PETRÓLEO

Medio Oriente trae alivio a los mercados, pero la inflación sigue siendo la gran incógnita

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Los recientes avances hacia una posible resolución del conflicto en Medio Oriente fueron recibidos con optimismo por los mercados financieros internacionales. Sin embargo, desde Janus Henderson consideran que estas novedades, si bien son alentadoras, no representan un cambio sustancial en los fundamentos que hoy condicionan las decisiones de inversión.

“Los acontecimientos recientes son claramente una buena noticia. Sin embargo, desde una perspectiva de inversión, creemos que es importante evitar interpretar estos eventos como una modificación estructural de las perspectivas para la economía global”, señaló Richard Bernstein, Global Head of Macro & Customized Investing de Janus Henderson. Según el especialista, los mercados ya venían incorporando la posibilidad de una reducción de las tensiones geopolíticas en la región. “Los precios del petróleo y de otros productos energéticos comenzaron a retroceder hace tiempo, lo que indica que parte de esta expectativa ya estaba reflejada en las valuaciones de mercado”, explicó.

Mayor apetito por el riesgo

Tras conocerse las últimas novedades, los activos de perfil más especulativo mostraron un desempeño destacado. Criptomonedas y compañías vinculadas a la inteligencia artificial lideraron las subas, impulsadas por la expectativa de que una moderación en los precios de la energía contribuya a reducir las presiones inflacionarias y permita a la Reserva Federal de Estados Unidos mantener una postura monetaria menos restrictiva.

No obstante, Bernstein considera que esta reacción responde principalmente a dinámicas de mercado ya existentes. “Lo que observamos parece ser una continuación de tendencias especulativas que venimos identificando desde hace tiempo más que una reevaluación de los fundamentos económicos. En nuestra opinión, los inversores continúan mostrando una creciente preferencia por activos de mayor riesgo, una estrategia que podría enfrentar desafíos durante la segunda mitad del año”, afirmó.

La inflación continúa en el centro de la escena

Para Janus Henderson, la principal incógnita sigue siendo la evolución de la inflación global. “Más allá de las noticias provenientes de Medio Oriente, la inflación continúa siendo una de las variables más importantes para los mercados. La asignación de capital dentro de la economía sigue siendo un factor clave”, indicó Bernstein.

El ejecutivo explicó que, si bien sectores como la inteligencia artificial continúan captando grandes flujos de inversión, otras áreas relevantes de la economía permanecen relativamente desatendidas. “Cuando determinados sectores no cuentan con el capital necesario para expandir su capacidad productiva, las presiones inflacionarias pueden persistir incluso en contextos de menor tensión energética”, agregó.

Persisten los desafíos estructurales

Desde la gestora también destacan que las fuerzas estructurales que han impulsado la inflación durante los últimos años permanecen vigentes.

“La desglobalización, la reorganización de las cadenas de suministro y las crecientes barreras comerciales continúan siendo factores relevantes para la economía mundial. Aunque una resolución del conflicto sería positiva, no elimina la vulnerabilidad de la economía global frente a interrupciones en el comercio o en la oferta”, sostuvo Bernstein.

Asimismo, recordó que antecedentes históricos muestran que los acuerdos geopolíticos suelen tener un impacto más limitado en los mercados de lo que inicialmente se presume. “Después de la firma del acuerdo nuclear con Irán en 2015, los sectores que lideraron los rendimientos globales estuvieron impulsados principalmente por factores económicos y corporativos, no por el propio acuerdo. Creemos que el escenario actual podría desarrollarse de manera similar”, señaló.

Mantener el foco en los fundamentos

Si bien la posibilidad de una reducción de las tensiones en Medio Oriente representa una noticia positiva para la estabilidad global, Janus Henderson considera que los inversores deberían evitar decisiones basadas exclusivamente en acontecimientos de corto plazo.

“Las noticias son alentadoras, pero seguimos creyendo que los fundamentos económicos, la evolución de la inflación y la diversificación de las carteras continuarán siendo los principales determinantes del desempeño de los mercados en los próximos meses”, concluyó Bernstein.

