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Murió Juan Carlos López, una de las figuras políticas del peronismo de Misiones

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La política misionera perdió este jueves a uno de sus dirigentes más reconocidos y respetados. A los 73 años falleció Juan Carlos “Juanchi” López, ex intendente de Santo Pipó, ex diputado provincial y nacional, docente y primer ministro de Gobierno de la gestión de Carlos Rovira, iniciada en diciembre de 1999.

La noticia generó una profunda conmoción en distintos sectores del arco político provincial. Más allá de las pertenencias partidarias, López era reconocido por su capacidad para el diálogo, su vasta experiencia institucional y una personalidad que combinaba firmeza política con una ironía aguda que lo convirtió en una referencia ineludible de la dirigencia misionera.

Su trayectoria pública atravesó varias de las etapas más importantes de la vida política reciente de Misiones. Fue intendente de Santo Pipó, localidad a la que siempre consideró su hogar político y afectivo. Más tarde llegó a la Cámara de Representantes como diputado provincial durante la década de 1990, período en el que participó de debates decisivos para la provincia.

En diciembre de 1999 fue designado ministro de Gobierno de Carlos Rovira, convirtiéndose en el primer titular de una de las carteras más sensibles del gabinete provincial. Desde ese lugar tuvo un papel central en la organización política e institucional de una administración que comenzaba una nueva etapa en la provincia.

Tras su paso por el Gobierno provincial continuó su carrera política en el ámbito nacional. Se desempeñó como legislador y desarrolló tareas de asesoramiento vinculadas al área de seguridad interior. Sin embargo, nunca se alejó de la vida política misionera.

Hombre de consulta permanente dentro del peronismo, mantuvo durante décadas una estrecha relación política y personal con el ex gobernador Ramón Puerta. Su opinión era escuchada por dirigentes de distintas generaciones, que encontraban en él una combinación poco frecuente de memoria política, experiencia de gestión y capacidad de análisis.

Docente de formación y dirigente por convicción, López perteneció a una generación que entendía la política como herramienta de construcción colectiva. Cultivó el debate de ideas y el intercambio franco. También el humor. Quienes compartieron reuniones, campañas o largas conversaciones recuerdan su estilo directo, sus observaciones filosas y una ironía fina que utilizaba para desarmar tensiones y retratar la realidad política con pocas palabras.

En los últimos tiempos enfrentó una enfermedad terminal que deterioró progresivamente su salud. Permaneció internado bajo cuidados médicos complejos en Posadas, donde falleció acompañado por sus seres queridos.

Su familia comunicó la noticia con un mensaje cargado de emoción: “Con mucho dolor e infinita tristeza queremos comunicarles que el querido Juan Carlos López nos dejó físicamente esta noche. Se fue en paz. Su recuerdo permanecerá imborrable en su familia, sus amigos, sus compañeros de política y militancia”.

Los restos de López serán velados este viernes de 7 a 12 en la sala velatoria Cúneo de Posadas. Posteriormente, el cortejo partirá hacia Santo Pipó, donde se realizará una ceremonia de despedida en el cementerio local. Allí descansará junto a sus padres, Leonardo López y Elvecia Delgado.

Queda el legado de un dirigente que transitó la función pública con vocación, conocimiento y compromiso. Un hombre que supo ocupar lugares de responsabilidad sin perder la cercanía con sus raíces ni la capacidad de observar la política con inteligencia, lucidez y una sonrisa siempre lista para acompañar la próxima reflexión.

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Desgaste de la gestión económica: un 63% pide cambios en el rumbo

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El Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora muestra que el malestar económico ya no se expresa sólo como una evaluación negativa sobre el país, sino como una experiencia directa sobre la vida cotidiana de los hogares. El 59,5% considera que la situación económica nacional es mala o muy mala, pero el dato más delicado aparece cuando esa mirada se traslada al plano personal: el 42,4% también evalúa negativamente su propia situación económica. Esa diferencia es clave porque la economía del país puede ser leída como diagnóstico general, pero la economía personal se mide en ingresos, consumos, cuentas a pagar y capacidad para sostener el mes. Cuando casi la mitad de la población ya ubica su situación individual en terreno negativo, el ajuste deja de ser una abstracción macroeconómica y pasa a formar parte de la administración diaria del hogar.


El informe también marca una fuerte distancia entre los datos oficiales y la percepción social de los precios. El 70,6% de los encuestados considera que el dato de inflación publicado por el INDEC no refleja adecuadamente la variación de precios que percibe en su vida cotidiana, mientras que el 85,1% afirma que su salario no le está ganando a la inflación. La combinación de ambos datos muestra que el problema no es únicamente la inflación, sino la relación entre precios, ingresos y credibilidad. Para una mayoría el salario sigue corriendo detrás del costo de vida y eso debilita la capacidad del dato oficial para ordenar la experiencia económica. La percepción de pérdida se vuelve todavía más visible según los estratos sociales: 50,7% se identifica como clase baja o media baja, lo que implica que más de la mitad de los encuestados se percibe en los segmentos más vulnerables de la estructura social.


