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Córdoba: el peronismo ganó en Marcos Juárez, “el kilómetro cero” del macrismo

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El peronismo consiguió una victoria pequeña en términos territoriales, pero de enorme peso simbólico. Ganó la intendencia de Marcos Juárez, la ciudad del sudeste cordobés considerada el “kilómetro cero” de Cambiemos y donde no lograba imponerse en una elección municipal desde 1973.

El vencedor fue Germán Font, un dirigente de perfil local y cercano al gobernador Martín Llaryora, que compitió con el sello Generación MJ y obtuvo alrededor del 46 por ciento de los votos, con más del 90 por ciento de las mesas escrutadas.

El resultado rompe una continuidad política de más de medio siglo y, sobre todo, modifica el color político de una ciudad cargada de significado para la oposición al peronismo. Fue precisamente en Marcos Juárez donde, en 2014, comenzó a tomar forma la sociedad electoral entre el PRO y la Unión Cívica Radical que posteriormente desembocaría en Cambiemos y llevaría a Mauricio Macri a la Presidencia en 2015.

Doce años después, el escenario fue completamente diferente.

Font consiguió concentrar el voto alrededor de una propuesta local, mientras que el espacio no peronista llegó dividido en distintas expresiones. Pedro Dellarossa, exintendente y uno de los dirigentes identificados con el ciclo político iniciado una década atrás, quedó segundo con alrededor del 20 por ciento. Gerardo Pasquali terminó tercero, con entre 16 y 17 por ciento.

En total hubo siete listas en competencia.

La fragmentación fue una de las claves del resultado. No hubo una coalición nacional capaz de ordenar detrás de una candidatura única a los distintos sectores opositores y La Libertad Avanza tampoco consiguió instalar una alternativa competitiva en la ciudad.

Del nacimiento de Cambiemos al regreso del peronismo

Marcos Juárez ocupa un lugar particular en la historia política reciente de la Argentina.

En septiembre de 2014, la victoria de Dellarossa fue celebrada por dirigentes del PRO y la UCR como el laboratorio de una alianza que todavía no tenía alcance nacional. Aquella noche quedó incluso asociada al cántico “se siente, se siente, Mauricio presidente”, cuando la candidatura presidencial de Macri comenzaba a tomar forma.

La experiencia cordobesa terminó siendo un anticipo. Meses después nació formalmente Cambiemos y en diciembre de 2015 Macri llegó a la Casa Rosada.

Por eso, la derrota del espacio que gobernó Marcos Juárez durante ese ciclo tiene un contenido político que supera las dimensiones de una ciudad de alrededor de 30 mil habitantes.

Sin embargo, el resultado admite matices. No hubo una confrontación directa entre peronismo, macrismo y libertarios bajo sus respectivas marcas nacionales, sino una elección profundamente municipalizada, con sellos locales y una oposición dispersa.

El propio Font compitió bajo la denominación Generación MJ y no con la boleta formal del oficialismo provincial cordobés. Aun así, su cercanía con Llaryora es explícita y el gobernador salió rápidamente a celebrar el triunfo.

Font confirmó además que habló con el mandatario provincial después de conocerse el resultado y que fue convocado a una reunión para comenzar a trabajar sobre la transición.

Una elección con baja participación

Otro dato relevante fue la caída de la participación electoral.

Sobre un padrón cercano a 24.800 electores habilitados, concurrió a las urnas aproximadamente el 62 por ciento. En 2022 había votado cerca del 69 por ciento del padrón.

La menor asistencia acompañó una campaña con un tono mucho más local que nacional, pese a la carga política que históricamente adquirieron las elecciones de Marcos Juárez.

La ciudad eligió a su intendente en comicios desdoblados de las elecciones provinciales y nacionales, de acuerdo con lo establecido por su Carta Orgánica.

Font asumirá el 10 de diciembre y quedará al frente de uno de los principales centros productivos del sudeste cordobés, una ciudad estrechamente vinculada con el agro, la agroindustria y la fabricación de maquinaria agrícola.

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Milei estudia candidatos para la Corte Suprema

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El Gobierno de Javier Milei volvió a poner a la Corte Suprema en el centro de la agenda política. El ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, confirmó que el Presidente está “estudiando candidatos” para cubrir las vacantes del máximo tribunal y anticipó que enviará los pliegos al Congreso cuando considere que sea el momento adecuado.

La definición abre una negociación que excede la conformación de la Corte. En un Senado donde el oficialismo necesita construir acuerdos para alcanzar los dos tercios requeridos para aprobar a los candidatos, la discusión puede convertirse en una nueva instancia de negociación con gobernadores y bloques opositores. Al mismo tiempo, amenaza con profundizar las diferencias dentro del peronismo, que viene atravesando una disputa sobre su estrategia frente al Gobierno y el Poder Judicial.

“Es una realidad que la Corte está incompleta. Es una deuda que hay que cumplir, hay que cubrir la Corte. ¿Cuándo? La decisión la tomará el Presidente”, afirmó Mahiques en una entrevista con A24. El funcionario sostuvo además que Milei “está estudiando candidatos” y que enviará los pliegos al Senado cuando considere que estén dadas las condiciones.

