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Pandemia y presencialidad mediada para enseñar

Pandemia y presencialidad mediada para enseñar
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Por Verónica Weber – El inicio del ciclo lectivo 2020 encontró a cada docente protagonizando una escena que ni en las mejores obras de ciencia ficción se había anticipado. “Seguir enseñando” es el lema que orienta una decisión política que el sistema educativo asumió con convicción desde el comienzo de la cuarentena. Docentes de todos los niveles educativos comprometidos con esta difícil misión, se vieron empujados y empujadas a recrear las formas de “dar clase” en la modalidad presencial.

La situación puso en evidencia las herramientas, recursos materiales y simbólicos con que cuentan los y las docentes; tanto como las dificultades para modificar y reconstruir las propuestas de enseñanza que venían desarrollando para ajustarlas al contexto actual. También refleja las características de un sistema de enseñanza que venía desaprovechando los aportes de las investigaciones sobre el aprendizaje, la enseñanza, la tecnología educativa, la pedagogía; así como el potencial de las tecnologías digitales para la educación.

¿Estaban los docentes de todo el sistema educativo preparados y preparadas para dar clases mediadas por tecnologías? ¿Contaban con la preparación necesaria para tamaña transformación?

Por otra parte, si bien la disponibilidad tecnológica está extendida, y la tenencia de por lo menos algún dispositivo móvil con conexión a Internet es casi pleno; el acceso efectivo en docentes y estudiantes es dispar, haciendo visibles grandes brechas materiales y simbólicas en las posibilidades de uso.

¿Quiénes tienen dispositivos? ¿Qué tipo de dispositivos son? ¿Qué acceso a Internet tienen -por el dispositivo, por la conexión, por el costo de los datos? ¿El o los dispositivos son personales o se comparten con familiares? ¿Cuál es el alcance y el tiempo de uso posible? ¿En qué horario?

Lejos de intentar responder estas preguntas, en este artículo nos interesa compartir algunas reflexiones que venimos construyendo con profesores y profesoras. Buscamos iluminar y valorar una práctica extendida en este tiempo y hacer algunos aportes y consideraciones para interpretarla; promoviendo mejoras posibles y aprovechando lo que se está experimentando para proyectar una vuelta a la normalidad, cuando y como sea: enriquecida, mejorada y/o transformada.

En un contexto en el que el aislamiento social, preventivo y obligatorio es la regla, la posibilidad de encontrar un tiempo común en un espacio compartido entre docentes y estudiantes es el deseo obvio. Numerosas aplicaciones, programas y entornos accesibles desde cualquier dispositivo móvil y/o computadora permiten hoy ese encuentro en la virtualidad.

La idea de presencialidad mediada tecnológicamente resulta fundamental para describir la situación en la que la presencia, el encuentro, la interacción física (con el cuerpo) se ve mediado por algún recurso, herramienta, entorno que se transforma en interfaz. La situación actual obliga a cada institución, a cada profesor y profesora, a revisar las coordenadas de tiempo y espacio que en la modalidad presencial de educación caracterizan la clase. Ante la imposibilidad del encuentro en un aula física en un tiempo común, es necesario recrear las dos variables: tiempo y espacio.

Mayoritariamente las instituciones y sus docentes eligieron una solución tecnológica bastante transparente: reemplazar el espacio físico por algún programa, entorno o campus virtual. Sin embargo, las formas que adopta esa conversión del espacio varía notablemente entre instituciones y entre profesores y profesoras. Evidentemente, del mismo modo ocurre en las clases presenciales: no todas las clases presenciales se imparten del mismo modo.

La clase sincrónica. El mismo día y horario en un programa o aplicación común.

En este contexto muchos y muchas docentes optaron por mantener un día y horario común en esa mediación o entorno virtual. Numerosos programas y aplicaciones posibilitan este encuentro (entre las más conocidas big blue bottom, Jitsi, Zoom, Meet, Skype). Las posibilidades tecnológicas permiten en la actualidad un uso que hace pocos años no hubiéramos ni soñado. Cabe destacar que en esta línea, aún con menos posibilidades digitales, algunos y algunas docentes eligen alternativas analógicas para concretar el encuentro sincrónico: por ejemplo la llamada telefónica. En estos casos la variable tiempo se mantiene intacta y lo que cambia es el espacio de encuentro que se muda del mundo físico al mundo virtual.

La clase asincrónica. El mismo lugar (escenario virtual) en un tiempo extendido.

Otra formas de componer el encuentro en un espacio y un tiempo común es apelar a los entornos virtuales de enseñanza y aprendizaje (EVEA) que posibilitan la concreción del encuentro en un período de tiempo más prolongado, por ejemplo una semana. Es decir, la clase se desarrolla en un espacio común, sin embargo no hace falta que todos los actores accedan en el mismo día y horario. Estos entornos permiten albergar recursos de diferente tipo que pueden ser textos, videos, audios; se pueden proponer actividades para realizarse individualmente o en grupos de estudiantes. La enseñanza en estos casos está mediada no sólo por el entorno tecnológico, sino sobre todo por el diseño de las actividades, los recursos y materiales elegidos, la secuencia propuesta, la interacción con y entre los y las estudiantes. Recogiendo experiencias. Proyectando el corto y el largo plazo

Para quienes venían desarrollando sus clases de modo presencial, la posibilidad de utilizar las tecnologías para sostener las clases sincrónicas tal como lo hacían resultaba una alternativa prometedora. Sin embargo, en la mayor parte de los casos se transformó en una promesa incumplida por problemas tecnológicos y por lo ilusorio de pensar que es lo mismo estar
físicamente que estar a través de una pantalla.

Del mismo modo el uso de los entornos virtuales encuentran su potencial en las posibilidades de diseño de mediaciones e interacción proyectadas y plasmadas por docentes. Cargar material no es suficiente para que el entorno funcione o resulte valioso.

Elegir clase sincrónica o asincrónica no nos dice demasiado. La pregunta acerca de qué mediación utilizar se diluye dejando paso a ¿para qué y cómo utilizar el entorno que se elija.

Y aquí el problema de la enseñanza que nos va a acompañar más allá de la pandemia. ¿Qué recursos se van a utilizar y cómo? ¿Se pueden complementar? ¿Cómo se enriquecen? ¿Cómo ofrecer alternativas para quienes no acceden? ¿Cuál es el mejor modo de enseñar en este/estos escenario/s? ¿Qué materiales, recursos y estrategias se pueden utilizar? ¿Cómo complementarlos y aprovecharlos para enseñar mejor?

Y más allá del momento actual, que todo esto no haya sido en vano cuando hayamos salido de la pesadilla: ¿Qué clase plantear? ¿Cómo aprovechar las tecnologías disponibles? ¿Qué dejar de hacer? ¿Qué continuar haciendo? ¿Qué empezaríamos a hacer?

Son sólo algunas preguntas para pensar la enseñanza hoy y siempre.

Verónica Weber es profesora para la Enseñanza Primaria y Licenciada en Ciencias de la Educación por la Universidad de Buenos Aires (UBA). En el marco del Doctorado en Aprendizaje e Instrucción de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, obtuvo el Diploma de Estudios Avanzados. Es profesora regular en la Universidad Nacional de Hurlingham (UNAHUR) y profesora y coordinadora de la Especialización Virtual en Constructivismo y Educación y del curso de posgrado Experiencia Museos de FLACSO Argentina (FLACSO). Es Coordinadora del Área de Educación a Distancia de la Universidad Nacional de la Pampa (UNLaPam) y del Área de Tecnología Educativa de la UNAHUR.

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