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Vaca Muerta acelera: la región energética ya dejó atrás los niveles récord de 2018

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La actividad económica de las principales regiones productivas de la Argentina continúa mostrando señales de recuperación, aunque con velocidades y puntos de partida muy distintos. Así lo revela un estudio elaborado por Ana Inés Navarro y Marina Alvarez, del Departamento de Economía de la Universidad Austral, sede Rosario, que analiza la evolución de tres grandes motores regionales de la economía: la agroindustria, los hidrocarburos y la minería.

De acuerdo con el informe, en marzo de 2026 las tres regiones analizadas registraron incrementos interanuales superiores o cercanos al promedio nacional. La Región Sur (integrada por Neuquén y Río Negro y fuertemente vinculada a la actividad petrolera) creció 6,9% interanual. La Región Centro, conformada por Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos, avanzó 6,8%, mientras que la Región Andina, asociada principalmente a la minería, mostró una expansión de 3,3%. En el mismo período, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró una variación de 5,5%.

Sin embargo, detrás de estos números se esconden realidades diferentes. Durante los últimos dos años, las regiones Centro y Sur crecieron a un ritmo promedio de 1,1% mensual, acumulando una expansión cercana al 30%. La Región Andina también mostró una evolución positiva, aunque más moderada, con un crecimiento acumulado de 22,3%.

La diferencia más relevante surge al comparar la situación actual con los máximos alcanzados antes del prolongado ciclo de estancamiento que atravesó la economía argentina. Según el estudio, la Región Sur ya logró superar en 7,7% el nivel máximo registrado en 2018, impulsada principalmente por la expansión de la actividad hidrocarburífera y las inversiones vinculadas al desarrollo energético.

La situación es distinta en las otras dos regiones. La Región Andina, beneficiada por el crecimiento de proyectos mineros ligados al litio, el cobre y otros minerales estratégicos, todavía se encuentra 12,8% por debajo de su máximo histórico. La Región Centro, cuya dinámica depende en gran medida de la agroindustria, permanece 18,6% por debajo de los niveles alcanzados en 2018, aunque mantiene una trayectoria de recuperación sostenida.

“El crecimiento actual es generalizado, pero las regiones no parten del mismo lugar. Algunas ya recuperaron e incluso superaron los niveles previos de actividad, mientras que otras aún transitan un proceso de reconstrucción”, señalan las autoras.

El informe también destaca la relevancia económica de estas regiones. En conjunto, representan el 33,5% del Valor Agregado Bruto nacional y explican más del 31% del empleo asalariado privado registrado del país. Dentro de ese grupo, la Región Centro conserva el mayor peso relativo, aportando cerca de una quinta parte tanto de la producción como del empleo nacional.

Hacia adelante, el desempeño de cada región dependerá en gran medida de su capacidad para aprovechar el nuevo contexto macroeconómico. En el caso de la agroindustria, los investigadores sostienen que una mayor previsibilidad respecto de los derechos de exportación podría acelerar el proceso de recuperación. Para las regiones petrolera y minera, en cambio, la continuidad de las inversiones y los incentivos regulatorios aparece como un factor clave para sostener el crecimiento.

El trabajo se basa en la construcción de índices regionales de actividad económica elaborados a partir de indicadores provinciales de empleo, consumo de energía, ventas de combustibles, patentamientos, recaudación tributaria y actividad de la construcción. Esta metodología permite seguir la evolución de las economías regionales con una frecuencia mensual, en un contexto donde la información provincial disponible continúa siendo limitada y poco homogénea.

Según concluyen las especialistas, comprender la dinámica económica argentina requiere observar no solo cuánto crece el país, sino también dónde ocurre ese crecimiento y cuáles son los sectores que lo impulsan. Las diferencias regionales, advierten, serán cada vez más relevantes para entender el rumbo de la economía en los próximos años.