La presión sobre la economía doméstica también aparece en la capacidad de llegar a fin de mes. Según el MOP, el 64,4% llega como máximo hasta el día 20 con sus ingresos, lo que refleja que la restricción no se concentra solamente en los últimos días del mes, sino que se instala antes y obliga a reorganizar consumos, postergar gastos y ajustar decisiones familiares. Incluso entre los votantes oficialistas de 2025, el 66,2% sostiene que su salario no le gana a la inflación, un dato políticamente sensible porque muestra que el malestar económico atraviesa también al propio electorado de La Libertad Avanza. La diferencia no está en la existencia del problema, sino en su interpretación: mientras en la oposición tiende a transformarse en rechazo al rumbo económico, dentro del oficialismo todavía puede convivir con apoyo político, aunque bajo una tolerancia cada vez más condicionada.


Rumbo al 2027
 

El MOP también muestra que el debate sobre el rumbo económico empieza a proyectarse directamente sobre el escenario presidencial de 2027. Ante la pregunta sobre qué debería hacer el Gobierno con el plan económico actual, el 63% de los encuestados respondió que debería cambiarlo, mientras que el 34,8% sostuvo que debería mantenerlo. La lectura política es clara: el plan conserva una base de apoyo relevante, pero enfrenta una mayoría social que ya demanda algún tipo de corrección. No se trata necesariamente de un rechazo completo al Gobierno, sino de una señal de desgaste sobre la estrategia económica vigente, en un contexto donde el malestar cotidiano aparece asociado a salarios que no alcanzan, pérdida de poder adquisitivo y dificultades para llegar a fin de mes.
 


Proyectando hacia 2027, esa discusión empieza a transformarse en criterio electoral. El 28,3% afirma que definirá su voto por la situación económica del país, el 17,9% por el cambio de rumbo y el 14,2% por la situación económica de su hogar. En conjunto, esos factores muestran que más de 6 de cada 10 electores miran la próxima presidencial desde una clave económica, ya sea por el rumbo general, por el impacto sobre su economía personal o por la expectativa de una corrección del modelo. La continuidad del gobierno actual, en cambio, aparece como principal factor para el 15,8%, lo que confirma que la elección no se perfila únicamente como una disputa de liderazgos o pertenencias partidarias, sino como un plebiscito sobre resultados económicos concretos.

De cara a las reformas electorales que comenzarán a debatirse en el Congreso de la Nación, el 46,1% de los encuestados considera que las PASO deberían eliminarse, mientras que otro 14,6% cree que deberían mantenerse, pero sin carácter obligatorio. El dato marca una señal relevante: existe una mayoría social abierta a revisar el funcionamiento del sistema electoral, ya sea por rechazo directo a las PASO o por una demanda de menor obligatoriedad y menor carga institucional sobre el votante.
 


La división aparece con más fuerza cuando se observa el corte político. Entre votantes oficialistas, la eliminación de las PASO encuentra mayor adhesión, en línea con una mirada más favorable a simplificar el calendario electoral y reducir instancias de competencia previa. Entre votantes opositores, en cambio, crece la resistencia a eliminarlas, probablemente porque las primarias son vistas como una herramienta para ordenar candidaturas, ampliar participación y evitar decisiones cerradas por las dirigencias partidarias. Así, el debate sobre las PASO deja de ser sólo una discusión técnica y pasa a expresar una diferencia política más profunda sobre cómo debería organizarse la competencia de cara a 2027.


INDEC
 

En mayo, la distancia entre la inflación informada y la inflación percibida se mantiene en niveles altos y deja de aparecer como un salto aislado. El 70,6% de los consultados considera que el dato del INDEC no refleja adecuadamente la variación de precios que percibe en su vida cotidiana, prácticamente en línea con el 70,3% registrado en abril y muy por encima del 56,4% de enero. La serie muestra que el problema ya no es sólo una reacción puntual frente a un mes determinado, sino una desconfianza más estable sobre la capacidad del dato oficial para representar la experiencia económica de los hogares. Cuando 7 de cada 10 personas no validan el índice como reflejo de su realidad cotidiana, el Gobierno enfrenta un problema que excede la comunicación económica, porque la desaceleración estadística pierde fuerza si no logra ser reconocida socialmente.
 