Mahiques también descartó, al menos por ahora, que exista una decisión presidencial para ampliar el número de integrantes del máximo tribunal. “Hasta las últimas veces que hablé con el Presidente, no”, respondió al ser consultado sobre esa posibilidad. La precisión deja abierto un escenario político que ya genera especulaciones, pero que no forma parte de la definición oficial comunicada hasta el momento.

La Corte funciona actualmente con tres integrantes: Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti. La salida de Juan Carlos Maqueda y Elena Highton dejó dos vacantes que el Gobierno todavía debe cubrir mediante el mecanismo constitucional que exige el acuerdo del Senado.

El antecedente inmediato condiciona la negociación. En 2025, los candidatos Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla no lograron superar el proceso de aprobación en la Cámara alta. Ese fracaso mostró los límites del oficialismo para construir por sí solo las mayorías necesarias y convirtió la designación de jueces de la Corte en una negociación política de primer orden.

Ahora el Gobierno enfrenta nuevamente ese problema, pero con una variable adicional: el peronismo llega a la discusión atravesado por una fuerte disputa interna sobre cómo relacionarse con el oficialismo y con la Justicia.

La controversia se profundizó después del aval del bloque peronista en el Senado a la mayoría de los pliegos judiciales enviados por Milei, con la excepción del correspondiente a Pablo Bertuzzi. La decisión generó cuestionamientos dentro del propio espacio y expuso la dificultad para establecer una conducción política unificada frente a las iniciativas del Gobierno.

La explicación de la senadora Juliana Di Tullio, quien habló de “decisiones políticas institucionales del Senado”, tampoco logró cerrar la discusión interna. El punto de fondo no es solamente qué jueces obtienen acuerdo, sino qué tipo de relación pretende construir el peronismo con el Poder Judicial durante los próximos años.

En ese tablero, el factor Cristina Kirchner conserva peso político. Dentro del peronismo circula la interpretación de que parte de las decisiones adoptadas en el Senado estuvieron vinculadas con la necesidad de alcanzar acuerdos en otros ámbitos institucionales, entre ellos el Consejo de la Magistratura. Esa lectura convive con otra discusión más profunda: si el PJ debe mantener una confrontación abierta con los tribunales o avanzar hacia una estrategia de mayor negociación.

La eventual llegada de los pliegos para la Corte puede condensar todas esas tensiones. A diferencia de otros nombramientos judiciales, la composición del máximo tribunal tiene efectos sobre cuestiones de alta sensibilidad institucional, económica y política. Por eso, cada candidatura puede convertirse en moneda de cambio dentro de una negociación mucho más amplia.

Para Milei, conseguir los acuerdos implica construir una mayoría que hoy no controla. Para el peronismo, en cambio, supone definir cuánto está dispuesto a negociar con el Gobierno y bajo qué condiciones. El PRO y otros espacios opositores también quedan involucrados, porque una eventual designación requiere articular intereses que atraviesan las fronteras partidarias.

La discusión adquiere además una dimensión federal. Si el oficialismo necesitara ampliar su base de acuerdos en el Senado, los gobernadores podrían adquirir un papel relevante en la negociación política. El Poder Judicial, en ese escenario, dejaría de ser solamente una discusión sobre nombres para convertirse en un componente de las relaciones entre la Casa Rosada, las provincias y las distintas fuerzas parlamentarias.

El desafío para el Gobierno será evitar que el proceso vuelva a quedar atrapado en una disputa de nombres sin capacidad para construir consenso. Para el peronismo, el dilema será todavía más complejo: definir una estrategia común frente a una agenda judicial que puede condicionar buena parte de la política argentina durante los próximos años.

La Corte vuelve así al centro de la escena antes incluso de que Milei envíe los nuevos pliegos. La decisión sobre quiénes ocuparán las vacantes puede convertirse en una de las negociaciones institucionales más importantes del segundo tramo del mandato y, al mismo tiempo, en una nueva prueba para un peronismo que todavía busca ordenar sus liderazgos y fijar una posición común frente al Gobierno.

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Raúl Timerman: “Milei está para perder, pero no tiene contra quién”

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La paradoja que atraviesa al escenario político argentino puede resumirse en una frase: Javier Milei está en condiciones de perder una elección, pero todavía no aparece un adversario capaz de derrotarlo.

Así lo planteó Raúl Timerman, analista político y consultor de opinión pública, durante una entrevista con Open 101.7. Su diagnóstico combina dos dimensiones que avanzan en paralelo: por un lado, una sociedad golpeada por la crisis económica, el endeudamiento y la pérdida de expectativas; por otro, una oposición fragmentada que aún no consigue transformar ese malestar en una propuesta política común.

“El Gobierno está para perder, pero no tiene contra quién”, sintetizó Timerman. La definición no supone que Milei conserve la fortaleza electoral de otros momentos, sino que la debilidad presidencial todavía no encuentra enfrente una construcción política capaz de capitalizarla.

Una sociedad dividida por la capacidad de llegar a fin de mes

Para Timerman, cualquier descripción del humor social debe comenzar por reconocer que la Argentina está profundamente segmentada.