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Ante la duda (y la guerra) acumular

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Centro de Economía Política Argentina. La mayoría de los análisis vinculados a la guerra en Oriente Medio han priorizado la situación política y económica inmediata en Estados Unidos como driver para proyectar los acontecimientos. Así, entonces, tomó centralidad la hipótesis de guerra corta, dado que Donald Trump enfrenta elecciones legislativas este año y la guerra afecta su imagen por la combinación de subas en el precio de los combustibles y las tasas de interés. Sin embargo, bajo una mirada de realismo en clave geopolítica, se puede sostener que los intereses de la nación (EE.UU.) están por encima de los intereses particulares (Trump). Siguiendo esta línea de pensamiento, pesa sustancialmente más el hecho de que EE.UU. es un país exportador neto de energía. La hipótesis toma aún más fuerza cuando, incluso, el propio Trump sostuvo, en marzo de 2026 “Estados Unidos es, con mucha diferencia, el mayor productor de petróleo del mundo, así que cuando suben los precios del petróleo, ganamos mucho dinero.”

Priorizar el poder geopolítico y el negocio económico ha sido una prioridad para EE.UU. y para el propio Trump, quien llevó adelante: la imposición de aranceles récord a la importación en abril de 2025, la decisión de comprar acciones “estratégicas” como Intel, empresas relacionadas a minerales críticos como las tierras raras y el litio, la destrucción del Nord Stream y el cierre del estrecho de Ormuz.

Con Europa condicionado por el suministro de gas proveniente de Rusia, el cierre del estrecho de Ormuz deja al viejo continente a merced, económica y geopolíticamente del Gas Natural Licuado de Estados Unidos. A ello se suma el efecto sobre China que, si bien ha logrado sortear, en parte, las limitaciones para acceder al petróleo iraní, un tercio del abastecimiento provenía del estrecho de Ormuz. 
Con incentivos a extender el conflicto, parece oportuno evaluar los efectos de ese escenario. 

Envión externo pero sacudón fiscal e inflacionario


Con el Brent 60% por encima del precio pre guerra, los efectos son diversos. Por un lado, en el frente cambiario genera un fuerte envión para la balanza energética (que explica el 43% del superávit comercial), lo que se comenzó a ver con la fuerte acumulación de dólares del BCRA en lo que va del año (USD 8.855 millones). Podría, además, matizar el efecto estacional sobre la balanza energética en el segundo semestre del año. En base a las estimaciones conservadoras del mercado, si el petróleo se mantiene en estos niveles, el efecto precio llevaría a un aumento del superávit cercano a los USD 4.000 millones para este año. Complementariamente, en el corto plazo permite grandes ganancias para las petroleras, entre ellas YPF, que presentó un flujo libre de caja de USD 871 millones en el primer trimestre (USD 500 millones por la venta de Profertil). El prolongamiento del conflicto podría permitir también acelerar las inversiones o algún mecanismo que le permita lograr financiamiento al Tesoro, sea por giro de dividendos (en principio empezarían en 2028) o porque YPF coloque su excedente en un bono corto como el AO27. 

El efecto no se acota al 2026. El vicepresidente del BCRA mostró, en enero, proyecciones de superávit energético por USD 19.000 millones para 2027 y USD 22.000 millones 2028, con un Brent en 70 dólares. Si el conflicto trae un régimen de mayores precios en los próximos dos años, ello podría incrementar el saldo en, al menos, USD 14.000 millones.

