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El economista que no vemos

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Vivir es cambiar, ¡Dale paso al progreso que es fatal! ¡Chau, no va más!…

Simplemente la vida seguirá…

Homero Expósito

“Las ideas no se matan”. Cuan cierta nos resulta esta cita al entendimiento y que valor virtuoso otorgamos a quienes entienden que no se extinguen las ideas con imposiciones ideológicas ni persecuciones. El problema es que esta cita tiene al menos dos desdichadas consecuencias. La primera es la falta de memoria que tenemos para tomar en cuenta los aportes que, quienes construyeron nuestra historia, se han esforzado en legarnos; a  veces parece que muchos de ellos se convirtieron en ecos espectrales que resuenan ante una sociedad que los recuerda más por algunos hechos ilustrativos que por sus aportes sociales, económicos, culturales. La segunda consecuencia es que la frase no es de Sarmiento (a pesar de que los manuales se empeñen en enseñarnos lo contrario), es del escritor francés Constantin Francois de Chasseboeuf.

Los pensamientos tienen una doble dimensión: son hijos de un contexto, pero poseen un grado de atemporalidad que no debe ser desaprovechado por quienes aún pueden aplicar esas herramientas a su realidad actual. Vamos a nuestro ejemplo.

Belgrano es conocido por muchas cosas en la historia, pero quizás se deja de lado su verdadera formación de base que fue la economía y sobre todo la economía política.  A través del estudio de “La Riqueza de las Naciones” de Adam Smith, las lecturas de los fisiócratas que encontraban en la tierra el valor de la riqueza, nos ha legado frases que podrían haberse escrito ayer y pasar por el más lúcido de los economistas de hoy.

“El hombre, por su naturaleza, aspira a lo mejor, y, por consiguiente, desea tener comodidades y no se conforma sólo con comer”. Los seres humanos deseamos más que cosas porque somos conscientes de que lo hacemos y de que podemos conseguir eso que nos desvela, por eso la economía es un devenir constante de modelos, nuevos recursos, nuevos desafíos que  asfaltan el camino hacia nuestro bienestar. Los animales desean cosas y por lo general lo que desean se lo comen, están vinculados al mundo, no abiertos como nosotros.

Ahora: ¿Cómo escapar a la vorágine de correr tras los deseos? ¿Qué vale más? Se escucha el eco de su voz: “Ninguna cosa tiene su valor real, ni efectivo en sí mismo, sólo tiene el que nosotros le queremos dar; y éste se liga precisamente a la necesidad que tengamos en ella; a los medios de satisfacer esta inclinación; a los deseos de lograrla y a su escasez y abundancia.”

La vida es un devenir constante como lo anuncia la letra del tango de Expósito, darle paso al progreso que es fatal, lo es sino somos capaces de tomar de él un aprendizaje, una ayuda, una perspectiva, porque olvidar las reflexiones de estos hombres es sepultarlos de nuevo. Debemos servirnos de lo que esa historia nos brinde, debemos usufructuar sus aportes, sus miradas y entender que en un momento podemos decir “chau…no va más”, pero nada se detiene, el mundo “yira y yira” como escribía Discépolo. Las problemáticas económicas no se resuelven como una ecuación matemática, sino que se construyen caminos para atravesarlos con las condiciones de cada época, pero abajo, quizás no tan abajo como creemos, hay un suelo común. Temas, ideas, preocupaciones que la economía ha tenido siempre. Belgrano nos deja alguna de sus huellas marcadas en ese suelo político – económico.

“Los países civilizados no exportan materia prima sin antes transformarla localmente, de lo contrario estarían creando ocupación en el país comprador y desocupación en el país proveedor”. No, no se escribió ayer, fue a principios del siglo XIX. Los países que en nuestros debates aparecen como modelos nos dan la sensación de haber escuchado a Belgrano y puesto en práctica esa transformación a través de una educación de alta calidad (especialmente técnica científica). Por lo general son países sin recursos naturales abundantes, con el bienestar más grande del mundo entre otros países obviamente.

La crisis económica producto de la pandemia es estruendosa: las Pymes y su problemática, las fuentes de trabajo, la inflación, los sectores en lista de espera para reactivarse y una lista interminable de etcéteras. El mundo sigue, el consumo  sigue, las deudas se acumulan, tal vez esta última frase del prócer nos de alguna esperanza:

“Los hombres no entran en razón mientras no padecen”.

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