.


La presión sobre la economía doméstica también aparece en la capacidad de llegar a fin de mes. Según el MOP, el 64,4% llega como máximo hasta el día 20 con sus ingresos, lo que refleja que la restricción no se concentra solamente en los últimos días del mes, sino que se instala antes y obliga a reorganizar consumos, postergar gastos y ajustar decisiones familiares. Incluso entre los votantes oficialistas de 2025, el 66,2% sostiene que su salario no le gana a la inflación, un dato políticamente sensible porque muestra que el malestar económico atraviesa también al propio electorado de La Libertad Avanza. La diferencia no está en la existencia del problema, sino en su interpretación: mientras en la oposición tiende a transformarse en rechazo al rumbo económico, dentro del oficialismo todavía puede convivir con apoyo político, aunque bajo una tolerancia cada vez más condicionada.


Rumbo al 2027
 

El MOP también muestra que el debate sobre el rumbo económico empieza a proyectarse directamente sobre el escenario presidencial de 2027. Ante la pregunta sobre qué debería hacer el Gobierno con el plan económico actual, el 63% de los encuestados respondió que debería cambiarlo, mientras que el 34,8% sostuvo que debería mantenerlo. La lectura política es clara: el plan conserva una base de apoyo relevante, pero enfrenta una mayoría social que ya demanda algún tipo de corrección. No se trata necesariamente de un rechazo completo al Gobierno, sino de una señal de desgaste sobre la estrategia económica vigente, en un contexto donde el malestar cotidiano aparece asociado a salarios que no alcanzan, pérdida de poder adquisitivo y dificultades para llegar a fin de mes.
 


Proyectando hacia 2027, esa discusión empieza a transformarse en criterio electoral. El 28,3% afirma que definirá su voto por la situación económica del país, el 17,9% por el cambio de rumbo y el 14,2% por la situación económica de su hogar. En conjunto, esos factores muestran que más de 6 de cada 10 electores miran la próxima presidencial desde una clave económica, ya sea por el rumbo general, por el impacto sobre su economía personal o por la expectativa de una corrección del modelo. La continuidad del gobierno actual, en cambio, aparece como principal factor para el 15,8%, lo que confirma que la elección no se perfila únicamente como una disputa de liderazgos o pertenencias partidarias, sino como un plebiscito sobre resultados económicos concretos.

De cara a las reformas electorales que comenzarán a debatirse en el Congreso de la Nación, el 46,1% de los encuestados considera que las PASO deberían eliminarse, mientras que otro 14,6% cree que deberían mantenerse, pero sin carácter obligatorio. El dato marca una señal relevante: existe una mayoría social abierta a revisar el funcionamiento del sistema electoral, ya sea por rechazo directo a las PASO o por una demanda de menor obligatoriedad y menor carga institucional sobre el votante.
 


La división aparece con más fuerza cuando se observa el corte político. Entre votantes oficialistas, la eliminación de las PASO encuentra mayor adhesión, en línea con una mirada más favorable a simplificar el calendario electoral y reducir instancias de competencia previa. Entre votantes opositores, en cambio, crece la resistencia a eliminarlas, probablemente porque las primarias son vistas como una herramienta para ordenar candidaturas, ampliar participación y evitar decisiones cerradas por las dirigencias partidarias. Así, el debate sobre las PASO deja de ser sólo una discusión técnica y pasa a expresar una diferencia política más profunda sobre cómo debería organizarse la competencia de cara a 2027.


INDEC
 

En mayo, la distancia entre la inflación informada y la inflación percibida se mantiene en niveles altos y deja de aparecer como un salto aislado. El 70,6% de los consultados considera que el dato del INDEC no refleja adecuadamente la variación de precios que percibe en su vida cotidiana, prácticamente en línea con el 70,3% registrado en abril y muy por encima del 56,4% de enero. La serie muestra que el problema ya no es sólo una reacción puntual frente a un mes determinado, sino una desconfianza más estable sobre la capacidad del dato oficial para representar la experiencia económica de los hogares. Cuando 7 de cada 10 personas no validan el índice como reflejo de su realidad cotidiana, el Gobierno enfrenta un problema que excede la comunicación económica, porque la desaceleración estadística pierde fuerza si no logra ser reconocida socialmente.
 