Mientras que en el frente cambiario Argentina es uno de los pocos países que se benefician, en el panorama fiscal e inflacionario se pierde esa excepción. La fuerte suba de los combustibles presiona los datos de inflación y el valor de las tarifas energéticas. Estas últimas tienen la particularidad de contar con subsidios por parte del Estado, por lo que, frente a una suba en el costo de generación, el gobierno enfrenta la disyuntiva entre absorber el shock y aumentar los subsidios o dejar subir el precio y que impacte en la inflación. La estrategia del gobierno es mantener los subsidios a la tarifa de gas durante el invierno, comprometiendo de corto plazo el frente fiscal, pero recuperar ese diferencial en verano, cuando el consumo de gas es significativamente menor. Básicamente asumen el costo fiscal hoy y patean el efecto en la inflación hasta el verano, aunque si el conflicto efectivamente se prolonga, el shock en la tarifa se vería potenciado porque debería absorber tanto lo postergado en invierno como los nuevos precios. Por otro lado, la decisión de posponer la implementación del FAL es reconocer la debilidad en el frente fiscal. La medida, aprobada en el marco de la reforma laboral de febrero, es imposible cumplir con los objetivos de superávit si impacta con menor recaudación en cerca del 0,2% del PBI. Como contracara de ese “ahorro fiscal”, esta semana el presidente anunció una reducción en dos puntos porcentuales de las retenciones al trigo y la cebada mientras sostuvo que, si la situación fiscal se lo permite, en enero 2027 comenzará una baja gradual de las retenciones a las exportaciones de soja de entre 0,25 y 0,5 puntos por mes. En síntesis: la complejidad del escenario fiscal llevó a que el gobierno prefiriera dar marcha atrás con el FAL y hacer una promesa condicional con las retenciones. 

En la misma línea, el frente financiero muestra obstáculos. La expectativa de suba de la inflación en el mundo y el efecto en las finanzas de los estados llevó a una fuerte suba en las tasas de interés internacionales. Un incremento en la tasa “libre de riesgo” puede generar una percepción de mayor riesgo a nivel global, con inversores vendiendo deuda argentina para comprar deuda estadounidense y ampliando el riesgo país (RP), fenómeno comúnmente llamado “flight to quality”. El tema es que el acceso al financiamiento del país se ve afectado incluso sin suba del RP, ya que, si suben los rendimientos libres de riesgo y el RP se mantiene, los rendimientos de los bonos argentinos también suben.  

Si bien el Tesoro argentino todavía no logró acceso al mercado internacional, sí lo hicieron las provincias y empresas por montos más que relevantes, lo que le permitió al BCRA comprar reservas. Sólo las provincias se endeudaron por USD 3.650 millones, mientras que las empresas lo hicieron por USD 9.900 millones, por lo que la suma es mayor al superávit comercial acumulado desde la elección (USD 13.550 vs USD 11.363 millones). Si bien el cepo previene grandes movimientos negativos de la cuenta financiera, si el flujo positivo se reduce fuertemente habrá un impacto en las compras del BCRA.

Otro punto relevante para el frente financiero es como la guerra pega en la imagen de Trump. En ediciones pasadas ya desarrollamos el efecto directo entre el resultado de las elecciones legislativas y el programa financiero, tanto por los vencimientos con organismos internacionales como por un eventual salvataje electoral. La extensión de la guerra hace cada vez más probable una derrota de Trump, lo que viene acompañado de un pedido de juicio político, que -aun siendo improbable dado que los votos para destituirlo no están-, sí podría dañar fuertemente su imagen y capacidad para afrontar críticas en un eventual nuevo swap con Argentina.

Armando la línea de fondo


Entre los hechos más relevantes de las últimas semanas, el Banco Central publicó sus Estados Contables para el ejercicio 2025 y, repitiendo el modus operandi del resultado anterior, puso a disposición del Tesoro parte de las ganancias del período: de un acumulado de $35,8 billones, $24,4 billones se giraron al Ministerio de Economía. 

El Balance del Banco Central es una foto del activo, pasivo y patrimonio neto del banco. Resulta relevante, además, porque brinda información sobre hechos que no son monitoreables periódicamente, como el estado de los acuerdos de intercambio de monedas, sus tenencias de títulos de deuda y los resultados derivados de diferencias de cotización en sus activos.  