Una parte de la población logra llegar a fin de mes e incluso conservar alguna capacidad de ahorro. Otro grupo consigue cubrir sus gastos, pero después de haber realizado ajustes en su economía familiar y sin margen para ahorrar. En conjunto, ambos sectores representan algo menos de la mitad de la sociedad.

Del otro lado aparece una mayoría que necesita utilizar ahorros o recurrir al endeudamiento para sostener sus gastos cotidianos.

“Alrededor del 36% de los argentinos se endeuda para llegar a fin de mes. Hoy ya están endeudados, la mayoría son morosos y no saben si van a poder pagar sus deudas”, describió.

A esa situación se suma que más del 70% considera que el país atraviesa una crisis económica. Dentro de ese universo, la mayoría cree que lo peor todavía no pasó.

“La situación anímica de la sociedad argentina es de depresión y desesperanza, a pesar de que existe un sector que vive bien”, señaló.

El consultor apeló a una imagen para graficar la magnitud de las diferencias. En la Argentina conviven quienes nunca viajan en avión, quienes pueden hacerlo ocasionalmente, quienes utilizan habitualmente vuelos comerciales y una minoría que se desplaza únicamente en aviones privados.

“No podés describir la sociedad si no la particionás”, explicó. Esa fragmentación económica también tiene consecuencias políticas: un sector que inicialmente había depositado expectativas en el Gobierno comenzó a perderlas, aunque todavía no encuentra una representación alternativa.

Un Gobierno que conoce el deterioro, pero no logra corregirlo

Timerman rechazó la idea de que el Gobierno desconozca el deterioro social. Según explicó, algunos sectores de la administración nacional monitorean permanentemente la opinión pública y cuentan con información precisa sobre el impacto económico del programa oficial.

El problema, advirtió, no sería la falta de diagnóstico, sino la imposibilidad de modificar el rumbo.

“El Gobierno conoce muy a fondo esta situación, porque evalúa la opinión pública de manera permanente”, sostuvo. Sin embargo, describió una gestión condicionada por el aislamiento presidencial, la rigidez del modelo y la escasa capacidad de los funcionarios para manifestar diferencias.

“Hay muchos ministros y secretarios de Estado que se dan cuenta del estado en el que está el Presidente, de su aislamiento, de su obsecuencia con un modelo y de la poca posibilidad que tienen de presentar disconformidades”, afirmó.

Ese esquema, según su análisis, deja al Gobierno “paralizado” frente a la necesidad de introducir correcciones. La dificultad no surge solamente del contenido del programa económico, sino del “empecinamiento” de Milei en sostenerlo incluso cuando aumentan las señales de deterioro social y político.

El peronismo permanece junto, pero no unido

La oposición percibió esa debilidad, pero tampoco resolvió sus propias contradicciones. Timerman ubicó dentro del espacio panperonista a Cristina Fernández de Kirchner, Máximo Kirchner, Axel Kicillof y Sergio Massa.

Todos ellos, explicó, reconocen que el desgaste del Gobierno abre una oportunidad para regresar al poder. Esa expectativa es, por ahora, el principal factor que los mantiene dentro de un mismo espacio.

“Es lo único que los mantiene juntos. No diría unidos, pero sí juntos”, diferenció.

Las tensiones internas podrían profundizarse al momento de definir las candidaturas presidenciales de 2027. Timerman consideró probable que Kicillof busque competir y señaló que Massa también podría presentarse. En ese escenario, Cristina Kirchner deberá decidir cómo intervenir en la interna.

“No creo que apoye a Axel Kicillof. Eventualmente puede llegar a apoyar a Sergio Massa, aunque tampoco es ideológicamente cercana”, evaluó.

La incertidumbre opositora, por lo tanto, no se limita a la selección de nombres. También involucra la falta de una síntesis política, programática y generacional que permita ampliar su representación más allá de los límites tradicionales del peronismo.

Tres bloques y el crecimiento del “ningunismo”

Timerman describió una sociedad electoral dividida en grandes franjas. Cerca del 30% permanece próximo al Gobierno; otro porcentaje similar se identifica con el espacio que representó Fuerza Patria; y alrededor de un tercio no se siente cercano a ninguno de los dos polos. A ellos se suman la izquierda y otras fuerzas minoritarias.

Ese tercer bloque alimenta lo que comienza a definirse como “ningunismo”: ciudadanos que rechazan tanto al oficialismo como a la principal oposición, pero que todavía no confluyen detrás de una misma candidatura.

La existencia de ese espacio no garantiza, por sí sola, el surgimiento de una tercera fuerza competitiva. Para Timerman, todo dependerá de la aparición de un liderazgo capaz de reunir demandas muy diferentes.

El consultor ilustró esa dificultad con una medición construida a partir de tres afirmaciones.

Un 29% responde que está de acuerdo con el Gobierno de Javier Milei. Ese porcentaje constituye el núcleo duro oficialista.

Otro 12% sostiene que no está de acuerdo con el Gobierno, pero que no encuentra una alternativa. La suma de ambos grupos alcanza el 41%, una cifra equivalente al desempeño electoral obtenido por La Libertad Avanza en las elecciones legislativas.