Esa desconfianza se explica mejor cuando se cruza con la evolución del salario. En mayo, el 85,1% afirmó que su salario no le ganó a la inflación, apenas por debajo del 86,6% de abril, pero todavía en un nivel extremadamente alto. El dato muestra que el núcleo del problema no está únicamente en si la inflación baja o sube, sino en si los ingresos recuperan capacidad de compra frente a los precios que las personas enfrentan todos los días. Para la mayoría, la inflación no se evalúa mirando el índice, sino midiendo cuánto dura el sueldo, qué gastos se recortan y hasta qué momento del mes alcanzan los ingresos. Por eso, mientras el salario siga siendo percibido como insuficiente, el dato oficial puede ordenar el discurso macroeconómico, pero no alcanza para reconstruir confianza en la economía cotidiana.
 


Principales preocupaciones
 

El MOP muestra que la agenda de preocupaciones públicas combina malestar económico, deterioro material y pérdida de confianza política. La incertidumbre económica aparece como el principal tema señalado por los encuestados con el 58,1%, seguida por la corrupción con el 52,9% y los ingresos y salarios con el 46,5%. Más atrás aparecen el desempleo con el 39,9% y las deudas con el 31,9%. El orden de las respuestas muestra que la preocupación social ya no se concentra en un solo problema económico, sino en un cuadro más amplio donde el ingreso, el empleo, la deuda y la credibilidad pública aparecen conectados. La inflación sigue pesando, pero no aparece aislada: forma parte de una percepción más general de incertidumbre sobre la capacidad de sostener la economía cotidiana.
 


El corte por voto 2025 muestra dos formas distintas de ordenar ese malestar. Entre votantes oficialistas, las principales preocupaciones son la incertidumbre económica con el 21%, la corrupción con el 18,2% y los ingresos y salarios con el 18,6%. Esto indica que incluso dentro del electorado que acompaña al Gobierno hay preocupación por el rumbo económico y por la credibilidad institucional. Entre votantes opositores, en cambio, la agenda aparece más asociada al costo material directo: las deudas con el 20%, la corrupción con el 13,8%, la incertidumbre económica con el 13,4%, el desempleo con el 12,2% y la inflación con el 10%. La diferencia central no está en que unos estén preocupados y otros no, sino en cómo se organiza la preocupación: el oficialismo combina apoyo político con dudas sobre economía y corrupción, mientras que la oposición traduce el malestar en una lectura más dirigida al impacto económico concreto sobre la vida diaria.
 


Imágenes políticas
 

En mayo, la imagen de Javier Milei continuó en terreno negativo y confirmó que el deterioro registrado en los meses previos no fue un movimiento aislado. Su imagen positiva se ubicó en el 35,6%, mientras que la negativa alcanzó el 59,6%, con un diferencial adverso de 24 puntos. El dato político más relevante es que la figura presidencial parece haber dejado atrás la zona de equilibrio que había mostrado a comienzos del año y empieza a estabilizarse en un nivel de rechazo alto. En un contexto donde la mayoría evalúa negativamente la situación económica del país, gran parte de los hogares siente que su salario pierde contra la inflación y crece la demanda de cambios en el plan económico. Así, la imagen presidencial queda cada vez más atada a los resultados concretos de la economía cotidiana.
 


Hacia los próximos meses, el escenario muestra poco margen para una recuperación espontánea si no aparece una mejora visible en los ingresos, en el consumo y en la capacidad de llegar a fin de mes. Con este nivel de preocupación y de pesimismo sobre el presente económico, Milei parece sostenerse principalmente sobre su núcleo más firme, asociado al electorado más antiperonista y más dispuesto a tolerar el costo del ajuste. El riesgo aparece en el electorado más blando, que acompañó por expectativa de ordenamiento, por rechazo al pasado o por promesa de mejora económica, pero que es mucho más sensible a los resultados materiales. Si esa franja no percibe una recuperación concreta, la imagen presidencial puede seguir perdiendo capacidad de expansión y quedar cada vez más encerrada en su base dura.
 


Por su parte, Axel Kicillof muestra una recuperación relevante de imagen y logra salir del momento más débil de la serie reciente. Después de haber tocado en febrero un piso de imagen positiva, en mayo volvió a ubicarse cerca de los 40 puntos, mientras que su imagen negativa se mantuvo elevada, en el 53%. El dato no alcanza para hablar de una consolidación plena, porque el diferencial sigue siendo negativo, pero sí marca un cambio de tendencia políticamente significativo: en un contexto de creciente descontento con el Gobierno nacional, Kicillof recupera volumen como figura opositora y aparece en el informe como el principal líder de la oposición con 32,3%.

