Informe del Financial Times: ¿Fue Francisco el primer Papa peronista?

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​El artículo del Financial Times titulado “Was Francis the first Peronist pope?” (¿Fue Francisco el primer Papa peronista?), escrito por Michael Stott y publicado el 23 de abril de 2025, examina la compleja relación entre el Papa Francisco y el peronismo argentino. ​

Aunque Francisco compartía con el peronismo un enfoque en la justicia social y la lucha contra la pobreza, siempre negó públicamente cualquier afiliación política formal. Sin embargo, su asociación con ideales peronistas generó tanto admiración como críticas en Argentina, donde el peronismo tiene una historia divisiva. El artículo destaca que, a pesar de su popularidad global como “el Papa del pueblo”, Francisco fue una figura sorprendentemente divisiva en su país natal debido a estas asociaciones políticas.​

Para muchos fue el “Papa del pueblo”, el “Papa de los pobres”. Pero en su Argentina natal, el pontífice tenía otro título no oficial, tan reverenciado por unos como resistido por otros: el “Papa peronista”.

El apodo sintetiza una tensión de fondo. En un país donde el peronismo ha moldeado la política durante más de siete décadas, el vínculo de Jorge Mario Bergoglio con esa tradición populista y nacionalista fue siempre tema de debate. Y como suele ocurrir en Argentina, la interpretación varía según la ideología de quien la observa.

Francisco compartía con el peronismo una agenda social centrada en la lucha contra la pobreza y la justicia social, pilares también de la doctrina social de la Iglesia. La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, una de las figuras más prominentes del movimiento, fue una de sus más notorias aliadas. “Perón solía decir que la doctrina del peronismo era la doctrina social de la Iglesia”, recuerda Ignacio Zuleta, autor del libro El Papa peronista.

El primer gobierno de Perón legalizó la enseñanza religiosa, y Bergoglio creció en una Iglesia marcada por una relación institucional de respeto hacia ese legado político. En tiempos en que la teología de la liberación era cuestionada por el Vaticano, el peronismo ofrecía una vía para defender la justicia social sin caer bajo sospecha de marxismo.

Pero esa cercanía también generó resistencia. Sectores conservadores y liberales, críticos del peronismo, acusan al movimiento de haber debilitado la economía argentina, fomentado la corrupción y consolidado prácticas clientelares. “En Argentina se lo veía más como un peronista que como un Papa”, señaló Marta Lagos, directora de Latinobarómetro.

Francisco negó públicamente su afiliación. “Nunca estuve afiliado al partido peronista, ni siquiera fui militante o simpatizante”, declaró. Aunque enseguida deslizó: “Pero en la hipótesis de tener una concepción peronista de la política, ¿qué tendría de malo?”.

En privado, sin embargo, podía mostrarse más relajado. El ex embajador argentino en el Vaticano, Eduardo Valdés, recordó que en 2014 Francisco saludó a la entonces presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, con humor: “Soy el primer Papa hincha de San Lorenzo, el primer Papa jesuita y el primer Papa peronista”.

Tras su fallecimiento, la reacción en el peronismo fue inmediata y emocional. “La tristeza que tenemos es infinita”, expresó Cristina Kirchner. La ex mandataria había compartido almuerzos en el Vaticano, y acompañó a Francisco en giras por Cuba y Paraguay. “Todas las tribus del peronismo están de luto”, afirmó un diplomático argentino.

En el otro extremo del arco ideológico, el presidente Javier Milei –anarcocapitalista y feroz crítico del Papa durante su campaña– había calificado a Francisco como un “imbécil que defiende la justicia social” y “zurdo asqueroso”. Sin embargo, ya en funciones, lo visitó en Roma y, ante su muerte, relativizó sus diferencias: “Eran menores”.

La relación con otros presidentes tampoco fue sencilla. En 2016, su primer encuentro con Mauricio Macri duró apenas 22 minutos, en una audiencia fría y distante. Las tensiones con Alberto Fernández, sucesor peronista de Macri, se agudizaron por el respaldo presidencial a la legalización del aborto, tema en el que el Papa fue contundente en su rechazo.

Incluso con Néstor Kirchner, que lo consideraba el “líder de la oposición” cuando era arzobispo de Buenos Aires, las relaciones fueron tirantes. Y tal vez por eso, el Papa Francisco nunca regresó a Argentina durante su pontificado: temía que su visita fuera utilizada como botín político por los bandos enfrentados.

Más allá de las etiquetas, su compromiso con los más vulnerables marcó su legado. “Era el mejor amigo de los pobres y excluidos”, resumió el dirigente social Juan Grabois. “Nos recordó la obligación de cuidarlos y luchar por sus derechos”.

Francisco fue un Papa argentino, y como tal, también fue un Papa atravesado por la grieta. Pero su voz –una que reclamaba humanidad, compasión y justicia social– resonó mucho más allá de las fronteras de su patria.

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