Finalmente, un 56% afirma que no está de acuerdo con el Gobierno y considera que existe otra alternativa.

El problema aparece al analizar la composición de ese último grupo.

“No para todos la otra alternativa es la misma. Ven alternativas diferentes”, explicó Timerman. El desafío será determinar si algún candidato puede reunir dentro de ese 56% el respaldo suficiente para llegar a la Presidencia.

La avenida del medio que nunca terminó de consolidarse

La dificultad para construir una tercera alternativa no es nueva. Timerman recordó experiencias electorales como las de Roberto Lavagna y Juan Schiaretti, que buscaron representar una opción intermedia, pero terminaron obteniendo entre seis y siete puntos.

Para describir los límites de ese espacio, citó una definición del analista Luis Tonelli sobre la denominada “ancha avenida del medio”: “Rodríguez Larreta la llenó de Metrobús”.

La ironía apunta a una conclusión concreta: existe un electorado que rechaza la polarización, pero eso no significa que esté políticamente vacío, disponible o dispuesto a acompañar cualquier candidatura presentada como moderada.

Ese electorado reúne posiciones económicas, sociales e ideológicas diferentes. La sola promesa de ocupar el centro no alcanza para transformarlo en una fuerza electoral.

¿Una nueva polarización o una figura inesperada?

De cara a las presidenciales de 2027, Timerman evitó anticipar si la Argentina volverá a una competencia entre dos grandes bloques o si aparecerá una tercera candidatura capaz de romper esa dinámica.

“Es difícil saberlo ahora. Va a depender mucho de si surge o no una figura política”, indicó.

El antecedente más inmediato es el propio Milei. Antes de su irrupción, la política argentina parecía encaminada a repetir la polarización entre el peronismo y el PRO. Sin embargo, el economista libertario apareció por fuera de esa disputa, desplazó a Juntos por el Cambio y llegó a la Presidencia.

“Entre la polarización del peronismo y el PRO surgió Javier Milei. La polarización no era con Milei, era con el PRO. Puede surgir alguien, puede irrumpir alguien”, remarcó.

La posibilidad existe, pero todavía no tiene nombre. Mientras tanto, Milei conserva una ventaja paradójica: el deterioro económico y la pérdida de expectativas lo colocan en una situación de vulnerabilidad, pero la fragmentación opositora le impide al descontento convertirse en una amenaza electoral definida.

El Gobierno perdió parte de la esperanza que lo llevó al poder. El peronismo continúa atrapado en su disputa interna. El radicalismo carece de centralidad y el PRO busca evitar su disolución política. Entre esos espacios crece una sociedad que quiere otra alternativa, aunque todavía no sabe cuál.

Ese vacío es, al mismo tiempo, la principal debilidad de Milei y su mayor fortaleza.

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Delfina Rossi en Posadas: “El modelo de endeudamiento garantiza una distribución injusta de la renta”

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“¿Quién paga la cuenta?”. La pregunta que da nombre al conversatorio que la economista Delfina Rossi protagonizó este viernes en Posadas funciona también como síntesis de su lectura sobre la economía argentina. En diálogo con Economis antes de su exposición, sostuvo que el actual programa económico no constituye una experiencia aislada, sino la continuidad de un ciclo que, a su entender, combina endeudamiento externo, dólar apreciado, fuga de capitales y una transferencia regresiva del ingreso.

La economista, que llegó a Misiones para participar del encuentro “¿Quién paga la cuenta? El lado B del experimento económico argentino”, organizado con auspicio del PJ Misiones, ubicó el punto de partida de su análisis en el programa de endeudamiento iniciado durante la gestión de Mauricio Macri y su posterior continuidad durante el gobierno de Javier Milei. Su tesis central es que el endeudamiento no estaría funcionando como una herramienta destinada a financiar un proceso de inversión y transformación productiva, sino como un mecanismo que permite sostener determinadas condiciones financieras y cambiarias mientras una parte de los capitales se dirige nuevamente al exterior.

“Seguimos en el mismo programa que inició Mauricio Macri en 2018, con el Fondo Monetario y el experimento de Mauricio Macri, con la continuidad de Javier Milei”, planteó Rossi. En su interpretación, el esquema se sostiene sobre un “dólar relativamente barato” y el endeudamiento externo como ancla de las expectativas de inflación, una combinación que termina generando efectos diferentes según el lugar que cada actor ocupa en la economía.

Para la economista, el punto crítico no es únicamente cuánto se endeuda el Estado, sino qué ocurre con los dólares que ingresan y qué destino tienen. Rossi estimó que, desde el comienzo de la administración de Milei, el nuevo endeudamiento externo —incluyendo fondos del FMI, obligaciones negociables emitidas por empresas, deuda provincial y otros organismos internacionales— se aproxima a los US$40.000 millones y sostuvo que ese monto tendría una magnitud comparable con la formación de activos externos durante el período.

“Dólar que entra, dólar que se fuga”, sintetizó. Desde su perspectiva, ese circuito configura una dinámica en la que “la deuda le queda a todos los argentinos y argentinas, mientras que unos pocos disfrutan de llevárselo afuera”.