Esa desconfianza se explica mejor cuando se cruza con la evolución del salario. En mayo, el 85,1% afirmó que su salario no le ganó a la inflación, apenas por debajo del 86,6% de abril, pero todavía en un nivel extremadamente alto. El dato muestra que el núcleo del problema no está únicamente en si la inflación baja o sube, sino en si los ingresos recuperan capacidad de compra frente a los precios que las personas enfrentan todos los días. Para la mayoría, la inflación no se evalúa mirando el índice, sino midiendo cuánto dura el sueldo, qué gastos se recortan y hasta qué momento del mes alcanzan los ingresos. Por eso, mientras el salario siga siendo percibido como insuficiente, el dato oficial puede ordenar el discurso macroeconómico, pero no alcanza para reconstruir confianza en la economía cotidiana.
 


Principales preocupaciones
 

El MOP muestra que la agenda de preocupaciones públicas combina malestar económico, deterioro material y pérdida de confianza política. La incertidumbre económica aparece como el principal tema señalado por los encuestados con el 58,1%, seguida por la corrupción con el 52,9% y los ingresos y salarios con el 46,5%. Más atrás aparecen el desempleo con el 39,9% y las deudas con el 31,9%. El orden de las respuestas muestra que la preocupación social ya no se concentra en un solo problema económico, sino en un cuadro más amplio donde el ingreso, el empleo, la deuda y la credibilidad pública aparecen conectados. La inflación sigue pesando, pero no aparece aislada: forma parte de una percepción más general de incertidumbre sobre la capacidad de sostener la economía cotidiana.
 


El corte por voto 2025 muestra dos formas distintas de ordenar ese malestar. Entre votantes oficialistas, las principales preocupaciones son la incertidumbre económica con el 21%, la corrupción con el 18,2% y los ingresos y salarios con el 18,6%. Esto indica que incluso dentro del electorado que acompaña al Gobierno hay preocupación por el rumbo económico y por la credibilidad institucional. Entre votantes opositores, en cambio, la agenda aparece más asociada al costo material directo: las deudas con el 20%, la corrupción con el 13,8%, la incertidumbre económica con el 13,4%, el desempleo con el 12,2% y la inflación con el 10%. La diferencia central no está en que unos estén preocupados y otros no, sino en cómo se organiza la preocupación: el oficialismo combina apoyo político con dudas sobre economía y corrupción, mientras que la oposición traduce el malestar en una lectura más dirigida al impacto económico concreto sobre la vida diaria.
 


Imágenes políticas
 

En mayo, la imagen de Javier Milei continuó en terreno negativo y confirmó que el deterioro registrado en los meses previos no fue un movimiento aislado. Su imagen positiva se ubicó en el 35,6%, mientras que la negativa alcanzó el 59,6%, con un diferencial adverso de 24 puntos. El dato político más relevante es que la figura presidencial parece haber dejado atrás la zona de equilibrio que había mostrado a comienzos del año y empieza a estabilizarse en un nivel de rechazo alto. En un contexto donde la mayoría evalúa negativamente la situación económica del país, gran parte de los hogares siente que su salario pierde contra la inflación y crece la demanda de cambios en el plan económico. Así, la imagen presidencial queda cada vez más atada a los resultados concretos de la economía cotidiana.
 


Hacia los próximos meses, el escenario muestra poco margen para una recuperación espontánea si no aparece una mejora visible en los ingresos, en el consumo y en la capacidad de llegar a fin de mes. Con este nivel de preocupación y de pesimismo sobre el presente económico, Milei parece sostenerse principalmente sobre su núcleo más firme, asociado al electorado más antiperonista y más dispuesto a tolerar el costo del ajuste. El riesgo aparece en el electorado más blando, que acompañó por expectativa de ordenamiento, por rechazo al pasado o por promesa de mejora económica, pero que es mucho más sensible a los resultados materiales. Si esa franja no percibe una recuperación concreta, la imagen presidencial puede seguir perdiendo capacidad de expansión y quedar cada vez más encerrada en su base dura.
 


Por su parte, Axel Kicillof muestra una recuperación relevante de imagen y logra salir del momento más débil de la serie reciente. Después de haber tocado en febrero un piso de imagen positiva, en mayo volvió a ubicarse cerca de los 40 puntos, mientras que su imagen negativa se mantuvo elevada, en el 53%. El dato no alcanza para hablar de una consolidación plena, porque el diferencial sigue siendo negativo, pero sí marca un cambio de tendencia políticamente significativo: en un contexto de creciente descontento con el Gobierno nacional, Kicillof recupera volumen como figura opositora y aparece en el informe como el principal líder de la oposición con 32,3%.

