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Es ley… ¿Es ley?

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Como ya venimos un poco saturados de información sobre la pandemia, la recesión es un hecho irreversible, sobre dólar, deuda e inflación ya dijimos mucho, creo que es bueno un aporte para distender la lectura y mostrar ciertos temas que responden al interrogante de ¿por qué hay tantos desacuerdos a la hora de decidir qué hacer para salir adelante?

Ordenando el debate:

Anclar el dólar o devaluar; arreglar la deuda o caer en default; subir la tasa o bajar la tasa de interés, etc. A lo largo de nuestra historia se probaron tanto el ying como el yang y en distinto momento funcionaron y fracasaron ambos, ¿por qué? Porque no existe una medida que sea exitosa en todo contexto, sino ya tendríamos el problema resuelto   y pongamos un ejemplo aplicado a nuestro país sobre el primer dilema:

Dólar fijo o devaluación 

Primero debemos tener en claro cuál es nuestro problema y, como docente de macroeconomía, entiendo que los problemas fundamentales son tres:

1 Crecimiento

2 inflación 

3 Desempleo

Si tuviéramos uno solo de los tres o una herramienta distinta para solucionar cada uno, estudiamos cual es la adecuada y a cada tornillo apretamos con su destornillador. Pero la vida real no es tan sencilla, de hecho el Ministro de Economía es como un soldado en el frente de batalla con menos balas que enemigos (y está prohibido rendirse). También ocurre que apretar un tornillo a veces afloja otro y así vamos: si tu problema más grande es la inflación y lo querés resolver rápido, es fácil, “enfrías” la economía, subís el desempleo y la inflación seguro que baja; pero ahí tu problema deja de ser la inflación y pasa a ser el desempleo (¿complicado no?). 

Pero hay esperanza: sacando de lado los tiempos extraordinarios de pandemia el mundo en general eliminó la inflación y, en mayor medida el desempleo. Todo esto se logró apretando y aflojando los tornillos simultáneamente con mucha precisión y cuidado.

Caso concreto:

En 1989 la inflación  en Argentina llegó al 3080 % anual, el año 1990 no se veía mejor ya que los precios aumentaron 2300 %. Entonces se resolvió usar el dólar como ancla cambiaria y nació el 1 a 1. Resultados

Fuente: elaboración propia en base al Ministerio de Economía.

Claramente si el principal problema era la inflación y era producto de la brutal disparada que el dólar estaba pegando, esto se solucionó con el destornillador N° 1: fijar el tipo de cambio.

Ahora parece que apretar un tornillo aflojó otro…. Miremos el desempleo

Fuente: elaboración propia en base al Ministerio de Economía.

Sería injusto echarle toda la culpa a la Convertibilidad, pero que en gran parte era consecuencia de esto por la pérdida de competitividad que tuvo el peso (sobre todo en entre 1999 y 2000 ) es cierto.

Entonces llega diciembre de 2001 y la historia es conocida; la Convertibilidad voló por los aires y la mejor solución era buscar el destornillador que decía devaluar… ¿Pero cómo? ¿No era que por la devaluación terminamos en la hiperinflación? 

De hecho se devaluó, se bajó el desempleo, la economía volvió a crecer hasta aproximadamente el 2011 y otra vez el problema empezó a ser la inflación y hoy todos queremos que el dólar se quede quieto porque sabemos que cuando este se mueve, también se mueven los precios. Entonces ahora el destornillador adecuado sería el que se usó a principio de los noventa y ajustó el peso hasta dejarlo uno a uno con el dólar. ¿Pero no es ese el que nos llevó a la crisis del 2001? 

¿Cómo se resuelve esto?

Primero hay que entender que no existe un dilema entre devaluar o fijar el dólar ni entre los otros mencionados, sino que son medidas concretas que dependen del contexto y de cuál sea el problema más grave. No se agarra un destornillador por una razón ideológica o por una causa; se agarra porque hay un problema concreto de un tornillo flojo que hay que ajustar y punto. Acusar de neoliberal a alguien que en este momento quiera estabilizar los precios y  uno de ellos  (quizás el principal  porque en la Argentina sirve de referencia para todos los demás) es el dólar es una burrada.

Devaluar o no es una consecuencia, y aquí viene la primera ley que en caso de quebrarla las consecuencias serán inevitables:

Si tenemos un déficit fiscal por encima de las posibilidades de financiamiento, tarde o temprano tendremos las consecuencias: o será una fuerte inflación que nos hará rogar por una nueva convertibilidad como en el 91, o será una fuerte recesión que nos hará creer que nos salvamos con una devaluación como en el 2002. Pero la ley seguirá ahí y mientras la sigamos quebrando seguiremos pagando… los que crean que pueden ir contra esto vuelvo a recordar las palabras de Dornbusch:

 “… Cada vez que visité un país que siempre dicen -usted no entiende profesor Dornbusch, aquí es diferente-. … Bueno, nunca es”.

