A legal medicine vehicle leaves the hospital where presidential candidate Fernando Villavicencio was taken after being shot at a rally in Quito, on August 9, 2023. Ecuadorian presidential candidate Fernando Villavicencio was shot dead after holding a rally in Quito on Wednesday evening, local media reported, citing Interior Minister Juan Zapata. Mr. Villavicencio, a 59-year-old journalist, was one of eight candidates in the August 20 presidential election. (Photo by Galo PAGUAY / AFP)

Ecuador y todas las alertas

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Fernando Villavicencio era candidato presidencial en Ecuador, hasta que un grupo de delincuentes le quitó la vida. Un modus operandi tristemente célebre en una tierra arrasada por los narcos. 

El candidato salía de un mitin político, un acto dicho en criollo, cuando fue interceptado por sicarios quienes en una veloz balacera lo dieron por muerto. Sucedió a plena luz del día, rodeado de personas, con sus guardias de seguridad cerca y mientras se subía a su coche. Un escenario idéntico al intento de asesinato de Cristina Fernández. Tan impune como el relato de una película de narcos, así fue el arrebato que conmocionó a todo un país y llama a la reflexión en toda la región.

En un contexto preeleccionario, ya que estamos a un puñado de días para que Ecuador elija a sus representantes, el próximo 20 de agosto, el país sucumbió ante la pérdida atroz de uno de sus candidatos. Villavicencio pujaba, políticamente, por el intento de reestablecer el orden público, quitándole poder en las calles a los narco – delincuentes. Hablaba de asestar un golpe seco y certero a las pretensiones de poderío territoriales de estas bandas que manejan las calles ecuatorianas, como así también a la corrupción política que acobijó a todo un sistema de malvivientes violentos con poder en lo que se denomina un “narcoestado”. Esta definición da cuenta de como las decisiones políticas pasan por la decisión de estos capos de la droga que, con toda la virulencia a cuesta, toman acciones concretas contra quien se opone a su voluntad. Solo basta con leer la historia o ver algunas de las series sobre Pablo Escobar para comprender de que se habla en este apartado.

Más allá de eso, el sicariato de Villavicencio es, en clave política, aún más fuerte de lo que parece. No es solo fuego cruzado, sino que la evidencia más clara de descomposición social. Un hombre que busca acceder a un cargo público es amenazado y asesinado porque sus ideas no se condicen con la de los delincuentes. Es la muestra clara de que el poder no está en la investidura sino en las decisiones. Esta es una demostración de que la sociedad ecuatoriana tocó fondo y que salir de ahí puede costar mucha sangre. Ver a su vecino (Colombia) es suficiente motivo para atemorizarse y enfrentar una situación realmente adversa. ¿Quién toma las decisiones en Quito? ¿El Congreso, el presidente, o un líder narco desde alguna cárcel o selva? La respuesta podría asombrar tanto como generar pánico. 

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Ecuador ultraviolento 

Lo que pasa en este país es que forma parte de un cordón clave para producción y distribución de drogas, principalmente cocaína. Las mismas forman parte de un circuito mundial y como todo negocio ilegal, necesita de un Estado paralelo para que domine las cuestiones territoriales. Esto también es geopolítica. 

La ecuación es simple, Perú, Bolivia y Colombia son grandes productores de cocaína, el famoso oro blanco, y en este sentido, Ecuador se acopla casi como un centro de acopio, utilizando su salida al mar para poder exportar. La droga va primero a Centroamérica y desde allí es trasladada hasta Europa, en donde el negocio es abruptamente millonario. Perú y Colombia ya están marcados por esta movida, pero los puertos ecuatorianos aún no gozaban de ese peso de la ley internacional para el control, razón por la cual asumió el rol de punto logístico en este contexto. 

El crecimiento de este nicho económico ilegal no solamente contó con carteles o bandas que operan de macro a micro dentro de Ecuador (desde el líder narco hasta el que vende en las calles), sino que también de una clase política complaciente en una situación económica endeble que provocó un escenario propicio para este tipo de actividades. Hay que remontarse a principio de siglo, cuando el “Efecto Globo” golpeó las puertas de Ecuador. Luego de una fumigación e intento de erradicación de plantaciones que decanten en drogas en Colombia, la actividad creció desde el otro lado de la frontera, además de un contexto económico donde frenaron la inflación con la dolarización, pero impulsaron a un crecimiento exponencial del desempleo y pobreza, lo que también influyó para que los sectores más desguarnecidos de Ecuador caigan en el narcotráfico. 

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El peor síntoma

El simple hecho de que la sociedad latinoamericana total esté acostumbrada a esto es alarmante. Países como Colombia y México lo tienen naturalizado y hoy Ecuador es tapa de todos los diarios. Es cierto, los sicariatos o ajustes de cuente existieron en toda la historia, básicamente desde que el hombre se topó con el poder. Sin embargo, comprender que es el punto final de un sistema político descompuesto es más grave de lo que parece. ¿Cómo va a votar la sociedad ecuatoriana el 20 de agosto? ¿Cuál es el voto de confianza? No es en vano que la figura de Bukele sea tan popular en muchos lugares. Hoy en día, los extremos son los que generan los relatos de (in)seguridad que pululan en la sociedad, desde la defensa absorta de la delincuencia hasta el exterminio de delincuentes en manos del Estado. Ambas premisas con los derechos humanos en medio, a favor y en contra. Mientras esa discusión sigue, los países atravesados cabalmente por este nivel de violencia siguen sufriendo, desde lo institucional hasta lo social. No hay receta, no hay mapa, no hay nada que garantice como y cuando salir de ello, no hay un manual que indique como subsanar esta situación. Lejos de las recetas económicas o las definiciones diplomáticas, la violencia es una respuesta cultural a una serie enorme de flagelos que promovieron situaciones propensas para que esto sea moneda corriente. En el horizonte, siempre los pueblos terminan siendo los padecientes.

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