El planteo adquiere una dimensión particular en Misiones, donde las diferencias cambiarias con Paraguay y Brasil permiten observar de manera cotidiana los efectos de un tipo de cambio que Rossi considera apreciado. El fenómeno aparece en el comercio fronterizo, en la capacidad de compra de los consumidores y en la competencia que enfrentan las actividades económicas locales.

La economista cuestionó, en ese sentido, que la estabilidad nominal pueda ser considerada suficiente para evaluar el éxito de un programa económico. Para Rossi, el desafío consiste en determinar qué estructura productiva y distributiva queda detrás de esa estabilidad y quién absorbe los costos del proceso de ajuste.

“No hay un endeudamiento virtuoso para el desarrollo”, sostuvo, al cuestionar la idea de que la toma de deuda pueda justificarse únicamente por su capacidad para reducir el riesgo país y facilitar posteriormente un mayor acceso al financiamiento.

El Peronismo debería “pedir disculpas” por la inflación

Rossi reconoció que la inflación representa uno de los principales problemas económicos y sociales que enfrenta cualquier gobierno. Incluso planteó que el peronismo debería “pedir disculpas” por los niveles de inflación registrados durante la última gestión de esa fuerza política con Alberto Fernández como presidente. Pero inmediatamente buscó trasladar la discusión hacia sus causas y hacia el diseño institucional que, a su criterio, debería permitir recuperar capacidad de decisión económica.

“La inflación es muy nociva para toda la economía, para cualquiera que quiera planificar, pero sobre todo para aquel que trabaja y no sabe cuántas horas hay que trabajar hoy para ver si mañana puede comprar un litro de leche”, afirmó.

Su propuesta pasa por recuperar una moneda nacional capaz de funcionar como instrumento de política económica. En esa línea, cuestionó los cambios que el Gobierno impulsa sobre el Banco Central y advirtió que una economía sin moneda propia pierde capacidad para administrar los ciclos de expansión y contracción.

“Necesitamos recuperar una moneda”, sostuvo Rossi, y vinculó esa recuperación con un proceso previo de desendeudamiento. “No es serio pensar que vamos a poder generar una estabilidad macro con estos niveles de endeudamiento y fuga”, afirmó.

El planteo supone una discusión de fondo sobre la política monetaria: no se trata únicamente de controlar la cantidad de dinero, sino de preservar los instrumentos mediante los cuales el Estado puede actuar sobre la demanda, el crédito y la actividad cuando el ciclo económico lo requiere.

Rossi también cuestionó el funcionamiento actual del régimen cambiario, al que definió como un “Frankenstein” en el que conviven restricciones, mecanismos de acceso al mercado de cambios y diferentes grados de intervención sobre los flujos financieros. A su entender, esa arquitectura revela que el esquema todavía no constituye un sistema plenamente consistente y genera diferencias entre las propias empresas a la hora de invertir y acceder a divisas por la exportación de bienes o servicios.

El espejo de Paraguay y la advertencia sobre Misiones

La referencia a Paraguay apareció como uno de los puntos más vinculados con la realidad misionera. Rossi utilizó al país vecino como ejemplo de una economía que puede exhibir estabilidad macroeconómica bajo determinadas condiciones, pero cuya estructura distributiva considera incompatible con el modelo de movilidad social que históricamente reivindica el peronismo.

“Acá en Misiones tenemos el espejo”, planteó durante la entrevista, en referencia a la experiencia paraguaya y a las asimetrías que se observan en la frontera.

La discusión, según su interpretación, no debería reducirse a inflación versus estabilidad. El interrogante central es qué tipo de sociedad se construye detrás de cada configuración macroeconómica. Rossi cuestionó los modelos que, según su mirada, pueden garantizar previsibilidad para los sectores de mayor poder económico mientras restringen las posibilidades de movilidad social para amplios segmentos de la población.

Su crítica se extendió a la idea de que el sacrificio presente necesariamente garantiza bienestar futuro. “Tenés que sacrificarte ahora pero nunca más vas a tener inflación”, resumió, al describir el relato que, según su interpretación, acompaña a determinadas políticas de estabilización.

Frente a eso, planteó una alternativa basada en una macroeconomía equilibrada a partir de la producción y el trabajo. “Nuestro modelo es aquel que reconoce las debilidades macroeconómicas que tenemos, pero que necesita equilibrar la macroeconomía a partir de la producción y el trabajo”, sostuvo.

El Banco Nación como pieza de una estrategia productiva

La conversación también pasó por su experiencia en el Banco Nación y por el rol que, según Rossi, deberían asumir las entidades financieras públicas. En lugar de limitarse a criterios estrictamente financieros, propuso que sus directorios incorporen una mirada representativa de la diversidad productiva del país.

“El directorio tiene que tener los intereses de la economía nacional y su diversidad federal”, señaló. En esa concepción, el sistema financiero público debería contemplar las necesidades del sector agropecuario, las empresas petroleras, las pymes y las familias.

Rossi reivindicó además mecanismos de participación de los trabajadores en las instituciones financieras públicas y planteó la necesidad de reconstruir un esquema de diálogo social que permita compatibilizar esfuerzo, inversión y distribución.