Esa mejora parece apoyarse menos en una adhesión plenamente consolidada y más en un corrimiento del clima político frente al desgaste del oficialismo. La presión sobre la microeconomía de los hogares, la percepción negativa sobre la situación del país y la demanda de cambios en el rumbo económico abren espacios para dirigentes opositores con perfil de gestión y capacidad de representación institucional. En ese escenario, Kicillof empieza a afirmarse como una de las figuras con mayor capacidad para canalizar el malestar, aunque todavía enfrenta un límite claro: su crecimiento convive con niveles altos de imagen negativa y con una oposición que sigue fragmentada, sin una conducción única ordenada de cara a 2027.
 


Mientras tanto, Patricia Bullrich logra sostener una imagen positiva relevante y muestra una resistencia mayor al desgaste que hoy afecta a otras figuras del oficialismo. En mayo alcanzó el 40,6% de imagen positiva frente al 54,2% de negativa, un diferencial adverso, pero menos crítico que el de otros nombres asociados al Gobierno nacional. Su perfil aparece relativamente menos golpeado por la coyuntura inmediata, algo que puede leerse en relación con el lugar político que ocupa: su figura queda más asociada a una idea general de orden, autoridad y firmeza que a la gestión económica cotidiana. En ese marco, los problemas de la microeconomía parecen afectarla menos que a los dirigentes más directamente vinculados con la conducción diaria del oficialismo.

Más que como ejecutora directa del presente económico, Bullrich sigue siendo leída por una parte del electorado como una expresión política de rumbo, control y decisión. Esa diferencia le permite preservar mejor su capital simbólico en un contexto general de desgaste, aunque sin quedar fuera del clima negativo que atraviesa al oficialismo. Su imagen sigue siendo mayoritariamente desfavorable, pero conserva un piso competitivo que la distingue de figuras más expuestas al costo económico, a la dinámica interna del Gobierno y a las tensiones reputacionales que hoy golpean con más fuerza al núcleo presidencial.
 


Por su parte, Myriam Bregman aparece como una de las novedades más significativas del escenario político. En un contexto de ajuste, desgaste del relato oficial y creciente malestar frente al rumbo económico, su figura empieza a expandirse como canal de una oposición más frontal a Javier Milei. Con 44,6% de imagen positiva y 43,4% de negativa, es la única figura medida que presentó diferencial favorable. El dato es políticamente relevante porque muestra que el descontento no está siendo capitalizado únicamente por perfiles opositores con mayor volumen institucional, como Axel Kicillof, sino también por referencias con una identidad ideológica más nítida y una crítica más directa al oficialismo.

Ese crecimiento no implica todavía una centralidad electoral consolidada, pero sí marca un cambio en el clima opositor. A medida que se acumulan las tensiones por la economía cotidiana, la pérdida de poder adquisitivo y la demanda de cambios en el plan económico, también empieza a abrirse espacio para discursos que no plantean sólo una corrección del rumbo, sino una impugnación más amplia del proyecto libertario. En ese sentido, Bregman parece captar una parte del malestar que no busca únicamente alternancia de gestión, sino confrontación política, económica y simbólica con el mileísmo.
 


En el caso de Manuel Adorni, el deterioro aparece todavía más pronunciado y lo ubica como el principal foco de vulnerabilidad reputacional del oficialismo. Con apenas 17,9% de imagen positiva y 73,6% de negativa, registró el diferencial más adverso entre las figuras medidas por el MOP. El dato se vuelve especialmente sensible por el contexto político que lo rodea: los escándalos vinculados a presuntos hechos de corrupción, las dudas sobre su evolución patrimonial y el hecho de que todavía no haya presentado su declaración jurada lo colocan en una zona de alta exposición pública. Para una fuerza que construyó buena parte de su legitimidad sobre el discurso anticasta, el problema excede a la figura individual de Adorni y golpea sobre la credibilidad moral del oficialismo.
 


Finalmente, Diego Santilli queda ubicado en una zona intermedia del tablero político. Como ministro del Interior, su figura tiene hoy un rol central en la articulación política del Gobierno con gobernadores y Congreso de la Nación, pero su imagen todavía no aparece plenamente asociada al núcleo más expuesto del oficialismo. Con el 36,7% de imagen positiva y el 50,6% de negativa, conserva un nivel de conocimiento y competitividad relevante, aunque con diferencial adverso. Su caso muestra una tensión particular: puede funcionar como puente político para ampliar gobernabilidad y ordenar acuerdos, pero también corre el riesgo de quedar alcanzado por el desgaste general del rumbo económico si la gestión nacional no logra resultados concretos.
 


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Macri: “Espero que el peronismo recupere un liderazgo más sano”

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Mauricio Macri reapareció con un discurso cargado de definiciones sobre el presente y el futuro del sistema político argentino. Lo hizo durante el “Foro de Presidentes sobre Política y Democracia | Liderazgo y Centralidad Política en Tiempos de Polarización”, organizado por la Universidad Austral y el Círculo de Montevideo, donde participó de una conversación sobre “liderazgos disruptivos” junto a la periodista Florencia Donovan.