De los $24,4 billones que tiene a disposición, Luis Caputo dispuso dos cosas. 
Por un lado, el ministro comunicó que $18,4 billones (~USD 13.500 millones) sean aplicados a la cancelación de Letras Intransferibles (LLII). El ministro especificó que se recomprarían USD 21.000 millones de Valor Nominal Original, lo que implica que el Tesoro reconocerá una paridad alrededor del 60,0%, mientras que el BCRA lo hace a una paridad promedio de 31,3%. La ganancia que obtenga el BCRA depende de las Letras que finalmente compre el Tesoro, pero podemos estimar que generará un monto cercano a los $6,0 billones. Lo curioso de esta ingeniería financiera es que lo que le genera una ganancia contable al BCRA es el Tesoro pagando por encima de la valuación y luego recibe ese dinero como transferencia de utilidades. Particularmente, $6,3 billones fue la ganancia por diferencia de valuación de LLII durante el ejercicio de 2025 y al cierre se le depositaron $6,0 billones al Tesoro (que a la vez es similar a la ganancia contable que estimamos tendrá por la nueva cancelación de LLII). Para el cierre del ejercicio 2026, el BCRA probablemente vuelva a obtener ganancias y volverá a girarle utilidades al Tesoro. 
Por otro lado, Caputo decidió que se aplicarán $6,0 billones para constituir depósitos del Tesoro en BCRA, destinados a la llamada “cuenta 2020” que -como resultado de las sucesivas licitaciones de deuda donde absorbió Base Monetaria mediante endeudamiento neto-, había llegado a registrar $7,8 billones. El saldo, ahora, ascendería a $13,8 billones. 

El gobierno sostuvo que este movimiento no representa emisión, ya que sus depósitos no forman parte de la Base Monetaria (BM) y, además, no serían usados para expandirla. Ahora bien, ¿qué destino le dieron a esos fondos? En 2025, se realizó un giro de utilidades del BCRA al Tesoro que alcanzó $12,0B y la Cuenta Corriente en BCRA (Cuenta 2020) ascendió a $15,9B al 25 de abril. Para poner en dimensión, como la Base Monetaria de ese momento alcanzaba los $31,5B, el Tesoro contaba con liquidez por el 50,6% de la BM. 

¿Para qué necesitó el Tesoro contar con semejantes disponibilidades? En primer lugar, porque el anuncio de la eliminación de las LeFi, apenas 6 semanas después, generó un desorden severo del esquema monetario que obligó a la Secretaría de Finanzas a pagar, a inicios de julio, $4,3 billones en efectivo a inversores que no quisieron refinanciar sus títulos en pesos. Vale recordar que la medida provocó que alrededor de $10,0 billones de pesos previamente depositados en LeFi pasaron a “sobrar” en la economía, provocando un derrumbe de las tasas de interés del mercado de dinero hasta el 10,0% TNA (para tener una referencia, semanas más tarde llegaron a superar el 100,0% TNA y hoy se ubican en la zona de 20,0% TNA). En segundo lugar, porque aun con una suba del requerimiento de encajes -para eliminar dicho “exceso de pesos”- que alcanzó niveles récord, el Tesoro tuvo que volver a desembolsar efectivo de la Cuenta 2020 para el pago de títulos en licitaciones con bajo refinanciamiento. Fueron $5,8B a fines de julio y otros $1,0B a mediados de agosto. Y, en tercer lugar, porque usó otros $2,8B de la Cuenta 2020 para comprar los dólares que instó a liquidar en 3 días plazo durante septiembre a partir de la medida de alícuota 0% de retenciones. 

En suma, podríamos concluir que el giro de utilidades financió el esquema económico que el gobierno eligió para sortear los meses previos a la elección, que buscaba -aunque sin tanto éxito, ya que necesitó un rescate de Estados Unidos- mantener el esquema cambiario y la inflación controlada. 

Analizando hacia adelante, repetir una jugada que hoy le provee de $6,0B para engrosar sus depósitos y que en 12 meses le significarán nuevamente un monto similar (por el reconocimiento de valuaciones por encima de las que contabiliza el Banco Central), denota un interés especial del gobierno por contar con esos fondos, justamente para repetir las maniobras de emergencia preelectorales durante el 2027. La estrategia de inyectar pesos desde el Tesoro según lo que pase en cada licitación encuentra contradicciones con el supuesto marco de política monetaria que propone el equipo económico, de control de agregados. Si bien discursivamente recurrieron a crear un nuevo agregado, la “Base Monetaria Amplia” -que incluye los depósitos del Tesoro en el BCRA, justamente para esconder el efecto expansivo de utilizar esos recursos e inyectarlos en la Base Monetaria tradicional- éste nunca tuvo una lógica razonable y ya perdió total credibilidad. Como consecuencia, no creemos que la política monetaria pueda funcionar como un ancla. 