Su crítica apuntó también contra la idea de meritocracia como principio ordenador de la política económica. Frente a ello, propuso recuperar una mirada centrada en “lo humano, la producción y el trabajo”.

“La preocupación no es quiénes son ellos, sino por qué el pueblo argentino se vio reflejado en ese relato”

La dimensión política apareció inevitablemente en el diálogo. Consultada por dirigentes que anteriormente la habían cuestionado y que hoy forman parte del oficialismo o se encuentran vinculados a su estructura, Rossi evitó concentrar su crítica en las trayectorias individuales.

“Mi preocupación no es quiénes son ellos, sino por qué el pueblo argentino se vio reflejado en ese relato y no se siente contenido por nosotros”, afirmó.

La frase contiene uno de los diagnósticos políticos centrales de su exposición: para Rossi, el problema del peronismo no se resuelve únicamente con la identificación de adversarios, sino con una revisión de sus propios errores y con la construcción de una propuesta capaz de volver a interpelar a una sociedad que cambió sus prioridades.

En ese sentido, planteó que el movimiento nacional debe reconstruir una alternativa política a partir de una discusión sobre el modelo de país y no únicamente sobre candidaturas. “Tenemos que reforzar lo que han sido nuestros errores y la propuesta alternativa que tenemos”, sostuvo.

La economista también vinculó esa reconstrucción con la situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner y reclamó que se revise el fallo en la causa Vialidad, una posición que forma parte de su lectura política sobre el actual escenario argentino.

Más allá de la controversia partidaria, su argumento vuelve a colocar la cuestión distributiva en el centro: para Rossi, la discusión sobre deuda, moneda, Banco Central, tipo de cambio y política productiva termina desembocando en una pregunta esencialmente política: quién captura los beneficios de la estabilidad y quién absorbe sus costos.

Ese es, en definitiva, el sentido de la pregunta que llevó a Posadas: quién paga la cuenta de un programa económico no se define solamente en el resultado fiscal o en el balance del Banco Central. Se define también en los salarios, el crédito, el empleo, el precio de los alimentos, la actividad productiva, la capacidad de consumo y las oportunidades de movilidad social. Y es allí donde Rossi ubica el verdadero “lado B” del experimento económico argentino.

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Milei lidera, pero el cambio domina: encuesta de CB Consultora expone la fragilidad del oficialismo

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A más de un año de las próximas elecciones presidenciales, el escenario político argentino presenta una paradoja que debería encender las alarmas tanto en el Gobierno como en la oposición: Javier Milei continúa siendo el candidato individualmente más votado, pero una mayoría considerable expresa su deseo de que en 2027 haya un cambio de administración.

La conclusión surge de una encuesta nacional de CB Global Data, realizada los días 30 y 31 de julio de 2026 sobre 1.252 personas mayores de 18 años. El estudio declara un margen de error de más o menos 2,8 puntos porcentuales y un nivel de confianza del 95%. La recolección se hizo mediante metodología CAWI —encuesta online—, con cuotas por sexo, edad y nivel educativo.

El sondeo no describe una elección definida, sino un sistema político fragmentado: Milei conserva una base electoral robusta y aventaja claramente a sus adversarios, aunque todavía se encuentra lejos de una mayoría propia. Del otro lado, el peronismo reúne un volumen competitivo, pero dividido entre Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof. En ese equilibrio inestable se juega buena parte de la carrera hacia 2027.

Milei primero, pero con un techo visible

Ante la pregunta sobre a quién votarían los encuestados si las elecciones presidenciales fueran “mañana”, Milei obtiene el 32,4% y encabeza con comodidad. Cristina Fernández de Kirchner aparece segunda, con 15,2%, apenas por encima de Kicillof, que alcanza el 14,7%.

Más atrás se ubican Myriam Bregman, con 7,6%; Victoria Villarruel, con 6,4%; y Jorge Brito, con 1,9%. Otro 6,3% elige a candidatos no incluidos entre las opciones, el 5,9% votaría en blanco o anularía su sufragio y el 9,6% todavía no sabe qué haría.

La primera lectura favorece al Presidente: ningún competidor individual se acerca a su nivel de adhesión y la distancia respecto de cada uno de sus potenciales adversarios supera los 17 puntos. Milei conserva, por lo tanto, una centralidad electoral que ningún otro dirigente logra igualar.

Sin embargo, ese liderazgo también muestra límites. Con 32,4%, el oficialismo retiene aproximadamente un tercio del electorado, pero no consigue ampliar su base hasta niveles que le permitan imaginar una reelección sin dificultades. Incluso tomando en cuenta el margen de error informado por la consultora, el resultado señala un núcleo fuerte, aunque insuficiente para dominar por sí solo una elección presidencial.

El dato adquiere otra dimensión cuando se observa la predisposición general de los votantes: el 54,5% afirma que prefiere un cambio de gobierno, mientras solo el 33,4% quiere que continúe la actual administración. El 12,1% no tiene una posición definida.

Es decir, Milei lidera dentro de una sociedad que, al menos en esta medición, se inclina mayoritariamente por la alternancia. El oficialismo mantiene al candidato más competitivo, pero enfrenta un clima electoral que no parece favorable a la continuidad. La distancia entre quienes desean un cambio y quienes prefieren que siga el Gobierno es de 21,1 puntos porcentuales.