Lejos de limitarse a una mirada coyuntural, el exmandatario trazó una reflexión más amplia sobre la deriva política global. Habló de una humanidad atravesada por la incertidumbre, de democracias tensionadas por la polarización y de dirigentes moldeados por una lógica emocional que, según su visión, desplaza cada vez más a la racionalidad y la gestión.

“El mundo entró, para mí, en una aceleración hacia la incertidumbre”, afirmó Macri, al analizar los cambios políticos posteriores a la pandemia y los conflictos geopolíticos recientes. “Cuando estuvimos todos dispuestos a perder nuestra libertad, a favorecer gobiernos que abusaban y violaban todo tipo de leyes para, supuestamente, cuidarnos, empezó una era de incertidumbre absoluta”.

En ese contexto, vinculó el fenómeno político contemporáneo con el avance de liderazgos disruptivos y emocionalmente intensos, entre ellos el de Donald Trump y el del presidente Javier Milei. Sobre el mandatario argentino, sostuvo que “el liderazgo de Milei es obviamente un liderazgo emocional”, aunque destacó que detrás de esa construcción existe “un profundo estudio de las ideas”.

Macri también dejó una de las frases políticas más filosas de su exposición al referirse al futuro del peronismo tras la hegemonía kirchnerista. “Fue muy dañino. Espero que estemos al borde de que el kirchnerismo se transforme en una minoría. Y tal vez el peronismo recupere un liderazgo más sano”, señaló.

La frase no quedó aislada. El exjefe de Estado apuntó directamente contra la posibilidad de que Axel Kicillof emerja como síntesis opositora. “Si la solución es Kicillof, si pierden, pierden; y si ganan, pierden de vuelta. Porque sería otro fracaso y la destrucción final del peronismo”, disparó, en una definición que combina crítica política y advertencia estratégica.

Más allá de los nombres propios, el núcleo conceptual del discurso de Macri giró alrededor de la fragilidad institucional y la erosión del consenso democrático. En uno de los pasajes más reflexivos de la charla, sostuvo que la Argentina “no va a salir adelante si no construimos algunos puntos de acuerdo” y cuestionó la lógica de los “ismos” y de los liderazgos salvadores. “No hay caudillos que salven países. Lo que salva a un país es un conjunto de gente inteligente, con buenas intenciones, trabajando para los demás. Y eso requiere tolerancia”.

El expresidente también advirtió sobre el deterioro del diálogo político y el impacto de las redes sociales en la calidad de la democracia. Según planteó, el nivel de agresividad digital favorece perfiles “narcisistas” y expulsa a dirigentes más empáticos o proclives al acuerdo. “Los empáticos tienden a irse, y eso deja espacio para los narcisistas, a quienes no les importa nada”, afirmó.

En paralelo, reivindicó la necesidad de fortalecer liderazgos capaces de combinar gestión eficiente y capacidad comunicacional. “En la política me di cuenta de que resisten más tiempo los grandes comunicadores y malos administradores que los buenos administradores y malos comunicadores”, señaló, en una definición que funciona tanto como autocrítica retrospectiva como diagnóstico del clima de época.

Macri dejó además una advertencia sobre los riesgos del ejercicio del poder sin límites internos. “Lo que uno necesita cuando lidera es tener gente alrededor que tenga la capacidad de decir la palabra mágica: no”, sostuvo, al señalar que incluso los líderes más preparados pueden equivocarse si se rodean exclusivamente de obediencia.

El trasfondo de sus declaraciones expone una discusión más profunda que atraviesa hoy a gran parte de Occidente: cómo sostener instituciones democráticas estables en sociedades cada vez más polarizadas, emocionalmente movilizadas y desconfiadas de las estructuras tradicionales. Y en esa discusión, Macri buscó posicionarse como una voz que reivindica la necesidad de acuerdos mínimos, racionalidad institucional y límites al personalismo político.

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Un par de casos testigo del industricidio premeditado y alevoso

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Dentro del amplio abanico de empresas cerradas, como consecuencia del industricidio premeditado y alevoso (perpetrado por libertarios y neoliberales), apoyados internamente por entes empresariales de claras complicidades para con el destructivo accionar industricida (como la SRA y la UIA), se destacan por sus lamentables cierres totales, dos empresas muy conocidas, del que fuera importante Sector Industrial Automotriz y de Autopartes de Argentina, Ceses totales que son lamentables y muy concretos casos de destrucción económica, que con toda aviesa intencionalidad, se abate sobre la Economía Argentina.