Esta estrategia también está profundamente relacionada con lo que graficamos en la edición del 8 de mayo: los vencimientos de deuda en pesos -la misma que, como explicamos más arriba, no encontró refinanciamiento y el Tesoro tuvo que pagar en efectivo durante 2025- representan un paredón de $240,0B de cara a 2027 (alrededor de $120,0B con el Sector Privado, 3 veces la Base Monetaria) y es uno de los puntos más frágiles del gobierno si apuesta por armar una nueva línea de fondo y colgarse del travesaño. 

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Inflación en EE.UU.: el shock energético complica a la Fed y tensiona al mercado

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La inflación en Estados Unidos volvió a acelerarse en marzo, impulsada principalmente por el salto en los precios de la energía en medio del conflicto con Irán. Sin embargo, la dinámica subyacente se mantiene contenida, lo que abre un nuevo interrogante para la política monetaria.

“Los datos del IPC salieron en línea con lo esperado, considerando el impacto energético”, señaló John Kerschner, gestor de carteras en Janus Henderson Investors. La inflación mensual se ubicó en 0,87%, por debajo del 1,0% previsto, aunque marcó el nivel más alto desde junio de 2022. En términos interanuales, el índice general alcanzó el 3,29%. El dato más relevante para el mercado es que la inflación subyacente —que excluye energía y alimentos— se mantuvo moderada: subió 0,20% en el mes y se ubicó en 2,60% interanual, un nivel considerado “razonablemente benigno”.

Energía: el factor que todavía no terminó de impactar

El componente energético explica gran parte de la presión reciente. Los precios de la gasolina subieron 21% en marzo, pero acumulan cerca de un 40% desde el inicio del conflicto. Y el traslado a otros rubros aún no terminó. “Los alimentos todavía no reflejan este impacto, pero es solo cuestión de tiempo. El aumento del gasoil va a filtrarse en toda la cadena”, advirtió Kerschner. Incluso en un escenario de rápida distensión geopolítica, el panorama no cambiaría de inmediato. “Aunque el estrecho de Ormuz se reabra hoy, los precios de la energía seguirán elevados durante meses, posiblemente años”, agregó.

Señales mixtas en la inflación de servicios

En contraste, algunos indicadores clave mostraron alivio. El denominado “super core” —servicios básicos excluyendo vivienda— avanzó apenas 0,18%, muy por debajo del promedio reciente. A su vez, el componente de alquiler equivalente (OER) se mantuvo estable, con una suba mensual del 0,22% por tercer mes consecutivo. Esto llevó la tasa interanual de este indicador al 3,02%, niveles que no se observaban desde 2021.

La Fed, ante un dilema incómodo

El dato deja a la Reserva Federal de Estados Unidos frente a una decisión compleja: priorizar la lucha contra la inflación o evitar enfriar aún más una economía que muestra señales de desaceleración. “El mercado hoy descuenta que la Fed mantendrá sin cambios las tasas al menos en las próximas diez reuniones”, explicó Kerschner. “Habrá discurso duro, pero con medidas más bien moderadas”. Sin embargo, el riesgo inflacionario sigue latente. Existe una regla empírica en el mercado: un aumento del 10% en el precio del petróleo suma entre 25 y 30 puntos básicos al IPC general.

Con el crudo aún entre 40% y 50% por encima de los niveles previos al conflicto, el escenario podría complicarse. “Si estos precios se sostienen, podríamos ver una inflación general por encima del 4% y una subyacente cercana al 3%”, advirtió.

En definitiva, el dato de marzo trajo cierto alivio en la inflación núcleo, pero el impacto energético todavía no terminó de desplegarse. La Fed gana tiempo, pero el margen es estrecho y dependerá, en gran medida, de un factor imposible de anticipar: la duración del conflicto en Medio Oriente.