Ese contraste es probablemente el dato político más relevante del estudio. La elección no aparece organizada solamente alrededor de candidatos, sino también de una evaluación sobre la continuidad del rumbo nacional. Milei conserva una minoría intensa y disciplinada; la oposición, en cambio, dispone de un espacio potencialmente mayor, pero todavía carece de un vehículo único capaz de representarlo.

Una oposición mayoritaria, pero fragmentada

El deseo de cambio no se traduce automáticamente en apoyo a una candidatura opositora. Cristina y Kicillof suman, por separado, 29,9%. Si se agrega el 7,6% de Bregman, las tres candidaturas opositoras alcanzan el 37,5%, aunque esa suma es meramente aritmética: no supone que sus votantes sean transferibles ni que formen parte de una misma coalición.

Tampoco puede asumirse que todos los electores que reclaman un cambio estén dispuestos a votar al peronismo. Dentro de ese 54,5% conviven sectores de izquierda, votantes independientes, desencantados con el Gobierno, antiguos adherentes del PRO y ciudadanos sin identificación partidaria.

La encuesta confirma esa dispersión. Cuando se pregunta por el espacio político con el que cada persona se siente más cercana, la respuesta más elegida es “ninguno”, con 22,7%. La Libertad Avanza aparece inmediatamente después, con 21,6%, seguida por el peronismo, con 19,4%.

El kirchnerismo reúne otro 9,7%, el PRO obtiene 9,2% y la izquierda, 7%. Un 5,1% menciona otros espacios y el 5,3% no sabe responder.

La ausencia de identificación partidaria supera, por sí sola, a cualquiera de las fuerzas políticas relevadas. Esto describe un electorado volátil, con bajos niveles de pertenencia y potencialmente más sensible a la coyuntura económica, la imagen de los candidatos y la campaña que a las estructuras partidarias tradicionales.

Al mismo tiempo, La Libertad Avanza continúa siendo el espacio político individual con mayor cercanía entre quienes sí manifiestan una identidad definida. No obstante, su 21,6% se encuentra por debajo del 32,4% que obtiene Milei como candidato. La diferencia sugiere que el Presidente conserva una capacidad de atracción personal superior a la de su propia organización política.

En el peronismo ocurre algo distinto. Si se suman quienes se sienten cercanos al peronismo —19,4%— y al kirchnerismo —9,7%—, el universo alcanza el 29,1%. Esa cifra es prácticamente idéntica al 29,9% que reúnen Cristina y Kicillof en la simulación de primera vuelta. El espacio tiene volumen electoral, pero permanece partido entre dos liderazgos.

Cristina mantiene el liderazgo interno

Dentro del electorado que previamente se había identificado con el peronismo o el kirchnerismo, Cristina Fernández de Kirchner continúa siendo la dirigente preferida para representar al espacio: obtiene el 46,8%, frente al 39% de Kicillof.

Sergio Uñac aparece muy lejos, con 2%; otras alternativas reúnen 6,8% y un 5,4% no sabe a quién elegir. La pregunta fue formulada únicamente a quienes habían expresado cercanía con el peronismo o el kirchnerismo.

La diferencia entre Cristina y Kicillof es de 7,8 puntos. Es una ventaja significativa, aunque no definitiva. La expresidenta conserva la primacía emocional y política dentro de su núcleo, pero el gobernador bonaerense ya aparece muy cerca y concentra casi cuatro de cada diez preferencias en ese segmento.

Existe, además, una precisión metodológica importante: el documento no informa cuántas personas integraron exactamente esta submuestra. Aunque el universo teórico equivale a quienes se identificaron con el peronismo o el kirchnerismo, el margen de error específico de esa pregunta será necesariamente superior al 2,8% declarado para el total de 1.252 casos. Por esa razón, la distancia interna debe interpretarse como una tendencia y no como una diferencia concluyente.

La encuesta muestra, asimismo, una contradicción política alrededor de Cristina. Dentro del peronismo conserva el primer lugar, pero en el conjunto de la sociedad predomina un rechazo marcado a que pueda volver a competir.

Ante la consulta sobre una eventual habilitación para ser candidata presidencial en 2027, el 60% se manifiesta completamente en desacuerdo. El 27,4% está completamente de acuerdo y el 10,1% parcialmente de acuerdo, mientras el 2,5% no tiene opinión.

Sumadas las respuestas favorables, el 37,5% aceptaría en alguna medida su candidatura. Sin embargo, el rechazo pleno alcanza el 60%. Cristina continúa siendo la dirigente más influyente dentro del peronismo, pero también arrastra el nivel de resistencia más alto fuera de sus fronteras.

Ese fenómeno vuelve a plantear el dilema histórico del espacio: la dirigente con mayor capacidad para ordenar la interna puede no ser la que tenga mejores condiciones para ampliar la coalición electoral.

Kicillof es el rival más competitivo en segunda vuelta

Los escenarios de balotaje refuerzan esa hipótesis. En una segunda vuelta entre Milei y Cristina Fernández de Kirchner, el Presidente se impone por 44,8% a 39%, una diferencia de 5,8 puntos. El voto en blanco o nulo asciende al 11,7%, mientras el 4,5% permanece indeciso.