Este análisis consideró esos casos testigos, por la enorme importancia económica y estratégica que significa poseer una sólida industria automotriz, la cual posee relevante efecto multiplicador, y alcanzó a ser muy importante fuente laboral de buenos niveles remunerativos para muchos compatriotas.

Aquella Argentina falsamente considerada “potencia mundial” de los años del Centenario (alrededor de 1910), era en realidad una economía totalmente subdesarrollada, sin industrias, crónicamente endeudada básicamente con el Reino Unido, con una minoría hiper rica y con las grandes mayorías populares libradas a la miseria y el abandono total, con los principales sectores de su primarizada economía, manejados por empresas y entes extranjeros.

Esa pobre y subyugada realidad, no cambió mucho en las cuatro décadas transcurridas hasta que estalló la Segunda Guerra Mundial. Acá estábamos en los últimos estertores de la muy nefasta década infame (1930-1943), cargada de acciones de gobierno y negociados alevosos e impresentables (cualquier parecido con la actualidad no parece casual); y seguíamos siendo carecientes crónicos de la muy necesaria y estratégica estructura industrial y tecnológica, mientras que todo el mundo desarrollado y buena parte del subdesarrollado, se involucraba en un conflicto atroz.

Previsiblemente para mentes de estadistas, pero imprevisible para oligarcas carecientes de visión propia nacional, siempre subordinados al Reino Unido (hoy a EEUU y sus “socios”), la entrada al conflicto de EEUU en 1941, provocó que la prioridad de sus producciones, estuviera asignada a las demandas y urgencias bélicas. Ya desde un par de años antes, otras potencias industriales (Reino Unido, Alemania, Francia, y alguno que otro país europeo) dejaron de proveernos de diversos bienes manufacturados, por estar involucrados en el conflicto, y necesitar de todas sus producciones para asignarlas a las necesidades de la defensa.

Entre todos esos insumos importados, imprescindibles pero que no los producíamos, estaban los neumáticos.
Si bien el parque automotriz en uso en Argentina, era muy reducido comparando con el actual, las necesidades de recambio de neumáticos podían considerarse no tan significativas, pero el tema pasó a ser muy grave en el sector de vehículos de carga, de usos intensivos y por ello muy necesitado de reposiciones. ¡Y pronto se agotaron las existencias, sin existir proveedores externos alternativos a los tradicionales!

En las grandes ciudades, en particular en Buenos Aires y Gran Buenos Aires, la gente seguía necesitando desplazarse, y los pequeños colectivos urbanos eran imprescindibles, no pudiendo reemplazarse por los tranvías, trolebuses y subterráneos. ¡Y hubo que improvisar! Los colectivos, de no más de 15 asientos, por entonces casi todos “made in USA” con carrocerías nacionales, debieron circular como sea…¡en llantas! Para no romper tan rápido las llantas metálicas, circulaban sobre las vías de tranvías. Hay fotos de eso…

La solución era producir acá, los necesarios neumáticos, tanto para vehículos livianos como para los de carga y las maquinarias varias (tractores y otras).

Entonces, “desobedeciendo” los supuestos mandatos del “libre cambio”, del “Estado ausente” y otras aberraciones entronizadas como supuestas “verdades indiscutibles” y “leyes económicas”, impuestas por el entramado cultural liberal al servicio de la dependencia total, en 1940 se creó FATE (Fábrica Argentina de Telas Engomadas”, empresa que creció pasando a ser referencia muy importante en la producción local de neumáticos.

Como tantas otras empresas, FATE creció y se fortaleció en el marco proteccionista y promotor de industrias, del gobierno peronista (1946-1955), el cual también había comenzado la producción nacional de automotores, con lo que se amplió el parque automotor, y con ello, los potenciales compradores de autopartes, entre ellas neumáticos.

FATE superó el gobierno ultra liberal de “la fusiladora” (1955-1958), y de los gobiernos de “democracia proscriptiva” y otros dos golpes de Estado, hasta el tercer gobierno de Perón, en 1973, en el cual las políticas de fomento industrial crearon el marco propicio para crecer e incluso exportar. Antes, hubo períodos de industrialización, durante el breve desarrollismo de Frondizi (1958-1962), y en la Revolución Argentina (1966-1973), en la misma con la impronta nacional e industrialista del economista Aldo Ferrer.

FATE tuvo un notable período de diversificación tecnológica, cuando creó la División Electrónica en 1969, en la cual produjo calculadores de diseño y tecnología propia, de la marca Cifra, y posteriormente fabricó computadoras, compitiendo exitosamente en el mercado interno, en el cual también producía la empresa de capital italiano Olivetti.