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El frágil alto al fuego en Irán y la reacción en cadena en el mercado de divisas y las criptomonedas

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La reciente distensión parcial entre Estados Unidos e Irán trajo un alivio momentáneo a los mercados, pero lejos está de disipar la incertidumbre. El alto al fuego vigente, cuestionado por ambas partes y atravesado por dudas operativas, convive con un factor estructural que sigue dominando el escenario: la vulnerabilidad del estrecho de Ormuz, un punto crítico por donde transita cerca del 20% del suministro global de petróleo. En ese equilibrio inestable, los analistas advierten que el mercado podría estar frente a un punto de inflexión.

Para Justin Khoo, Analista Senior de Mercados de VT Markets, la tensión en torno al estrecho ya dejó de ser un evento regional para convertirse en “una crisis sistémica que afecta al sistema financiero mundial”. Aunque el alto al fuego generó una baja inicial en los precios, el rápido retorno del crudo a la zona de los 100 dólares refleja que los inversores siguen descontando disrupciones en el suministro energético.

El impacto no se limita al petróleo. La suba de los costos energéticos se traslada a transporte, producción e insumos básicos, con efectos directos sobre la inflación global. “Comprender los efectos en cadena en las economías mundiales y el flujo de capital ya es una necesidad, no una opción”, plantea Khoo. En ese contexto, el mercado enfrenta un escenario atípico: el dólar se fortalece no sólo como refugio, sino también por tasas que podrían mantenerse más altas durante más tiempo, generando un endurecimiento de las condiciones financieras globales.

En paralelo, de acuerdo a Khoo, el reacomodamiento también alcanza a los activos digitales. El bitcoin enfrenta una prueba clave en su aspiración de consolidarse como “oro digital”. Por un lado, la inestabilidad en monedas tradicionales impulsa su adopción como reserva de valor alternativa. Por otro lado, la restricción de liquidez global y las nuevas regulaciones bancarias podrían limitar el ingreso de capital institucional, generando tensiones en su comportamiento.

Desde Janus Henderson Investors, el Analista de Investigación Noah Barrett aporta otra perspectiva al poner el foco en la fragilidad del alto al fuego y sus implicancias para los mercados energéticos. “La reapertura del estrecho (de Ormuz) durante dos semanas permitiría reanudar el flujo de crudo bloqueado y aliviar la presión sobre los precios”, explica. Sin embargo, advierte que la clave no es sólo la apertura, sino su sostenibilidad: “Necesitamos confianza en que no volveremos a enfrentarnos a amenazas o ataques graves en el corto plazo”, agregó.

La reacción inicial del mercado después del anuncio de Donald Trump fue contundente, con una caída del Brent cercana al 15,5%. Aun así, Barrett anticipa que los precios se mantendrán elevados en relación con los niveles previos al conflicto. “La prima de riesgo sigue siendo alta, por lo que esperamos un piso más alto para el petróleo”, señala, lo que refuerza la idea de un nuevo régimen de precios energéticos.

Más allá del petróleo, el impacto se amplifica a toda la economía. El encarecimiento del gas natural, clave en la producción de fertilizantes, introduce presión sobre los alimentos y la cadena agroindustrial, trasladando la inflación al consumidor final. En América Latina, este fenómeno expone vulnerabilidades estructurales: Argentina enfrenta limitaciones para absorber shocks externos, Perú depende de importaciones energéticas y México combina oportunidades por su perfil petrolero con riesgos derivados de su dependencia del gas.

En este contexto, el mercado también reevalúa el comportamiento de activos tradicionales como el oro. La fragilidad del alto al fuego sostiene la demanda de refugio, pero la posibilidad de tasas más altas introduce presión a la baja, configurando un escenario de volatilidad sin una dirección clara.

El resultado es un entorno donde la geopolítica deja de ser un factor externo y pasa a ser un determinante central de precios, tasas y flujos de capital. Con el estrecho de Ormuz como epicentro, los mercados enfrentan un escenario donde la volatilidad no es un episodio transitorio, sino una característica estructural. Y en esa dinámica, más que el alto al fuego en sí, lo que está en juego es la capacidad del sistema global para adaptarse a un nuevo mapa energético.

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