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Un Comentario

  1. Avatar Carlos Andrés Ortiz

    ECONOMÍA MERAMENTE TECNOCRÁTICA O ECONOMÍA POLÍTICA
    Interesante, de fácil lectura, pero centrado exclusivamente en lo tecnocrático, el análisis de un relativamente joven analista de economía, que vuelve a demostrar sus razonamientos basados excluyentemente en las pautas del neoliberalismo…doctrina que es apátrida por definición.
    El artículo, publicado en el portal Economis, bajo el título “Es ley…¿es ley?”, se centra en algunas de las variables principales que se suelen considerar, en particular tres de ellas: crecimiento, inflación y desempleo.
    Y menciona algunas de las herramientas que influyen y/o que pueden utilizarse para influir en esas consecuencias de las medidas económicas tomadas, como el valor del dólar (o mejor dicho la valuación de nuestra moneda respecto a esa divisa); la deuda (no define si se refiere a deuda del Estado o toda la del país, ni si es en pesos o en divisas extranjeras); y como tercer factor la tasa de interés (no lo dice pero se supone que son las tasas de intereses aplicables en la economía nacional).
    Por cierto, esas tres herramientas de aplicación macroeconómica no son las únicas, ni necesariamente son las únicas relevantes. Pero aceptemos eso en mérito a la brevedad del articulista.
    Ya al considerar las variables principales que consideró, vemos que menciona el “crecimiento”, pero omite el concepto central de “desarrollo”. Y no es simplemente una cuestión semántica, ni son sinónimos. Ya se verá cuanta importancia tiene que el objetivo de la economía sea el mero crecimiento, o el mucho más abarcativo desarrollo. Expliquémoslo brevemente: un país “crece” si produce más cantidad de lo mismo. Es lo que suele ocurrir en naciones de economía primaria. Pero se “desarrolla” si encara nuevas actividades de mayores complejidades y mayores efectos multiplicadores.
    Por ejemplo, Japón y Corea del Sur, si hubieran seguido “las leyes” de Adam Smith de “dedicarse a las actividades para las cuales tienen mejores condiciones naturales”, tal vez hubiesen “crecido” moderadamente cultivando más arroz y aumentando la pesca marítima. Pero con evidente sentido de Grandeza Nacional, decidieron “desarrollarse” y pusieron todo el peso del respectivo Estado Nacional, con estímulos concretos a las empresas de capitales nacionales, para expandirse en rubros industriales y tecnológicos.
    No se cerraron a producir solo arroz (como lo sigue haciendo la vetusta oligarquía argentina, que insiste en cerrarnos a una economía primaria, como éramos en el siglo XIX), y hoy sin dejar de producir arroz, son líderes en rubros como automotores, electrónica, industria naval, etc. Y sus respectivas poblaciones gozan de muchos mejores niveles de vida, impensables si se hubieran enfocado a ser solamente productores primarios.
    Tal como el articulista insiste en todos sus artículos, evidencia centrarse en una visión neoliberal de la economía, dejando de lado otros enfoques, con menos prensa favorable pero con resultados concretos mucho más exitosos en el mundo. Todas las Potencias Emergentes practican diversas versiones de lo que puede definirse como Capitalismo de Estado, con Estados Nacionales fuertes y activos, en las antípodas del Estado bobo o enanizado que buscan los personeros del neoliberalismo salvaje.
    Eso sin entrar en debatir la supuesta opinión de considerar “neoliberales” a las medidas que busquen estabilizar precios, como menciona en su artículo.
    Precisamente, los economistas neoliberales, que se enseñorearon en el poder, casi sin solución de continuidad desde el nefasto “proceso” (1976), hasta la crisis terminal de 2001/2002, y que volvieron entre 2015 y 2019, nunca utilizaron el concepto de “desarrollo”, produciendo en cambio un anti desarrollo sistemático, destruyendo la industria, desarticulando o desguazando los entes de desarrollo tecnológico, extranjerizando nuestra economía, endeudándonos, desarticulando y empobreciendo el tejido social nacional… eso además de pisotear y degradar el concepto de Soberanía Nacional, al cual explicita o implícitamente despreciaron.
    El articulista muestra estadísticas parciales, de los pocos conceptos analizados, omitiendo en cambio todas las consideraciones acerca de las otras consecuencias de las medidas que –muy parcialmente, tal vez por brevedad- analizó. En particular, como lo hacen los neoliberales, omitió todo lo referente al desarrollo socio económico, a la soberanía, a la desintegración nacional (acentuada en los períodos neoliberales, que son casi todos los analizados en su escrito), y otros temas centrales.
    Ejemplificando, su enfoque es como el de un mecánico, que analiza herramientas con las cuales intenta arreglar un automotor producido afuera, que no se adapta a las necesidades nacionales. Un análisis más afín al desarrollo, sería el de un ingeniero industrial, que analiza y encara la producción nacional de un automotor acorde a nuestras propias necesidades.
    En castizo simple, priorizar lo esencial, que es desarrollar la economía, mejorar la situación social, invertir en ciencia y tecnología, desarrollar nuestra infraestructura, y tener muy presente la Soberanía y la Dignidad Nacional.
    Eso hicieron en su momento, todas las actuales potencias económicas consolidadas, y las nuevas potencias emergentes. O sea, no centrarse en analizar “herramientas” económicas, sino tener claros objetivos de Desarrollo y Grandeza Nacional, sin limitarse a dogmatismos muchas veces falaces o no aplicables.
    Precisamente lo opuesto a los nefastos objetivos reales de los personeros del neoliberalismo.
    Eso es precisamente la Insubordinación Fundante, que explicó muy acertadamente el analista geopolítico Marcelo Gullo Omodeo.
    En ese contexto macro económico, centrarnos exclusivamente en el déficit fiscal (que por cierto no es bueno, pero hoy en la pandemia parece inevitable y mucho menos pernicioso que implementar un Estado ausente), parecería no ser el tema central actual, menos aun en el contexto de severísima destrucción socio económica heredada del neoliberalismo, antes procesero, después noventista y ahora “cambiemita”.

    MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
    Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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