La ventaja oficialista es clara, aunque no irreversible. Los indecisos y quienes optarían por no votar a ninguno suman 16,2%, un volumen suficiente para modificar el resultado. Aun así, el escenario confirma que Cristina encuentra dificultades para romper el techo que le impone su elevada imagen de rechazo.

Contra Kicillof, en cambio, la elección aparece prácticamente empatada. Milei obtiene 43% y el gobernador bonaerense, 41,6%. La diferencia es de apenas 1,4 puntos, inferior al margen de error general informado por la encuesta.

En ese escenario, el 6,6% votaría en blanco o anularía y el 8,8% no sabe.

Técnicamente, el resultado no permite afirmar que Milei aventaja de manera estadísticamente significativa a Kicillof. La medición describe un empate competitivo: cualquiera de los dos podría estar primero dentro del intervalo de variación de la muestra.

La comparación entre ambos balotajes es reveladora. Milei conserva niveles similares frente a los dos dirigentes peronistas —44,8% contra Cristina y 43% contra Kicillof—. Lo que cambia es la capacidad opositora para reunir apoyos: Kicillof llega al 41,6%, 2,6 puntos por encima del 39% de Cristina.

También disminuye el rechazo a las dos opciones. Frente a Cristina, el voto en blanco o nulo llega al 11,7%; frente a Kicillof, cae al 6,6%. Esto sugiere que el gobernador bonaerense genera menos resistencia entre los votantes que no pertenecen al núcleo duro peronista.

No obstante, esa ventaja de competitividad externa convive con una desventaja interna: Cristina sigue siendo la opción preferida entre quienes se reconocen peronistas o kirchneristas. El desafío opositor consiste, entonces, en resolver una ecuación compleja: quién puede conducir el espacio y quién puede ganar por fuera de él.

Villarruel retiene una porción del voto oficialista

Otro dato relevante es el 6,4% que obtiene Victoria Villarruel en la simulación presidencial. Su presencia muestra que existe una franja del electorado oficialista o conservador dispuesta a considerar una alternativa distinta de Milei.

La suma entre el Presidente y la vicepresidenta alcanza el 38,8%, aunque nuevamente no corresponde interpretar ese agregado como un bloque automático. Parte del voto de Villarruel podría provenir de sectores descontentos con el Gobierno, de antiguos votantes del PRO o de electores que buscan una expresión de derecha con mayor énfasis institucional o nacionalista.

El PRO, por su parte, mantiene una cercanía partidaria del 9,2%, pero no aparece representado por una candidatura presidencial propia en el escenario presentado. Esa ausencia es políticamente significativa: el espacio conserva identidad, pero su electorado podría convertirse en terreno de disputa entre Milei, Villarruel y otras expresiones opositoras.

La encuesta incluyó también a “Jorge Brito”, con 1,9%, aunque el informe no brinda ninguna aclaración sobre esa candidatura ni explica el criterio utilizado para seleccionar las opciones. Esa falta de información impide realizar una interpretación política más profunda sobre ese dato.

Un escenario abierto, no una fotografía definitiva

La medición tiene valor como indicador de clima político, pero debe leerse con prudencia. El trabajo de campo se realizó en apenas dos jornadas y mediante metodología online. Además, la encuesta fue efectuada con mucha anticipación respecto de la elección presidencial de 2027, cuando todavía no están definidas las candidaturas, las alianzas ni el contexto económico en el que se votará.

Las respuestas reflejan preferencias ante una lista cerrada de nombres. No permiten asegurar que esos dirigentes serán efectivamente candidatos ni medir cómo reaccionaría el electorado ante otras configuraciones partidarias.

También resulta necesario distinguir entre el margen de error global y el de las diferencias entre candidatos. Una brecha de 1,4 puntos, como la observada entre Milei y Kicillof en el balotaje, no constituye una ventaja estadísticamente firme. Incluso distancias algo mayores deben considerarse dentro de un escenario todavía dinámico.

Con esas reservas, el relevamiento deja cuatro señales políticas centrales.

La primera es que Milei continúa siendo el dirigente electoralmente más fuerte de la Argentina, pero su respaldo se mantiene alrededor de un tercio del electorado.

La segunda es que el deseo de cambio supera ampliamente la voluntad de continuidad, lo que coloca al Gobierno frente al desafío de reconstruir expectativas y ampliar su base antes de 2027.

La tercera es que el peronismo posee un caudal suficiente para competir, pero ese volumen está dividido entre el liderazgo interno de Cristina y la mayor competitividad externa de Kicillof.

La cuarta es que ningún espacio controla el centro político y social. El 22,7% que no se siente cercano a ninguna fuerza, junto con los indecisos y quienes consideran votar en blanco, conforma una zona decisiva y todavía disponible.

La fotografía de julio de 2026 no muestra un oficialismo derrotado ni una oposición consolidada. Muestra algo más incómodo para ambos: un Presidente que sigue primero, una sociedad que mayoritariamente pide un cambio y una oposición que todavía no ha logrado convertir ese malestar en una alternativa ordenada.

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