Esa mejora parece apoyarse menos en una adhesión plenamente consolidada y más en un corrimiento del clima político frente al desgaste del oficialismo. La presión sobre la microeconomía de los hogares, la percepción negativa sobre la situación del país y la demanda de cambios en el rumbo económico abren espacios para dirigentes opositores con perfil de gestión y capacidad de representación institucional. En ese escenario, Kicillof empieza a afirmarse como una de las figuras con mayor capacidad para canalizar el malestar, aunque todavía enfrenta un límite claro: su crecimiento convive con niveles altos de imagen negativa y con una oposición que sigue fragmentada, sin una conducción única ordenada de cara a 2027.
 


Mientras tanto, Patricia Bullrich logra sostener una imagen positiva relevante y muestra una resistencia mayor al desgaste que hoy afecta a otras figuras del oficialismo. En mayo alcanzó el 40,6% de imagen positiva frente al 54,2% de negativa, un diferencial adverso, pero menos crítico que el de otros nombres asociados al Gobierno nacional. Su perfil aparece relativamente menos golpeado por la coyuntura inmediata, algo que puede leerse en relación con el lugar político que ocupa: su figura queda más asociada a una idea general de orden, autoridad y firmeza que a la gestión económica cotidiana. En ese marco, los problemas de la microeconomía parecen afectarla menos que a los dirigentes más directamente vinculados con la conducción diaria del oficialismo.

Más que como ejecutora directa del presente económico, Bullrich sigue siendo leída por una parte del electorado como una expresión política de rumbo, control y decisión. Esa diferencia le permite preservar mejor su capital simbólico en un contexto general de desgaste, aunque sin quedar fuera del clima negativo que atraviesa al oficialismo. Su imagen sigue siendo mayoritariamente desfavorable, pero conserva un piso competitivo que la distingue de figuras más expuestas al costo económico, a la dinámica interna del Gobierno y a las tensiones reputacionales que hoy golpean con más fuerza al núcleo presidencial.
 


Por su parte, Myriam Bregman aparece como una de las novedades más significativas del escenario político. En un contexto de ajuste, desgaste del relato oficial y creciente malestar frente al rumbo económico, su figura empieza a expandirse como canal de una oposición más frontal a Javier Milei. Con 44,6% de imagen positiva y 43,4% de negativa, es la única figura medida que presentó diferencial favorable. El dato es políticamente relevante porque muestra que el descontento no está siendo capitalizado únicamente por perfiles opositores con mayor volumen institucional, como Axel Kicillof, sino también por referencias con una identidad ideológica más nítida y una crítica más directa al oficialismo.

Ese crecimiento no implica todavía una centralidad electoral consolidada, pero sí marca un cambio en el clima opositor. A medida que se acumulan las tensiones por la economía cotidiana, la pérdida de poder adquisitivo y la demanda de cambios en el plan económico, también empieza a abrirse espacio para discursos que no plantean sólo una corrección del rumbo, sino una impugnación más amplia del proyecto libertario. En ese sentido, Bregman parece captar una parte del malestar que no busca únicamente alternancia de gestión, sino confrontación política, económica y simbólica con el mileísmo.
 


En el caso de Manuel Adorni, el deterioro aparece todavía más pronunciado y lo ubica como el principal foco de vulnerabilidad reputacional del oficialismo. Con apenas 17,9% de imagen positiva y 73,6% de negativa, registró el diferencial más adverso entre las figuras medidas por el MOP. El dato se vuelve especialmente sensible por el contexto político que lo rodea: los escándalos vinculados a presuntos hechos de corrupción, las dudas sobre su evolución patrimonial y el hecho de que todavía no haya presentado su declaración jurada lo colocan en una zona de alta exposición pública. Para una fuerza que construyó buena parte de su legitimidad sobre el discurso anticasta, el problema excede a la figura individual de Adorni y golpea sobre la credibilidad moral del oficialismo.
 


Finalmente, Diego Santilli queda ubicado en una zona intermedia del tablero político. Como ministro del Interior, su figura tiene hoy un rol central en la articulación política del Gobierno con gobernadores y Congreso de la Nación, pero su imagen todavía no aparece plenamente asociada al núcleo más expuesto del oficialismo. Con el 36,7% de imagen positiva y el 50,6% de negativa, conserva un nivel de conocimiento y competitividad relevante, aunque con diferencial adverso. Su caso muestra una tensión particular: puede funcionar como puente político para ampliar gobernabilidad y ordenar acuerdos, pero también corre el riesgo de quedar alcanzado por el desgaste general del rumbo económico si la gestión nacional no logra resultados concretos.
 


