Estados Unidos en Venezuela: “Avanza un orden global donde el poder se impone al derecho internacional de posguerra”
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La captura de Nicolás Maduro y la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela no constituyen, según Fernando Straface, un episodio aislado ni una reacción improvisada, sino la manifestación más visible de una gran estrategia geopolítica en plena ejecución. Para el director del Centro de Estrategias Internacionales de Gobiernos y Organizaciones de la Universidad Austral, lo ocurrido tiene una dimensión comparable a los grandes hitos recientes del sistema internacional porque altera directamente el equilibrio global de poder.
Desde esta perspectiva, Washington decidió abandonar décadas de retórica multilateral y ejercer de forma explícita, directa y no condicionada su influencia en el continente americano. Straface lo define como la reactivación de la histórica Doctrina Monroe, resignificada por Donald Trump como “Doctrina Donroe”: un mensaje político claro de que el hemisferio occidental es considerado una zona estratégica bajo responsabilidad estadounidense.
En el centro de esta estrategia aparece un activo crítico: el petróleo venezolano. Venezuela posee las mayores reservas probadas del mundo, un recurso clave para la seguridad energética global y, por lo tanto, para la competencia entre potencias. Hasta ahora, esas reservas eran explotadas por un régimen alineado con China, Rusia e Irán, que además abastecía de crudo barato a Beijing, principal rival estratégico de Estados Unidos.
Desde la óptica de Washington, explica Straface, un recurso de esa magnitud no podía permanecer bajo el control de un gobierno hostil. Por eso, la intervención apunta tanto a recuperar el control político como económico de la explotación petrolera, incluyendo la restitución de derechos de empresas estadounidenses que habían sido vulnerados. Pero el objetivo excede lo comercial: el petróleo es una pieza clave en la disputa por energía, cadenas de suministro y poder geopolítico.
En el plano político, Straface es categórico: Venezuela es una dictadura, con concentración del poder, represión y violaciones sistemáticas de los derechos humanos. Sin embargo, el fin del régimen abre un debate central sobre el método: la legalidad y legitimidad internacional de una intervención militar unilateral.
Según el analista, este episodio exhibe una “tecnología política alternativa” para enfrentar quiebres democráticos, más eficaz que los mecanismos institucionales tradicionales. El multilateralismo construido después de la Segunda Guerra Mundial, con la Organización de las Naciones Unidas como eje, queda profundamente tensionado frente a este tipo de acciones directas. La crisis venezolana interpela así a las instituciones multilaterales sobre su capacidad real para responder a situaciones extremas.
Estados Unidos justificó su acción presentando a Maduro como jefe de una estructura criminal vinculada al narcotráfico, lo que, dentro de su propia narrativa, habilitó la extracción directa del poder. Para Straface, este argumento refleja un cambio más amplio: las reglas tradicionales del sistema internacional están en crisis y atraviesan una transición acelerada hacia un orden más crudo, donde priman las relaciones de poder por sobre las normas escritas.
En este nuevo escenario se consolida una lógica de áreas de influencia: Estados Unidos en el continente americano, Rusia en su periferia regional y China en Asia. Aunque todavía no está institucionalizado, este orden se manifiesta en los intentos de Trump de negociar entendimientos estratégicos con Moscú y Beijing, respetando esferas de influencia.
El trasfondo humanitario también ocupa un lugar central en el análisis. El éxodo de más de ocho millones de venezolanos constituye uno de los mayores desplazamientos humanos de la historia moderna. Frente a esa tragedia, emerge la idea de un “bien superior”: el bienestar de millones de ciudadanos sometidos a represión, pobreza y exilio.
La salida de Maduro es vista como un primer paso para terminar con la tiranía, pero el camino posterior está lejos de estar claro. Según Straface, la asunción inmediata de las autoridades opositoras electas no aparece hoy como la opción prioritaria de Estados Unidos. En cambio, se perfila una trayectoria de entendimiento con un gobierno encabezado por Delcy Rodríguez, con el petróleo como eje de negociación.
En última instancia, la legitimidad internacional de la intervención estadounidense dependerá de algo concreto: la capacidad real de avanzar hacia un cambio de régimen auténtico, con transición democrática, restitución de derechos, institucionalidad y participación efectiva de la oposición. Sin ese resultado, la operación quedará como un hecho de fuerza en un mundo cada vez más gobernado por la lógica del poder.