FATE División Electrónica no pudo sobrevivir a la avalancha importadora, con la cual el personero de la SRA Martínez De Hoz, con el soporte de las bayonetas de Videla y el siniestro “proceso”, comenzó el industricidio neoliberal, el mismo que hoy, en forma brutal, aplica el gobierno libertario. Cerró en 1982.

Con distinto nombre social, FATE fundó ALUAR, productora de aluminio, la cual hasta hoy perdura.

Al igual que todo el sector industrial, FATE vio crecer su mercado consumidor, con el notable desarrollo industrial del período 2003 – 2015, en el cual se alcanzó el récord de producción automotriz, cercano al millón de unidades por año.

Lamentablemente, ese ícono de la industria argentina, sucumbió en 2026. Razonando con Sentido Nacional, esperemos que pueda resurgir de las cenizas, o ser suplantada por otra empresa similar, de capitales nacionales.

Mercedes Benz es el otro caso analizado, cuyo cierre es igualmente doloroso y negativo para la Economía Argentina.

La primera inversión en el extranjero, fue concretada poco antes de 1955 por Mercedes Benz en Argentina (su nombre internacional era Daimler Benz A.G. siendo su marca icónica más conocida), siendo creada en el marco de la fuerte promoción industrial general, y en particular, a los impulsos dados para crear la industria automotriz argentina, en la primera mitad de los años ’50, en el segundo mandato presidencial de Perón.

La empresa germana ensambló en Argentina, los icónicos MB 170, pequeños y muy robustos autos, de diseño de preguerra, con motor Diesel, que rápidamente se convirtieron en el tipo de taxi preponderante en Argentina, particularmente en Buenos Aires, a lo que se agregó en menores cantidades, el MB 180, de diseño más actualizado y tamaño mediano.

Llenaron una sentida necesidad, pues el parque automotor era muy viejo; pero Argentina necesitaba imperiosamente incorporar camiones y chasis para colectivos, pues los en uso eran ya muy anticuados y escasos en número.

En 1955 estaba en marcha el proyecto para producir -no solo “ensamblar”-, camiones y chasis para ómnibus, en Argentina, la que iba a ser también la primera inversión para producir vehículos de carga en el extranjero, por parte de Mercedes Benz.

Pero…”pasaron cosas”, frase acuñada después por cierto político de claro perfil cipayesco, por no decir considerado de mafioso accionar.

Cuando las maquinarias para montar la planta productora de camiones de Mercedes Benz Argentina, estaban a bordo con destino a nuestro país, estalló la muy sangrienta e infame ”revolución fusiladora”, la cual se dedicó con ahínco digno de mejor causa, a destruir todo lo concretado por el peronismo; y abundaron las “operaciones” de denigración de la empresa germana, y su supuesta filiación peronista. En pleno viaje, las maquinarias fueron desviadas a Brasil, donde fueron recibidas con los brazos abiertos…Al año o poco más, estábamos importando camiones y ómnibus de Brasil…¡que iban a ser de industria Argentina! La oligarquía vacuna, seguramente muy contenta, y los milicos gorilas, exultantes por haber abortado otra iniciativa del peronismo.

En el contexto de fuertes impulsos para desarrollar la industria automotriz, del gobierno de Frondizi, Mercedes Benz se radicó en González Catán (Buenos Aires), comenzando a producir en 1959 el camión L312 y su versión de chasis para ómnibus, vehículos que gozaron de gran aceptación.

Se radicaron cuatro empresas para producir camiones y chasis livianos y medianos. En particular, en el mercado de chasis para colectivos urbanos y de media distancia, la preponderancia de marca germana fue notable, abasteciéndolo en el orden del 90 %.

En el marco de la “Revolución Argentina” (1966 – 1973), el único período militar de la segunda mitad del siglo, que no fue crudamente liberal (léase antinacional), se planificó y puso en marcha el Plan Europa, para reequipamiento de las FFAA, con apoyatura tecnológica europea y énfasis en la producción nacional.

En ese contexto, se procedió a reemplazar los ya muy viejos vehículos “guerreros” comprados a EEUU como rezagos de guerra, produciéndose acá vehículos de uso militar tipo todo terreno, y la mayor parte de esas producciones salieron de la planta de González Catán, en particular camiones livianos Unimog, y medianos MB 1113. Esos robustos vehículos, fueron producidos por centenares (los vi en la visita que hice a esa fábrica, en 1974), y transcurridas más de cinco décadas, continúan prestando servicios en las unidades militares.

También se llegó a producir una pequeña camioneta, derivada del auto MB 220, que debía preceder a la fabricación local de ese prestigioso modelo, lo que no se concretó.