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Macri: “Espero que el peronismo recupere un liderazgo más sano”

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Mauricio Macri reapareció con un discurso cargado de definiciones sobre el presente y el futuro del sistema político argentino. Lo hizo durante el “Foro de Presidentes sobre Política y Democracia | Liderazgo y Centralidad Política en Tiempos de Polarización”, organizado por la Universidad Austral y el Círculo de Montevideo, donde participó de una conversación sobre “liderazgos disruptivos” junto a la periodista Florencia Donovan.

Lejos de limitarse a una mirada coyuntural, el exmandatario trazó una reflexión más amplia sobre la deriva política global. Habló de una humanidad atravesada por la incertidumbre, de democracias tensionadas por la polarización y de dirigentes moldeados por una lógica emocional que, según su visión, desplaza cada vez más a la racionalidad y la gestión.

“El mundo entró, para mí, en una aceleración hacia la incertidumbre”, afirmó Macri, al analizar los cambios políticos posteriores a la pandemia y los conflictos geopolíticos recientes. “Cuando estuvimos todos dispuestos a perder nuestra libertad, a favorecer gobiernos que abusaban y violaban todo tipo de leyes para, supuestamente, cuidarnos, empezó una era de incertidumbre absoluta”.

En ese contexto, vinculó el fenómeno político contemporáneo con el avance de liderazgos disruptivos y emocionalmente intensos, entre ellos el de Donald Trump y el del presidente Javier Milei. Sobre el mandatario argentino, sostuvo que “el liderazgo de Milei es obviamente un liderazgo emocional”, aunque destacó que detrás de esa construcción existe “un profundo estudio de las ideas”.

Macri también dejó una de las frases políticas más filosas de su exposición al referirse al futuro del peronismo tras la hegemonía kirchnerista. “Fue muy dañino. Espero que estemos al borde de que el kirchnerismo se transforme en una minoría. Y tal vez el peronismo recupere un liderazgo más sano”, señaló.

La frase no quedó aislada. El exjefe de Estado apuntó directamente contra la posibilidad de que Axel Kicillof emerja como síntesis opositora. “Si la solución es Kicillof, si pierden, pierden; y si ganan, pierden de vuelta. Porque sería otro fracaso y la destrucción final del peronismo”, disparó, en una definición que combina crítica política y advertencia estratégica.

Más allá de los nombres propios, el núcleo conceptual del discurso de Macri giró alrededor de la fragilidad institucional y la erosión del consenso democrático. En uno de los pasajes más reflexivos de la charla, sostuvo que la Argentina “no va a salir adelante si no construimos algunos puntos de acuerdo” y cuestionó la lógica de los “ismos” y de los liderazgos salvadores. “No hay caudillos que salven países. Lo que salva a un país es un conjunto de gente inteligente, con buenas intenciones, trabajando para los demás. Y eso requiere tolerancia”.

El expresidente también advirtió sobre el deterioro del diálogo político y el impacto de las redes sociales en la calidad de la democracia. Según planteó, el nivel de agresividad digital favorece perfiles “narcisistas” y expulsa a dirigentes más empáticos o proclives al acuerdo. “Los empáticos tienden a irse, y eso deja espacio para los narcisistas, a quienes no les importa nada”, afirmó.

En paralelo, reivindicó la necesidad de fortalecer liderazgos capaces de combinar gestión eficiente y capacidad comunicacional. “En la política me di cuenta de que resisten más tiempo los grandes comunicadores y malos administradores que los buenos administradores y malos comunicadores”, señaló, en una definición que funciona tanto como autocrítica retrospectiva como diagnóstico del clima de época.

Macri dejó además una advertencia sobre los riesgos del ejercicio del poder sin límites internos. “Lo que uno necesita cuando lidera es tener gente alrededor que tenga la capacidad de decir la palabra mágica: no”, sostuvo, al señalar que incluso los líderes más preparados pueden equivocarse si se rodean exclusivamente de obediencia.

El trasfondo de sus declaraciones expone una discusión más profunda que atraviesa hoy a gran parte de Occidente: cómo sostener instituciones democráticas estables en sociedades cada vez más polarizadas, emocionalmente movilizadas y desconfiadas de las estructuras tradicionales. Y en esa discusión, Macri buscó posicionarse como una voz que reivindica la necesidad de acuerdos mínimos, racionalidad institucional y límites al personalismo político.

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