Con acentuados altibajos, según gobernaran neoliberales (anti industriales) o períodos de orientación nacional (industrialistas), se llegaron a producir camiones semi pesados y pesados, además de un versátil furgón liviano.

En 2026, como otra víctima de la motosierra destructiva y fuertemente industricida, Mercedes Benz Argentina dejó de producir en nuestro país.

Esperemos que esta destructiva acción industricida, sea prontamente anulada y revertida, para que volvamos a encauzarnos en la positiva y muy necesaria senda del desarrollo socio económico, anulando las claras intenciones de sectores retrógrados y apátridas, los que, de mínima, buscan recrear aquel entorno semi feudal que operaba como subordinado dócil a los mandatos extranjeros, que éramos en las épocas del Centenario; pero de máxima, claramente, buscan la disolución nacional.

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El PJ Misiones cierra su interna y valida el triunfo de Humada tras rechazar impugnaciones

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La interna del Partido Justicialista en Misiones quedó formalmente cerrada con una decisión que busca ordenar el escenario partidario: la Junta Electoral validó los comicios del 19 de abril, rechazó las impugnaciones y oficializó el triunfo de Christian Ariel Humada mediante la Resolución N.º 21/26. Con una participación del 13,1% del padrón —7.209 votantes sobre 55.091 afiliados—, el sector “La Julio Humada” se impuso con el 54,7% de los votos frente al 41,9% de “Amplitud Justicialista – Fuerza Patria”. La definición despeja el frente institucional, pero abre un interrogante político: ¿alcanza la legitimidad formal para recomponer la cohesión interna?

Un cierre institucional con respaldo normativo

La resolución de la Junta Electoral no solo valida los resultados, sino que también clausura el conflicto técnico que había quedado abierto tras la elección. El organismo se apoyó en la Resolución N.º 20/26 para desestimar los cuestionamientos sobre mesas de votación y sostuvo que no existen objeciones pendientes sobre el procedimiento.

El argumento central fue la ausencia de protestas formales durante la jornada electoral y el escrutinio provisorio por parte de los fiscales acreditados. Según el criterio del órgano partidario, las observaciones deben realizarse en el momento en que ocurren los hechos para tener validez. Bajo esa lógica, se rechazaron los pedidos de nulidad de mesas y de apertura de urnas por falta de pruebas concretas o por tratarse de situaciones no verificadas.

El dato no es menor: la Junta remarcó que las autoridades de mesa fueron designadas de manera consensuada entre las listas, lo que —según su interpretación— garantiza condiciones de equidad. Tampoco se detectaron inconsistencias en actas ni indicios de adulteración. El resultado final consolidó 6.965 votos positivos (96,6%), con 236 en blanco (3,3%) y apenas 8 nulos (0,1%).

Participación baja y victoria clara: la doble lectura

El triunfo de Humada es nítido en términos numéricos, pero se apoya en un nivel de participación limitado. Ese dato introduce una tensión clásica en los procesos internos: legitimidad formal frente a representatividad efectiva.

El proceso, además, marca el regreso de elecciones partidarias tras 27 años, un dato que el propio Humada utilizó como eje discursivo para plantear una “nueva etapa”. En su mensaje posterior a la oficialización, convocó a la unidad y a la participación amplia de todos los sectores, insistiendo en que “nadie sobra”.

El desafío es político más que reglamentario: la validación institucional ordena el tablero, pero no necesariamente resuelve las diferencias internas que quedaron expuestas en la competencia.

Orden interno y señales hacia afuera

La decisión de la Junta Electoral fortalece al sector ganador al otorgarle control formal del partido sin instancias pendientes de revisión. También condiciona a la lista opositora, que queda sin margen institucional para cuestionar el resultado.

En términos de correlación de fuerzas, el cierre del proceso interno permite al PJ misionero reconfigurar su estructura sin litigios abiertos, un activo relevante en un contexto donde los partidos buscan ordenar su estrategia frente a escenarios electorales más amplios.

Al mismo tiempo, la baja participación puede limitar la capacidad de expansión política inmediata. El dato sugiere un partido que logró resolver su interna, pero que aún debe reconstruir volumen político y territorial.

Unidad declarada, construcción pendiente

Con la validación de los comicios, el PJ de Misiones entra en una nueva fase: la institucionalización de su conducción tras décadas sin elecciones internas. El discurso de unidad aparece como eje, pero su efectividad dependerá de la integración real de los sectores que compitieron.

En las próximas semanas, la atención se desplazará hacia cómo se traduce esa convocatoria en estructura, presencia territorial y capacidad de articulación política. La resolución cerró el capítulo electoral, pero no define por sí sola el alcance de la nueva etapa.

La política partidaria, en este punto, vuelve a su lógica habitual: lo formal ordena, pero lo sustantivo todavía está en construcción.

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